IV
"'Cause I wonder where you are
And I wonder what you do
Are you somewhere feeling lonely,
or is someone loving you?"
Lionel Richie
— ¡Julia! —Nancy sonrió al verla de pie en el porche de los Wheeler con Dustin a su lado. Julia había conocido a Nancy en una de esas cuando Dustin era más pequeño y solía ser igual de demandante cada vez que quería ir a jugar con Mike y Lucas a casa del primero. En esas instancias ella, con una vida relativamente estable y sedentaria, podía ir más a menudo a casa de los Henderson en Hawkins.
De todos modos, no se convirtieron en las mejores amigas, pero eran capaces de reconocerse y charlar cada vez que se encontraban.
— Nancy, hey —sonrió la visitante—. Cuando Dustin me dijo que vendría a ver a Mike, supuse que podría pasar a decir Hola.
— Por supuesto, pasen —dijo Nancy, contenta, y mientras los primos pasaban al interior de la casa de los Wheeler, les comentó—. Mike está con Lucas abajo, como siempre…
Dustin miró a Julia y ella le dio un empujoncito más una mirada severa. Habían acordado en casa que debía decirles a sus amigos lo que de verdad había pasado con él esa noche y, de paso, hablar sobre Maxine con Lucas. Solo así comenzaban por arreglarse los problemas y, por mucho que le costara, Dustin terminó por aceptar el consejo y seguir adelante.
— ¿Max también está por aquí? —preguntó él a Nancy como quien no quiere la cosa.
— ¿La chica pelirroja? No, no hay chicas en casa—Nancy se encogió de hombros—. Ni chicas ni Will, creo que Joyce sigue sobreprotegiéndolo demasiado —rio luego, Dustin también.
— Oh, genial… digo, lo de las chicas, ya sabes —dijo, trabándose un poco—. Hey, Jules, ¿Me esperarás o…?
— Claro —respondió su prima—. Si es que no aburro a Nancy antes —bromeó.
Nancy hizo un gesto y frunció la nariz, negando de inmediato.
— Nah, ya ve con los chicos, Dustin —lo alentó y se llevó a Julia de un brazo hacia su habitación—. Ven. Papá y mamá no están y creo que me haría bien charlar con alguien justo ahora.
Otra más, pensó Julia, tomándoselo con humor. Al parecer, en ese pueblo todos tenían una historia que contar y ella una gran paciencia y muchos más grandes oídos para escucharlos todos. A lo mejor esa era su misión en la vida.
— ¿Muchas cosas ocurriendo en tu vida, Nance? —preguntó la rubia, dejándose llevar por la delicada mano de la joven Wheeler en su brazo.
— Muchas —se volteó Nancy, abriendo bien los ojos, misteriosa.
— La última vez que nos vimos eras tan solo una chica recatada de preparatoria que tan solo se enfocaba en estudiar muchísimo —observó cuando entraron al cuarto de la chica y se sentó en su cama, observando que muchas cosas allí habían cambiado, una de ellas era la actitud de Nancy Wheeler.
— Oh, no he dejado de lado los estudios, pero… bueno, hay un chico —la aludida se largó a reír, nerviosa y ansiosa. La ausencia de Barb le había hecho cerrarse al mundo, literalmente no tenía una amiga cercana con la que pudiera hablar sobre ninguna de las cosas que vivía, bueno, había cosas que no podía hablar con nadie excepto quienes lo vivieron junto a ella, pero lo que vive a diario, lo que siente, incluso sobre lo pesado que es un profesor o lo difícil que es un ensayo para la escuela, nada de eso lo comparte ahora. Barb era esa persona que estaba ahí siempre escuchando, quejándose con ella, riendo siempre, aconsejándola—. Y, quizás sea muy tonto para ti, pero estoy confundida y no sé con quién hablar —confesó finalmente, un poco apenada por pensar en su vieja amiga y en lo mucho que le hacía falta cuando estaba con otras personas.
— Nancy… —Julia se apresuró a demostrarle que estaba bien hablar sobre cualquier tontería, si quisiera. Dustin le había contado sobre Barb por teléfono hace mucho tiempo. Primero le había contado que una amiga de la hermana de Mike estaba desaparecida, al igual que Will, y al poco tiempo, después de que encontraran al último, le comentó que desafortunadamente Barbara estaba muerta—. Puedes contarme lo que sea, ya sabes que jamás le diría a alguien más o algo parecido, no te sientas mal.
