Desde afuera de mi oficina podía ver el pelo oscuro de Jeanne., el pelo oscuro prácticamente era algo que nos distinguía a todos exceptuando por Claude que había sacado el pelo rubio de nuestra madre, todo el resto del clan resaltábamos por los caballeros más oscuros aunque Jeanne quizás si se ponía a la luz se notaba que no era azabache sino que era un tono más tirado al café.

Fuera como fuera, los años casi no le habían pesado seguía conservando una buena figura, delgada y esbelta, era casi tan alta como yo, lo que para una mujer aquello era buen punto a favor, cualquiera de las damas de la corte podrían envidiar aquella gracia natural que tenía pero tal vez y solo tal vez era un exagerado pero era mi hermana y era mi hermana menor, la única que tenía.

-Te pedí que te quedaras en el Pilón de oro – dije suspirando mientras dejaba los guantes en el escritorio y me volteaba para verla.

No me había preocupado por cerrar la puerta de la habitación, de todas maneras el chisme estaría corriendo a estas alturas por los pasillos del palacio.

-Quiero asegurarme de que cumplas tu palabra Charles – hablo ella muy segura de sus palabras.

Me senté en la punta del escritorio y mientras me cruzaba de brazos mantenía mi vista puesta en ella, una sonrisa cruzo por mis labios. La terquedad era algo familiar y si sumábamos la sangre de Gascuña en nuestras venas aquello era una mezcla fatal.

-Querida – ladee la cabeza – te dije que hablaría con el rey para pedirle permiso y así lo he hecho, luego de la celebración de fin de año estaré ahí, y no, no te quejes que no puedo dejar el puesto antes. – ella palmeo mi pierna pero se notaba en su cara que no estaba convencida, es más veía venir el reclamo en cualquier momento. – pero puedes marcharte antes si quieres, una carroza estará lista para ti.

Se hizo un silencio incomodo en el que se paró y mis ojos la observaron con atención. Estaba inquieta, el tema era delicado

-Cada día que pasa el castillo de nuestra familia corre riesgo, y tú en vez de correr una vez por nosotros prefieres quedarte aquí.

Tomé aire y miré hacia arriba, era un tanto injusta aquella situación. Éramos cinco hermanos ¿Por qué haría yo la diferencia?

-Jean está en un convento y Paul en el ejército.- me separe del escritorio para sentarme en la silla que la enfrentaba – Entiendo que a veces hay que tomar decisiones en familia pero que este unos días antes o después no cambiaría el destino de las propiedades de nuestros padres.

-Creo que no te tomas las cosas enserio Charles, la última vez que pusiste un pie en Gascuña fue hace cinco años – Jeanne parecía bastante molesta – hay algo que te ata acá, todos vuelven a la casa excepto tú y ahora necesitamos de tu ayuda. – me miró bastante seria.

-No, ni lo sueñes, quiero que esa propiedad dure en nuestra familia pero no caeré en un matrimonio por conveniencia – ladee la cabeza – Mi vida está aquí en Paris, casarme e irme a Gascuña sería algo que haría como último recurso en mi vida. No me mal interpretes Jeanne pero buscaremos otra salida a la deuda que la familia tiene con los Bossard. – al alzar mi vista para ver que venía Porthos caminando un tanto inquieto.

-Yo no te pedí que te casaras – ella se giró para seguir mi vista y ver porque me había distraído de la conversación – Tienes tus amigos, y seguramente tienes tus asuntos, porque lo comprobé anoche – se separó más de mí y con aquella elegancia femenina que le daba su delgado cuerpo comenzó por caminar hacia la puerta. – Sé que me ocultas algo, soy tu hermana hay cosas que no puedes ocultarle a tu propia sangre.

Puse los ojos en blanco mientras me paraba y la acompañaba hasta la puerta, de un segundo a otro parecía que aquel lugar se había llenado de personas.

Jeanne paso su brazo por alrededor del mío al ver que ya no solo estaba Porthos dando vueltas por ahí sino que la curiosidad había hecho que el mismo Athos estuviera apoyando en el borde sobresalientes de uno de los espejos de la sala. Al girar mi cabeza vi que por la puerta habían entrado Aramis junto a Ana de Austria y el sequito de damas.

Una sonrisa ancha recorrió mis labios haciendo que casi me estallara en risas, menudos amigos que tenía que no sabían disimular mejor. ¿Pero cómo hacerlo no? El hombre es el primer animal curioso por eso ha inventado muchas cosas útiles, inútiles y se ha cavado su propia tumba.

