DISCLAIMER: Hermione Granger y Draco Malfoy son personajes del mundo mágico de Harry Potter, el cual pertenece a Rowling, lo que deja claro que tampoco son míos.

Aviso: Este fic participa del Tercer Reto «Historias en canciones» del foro «El triángulo donde tres están unidos».

Canción: Make you stay - The Girl and The Dreamcatcher.


Capítulo IV.

Stay

...We could be,

We could be anything tonight, just tell me everything you like

Can't you see,

We could be something if we tried, just tell me how to make you mine

What have I gotta do to make you

… Stay.

Draco permanecía sentado en su escritorio, con la vista perdida en la pared, cuya única decoración era aquel calendario que había decidido comprar para hacer visible la agenda que su secretaria organizaba para él.

Era viernes y ya faltaban pocos minutos para que su jornada laboral terminara, pero él estaba convencido de que pasaría unas cuantas horas más en aquella oficina pues necesitaba aclarar sus pensamientos con urgencia.

La había besado por fin.

Había apresado sus labios contra los suyos en ese mismo lugar y con ello había liberado parte de la tensión que llevaba años acumulada en su interior.

Draco siempre había sido consciente de los sentimientos que amenazaban con delatarlo y en el instante en que la había tenido cerca, a solas y luego de una acalorada discusión, había sabido que no podía tolerarlo por más tiempo y que necesitaba que afloraran de la manera que fuera.

Había sido extraño.

Las peleas que en el colegio habían sido constantes, mutaron y se convirtieron en disputas que disimulaban una atracción latente que tenía lugar en casi todos los sitios en los que se topaban. Ambos eran importantes jefes de despacho en el Ministerio de Magia y sus encuentros se habían convertido en una rutina, igual que las peleas y por consiguiente, las situaciones de doble sentido que ambos trataban de negar.

Pero Draco no pretendía engañarse pues sabía exactamente qué era lo que lo impulsaba a sacarla de quicio o a llevarle la contraria en la mayoría de las ocasiones. Estaba enamorado de ella y llevaba más tiempo sumergido en ese mundo de lo que él mismo era consciente.

El cuello se le entumeció de permanecer en la misma posición por demasiado tiempo pero sus pensamientos dejaron de concentrarse en la molestia que esto le provocaba y se centraron en aquel momento que había ocurrido horas atrás.

Hermione había irrumpido en su despacho echa una furia, mientras Draco permanecía impasible y con los ojos fijos en una serie de papeles que tenía que revisar. Ella se había puesto de pie frente a su escritorio y lo miraba de manera amenazante, mientras en su interior, el corazón le palpitaba con violencia.

—¿Te puedo ayudar en algo, Granger? —Draco no levantó la vista de lo que estaba haciendo y eso hizo que la ira de la chica aumentara.

Sabía cómo hacer para provocarla.

—¿Se puede saber qué demonios pretendes? —Reclamó ella, pero él no respondió y en cambio, tomó una pluma para empezar a firmar sus pendientes—. ¿Podrías por lo menos tener la decencia de mirarme?

Los ojos grises del chico se centraron en ella y empezaron a detallarla detenidamente.

El vestido azul rey se ceñía a su cuerpo de manera perfecta, haciendo contraste con las delicadas joyas que la adornaban. Su cabello castaño, levemente ondulado se acomodaba en sus hombros, mientras sus labios teñidos de rosa, se formaban en una mueca de desagrado que parecía divertir a Draco.

—No creas que voy a dejar que lo sabotees. Esta vez no.

Draco se levantó de su lugar ante la mirada molesta de la castaña y se acercó lentamente hasta lograr percibir el aroma suave de su perfume. Aquella fragancia de flores y gloria, era igual a ella.

—¿Y qué harás al respecto? —le preguntó él, en lo que a ella le pareció una invasión a su espacio personal.

Nunca habían estado tan cerca durante una discusión, por lo que empezó a retroceder lentamente.

—Lo que tenga que hacer. No estoy dispuesta a permitir que juegues con el destino de los inocentes de esa manera —agregó la chica, pero su voz sonó casi ahogada pues su mente estaba más concentrada en la peligrosa cercanía de Malfoy.

La tensión sexual era latente y Draco sabía que ella también podía percibirla. En más de una ocasión había sido evidente pero esa era la primera vez que él se decidía a hacer algo al respecto. Estaba harto de contenerse y casi podía asegurar que ella también.

Hermione retrocedió unos cuantos pasos más hasta encontrarse casi atrapada entre la puerta y el cuerpo de Draco que había empezado a respirar un poco más rápido.

—¿Entonces, qué es lo que harás? —preguntó él de manera insinuante. Había querido ignorarla pero ella le pidió que la mirara y eso había sido el detonante de aquella situación.

