AN/ Aquí viene otro capitulo! ñ_ñ

CAPITULO 4 La separación.

Con mucho sigilo Itachi recogió sus cosas y se vistió con rapidez sin hacer ruido y sin olvidarse del obre que le regaló Reira. No quería dejarla de ese modo. Era de cobardes, pero le costaría alejarse de ella mucho más si estaba despierta. Acarició su pelo y le dio un ligero beso en los labios para no despertarla.

Salió de la casa recogiendo por el camino el pergamino que llevaba Adrien la primera vez que vino, solo por si acaso. No quería quedarse encerrado en la barrera, porque entonces tendría que afrontarla a ella y la despedida sería mucho más dolorosa. No sabía cuánto tiempo pasaría antes de que pudiera volver a verla. Si todo iba bien y pronto le asignaban una misión podría verla en un mes pero si no... No quería pensar en eso. Al atravesar la barrera miró la casita una última vez antes de correr a toda prisa de vuelta a la base de los Akatsuki.

Reira abrió los ojos en cuanto oyó la puerta cerrarse. Sabía desde el principio que Itachi iría sin despedirse pero le dolía igualmente. Aun podía sentir el sabor de sus labios sobre los suyos cuando le dio el beso de despedida. Sintiéndose reconfortada con eso se levantó y se acercó a la ventana. Separando ligeramente las cortinas vio como pasaba la barrera y se volvía para mirar la casa por última vez.

- Sé que volveremos a encontrarnos. – murmuró por lo bajo. – Te estaré esperando. – dijo con una sonrisa. Estaba segura de eso.


2 años más tarde

Reira entró corriendo a la villa sin siquiera pararse para identificarse ante los guardias. Menos mal que la conocían bien ya que no tenía tiempo que perder. Sintió los ojos de la gente posarse sobre ella con incluso más intensidad que de costumbre. No les culpaba esta vez. Estaba corriendo por las calles llenas de gente esquivándolos tanto como podía como si estuviese poseída por un demonio, lo que en parte era verdad pero que en ese caso no venia al cuento. Acababa de descubrir que dos de los miembros de Akatsuki iba en dirección a la villa para reclamarla a ella, o más bien el mencionado demonio que tenía dentro.

Apenas podía respirar para cuando por fin entró al cuartel general de los ANBU. Todos la miraron con sorpresa. Parándose un rato para mirarse, se dio cuenta que estaba cubierta por pequeñas gotas de sudor, su largo pelo estaba despeinado por la carrera y que respiraba con dificultad.

-¿Capitana, pasó algo? – preguntó uno de los subordinados. Reira levantó una mano para hacerle una seña para que esperase un rato hasta que pudiera recuperar el aliento.

-Adrien. – murmuró por lo bajo. – ¿Dónde está Adrien?

-Esta arriba firmando reportes.

Sin decir nada más subió corriendo las escaleras. En cuanto sintió su presencia Adrien levantó la vista para mirar a su jefa.

-¿Pasa algo? – preguntó mirándola preocupado.

-Si. Pasa algo malo. Tengo que irme de la villa pero primero tengo unas cuantas cosas que hacer.

-¿Irte de la villa? No entiendo. ¿Qué pasa?

-No voy a explicártelo. Solo te voy a decir que desde ahora en adelante te vas a convertir en el Capitán y quiero asignarte tu primera misión. – no necesitaba darle explicaciones. Confiaba en Adrien pero no quería meterlo en esto. – Necesito que formes dos grupos. Uno se ocupará de vigilar la ciudad desde dentro mientras que el otro la rodeará por fuera en busca de cualquier enemigo. No dejes que se escape ningún sospechoso, ¿entendido?

-¿Pero, por que te vas? ¿De quién quieres proteger la aldea?

-Eso no importa. Solo necesitas saber que no es un oponente que puedes tomar a la ligera. De todos modos no creo que lleguen hasta aquí si saben que me fui a otro sitio. Pero no quiero tomar riesgos innecesarios por eso quiero que vigiles la ciudad.

