Disclaimer: TMNT es propiedad de la autoría creativa de Kevin Eastman y Peter Laird.
N/A: Temática oscura y de distintas políticas, referencias dogmáticas y asesinato (Que se JODA Nickeloodeon.)
Recomendación: Imaginarlos con la contextura de la película de 2007…
Bratva
Capitulo III
Corrupción
Viena orillas del Danubio
Un salto limpio en paracaídas a las dos de la madrugada hora local, dieciséis hombres tocaron tierra a quinientos metros del objetivo: Doce galpones donde se procesaba heroína, científicos y contrabandistas del Pie estaban en plena operación. Hombres con mascarillas sintetizando el zumo del opio para extraer el clorhidrato de heroína. Se manejaban tres pasos en los doce galpones.
Del uno al cuatro: Extracción y purificación de la morfina del opio.
Del cuatro al ocho: Síntesis de la heroína a partir de la morfina
Del nueve al doce: Conversión de la morfina. Todo listo para empaquetarlo a Brasil, Irlanda, México y Prusia y otros quince adeptos más.
El grupo de Leonardo se dividió para abarcar todo el terreno posible debían haber al menos ciento cincuenta hombres procesando la droga y otros sesenta como vigilancia y protección, curioso que tuvieran amparo del gobierno para utilizar la zona como ejido del estado. La corrupción en Viena por parte de las mafias europeas y asiáticas era de temer.
— Bien Leo, tienes cuatro grupos de cuatro contra sesenta y siete hombres armados ¿Quieres solicitar ayuda aérea ahora sí? — el tonito de insistencia de Craker le estaba zumbando los oídos, el muchacho estaba ansioso, Leo aun no sabía porque tenía que venir, desde una computadora en Harlem hubiera podido lanzarles un misil.
—Negativo, procederé como fue previsto— Toco un botón en su chaqueta— Atención todos los efectivos a los cuatro cardinales acuartélense y esperen la señal— sin dudas esto sería fácil. Todos sus efectivos eran no solo especialistas marciales.
Eran francotiradores.
El grupo de Leo se escondió entre la maleza, pecho a tierra pusieron los fusiles M-1011 en el suelo con sus trípodes y apuntaron a los primeros seis guardias del primer galpón. Otros estaban ocultos en los pocos árboles.
Al sur se habían escondido en un edificio a cien metros aledaño, en vista ocho guardias.
Al oeste veinte guardias mira desde la orilla del rio.
Al este escondidos en los tejados de los galpones que tenían vista al rio les fue fácil usar ganchos de anclaje.
Y al norte estaba Leo y su escuadrón. Tomo el intercomunicador y dio la orden:
— ¡Fuego a discreción! — los seis guardias que pudieron haber respondido sucumbieron de inmediato tiros certeros en el cráneo.
Los cuerpos fueron cayendo a medida que iban localizando al enemigo como dianas con patas, los que estaban fuera de alcance corrieron a auxiliar a sus compañeros pero no veían al enemigo, un aquelarre se formó de inmediato alertando a los que estaban dentro de los galpones estaban listos para emprender la huida cuando Leonardo entro al primer laboratorio.
Había guardias adentro pero ninguno espero ser cortado a la mitad por una katana. Intentaron huir por la puerta trasera mientras le disparaban, se puso de espaldas permitiendo que las balas rebotaran en su caparazón encubierto por una base metálica como cuando Rafael había sido el vigilante nocturno. Eran tres contra uno, Leo sonrió.
Cuando el primer hombre con mascarilla y bata de laboratorio había llegado a la primera puerta de emergencia una espada le corto la mano.
— ¡AAAAH! — grito y vio al frente todos los demás vieron a Leo como si fuera el ángel de la muerte, algunos se confiaron de que fuera solo una persona e intentaron írsele encima. Gran error.
Corto gargantas, apuñalo cajas torácicas y decapito sin ningún escrúpulo.
Ya iban cinco hombres muertos en un charco de su propia sangre o convulsionando y escupiendo sangre. Uno de ellos tenía ambos pulmones perforados.
— ¡Piedad! — grito uno arrodillándose y una ráfaga plateada le corto la yugular, el tipo se sostuvo la zona mientras la sangre salía de entre sus dedos sus ojos se fueron hacia atrás y cayo convulsionando al suelo.
Seis.
— ¡Señor! — entraron dos hombres al enterarse de que Leo había entrado el solo pero para cuando entraron solo vieron cadáveres y a su capitán limpiando la sangre de sus espadas.
—No se queden allí, hay muchos todavía— dijo sin emoción en la voz y salió del lugar, la sangre le manchaba las botas al menos por un centímetro.
