Unas horas pasaron cuando Gil entra a mi alcoba para informarme que estamos llegando al capitolio y que debería estar observando por la ventana los "hermosos y arquitectónicos" edificios del capitolio.

—Como el estadio de música, donde las bandas más famosas se presentan, si te fijas bien la estructura es idéntica a la del saxofón.

No tengo la menor idea de lo que es un saxofón, en mi distrito no acostumbramos estar rodeados de música a menos que sea alguna guitarra o uno que otro violín hechos con la madera que podemos adquirir, la gente en ocasiones se reúne en la plaza y canta, pero son ocasiones muy raras como cuando un tributo ganador regresa al distrito, mi mama también solía cantar pero de eso ya ha pasado mucho tiempo, pero asiento como si me encantara la idea pero después me disculpo y le digo que necesito un tiempo a solas antes de entrar al capitolio.

—Oh por supuesto, una joven como tú necesita prepararse antes de ver las maravillosas cosas que el capitolio ofrece. No te vayas a desmayar de la emoción. —dice con su irritante acento, como si terminara las oraciones haciendo una pregunta.

Me deja sola y vuelvo a mi posición original, sentada enseguida de la cama, cubriendo mis piernas y controlando mi respiración porque es lo que Bryan me pedía hacer siempre que tenía ganas de romper cosas. Hay tantas cosas de vidrio en el cuarto y cada una me pide que la quiebre, pero de nuevo no puedo dejarme llevar y simplemente comportarme como una niña pequeña. Lavo mi rostro por quinta vez desde que almorcé porque las lágrimas siguen manchando mi rostro y no quiero lucir como alguien que ha estado llorando, aunque sea verdad.

El dolor es insoportable, cada vez que uno de ellos jala uno de los vellos de mi cuerpo deseo golpearlos contra la mesa y huir corriendo, pero sé que eso solo serviría para que los soldados del capitolio me fuercen y golpeen y lo menos que quiero es ir lastimada a la arena. Desde el momento en el que llegue al capitolio y las tres horas siguientes estuve en una sala de paredes blancas rodeada de tres sujetos que bien podrían ser mujeres, luciendo igual de espeluznantes que Gil Terrance con bigotes rizados y ojos cubiertos de polvo brillante.

Ahora me han dejado en una habitación donde me pintaran el cuerpo porque según lo que escuche estaba "muy tostada" para su gusto. Era de esperarse, nuestro trabajo en el distrito 7 requiere estar bajo el solo muchas horas, e incluso si los pinos y los robles cubren el sol, los rayos encuentran la manera de encontrarnos y quemarnos.

Regresan con unos botes y empiezan a rociarme con lo que parece un liquido brillante, había escuchado de las personas del capitolio que pintaban sus cuerpos para tener la piel de color azul, o naranja ¿estarían haciéndome eso?

—Cierra los ojos — me ordenan y no puedo desafiarlos, lo ultimo que deseo es dañarlos.

El líquido es frio pero no me cubro. Llevo tres horas desnuda frente a esos tres hombres, después de que me bañaron, secaron y volvieron a bañarme porque la mugre aun no se quitaba, deseaba reírme y explicarles que llevaba mucho sin bañarme pero estoy segura que ya lo habían adivinado. Me untaron una crema que me pico durante unos segundos hasta que comenzaron a pasarme cubos de hielos encima de la piel, de alguna forma los cubos absorbían un líquido marrón y me libraban de la picazón.

Curaron todas mis heridas, por maravillosos e increíble que suene, Ninguna cicatriz o marca quedo después que terminaron, incluso las feas que tenía antes de escapar en las palmas de mis manos, era como si hubieran cambiado mi piel por la de una chica que apenas sale de su casa. También lavaron mi cabello quejándose por cuan largo era y como esperaban a que un tal Eugene decidiera cuanto cortarlo, supongo que Eugene es mi estilista y si se atreve a cortar una punta de mi cabello, lo mato.

