Hola de nuevo a su historia "Recuerdos". Pues la historia avanza cada vez más lenta, y ahora un gran gran gran acontecimiento. Espero que les guste este capitulo, que a diferencia de los demás, será narrado en tercera persona.
Nos vemos!!
Recuerdos: Capítulo 4
"Abuela, ¿Quiénes son esos hombres?"
"Son gente muy importante, tú no los conoces, pero ellos harán que nuestro país sea mejor."
"Ah sí."
Era una época de paz por todo el mundo. Las grandes aldeas en constantes conflictos, comenzaban a olvidar sus diferencias y a pactar treguas que trajeran la igualdad para todos."
Los habitantes de la aldea de la arena, habían estado en una enorme lucha contra sus vecinos del Este. Nadie sabía el verdadero motivo por el cual se había llegado hasta aquí, así que sólo era una batalla sin razón alguna. El recién nombrado Kazekage sabía muy bien esto, y para honrar las muertes de los héroes de la aldea, llegó a un acuerdo con los rivales para tratar la paz. Justo el día de la ceremonia, muchos feudales llegaron desde aquel país, en especial de su aldea capital, la aldea de la roca.
Como uno de los mayores y más poderosos clanes de la aldea de la roca, e incluso, de todo el país de la tierra, había una familia que había obtenido riquezas incomparables. Por supuesto, la cabeza de esa familia fue invitada a la ceremonia.
Miembro de esa familia, un chico permanecía sentado sobre una carreta especialmente decorada para el desfile de honor de los nuevos aliados de la arena. Sin embargo, fue obligado a hacerlo, pues lo único que le importaba, era vivir su vida como un niño normal.
Cansado de tantos adultos aburridos, el chico comenzó a vagar por las calles de aquella villa. De alguna habilidosa forma había conseguido escapar de sus guardias, quienes lo buscaban desesperadamente.
Caminando por los callejones, consiguió llegar a un solitario espacio. No era muy vistoso, pero sin duda alguna, reflejaba el significado de la palabra hermoso. No era más que un parque de diversiones infantil. Habían pequeñas atracciones que habrían entusiasmado a cualquier niño, pero para un adulto, no era más que chatarra.
Algo a lo lejos, llamó la atención de ese chiquillo. Una silueta se dibujaba sobre una especie de montículo. Lleno de curiosidad, se acercó lentamente, ocultándose tras los pocos troncos secos que habían por ahí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, vio que se trataba de un niño. Sus cabellos rojos eran ligeramente movidos por el cálido y seco aire del desierto. Con una mirada inexpresiva y completamente perdida, el pelirrojo se sentó en la arena, y sacó unos cuantos juguetes. El hijo del feudal continuaba espiando, esperaba que hiciera algo interesante, pero por casi quince minutos no hizo más que hablar con los juguetes. Hasta que:
"Papá, mamá... los extraño" Las lágrimas cegaron la mirada de aquel solitario niño. Era evidente que no solía demostrar sus sentimientos, pues le costaba un poco sollozar y su rostro se ponía completamente rojo en un intento por detener el fluir de sus ojos.
"¿Te ocurre algo?" Dijo el otro chico mientras salía de su escondite.
"¿Quién eres? ¿Por qué me espiabas? ¡Vete de aquí niña!"
"¿Niña?" El hijo del feudal tenía el cabello largo y suave, rubio y brillante como el sol. La luz del sía se reflejaba en sus ojos azules como el infinito del cielo. Aún cuando todos sus rasgos eran los de una hermosa niña, el seguía siendo un chico.
"No soy una niña."Dijo enojado el rubio.
"Oh, discúlpame." Dijo el otro niño mientras se secaba las lágrimas y se quitaba el polvo.
"Mi nombre es Deidara, ¿Cómo te llamas tú?"
"Yo...yo soy Sasori."
Deidara le regaló una deslumbrante sonrisa. En tan sólo unos 30 segundos ya había hecho un nuevo amigo. Al ver el gentil gesto de Deidara, Sasori se sonrojó y dio una tímida mirada.
