Adiós
La puerta se abrió dando paso a una risueña rubia de grandes ojos azules. Mirando curiosa por toda la casa, aunque ya había estado ahí varias veces, anduvo hasta la sala. En el sillón se encontró con Theodore Nott durmiendo a pierna suelta, con medio cuerpo fuera del sillón a punto de caer, totalmente despeinado, ropa arrugada y desprendiendo un olor a alcohol. Luna Lovegood se acercó a él, quedando su rostro a unos diez centímetros del suyo.
—Hola, Theodore Nott —dijo Luna.
Theo despertó y al abrir los ojos se encontró con los extraños ojos azul cielo de la chica peligrosamente cerca de él, soltó un ligero grito y cayó al suelo por tan repentina sorpresa.
—Oh, lamento haberte asustado, Theodore Nott —dijo Luna, ayudándolo a ponerse de pie.
—No, descuida, estoy bien —dijo Theo, sentándose en el sillón y llevándose las manos a la cabeza que no dejaba de punzarle.
— ¿Por qué estás aquí? —preguntó Luna.
— ¿Por qué estás tú aquí? ¿Cómo entraste? —contrapuso el moreno.
—Tengo llave —respondió la rubia, encogiéndose de hombros—, vivo a unas calles de aquí y cuidaba de Albus cuando Pansy y Harry estaban ocupados, a veces tenían que salir de improviso y sólo tenían tiempo de avisarme que me necesitaban, así que venía y entraba yo sola.
Theodore asintió al escucharla, recordando que Pansy le había contado que la rubia no era tan extraña como ellos creían.
— ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —preguntó Luna, mirándolo con sus expresivos ojos bien abiertos.
—Él está aquí porque ayer llegó borracho, maldiciendo a todo el mundo y, después de incendiar la cocina, se quedó dormido sobre la barra —contó Hermione, bajando las escaleras, con un aspecto nada agradable.
— ¿Incendié la cocina? —preguntó Theodore, levantando la cabeza de entre sus manos y mirando a la castaña.
—Sí, con magia involuntaria antes de dormirte —aseguró Hermione.
Theodore se levantó y fue hacia la cocina, para el recuento de daños.
Hermione se quedó saludando a la rubia, a quien cuestionó sobre por qué estaba ahí si el funeral no sería sino hasta dentro de dos días en el Valle de Godric.
—Vine por Albus —respondió Luna.
— Oh, no, descuida, Luna, no hace falta, está bien, yo lo cuido —aseguró la castaña.
—Hermione, sé que Malfoy y tú cuidarán muy bien de Albus, pero no por ahora. Harry y Pansy eran grandes amigos para mí y los quería mucho, pero Harry era tu mejor amigo y Pansy la mejor amiga de Malfoy, el funeral es para despedirte de Harry, hoy y mañana debes encargarte sólo de ti, ¿de acuerdo? Así que subiré, tomaré a Albus y nos veremos en el funeral —dijo Luna, sonrío amablemente y después subió en busca del pequeño.
—Vaya que Pansy tenía razón, Lovegood no es tan anormal como creíamos —dijo Nott, recargado en el umbral de la entrada a la cocina con una taza en sus manos— ¿Café? —preguntó, levantando la taza.
Hermione asintió y fue a la cocina. Se sentó a la barra y Nott le sirvió la taza de café.
— ¿Cómo estás? —preguntaron ambos al mismo tiempo, sonrieron.
—Primero las damas —dijo Theo, señalándola.
Hermione sonrió un poco, miró la taza entre sus manos, el vapor huyendo lento del interior, soltó un suspiro y, sin despegar los ojos del café, respondió.
—Es... difícil, ¿sabes? Sé que Pansy y tú eran grandes amigos, pero...
—No tanto como Potter y tú o Pansy y Draco, sí, la conocía desde que éramos niños, pero fuimos algo así como amigos hasta sexto curso con todo lo de la marca, lo mismo con Draco; así que la verdad no lo sé —Theo se encogió de hombros y dio un sorbo a su café.
— ¿Y tú? —preguntó la castaña.