-¿Son tan fuertes que ni siquiera tú puedes contra ellos? ¿Por eso estas huyendo? – eso la ofendió. Enfadada le clavo el dedo en el hombro.

-No estoy huyendo. Simplemente ha llegado el momento. Ya no puedo quedarme en esta aldea si no quiero que desgracias empiecen a llover sobre ella. Sé que vendrá más gente como ellos que quieren el poder del bijú y no son unos ninjas que puedes matar tan fácilmente.

-¿Entonces planeas quedarte sola escondida en una parte del bosque para siempre? ¿Solo para que no tengas que luchar? – ella le volvió la espalda.

-Nunca estoy sola. Y no pienso quedarme quieta. – le miró estrechando sus ojos morados. – No soy la única que está siendo perseguida por los poderes sellados dentro de mí. Hay mas como yo y no quiero ver sufrir a nadie. Por eso decidí cazar a los que están detrás de todo esto hasta que acabe con el último de ellos.

-Puedes quedarte en la aldea. Sabes que yo puedo ayudarte. Necesitas que alguien te cubra las espaldas. – ella sonrió y le abrazó dejándolo perplejo. Nunca antes había hecho algo así, ni siquiera la había visto tocar a nadie. Para cuando el shock fue sustituido por la felicidad y cuando decidió abrazarla de vuelta ya era demasiado tarde. Reira había dado un paso atrás y estaba sonriendo.

-De verdad que lo aprecio. Pero no puedo exponeros al peligro. Además, ya tengo a alguien que cuida mis espaldas. – Le dijo sonriendo de un modo que él no había visto nunca antes y fue en aquel instante que supo que había perdido. Que la verdad es, que en un principio nunca tuvo la oportunidad. Reira se volvió lista para salir cuando sintió que le tiraba de la mano.

-Recuerda que tu puesto te estará esperando. Siempre que quieras puedes volver a recuperarlo. – le dijo con una sonrisa triste. Asintiendo salió corriendo del edificio dirigiéndose a su casita en las afueras.


Al llegar lo primero que hizo fue quitarse toda la ropa y meterse rápidamente en la ducha. No se sentía capaz de correr más estando tan sudorosa. La hacía sentirse muy incómoda y más cansada de lo que parecía. Al acabar se secó el cuerpo con la toalla y empezó a ponerse el uniforme que siempre se ponía cuando iba a una misión solo. Con este se sentía mucho más cómoda. Era una mezcla de su estilo personal con el traje ANBU. En la parte de arriba llevaba un corsé morado que se ataba por detrás con unas finas tiras dejando la espalda al descubierto. El color del corsé resaltaba aun más el extraño color de sus ojos que ahora brillaban con determinación, además de resaltar la parte baja de su espalda donde estaba grabado el tatuaje que la señalaba como la líder de su grupo. En la parte de abajo llevaba los pantaloncillos cortos y las botas largas hasta la rodilla que eran parte de su atuendo ANBU. Arreglando con rapidez su largo pelo en una cola de caballo que le llegaba hasta la parte baja de su espalda se puso los guantes sin dedos y los protectores en los antebrazos. Mirando alrededor de la casa para ver si no olvidaba algo se puso la capa cubriéndose la cara con la capucha y saliendo sin ser vista por nadie.

Cuando se alejo lo suficiente de la villa empezó a elevar su chakra para atraer a sus perseguidores. Parándose en un claro comprobó otra vez la cantidad de shurikens y kunais que tenía, además de las bombas de humo y rollos. Si planeaba bien su estrategia podría salir viva de este encuentro. Tenía la suficiente información como para no caer en sus trucos. Hizo unas cuantas trampas que podrían serle útiles en la batalla y cuando acabó se sentó en medio del claro esperando a sus oponentes.

No pasó mucho tiempo, apenas veinte minutos cuando por fin la encontraron. Eran dos ninjas con capas negras con nubes rojas, marcándolos como los miembros de los Akatsuki.

-Por fin la encontré. – murmuró uno que tenía la cara cubierta por una máscara.

-No te olvides que es mi presa. Tú ya tuviste a tu jinchúriki, maldito codicioso. – le espetó el que llevaba una guadaña.