Nancy asintió con una sonrisa enorme y pura, Julia le dio unos golpecitos a la cama para que se sentara a su lado y prosiguiera.
— Ahora cuéntame sobre ese muchacho…
— Y luego jugamos Calabozos y Dragones. Contarles todo fue la mejor decisión de mi vida, aunque faltó Will, así hubiera sido el círculo original como siempre, ¿Entiendes? —le comentaba Dustin.
Caminando a casa se la había pasado explicándole con lujo de detalle cómo les contó a sus amigos lo que había sucedido en la fiesta de invierno y todo lo demás, se había sincerado por completo y los demás lo habían comprendido y apoyado; amigos como esos no se encuentran en todos lados. Julia estaba mitad escuchándolo, mitad perdida en sus pensamientos. Mitad alegre porque Dustin volvía a ser el mismo niño histriónico de siempre, mitad ida por… bueno, muchas cosas.
Comenzando porque Dustin olvidó mencionarle que la chica que le rompió el corazón a Steve Harrington era Nancy Wheeler, quien se había enamorado profundamente de nadie más que Jonathan Byers, el hermano de Will.
Llegaron a casa y Dustin ahora le hablaba sobre Yertle. Al parecer, según había captado Julia, a su primo se le había olvidado alimentarle y es por eso por lo que apenas abrió la puerta de entrada, desapareció corriendo a su habitación. Ella mientras cerró, le puso seguro a la puerta y caminó hacia el comedor, en donde se sentó y se quedó mirando hacia la nada por un buen rato.
Necesitaban cenar, pero sus extremidades no le respondían. Le había faltado entender tanto de todo lo que le explicó Nancy.
— … pero, ¿Has sentido mariposas por todo tu cuerpo cuando estás con alguien? Eso era lo que me faltaba con Steve. Él era maravilloso conmigo, y durante un año creí que era amor lo que sentía por él, pero Jonathan… Cuando estoy con Jonathan todo se va y tengo miedo porque no, no estoy enamorada todavía, está todo recién comenzando, pero ¿Qué si esto es realmente como se siente el amor?
Suspiró, le parecía que el amor era tan cruel con los adolescentes como ella. No había podido decirle en el momento a Nancy que había conocido a Steve por ahí, aunque ocasiones no faltaron, pero simplemente se había quedado callada y había dejado que la chica continuara contando la historia como si aquel joven de cabello sedoso y peinado increíble fuera un mero personaje que Julia tendría que imaginarse a través de sus palabras.
— Quizás ella tiene razón —susurró para sí misma, hablando sola.
— No sé cómo decirle que lo siento. No sé ni cómo decirle que es Jonathan, que siempre fue Jonathan, en el fondo —Nancy bajó la mirada hacia sus manos y se miró las palmas.
Estaba consternada.
— Jules, estaba pensando que podrías hacer algo de pollo para la cena… —apareció Dustin, cargando a Yertle entre sus manos—. ¿Estás bien?
— ¿Qué quieres decir? —ella miró a su primo mientras se ataba el cabello en una coleta para comenzar a ponerse manos a la obra con la comida, como si nada pasara.
— Estás páli…
— Creo que todo pasó en el camino. Viajamos hacia el peligro y nunca, nunca lo vi dudar de continuar, excepto cuando nos estábamos conociendo, pero aún así hacíamos un buen equipo —la mirada soñadora en los ojos de Nancy lo decía todo y mucho más que sus palabras, pero poco a poco se fue apagando, y cuando volvió a hablar ni en el tono quedaba aquel sueño del que hablaba—. Y todo esto pasó sin que yo me enterara ¿Entiendes? Yo no quise que esto pasara con Steve a mi lado, yo… yo no lo merecía y él no merecía a alguien que no lo quisiera con toda su alma.
— ¿Por qué no me dijiste que Nancy y Jonathan eran quienes completaban el triángulo con Steve? —soltó automáticamente, sin dejar que Dustin finalizara la palabra que iba a decir.
Él, sorprendido, frunció el ceño y se rascó la cabeza, pero finalmente terminó por aceptar que ya lo había atrapado.
— Porque los conoces. Bueno, a Jonathan vagamente, pero sabes de quien se trata —le explicó—. Y te conozco, le hubieras dicho todo a Steve sin medirte.
