Capítulo 4:
El momento equivocado.
—¡¿Qué diablos haces metiéndote con un humano?!
Ginevra miró con mala cara su hermano, al tiempo que se soltaba de su agarre con un movimiento muy brusco. No le gustaba para nada la actitud de Percival. Alisó la blusa negra que su hermano le había arrugado al sujetarla, el traje de baño que Harry le había hecho usar, había desaparecido y volvía a tener su habitual ropa de casería.
—¡Te dije que debías cuidarlo! ¡No que te metieras con él!
Percy la fulminó con la mirada, pero su hermana, como la digna guerrera que era, le regreso la mirada, sin amedrentarse en lo más mínimo.
— Yo hago mi trabajo de la forma que se me cante la reverenda gana.
—Aléjate de él— Chilló Percy, histérico.
—¡Tu no me ordenas!
—¡Pero Norka si!
La pelirroja dio un paso atrás con el rostro congelado. Su propio hermano quería acusarla con Norka. Sintió su estomago revolverse ¡Vaya traidor de su propia sangre!
Percy ya no la miraba, sus ojos estaban clavados en uno de los espejos que colgaban de las paredes, donde se veían los diferentes sueños de los humanos que protegía su familia. Ginevra también miró el espejo, esté solo reflejaba el rostro ruborizado de Percy. Por lo visto Harry ya había despertado. Soltó un bufido, ya comenzaba a extrañarlo. Miró a su hermano con fastidio, él era el fiel seguidor de Norka y trabajaba de una forma muy cercana con ella, su existencia giraba en ayudarla con los problemas que podían llegar a surgir entre los cazadores, y ahora le importaba más su puesto como consejero de la diosa que su propia familia.
—No te atrevería a acusarme— siseó entornando los ojos la cazadora.
—Aléjate de él. —Le espetó— El agente Potter no puede tener distracciones en este momento…
— ¿El agente Potter? ¿Pero que diablos…?
—No hagas preguntas, Ginevra— su hermano se irguió con los ojos en llamas— Asegúrate que el humano no sea mas el juguete de los Creadores…. Y de ti tampoco.
La chica apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Estaba comenzando a enojare de verdad.
—Él reconoció mi tatuaje. ¿Por qué?—le interrogó con voz venenosa. Percy jamás había logrado asustarla y ahora no iba a ser diferente. Su hermano sabía el apellido y la ocupación de Harry, eso no era normal, amenos que se hubiera acercado al humano por alguna razón especial— Habla Percy. ¿Por qué rayos sabes su nombre? ¿Por qué Harry conoce la marca de los cazadores?
— ¿Él conoce la marca?— resopló — ¿Por qué diablos dejaste que la viera?—explotó, mientras daba vueltas por la habitación al tiempo que se revolvía el cabello, desesperado.
Ginevra dio un paso atrás, mas por la sorpresa que por susto, jamás había visto a su hermano tan fuera de si, él siempre había sido el calmado y calculador de la familia. Era muy raro verlo estallar de ese modo— Relégate, Percy, relégate— repitió en voz alta para si mismo— Potter va a creer que es parte de su sueño, nada mas, cálmate Percy, cálmate.
—Percy—la pelirroja dio un paso hacia él, mirándolo con los ojos entrecerrados— ¿que es lo que sucede con Harry?
—¿¡Lo llamas por su nombre!?
—¡Eres un exagerado, Percival!—agitó la cabeza molesta— Solo es un nombre
—Te estas involucrando…
—¿Y acaso tu no? ¿Desde cuando sabes la ocupación de los soñadores que protejo?
—Esto no tiene nada que ver contigo, Ginevra, esto es mucho más grande que todos nosotros. Norka se enojara con ambos si sabe que Potter se distrae en sus sueños.
—¿Distraerse? ¿Distraerse de qué?
—De nada que a ti te tenga que importar ¡Así que no hagas más preguntas y aléjate de él!—bramó antes de desaparecer con un estruendo muy similar al de un trueno.
Ginevra observó el lugar donde segundos antes había estado su hermano.
—¿Acaso crees que dejare a Harry, solo por que tu me lo ordenas?—susurró de forma mortífera— Si que eres idiota Percy.
