Capítulo 4: Un viaje.

Ella se alejaba en medio de la bruma y él no podía moverse, La sonrisa de Shunrei era amable pero al mismo tiempo indiferente, y eso era peor que el odio. "Ya no te quiero", "Ya te olvidé", frases que llegaban a sus oídos destruyéndole el alma y logrando que él, un guerrero feroz y valiente, llorara como un niño.

-Shiryu, despierta, es sólo una pesadilla.

La suave caricia de un beso lo sacó de ese ensueño horroroso, y las tibias manos de una mujer acariciaron su frente.

-Ya pasó, querido... - dijo Shunrei, abrazándolo fuerte. Shiryu se dejó abrazar, sorprendido.

-¿Shunrei? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo pasó esto?

Ella rió alegremente.

-¡Hoy es domingo! Tengo derecho a levantarme más tarde los domingo, ¿no crees?

Shiryu la miró sin entender. Ella le guiñó un ojo.

-Además, después de lo de anoche no esperarás que me levante temprano.

-¿Lo de anoche? Yo no sé...

-Silencio... - Shunrei lo interrumpió y le tapó la boca, aguardando – Será mejor que nos vistamos, los niños despertaron y vendrán a desayunar con nosotros.

-¿Niños? - Shiryu pestañeó rápido y se tapó los ojos cuando vio que Shunrei se levantaba (desnuda) de la cama y le tiraba un pijama azul con dragoncitos rosados, mientras ella se ponía una camisola roja.

-¡Mamá! ¡Papá! - se sentían las voces infantiles que clamaban la atención de los adultos. Shunrei se fijó que Shiryu estuviera presentable y abrió la puerta. Cinco pequeños se deslizaron dentro de la cama matrimonial.

-¡Papá está en casa! ¡Viva! - gritaron dos niñitas, cubriendo de besos a Shiryu. Un niño lo abrazó, y los otros dos se trenzaron en una lucha sobre sus piernas.

-¡No molesten al papá, que está muy cansado! ¡Van a tener que irse a sus habitaciones! - exclamó Shunrei, pero los chicos sabían que ella no hablaba en serio.

-Papá, ¿a cuántos demonios mataste? - preguntó el chico que parecía el mayor de todos, un niño muy parecido a él. Shiryu lo quedó mirando, incapaz de responder.

-Papá está cansado, Seiya. Hablarán después – dijo Shunrei, sacando a los luchadores de las piernas de Shiryu.

-Bueno – el chico miró alegremente a su padre y volvió a abrazarlo – Me alegra que estés bien. ¡Pero tú siempre vuelves bien, papá! ¿Vamos a entrenar esta tarde?

-Sí... - contestó vacilante Shiryu. El chico dio un salto sobre la cama y aterrizó sobre su hermana, que lo acusó llorando a su padre. La otra hermana estaba haciendo trencitas con el cabello de Shiryu, mientras los hermanos pequeños continuaban su lucha en otro lado de la cama.

-Voy a traer el desayuno – anunció Shunrei. El chico mayor y una de las niñas se ofrecieron a acompañarla.

-Papá, nunca te cortes el pelo, es mejor peinarte a ti que a mis muñecas – dijo la niña que se había quedado con él. De pronto dejó de peinarlo y miró a sus hermanos – Creo que deberías detener a los gemelos, ya se están sacando sangre.

Shiryu se levantó y apartó a los pequeños que se miraban con profunda furia, alzándolos en vilo por la cintura.

-Saga y Kanon no aprenden – dijo la niña, mirándolos con infantil gravedad.

-¡Él empezó! - gritaron los gemelos al tiempo - ¡Me quitó mi robot!

-El robot lo tengo yo – dijo la chica sonriendo – es que me gusta ver cómo se pelean.

-¡Lily es mala! - dijeron los gemelos. Se sacudieron hasta que se soltaron de las manos de su padre, luego empezaron a correr imitando el ruido de un tren.

-¡Sí! - dijo la niña - ¡El tren! ¡Juguemos al tren, papá!

-¿El tren? - preguntó Shiryu. Los gemelos se le colgaron de las piernas.

-¡Papito, el tren! - pidieron, mirándolo con sus ojitos implorantes.