—Bien —respondió Theo escuetamente.
—Ayer lucías verdaderamente molesto.
—Ya lo creo, si llegué a mi nivel de vulgaridad de cantinero, sin duda estaba molesto.
—Malfoy y Blaise me dijeron que planeabas vengarte de ella.
Esta vez fue el turno de Theo de soltar un suspiro.
—Estaba muy enojado ayer, pero hoy, con la cabeza fría..., sólo terminaré con ella —dijo, resignado.
—Gracias a Merlín, porque el idiota de Malfoy parecía dispuesto a armar toda una venganza contra esa mujer —dijo Hermione, negando con la cabeza.
Antes de que Theo pudiera decir algo, Luna apareció en la entrada de la cocina con una pañalera colgando de su hombro y un dormido Albus Potter entre sus brazos.
—Listo, nos vemos en el Valle de Godric, Hermione, Theodore Nott —se despidió Luna y sin esperar respuesta salió de la casa.
Hubo un extraño silencio después de eso, hasta que Theo decidió preguntar.
— ¿Por qué?
— ¿Por qué qué? —preguntó Hermione, sin saber a qué se refería.
—Recuerdo qué pasaba con ustedes cuando llegué ayer aquí, discutían, igual que siempre. ¿Por qué siguen llevándose tan mal? Quiero decir, entiendo que antes, en Hogwarts, cuando ambos eran unos niños de casas rivales y él tenía las estúpidas ideas de su padre en la cabeza, se llevaran tan mal, pero ¿y ahora? ¿Qué razones tienen para detestarse? Tú me agradas, Hermione, y Draco no es mi amigo sólo porque sí; estoy seguro de que se llevarían bien si tan sólo se dieran la oportunidad.
Hermione abrió la boca para responder, pero no sabía qué decir. Ella se llevaba bien con Pansy, con Theodore, con Blaise, ¿por qué nunca había intentando arreglar las cosas con Malfoy?
—No lo creo —dijo una voz desde la entrada de la cocina—, Granger y yo no nos llevamos bien porque simplemente no somos compatibles —Draco entró y fue directo al café para servirse una taza.
—Bueno, eso decíamos de Pansy y Potter y ahí tienes, se casaron y tuvieron un hijo.
—Sí, pero, por Salazar, yo nunca me casaría con Granger —dijo Draco, haciendo una mueca.
Hermione frunció el ceño al ver la expresión del rubio.
— ¿Tanto te disgusta la idea de casarte conmigo? ¿Por qué? ¿Porque soy una sangre sucia?
Theodore abrió la boca sorprendido al escucharla decir eso. Draco dejó caer la taza que tenía entre las manos y Hermione volteó a verlo al escuchar el estruendo de la taza rompiéndose.
—Vete de aquí, Nott —dijo Draco.
—Ah... no creo que sea buena idea dejarlos solos —opinó Theo, sabiendo lo que ese tema significaba para su amigo.
Draco no despegaba sus ojos de la castaña y se acercaba peligrosamente a ella.
—Vete. De. Aquí —repitió el rubio, con voz amenazante.
—Está bien, Theo, puedes irte —dijo Hermione.
Theodore la miró, después a Draco y, sin estar seguro de que fuera lo correcto, salió de la cocina y luego de la casa, aunque decidió quedarse cerca por si escuchaba gritos de ayuda o ruidos de pelea.
—Bien, mira, Granger, podría gastar mis energías contigo, gritando y atacándote porque no te soporto, pero en dos días enterraré a mi mejor amiga haciendo su muerte cien por ciento real y no tengo ánimos para seguir tu estúpido juego, así que sólo te diré lo que pasa. No me agradas, ¿bien? Y no porque seas una... —hubo una insegura pausa en su discurso—. No me agradas porque eres una maldita prejuiciosa conmigo, porque, como dijo Nott, cuando era niño era un idiota que sólo repetía lo que mi padre decía, la primera vez que te dije... sangre sucia tenía doce y sé que te lo dije muchas veces más, pero para mí eso era un insulto tan malo como decirte, no sé, descerebrada o estúpida. Dejé de creer en la pureza de la sangre cuando tenía dieciséis y desde entonces jamás volví a llamarte de esa forma. Abrí los ojos gracias a Pansy, estuve de tu maldito lado gracias a Pansy, y es a quien le dedicaré estos días. No me desagradas por ser hija de muggles, Granger, sino porque eres una insufrible, necia, sabelotodo, prejuiciosa, hipócrita y aburrida mujer que no parece capaz de creer que las personas cambian, o más bien, que yo también cambié.