-Si es así, déjate de quejas y acaba con ella. El tiempo es dinero.

-Tú y tu maldita obsesión con el dinero. Jashin-sama nunca te lo perdonará. Te pudrirás en el infierno. – el otro solo se encogió de hombros.

-¿Habéis acabado con la charla, chicas? – les preguntó Reira que estaba empezando a impacientarse.

-Acaba con ella, pero recuerda que no tienes que matarla, Hidan. Ella no es uno de tus estúpidos sacrificios. Y recuerda lo que dijo el líder, ella es más fuerte de lo que parece.

-No me tomes por imbécil. – Reira arqueó una ceja.

-¿No vais a atacarme los dos a la vez? Así tendríais una oportunidad. – les dijo sonriendo. No esperaba que tuviera que luchar con ellos uno a uno. Pero así le sería mucho más fácil acabar con ellos.

-Me importa una mierda lo que le pueda pasar. – dijo el de la máscara. – Si pierde, mejor para mí. No tendré que aguantarle más y podré recoger la recompensa que ofrecen por su estúpida cabeza.

-Como si eso fuera a pasar. Jashin-sama nunca me dejaría morir. Hay demasiadas personas en este mundo que tengo que sacrificar.

-Que conmovedor. – dijo Reira sarcásticamente. – ¿Podemos empezar? No tengo tiempo que perder.

-Tienes razón. El tiempo es dinero. – dijo Kakuzu y en el mismo instante Hidan fue a por ella.

Saltando hacia atrás evito que la guadaña rozara su cuello apenas unos milímetros. Tenía que prestar más atención. Si le hacía perder aunque sea una gota de sangre estaba acabada. Ya había oído sobre su línea de sangre y no planeaba probar como funcionaba. Alejándose de él lo más lejos que pudo hizo una serie de sellos con las manos y esperó hasta que Hidan saltó en el aire para poder alcanzarla. En el momento que lo hizo una lluvia de fuego calló sobre él tirándolo al suelo. Maldiciendo estaba dando vueltas en el suelo para evitar más quemaduras. Sin esperar hasta que se recupere hizo caer sobre él una lluvia de kunais y shurikens que se incrustaron dolorosamente en su cuerpo haciéndole maldecir incluso más. Aun así tenía que darle crédito. Cuando las llamas se dispersaron se levantó como si nada sacando del cuerpo los kunais que le tiró.

-Me has hecho enfadar. – le dijo entre dientes.

Fue a por ella a una velocidad que la dejó asombrada. ¿No se suponía que sus ataques eran lentos? Apenas tuvo tiempo para esquivarlos. Haciendo sellos con las manos otra vez le envió volando por el aire. Miró asombrada como se levantaba como si nada. Jadeando por el esfuerzo decidió que era tiempo de tomar medidas drásticas. Cerrando los ojos aspiró con fuerza.

-Nunca quites los ojos de tu oponente. ¿Acaso no te sabes la lección básica de los ninjas? – gritó riendo Hidan, que fue a por ella mientras no estaba mirando.

Pensaba que ya la tenía atrapada cuando de repente su mano atrapó la suya parando la guadaña apenas unos centímetros de su cuello. Lentamente Reira abrió los ojos para clavarlos en los suyos.

-¡¿Pero qué? – gritó Hidan de sorpresa intentando zafarse de su agarre.

Aprovechando el efecto de la sorpresa concentró el chakra en su mano para apretar con fuerza la mano de Hidan. El sonido de los huesos rompiéndose hizo eco en el bosque. Soltando la mano que acababa de romper vio como Hidan se alejaba de ella sujetando la mano contra el pecho y dejando su guadaña a los pies de Reira.

-¿Cómo es posible? ¡No puedes tener el sharingan! ¡Itachi mató a todos los de su clan! – Reira se encogió de hombros.

-No formaba parte del clan. – le dijo simplemente. – Al parecer vuestro líder se olvidó de mencionaros unos detalles esenciales sobre mí. – explicó sonriendo con malicia. – Ahora si me permites me gustaría acabar con esto lo más rápido posible.

