ESPERO QUE OS ESTÉ GUSTANDO! Aquí empieza una nueva parte de la historia, donde comienzan a haber más aventuras. Muchos besos

Capítulo 4 – "Acercamientos"

Habían pasado algunos días desde aquél encuentro con Draco Malfoy. Intentó volver a reunirse con él y paseaba en sus ratos libres por las calles más cercanas a la casa donde vivía, pero no había servido de nada. Ni rastro de aquél asesino.

Se le enturbiaba la mente al pensar en que debía de ser cariñosa y cercana con él. Pensaba en el momento cuando él le curó la herida y se le revolvía el estomago. Repudiaba cualquier tacto entre él y ella. Pero lo sabía y era absolutamente consciente de que debía de dar un paso al frente para poder terminar, cuanto antes, con aquella historia.

Revisaba día y noche los documentos que le había proporcionado Pansy, intentando buscar nuevos datos o pistas sobre el día del asesinato, pero no había encontrado nada más. Esperaba ansiosa nuevos documentos de la joven morena.

Con rapidez, los días pasaron y llegó el penúltimo día de la semana. Aquél día había hablado Ginny, Luna, Parvati y ella de salir de fiesta por una discoteca que solían frecuentar. Se llamaba "Terra" y la mayoría de compañeros de Hogwarts iban ahí a pasar el rato, y de paso conocer nuevas personas. Solían coincidir muchas noches miembros de la casa de los leones, y recordaban momentos vividos mientras lo celebraban con nuevas rondas de bebida.

La desgracia para la castaña era que se había unido a su plan Lavender Brown por parte de Parvati Patil. Lavender no había cambiado un ápice desde que salió del colegio de magia y hechicería. Seguía detrás de los hombres sin reparo a ser rechazada e insistía hasta llegar a la pesadez. Lo que molestaba a la castaña no era aquello, era que uno de sus focos estaba en su novio Ronald Weasley. Para Brown su relación con Ron no había terminado del todo, e insistía en seguir con él cada vez que podía.

Hermione, en alguna ocasión, había discutido con ella por no dejar en paz a su novio, pero en aquellos momentos Lavender se hacía la tonta y evitaba el tema.

Quien no podía evitar el tema era el pelirrojo. Se enfrentaba a su novio cada vez que Lavender la enfadaba sin tener él ninguna culpa. La escuchaba y más tarde, cuando se empezaba a relajar, le explicaba qué había ocurrido y cómo, para tranquilizarla mientras le decía que como ella no había nadie y que no se debía de preocupar por la amiga de Parvati Patil.

Al final siempre acababan igual, abrazados y diciéndose lo mucho que se querían. Sin embargo, aquella noche debía de soportarla junto a ella. Lo peor de todo era que Ron y Harry no iban a salir aquella noche, por lo que estaba sola frente a Brown; con el apoyo de Ginny y Luna, claro. La única que la seguía soportando era Parvati por todos los años que habían pasado unidas.

-¡Ginny! – saludó alegre la castaña mientras veía venir a su amiga al lugar donde había quedado. La pelirroja se acercó a ella sonriendo, caminando con unos altos tacones negros estilizando su figura, y haciéndola todavía más alta. Llevaba un vestido gris de lana, que le llegaba hasta la mitad del muslo, de tirantes finos y con un cinturón negro de hebilla dorada en la cintura.

-Hola amiga – saludó la pelirroja mientras le daba un abrazo - ¿No crees que vas demasiado guapa? – le preguntó irónicamente mientras sonreía.

Vestía un vestido azul marino de tela de encaje, de tirantes gordos. Era estrecho hasta el final del pecho y a partir de ahí se ensanchaba hasta llegar al comienzo del muslo. Iba acompañado de unos botines negros con pespuntes azul marino y de color beige.

-No digas tonterías – rió ante el comentario de su amiga - ¿Cómo ha ido la semana? – preguntó interesada, ya que por motivos de trabajo no había podido mantener una gran conversación.