Draco terminó de hablar, lucía bastante cansado a pesar de su impecable atuendo. Hermione se sintió mal por haber dicho lo que había dicho. Sin decir más, Draco tomó una manzana del frutero sobre la barra y después salió de la cocina sin dedicarle otra mirada. Hermione no se movió de su lugar por un largo rato pensando en todo lo que había dicho el rubio.
...
El lugar estaba lleno, más personas de las que hubiera imaginado habían asistido al funeral y le ponía ansiosa el pensar que tenía que tratar con todas ellas.
El hombre enviado del Ministerio para realizar la ceremonia hablaba frente a todos, pero ella no era capaz de captar nada de lo que decía. Los dos ataúdes estaban justo frente a ella, cerrados y listos para ser enterrados. Harry había muerto, Pansy había muerto. Un minuto de silencio se instaló en el ambiente, después se llamó a alguien conocido de los difuntos para decir algunas palabras. Sintió como la mano que rodeaba la suya se tensaba y sólo entonces recordó que Ron estaba junto a ella, sosteniendo su mano, con unas ojeras tan grandes como las propias bajo sus ojos, la corbata mal hecha colgando de su cuello, su pelirrojo cabello despeinado como si hubiera tirado muchas veces de él, un ligero pero inconfundible olor a alcohol y los ojos rojos y húmedos tanto por las lágrimas como por no dormir.
Del otro lado tenía a Ginny, quien lucía más repuesta que su hermano y la castaña. Se notaba que había llorado y probablemente no había dormido el día anterior, pero al menos tenía color en su piel y estaba arreglada. Luna estaba junto a ella con Albus en sus brazos; ella parecía estar bien, uno podía notar la tristeza que embargaba sus ojos, pero más allá de eso no estaba tan desecha como los otros, no porque no lo sintiera sino porque tenía una curiosa forma de enfrentar el dolor.
Del lado de Ron estaba también el grupo de serpientes amigos de Pansy. Las hermanas Greengass, Daphne y Astoria, vestían elegantes vestidos negros y sombreros del mismo color, parecía que ni siquiera en ese tipo de situaciones podían perder el estilo; cualquiera podría decir que estaban ahí sólo por compromiso, pero bastaba con ver los ojos rojos bajo los lentes de sol que cubrían sus miradas y las ojeras negras por no dormir de la mayor de ellas escondidas bajo el maquillaje. Theo y Blaise se encontraban junto a ellas, con sus trajes negros de diseñador y también sus lentes de sol, aunque parecían estar bien, después de todo ya habían descargado su tristeza días antes.
El gran ausente en el grupo era Draco Malfoy. Era sabido que el rubio era el mejor amigo de la difunta señora Potter, pero no estaba ahí frente a todos, junto a sus demás amigos. Hermione se preguntaba dónde estaría, hasta que alguien pasó al frente; pero no era un amigo como tal de los difuntos, lo cual era normal, la castaña no se creía capaz de pararse frente a todos y hablar de Harry, de uno de sus mejores amigos, seguramente Ron tampoco.
Al frente estaba la actual directora de Hogwarts, Minerva McGonagall.