Sin previo aviso corrió en su dirección, kunai en la mano. No fue hasta que estaba a unos pocos metros de él cuando vio su sonrisa. No le gustó nada lo que eso significaba. Sin dejar de sonreír Hidan elevó su mano hasta sus labios donde se lamió los dedos manchados con unas gotas de sangre. Reira se paró a mitad de camino paralizada por el miedo. Imposible. ¿Cuándo? Mirando hacia abajo vio que la mano con la que le había sujetado tenía un pequeño rasguño. ¿Pero cómo? Sin embargo no tenía tiempo para eso. Hidan dio unos pasos atrás hasta el sitio donde cayó por primera vez. Reira miro al suelo dándose cuenta de lo estúpida que había sido. No había sido lo suficientemente cuidadosa. Maldiciendo corrió en su dirección para pararlo antes de que fuera demasiado tarde. Sacando una daga del bolsillo de su capa negra Hidan sonrió y se la clavó en el estomago. Sintiendo el repentino dolor Reira cayó al suelo escupiendo sangre.

-Maldición. – miró hacia abajo para ver la herida en su abdomen. Estaba realmente jodida si no hacia algo, y rápido.

-Parece que estas en serios problemas. A lo mejor si prometes servir a Jashin-sama no te haré sufrir mucho.

-¡Jódete! – fue su respuesta y lamentó haberlo dicho ya que fue seguida por otra puñalada que estaba segura había perforado su pulmón.

Sintió como la sangre se le acumulaba en la boca y le costaba respirar. Intentando mantenerse consciente pensó en un plan. Si no sacaba a Hidan del maldito pentagrama que había dibujado no tendría oportunidad. Levantándose con dificultad le miró a la cara desafiante. El la miró levantando una ceja. Sonriendo satisfecha sacó rápidamente del bolsillo un kunai y lo tiró por encima de la cabeza de Hidan que estúpidamente lo dejó pasar sin sospechar por que había fallado. O más específicamente, que le dio al blanco pero que no era él. Al clavarse en un punto rojo en el árbol, el kunai activó una de las trampas que había preparado antes. Un poco de dolor a cambio de libertad no era mucho pedir. Por encima de sus cabezas los árboles empezaron a temblar y pocos segundos después un tronco de árbol chocó con Hidan levantándolo del suelo y alejándolo lejos del pentagrama. Escupiendo más sangre y agarrando sus doloridas costillas con una mano corrió a donde estaba el pentagrama borrándolo del suelo. Satisfecha que al menos por ahora estaba protegida liberó el chakra de Nibi para poder usar el sharingan. Hidan la miró airado. Tenía dificultad para levantarse ya que una de sus piernas había sido aplastada cuando había chocado con el suelo con el tronco aun encima de él.

Aprovechando que había girado la cabeza en su dirección y que la estaba mirando le atrapó en un genjutsu. Para ella duró solo unos segundos pero para él habrían sido días. Cuando por fin le dejó salir de la ilusión cayó al suelo escupiendo más sangre. Le dolía todo el cuerpo. Odiaba usar el sharingan por que casi siempre la dejaba sin fuerzas. Levantó la mirada para ver cómo estaba su oponente y casi se atragantó con su propia sangre. Hidan estaba tumbado en el suelo respirando con dificultad y maldiciendo.

-Imposible. – murmuró Reira incrédula. ¿Cómo es que aun estaba despierto y más aun cuerdo? En esta ilusión el individuo está siendo torturado física y mentalmente. El dolor que experimentan es real. ¿Entonces como puede él permanecer despierto y cuerdo? – Estúpida. – se dijo. El tío amaba el dolor y siendo un miembro de una de las organizaciones más malvadas del mundo y creyendo en un dios que el mismo se ha inventado no era precisamente una persona cuerda que digamos.

Ahora mismo su única esperanza era ese jutsu. Sin embargo tenía que ser cuidadosa si no quería morir en el intento y a la vez acabar con el tipo. Levantándose con torpeza apoyó la espalda en uno de los árboles más cercanos. Extrayendo aun más chakra de Nibi hizo unos sellos con la mano para poner una barrera alrededor de ella misma. Sabía que eso no haría mucho para protegerla pero sería lo suficiente como para ralentizar el efecto si no era capaz de controlarlo.