La pelirroja comenzó a explicarle que en el hospital estaba falto de médicos y que iban a contratar a estudiantes para realizar las intervenciones más sencillas; cuando aparecieron Parvati y Lavender en escena. Se saludaron amistosamente y esperaron a que llegara Luna, que no tardó en aparecer con un vestido blanco que iluminaba el lugar, haciendo que su imagen pareciese más angelical.

Cenaron en un restaurante que estaba cerca de la discoteca a la que iban y hablaron sobre cómo les había ido desde que no se habían visto y las nuevas novedades que inundaban sus vidas. Parvati explicó que había comenzado una relación con Dean Thomas, pero la cosa no iba demasiado bien por lo que, seguramente, no volverían a quedar juntos. Lavender contó que no tenía citas excesivamente serias. Que ella sólo deseaba asentar la cabeza con quien tenía en mente, alguien que ya había formado parte de su vida y que quería que volviera a formar parte de ella. El resto de hombres, era solo por pasar el rato.

Hermione intentó no pensar a quién se refería Brown por no arruinarse una noche que pretendía divertirse con sus mejores amigas.

Pagaron la cena y se dirigieron a la discoteca donde tenían pensado. Era una discoteca muy grande, en la que había varias mesas y sillones para estar tranquilamente y también dos pistas de baile para la gente más animada. Servían cocteles que apasionaban tanto a Ginny como Luna y Hermione.

Se sentaron en una amplia mesa y pidieron cinco copas al camarero, que las trajo con rapidez. Había varias mesas ocupadas y algunas personas bailando al ritmo de la música.

-¿Cómo te va todo con Ron? – preguntó Lavender regalando una sonrisa. Hermione le contestó con otra sonrisa, mientras el resto escuchaba.

-Muy bien Lavender – explicó Hermione – la verdad que cada día mejor – dijo sincera.

-Me alegro tanto – respondió Brown, mintiendo. – Pensé que quizá algo iba mal a juzgar por cómo me miraba el otro día. Pero ya sabes que yo jamás interpondría a un hombre en nuestra amistad Herms – dijo con unas gotas de maldad en su tono de voz. Hermione sonrió con toda la falsedad que pudo, no pudo evitar que aquellas palabras explotaran en su interior. Menuda arpía. Ginny vio el panorama y se apresuró a intervenir.

-Ya sabes cómo es mi hermano Lavender, quizá fue atento contigo y tú lo malinterpretaste – dijo con simpleza, intentando calmar el ambiente. Brown la miró y no dijo nada, no queriendo enturbiar la situación.

Más tarde la pelirroja Weasley contó cómo iban sus preparaciones de boda. Cada día estaba más nerviosa y creía que no le iba a dar tiempo a organizar todo. Terminaron sus copas y pidieron una más. Mientras Ginny seguía explicando que colocar a los invitados en el banquete era un absoluto desastre teniendo en cuenta que la mayoría no se conocían

Tocaron varios temas sobre ellas mismas mientras reían alegres por la broma de alguna. Sin prejuicios. Tomaron otra ronda más, sin tener en cuenta cuántas llevaban.

Se divertían bailando desde sus posiciones las canciones que ponían y cantando la parte que se sabían, aunque la mayoría de las veces se la inventaban y sólo se animaban con la situación. Pidieron otra copa más, esta vez Ginny le pidió al camarero que trajera una ronda de la bebida más fuerte que hubiera. Cada una, tras bebérsela, puso peor cara que la anterior, haciendo gestos de querer vomitar.

Hermione había adquirido unos coloretes eternos a causa de la bebida, haciendo reír a sus compañeras.

-¡Me encanta esta canción! – gritó Parvati cuando pusieron una canción de Las Brujas de Mackbeth, que le encantaba. Todas comenzaron a cantarla, mientras se escuchaba aun más alta la voz de Patil que reía a cada frase que soltaba.

Bailaban sentadas levantando los brazos y moviéndose levemente desde sus asientos. Riéndose a cada acto graciosa de alguna.