Dos galpones estaban a mira de tiro entre los árboles, nadie pudo salir de los laboratorios, diez guardias más aniquilados por los franco tiradores despejada la zona bajaron de entre las ramas y fueron al campo abierto. Se escondían en las esquinas mientras les abrían fuego a ellos. Un tiro certero y ya estaban en el suelo.
La madrugada se les fue eliminando de forma fría a todos los hombres del Pie, por alguna razón Leo se sentía decepcionado lo que buscaba no se encontraba allí.
Tendría que seguir buscando.
—Tomen la heroína y sigan el plan hay que llevarla a Francia para embarcarla a Irlanda y California usaremos camiones cargados con café.
— ¿Eso evitara que los perros de la ADUANA capten el olor verdad? — dijo uno de sus subalternos.
—Exacto— Leo quería respirar aire que no estuviera viciado del hierro de la sangre así que todos se reunieron cerca del helicóptero donde venía Craker, él había ido a otra base al otro lado de la ciudad, allí mandaban las ordenes de distribución, sorpresa fue para Leonardo verlo bajar con una sonrisa increíble y una laptop.
Los hombres que venían con Leo tragaron grueso y él no sabía porque.
—Listo, sus computadoras eran una real mierda pero logre sacarles información, esos encargos y los que vengan en los próximos cinco días por tierra los recibiremos nosotros— sonrió ampliamente— sus contactos creerán haberlos recibido y en cambio obtendrán un cargamento de cómo se planeó ya sabes cauchos, pero sin el azúcar. Jejejeje— vio al final del rio y su silueta se volvió siniestra.
Todos se cubrieron los oídos y algunos intentaron no ver. Leonardo no se dio cuenta de eso.
— ¿Liquidaron a todos? — le pregunto, estaba seguro que a Craker no le habría gustado ver una matanza. Pero que equivocado estaba.
—No de hecho están vivos— Leo lo vio como no creyendo lo que oía el chico en su muñeca izquierda traía un reloj peculiar tenía un botón de ignición— Si nos alcanza la explosión me debes cinco dólares Leito.
— ¿Qué? — estaba desconcertado.
— ¡Oh Yeah! — lo presiono y todos vieron claramente como el helicóptero soltó una bomba MOAB dirigida por láser el otro lado del rio exploto y la onda expansiva los lanzo dos metros— ¡Jajajajajajaja! ¡ARDEEEE, ARDEEE!
— ¡¿Qué demonios fue eso?! — la tortuga no podía creer lo que había visto una cortina de fuego y humo y gritos de personas se podían escuchar a lo lejos.
—Mi carta de presentación, el lugar era un edificio de cincuenta pisos tenía que volarlo con algo grande— continuo riéndose después de eso.
—Ejem Señor— uno de sus subalternos se le acerco con cautela— El Craker es…
—Ya dilo maldito bastardo, soy pirómano— dijo el chico sin perder la gran sonrisa de su rostro. No importaba si mataba a unos cientos de civiles o si eran o no enemigos o aliados— Si te metes en mi diana te matare a ti también.
El efectivo se quedó tieso en su lugar.
Leonardo estaba impactado. Si bien Craker era su jefe no pudo evitar sentir cólera, era un niño por Dios santo ¿Cómo podía estar tan relajado?
Luego se enteraría por boca de varios que una vez había matado a todo su pelotón por lentos al llegar al avión, lanzo la bomba desde su oficina. Más tarde estaba colgado de Leo como un niño pequeño.
— ¿Te gusta la informática? Es decir ¿Sabes de ese atentado cyber terrorista que China mando a Estados Unidos en 2012? Fui yo, estaba encubriendo un trabajo en una planta nuclear en Irán del sur. Malditos norteamericanos siempre creyéndose la policía del mundo.
Era perturbador.
…
Golfo pérsico, Irak
Dos meses después estaban en un barco con destino a Irak, misión de reconocimiento exploración y consenso con los jeques del país. Leonardo estaba en su camarote fumando, viendo la nada y recordando tiempos pasados
— ¡Leo tienes que quedarte en la guarida, estas herido! — suplicaba Donatello o el ultimo recuerdo que tenia de él, lo vio acercarse con una jeringa y de inmediato le inyecto un Valium, Leo se desconcentro de su realidad.
—Tenemos que ir, no sabemos que trama el Pie— espeto Rafael yendo al laboratorio— El intrépido necesita reposo, podemos ir nosotros.
Leo ya había perdido la conciencia para ese momento, lo último que vio fue a su familia salir por las puertas del laboratorio de Don mirándolo con preocupación.
—Volveremos pronto— dijo Mike abrazándolo.
No prometieron lo cumplido ese día.
Leo abrió los ojos y volvió a darle otra calada al cigarro, cuando soltó el humor se dijo a si mismo:
—…Pronto…solo esperen un poco más.