"¿Qué te parece si jugamos un poco con la arena?" Dijo con alegría el rubio.
"No hay mucho que hacer, podríamos hacer un castillo de arena. Es que jamás he estado en una playa." Dijo en tono de broma para tratar de romper un poco el hielo.
Tras varios intentos, terminaron cada uno sus castillos de arena. Apenas y llegaban al metro de altura, pero para unos pequeños como ellos, era un gran logro. Deidara no era muy talentoso, así que sólo pudo hacer un pequeño montículo de arena decorada con rocas. Pero el talento de Sasori salió a relucir.
"Dei-chaaaan, mira lo que hice."
"Es hermoso, genial castillo de arena"
"Gracias, aunque es raro hacerlos sin estar en una playa de verdad"
Deidara volteó a ver a Sasori con una mirada tan tierna que derretiría el más frío de los corazones.
"Debe ser divertido vivir en un lugar con tanta arena."
"Sí, un poco"
Y agotados se recostaron sobre el infértil suelo.
"Dime, ¿Por qué llorabas?" Dijo el rubio sin rodeos.
"Ah...pues..." Decía indeciso el pelirrojo. Decirle a un desconocido tu más grande dolor, no era algo tan fácil, pero por alguna razón, se sentía en confianza.
"Mis padres, murieron. De alguna forma siento que sus almas están dentro de estas marionetas. Mi abuela me dijo que cuando alguien importante se va, una parte de su esencia queda dentro de lo que es importante para él. Cuando mi abuela me contaba sobre mis padres, me dijo que habían heredado algunas de las técnicas marionetistas, así que cuando tengo una en mis manos, siento que abrazo a mis padres."
Viendo la expresión de alivio de Sasori al confesar eso, Deidara dio un pequeño suspiro y dijo:
"Sasori...-kun..."
"No, si tu eres Dei-chan, me gustaría que me dieras un mote a mí." Sin saber que contestar, contestó lo primero que le vino a la mente.
"Eh, que te parece... ¿Danna?"
"¿Y eso qué significa?, bueno, no importa...me gusta."
"Bien, Danna, tú y yo somos tan distintos. Al contrario de ti, mis padres viven, pero para mí, eso, no importa. Ellos no pasan tiempo conmigo, y cuando lo hacen, es sólo para aparentar una familia feliz ante la sociedad."
"Oh, vaya." Sasori no sabía muy bien que contestar, pero continúo escuchando atentamente.
"Mi familia es bastante reconocida. Vivimos rodeados de lujos, pero para serte sincero, desearía una vida como la tuya. Una vida en la que puedo disfrutar de cosas sencillas y llorar con tan sólo ver un recuerdo. Me encantaría vivir en un lugar tan divertido como éste."
"Claro que sí, pero en cierta forma te envidio"
"No, no lo hagas por favor."
Y permanecieron ahí tirados un poco más. Hasta que unos hombres llegaron hasta ellos, y tomaron a Deidara del brazo.
"Señorito Deidara, no podemos permitir que esté con gente como él."
"No me molesten."
Ignorando las peticiones del rubio, esos hombres lo cargaron y lo alejaban de su nuevo amigo.
Sasori, petrificado del miedo, no se podía permitir el perder a alguien más. Y gritó con todas sus fuerzas:
"¡¡Dei-chan!!, ¡No te vayas!"
"No te preocupes, volveré a visitarte pronto. Así que seca esas lágrimas y dame una gran sonrisa."
"...Bueno..."
Y un rostro de completa felicidad y esperanza se dibujó en el rostro del pelirrojo. Una sincera y hermosa sonrisa, salida de verdaderos sentimientos.
"Así se hace, te extrañaré...Danna."
"Y yo a ti, Dei-chan."
Y así, todas las tardes desde aquel día, se podía ver una pequeña silueta en la caja de arena de aquel parque. Una solitaria mirada fija al suelo todos los días. Tal vez su único amigo, jamás volvería, pero siempre guardaba la esperanza de un reencuentro.