-¡El tren después del desayuno! - el anuncio de Shunrei salvó a Shiryu, que no tenía idea del tren al que se referían. Los gemelos se sentaron en la cama con cara de ángeles y la niña empujó a Shiryu a la cama, para sentarse al lado de él y aprovechar de seguir con el trenzado.

-En honor a papá, tenemos helado para el desayuno – dijo Shunrei. Los gemelos aplaudieron con alegría total.

-Antes de comenzar el desayuno, mamá debe darle un beso a papá – dijo la niña mayor, poniendo cara de romántica.

-¡Sí! - aprobaron todos - ¡El beso, el beso, el beso!!!

Shunrei se colocó frente a Shiryu y cerró los ojos, lista para besarlo. Shiryu se fijó, por primera vez, que Shunrei tenía una cicatriz en la frente. ¿Y cuándo se había cortado el pelo?

¿Y desde cuándo que se parecía tanto a Ikki?

-No intentes besarme – dijo Shunrei, mirándolo amenazadoramente, pero ahora tenía la voz de Ikki – Te dije que el opio era fuerte, pero tú no me hiciste caso. Y si me besas, te mato.

Shiryu cerró fuertemente los ojos, intentando recuperar la fantasía casi perdida. Pudo ver por última

vez a sus cinco hijos que se disolvían rápidamente en la nada, sin dejar de sonreír.

-Te advertí que los efectos del opio podían ser peligrosos, pero tú no me escuchaste. Te dije que te harían sufrir.

-Fue maravilloso – repuso Shiryu, intentando recordar cada detalle de la fantasía que le había sido regalada. Una vida en familia junto a Shunrei.

-¿Te gustó el viaje? - preguntó Ikki.

-Sí, aunque vi lo que perdí por mi estupidez. Cada vez me convenzo más de que tú tenías toda la razón. Fui un imbécil.

-Pensé que la droga te ayudaría a olvidar. Lo siento, Shiryu. Aunque debo reconocer que a mí tampoco me ha ayudado a olvidar.

-Pero tú no quieres olvidar – dijo Shiryu.

-Es verdad, no quiero olvidar... pero cuidado, Shiryu, no te hagas adicto, a mí ya me pasó. La tentación de vivir en la fantasía es demasiado fuerte.

-Puede ser... - murmuró Shiryu, pensativo.

-Vamos, dragón, arriba ese ánimo – dijo Ikki, dándole una mano a Shiryu para que se levantara – dentro de unas horas llega mi hermano y entre él y Hyoga podrán darte mejores consejos que yo.

-Claro – respondió Shiryu, aún distraído -...oye – agregó después de un rato -, ¿esa cosa... opio, te muestra lo que podría haber sido, o sólo... son ilusiones?

-Algunos dicen que muestra realidades alternas – respondió Ikki – es decir, lo que viste es verdad en un universo paralelo.

-Interesante... - dijo Shiryu.

Esa tarde llegó Hyoga de su viaje a Timbuctú. Después de saludar a Saori, se juntó con los chicos en un bar para conversar sobre el problema de Shiryu.

Éste no se demoró mucho en contar el asunto, y se sintió muy incómodo al ver que Hyoga no le contestaba nada.

-Bien, ya te dije todo. Dime qué opinas – pidió Shiryu.

-Estoy pensando – respondió Hyoga -. Lo que me cuentas no tiene pies ni cabeza. Primero, no entiendo cómo no te diste cuenta hace quince años que querías estar con ella.

-Ya te expliqué, era para protegerla. Para que no sufriera por mí, y que pudiera llevar una vida normal.

-Pues lo lograste. Ella se casó y lleva una vida normal.

-Pero está separándose de su marido, no es feliz con él, él la dejó por otra.

-¿Y qué? - Hyoga podía congelar con la mirada, y Shiryu se dio total cuenta en ese momento – Separaciones, engaños, traiciones, infelicidad, todo eso es parte de la vida normal, la que tú elegiste para ella.

-No seas tan duro, Hyoga... - pidió Ikki, conmovido por el rostro triste de Shiryu.

