Una Noche Extraña

-Con la partida de Kakashi-Taichō, nos hace falta un miembro, para seguir siendo un equipo efectivo. Akatsuki ya se ha encargado de eso, y nos ha asignado a nuestro nuevo compañero.—Naruto deslizo el folder hacia Sasuke. El pelinegro lo abrió, y su expresión seria cambio de la nada.

-Ella es….—Decía Sasuke.

-Si. No he podido hacer nada al respecto. Tenemos 48 horas para recogerla, o si no, los malditos ANBU lo harán por nosotros.—Dijo el Rubio con una expresión triste.

-Me niego. Deberías ir tu Naruto.—Dijo Sasuke mientras se levantaba de su asiento para salir de la oficina de Naruto.

-¿De que estas hablando Sasuke? ¿En verdad quieres que los ANBU sean quienes se la lleven?, ¿sin ninguna explicación?, ¿sin ningún consuelo?—Las palabras de Naruto detuvieron a Sasuke, quien estaba apunto de girar el manojo de la puerta.

-Yo no soy la persona mas dulce, no será muy diferente conmigo.—Respondió el pelinegro bajando un poco la cabeza.

-Te equivocas. Tú, sabes quien es. Se que es difícil para ti, por eso, seria yo quien fuera por ella. Pero ahora soy capitán, y no se permite salir del complejo sin una buena razón. Y si les digo que es para capturar a un recluta, será lo mismo. Solo me dirán que envié a mi Teniente o a un escuadrón ANBU. Así que…¿Para que perdemos el tiempo Sasuke?—Comentaba Naruto mientras se recargaba cansado en el escritorio.

-Esa tonta. ¿Por qué demonios no se quedo en Seúl?—Dijo Sasuke molesto mientras abría la puerta y la volvía a cerrar en señal de impotencia.

-Sasuke tu….—Pero Naruto fue interrumpido.

-¿Es una orden?—Pregunto Sasuke de una manera sorpresiva.

-¿Qué?—Pregunto Naruto confundido.

-Solo di que es una orden, e iré ahora mismo.—Respondió Sasuke, quien seguía dándole la espalda a Naruto. El Rubio solo sonrió entre dientes.

-Je, es una orden Sasuke Fukutaichō—Tan pronto salieron las ordenes de la boca del rubio. Sasuke rápidamente abrió la puerta y salió de la oficina.

-Ese tonto, fingiendo que no le importa.—Dijo Naruto mientras se recargaba totalmente en su silla, con ambos brazos en la nuca. De pronto, el rubio pareció recordar algo.—¡Sakura-Chan!—Rápidamente el rubio se levanto y también salió de la oficina.

Eran las 23:30 de la noche en la ciudad de Tokio. Sin embargo, las luces de la ciudad no dejaban siquiera un pequeño rastro de oscuridad. Y a pesar de ser tan tarde, había bastante gente caminando por la futurista capital. En una de sus avenidas, un joven pelinegro, con un traje muy elegante, se encontraba caminando y atrayendo la atención de muchas mujeres. Algunas realmente interesadas y confiadas de si mismas, se atrevían a seguirlo. Poniéndose a su lado, tratando de coquetearle y conseguir con suerte, alguna invitación del guapo pelinegro. Sin embargo las únicas palabras que salían de su boca eran para alejarlas. Al parecer, el lugar a donde se dirigía el joven, era un barrio mas retirado. Conforme seguía cambiando, el aspecto de los edificios, casas y establecimientos, cambiaba un poco. Finalmente, el joven se detuvo en una tienda de conveniencia (Establecimientos pequeños con un horario comercial de 24hrs). Se quedo parado por algunos minutos, finalmente suspiro y entro al establecimiento. Tan pronto había entrado, una bella joven de cabello azul oscuro, y ojos de un tono blanco, lo recibió con una reverencia.

-Bienvenido Señor.—Dijo la joven de aspecto tímido y una voz muy dulce. Sin embargo, se trataba más de un gesto de rutina, ya que la chica no se había percatado de quien se trataba hasta que levanto la mirada. Cuando se fijo bien en el chico, se dio cuenta que se trataba de un chico de 15 años aproximadamente, con un traje muy elegante y un aspecto muy atractivo. De aproximadamente 1.77 de altura. Tenia los bolsillos metidos en el pantalón del traje, y por una extraña razón, se había detenido tan pronto entró al establecimiento. La chica volvió a desviar su mirada para no incomodar al cliente. El pelinegro volvió a caminar, y se paro justo enfrente del mostrador, y de la chica. Tenía clavado sus ojos en ella, y no parecía desviarla, la chica comenzó a ponerse nerviosa. Definitivamente no le molestaba que un chico tan guapo se le quedase viendo, sin embargo no lo conocía. Cada 5 segundos, la chica levantaba su mirada para encontrarse con los ojos negros del joven, pero rápidamente los volvía a desviar, ya que comenzaba a sonrojarse por la intensa mirada del pelinegro. Después de unos minutos la chica decidió hablar.

-¿Desea algo señor?—Pregunto la chica un poco nerviosa.