Era su culpa.

—Defenderlos —dijo ella, casi en un susurro—. Los elfos domésticos son seres vivos como tú y como yo y merecen nuestro respeto.

Pero él no permitió que dijera una sola palabra más y antes de que el siguiente pensamiento tuviera lugar en la mente de Hermione, la estaba besando de manera desesperada.

Los labios que mil veces habían estado listos para las respuestas rápidas, ahora permanecían ocupados en algo aún más peligroso y Draco temió que hubiera cometido un error. Pero ella lo convenció de lo contrario en el preciso instante en que suspiró bajo su boca y le correspondió posando las manos en su cabello rubio, perfectamente organizado.

Por su parte, las manos de Draco se apoderaron de las caderas de ella, mientras su cuerpo se pegó aún más al suyo, sintiendo que la fricción lo volvía loco. Había imaginado aquello infinidad de veces pero siempre la realidad terminaba por superar a la ficción y lo único que deseaba era que aquello no tuviera fin.

—Malfoy. —Gimió ella, aún en su boca—. No trates de confundirme, aún pienso que eres un bastardo.

La lengua del rubio se adentró con destreza en la boca de Hermione, haciendo que ya no le fuera posible hablar y que en cambio se concentrara en lo que de verdad interesaba en el momento. Sus manos inquietas volaron de sus caderas a su trasero y luego hasta el final de su vestido que levantó para poder percibir la suavidad de su piel.

—Detente —pidió y aunque Draco fue consciente de lo que le decía, le parecía imposible parar—. Detente —repitió y la mano que la tocaba se frenó, de la misma manera que lo hizo su boca, muy a su pesar.

Ambos se miraron, agitados y con los labios rojos después del intenso encuentro.

—¿Qué fue eso? —preguntó Hermione y Draco pudo leer la confusión en sus ojos.

—Algo que debía haber sucedido hace mucho —contestó él sin dejar de mirarla.

A la mierda todo, ya no tenía caso negarlo.

—Habla por ti, solamente.

—¿Estás segura de que sólo hablo por mí? —dijo, arrogante—. No vi que te negaras en algún momento.

—Idiota —masculló ella, alejándolo con un empujón para marcharse a su oficina.

—¡Granger! —La llamó y ella se giró expectante, antes de poder abrir la puerta—. Quédate.

Pero Hermione sólo le dio un último vistazo antes de salir y cerrar de un portazo.

El calendario en la pared era aburrido pero Draco no pudo evitar pensar que aquel estúpido trozo de papel, había sido el único testigo de lo que había sucedido allí.


Hermione era la ocupada Jefe del Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas del Ministerio y como tal, no tenía tiempo para pensar en tonterías.

Tenía una ley casi aprobada que ocupaba la mayor parte de su agenda y miles de problemas que resolver. No deseaba conseguir uno más pero era muy consciente de que sabía que aquello sucedería tarde o temprano.

No estaba ciega.

Había percibido cada una de las señales que Malfoy le había dejado y también estaba convencida de que él se había dado cuenta de que ella no le era indiferente. Las peleas habían sido la excusa perfecta para negar lo que era evidente para ambos pero ella no podía permitírselo, no después de que Viktor le propusiera matrimonio esa misma mañana.

Había sido una emboscada y Hermione se había sentido tan abrumada que las palabras se le atoraron en la garganta. Viktor en cambio, estaba convencido de que eso era lo que ella deseaba después de casi un año de noviazgo y por ello, no se molestó en lo absoluto porque la castaña no respondiera de inmediato a su proposición.

Sabía que ella estaba emocionada y por eso justificó su silencio, mientras ella se lamentó por hacerle creer algo como eso.

¡Qué manía tenía todo el mundo de suponer respecto de lo que quería o no!

Lo mismo había pasado con Malfoy y aunque aquel beso todavía hacía que se le erizara la piel, no era justo para nadie que se dejara llevar por la irracionalidad del momento pues Viktor no iba a esperar toda la vida por su respuesta.

Las cosas estaban bastante mal para ella.


Draco divisó las gotas de lluvia que caían con furia en la calle.

Habían pasado cinco días desde aquel encuentro en su oficina y él no podía sacarse de la cabeza la idea de que gracias a eso, Hermione huía de él todo el tiempo.

No era tonto.

Se había percatado de que cada vez que acudía a su oficina para averiguar por algo, ella misteriosamente no se encontraba allí o estaba reunida con alguien más, con el fin de no darle la cara. Al principio le había molestado que se comportara de aquella manera tan inmadura, pero cuando se hubo enterado de la proposición de matrimonio que había recibido por parte de Viktor Krum, había entendido perfectamente sus razones.