—Es todo lo que podemos hacer, – dice uno de los estilistas, el que viste con un chillante vestido rosa — al menos ya no parece sacada del basurero.
—Oh pero cuando Eugene la tome, quedara esplendida, ¿recuerdas como cambio el chico del distrito 11 cuando lo arreglo? Incluso yo creí que ganaría, tan guapo que todos quisieron ayudarle a ganar. — intervino ese a quien llamaban Vitto.
—Al menos ella tiene lindos ojos, un buen maquillaje puede hacerla incluso parecer bonita. ¿No crees Milo? — quiso saber el tercero preguntándole al del vestido.
—Si, creo que si Fúrhy, bueno hay que traer a Eugene de una vez.

Los tres se fueron dejándome de pie en esa habitación. No había ni un solo espejo donde pudiera verme reflejada y las paredes eran tan opacas que no funcionarían como uno. Así que me quede ahí parada, aunque no me importaba estar desnuda quería cubrirme, llevaba todo el rato desnuda y estaba empezando a incomodarme. Me imagino como será mi estilista, si llevara vestido como Vitto o plumas en la cabeza como Fúrhy o ¿tendrá bigotes como todas las personas del capitolio que eh visto por el momento?

La puerta se abre cuando estoy pensando si buscar una bata y entra la mujer más extravagante que eh visto por el momento, no trae bigotes ni lleva un traje de color chillante pero su cabello es de un color amarillo y es tan largo y liso que parece antinatural. El cabello le cae hasta la cintura y parece brillar de cierta forma tanto que bien podría estar hecho con los rayos del sol, su piel esta pintada de un lila suave que no deja de parecer perturbador y sus ojos son de color amarillo como los de un gato, además que una cola sale de sus ajustados pantalones negros. No puedo más que parpadear una y otra vez ante la imagen de la mujer.

—Querida, mi nombre es Eugene, seré tu estilista.

Su voz es tan aguda y chillona que combina a la perfección con el cabello radiante, después de unos segundos caigo en la cuenta que cada vez que pronuncia la letra erre ronronea tal y como un gato haría. Tardo en recomponerme por la imagen y tartamudeo mi nombre.

—Conozco tu nombre preciosa, te vi en la cosecha y la forma en la que todos te vitorearon me hizo saber que este año venía alguien importante.

Sin duda todas las personas del capitolio pensaron lo mismo, que me vitoreaban porque creían en mi, porque yo era importante para ellos y querían verme ganar, que tan equivocados estaban porque todos en ese momento solo estaban felices porque me verían sufrir en la arena.

—Bueno, veo que mi equipo hizo un buen trabajo — confiesa sintiéndose orgullosa.

Empieza a rodearme y no puedo evitar imaginármela como un gato, con sus ojos y el extraño tono de su voz, además que cada vez que se mueve suena una campana como si tuviera una campanilla colgada al cuello, toca mis senos, palmea mis glúteos y finalmente acaricia mi cabello que cae rizado como una cascada detrás de mi espalda, creo que es la primera vez en años que mi cabello se siente tan limpio y suave.

—Tendremos que hacer algo con ese cabello de todas formas. — me dice exagerando la erre en formas.
—No hay nada que hacerle. — digo sonando irritada y ella lo nota.
— ¿Vas a desafiarme, dulzura? — y no hay nada de tierno con la forma en la que dice dulzura.
—Es lo único que no te dejaré hacer, ni un centímetro de mi cabello será cortado.
— ¿Sabes con quien hablas, hermosa? Soy la estilista aquí, soy la que erigirá lo que debes usar y como debes usarlo.
—Y yo soy el tributo, la persona que usara lo que sea que tengas en mente, sin mi ayuda tu traje será un olvido pero si haces lo que yo digo haré que todo el mundo se enamore de él.

Estoy desafiando a mi estilista, lo primero que Jamie nos pidió no hacer, pero no puedo imaginármela como un humano, siento que estoy peleando con un gato grande de la plaza. Ella entorna sus ojos ronroneando a un lado de mí, moviéndose tan cautelosa que podría saltar hacia mí en cualquier segundo y arañarme en la cara.