Cerrando los ojos aspiró el aire y lentamente abrió los ojos mostrando su mangekyou sharingan. Oyó una fuerte maldición proveniente de Hidan que se acababa de levantar y que ahora estaba mirando sus ojos con incredulidad y enfado.

-¡Amaterasu! – gritó Reira e instantáneamente Hidan fue rodeado por poderosas llamas negras que lo envolvieron completamente.

Sus gritos resonaron en el bosque haciendo eco en las montañas. Puede que Hidan fuera inmortal pero nada podía contra las llamas negras del Amaterasu. Lo consumían todo as u paso sin dejar ni huella. No se apagaban hasta conseguir su objetivo: quemar todo a su alrededor. No pasó un minuto cuando por fin los desesperados gritos de Hidan cesaron. No había ni rastro de su cuerpo, ni siquiera cenizas. Aliviada usó lo que le quedaba del chakra para apagar las llamas restantes. No quería quemar al bosque entero.

Por un momento pensó que era el fin cuando de la nada algo le perforó el pecho. Bajando la mirada vio una especie de cuerdas clavadas en su corazón. Escupió sangre otra vez y sintió como sus ojos se cerraban. ¡No! Gritó su mente. No podía desmayarse ahora. Aun no había acabado. Usando toda su fuerza de voluntad volvió a abrir sus ojos.

-Tengo que decir que estoy impresionado pero a la vez decepcionado. Tu sharingan es una cosa realmente aterradora. Pero no tenías que matarlo hasta el punto de borrarlo completamente del planeta. ¿Ahora cómo voy a cobrar mi recompensa? Además pensé que aguantarías mucho más que eso. – Reira le gruñó. ¿Cómo podía haberse olvidado del otro idiota? Ya casi no podía mantenerse en pie. ¿Cómo iba a luchar con un tipo que poseía cinco corazones? Es como si tuviera que luchar con un ninja que tiene cinco vidas. ¿Que iba hacer ahora?

-Déjame salir. – dijo una voz en su cabeza. Reira gruñó. – No te hagas la fuerte. Es solo tu fuerza de voluntad lo que te mantiene de pie. Sin mencionar que no puedes ver casi nada por usar demasiado tu sharingan. Ya perdiste demasiada sangre, hago todo lo que puedo para mantenerte con vida pero si sigues así moriremos los dos. – le pidió Nibi con voz suplicante. – Por favor. No quiero perderte. – suspirando resignada Reira miró a su oponente.

-Al parecer no puedo dejarte ganar esta batalla. Mi compañero se niega a dejarme morir. – le dijo sonriendo.

-¿Tu compañero? Parece que te golpeaste demasiado la cabeza. Aquí solo estamos tú y yo.

Reira sonrió satisfecha por su obvia ignorancia. Inspirando aire con fuerza dejó que la fuerza de Nibi la llenara. Pudo ver como los ojos de Kakuzu se abrían de par en par.

-Parece que te has olvidado de que soy una jinchúriki con un bijú poderoso sellado dentro de mí. Él y yo somos uno. – el chakra del bijú llenó su cuerpo con una grande oleada de poder, haciendo desaparecer los hilos que sujetaban su corazón. Sintió como su cuerpo volvía a funcionar como si nada hubiese pasado.

Haciendo con rapidez sellos con las manos le atrapó con una técnica que le paralizó el cuerpo. Sin perder el tiempo se dirigió a por su primer corazón. Kakuzu al recuperarse de la sorpresa hizo que dos de sus corazones se fusionen interponiéndose entre él y Reira. Las dos mascaras abrieron la boca y dispararon una enorme bola de fuego seguida por un torbellino de viento que la hizo expandirse convirtiendo el ataque en algo mucho más poderoso.