—No es fácil decir algo de Harry Potter que todo el mundo no sepa ya, incluso de Pansy Potter, Parkinson. Su participación en la guerra es de conocimiento público, sobretodo porque era necesario contarlo para los juicios después de la guerra. Harry Potter, el niño que vivió, el hombre que venció, Harry salvó al mundo mágico, y muggle, destruyendo a Voldemort; Pansy Parkinson, la mujer que decidió, Pansy salvó a otros jóvenes destruyendo los ideales arcaicos y erróneos inculcados por generaciones. Pero también, los Potter se salvaron el uno al otro. Yo tuve la oportunidad de enseñarles a ambos en Hogwarts, de conocerlos, de verlos crecer y convertirse en personas fuertes, los vi conocerse y... —sus ojos se habían humedecido para esta parte del discurso— ser lo que el otro necesitaba, los vi enamorarse y salvarse en el camino —una delgada lágrima resbaló por la mejilla de la vieja directora—. Harry y Pansy fueron el claro ejemplo de que todos podemos cambiar, de que no se debe juzgar a alguien por su pasado o por su casa en Hogwarts y de que, como dijo Albus Dumbledore, el amor es la magia más fuerte de todas. —McGonagall levantó su varita al cielo e invocó un Lumos al terminar de hablar.
Todos los asistentes la imitaron. Un lumos más por otros caídos de guerra. Un lumos por Pansy Parkinson, una de las espías de la Orden, la bruja que ayudó a sus amigos a encontrar el camino correcto, la amiga que se dejó marcar sólo para estar ahí con ellos, la Slytherin que creyó en la causa después de conocer el amor. Un lumos por Harry Potter, el elegido, el salvador, el niño que cargó con el peso del mundo sobre sus hombros, el mago que venció al Señor Tenebroso, el Gryffindor que rompió con los prejuicios por amor.
Un lumos por su mejor amigo. Un lumos por su mejor amiga.
Las varitas fueron bajando y dos hombres del Ministerio se encargaron de bajar los ataúdes al hueco hecho para cada uno en el cementerio del Valle de Godric junto a las tumbas de James y Lily Potter, justo como estaba estipulado en su testamento. Hermione no pudo contener más las lágrimas y las dejó salir, sintió el abrazo de Ron y hundió su rostro en su pecho mientras los ataúdes terminaban de bajar y los cubrían con tierra. Cuando terminaron, colocaron un grupo de piedras al inicio de cada tumba y las transfiguraron en lápidas con el nombre, fechas y el epitafio de cada uno.
Harry James Potter
31/07/1980 - 02/05/2004
"El león que venció"
Pansy Madea Potter
13/11/1980 - 02/05/2004
"La serpiente que salvó"
Poco a poco los presentes fueron retirándose, algunos primero pasaron a dejar flores a cada tumba o, en el caso de amigos más cercanos, algún objeto especial. Hermione vio como Andromeda Black se acercó a la tumba de Harry con un Teddy Lupin de cinco años de su mano, el pequeño lucía bastante triste, incluso su cabello se había vuelto de un apagado color café; Teddy dejó una barra de chocolate sobre la tumba, dijo algo que Hermione no alcanzó a escuchar y después ambos se alejaron. La castaña sintió su corazón romperse aún más al pensar en el pequeño Teddy, no había pensado en él, pero al parecer Harry no sólo había dejado huérfano a su hijo, sino también a su ahijado.
Otros más pasaron a dejar cosas, como Dean Thomas, Seamus Finnigan y su hijo adoptado del Orfanato Creveey, sujeto de cada mano por cada uno de ellos, dejaron un banderín de los Chudley Cannons. Neville Longbottom pasó junto con Astoria Greengass y dejaron una corbata de Gryffindor y una de Slytherin en las tumbas de Harry y Pansy, respectivamente. Daphne dejó un collar con un dije de serpiente y estuvo un rato hablando a la lápida de su amiga, Hermione pudo notar como a pesar de las lágrimas una sonrisa nostálgica escapaba de vez en cuando. Por otro lado, Ron se acercó a la lápida de Harry y dejó un desgastado cromo de Albus Dumbledore, Hermione supuso que era aquel cromo de su primer viaje a Hogwarts, el día que se habían conocido; Ron se hincó junto a la lápida y lloró sin importarle nada, la castaña pensó en acercarse, pero al verlo murmurar algo decidió darle un momento a solas para decir adiós.