—Con o sin tu ayuda, el traje será inolvidable — me asegura sonriendo y veo que sus colmillos son mas largos que lo normal.
—No si hago esto.

Me siento abrazando mis rodillas formando una bolita, consciente que estoy desnuda y revelo más de lo que ella quisiera ver, pero entiende que de esa forma nadie podría ver mi traje y por ende todos se olvidarían de mi y mi ella no tendría la fama que quiere, porque si algo supe de Jamie es que les gusta ser el centro de atención. Eso la molesta y esta levantándome jalando mi brazo de forma brusca, no me sorprende que sea tan fuerte, todo en su apariencia indica que es feroz. No es una gatita que bebe leche.

— ¡No te atreverías! Además no te conviene, ¡necesitas patrocinadores! ¡Quieres que la gente se enamore de ti! ¡Que al escuchar tu nombre digan, quiero que gane!
—No quiero ni un maldito patrocinador, — exclamo sonando irritada y soltándome de su agarre — no los necesito. Aquí quien más necesita ayuda eres tu, quieres que la gente te aclame, que hablen de tu traje toda la semana e incluso deseen conocerte en persona. Yo puedo hacer que te amen.
—Con una personalidad así, lo dudo. — murmura cruzándose de brazos.

Empiezo a sonreír como si estuviera encantada, le mando besos e incluso suelto una que otra risita, ella arquea una de sus perfectas cejas. Entonces finjo que tengo un hermoso vestido y me inclino haciendo reverencias fingiendo que hay un publico frente a mi. Soy mala mintiendo pero buena fingiendo.

—En el momento de la entrevista agregare lo feliz que me sentía de usar tu ropa, y lo talentosa que eres. Incluso podría dirigir toda la conversación hacia ti si lo deseas.

En verdad no quiero hablar de mí en la entrevista con Caesar Flickerman, el nuevo entrevistador de los juegos del hambre, solo lleva 5 años pero parece encantarle al publico y en lo personal me da repulsión, no podría hablarle de mi en un millón de años.

Parece meditarlo unos segundos, sé que es la primera vez que un tributo desafía a su estilista y quizá estoy en un aprieto y a ella no le importa ser reconocida o tal vez ya lo es y una tributo no influirá en su carrera, aunque su reacción de antes me anima. Finalmente ella suspira exasperada y aprieta uno de los botones que hay en la puerta.

—Sabía que serías especial, acepto tus condiciones. Ahora vamos a comer algo antes de prepararte para el desfile.

La sola mención de comida me hizo recordar cuan hambrienta estoy, no había comido mucho en el tren, ayer deje mi plato sin terminar y hoy en la mañana apenas y mordisquee las tostadas, se llaman los juegos del hambre y yo ya estoy padeciendo hambre. Asiento y entra un hombre vestido de rojo con una bata para mi, me la pongo y entonces Eugene me escolta fuera de la habitación por un pasillo aparentemente vacío, abre una puerta de color rojo y pronto estamos en la habitación mas rosa que haya visto jamás.

En el distrito 7 las paredes son de madera, cada casa esta echa de madera y nadie tiene el dinero para comprar pintura y decorarlas al gusto, probablemente las casas estén idénticas a como cuando se construyeron, pero esta habitación ha sido remodelada probablemente mas de una vez. Las paredes están tapizadas de rosa, una tela que parece gratamente cómoda, pero el tono rápidamente empieza a molestarme.

En la pared contraria a la puerta hay una ventana, mi primera impresión fue que era una pantalla con la imagen de algunos edificios pero viendo mejor supe que esa era la vista del capitolio. Hay muebles hechos de vidrio, mesas altas con jarrones con unas flores que no se encuentran en el distrito 7 y creo se llaman rosas. En el centro de la habitación hay dos sofás plateados rodeando otra mesa de vidrio, Eugene me invita a sentarme e inmediatamente tres personas vestidas de rojo entran entregándonos la comida.