Pero la extrañaba.

Extrañaba discutir con ella y que jamás le diera la razón. Extrañaba que lo llamara por nombres desagradables e incluso que le señalara lo mucho que lo odiaba —aunque ambos sabían que no era cierto.

¿Qué debía hacer para que Hermione se quedara con él?

Tal vez podía salir corriendo en medio de la lluvia y llegar a su casa para cantarle una canción de amor, de la misma manera en que lo hacían los hombres en las películas muggles. O quizás podía poner a sus pies, su nombre, su dinero e incluso su propio corazón como garantía de que no había nada que no haría por ella.

Pero sabía que aquello no era lo que ella esperaba porque la conocía bien y porque sabía que si sentía algo por él, era porque aceptaba que era tan imperfecto e idiota como siempre había supuesto. A pesar de que en realidad, sí estuviera dispuesto a poner el mundo a sus pies.

«Lo sabía y creo que tu padre también. Lo supe desde que empezaste a hablar de ella todo el tiempo y lo corroboré en aquella ocasión en que Lucius te puso en evidencia frente a ella. Todavía recuerdo cómo la miraste».

Aún pensaba en las palabras de su madre cuando había descubierto su secreto y aún más en el consejo que le había dado de que intentara ser todo lo feliz que pudiera porque la vida se iba cuando menos se esperaba.

La canción a capela bajo la lluvia no parecía una mala idea después de todo.

Draco tomó su abrigo y se dirigió a la salida de su apartamento, para llevarse una enorme sorpresa cuando abrió pues una empapada Hermione Granger, estaba de pie justo frente a su puerta, tiritando de frio y al parecer, aún indecisa sobre si tocar o no.

—¿Granger? —Draco no pudo ocultar su sorpresa.

—Pensé que sólo por esta noche, podía ser lo que yo quisiera —contestó ella, abrazándose a sí misma por el frio— ¿Vas a dejarme aquí?

El rubio se apartó para que pasara sin dejar de observarla y preguntándose cómo era que ella estaba ahí. Había pensado en lo que le diría cuando llegara a su casa pero ahora que la tenía en frente, se había quedado en blanco.

Se sentía como un adolescente de nuevo.

—Creo que me he vuelto loca —dijo tratando de escurrir su cabello empapado. Draco pensó que nunca la había visto más adorable—. La verdad no sé qué hago aquí.

—Yo sí —contestó él, apresándola de nuevo contra su cuerpo y la pared en un intento desesperado por ahogar con besos, las palabras que amenazaban con salir de su boca.

Las manos de ambos exploraron el cuerpo del otro y luego de unos minutos más, la alfombra verde botella de aquella sala fue testigo de una entrega apasionada bajo el crepitar de las llamas.


Hermione recostó su cabeza en el brazo de Draco que empezó a acariciar con suavidad sus rizos rebeldes. Aquello era lo que había esperado por mucho tiempo aunque ya no estaba tan segura de que fuera suficiente. Estaba asustada —bastante en realidad—, pero ya no se castigaba por ello pues se había dado cuenta de que tener miedo era algo perfectamente racional.

Sin embargo, tenía que hablar y hacer las cosas de la forma correcta porque ella no era la única que iba a sufrir a causa de sus decisiones.

—Le dije que sí —habló de repente y Draco supo perfectamente a qué se refería. En el fondo lo había imaginado pero se había permitido guardar una ínfima esperanza de lo contrario.

Un silencio incómodo se instaló entre ambos, que aún desnudos permanecían entrelazados en la alfombra y Hermione pensó que tal vez lo mejor era marcharse. Debía decir adiós ahora y no cuando fuera más difícil, aunque tener que despedirse de algo que ni siquiera había tenido la oportunidad de empezar era aún más doloroso.

—Quédate —le pidió Draco, adivinando sus intenciones. Le dolía como una mierda el pecho pero era peor saber que si la dejaba ir en ese instante, tendría que hacer de cuenta que aquello jamás había sucedido.

No podía hacer eso y tampoco ella al parecer, pues respondiendo a la petición del rubio, se hundió de nuevo en sus brazos y lo besó con el mismo ímpetu de la primera vez, antes de que volvieran a fundirse sobre la alfombra, empujados por el deseo que los inundaba.

Hermione derramó algunas lágrimas silenciosas mientras Draco tuvo la certeza de que al menos por esa noche, la mujer de su vida sería suya.


Un saludo especial a MrsDarfoy, Lady Sunny, SallyElizabethHR, wand, Doristarazona y a Natalie Annick Malfoy Granger. Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior. Y a quienes votaron por mí, gracias por haberme permitido alcanzar el primer lugar junto a la maravillosa MrsDarfoy.

Un abrazo.

Gizz.