Harry quedó congelado en el umbral de la puerta, totalmente asqueado. Hermione soltó un jadeo a su lado cuando sus ojos se encontraron con la escalofriante escena que "El Coleccionista de Corazones" había montado para ellos en aquella casa en la zona mas adinerada de Londres.
—Cada vez se toma mas molestias con la presentación—susurró la forense entrando al cuarto donde el cadáver de una mujer de largo cabello negro se encontraba en posición vertical con las manos atadas sobre la cabeza mientras colgaba de uno de los altos postes de la cama de dosel. Tenía el pecho descubierto y se veía con morbosa claridad el hoyo que había utilizado el asesino para arrancarle el corazón.
Tomó aire con fuerza, la habitación apestaba a sangre fresca, suerte para él que tenía estomago para ese tipo de cosas, no como uno de los oficiales uniformados que había acudido a la escena y ahora estaba vomitando en el pasillo después de ver el cuerpo ensangrentado.
—Tiene el tatuaje—susurró Hermione parándose a su lado.
Harry asintió secamente mientras se dedicaba a observar el rostro de la difunta. Era demasiado joven, no llegaba ni a los treinta, miró el tatuaje que descansaba entre sus pechos con odio y fastidio. ¿Qué significaba? ¿Por qué el asesino seguía solo a los que lo tenían? ¿Qué conexión tenían? Todo aquel tema lo estaba enloqueciendo, tan obsesionado estaba que comenzaba a verlo en sueños.
—La encontró así su marido, cuando regresó del trabajo— Draco Malfoy, uno de los agentes de su equipo, entró a la habitación junto a un par de uniformados— La ultima persona que la vio viva fue su empleada hace como cuatro horas cuando se marchó a su casa.—leyó de una pequeña libreta de apuntes que llevaba en la mano— Hablé con los vecinos, nadie vio nada, pero hay una señora en la casa de junto que dice que hace mas o menos dos horas, escuchó un grito, pero no le dio importancia ya que creyó que era el televisor.
Harry soltó un bufido ¡siempre nadie veía nada!
—Genial, simplemente genial— masculló— El viene y mata, y nadie ve nada.
—Harry —dijo Hermione en voz reprobatoria mientras caminaba alrededor del cuerpo, estudiándolo con la mirada.
—Quiero que lo revisen todo, con suerte ese bastardo pudo dejarnos algo.
—Los técnicos ya están en eso—resopló Draco con mala cara, Harry sabía que el hombre odiaba estar bajo su mando— Pero dudo que tengamos suerte, la verdad, esté tipo no comente errores, es sencillamente un genio macabro.
—Si, si, cuando lo atrape le pediré un autógrafo para ti—entornó los ojos Potter— Quiero hablar con el marido ¿Dónde esta?
—Abajo, en la cocina. Longbottom. le esta haciendo las preguntas de rutina—le respondió Malfoy después de lanzarle una mirada asesina.
Harry dejó que Hermione y los técnicos hicieran su trabajo, y salió rumbo hacia la cocina. En el lugar había un par de policías uniformados, junto al marido de la victima, Thomas Blyton, y Neville Longbottom, otro agente de su equipo. Este estaba sentado a la mesa de la cocina, frente al marido, mientras hacia preguntas y sacaba notas.
—Mi Lucy —lloró Blyton cuando Neville hizo una pausa— ¿Quién podo hacerle algo así a mi Lucy?— Se tapó el rostro con ambas manos, completamente destrozado.
—Seños Blyton— Harry se acercó a él tratando de verse seguro y completamente sereno— Soy el agente Harry Potter, el encargado del caso del Coleccionista de Corazones. —le tendió la mano, pero no se sorprendió que el hombre no la aceptara y en su lugar lo mirara con los ojos muy abiertos y la cara increíblemente pálida.
— ¿Fue él?—chilló— ¿Fue ese el monstruo que le hizo esto a mi pobre Lucy?
—Estamos completamente seguros de eso, su forma de proceder es la misma que con los otros.
Thomas Blyton soltó un grito ahogado, un alarido de dolor que produjo que el corazón de Harry se encogiera y lo abordara un deseo insoportable de salir corriendo lejos de aquel sufrimiento. Él sabia lo que era perder a un ser amado, podía comprender a la perfección el dolor y la insoportable impotencia que ese pobre hombre llevaba dentro en ese momento.
—¡Es mi culpa, todo es mi culpa! ¡Mi maldita culpa!—lloró con fuerza tirandose del cabello— Debí escucharla…¡Maldita sea, debí escucharla!