-Solo estoy esperando que me debas algo.—Las palabras del pelinegro confundieron un poco a la chica, pero tan pronto había hablado el joven, 2 hombres armados entraron a la tienda, y apuntaron con sus armas a los 2 chicos.

-No te muevas imbécil, o te matare a ti y a tu novia.—Dijo unos de los ladrones que ya tenia un revolver apuntando hacia el chico. Mientras esto sucedía, la chica puso sus manos en la boca en señal de impresión y miedo. Sin embargo el pelinegro no se veía perturbado, ni siquiera había volteado a ver a los ladrones, el seguía viendo a la chica enfrente de el. La pareja del ladrón se acerco a la caja, y ordeno a la chica que la abriera.

-Abre rápido esta caja, o mato a tu novio.—La chica no lo dudo dos veces y obedeció al ladrón quien le apuntaba con un arma. Tan rápido se abrió la caja, el ladrón comenzó a meter el dinero en una maleta negra. Cuando todo el dinero estaba en la bolsa, el ladrón se fijo con más atención en la chica. Se dio cuenta de lo hermosa que era, así que comenzó a acosarla.

-Así que es cierto que solo tipos como tu, pueden tener este tipo de bellezas a su lado.—Comento el ladrón mientras se acercaba al cuerpo de la chica.

-Ella no es mi novia.—Dijo el pelinegro.

-Estos ricos estúpidos. Si supiera que el es la razón por la que estamos asaltando este lugar.—Dijo el otro ladrón mientras se acercaba al chico.—¡Oye!, después tendras tiempo de divertirte con esa chica, apuntale a este tipo mientras hurgo en sus bolsillos.

-Bien.—Dijo el ladrón quien se apartó a la chica y se alejo de la caja para estar mas cerca del pelinegro y apuntarle mejor con el arma. Tan pronto el ladrón comenzaba a inspeccionarlo, el pelinegro comenzó a hablar en un tono arrogante.

-Piérdete.—Estas palabras enfurecieron a ambos ladrones. El que estaba hurgando se detuvo y saco su arma para apuntarle a la cabeza.

-No te han dicho que es muy inteligente ser bueno con el hombre del arma ¿eh?—Dijo el ladrón que tenia la punta de su pistola contra la cabeza del chico. Sin embargo el pelinegro seguía mirando a la chica. La joven peliazul volvió a encontrase con la mirada de aquel chico, llena de seguridad y sin una pisca de miedo, una mirada que la tranquilizaba. El ladron al verse ignorado, le grito al chico.

-¿Qué tanto le ves a esa chica?, dices que no es tu novia. ¿Acaso tienes tanto miedo que lo ultimo que quieres ver antes de morir es el bello rostro de esa mujer?—Sin embargo al pelinegro no dejaba de ver a la chica, y no caía en las provocaciones del ladrón. Finalmente este se desespero.—¡Mírame cuando te estoy hablando maldito imbécil!—Tan pronto el ladrón había hablado, el joven voltio a verlo a los ojos. Su mirada congelo por completo al atacante. Unos ojos rojos con una pupila rodeada de 3 extrañas figuras, una mirada que no lo dejaba moverse. No es que estuviera congelado por el miedo o la impresión, simplemente esos ojos lo tenían sometido.

-Humph.—El chico toco con su dedo la frente del ladrón, haciendo que con este simple movimiento perdiera el equilibrio y cayera al suelo. El otro cómplice que le apuntaba de lejos, se impresionó por un momento, pero tan pronto vio a su camarada en el suelo comenzó a dispararle. Sin embargo con cada disparo, el chico esquivaba los tiros y se iba acercando a el. Era como si supiera en que momento dispararía y en ese instante se movía. Después de unos 3 disparos, el joven ya estaba enfrente de el. Se encontraba deteniendo su brazo con el que apuntaba el arma, y tenia la mirada agachada. El atacante estaba tan sorprendido que solo podía limitarse a verlo, tratando de imaginarse lo que seguía. El pelinegro solo levanto la mirada, mostrando sus ojos rojos, que inmovilizaron por completo al ladrón. Finalmente el pelinegro tranquilamente le quito el arma al atacante, la desarmo y la tiro al piso. El ladrón se quedo parado, inmóvil como si siguiera apuntando su arma. El chico solo lo empujo con su dedo y este cayo al piso. La peliazul se encontraba impresionada, todo había sucedido tan rápido que no podía entender lo que había pasado. El chico saco su teléfono, hiso una llamada rápida y volvió a colgar. Se acerco a la chica y le extendió su mano.

-Párate.—Dijo el pelinegro de una manera fría. La chica tomo la mano del chico y se puso de pie.

-Gra…gra…gracias.—Contestó la joven , que seguía un poco afectada por lo que había sucedido.

-Vámonos.—El chico abrió la puerta y se detuvo manteniéndola abierta, esperando a que la chica saliera primero.

-¿Disculpa?—Pregunto la chica extrañada.

-Dije que nos fuéramos de aquí, tu primero.—Dijo el chico sin cambiar el tono frio.

-No puedo, yo trabajo aquí.—Respondió la chica quien comenzaba a ponerse mas nerviosa.

-Me debes la vida. Vienes conmigo, o te mato en este momento.—Este ultimo comentario, le provoco un gran escalofrío a la chica.