Me incline para acercar mi boca al oído de mi hermana.

-¿Por qué me estas agarrando tan fuerte? – pregunte con delicadeza en un susurro.

-Porque te estoy cuidando – me contesto ella haciendo que mis cejas se alzaran y mis labios formaran una o muda.

Asentí con la cabeza y mire por el rabillo de mi ojo el grupo de mujeres aunque ellas no me importaban y Jeanne había llegado un poco tarde para cuidarme.

-No hace falta, son amigas y esos señores un tanto ridículos son como mis hermanos, y consejeros reales aunque no pareciera – me volví a sonreír. – Puedes dejar de alardear que te pertenezco por favor – suspire y ella casi de mala gana me soltó.

Me aclare la garganta y miré a Porthos, quien ya le estaba haciendo un agujero a la alfombra de tanto ir y venir, era el que más cercano estaba a nosotros por lo que me aclare la garganta para llamarlo.

-Señor Du-Vallon – alce la voz, no mucho pero lo suficiente para que los otros dos escucharan. Si lo habían enviado de chivo expiatorio pues íbamos hacer que cumpliera con su trabajo nuestro querido amigo – ven aquí, quiero presentarte a mi hermana.

Porthos se quedó quieto. Nos miró y se sonrió, me había equivocado parecía más en su mundo pero al ver a mi hermana casi que se estaba ganando que lo embocara.

-Yo no los quería interrumpir – se apuró a decir él pero en dos zancadas ya estaba enfrente de nosotros, hizo un reverencia – Encantando de conocerla Madame D'artagnan, ahora entiendo porque su hermano la ha estado ocultando tan celosamente, es hermosa, lástima que el salió tan feo.

Mi hermana se rio mientras yo cruzaba las manos detrás de la espalda, era mejor a abstener de decir o hacer algo porque claramente había caído con esa frase tan fácil.

-Jeanne él es el Duque de Du-Vallon, es uno de los caballeros con los que he compartido armas y que conozco desde que llegue a Paris – hice un pequeño gesto con mi mano y Porthos tomo la de mi hermana para dejar un beso en el dorso de la misma. Tuve ganas de decir algo pero me mordí el labio inferior

-Encantando de conocerlo señor – contesto ella con una calidad sonrisa – y no se preocupe no nos interrumpió ya me iba – se giró para verme – nos vemos en la noche para cenar Charles.

Asentí con la cabeza repetidamente

-Si – no podía decirle que no y era la única manera que tenía para calmar sus propias pasiones de querer seguir con aquel tema del castillo familiar – Nos vemos en la noche Jeanne – agregue casi a la fuerza. No era que no quería estar con ella pero tenía toda una preparación para ser algo más cariñoso además que me fastidiaba el Charles, era mi nombre, si claro lo era pero todos me llenaban D'artagnan que a veces me olvidaba que tenía nombre. – Porthos ¿Podrías hacerme el favor de acompañarla hasta el pilón de oro? – pregunte un tanto dubitativo.

Mi amigo me miró pero había algo que lo detenía en su interior.

-Sería un placer pero tengo que hablar contigo y es urgente – se excusó él un tanto serio parar girarse y mirar hacia donde estaba Athos – pero Madame no se preocupe tengo un escolta que no será tan apuesto como yo pero es muy buen amigo de su hermano y la cuidara tanto como él – el duque se sonrió ampliamente – Conde de La Fere acérquese

Athos nos miró con un dejo de desconfianza pero cuando mi hermana lo miró y le sonrió fue como si en su rostro todo aquel temor desapareciera.

El cuerpo de mi mejor amigo se había erguido y comenzó por acercarse a nosotros con lentitud guardando una de sus manos en el saco que vestía.

-Ya que D'artagnan se ahorrado esto por años lo voy ayudar – habló Porthos y miró primero a la dama – Madame D'artagnan le presento al Conde de La Fere, noble señor, consejero de rey y quien fue el primero en adoptar a su hermano como propio, claro luego de que también fuera el primero en querer clavarle en medio del pecho por mal educado pero en fin había que perdonar a un campesino bruto – se encogió de hombros y aunque hizo una cara muy chistosa para seguir se vio callado porque mi hermana le había estirado la mano para ser besad al conde como si de pronto nosotros dos hubiésemos desaparecido. – A…El señor conde, ella es Jeanne y como bien dijo D'artagnan en la sala es su hermana.