Harry y Neville intercambiaron una mirada al escuchar aquellas palabras.
—Señor Blyton ¿Qué es lo que su esposa le dijo?—le preguntó Harry, sentándose junto a su compañero, frente a Blyton.
—Ella estaba preocupada por ese tipo… todo el tiempo estaba con el periódico y la TV, tratando de estar al corriente de todos sus movimientos….Y yo no le hice caso— dijo derrotado— Esta mañana ¡Maldita sea! Esta mañana, antes de irme, ella me dijo que estaba segura de que ese loco vendría por ella…
—¿Tiene idea por qué pensaba eso?— Harry y Neville se inclinaron hacia delante. Una victima que ya conocía su trágico final de ante mano, eso si que era algo nuevo.
—No, no me lo quiso decir. Me dijo que era una historia muy larga y que estaba dispuesta a contármela cuando regresara del trabajo… pero cuando regrese…—su voz se quebró y sin contenerse más, se echo a llorar, con los codos apoyados en la mesa y las manos sobre la cabeza.
—Se que este no es un buen momento, pero aun tengo una pregunta.
El hombre asintió y miró a Harry con la tristeza marcada en el rostro.
—Su esposa tenía un tatuaje de una luna menguante en el pecho ¿Sabe usted si este tiene algún significado? ¿O por casualidad sabe donde se lo hizo?
Para su desilusión, Thomas Blyton agitó la cabeza de forma negativa.
—No, ella nunca me lo quiso decir, pero solía bromear diciendo que era el gafete de su antigua empleo.
—¿Cuál era?
—"Cuidaba de personas que necesitaban ser cuidadas"—Al ver a los policías confundidos, explicó—Eso era lo que Lucy siempre me decía. Pero para ser sincero jamás entendí que trataba de decirme…
Ginevra intentó no perder la paciencia, su hermano Percival ocultaba algo muy grande, ella lo conocía suficiente para poder notarlo. Él no era un ser que perdiera los estribos de la forma que lo había echo minutos atrás. Miró el espejo que mostraba los sueños de Harry. Él había despertado y no volvería a dormirse hasta la noche. Suspiró resignada, pero trató de controlarse e ignorar aquel vacío en el estomago que provocaba la ausencia de Harry.
Tenía que pensar lo que iba hacer a continuación, Percy le había ordenado que se alejara de Harry, y aunque aquello le molestara de una forma descomunal, tenía que hacerle caso, o sino la próxima advertencia seria de parte de Norka, y a ella nadie le podía discutir, mucho menos una mas de su ejercito.
Con el corazón encogido camino hacia la habitación que su padre utilizaba para gastar el tiempo de ocio. El lugar, enorme y luminoso, estaba abarrotado de libros apilados uno sobre otro hasta casi tocar el techo. Su padre, un cazador bastante alto y calvo, la recibió con una sonrisa calida.
— ¿A qué le debo el honor de tan agradable visita?—dejó su libro a un lado y la miró contento, pero algo en aquellos ojos azules le dijeron a Ginevra que aquella alegría era fingida. Su padre no estaba contento, al revés, parecía muy triste. ¿Tendría que ver con el gran secreto que tan celosamente guardaba Percy?
—Hola papá— se acercó a él con una pequeña sonrisa—Siento interrumpir tu lectura, pero necesito hablar contigo un momento.
Su padre, Arthur, le indicó que se sentara en una butaca que había junto al sillón que él ocupaba.
—¿De qué desea hablar mi hermosa princesa?
Ginevra le dedicó una sonrisa divertida, su padre siempre le habla de esa forma y ella nunca había dejado de sonreírle cada vez que lo hacia.
—Es sobre Percy—dijo sin rodeos y vio como su padre perdía un poco la sonrisa.
—¿Qué ocurre con él?— preguntó con voz monótona.
—Se mete en mi trabajo… se mete con mis soñadores….
—¿Acaso has roto alguna norma?—le interrogó alzando una ceja, y Ginevra tuvo la desagradable sensación de que él sabía lo que estaba ocurriendo entre Harry y ella— Percy solo hace su trabajo, mi florecita— prosiguió cuando la chica, atrapada en falta, no respondió a su pregunta— Él tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros, no te enojes con él por querer protegerte.
