Aquí vengo con el siguiente capítulo. He tardado un poco más de lo que esperaba, pero por fin lo subo.

Muchas gracias por los reviews que habéis dejado, de verdad ^-^


Capítulo 4

Despertar por el olor a comida superaba a hacerlo por culpa del sol en cualquier situación, y Ace tragó el exceso de saliva que se había acumulado en su boca, sentándose y abriendo los ojos, agradecido de que no hubiese sol que pudiera molestarlo esta vez, ya que aún estaba lo bastante bajo para que los árboles lo bloqueasen.

Su humor se amargó considerablemente al darse cuenta de que el maravilloso olor venía de algún animal que el jodido pirata estaba cocinando sobre uno de sus fuegos, usando una estructura improvisada que el hombre había montado la noche anterior con ramas para evitar que se quemase. Y no se había quemado, ya que el olor a carne quemada no estaba en el humo que se alzaba en dirección a Ace.

El estómago de Ace gruñó con fuerza, recordándole que una noche entera sin comer era inaceptable, y demandando ser alimentado.

El pirata rubio giró la cabeza al oírlo, y le sonrió. Ace lo fulminó con la mirada.

-¿Tienes hambre?

-Puedo atrapar mi propia comida –gruñó, justo al mismo tiempo que su estómago. La sonrisa del otro hombre cambió, y Ace estaba seguro de que se estaba riendo de él. Su mirada asesina se intensificó.

-No lo dudo, pero tu estómago no parece dispuesto a esperar.

-Se esperará, no necesito tu caridad.

A pesar de las extrañas cejas del pirata, el hombre no parecía tener problemas para levantar una más arriba.

-Soy un pirata, la caridad no es lo mío. Puedes venir y desayunar, y después cazas la comida o algo, o podemos seguir con esta gilipollez de comer por separado y malgastar comida.

Por mucho que le molestase, Ace tenía que admitir que el hombre tenía razón. A diferencia del estómago sin fin de Ace, Marco no se había comido entero el animal que había cazado la noche anterior, y el orgullo de Ace le había impedido comerse la carne que quedaba, a pesar de cuánto había querido hacerlo.

Suspirando, el joven marine se levantó y se acercó al fuego.

-De acuerdo, pero conseguimos una comida cada uno –dijo, negándose a estar en deuda con nadie, y mucho menos con un jodido pirata.

El rubio solo sonrió y el indicó que se sentara.


Ace gruñó, pensando que no debería haber dejado tan claro que no quería depender del otro hombre. Ahora estaba tumbado en el suelo, su pecho y estómago cubiertos con todos los boles y cazos de barro que Marco había recogido, llenos con tanta agua como podían almacenar estando rotos, mientras Ace controlaba cuidadosamente sus llamas justo bajo su piel para hervirla.

Después de desayunar, el pirata había soltado una retahíla bastante creativa de insultos y declarado que eran ambos idiotas. Antes de que Ace pudiese responder que el único idiota ahí era el otro hombre, Marco había dicho que no sabían cuánto tiempo iban a estar allí y que, aunque el agua era potable, sería más seguro purificarla, por si acaso. Ace había estado bebiendo sin problemas de riachuelos y ríos toda su vida y nunca se había puesto enfermo, pero sabiamente recordó que esto era el Nuevo Mundo. Viendo los animales y plantas, no quería arriesgarse a averiguar qué clase de enfermedades podían contraerse allí.

Y por eso estaba ahora en una posición tan poco digna, usando sus poderes de fuego para hervir tanta agua como fuera posible.

El pirata se habías marchado con un par de jarras de cristal diciendo que buscaría frutas comestibles que pudiera reconocer.


Marco volvió al pequeño lago cargado con una jarra llena de una variedad de bananas de la isla y la otra repleta de ciruelas. Recordaba que esta isla tenía una variedad de frutas más amplia por la última parada de la tripulación en ella, pero por hoy esas servirían. El joven marine era un agujero negro con patas, algo que no sorprendía a Marco, y lo que llevaba, que duraría a dos personas con apetitos normales una semana si lo acompañaban con carne, probablemente no llegaría a la cena.

Por suerte, había encontrado otros árboles con fruta además de los dos de los que la había recogido hoy, o se quedarían sin en menos de una semana.

