Disclaimer: La Saga de Crepúsculo y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer. No escribo fics con animos de lucro, sino para recreación.


CAPÍTULO IV

Fin del Juego

(Bella POV)

Avanzamos por entre los árboles mientras la luz huía del cielo; otra vez la implacable oscuridad se apoderaba de todo lo que nos rodeaba. Con cada zancada de Seth, parecía que voláramos por el bosque, pero a pesar de sus esfuerzos, pronto pude escuchar los ladridos y las pisadas de los lobos que venían tras nosotros. Seth derrapó sobre un costado y cambió bruscamente de rumbo, acelerando hasta más no poder.

Por momentos me era muy difícil ver por dónde íbamos, pues una densa capa de nubes cubría la luna de vez en vez, hasta que el cielo se cubrió del todo, el aire se volvió cada vez más frío y una espesa niebla empezó a levantarse del suelo y a envolver todo cuanto hallaba a su paso.

El lobo que me llevaba a cuestas comenzaba a fatigarse y a resoplar; le pedí que parase a recuperar el aliento, pero me ignoró y siguió corriendo hasta que cruzamos el río. En ese punto se puso a gimotear y se detuvo poco a poco. Miraba en todas direcciones mientras hundía nervioso las patas en la tierra húmeda. Estuve segura de que nos tenían rodeados cuando Seth dejó escapar un gruñido que pretendía ser amenazador y se le erizó la pelambre del lomo.

Decidió dar marcha atrás y, sin dejar de escudriñar el bosque, desanduvo el camino cruzando nuevamente el río hasta llegar a la casa abandonada. Me dejó en el piso y se puso en guardia a unos cuantos metros delante de mí.

Era el fin.

Nos habían atrapado.

Seth agachó la cabeza y se apoyó en sus patas, preparándose para la embestida. Oía el entrechocar de las mandíbulas de nuestros perseguidores al gruñir y ladrar esperando la orden de ataque.

Finalmente, dos lobos gigantescos saltaron de entre la espesura, dejando tras de sí jirones de niebla y lanzándose sobre mi protector. La lucha se desató y yo, impulsada por el miedo y el instinto, busqué refugio dentro de la ruinosa casa.

El aire frío me cortaba el rostro, la niebla se hallaba también dentro del edificio.

—Qué gusto verte otra vez, Bella —dijo una voz glacial a mis espaldas.

—Carlisle —susurré llena de pánico.

—¿Por qué tenías que complicar las cosas de ese modo? —se lamentó—. No te das cuenta que no puedes escapar de nosotros.

Al decir esto, aparecieron como salidos de la nada los dos hermanos rubios y se colocaron a sus flancos. Yo los miraba petrificada.

Di un paso atrás en un reflejo involuntario.

—No hay salida —me advirtió—. Puedo oler tu esencia, puedo oír los latidos de tu corazón; no importa a dónde vayas, mientras estés con vida, puedo cazarte.

Miré hacia afuera, al bosque.

—No, no. Él ya no podrá ayudarte —dijo Carlisle, adivinando mis pensamientos.

—¿Qué quieres de mí? ¿Para qué me tenías allí encerrada? —pregunté desesperada.

—Tenía grandes planes para tí. Ibas a ser muy útil en mis experimentos y tal vez no hubiera tenido que matarte —hizo una pausa, para luego añadir—: Pero eso ya no importa, lo echaste todo a perder y ahora es el fin. Se acabó el juego.

En un parpadeo estuvo a centímetros de mí, sonreía dejando al descubierto sus afilados dientes y en sus ojos rojos brillaba la satisfacción. Sentí sus manos frías en mis hombros, cerré los ojos con todas mis fuerzas y grité como nunca lo había hecho.

Esperaba sentir la ponzoña ardiendo en mis venas, pero en su lugar sólo di de espaldas contra el suelo de madera. Una resonante carcajada llenaba mis oídos. Abrí los ojos lentamente y noté que había mucha luz, era de día. Carlisle estaba frente a mí, mirándome con la confusión marcada en el rostro, tenía sus dorados ojos abiertos como platos y un brazo medio extendido hacia mí. Totalmente inofensivo.