Cuando Daphne se alejó de la tumba de Pansy, Nott se acercó y después de decir "tú ya sabes, Pans", fue junto a las hermanas Greengass. El último en acercarse fue Zabini, quien sólo apareció una rosa negra sobre la tumba, para después ir junto a sus amigos. Theo y Blaise tomaron a cada una de las hermanas, miraron a Hermione y asintieron a modo de despedida, después miraron a un punto alejado de todo e hicieron lo mismo, acto seguido desaparecieron. Hermione siguió sus miradas y se topó con el gran ausente: Malfoy, estaba recargado en un árbol apartado, con un traje totalmente negro, cruzado de brazos y un semblante incapaz de reconocer a tanta distancia. El escrutinio de la castaña se vio interrumpido cuando escuchó la voz de Ron de nuevo junto a ella.
—Mamá quiere que pase al menos lo que resta de la semana en La Madriguera, sé que tú tienes la casa de Harry ahora, pero si quieres...
—Gracias, Ron, agradezco tu intención, pero me quedaré en la casa de Harry y Pansy, es lo mejor para Albus —explicó Hermione, mirando a Luna, quien se había acercado a las tumbas, dejando al bebé en los brazos de Fleur.
—Claro, lo entiendo —dijo Ron con la mirada perdida, Hermione nunca lo había visto así—, me gustaría visitar a Albus algunas veces, ¿crees que podría? —aquellos ojos azules se clavaron en ella por primera vez y Hermione no resistió más para abrazarlo, algo le decía que no había estado tan desolado ni siquiera cuando Fred murió.
—Claro que puedes, Ron, cuando quieras, estoy segura de que él estará feliz de verte —dijo sin soltarlo, dejando escapar más lágrimas.
Estuvieron un rato más así, hasta que el pelirrojo se separó, besó su frente y después de un "cuídate", se alejó hasta donde estaba su familia. Vio como toda la familia Weasley se fue desapareciendo rumbo a La Madriguera. Arthur y Molly primero, la mujer estaba hecha un mar de lágrimas, sentía que había perdido otro hijo. Tras ellos fueron Bill y Fleur con su pequeña Victoire de tres años y Dominique de uno. Lo siguieron Percy y George llevando a Ginny; por último, Charlie tomó a Ron del hombro y se apareció con él, era obvio que Ron no estaba en condiciones de hacerlo solo.
Y ahora estaba sola, a excepción de Luna, quien había recuperado a Albus, y Malfoy, que no se había acercado aún. La rubia se acercó a ella y se abrazaron unos segundos, con Albus entre ambas; Hermione tomó al bebé en sus brazos y besó su frente.
—Te he extrañado, Albus —dijo acurrucándolo en su pecho, el pequeño sólo balbuceó algo en respuesta.
Estuvieron un par de minutos así, ninguna decía nada e incluso el bebé parecía no querer romper el silencio, al menos hasta que comenzó a moverse como si estuviera emocionado por algo. Hermione miró hacia dónde Albus miraba y se encontró con que Malfoy se acercaba al fin.
—Hola, enano —dijo Draco al estar junto a ellas, dirigiéndose al bebé. Albus parecía feliz de verlo, pues incluso movía sus manitas hacia él.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del rubio y terminó tomando al Albus de los brazos de Hermione, pero sin siquiera dirigirle una mirada a la castaña. Albus trataba de alcanzar el cabello de Draco con torpeza mientras balbuceaba cosas sin sentido; los tres adultos se mantenían en silencio con la vista clavada en el pequeño como si fuera lo más interesante del mundo, dejando salir pequeñas sonrisas ante algún hecho tierno o gracioso. Luna se alejó de ellos sin que se dieran cuenta y se acercó de nuevo a las tumbas, dejó su collar de corcho de botella en la de Harry y sus aretes de rábano en la de Pansy, sólo por protección. Cuando volvía junto a Draco y Hermione se detuvo, la escena parecía irreal y ella sabía de irrealidades, ahí estaban esos dos, con Albus entre ellos haciéndolos olvidar un poco todo lo que había pasado, haciéndolos reír, dándoles esperanza, obligándolos a seguir adelante. Luna sonrió ampliamente, volvió junto a ellos y tomó a Albus de los brazos de Draco.