Nos traen lo que parecen ser pescados fritos, puré de papa con esa deliciosa salsa que probé en el tren, unos rollos de queso con jamón dentro, ensalada con frutas que no conozco y para postre algo que Eugene llamó pay de calabaza.

— ¿Calabaza? — pregunto nada a gusto con el nombre que suena a una enfermedad.
—Sabe bien, prueba, prueba.
—Antes quiero saber, ¿cómo será mi atuendo para el desfile?

Los tributos de nuestro distrito siempre se visten de árboles, siempre, no hay año que no. Una vez incluso un chico tuvo que usar un nido de pájaros en la cabeza y empiezo a dudar que la opción de dejar mi cabello largo sea una buena idea, no quiero pájaros en mi cabello. Una vez tuve uno en el, fue espantoso.

—Vienes del distrito 7, así que pensé en los árboles. Pero no quiero hacer lo que los otros diseñadores ya han hecho, vestidos extravagantes llenos de ramas que finalmente solo lastiman al tributo y no lo lucen, no, yo no planeo usar ropa.

La idea me asombra y debo dejar la cuchara con puré de vuelta en su sitio, al parecer si iré desnuda al desfile. Ella sonríe ante mi expresión y la chica felina vuelve a hacer su aparición.

—Pero no estarás completamente desnuda, es agradable ante el publico si, pero no quiero que se fijen en como lucen tus senos antes de mi idea.
—Entonces, ¿Qué?
—Termina de comer y lo verás.

Apenas y disfruto mi plato, estoy tan ansiosa por saber como será mi atuendo de la noche que ni siquiera me di cuenta del sabor que tiene el pay de calabaza. De todas formas, supongo, podré pedir más una vez que el desfile acabe. Tengo tres días más en el capitolio antes de entrar a la verdadera razón de los juegos del hambre. Los juegos no son un desfile, no se trata de lucir hermosos, eso es solo el evento llamativo, la verdadera acción inicia en la arena y ahí todos perderemos el glamour y el color que más usaremos será el rojo, la sangre que probablemente derramaremos.

Eugene me conduce una vez mas a la sala donde empecé, la que tiene las paredes blancas y una camilla, ahí donde me quitaron todos los vellos de mi cuerpo a excepción de las cejas y el cabello. Vitto, Fúrhy y Milo están esperándonos cada uno con un bote de pintura y pinceles en las manos. Antes no me había fijado muy bien en ellos, simplemente no me habían interesado lo suficiente pero ahora puedo decir que Vitto es el más alto y tiene una peluca rosa rizada que hace juego con su vestido, Fúrhy le sigue en tamaño, quizá sea de mi estatura y tiene plumas de pavorreal en su cabello y si no fuera por los bigotes podría decir que luce muy normal, y por ultimo esta Milo que es tan pequeño como mis hermanos y ahí termina la comparación, tiene el cabello color purpura y ojos rasgados pero pintados con exuberante pintura dorada.

—Muy bien, vamos a pintarte. — dice Eugene y toma otro pincel.

Durante dos o más horas estuve parada en medio de esos cuatros chiflados y cada vez que intentaba sentarme en el suelo se negaban y me obligaban a estar de pie. Estaba desnuda y ellos pintaban cada centímetro de mi piel con sus pinceles, hacían cosquillas en mi piel y cada vez que tocaban una parte sensible debía respirar profundo para no golpearlos. Pintura café aquí, verde allá distintos tonos de verde y unos toques amarillos y negros.

Milo, el de cabello morado y traje azul terminó antes que los demás y ahora cepilla mi cabello preguntando a Eugene como lo tiene que cortar, estoy a punto de intervenir cuando ella le responde de forma autoritaria.

—Ni un centímetro será cortado. Ordenes.