Confundida yo también, miré a mi alrededor en busca del origen de la risotada. Sentí alivio y furia al mismo tiempo cuando lo vi: sentado junto a Jasper y con un grueso libro sobre las rodillas, estaba Emmett riéndose a mandíbula batiente.

Carlisle se acercó a mí y yo retrocedí tontamente.

—Bella, ¿estás bien? Sólo ha sido un sueño —me aseguró.

Lo miré medio aturdida, pero finalmente me tranquilicé.

—¡Pesadillas al puro estilo Emmett! —se regodeaba el enorme vampiro mientras Carlisle me ayudaba a ponerme de pie.

Rosalie y Esme entraron al despacho en el que nos encontrábamos, seguramente atraídas por el horrendo grito que pegué. Esme vino a mi lado y me abrazó con ternura, me sentí avergonzada.

—Bella, cielo —dijo, y luego interrogó a su marido—: ¿Qué pasa aquí?

—Llegué a casa y encontré a Emmett leyéndole cuentos de terror, al parecer para provocarle pesadillas —dijo esto lanzando una mirada severa a su gigantesco hijo.

—Pero si fue sólo una broma —se defendió Emmett—. A que fue divertido, ¿o no, Bella?

—Claro, convertir a Carlisle en un monstruo asesino siempre es divertido, hermano —se burló Jazz—. Paga. Veinte grandes.

—Inmaduros —rezongó Rosalie y salió de derecho por la puerta con paso firme.

—Te has pasado, Emmett —le riñó su madre.

—No es culpa mía que la chica tenga tanta imaginación, debes darle algo de crédito. La hubieras oído hablar en sueños —no se aguantó la risa al final de su discurso y Jasper se le unió de buena gana.

Se me pusieron las mejillas coloradas.

—Espera a que Edward se entere de esto —le amenazó Esme antes de dirigirse a mí con un tono más sutil—: Vamos, cariño. ¿Quieres algo de beber?

—Eh… sí, creo. Gracias. Pero no hace falta que se lo digan a Edward, no es gran cosa.

—Eres muy amable, Bella —intervino Jasper—, pero una buena zurra no le vendría mal a Em, se lo merece. Seguro Edward querrá ajustar cuentas.

—Ya veremos quién ajusta a quién —rió Emmett entusiasmado.

Al ver mi cara de preocupación, Esme añadió:

—No les hagas caso, amor. Así son todo el tiempo.

—¿Cuánto quieres perder? —oí que Jasper retaba a Emmett.

—No más apuestas, ustedes dos. Y ahora, por favor, salgan que tengo que trabajar —les ordenó Carlisle —. Una vez más, discúlpalos, Bella.

—Sí, sí, por supuesto —repuse—. Y a todo esto, ¿dónde está Edward?

—Alice le pidió que la acompañara a la ciudad, volverá en un rato —respondió Esme—. Aunque ahora que lo pienso, seguro ella tuvo algo que ver en este lío.

Esta vez fue Jazz el que lanzó una sonora risotada mientras bajaba las escaleras con una mano en el hombro de Emmett. Inevitablemente yo también me reí, no podía enojarme en serio con ellos, después de todo, no había sido más que una de las tantas locuras de Emmett. Tal vez debería irme preparando para el futuro.


NOTA:

Este fic nació literalmente de mis pesadillas. Fue muy divertido y emocionante escribirlo, pero también fue todo un reto. Por ello, quiero agradecer a todas esas fuentes de inspiración que me ayudaron a lo largo del proceso.

Primeramente a L'Arc-en-Ciel y la maravillosa voz de Hyde, que le dio color a esta historia. Igualmente a Evanescence, en particular la canción Haunted (demo version), a Bram Stoker y su eterno Dracula; a mi Witch, Karrie; y por supuesto a Stephenie Meyer por haber creado a los personajes que tanto amamos.

Espero que les haya gustado.

Un beso,

Mary Alice B.