-¿Por qué no? Al parecer, él fue igual de duro con Shunrei cuando la dejó. Todos te envidiábamos, Shiryu – continuó Hyoga pensativamente, mirando su vaso – tú eras el único que lo tuvo siempre todo y que jamás se dio cuenta: un maestro cariñoso, una mujer que te amaba, ausencia de traumas emocionales: la vida por delante. Pudiste haber hecho la elección correcta pero tuviste miedo, perdiste tu oportunidad y ahora quieres recuperarla. Lo siento, pero pienso que no mereces una mujer como Shunrei. No te mereces a ninguna, a menos que dejes de ser un cobarde y pensar sólo en ti mismo.

-¿Yo, un cobarde? - ya era demasiado para Shiryu - ¿Yo, un cobarde? ¿Quién te salvó el pellejo mil veces, Cisne?

-No me refiero a esa cobardía. Tu capacidad de salvar vidas ajenas es encomiable, además tu desprecio por tu propia integridad física es completamente admirable. Pero al mismo tiempo, ¿no sientes cierto gusto en arriesgar tu vida? Así no te ves obligado a enfrentarte a lo que sientes. Ahora que lo pienso, quizás dejaste a Shunrei hace quince años porque realmente no la amabas lo suficiente.

-¡Pero si precisamente la dejé porque la amaba, para protegerla!

-Quizás no la amabas a ella, sino la idea que tenías de ella. Amabas el amor que ella te tenía. Un amor que no podría haber soportado la convivencia diaria. Apuesto que has sido muy feliz estos quince años pensando en lo noble que fuiste.

-Tonterías – dijo Shiryu, algo inquieto.

-Si tu amor hubiera sido sincero jamás la hubieras dañado con el pretexto de protegerla. Pero claro, una vez más el Dragón se sacrificó por los otros.

-Por favor, cállate.

-Si el Dragón hubiera descendido a amar una mujer mortal, habría perdido su divinidad. Por eso no hiciste lo único lógico: dejarlo todo por ella.

-¡No era lo único lógico! Ella y yo podríamos haber sido felices, yo como guerrero y ella como mi esposa. Me equivoqué y lo lamento, pero...

-Pero la perdiste. Y ahora quieres recuperarla, ¿por qué? ¿Para volver a renunciar a ella cuando pienses que es lo mejor para todos? No, Shiryu; yo no te ayudaré en eso.

-Tú tampoco te has casado – dijo Shiryu.

Hyoga rió amargamente.

-Creo que mi complejo de Edipo espanta a las mujeres respetables – respondió -, pero no me importa, jamás he amado tanto a una mujer. Tengo lo que necesito y no me quejo.

Ikki y Shiryu se miraron.

-Entonces tu consejo es no hacer nada – dijo Shiryu.

-No, mi consejo es que te arriesgues por ella. Pero yo no te ayudaré. A menos que note que de verdad dejarás todo por ella. Si no, no vale la pena. Será tu última batalla, más vale que la ganes. Ahora dejemos el tema.

Ikki y Hyoga se fueron a otro bar a seguir con la parranda, mientras Shiryu decidía volver a la mansión a pensar en las palabras de Hyoga.

Cuando pasaba al lado de la habitación de Ikki, la curiosidad pudo más y entró.

No le costó encontrar más del opio que Ikki le había proporcionado en la tarde.

Recordaba cómo lo había preparado. Tomó una pequeña dosis y...

-¡Shiryu, Shiryu, desperta! - dijo Shunrei, remeciéndolo. Shiryu abrió los ojos y ella sonrió.

-Te quedaste dormido antes de que mamá te besara – dijo uno de los gemelos, riendo.

-Como la bella durmiente, pero al revés – dijo la chica menor.

El hijo mayor trató de sonreír, pero su mirada denotaba preocupación.

-Papá... creo que te desmayaste de nuevo. Mamá está preocupada, creo que deberías ir al médico – le susurró al oído apenas pudo.

-Sí... Seiya – Shiryu sonrió, pensando que ese "yo" de la otra dimensión, universo paralelo, sueño, o lo que fuera, había atinado totalmente al elegir el nombre para su hijo mayor.

El desayuno fue igual de movido que el resto de la mañana. A eso de las once, Shunrei, que había notado lo soñoliento que estaba Shiryu, insistió en que los chicos salieran para que papá pudiera dormir. Los chicos menores reclamaron, pero los mayores aceptaron el consejo y ayudaron a desalojar la habitación, después de dar un beso a su padre.