—¿Protegerme? ¿Protegerme de qué?
Arthur soltó un suspiro largo y profundo al tiempo que cerraba los ojos. Por un segundo su rostro se volvió el de un hombre que llevaba dentro una terrible angustia. Al abrir los ojos nuevamente, volvió a sonreírle, pero la alegría no alcanzó sus ojos.
—Pequeña— se inclinó hacia delante y posó su mano sobre una de las manos de su hija— Estos son momentos críticos, tanto en el mundo de los humanos como en el nuestro.
—No entiendo—admitió, frustrada.
—Y no debes entenderlo jamás, mi niña, solo debes saber que esté no es el momento adecuado para hacer lo que estas haciendo—Ginevra lo miró sorprendida, su padre aún con el mismo tono tranquilo de siempre, le aconsejó— Tal vez no soy el mas adecuado para hablar de estos temas contigo. Tal vez deberías hablar con tu madre… o con Nymphadora, seguro que con ella te sentirás más cómoda. Eso es, ve con Nymphadora, ella te entenderá mejor que nadie.
La pelirroja no entendía nada, pero había algo de lo que si estaba absolutamente convencida: su padre sabía que ella se estaba enamorando perdidamente de un humano.
Un poco aturdida asintió con la cabeza, antes de darle un pequeño beso en la mejilla de forma de despedida y salir rumbo a la casa de la cazadora Nymphadora.
Harry miró el reloj que había en su cocina mientras llenaba el tazón de Anikos con comida para perros. Aún era muy temprano para irse a dormir, pero él ya quería meterse en la cama. Dejó los tazones con comida y agua en un rincón de la cocina, y su perro no tardo ni medio segundo en abalanzarse sobre su comida, como si no hubiera comido en días. Harry soltó una sonrisa, Arikos tenía el mismo estomago sin fondo que su difunto padrino, Sirius.
Se desperezó camino a su habitación, no tenía muchas ganas de dormir, pero cada músculo de su cuerpo le pedía un tiempo fuera. Además moría de ganas de poder volver a soñar con Ginevra. Sabía que esa nueva obsesión suya era completamente estúpida, además de poco sana. Pero ver a aquella pelirroja en sus sueños, se había vuelto su razón para hacer todo lo que se pusiera en su camino durante el día, con la esperanza de que cuando llegara la noche estuviera lo suficientemente cansado como para dormir sus ocho horas y un poquitín mas.
Agotado se desparramó en la cama sin ni siquiera cambiarse, cerró los ojos y espero que el sueño lo llevara poco a poco a los brazo de su adorada pelirroja de ensueños. Ya podía percibir su aroma a flores y la sensación de sus dedos en su cabello, cuando su móvil comenzó a sonar, asiéndolo levantar de un respingo.
—Ha habido otro—le dijo la voz cansada de su compañero Neville.
Harry soltó una fea palabrota al tiempo que anotaba la dirección donde su asesino había atacado nuevamente. Ya podía imaginar los titulares de los diarios del día siguiente "Dos ataques en un día y la policía sigue siendo tan inútil como siempre"
Derrotado se levantó, Ginevra tendría que esperarlo un rato mas.
Ginevra entró un tanto dudosa a la cabaña donde la cazadora Nymphadora vivía. La puerta estaba abierta y por lo visto el lugar vacío. Aún era temprano para irse de casería pero por lo visto Nymphadora era tempranera.
Soltó el aire con fuerza antes de encaminarse hacia la puerta, al final tendría que hablar con su madre sobre aquel tema.
Caminó por la pequeña sala, que al igual que la de su casa, estaba llena de espejos que mostraban los diferentes sueños de los humanos. Todos estaban vacíos, excepto uno, donde se apreciaba una playa llena de gente que bailaba bajo un cielo estrellado. Entre el gentío, la pelirroja reconoció el cabello rosa chicle de su amiga Nymphadora, esta bailaba con una gran sonrisa en los labios, abrazada a un hombre de cabello castaño, alto y un tanto delgaducho.
Ginevra soltó un silbido mientras se acercaba más al espejo. Por lo visto ella no era la única que se acercaba más de la cuenta a los humanos.
—¡Nymphadora!— la llamó al verla besando como una poseída a aquel hombre.
La cazadora dio un respingo mirando alrededor, un tanto confundida.