-Es todo un placer de conocerla madame

-El placer es todo mío – contesto ella

Los observe por un momento mientras sentía como la ceja izquierda se me iba encorvando y mi mandíbula se iba tensando.

Seguramente mi cabeza estaba viajando más allá, el conde simplemente estaba siendo caballeroso, no como lo podían ser Porthos o Aramis. Diablos todavía faltaba que la viera Aramis y me iba a empezar a preocupar aún más.

-- estaba por decir algo cuando Porthos manoteo la espalda del conde.

-Muy bien hechas las presentaciones y como sé que el conde se conoce muy bien el camino al Pilón de oro, él será el encargado de llevarla a su encantadora morada. – el duque literalmente había empujado a la pareja dejándome sin poder reaccionar. – En cuanto a ti, ahora que estamos solos – sentí la presión de su mano sobre mi espalda.

Intente poner algo de resistencia para ver hacia donde iba aquel par, no, no era que estuviera desconfiando de Athos pero tenía cierto grado de malestar. Ella seguía siendo mi hermana y el seguía siendo mi mejor amigo.

La puerta se cerró detrás de mí e intente ordenar mis ideas.

Camine hacia la ventana mientras colocaba las manos detrás de la espalda.

-¿Tú hermana es casada no? – pregunto él acomodándose en mi silla del escritorio

-No – contesté monosilábicamente – Bueno, lo fue – respire pesadamente al ver que el carruaje partía – Enviudo hace unos años. Se amaban al principio y después las políticas cambiaron y el amor con ellos – ladee la cabeza y me gire para ver a Porthos - ¿Por qué la pregunta? Yo, Porthos no quiero tener que advertirte que no te puedes meter con mi hermana. Yo te quiero y he vivido más contigo que con mis hermanos pero…

-Tranquilo – me corto él con una sonrisa – Tu hermana es encantadora, una sonrisa muy hermosa pero quiero ser otro hombre.

Lo miré un tanto extrañado.

-La pregunta era por saber, Athos la ha mirado de una manera que yo también la estaba mirando. Pero ese no era el punto, quizás…

-Oh dios – suspire pesadamente – si vienes hacer de casamentera Porthos por favor no, tengo muchas cosas en la cabeza como para preocuparme también de que ellos se amen o se odien- me apoye en el vano de la ventana – Si vienes por eso…

-Que no hombre, que no – contesto él un tanto exaltado – venga que si tu….que si Athos se acuesta con tu hermana será lo mejor que le pueda pasar a él desde que….- se quedó callado buscando algo en su cabeza, algo que me estaba dando escalofríos.- Athos debería ser el cura aquí, solo le he conocido dos mujeres en su vida. ¿Solo ha hecho el amor con dos mujeres? Bueno no exactamente pero…. Aramis ha tenido bastante amantes y tú tampoco te quedas atrás, aunque bueno quizás lo tuyo es más entendible considerando que te querías tirar a alguien a quien no podías.- me lleve la mano a la cara para apretarme el puente de la nariz, el dolor de cabeza comenzaba a ser más fuerte – pero que ahora te la tiras.

- ¡Porthos! – exclame un tanto exasperado – Por favor, algo de respeto

-Pero si yo no soy el que….- se acomodó en la silla y se hecho a reír – menuda cuestión, debería hacerte un monumento. He pero no te enojes que no vengo a joderte hoy.

-¿No? ¿Entonces?

-Es que quería hablar de eso, no del hecho de….- empezó hacer unos ademanes con las manos que eran inentendible, si íbamos a jugar al dígalo con mímica Porthos era muy malo para dicho juego, claro si no se estaba refiriendo o a comida, pelea o mujeres – Que voy a ser padre, no entiendo que ha pasado ¿Tú sabes cómo pasan esas cosas?

-¿Me lo preguntas enserio? Digo porque creo que él que más entiende de cómo hacer eso para llegar a ser padre eres tu Porthos – me acerque a la puerta para vigilar que no anduviera nadie del otro lado. – Un hombre le hace el amor a una mujer y a veces eso ocurre Porthos

-Qué manera tan poética lo has dicho, yo lo hubiese explicado de otra manera. –Se acomodó en lasilla un poco incómodo – pero no te preocupes que más o menos le explique eso a Phi…tú sabes a quien cuando lo estábamos entrenando.

-Gracias, me quedo más tranquilo de que le hayas explicado eso así – mi nivel de desesperación crecía, ahora me preocupaba que la inocencia de mi hijo hubiese sido manchada por el vocabulario de Porthos. – Antes de que termine saliendo por esa puerta en busca de lo que le has dicho a tu sabes quién dime de nuevo ¿Qué haces aquí?