Marco no era estúpido y sabía que esa cantidad de tiempo, si no más, iba a pasar antes de que su tripulación lo encontrase. Había muchas islas cerca de la zona donde había ocurrido la batalla, muchas de ellas pequeñas pero lo bastante grandes para que costase horas buscar en ellas, porque Oyaji querría estar completamente seguro de que ninguno de sus hijos estaba allí y no depender del todo del Haki. Y esta isla en concreto no era de las más cercanas a la batalla. Si no fuese por las extrañas y a veces impredecibles corrientes de este océano no habrían llegado con vida a la costa.

Los pensamientos de Marco dejaron el rescate cuando llegó al campamento y se encontró a Ace sentado dándole la espalda, los recipientes de barro dejados junto al cajón.


Ace maldijo, lanzó una mirada asesina al pirata y volvió a maldecir.

Ese era el quinto tronco que quemaba por accidente, su supuesta balsa consistiendo en dos míseras piezas de madera atadas con algo de la cuerda que había llegado a la costa el día anterior.

Dejó caer el ahora chamuscado tronco, dándole una patada una vez estuvo en el suelo, y se giró para dirigirle otra mirada asesina al puñetero pirata cuando el hombre se rio.

En vez de hacer algo productivo, y ahí Ace ignoró convenientemente que no había nada productivo que hacer, el irritante hombre estaba apoyado contra un árbol, observando sus esfuerzos y sin molestarse en ocultar su diversión ante la mala suerte de Ace.

Estaba seguro de que no se habrían quemado ni la mitad de troncos si el hombre no lo estuviese mirando.

-¿Qué tiene tanta gracia, capullo? –le gruñó.

Marco le sonrió, para nada afectado por su mirada.


El barco que había sido afectado por la explosión y la tormenta no estaba en condiciones de participar en la búsqueda, así que lo dejaron atracado en la primera isla a la que llegó la tripulación, la mitad de los carpinteros quedándose allí a repararlo.

La isla era relativamente pequeña, con solo dos pueblos y algunas casas aisladas en ella.

Los hijos de Barbablanca se adentraron en ella tan pronto como bajaron a tierra, buscando cualquier información de los miembros desaparecidos de la tripulación o, mejor aún, a los hombres en persona.

El capitán se quedó con los hombres encargados de vigilar los barcos y los que habían esparcido mapas por cubierta para organizar la búsqueda en las islas cercanas y coordinar las rutas de los barcos que tenían disponibles.

Y, una vez la búsqueda en la isla terminase, tenían un funeral celebrar.


Marco estaba aburrido, y no tenía problemas en admitirlo. Estar atrapado en una isla deshabitada con sus poderes bloqueados no era exactamente su idea para pasar un buen rato, más aún si su única compañía se negaba a hablar para algo que no fuera lanzarle insultos. El marine tenía un vasto vocabulario sobre el tema, Marco podía concederle eso, pero eso no hacía la situación mucho más entretenida.

Siempre podía ir a pegarle una paliza a algo, pero ya había atrapado la cena y no había sido muy satisfactorio. O largo.

En su aburrimiento, Marco paseó la vista a su alrededor, buscando algo de interés, y sus ojos cayeron en el joven marine.

Ace estaba dormido, el chico no parecía tener problemas para caer dormido en cuanto se tumbada, brazos y piernas extendidos en el suelo y roncando suavemente. Gracias a sus poderes de fuego, no necesitaba taparse, y eso le daba a Marco una buena vista. Ya se había dado cuenta de que Ace era atractivo, lo hizo en cuanto sacó al inconsciente chico por completo del mar, pero ahora tenía tiempo para observarlo con más detalle.

Sin el permanente ceño fruncido en su rostro, Ace parecía mucho más joven que cuando estaba despierto, las pecas cubriendo sus mejillas dándole un aspecto infantil que, el pirata suponía, le costaría una columna de fuego en su dirección si lo dijese en voz alta. Puede que lo hiciera si las cosas se volvían más aburridas, o podía intentar descubrir si el marine estaba interesado en los hombres.

Estando a solas en esta isla con un chico guapo le recordaba a Marco cuánto hacía desde la última vez que había echado un polvo, y casi se arrepintió de haber actuado de forma responsable en las tres últimas paradas de la tripulación, asegurándose de que compraban las provisiones necesarias.