-Madre mía lo que acaba de entrar ahí – chilló Ginny para que todas la escuchasen. Siempre que decía eso era que algún hombre guapo acababa de entrar al lugar. Se giraron y todas lo confirmaron, excepto Hermione.

Se trataba de Draco Malfoy en compañía de Parkinson, Blaise y Nott. Pansy vio a Granger y el hizo señas de que se acercara.

-Mira de cerca a ese tiburón – dijo riéndose Lavender, sin parar de observar al rubio.

La castaña rio ante ese comentario y se levantó para ir hacia Pansy, que la esperaba unos metros más lejos.

-¿Qué tal Granger? – preguntó a modo de saludo mientras le regalaba una educada sonrisa. Hermione la observó. Iba absolutamente espectacular, subida a unos zapatos que la hacían estar tan alta que la castaña quedaba a la altura de sus hombros.

-Bastante bien Pansy – dijo sonriente, todavía con coloretes en sus mejillas, demostrando el alcohol que había ingerido - ¿cómo tú por aquí? –Preguntó – nunca te había visto.

-Hemos venido los cuatro a tomar algo – explicó con sencillez- pero veo que tú y tus amigas habéis gastado el alcohol que quedaba en el bar – rió, y la castaña con ella.

-¿Quieres venirte a tomar algo con nosotras? – preguntó Hermione, invitándola a estar un rato con ella.

Pansy miró fijamente a la castaña y rió ante la ocurrencia.

-No, claro que no Granger – la joven le miró sorprendida. Quizá era por la ingesta de alcohol, pero estaba segura que Pansy diría que sí – no creo que sea buena idea – dijo Parkinson al ver la cara de sorpresa que ponía Hermione, intentando dar por finalizada aquella conversación – además no puedo dejar solito a Draco con Blaise y Theo – dijo sonriente.

Granger entonces dejó de sonreír. Lo había olvidado. Draco Malfoy. Se giró y a un metro de Pansy estaba él, rodeado de sus dos amigos, mirándola de arriba abajo. Llevaba un polo negro que hacía resaltar su piel y unos sencillos vaqueros oscuros. Le miró y apartó la mirada, era mejor estar serena para poder enfrentarse a su plan de venganza o de lo contrario, podría estropearlo todo.

Observó que Draco avanzaba hacia ella y no dejaba de observarla, hasta que se quedó en frente, mientras pasaba una mano por la diminuta cintura de Parkinson.

-Granger – dijo a modo saludo mientras Pansy le hacía un gesto de despedida y se iba con él con cara de felicidad. La castaña gruñó por tener que ver a aquél cruel asesino en su noche de fiesta. Intentó olvidarlo mentalmente y se fue donde las chicas, que hablaban sonrientes sobre algún tema.

Se animó al volver a entrar en ambiente junto a Ginny y el resto y pronto se dirigieron a la pista de baile, que cada vez estaba más llena. En condiciones normales Hermione se habría negado a ello, pero con la ayuda de los deliciosos cocteles dejó la vergüenza a un lado y empezó a bailar al ritmo de la música.

Lo cierto era, que sin llegar a ser una profesional, se movía con facilidad sobre la pista de baile, al igual que sus amigas. Ginny era la más atrevida, junto a Lavender, y se movían con más exageración.

Crearon ellas mismas un círculo. Hermione bailaba moviendo sus caderas, desinhibida, mientras se olvidaba del resto y lo acompañaba con movimientos rítmicos de sus brazos. Cantaba más alto las letras de algunas canciones y hacía girar sobre sí mismas a alguna de sus amigas.

Abrió los ojos de par en par cuando notó dos firmes manos en sus caderas. Se giró con rapidez y no pudo hacer otra cosa que sonreír. Se trataba de Ron Weasley. Se acercó a él y le besó con profundidad.

-Has bebido – dijo sin rencor tras saborear el beso. Hermione se sonrojó aun más por el comentario.

-¿Qué haces aquí? – preguntó curiosa, recordando que él le había dicho que no iba a salir aquella noche.