- Aramis no entiende y Athos si pero con lo de Raúl, yo no quiero abrir este tema de conversación aun con él. – Porthos se puso un tanto serio mientras sus dedos recorrían mi escritorio en busca de algo .- me case dos veces, no siempre por amor aunque lo tuve gracias a Dios y tuve mis amores por fuera, siempre busque de una manera u otra poder tener un heredero y de pronto …. ¿Cómo te sentías tú? Aun amas a la madre de tus hijos, yo no sé qué sentir ¿Qué debo sentir? ¿Qué debo hacer?

Me quede un tanto de piedra y mire hacia todos lados, me preocupaba siempre que alguien podría escuchar y que aquella bomba explotara pero sabía que aquel miedo de mi amigo era bien infundado.

Me mordí el labio y camine hacia él mientras me miraba el anillo que me había regalado Ana.

-Lo primero que sentí fue pánico, mucho pánico pero…- hice una pausa – primero llegaron los rumores a mí y luego la confirmación. Se preocupó de decírmelo a solas, fue un momento agridulce. Tenía miedo, tenía pánico, se había venido el mundo encima en un segundo pero de pronto todo eso desapareció porque era nuestro, porque íbamos a tener eso que nos uniría siempre. La felicidad inundo mi pecho y jure que nunca nada le faltaría. – Humedecí mis labios – Jure a Dios muchas cosas, y lo intente cumplir, quise ser mejor hombre, porque creo que un hijo y un amor así te puede hacer mejor. –Suspire – no todo es perfecto, está claro que no. Mira el lio que he provocado y luego de muchos años puedo sentirme más tranquilo por lo que soy ahora.

Se hizo un silencio largo en el que no pude evitar mirar hacia la ventana

-Si estuviera en tu lugar Porthos sería padre, yo no sé quién es la madre, si la amas o no, o si fue algo como lo de Athos o si tienes una historia oculta pero qué más da serás padre y desde este momento en adelante tu vida cambiara todos los días un poco más. – lo mire con una sonrisa – de todas las aventuras que puedes tener, te aseguro que esta es como ir por herretes de diamante cruzarte con Lady de Winter y su hijo, y que de regreso te venga persiguiendo Oliver Cromwell – me reí – eso sí, si quieres saber cómo se carga un bebe y ese tipo de cosas ve con Athos porque yo con suerte lo he experimentado con mis sobrinos.

-Claro que quiero ser padre es que no sé qué hacer con la madre, es injusto que crezca sin ella pero tampoco quiero estar….- me miro de manera significativa – alejado, tú entiendes. Ella me aviso pero no quiere nada de mí ¿Por qué lo haría si no?

-Quizás debas conocer mejor a la madre, no sé. A veces me pregunto qué hubiese pasado si ella no me lo decía y luego me acuerdo de lo de Phi…de él y se parte el corazón al pensar que fuimos engañados, quizás si hubiese tenido la posibilidad que tú tienes, me hubiese ido al campo a criarlo.

-Es que…- suspiro pesadamente – Aramis no la va aceptar

Hice un mohín con los labios y alce mis cejas.

-Aun te quedan como nueve u ocho meses para que se hagan a la idea, quizás se aman y te cases por tercera vez. La vida tiene muchas cosas diferentes para cada uno de nosotros.- lo miré serio - Me pondría en contacto con ella, y vería que pasa.- me acerque a mi escritorio para tomar unos papeles que debía de darle a Andre - Porthos soy nulo para estos temas, si los hijos y el matrimonio hubiesen estado en mi planes ahora estaría casado y con hijos, pero en cambio estoy metido en un lio – suspire – aquí el que sabe de matrimonios eres tú y el que sabe cómo ser padre es Athos.

- Gracias por tu consejo – el duque se paró de la silla y palmeo mi espalda – me gustaría que me acompañaras a buscarla, cuando partas para Gascuña yo iré por ella para hablar.

-Me parece una buena idea, puedes contar conmigo – le sonreí de costado.

-Gracias mozalbete – Porthos abrió la puerta y se topó con Andre que estaba por golpear la madera cuando se encontró con el obelix – Hey mira quien está aquí, si es mini D'artagnan.

Andre se tensó notoriamente, es que nadie sabía a veces como iba a reaccionar Porthos.