Tal vez no tener sexo, aunque sería un buen añadido, pero, Marco pensó, conocer al hombre que ahora roncaba cerca de él sería bastante más interesante que mirar las rocas mientras esperaba a que su tripulación lo encontrase.


Ace levantó la mirada de su desayuno cuando el pirata se sentó a su lado.

-¿Qué quieres? –le espetó.

-Hablar.

Ace lo miró con sospecha y un poco de confusión. No había pasado nada que requiriera que hablasen.

-¿Sobre qué?

El otro hombre se encogió de hombros.

-Lo que sea.

Ace parpadeó y frunció el ceño. ¿Lo que sea? ¿Quería tener una conversación con él o algo así?

Frunciendo más el entrecejo, Ace dio otro bocado a su desayuno.

-¿Por qué iba a querer hablar contigo?

-¿No te aburres?

La respuesta a esa pregunta era evidente, ya que este sitio estaba lejos de ser el más entretenido en el que había estado, pero eso no significaba que lo fuese a admitir o a hablar con el pirata. Había pasado buena parte de su infancia, cuando no estaba con Sabo y antes de conocer al otro chico, solo antes de que Luffy se metiera a la fuerza en su vida y se deshiciera de la calma que hubiese podido tener.

Sin responder, siguió comiendo.

El hombre no se fue.

-¿Por qué te convertiste en marine? –Ace levantó la mirada sin dejar de comer, y el rubio siguió hablando-. ¿Fue por alguna creencia en la justicia? ¿Te pasó algo con un pirata y ahora quieres vengarte?

Dándose cuenta de que el hombre no iba a dejarlo a solas solo porque Ace no quisiera hablar con él, suspiró. ¿Ser un capullo egoísta era un requisito para ser pirata? Probablemente no del todo, ya que Luffy no era un capullo, pero desde luego era egoísta, puede que la persona más egoísta que conocía.

-Mi abuelo es un marine.

-¿Oh? –El rubio giró la cabeza como si esperase que Ace fuera a decir algo más, pero no lo hizo-. ¿Y eso es todo?

-No.

-Pero no vas a decírmelo.

-No es asunto tuyo –espetó Ace, su humor empeorando considerablemente al recordar por qué había decidido hacerse marine-. Es como si te preguntase por qué te hiciste pirata.

-Libertad.

Ace giró la cabeza de golpe, la confusión evidente en su rostro ante la inesperada respuesta mientras miraba al hombre.

-¿Qué?

-Es por lo que me convertí en pirata: buscaba libertad.

Habiéndose recuperado del momentáneo shock por la absurda respuesta, Ace habló:

-Eres un hombre buscado y serás ejecutado en cuanto te capturen, eso no me parece mucha libertad a mí.

Marco le sonrió.

-Soy un hombre buscado porque el gobierno no aprueba mi libertad. Pero lo que digan no importa, estoy viviendo como siempre había soñado y eso es lo importante.

Justo en ese momento, la mente de Ace transformó la tranquila y contenta sonrisa de Marco en un chico sonriendo ampliamente, en los oídos de Ace resonando el eco de un sueño imposible que el mundo trataría de detener a toda costa gritado para que todos lo oyeran.

Levantándose, Ace se alejó a grandes zancadas, olvidando su desayuno aún a medio comer.


Marco siguió a Ace con la mirada. El chico había reaccionado con incredulidad, probablemente habiéndose esperado que Marco dijese que era pirata por el dinero o la fama, pero entonces el rostro pecoso había adoptado una extraña expresión, y el pirata sabía que el marine no lo estaba viendo a él. Era como si las palabras de Marco hubiesen hecho salir algún recuerdo o pensamiento, uno tan importante que el chico se había olvidado de su carne.

¿Pero qué había sido? ¿Qué no le importaba lo que el gobierno, y por extensión medio mundo, pensase de él? ¿O que estaba viviendo su sueño?

No podía pensar en nada que pudiera hacer a un marine reaccionar así a sus palabras, no era raro escuchar a un pirata hablar de libertad o lo que ser un pirata le daba además de dinero o fama.

Cualquiera que fuera la respuesta, era algo más que añadir al misterio que era Portgas D. Ace.

Continuará


Y hasta aquí llegamos :) La trama avanza.

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