-NO tengo sueño, juguemos al tren – dijo Shiryu, pero bostezaba sin poder evitarlo. Shunrei le dio un beso y lo obligó a arroparse.

-Te despertaré para el almuerzo – le prometió antes de dejarlo.

-No quiero dormir – murmuró Shiryu, y al abrir los ojos se encontró con la fría mirada de Hyoga, que estaba de pie junto a él, en la habitación de Ikki.

-Esta habitación apesta a opio. Yo también caí en eso, Dragón; te aseguro que nada es real.

-No sé de qué hablas – mintió Shiryu.

-Parece que fuera otro mundo, e incluso a veces es como si estuvieras más vivo allá que acá. Pero son sólo ilusiones de tu mente. No dejes que te atrape.

-Métete en tus asuntos – respondió Shiryu, saliendo de la habitación de Ikki.

A l mañana siguiente la tensión entre Hyoga y Shiryu era palpable. Ikki los ignoraba a los dos, pensando que ambos eran unos idiotas.

-Voy a ver a Shunrei – anunció Shiryu después del desayuno.

-¿A la real? - preguntó Hyoga. Ikki se puso serio.

-¿Cuál otra hay? Veré si acepta hablar conmigo. Es lo que debí hacer desde el principio – dijo Shiryu.

-Supongo que la Shunrei del ensueño es más amable – dijo Hyoga.

-¿A qué se refiere Hyoga? ¿Acaso volviste a tomar de lo que yo te pasé? - preguntó Ikki, inquieto.

-Así que tú lo volviste adicto... - repuso Hyoga, mirándolo severamente.

-No soy adicto – se defendió Shiryu – Sólo lo he tomado dos veces, nada del otro mundo.

-Dos veces en menos de un día es demasiado – dijo Ikki -, ni siquiera yo en mis peores épocas fui así.

-Ambos están exagerando – dijo Shiryu -. Me voy.

Y aunque iba con la mejor voluntad del mundo, no encontró a Shunrei, que estaba en su primer día como vendedora de flores.

Habían sido dos días muy buenos para ella. El mejor fin de semana en años. Primero se reencuentra con su vieja amiga Miho, luego consigue un nuevo empleo, cambia el look, y el domingo estuvo todo el rato en un spa, con masajes y baños turcos, que la dejaron sintiéndose como nueva.

Además, el dueño de la florería, el amigo de Eri, tenía un hijo muy amable.

Y ahí estaba ella, en la florería, riéndose como una adolescente con Derek, el hijo del dueño, un amable muchacho de veinticuatro años.

-¡No puedes hablar en serio! - le dijo ella.

-Claro que sí. Se tomó todo el barril de cerveza y después ni sabía dónde estaba parado. Insistía en conducir y nosotros le decíamos que su auto estaba en el taller, pero él no creía... lo metimos en un taxi y al día siguiente amaneció botado en la playa.

-¿Y tú no tomas?

-Yo soy más maduro que esos jóvenes – respondió él, dándose ínfulas.

Había ido a la florería por orden de su padre, para conocer a la nueva dependienta. Él trabajaba medio tiempo en el lugar, cuando necesitaba dinero extra, o cuando su padre quería castigarlo. Pero esta mañana, trabajar en la tienda no era un castigo, al contrario. La nueva vendedora era lo mejor que había visto en su vida.

-Pues yo nunca he ido a una de esas fiestas de las que tanto hablas – dijo ella, mirando por la ventana y pensando en cuántas cosas se había perdido sólo por esperar una señal de él, de Shiryu.

¿Qué estaría él haciendo ahora? Entrenando, como siempre. Él se refugiaba en la actividad física cuando algo lo molestaba, ella lo recordaba bien. Pero, ¿habría sido sincero cuando la besó? ¿Qué intenciones tendría realmente?

"Quizás debí haberlo dejado explicarse mejor..." - pensaba Shunrei, sin escuchar realmente al chico que continuaba hablando entusiastamente de la última fiesta a la que había asistido.

-... y si quiere, podemos ir juntos – dijo Derek,

-¿Qué? - preguntó Shunrei, parpadeando.