Sin inmutarse Reira hizo otra serie de sellos con las manos y una enorme bola de fuego engulló el torbellino de Kakuzu haciendo romperse las dos mascaras que estaban en su camino. Dos menos, pensó. Maldiciendo Kakuzu se alejó de ella. Hizo una serie de sellos y la otra mascara empezó a atacar a Reira con ataques de relámpago. Esquivando los ataques con una rapidez que le dejó perplejo Reira apuntó con su mano a la otra mascara que ahora mismo estaba en reposo. Kakuzu no tuvo tiempo para protegerla cuando la mano de Reira brilló con el poder del relámpago y la atravesó rompiéndola en miles de pedazos. Ahora solo quedaban dos.

Sin perder el tiempo Kakuzu se fusionó con el corazón que manipulaba el chakra del relámpago. ¿Cómo era posible que se hiciera tan fuerte de la nada? Sus movimientos eran muy diferentes a los que tenía cuando luchaba con Hidan. Ahora cada uno de sus movimientos poseía una sed de sangre igual a la de los criminales. Cada paso era preciso y fluido con intención de matar. Ningún movimiento sobraba. Estrechando sus ojos hizo una serie de sellos y una cascada de agua fue a por Reira. Maldiciendo Reira intentó alejarse de ella pero en vano. La enorme cascada la perseguía a donde fuese. Suspirando pesadamente se paró en seco dejando que el agua la rodeara. No podía permitirse el lujo de hacer jutsus innecesarios, pero no tenia opción. Activó su sharingan de nuevo e hizo los sellos necesarios. Un segundo más tarde un enorme dragón de agua envolvió por completo la cascada. Aprovechando el enorme uso de chakra que utilizó para hacer al dragón, le dirigió hacia Kakuzu que la miraba con odio. Este no tuvo tiempo para reaccionar y el agua lo rodeó. Pocos segundos después sintió como algo perforaba su corazón. Mirando hacia abajo vio que una espada salía de su pecho. Mirando sobre su hombro vio a Reira detrás de él sujetando una catana.

Con un movimiento rápido de su mano sacó la espada y la volvió a clavar en el último de sus corazones.

-Im...imposible. – murmuró Kakuzu con el último aliento.

Comprobando si de verdad había acabado con su oponente Reira suspiró de alivio cuando no sintió ningún signo vital ni ningún flujo de chakra. Pero su alivio fue temporal. Su cuerpo palpitó de dolor y cayó al suelo de rodillas. Mirando hacia abajo vio que todas sus heridas volvían a sangrar y pronto su vista empezó a nublarse. Cuando liberó todo el poder de Nibi, este hizo que sus heridas dejasen de sangrar temporalmente absorbiendo casi todo su chakra. Por eso tuvo que ser muy cuidadosa a la hora de hacer sus ataques. No le quedaba mucho chakra para hacer jutsus.

-¿Parece que de todos modos voy a morir, huh? – le preguntó a Nibi con una nota de tristeza en la voz.

-No voy a dejar que mueras, ¿¡me oyes? – le gritó Nibi al sentir que estaba perdiendo la conciencia. – ¡Reira! ¡No cierres los ojos!, ¿me oyes? Tienes que quedarte despierta.

-No puedo, Neko. – le dijo con dificultad, utilizando el apodo cariñoso que le había dado. - Me duele todo y he perdido mucha sangre. Estoy cansada. Ni siquiera tus poderes me pueden salvar ahora. Casi no te queda chakra, y no tengo suficiente sangre dentro de mí como para que pudieras salvarme aun si tuvieras mas chakra. – levantó la mano en el aire. – Me gustaría poder acariciarte por última vez. – dijo sonriendo con tristeza, dejando caer la mano ya que la ceguera no le dejaba ver nada. – Y ver a Itachi. Hace más de un mes que no nos vemos. Seguro que se enfadará conmigo cuando sepa que he muerto. ¿Sabes? Prometimos que moriríamos juntos. – lagrimas empezaron a caer de sus ojos.

-¡No morirás, Reira! ¡No te dejaré! ¿Me oyes? ¡Reira! ¡Respóndeme, maldita sea! – poco a poco la negrura empezó a rodearlo.


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