Sonrió como si hubiera echo una travesura, después de todo me salí con la mía, algo que dudo que los tributos anteriores hallan logrado. Entonces pienso en Jamie de verdad por primera vez desde que llegue al capitolio, ¿Cómo le habría echo el con los estilistas cuando fue tributo? Escuche que hizo una gran impresión en el desfile y la verdad no lo dudo, es tan guapo que cualquiera se hubiera enamorado al verlo, seguramente llevaba hojas y ramas al igual que en casa cuando llegaba de un día en los bosques, su cabello siempre se llenaba de ramitas y tenía que ser yo quien se las quitara.

— ¿De que te ríes? — pregunta Vitto. Ni siquiera me había dado cuenta que reía.
—Nada. — miento porque ellos no necesitan saber que extraño casa, la casa de hace 2 años.
—Bueno, ya terminamos, solo iré por el ultimo accesorio. – informa Eugene antes de salir.
—Y bien, ¿cómo luzco? — inquiero posando para ellos.

Mi rostro también esta pintado, creo que de color verde y negro, y estoy empezando a preocuparme realmente acerca de mi apariencia. Los tres miembros de mi equipo de preparación se paran frente a mi y comienza a rodearme, uno toma mi barbilla y hace que levante el rostro, otro me pide que cierre las piernas y entonces se detienen frente a mi sonriendo orgullosos provocando que sus bigotes se alcen un poco.

—Estupenda, somos unos dioses.
—No te lleves toda la gloria Fúrhy, Eugene es la de la idea.
—Si, la única diosa aquí soy yo. – dice Eugene regresando con lo que parece un vestido, muy muy transparente.
— ¿Esa es tu idea de no ir completamente desnuda? – pregunto molesta de verdad, por lo que había dicho me imaginaba al menos un vestido que en realidad me cubriera — Una tela transparente.
—No es una tela, es un vestido, póntelo y ya veras. Mientras voy a arreglar ese arbusto al que llamas cabello.

Me pasa el "vestido" y me lo pongo rápidamente, al tenerlo puesto puedo darme cuenta que la tela es un menos transparente en mis pechos y en la parte baja de la cintura, lo que impedirá la desnudez total, aun así todo el resto de mi cuerpo esta expuesto por la suave tela que se pega a mi como una segunda piel. Incluso podría parecer que no estoy llevando nada. Por el contrario mi brazo derecho esta envuelto en lo que parece ser un helecho que conozco bien y es llamado Tecoma stans con todo y sus flores amarillas, pero es solo una ilusión porque en realidad es pura tela, es la manga más exótica que eh visto en mi vida, la manga izquierda ni siquiera existe, es solo un tirante. Quisiera un espejo para ver como termine, lo único que puedo ver son mis piernas pintadas de color café con líneas negras aparentando un tronco de árbol, y mis manos pálidas pero con unas cuantas líneas verdes forman espirales que suben y suben hasta convertir el hombro de color verde.

Trato de encorvarme para así poder ver mi pecho y mi estomago pero Eugene me regaña y me pide estar derecha mientras rocía y cepilla mi cabello. Después de lo que parece una hora mas parece que estoy terminada completamente y Eugene se detiene frente a mí para observar su trabajo, sonrió un poco para demostrarle como lo haré en el desfile y se ríe con ese tono gatuno que posee.

—Bueno, creo que fue una idea excelente dejarte el cabello largo, estas espectacular. – me avisa ronroneando la erre en espectacular.
— ¿Puedo verme en algún lado?

Milo se acerca a una pared y aprieta un botón que no tenía idea que existía, las paredes entonces empiezan a moverse hacia atrás y unos espejos salen del suelo, lo que antes eran paredes blancas son ahora espejos, solo espejos devolviéndome la mirada a cada ángulo que veo. Pero no soy yo, es una dríade quien me esta mirando.

Viviendo en un lugar donde hay bosques allá donde alcance la vista se cuentan leyendas acerca de criaturas mitológicas, historias que según dicen se cuentan desde siglos atrás. Hay una que me gusta en particular acerca de una ninfa que odiaba tener que parecerse a las flores y tener que adoptar esos colores brillantes. Las demás ninfas molestas por su constante mal humor la echaron del prado donde vivían y ella se fue a vagar por la tierra sola, trato de unirse a una piedra pero el color era tan triste que la ponía enferma, trato entonces de unirse a un animal pero estos trataban de atacarla. Así fue como llego a un bosque donde no había ninguna sola flor pero habían árboles inmensos con hojas tan verdes y troncos tan cafés que intimidaban a la pobre ninfa.