—¡Nymphadora, ven a tu casa, necesito hablar contigo, por favor!—le dijo Ginevra.
La mujer de cabello rosa le dijo algo al oído al hombre con quien bailaba, antes de darle un último beso y desaparecer.
Reapareció en la sala, frente a una Ginevra que le sonreía de forma juguetona.
—¿No que no había que acercarse tanto a los soñadores?—soltó una risita.
—¡Ja! Como si alguien hiciera caso a eso—dijo la mujer, rodando sus ojos negros.
—Ya comienzo a darme cuenta de eso…
Nymphadora le hizo una señal para que la siguiera y salieron de su sala de espejos. Entraron a otra habitación donde había un par de sillones frente a una gran ventana que daba a un riachuelo que pasaba junto a la cabaña.
—No quiero ser mal educada…. ¿pero qué diablos digo? ¡Me encanta! ¿Se puede saber por qué rayos interrumpiste mi cita con Remus Lupin?
—Necesitaba hablar contigo…. Mi padre me dijo que tú serias la única que me entendería.
La mujer le indicó que se sentara y dos tazas de chocolate caliente aparecieron en la mesita que había a un lado los sillones.
—Bueno, dilo ya, soy toda oídos—le incentivó alcanzándole una de las tazas.
—Seré rápida, no te preocupes—le sonrió al tiempo que aceptaba la bebida— Podrás volver a tu cita enseguida.
—¡Bah! Remus ya se habrá despertado, trabaja por las noches en un hospital, ya estaba por sonar su despertador.
—Está bien— tomó un sorbo de chocolate— Yo…este…
Dudo por un momento. ¿Seria lo correcto? Pensó en lo que había visto minutos atrás. Nymphadora también tenía un contacto más que intimo con uno de sus protegidos. Entonces ¿Quién mejor que ella para llenarla de preguntas acerca de si lo que hacia estaba bien o mal? Aunque ya podía presentir la postura que tomaría su amiga.
—Vamos, Ginevra, sabes que puedes decirme lo que sea—le sonrió de forma sincera Nymphadora.
Se tomó un segundo para ordenar sus ideas, conocía a Nymphadora desde que era una niña, sabía que ella estaba un poco loca pero era de fiar y jamás le daría un consejo equivocado.
—Es un poco difícil—tomó aire mientras la miraba a los ojos—Tu y ese humano… ¿Tienen algo?
Nymphadora la observó por un instante antes de contestar
—Se podría decir que si...
—¿Y eso no se supone que esta mal? ¿Acaso no tienes miedo que Norka te castigue?
—La hipocresía de las reglas—Bufó dejando su chocolate a un lado— Se supone que debemos proteger a los humano, "quererlos", pero no amarlos ¡tonterías!
—Entonces…. ¿amas a ese tal Remus?—la pelirroja la observó muy atenta. Su amiga sonrió.
—Nos conocimos hace un año— recordó con ojos soñadores— Desde el primer momento supe que era diferente a los damas, después de estar con él me di cuenta de que no podría encontrar amor en uno de mis iguales, que solo era él.
Ginevra sintió una extraña sensación al escucharla, por un momento deseo hacerle una pregunta muy inapropiada. Pensó que Nymphadora se enojaría mucho por la indiscreción, pero era tanta su curiosidad que por lo visto la pregunta se vio reflejada en su rostro.
—¿Quieres saber si Remus y yo lo hemos hecho?—alzo una ceja, divertida.
Las mejillas de Ginevra brillaron de color rojo por un momento.
—Y si no es tanta de indiscreción.—susurró, avergonzada.
—No te preocupes, soy muy abierta al hablar de eso temas.—rió— Pues si, lo hemos echo… aunque no es lo mismo ¿sabes? No se siente como si lo hicieras en este plano o en el de los humanos, tú me entiendes.
La pelirroja se ruborizó un poquitín más.
—¡Oh!... creo que no me entiendes—soltó una risita—A veces me olvido de que no todos son tan experimentados como yo.—le miró de forma picara.
—Bueno, esa no era una información que a mi me interese, la verdad— trató de comportarse con naturalidad.
—Supongo, pero no entiendo porque tanta pregunta. ¿Acaso a ti también te a flechado un humano?
Ginevra no contestó, pero la respuesta flotaba entre ellas, y Nymphadora la captó de inmediato.