-Harry, el resto y yo nos hemos animado a venir – dijo acercándola a sí mismo, abrazándola y depositando otro beso sobre ella, continuando el movimiento que producía el ritmo de la música. – Estás preciosa – le susurró.

Granger se lanzó a él y comenzó a besarlo con más rapidez a la que acostumbraba. Ron le respondía con la misma rapidez, acariciando su cuerpo por encima del vestido.

La lengua de Hermione iba atrevida buscando cada rincón de aquella cueva, bebiendo del beso, hasta que se separó para respirar. Ron le miraba excitado. Se miraron y Harry llegó cariñoso, sin percatarse de la situación en la que se encontraban, abrazando a la castaña. A los pocos minutos la joven comenzó a sentir mucho calor y le dijo a Ron y a Harry que iba a tomar el aire y volvía junto a ellos. Weasley insistió en acompañarle pero al final la castaña le convenció en quedarse, ya que sólo serían unos pocos minutos.

Salió afuera y al fin respiró con tranquilidad. Lo cierto era que necesitaba el aire para poder pensar con claridad. El efecto del alcohol estaba en su cuerpo y por eso, la frescura del aire era perfecta para amenizarlo.

-Menudo espectáculo habéis dado – comentó una voz a sus espaldas. No le hizo falta girarse, sabía que se trataba de Draco Malfoy. Escuchó como caminaba hasta situarse frente suya. Le miraba con cierto rencor, como si aquello le molestara – Yo con mis líos no hago eso, Granger – dijo en alusión a lo que ella le había dicho en su último encuentro.

-Quizá deberías de tener más líos, Malfoy – dijo Granger. No era el mejor momento para juntarse con él. No tenía el suficiente control mental como para no soltarle cuatro chillos diciéndole todo lo que le odiaba.

-No creo que necesite más de los que tengo – dijo con una media sonrisa, tan cínica como lo era él mismo. Intentó relajarse, pensar en los frutos que debía de dar su plan.

Le miró y vio que él la observaba con detenimiento, analizándola. Como si en cada gesto suyo él leyese lo que pasaba por su cabeza. Se estremeció al pensar aquello.

Debía de acercarse a él. Engañarlo y enamorarlo de nuevo – se recordó mentalmente. Ignoró a sus instintos personales de odiar aquella idea e intentó pensar en una frase que pudiera dar pie a algún tipo de avance en su particular vendetta.

-En realidad, prefiero que no los tengas – susurró con la voz más sensual que pudo, esperando nerviosa una reacción de él.

Draco Malfoy la miró asombrado. Entrecerró la mirada intentando encontrar algo que le dijera que se trataba de una frase absolutamente sarcástica o simplemente una broma. Pero no encontró nada. Decía la verdad.

-¿Por qué? – fue lo único que preguntó.

Hermione intentó pensar con su mente de adolescente cuando todavía estaba enamorada de aquél criminal. Buscando las palabras adecuadas.

-Porque no deberías de buscar a nadie más, si ya me has encontrado – ronroneó con una espectacular sangre fría.

Malfoy tragó en seco. Era lo que hacía tres años quería escuchar. Algo dentro de sí le decía que no se anticipase a los acontecimientos y se asegurase de que aquello era verdad.

-Entonces no sé qué es lo que yo debería opinar de tus líos con la comadreja – dijo cortante. Debía asegurarse.

Hermione le miró recelosa. Buscando mentalmente la respuesta más creíble.

-Si tú me prestaras atención, Weasley sería historia – dijo con aplomo, mostrándose segura de sí misma, con cientos de nervios en su interior. Pero entonces recordó algo - ¿Qué me dices de Pansy y tú? – preguntó curiosa.

Malfoy la miró, intentando averiguar si su relación con Pansy le molestaba o no. Pero la mirada de la joven era extremadamente fría, sin expresión. Sólo esperando a qué él diera una respuesta convincente. No le gustó aquella expresión al joven mago.