-Que este viernes hay una fiesta en casa de una amiga, podemos ir si usted quiere.

Ella sonrió con ternura. A su pesar, él enrojeció.

-NO tengo con quién dejar a mis cuatro hijos.

-Pues... - era difícil decir las palabras – su marido puede cuidarlos.

-No, no creo; verás, estamos separándonos y no estará en casa.

Derek sintió que el "aleluya" era cantado por ángeles en su conciencia. ¡Ella era separada! Entonces, era alcanzable.

-Entonces quizás yo podría ir el viernes a su casa.

Las alarmas de Shunrei se prendieron.

-No, no es muy buena idea. Quizás otro día. Mira, un cliente – y muy aliviada se puso a atender a un caballero, ignorando totalmente que Shiryu rodeaba su casa llamándola y pensando que ella lo estaba evitando.

Shunrei no estuvo en su casa en todo el día. Volvió a la tarde, a tiempo para recibir a sus hijos que volvían del campamento con su padre. Venían muy emocionados y no dejaron de hablar de lo bien que lo habían pasado, y de lo simpática que era la amiga de papá.

Bueno, no todos estaban tan emocionados; Bao, el mayor, estaba muy molesto.

-No entiendo por qué tú no podías ir – decía – esa mujer dejaba que los niños hicieran lo que se les antojara. Nadie los cuidaba, sólo yo. Papá estaba de acuerdo con lo que ella decía y hacía callar a la abuela cuando nos decía algo.

-No hables mal de la señorita Minako, ella sólo quería ser amable – la defendió Chen.

-Cállate, Chen, no sabes lo que dices – lo retó Bao.

-No discutan – ordenó Shunrei -, no creo que sea bueno hablar de la señorita Minako si ella no está aquí. Ahora vayan a dormir, es tarde y mañana hay clases. Ya perdieron un día de escuela, chicos.

Los acostó y fue a hablar con Kito; para su sorpresa, él no se mostró molesto por la decisión de Shunrei de comenzar a trabajar.

-Creo que una actividad fuera de casa será muy beneficiosa para ti – le dijo -. Ya te ves mucho mejor, hasta pareces más joven.

-Gracias – ella sonrió -; es que este fin de semana pasaron muchas cosas, aprendí mucho.

-Me alegro. Shunrei, aunque lo nuestro no haya resultado, deseo que seas feliz. De verdad.

-Yo también, Kito. Te deseo lo mejor.

Se despidieron amigablemente. La madre de Kito se había retirado a descansar, agotada por el trabajo del día. Ella también les deseaba felicidad a los dos, pero... para ser sincera, no aguantaba a esa tal Minako.

Shunrei era mucho más dulce y manejable.

A la mañana siguiente Shunrei y su suegra despacharon a los niños para el colegio y Shunrei se fue a trabajar. Así que fue Tai, la suegra, quien recibió a Shiryu cuando éste fue hacer su visita diaria.

-¡Albricias, buen mozo! - le dijo – Pero la paloma ya ha volado del nido.

-¿Que?

-Shunrei no está. ¿Algún mensaje?

-No, este... ¿Por qué cree que vengo a ver a Shunrei? Ella es una mujer respetable, nosotros jamás...

-No, no dudo que ustedes jamás... si me queda claro que su fuerte no es la decisión, señor Shiryu. En fin, en gustos no hay nada escrito. Sí lo sabré yo. Buenos días, le diré que vino. Adiós.

Cerró la puerta en las narices de Shiryu, dejándolo muy confundido y con ganas de hacer otro "viaje" con esa plantita que tenía Ikki. Pero se contuvo. Esa tarde llegaba Shun, y estaba casi seguro de que Shun sería más comprensivo que los demás.

Continuará...

Hola!!! ¿Cómo están? Pues yo aquí, casi sin internet!!!! Es tremendo, uno se acostumbra a esas comodidades y cuando se cae... guácatela.

Gracias por los comentarios chicas, y ¡mil perdones! por poner a los santitos medio adictos, pero la idea me quedó rondando en la mente y la usé. Como que me acordé de esa película de Johnny Depp donde es adicto al opio. (Me encanta Johnny)

Nos vemos!!!