Título: La igualdad entre el cuervo y el escritorio
Rating: T
Fandom: Alice in Wonderland 2010
Pairing: Tarrant/Alice
Status: En progreso
Disclaimer: Alice in Wonderland 2010 pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro
Capítulo 4: En busca del sombrerero
-¿Tarrant? Mira quien ha venido a verte- le habló el gato. El Sombrerero no contestó. No parecía haber escuchado que le hablaran. Estaba sentado en una silla, trabajando meticulosamente en un sombrero pequeño, haciéndole un aplique con seda azul. En un robusto escritorio frente a él, había desparramadas herramientas de cualquier forma imaginable, además de retazos de telas, hilos, botones, plumas y pegamento. La habitación era un desorden, llena de repisas, muebles y sombreros por todas partes.
Alicia estuvo a punto de abrir la boca para hablarlo, pero Chess le detuvo con la mirada, así que no dijo nada.
-Sombrerero, ¿Has escuchado lo que te dije?- preguntó el gato –Ha venido alguien a verte.
-Hola, Chess- contestó Tarrant, dando un respingo. Se levantó de la silla y fue a buscar algo a un mueble que estaba justo al lado de la puerta, dónde Alicia estaba de pie, expectante. Él pasó cerca de ella mientras tomaba una herramienta, la miró y volvió a su silla con indiferencia. Siguió trabajando en el sombrero. Parecía como si no la hubiera visto, definitivamente, no era la reacción que ella esperaba de él. La joven no comprendía la situación pero el gato le hizo señas para que no hablara. En cambio, volvió a hablar, levitando más cerca del Sombrerero.
-Tarrant, es Alicia. Ella ha venido a verte. ¿La recuerdas, verdad?
-Claro que recuerdo, mi felino enemigo. No pasa un día sin que no la olvide- Tarrant levantó la mirada de su sombrero en proceso y la clavó en Alicia. Entonces podía verla.
-Pero ella no está aquí. Seguro me he vuelto a dormir- sentenció Tarrant, con la mirada ausente.
Alicia se volvió a sentir culpable. Si él podía verla pero se negaba a creeer que ella estuviera ahí realmente, entonces no era la primera vez en que Tarrant la había visto parada ahí en la puerta. Seguramente había soñado que ella volvía muchas veces. Eso no estaba bien. No le importó que el gato sonriente le hiciera señas para que guardara silencio, ella se armó de valor y gritó.
-¡Sombrerero! Yo sí estoy aquí. ¡Soy real!
-No es cierto- contestó tajante, se notaba en sus ojos que comenzaba a impacientarse -Ahora déjenme tranquilo.
-Podemos intentarlo más tarde- sugirió el gato, retrocediendo.
-No, no lo haré- contestó ella –No lo haré porque volví y estoy aquí. No dejaré la habitación hasta que lo convenza de que soy real.
El gato suspiró incrédulo y trató de acercarse a su amigo.
-Tarrant, debes saber que es ella. Ha vuelto. Está aquí. Es tan real como ese sombrero que tienes en las manos.
-Entonces, el sombrero debe ser parte del sueño también- dijo él, arrugando la nariz.
-¡No!- le gritó ella, estaba a punto de ponerse a llorar.
-¡Basta! ¡Déjenme tranquilo!- gritó Tarrant y se levantó de golpe. Comenzó a dar manotazos al aire y Chess continuaba desapareciendo y reapareciendo para evitar los golpes. Alicia estaba inmóvil en su lugar, no se movió ni un poquito. Nunca había visto tan enojado al Sombrero. Su Sombrerero. Sus ojos estaban rojos de la furia y soltaba frases en un idioma desconocido.
Debía tranquilizarlo. Una loca idea pasó por la mente de la muchacha. Recordó que cuando habían estado en el castillo de la Reina Roja y él había enloquecido, ella había podido calmarlo antes. Valía la pena intentarlo. Se acercó a él y lo tomó del rostro bruscamente sin darle tiempo a que respondiera.
-¡Sombrerero!- gritó ella, dándole la mirada más seria que pudo hacer. Él la miraba sin parpadear, pero sus ojos seguían de color rojo.
-¿Puedes sentirme?- agregó ella, suavizando su tono de voz. Él no respondía. Su rostro se veía como el de alguien que está convencido de que ya había vivido una situación similar. Alicia se dio cuenta, él la estaba mirando y sus ojos iban cambiando de color. Ya no estaba enojado. Ella le acarició el rostro con ternura e hizo un gesto de comprensión.
-Soy yo. ¿Puedes sentirme?
Él asintió lentamente, sus ojos volvía a ser verdes poco a poco.
-Entonces soy real y estoy aquí. No me iré. No esta vez- le susurró Alicia. Tarrant parpadeó, asimilando la nueva información que recibía. Gesticulaba con la boca como si tratara de encontrar palabras para hablar.
-¿Alicia? ¿Eres tú?- preguntó por fin. Ella sonrió, pero sin soltarle el rostro.
-Soy yo. Volví. No pude soportar más el mundo de arriba. Volví por ti.
El sombrerero al fin sonreía. La alegría brotaba de sus ojos. Ahora él la agarraba de los hombros y daba saltitos de emoción.
-¡Alicia! ¡Creí que tú no vendrías jamás! ¡Siento tanto haber dudado de tu existencia!
-Lo sé y te entiendo. Tardé demasiado en volver- ella le soltó el rostro -Pero ahora no pienso irme a ninguna parte. He vuelto a mi hogar.
-Entonces, ¿Vas a quedarte?
Mientras ella asentía sonriente, el Sombrerero cambió su tono de voz a el más festivo que tenía.
-Entonces, Alicia, ¿Quieres unirte a nuestra fiesta del té?
-Claro que sí, me encantaría.
Tarrant estaba tan contento que le hizo un gesto para que lo siguiera hacia el pasillo y se fue corriendo, sin fijarse si ella lo seguía. Antes de que Alicia se dispusiera a ir tras él, Chess, que todavía seguía flotando en la habitación, se acercó a ella.
-Lo que hiciste fue increíble.
-¿A qué te refieres?
-Lo encontraste- en el rostro del gato se dibujó una sonrisa llena de dientes afilados -Él estaba completamente perdido sin ti. Estuvimos tanto tiempo buscándolo. Tal vez tú has vuelto a Infratierra, pero es seguro que lo hiciste volver a él. Gracias.
-Sólo hice lo que había hecho una vez antes. No había garantía de que funcionara.
-Aun así, lo lograste. Ahora salgamos. No quiero perderme la fiesta de té.
Salieron del molino. Alicia se quedó un segundo mirando la escena de la fiesta del té. El Sombrerero ya estaba sentado en la punta de la mesa, sentado en su gastado sillón y Mally, la lirona peleaba con Thackery, la Liebre de Marzo por un pedazo de pastel de cerezas. Chess se apuró a aparecer cerca del sombrero de Tarrant para quitárselo y el hombre lo espantó. Mally ahora estaba revoleando unas galletas y Thackery se había escondido bajo la mesa por alguno de sus temores injustificados. Tarrant notó que ella los miraba y le dijo, extendiendo su mano.
-Alicia, ven. Únete a la fiesta.
Ella sonrió, sabiendo que ese sería ahora su nuevo hogar.
Continuara...
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Cereza Queenie