— No, si hubiera querido decirle a Harrington que Nancy y Jonathan están perdidamente enamorados, rompiéndole el corazón de paso, se lo pude haber dicho sin nombres —rebatió Julia, aunque un poco insegura.
— Te conozco, Jules, tú no te involucrarías en un rumor, menos para decirle a alguien sobre personas que no sabes quienes son —Dustin le puso una mano en el brazo—. ¿Quieres que cocine el pollo yo?
Julia se removió y lo miró entrecerrando los ojos.
— No voy a dejar que quemes la cocina, pero sí que me ayudes —suspiró—. Andando, deja a Yertle por allí para que estire las piernas y lava tus manos.
— ¡Y tu las tuyas! —se quejó Dustin, dejando a la tortuga en el suelo, lejos de ellos, para que caminara por la cocina segura de no ser aplastada.
Así fue como los primos terminaron con las manos metidas bajo la regadera del lavaplatos, peleándose por quién acaparaba más agua y terminaba antes. Al final, cuando los dos se secaban, Dustin, un poco más serio, dijo:
— Si ayuda a calmar tu conciencia, puedo decirle… para que sepa la verdad.
Julia negó de inmediato.
— No es nuestro problema, Dust. Lo que sí es nuestro problema es el pollo, porque muero de hambre.
— Y yo —Dustin abrió los ojos como dos platos, exagerando con las manos.
No volvieron a hablar del tema y eso, en parte, alivió a la mayor de los dos. No le venía bien hablar sobre problemas amorosos, sobre todo porque su vida amorosa apestaba debido a lo mismo que causa todos los problemas en su vida: la constante movilidad, los cambios de escuela, de estado, de país incluso —lo cual sucedió una sola vez, a los diez años, cuando sus padres decidieron que era una buena idea irse a vivir a Australia, y tras dos años volvieron a América arrepentidos—.
¿Por qué lo único que había hecho al llegar a Hawkins era escuchar más problemas amorosos? Sí, le reconfortaba secretamente que otros tuvieran también dificultades, pero en ese pueblo todo se lo llevaban a un nuevo nivel totalmente distinto. Lo bueno es que también había logrado convencer a Nancy de hacer algo, al igual que a Dustin, y esperaba que eso no acabara con alguien con el ojo morado… nuevamente.
— Debes decirle a Steve.
Nancy frunció el ceño, extrañada y confundida. Quizás porque había rechazado hasta ese momento que eso era lo correcto y ahora Julia, alguien exterior a ese lío y todos los que hay en ese pueblo, se lo dijo a la cara, la hizo enfrentar lo que no quería.
— De todo lo que te dije, ¿Es eso lo único que me dirás? —preguntó cuidadosamente.
— No, solo es lo primero, porque creo que es lo más importante —siguió Julia, sin poder contenerlo en su interior—. Porque el silencio, las conversaciones vagas o las verdades ebrias no son correctas para terminar algo con alguien y seguir con tu camino.
— Tengo miedo —confesó Nancy en un hilo de voz, con los ojos acuosos. Había enfrentado a monstruos, a una versión horrible de su realidad, a perder a su mejor amiga, a tantas cosas, pero no podía enfrentar a Steve y con la verdad.
— Tienes suerte, Nance. A nuestra edad, todos queremos encontrar ese amor efervescente que hace que tu cuerpo se haga gelatina, al compañero de aventuras, al perfecto extraño que te enseñe cosas que no sabías de ti misma, eso es Jonathan para ti —Julia le acarició un brazo—. Solo… no le quites esa oportunidad a Steve, cierra esa puerta y, de paso, libéralo.
"Libéralo", aún después de haber disfrutado de una rica cena preparada en colaboración con Dustin, aún después de haberse puesto un pijama cómodo, después de lavar sus dientes, después de recostarse y apagar la luz. Aún así recordaba esa elección de palabras.
¿Por qué era tan importante que Nancy lo liberara? ¿Fue un consejo imparcial realmente?
¿Acaso Nancy se daría cuenta de que había conocido a su primer Romeo, y justo cuando comenzaba la cuenta regresiva para volver a casa, comenzaba a picarle algo en su interior, algo de curiosidad por él?
No.
Se volteó y aporreó su almohada con el puño hasta que le dio una forma y apoyó su cabeza sobre ella.
Tú eres una buena persona, como dice Dustin, tan solo no quieres verlo sufrir, como no quisieras ver a nadie sufrir, razonó.
Poco después se durmió.