-Ya , que estás haciendo que deje de respirar – hable en tono tranquilo mientras tomaba la pluma para comenzar a firmar papeles.

-Si alguien se cortara el bigote como yo realmente me sentiría bastante orgulloso, aunque bueno la mitad de los muchachos aquí intentan imitarte, espero que no en todo porque…

-Creo que su majestad estaría necesitando a su consejero en la sala ahora que el duque no está – dije sin quitar mi vista de los papeles – ve y empieza por ser un mejor hombre dejando a mi personal de trabajo en paz.

-Que gruñón, solo decía – palmeo la espalda de mi teniente y se retiró.

La habitación volvió a quedar en silencio lo cual lo necesitaba para poder concentrarme en leer lo que estaba firmando, aunque aquello se vería interrumpido.

-¿Qué ocurre? – pregunte

-Yo solo quería agradecer el regalo, capitán.

Una sonrisa se cruzó por mis labios y levante la vista para ver que Andre daba unos cuantos pasos para dejar una caja de madera sobre el escritorio.

-No hace falta nada a cambio, te conozco desde que llegaste aquí y no parabas de hablar un segundo. – extendí mi mano para tomar aquel cobre y abrirlo. Alce mis cejas bastante sorprendido, tome el perfecto caballo tallado en madera. – Esto es muy precioso ¿Tú?

-Sí – se apresuró a decir él – mi padre era carpintero, es Hércules – se sonrió de costado y luego extendió la mano para dejar unos papeles – No le quito más tiempo capitán

Asentí con la cabeza.

-Gracias Andre, creo que lo dejare aquí para que todos vean a Hércules – coloque el caballito sobre el escritorio a lado de donde estaba el candelabro.

El hombre se retiró dejándome solo.

Mis ojos se quedaron mirando aquella figura tallada, hacía más de veinte años que conocía a Andre y prácticamente que lo había adoptado como mi hermano o hijo a veces. Había llegado en un momento de mi vida en la que todo era un caos, el amor, la amistad, el ejército. Absolutamente todo.

No podía decir más que aquel muchacho que había llegado con disiente años y que ahora que ya era todo un hombre aún seguía persiguiéndome por el palacio como el primer día. Su lealtad era genuina, sabía el secreto y quizás sabía más de lo que debería saber por su bien pero aun así nunca me había reprochado nada, había que verlo para saber que el bigote era muestra de aquella devoción. Y aunque me quisiera copiar en todo había algo que debía hablar seriamente, si algo había aprendido de Athos que no hay que seguir exactamente los mismos pasos que tu mentor. No siempre.

Mi vista volvió a los papeles para comenzar con el trabajo. Como odiaba los papeles, por sobre todo tener que hacer cartas a las familias de víctimas.

Los minutos pasaron, no sé cuánto, pero el sol había bajado empezado a bajar.

Sabía que era más tarde que el almuerzo porque había comido en el cuartel de los mosqueteros y luego me había vuelto a encerrar en la oficina para controlar planos.

Al tener a mis amigos aquí trabajando como consejeros reales me alivianaba el peso de tener que pensar en la seguridad del palacio y por sobre todo en el bienestar de mi hijo. Ahora podía dedicarme plenamente a mi labor militar y si, quería llegar a ser mariscal de Francia aunque eso me llevara afuera de Paris.

-Quiero que lleven estos papeles al consejo de armas – le ordene a un mosquetero joven – y tú dile a las criadas que la cena sea antes de las siete y media. – Tomé mis guantes – Mañana quiero a todo el mundo en el patio, con nieve o sin nieve vamos a entrenar afuera

-Si seños – contestaron los hombres y partieron para cumplir sus funciones.

Revise todo por última vez y camine hacia el palacio para avisar que no volvería hasta mañana, ahora que Jeanne estaba en el Pilón de Oro tenía que cuidarme aún más.

Caminaba disfrutando de aquel aire frio, el dolor de cabeza que me había aparecido en la mañana no se quería ir y lo único efectivo que conocía para este malestar era dormir. Cerré los ojos intentando que la brisa ayudara, de niño estar solo y respirar profundamente siempre me había ayudado, más las voces y risas me sacaron de mi eje.

-D'artagnan – la voz de Aramis hizo que abriera los ojos - ¿Ya te vas?

-Si – respondí con una sonrisa un tanto torpe

-Me lo imagine, Porthos me ha contado lo de tu hermana – se acercó hasta donde yo estaba – La vimos, a la distancia – miró hacia atrás en donde vi que venía la reina madre, su sobrina María Teresa y el resto de las damas de compañía, como no otra visita a la capilla - no sabía de quien se trataba hasta que nuestro amigo me puso al corriente.