-Lo mío con Pansy no es de tu incumbencia – dijo cortante. No se fiaba de aquél repentino interés hacia él. Hermione le miró asombrada, con los ojos abiertos como platos, sin esperarse aquella reacción. Debía de dar más de sí misma. 'Joder' – pensó.

Estrujó todo el sentimiento negativo que tenía hacia él e intentó reunir todas sus energías para engatusarle, al menos, un rato.

Se acercó a él lentamente, sabiéndose observada por él, cada movimiento, mientras producía una enigmática sonrisa en su rostro. Le penetraba con la mirada, buscando su nerviosismo ante su presencia. Se puso frente a él. Le llegaba hasta la barbilla del mago. Se mordió el labio con sensualidad y se acercó a él con lentitud, hasta su oído.

-Tampoco quiero que Parkinson sea de tu incumbencia – ronroneó, expulsando de su boca el aire necesario como para hacer estremecer al mago. Aspiró su aroma. Mantenía su perfume varonil de menta fresca.

Draco se estiró un poco para alejarse algunos centímetros de ella. No sabía bien qué pensar. Llevaba esperando aquél momento cerca de tres años, por lo que decidió arriesgarse. Al fin y al cabo no se le ocurría nadie mejor por quien arriesgarse que no fuera Hermione Granger.

Pasó una mano por su cintura, atrayéndola a sí mismo. – No tengo nada con Pansy- dijo él. Notó un escalofrío por parte de la bruja. Sonrió. Aquello era buena señal. Estaban a escasos milímetro el uno del otro, aspirando los perfumes, embriagándose. Miró aquellos labios se humedecía nerviosa. Estaban pintados de rojos, tan gruesos y apetitosos como los recordaba. Se moría por probarlos de nuevo.

Acarició su sonrosada mejilla, asegurándose de lo que iba a ocurrir era cierto, y se inclinó levemente hacia ella, mientras ella se dirigía hacia él, con los ojos cerrados, hasta que sus labios se unieron como antaño. El contacto duró no más de dos segundos. Fue un beso rápido, en el que se habían reconocido. Sus labios se habían hundido en los del rubio, palpándolos, untando con suavidad su lengua con la suya. Lentamente.

Se separaron y se miraron a los ojos. Draco Malfoy no podía creer lo que estaba ocurriendo, una luz de felicidad inundaba su ser al pesar que todo el tiempo que habían pasado separados quedaba atrás. La joven castaña sonrió levemente y se despidió de él, adentrándose dentro de la discoteca.

Cuando hubo desaparecido de la vista del rubio corrió hacia los baños y se encerró en un lavabo particular. Se limpió los labios con agua más de diez veces, quitándose también la pintura roja que llevaba sobre ellos. Sentía un asco extremo por lo que acababa de ocurrir, aun sabiendo que era un gran avance.

Pegó varios golpes con la mano a la pared, intentado borrar lo que acababa de ocurrir mientras una lagrima de rabia caía a sus mejillas. Lo odiaba tanto. Cada vez más. Sentía tanta impotencia dentro de sí misma que no sabía qué hacer. No estaba segura de si lo que hacía era lo correcto o era sólo una tortura para ella misma de la que no sacaría nada en claro para poder apagar su sed de venganza.

Golpeó más veces hasta que se agachó al suelo, cansada mientras más lágrimas caían.

No podía pensar con claridad, le repugnaba el hecho de besarse con él, con un malnacido que sólo vivían para hacer daño a la gente y además reírse por ello.

Se sentía, además, sucia consigo misma. Se sentía una prostituta que sólo buscaba relacionarse con un hombre por el beneficio propio. Quería ducharse, sentir que no tenía nada que ver con aquél ser, y olvidar lo sucedido en aquellos momentos. Sentía que se estaba traicionando a ella misma y también a sus padres. Todo lo que hacía era por ellos, pero era incapaz de pensar que aquella situación desembocara en algo bueno. Nada que tuviera que ver con Draco Malfoy terminaba en algo bueno. Nada.