—¿Cómo se llama?— se acurrucó en el sillón como si su conversación fuera la mas común y divertida del mundo.
—Harry. — Respondió sin mirarla, ya que sus ojos estaba fijos en la ventana.— Harry Potter.
Nymphadora soltó un gritito antes de comenzar a reirá con ganas, su amiga la miró con el seño fruncido, sin comprender absolutamente nada.
—¿Harry Potter? ¿Te gusta Harry?
—¿Lo conoces?—le interrogó con un pequeño pinchazo de celos que no le encontraba explicación.
—No exactamente, Remus es como su tío, él y otro amigo fueron los que cuidaron de Harry cuando sus padres fallecieron— explicó adoptando un tono mas tranquilo— He visto a Harry un par de veces cuando Remus sueña con él. Por lo que tengo entendido es un hombre que maduro muy temprano, frió, serio y un poco aburrido—Nymphadora la miró de arriba a bajo con una ceja alzada— La verdad no creo que pegue mucho contigo.
—¡Harry no es nada de eso!—la pelirroja la miró molesta. ¿Qué se creía para hablar así de Harry? su sangre comenzó a hervir— El es muy divertido y calido. Es increíblemente dulce. No se porque dices esas cosas de él, Harry es simplemente maravilloso.
La voz de Ginevra se torno asida y molesta, pero Nymphadora no dejó de sonreír ni un segundo, y cuando la chica acabo, se limitó a decirle con un poco de satisfacción en la voz.
—Le quieres, quieres a Harry.
La cazadora soltó un bufido mientras se ponía de pie y comenzaba a dar vueltas por la habitación.
—Dime algo que no sepa ya. Estoy enloqueciendo de verdad, Ny, Norka siempre me a dicho que no debo acercarme a los humanos de esa forma, luego Percy viene y me lo repite, mi padre me dice que no es el momento y ahora vengo aquí y tu andas con un humano y me miras como si enamorarse de un soñador fuera algo normal.
—Es algo normal—le aseguró— Pero no es el momento…
—¿Tu también?—se desesperó— Papá también me dijo eso ¡Por las trenzas de Norka! ¿Qué rayos pasa en el mundo de los humanos?
—Cosas grabes— se limitó a decir la cazadora perdiendo la sonrisa por completo.
—Y no me dirás cuales ¿verdad?
—Esto es cosa de Norka, no nuestra
—¿Y tampoco me dirás que tiene que ver Harry en todo esto? ¿Por qué Percy dice que no debo distraerlo de su trabajo?
—Eso ni yo lo sé—Nymphadora agitó la cabeza de forma negativa y le dedicó una sonrisa de disculpas— Ten paciencia, pelirroja, cuando todo se soluciones podrás estar con tu Harry todo el tiempo que te plazca.
Percy se aferró con ambas manos al barandal del balcón que había en el ala sur de su casa. Cerró con fuerza los ojos mientras su cabeza daba vueltas.
"Ginevra no, mi hermana no" pesó con tanta fuerza que alguien lo escuchó
Primero olió su aroma de mar y sol, y luego sintió su presencia a su lado. Una mano suave y pequeña se apoyó sobre su hombro, como un intento de consuelo.
—El amor es un poder que hasta a mi me sorprende— le susurró Norka al oído—Debes aceptarlo.
—Es mi hermana pequeña— susurró molesto— No puedo cruzarme de brazos mientras ella se enamora de Potter. No puedo permitirlo… no voy a dejar que Potter se la lleve y El Coleccionistas de Corazones la destruya como hizo con los demás.
—Eso no pasara, Ginevra en fuerte y Harry tiene la costumbre de proteger con su vida a aquellos que ama—trató de hacerlo entrar en razón la diosa.
—Perfecto. O mi hermana muere a manos de ese monstruo, o la mata la tristeza y culpa por perder al humano… Lo siento mi señora, pero no veo como todo esto pueda terminar bien.
—Tal vez si no te metes en el medio, lo descubras.
—Pero…
—No es un consejo Percival, es una orden—la voz de Norka se volvió firme y ya no hubo lugar para mas replicas— Sigue haciendo tu trabajo, que yo me encargare de Ginevra y Potter.
Hola! Bueno espero que este capítulo sea de su agrado :D agradezco mucho los comentarios y el apoyo. Hasta la próxima!