Entonces uno de los árboles le hablo y le pregunto que era, ella respondió que era una ninfa, un hada de la naturaleza, el árbol le dijo que era parte de la naturaleza pero que ninguna ninfa estaba con el, ella temía unirse a él, era tan intimidante que prefirió quedarse con el y hacerle compañía en vez de unírsele. Los años pasaron y el árbol se hacía más viejo, ella se había enamorado de aquel árbol y cuando él estuvo a punto de morir ella se unió a él. Es así como el árbol se volvió mas fuerte y nunca murió, porque tenía a la persona que amaba con el, desde ese día la ninfa se puso otro nombre, dríade, las ninfas que se unían a los árboles y pronto más se le unieron enamorándose de otros árboles. Es por eso que los árboles son tan viejos y nunca mueren a menos que la dríade se descuide un minuto, salga a dar un paseo y ahí es cuando el árbol perece.

Y eso es lo que parezco, una de esas ninfas que se unen a los árboles y parecen ser parte de ellos. Mis piernas tal y como pensé parecen un tronco, con finas líneas negras surcándolas, el color café se vuelve verde mientras sube a mi cintura hasta convertirse completamente verde, todo mi torso y pecho esta pintado de verde aparentando ser las hojas de un árbol, mis senos están invisibles por la delgada tela y sorprendentemente no se distingue una tela en mi cuerpo, como si mis pezones simplemente no existieran. Una rama esta pintada desde mi hombro izquierdo hasta mi seno derecho, y luce tan real que tengo que tocarlo para comprobar que es pintura. Por el brazo derecho la manga es efectivamente un helecho dándome esa apariencia de ser parte de un árbol.

El tono verde fuerte se va haciendo más suave cuando llega a mi cuello pero trazos de un tono más fuerte se cruzan en ocasiones continuando con la idea de enredaderas. Mi rostro esta deslumbrante, pensé que estaría de un enfermo color verde pero en realidad tiene un color entre el verde y el amarillo casi luciendo blanco, los labios son de color café suave y mis ojos tienen una sombra café pero que contrastando con el tono verde de mi piel lucen increíbles. Por ultimo mi cabello, oh por dios mi cabello. Cae cual largo es hasta mis rodillas, algunos mechones son verdes, otros siguen siendo cafés, dando esa apariencia de ramas con hojas cayendo en enredaderas hasta el suelo y viendo mi reflejo por detrás puedo asegurar que hay incluso una que otra flor amarilla entre mis rizos.

— ¿Y bien? — pregunta Eugene inclinándose hacia mi alzándose en sus puntas.
—Increíble — murmuro realmente asombrada.

No puedo dejar de verme, de asombrarme con cada detalle, ¿cómo pueden lograr ellos que los detalles sean tan perfectos? No creo que en capitolio exista un bosque y dudo mucho que hallan visitado el distrito 7, ¿acaso la tecnología les puede ayudar a entender como un bosque luce? Entonces puedo hasta oler el aroma de los pinos, el embriagante sonido del aire moviendo las hojas e incluso puedo sentir el temblor del suelo cuando un tronco cae al suelo tras ser cortado.

Caigo en la cuenta que tal vez esa sea la razón por la que los tributos se disfrazan con algo representativo de su distrito en el desfile, para que se sientan reconfortados y en casa un tiempo mas antes de que les arrebaten cada parte del traje al igual que hacen con sus hogares. A todos menos a uno. Apenas llegue a esa conclusión cuando ya estoy odiando el traje, no importa lo bella que luzca y lo increíble que pareceré ante los ojos del capitolio, lo detesto. Pero pongo mi mejor sonrisa.

—Gracias, eres asombrosa.

Y por primera vez, soy buena mintiendo.