Todo lo reconocible pertenece a J. K. Rowling. Yo sólo lo tomo prestado.

Este fic participa en el reto Hogwarts a través de los años del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Freddie y Fred

Freddie se lleva bastante bien con su padre. Él lo mima infinitamente más que mamá; bueno, a él y a Doo-San; nunca se enfada con él y siempre tiene un rato para jugar con él o hablar de asuntos tales como qué ha hecho en el cole o por qué Molly y Minnie se han enfadado y han acabado tirándose de los pelos.

Y se ha dado cuenta de que su padre nunca está del todo contento. Aunque sonría de oreja a oreja, aunque sus carcajadas se oigan más altas que las del resto cuando se ríe, siempre hay una parte de sus ojos que no brilla, que está apagada.

Freddie no suele pensar mucho en eso. Tiene tres años, y su mayor preocupación es que a su mascota, Liana, no le falte de comer y nadie la pise sin querer, porque es un hurón muy pequeño y los adultos no suelen ir mirando al suelo al caminar.

Un día es el cumpleaños de la prima Victoire. Freddie, que no lleva la cuenta de los días, sólo sabe que cada poco tiempo papá no tiene que ir a la tienda y puede quedarse todo el día con él y Rox, pero no comprende por qué hoy Vic tendrá diez años y no mañana. A saber qué más dará, un día que menos. Como muchas veces ha oído, Freddie supone que son cosas de mayores.

El caso. Ese día, que según los mayores es el cumple de Victoire, antes de cantarle una cancioncita van a un lugar con un césped enorme y varias piedras puestas en mitad del suelo, que según los adultos se llama Cementerio de los Caídos, desde el que se ve un castillo que a Freddie le parece muy bonito, y al que, según papá, él irá cuando sea mayor. Viendo lo raros que son los adultos con lo de los días, el niño no está del todo seguro de querer crecer.

Cuando están en ese lugar, un hombre muy bajito habla de algo que Freddie no comprende. Habla de algo llamado guerra, que al parecer es una cosa muy fea, porque se llevó a muchas personas. Y el hombre dice los nombres de todas esas personas, uno por uno. Al niño, aunque el asunto le parece interesante, le aburre tanto nombre, y deja de escuchar cuando se entera de que un tal Colin Creevey (a saber quién será) también fue llevado por la guerra. Intenta soltarse de la mano de papá, pero él no le deja, y ni siquiera se inmuta cuando Freddie lo intenta con más ímpetu. Está mirando al hombre que habla de una forma muy, muy rara. Y mamá, que tiene a Doo-San en brazos, también. Freddie ve a su hermana pequeña tirándole del pelo a su madre, y lamenta que papá ya no lo lleve en brazos a todos lados, porque así él podría hacer lo mismo.

Un poco más tarde, todos van a casa del tío Bill, ésa que hay al lado de una playa bastante bonita. Por fortuna, para ese entonces papá ha decidido dejarlo libre, y Freddie puede jugar con Lucy un rato.

Sin embargo, cuando está pasando entre las piernas de papá persiguiéndola, oye algo de sus labios que le parece muy raro:

-A Fred le gustaba más la lluvia, no los días como éstos, con tanto sol.

Freddie sabe que a él pueden llamarlo de dos formas: Fred, que es como lo hace casi todo el mundo, o Freddie. Su padre es el único que siempre lo llama de la segunda manera. Él nunca ha entendido por qué, pero no le molesta. Por eso, se le hace raro oír a papá decir Fred. Y hablar como si hubiera pasado. Es cierto que a él le gustaba la lluvia antes, pero ahora también.

-Papi-lo llama, acercándose a él y tirándole del puño de la camisa. Él lo mira-. ¿Por qué hablas de mí como si ya no estuviera?

Por la forma en que se abren los ojos de papá, Freddie comprende que ha dicho algo que no debía, aunque él no comprende qué. Su padre suspira, lo coge de la mano y lo saca de la casa. Se sienta en el suelo y le indica que haga lo mismo. Freddie obedece y lo observa con curiosidad.

-¿Has oído lo que ha dicho ese hombre antes?

-Lo de la cosa ésa… la guerra-recuerda Freddie-. Que es muy fea, porque se lleva gente.

Su padre asiente.

-A ver…-suspira de nuevo-. Mira, Freddie… antes de esa guerra… desde el principio, en realidad… yo tenía un hermano. Uno más-agrega, al ver que él va a protestar-. Se llamaba Fred.

-¿Y ahora ya no se llama así?-Freddie sigue sin comprender que hable de él en pasado.

-No es eso…-por alguna razón, Freddie intuye que a papá le cuesta hablar de su hermano Fred-. A él también se lo llevó la guerra-dice finalmente.

Freddie comprende entonces que ése es el motivo de que papá nunca esté del todo contento. Que la guerra se llevó a su hermano Fred y por eso una parte de sus ojos siempre está triste. Y entiende más que nunca que la guerra tiene que ser algo muy malo, porque a papá no se le pondrían los ojos tristes por tonterías.