-Ya todo el palacio lo sabe – le conteste casi en tono de resignación – le prometí que iría a cenar y debo hacerlo, seguramente me quede a dormir en el Pilón de oro – lo miré serio - ¿Podrías avisar adentro de mis planes?

- Si por supuesto – note que había algo en la mirada pero se quedó callado ya que ambos observamos como una de las damas avanzaba hacia nosotros con una sonrisa – Ahí vienen las preguntas.

-Lo sé – me reí y coloque el peso de mi cuerpo sobre una pierna - ¿A dónde va tan apurada Madame Monteville? – pregunte alzando mis cejas.

-Vengo por usted – contestó ella con una sonrisa.

-¿Viene por mí? – tantos años de conocernos que este tipo de juego con cualquiera de las damas de compañía de la reina madre ya era uno de mis deportes favoritos podría decir – Vaya que sorpresa ¿Qué ha ocurrido?

-Solo que tenemos unas preguntas para usted, sabe que con tantos chismes es mejor hablar con el provocador de dichos chismes ¿No lo crees? – ella paso su brazo por alrededor del mío

-Por supuesto que sí, dígame en que puedo ayudarla – pregunte conteniendo la risa mientras Aramis miraba la escena.

-Padre, su alteza la princesa María Teresa tiene frio ¿Podría usted escoltarla? – pregunto ella mientras

- Como no – hizo una pequeña reverencia para nosotros – si me disculpan, que tengan buenas noches – el obispo camino hacia donde estaba la infanta española y con un gesto se puso a guiarla a ella y a su sequito hacia el palacio mientras que yo me queda allí con Monteville, Estela y Ana de Austria. Solo me faltaba La Porte o Sylvie cuidando los alrededores y esto era un dejavuu de unas décadas atrás.

-¿Es una especie de trampa? – pregunte en voz baja a Monteville

-¿Por qué crees eso? – me devolvió la pregunta ella.

-No sé, una corazonada

-Quizás te equivocas – ella se soltó de mi brazo y camino hacia Estela que la esperaba alejada de nosotros mientras que Ana de Austria caminaba hacia donde yo estaba – O tal vez no.

Me la quede viendo hasta que tuve a quien me importaba frente a mí, la mire y le dedique una sonrisa.

-Supongo que debes tener preguntas que hacer – hable mientras que con mi mano le mostraba con mi mano que debíamos seguir el paso de sus damas.

-Si es verdad pero prefiero que me cuentes tú – me miró directo a los ojos antes de comenzar a caminar hacia el palacio.

Me tome unos segundos, respire profundamente y seguí su paso colocándome a su lado.

-Es mi hermana, eso es verdad – comencé a hablar mientras colocaba mis manos detrás de la espalda - …- me mordí el bigote – Le dije al rey que necesitaba unos días para volver a Gascuña, hay unos problemas.

-¿Problemas? – Ella me miró de reojo aunque podía deducir por su voz cierto grado de preocupación.

-Hay una deuda y bueno, hay que hablarlo entre todos para ver que se va hacer dado que lo que está en riesgo es el patrimonio de la familia. El castillo – me explique

-Entiendo, debes ir si tú familia te necesita

Tuve ganas de decirle que ellos también eran mi familia, que aquí en Paris tenía mi familia pero aquello no estaba bien, no por lo menos a las afueras del palacio.

-Hay que ver que ninguno se mate y que se pueda arreglar el asunto sin que nadie…- me corte y negué con la cabeza, no eso no se lo podía decir.

-¿Y nadie?

- Y que nadie termine con una de esas peleas a muerte, somos hermanos y aunque a veces hay riñas y celos tenemos la misma sangre – explique esquivando el tema, me habían venido a buscar porque querían que yo fuera el que se casara para saldar la deuda o por lo menos llegar a un acuerdo – Pero no hay nada de qué preocuparse, siempre vuelvo

-Siempre vuelves – ella se paró en la entrada de los escalones

Hice una pequeña reverencia y mire a sus damas para que la escoltaran esos pocos pasos hacia el palacio.

-Lamento pero hoy no me quedare a cenar, mi hermana me espera y dormiré allá. Cualquier cosa están los consejeros y Andre. – vi que los guardias salían para buscar a la reina madre y di un paso hacia atrás – Que tenga buenas noche Majestad.

- Buenas noches capitán.