—Yo me llevaré a Albus por lo que resta del día y mañana a primera hora volverá con ustedes, por ahora quédense aquí y terminen de despedirse —dijo Luna, preparándose para aparecerse.
—Lovegood, espera —la detuvo Draco.
Luna lo miró, el rubio sacó un dragón de peluche de su saco y se lo dio Albus, el bebé lo tomó y comenzó a agitarlo alegremente; después, Draco se despidió dándole un beso en la cabeza, Hermione estaba más que sorprendida por ese gesto, pero cuando reaccionó también se acercó para despedirse tanto de Luna como del bebé con un beso en la mejilla.
—Di adiós, Albus —dijo Luna tomando la manita del bebé y moviéndola en señal de despedida, un segundo después, desapareció.
El silencio y la tensión se instalaron de inmediato entre ambos, Hermione no tenía ni la menor idea de qué decir después de lo ocurrido la última vez que se vieron dos días atrás. Sin Albus para cuidar, cada uno había vuelto a su respectivo apartamento donde habían pasado el resto de aquel día, el siguiente y la mañana de ese; recordaba cada una de las palabras que Malfoy le había dicho y sentía la imperiosa necesidad de disculparse, pero no sabía cómo. Y Malfoy no parecía dispuesto a iniciar una plática. Así que sin decir nada, Hermione fue frente a la tumba de Harry y se quedó ahí, mirando la lápida y diciéndole todo en su mente, sabía que dónde quiera que estuviera él la estaría escuchando.
Draco fue hasta la tumba de Pansy, mirando su nombre escrito en la piedra sin pensar en nada, ya había descargado su dolor el día anterior al tomar hasta perderse él solo en su apartamento. No tenía nada más que decir que las palabras ya dichas entre trago y trago mirando una fotografía de ellos en el Baile de Navidad durante el Torneo de los Tres Magos. Aquel día ahora parecía tan lejano, tan irreal tomando en cuenta todo lo ocurrido al año siguiente. Era tan difícil creer que sólo un año después de haber sido tomada esa foto, Pansy había dejado de creer en la pureza de la sangre al haberse enamorado de Potter, y que un año después de eso había recibido la marca no sólo para estar con Nott y él sino también para ser una doble agente de la Orden. Recordaba el día que le había contado de la marca perfectamente y recordaba su reacción, como su rostro se había deformado en una extraña mueca de horror y enfado, como después de la ira había aparecido el miedo a perderlo por culpa de una causa en la que ella ya no creía, recordaba las gruesas lágrimas brotando de sus ojos que parecían no poder detenerse, recordaba cómo su cuerpo temblaba de un impotencia ante un hecho irreversible, recordaba su mirada destrozada al ver la marca en su antebrazo, recordaba cómo se abrazaba a si misma buscando calmarse o tal vez darse consuelo por algo que ella no había podido evitar, porque no era su culpa que él hubiera recibido la marca, pero sin duda ella creía que podía haber hecho algo, no sabía qué, pero podía haber hecho algo para no perderlo, para tenerlo consigo un día más y decirle lo importante que era para ella a pesar de que él lo sabía.
Y entonces se dio cuenta de que ya no estaba pensando en Pansy sino en la castaña que miraba la tumba de junto y lucía exactamente como Pansy aquel día. Las lágrimas, el temblor, la mirada, estaba destrozada e impotente y buscaba consuelo; Draco observó a Hermione unos segundos más antes de acercarse finalmente, se paró frente a ella y antes de que dijera nada la rodeó con sus brazos dándole el consuelo que no le dio a su mejor amiga cuando lo necesitaba. Hermione se quedó estática unos segundos, pero terminó correspondiendo al abrazo, rodeando la cintura del rubio y hundiendo su cabeza en su pecho. Draco puso su barbilla sobre la cabeza de la chica y cerrando los ojos dejó escapar una delgada lágrima que resbaló hasta perderse en los rizos castaños de Granger.
