Enmendar los errores requiere identificar las causas por las que se han cometido. Es esencial analizar si detrás de ellos se esconde un pasado sinuoso. Podemos arrepentirnos por haberlos hecho o volver a repetirlos, pero nunca borrarlos, porque gracias a ellos aprendemos algo nuevo. Nada justifica las faltas graves, pero que vuelvan a ocurrir no es una opción.

Poco a poco un corazón congelado comienza a derretirse. Éste es capaz de atravesar los obstáculos que se han generado en su camino, pero una persona puede ser la clave para que ocurra un verdadero cambio en él. Sólo basta una oportunidad.


Disclaimer: En general todo pertenece a Disney y a los respectivos creadores de la historia, todo aquello que reconozcan no me pertenece. Siéntanse libres de dejar una queja si el empleo de ellos no es el correcto.


Aclaraciones: Post-Frozen. Pre-Fiebre. Helsa-Hansla-Iceburns. Leve mención de Kristanna. Trato que los personajes sean lo menos OoC posible. ¡Disfruten!


Paso a paso

Capítulo 3


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Día 15

-¡Hola! -le saludó el muñeco parlante mientras limpiaba la acera frente a las puertas del castillo. Llevaba dos horas haciendo la tarea que consideraba tonta, ¡la gente caminaría por ahí de todas formas!

El muñeco aclaró su garganta.

-¡Me llamo Olaf y me gustan los abrazos! -continuó el pequeño.

Hans siguió tallando el suelo gris.

-Aunque hayas hecho algo malo, a mí me gusta hacer amigos. Tú no tienes ninguno, ¿quieres que seamos amigos?

Anna y Kristoff pasaron por ahí, él vestía sus habituales ropas y ella un vestido azul claro de mangas cortas, ya que era un día relativamente agradable.

-Déjalo Olaf, no vale la pena, ¿quieres venir con nosotros al bosque? -dijo Anna y el rubio sólo observó el intercambio de forma curiosa, mostraba una sonrisa socarrona.

-¡Nos vemos! -exclamó el muñeco de nieve y el reno que, recién reparaba iba con ellos, le quitó la zanahoria de su nariz.

-Saludos, Hans -agregó Kristoff para desconcierto de Anna. Hans sólo se encogió de hombros y observó al rubio decir con los labios un 'te lo dije'.

"¿Es posible que se dirija al reno?" pensó el pelirrojo con confusión y burla.

Los cuatro comenzaron a avanzar en dirección desconocida.

-¡¿Qué fue eso?! -escuchó a la joven peli naranja preguntar mientras se alejaban.


Anna caminaba en silencio por el bosque, pensando en las palabras de sus acompañantes.

"Olaf tiene razón, Hans no tiene más amigos que Sitron, y es natural en él querer ser amigo de todos", rodeó una roca y observó a Sven jugar con su amiguito, miró al rubio a su lado.

"Quizá no tomó las decisiones correctas y tiene muchos defectos. Pero nada se pierde dándole una oportunidad, nunca sabes lo que uno hace cuando creemos que nadie nos ve", fueron las palabras que le dijo momentos atrás.

-¿En qué piensas, Anna? -preguntó el recogedor de hielo mientras se sentaban en el pasto. Se apoyaron en el tronco de un árbol, dejaron las piernas alargadas y cruzaron sus tobillos.

Movió su cabeza y sus cabellos anaranjados se agitaron.

-Nada, sólo observaba a los dos jugar -respondió-. ¿Qué quieres hacer?

Reposó su cabeza en el hombro de Kristoff. Por el momento dejaría sus pensamientos a un lado.

Pero ya observaría de cerca a su 'ex prometido'.


Hans reflexionó en las acciones del muñeco de nieve, que no se rendía en pedir abrazos. Muy dentro de sí tenía inmensurables ganas de aceptar la pequeña muestra de afecto, pero sólo era muy en el fondo que lo quería.

En momentos como ese anhelaba los esporádicos abrazos de su madre.

Ella era una mujer muy amorosa, nada parecida a su padre, que debía ser fuerte como gobernante de una nación. Su madre, la bendecida reina Iona -en referencia al significado de su nombre y por haberle dado trece herederos varones a su rey-, era admirada por todo su pueblo. Fue la hija de un duque irlandés y muy joven se vio casada con el heredero al trono de las Islas del Sur, que no pudo más que enamorarse de la mujer maravillosa y ser correspondido. Casi había muerto en su último parto y ocho años después lo hizo, pues no se recuperó del todo tras su nacimiento.

Eso no significaba que no la recordara.

Ella debía repartir su tiempo fuera de cama con todos sus hijos, pero a todos los quería por igual, aunque nunca pudo hacer algo para unirlos a todos y él, al ser el menor, fue el menos beneficiado. Lamentablemente, ninguno de sus vástagos heredó su preocupación por los otros y, aunado al gran tiempo que pasaban al lado de su padre o hermanos, se entendía por qué incluso tres de ellos le ignoraron durante dos años.

Había momentos en que la recordaba y extrañaba enormemente, la piel blanca, su sonrisa amable, sus cabellos castaños claros y sus ojos. Los mismos que veía en el espejo todos los días.

Ya eran muchos años desde su muerte.

Nunca olvidaría las palabras que le dijo unas horas antes de que ocurriera.

"Tú eres muy especial, Hans, en el momento en que te tuve entre mis brazos lo supe, no podía morir, eras mi pequeño pelirrojo, el único entre todos mis hijos. Harás cosas magníficas, pero como hijo de tu padre te equivocarás en el camino. Deberás aprender a no hacerlo. Dondequiera que esté, me sentiré orgullosa cuando enmiendes cualquier mal que hagas, los errores que cometas. Pequeño, me temo que sin mí estarás solo, pero llegará el día en que alguien estará a tu lado, no le dejes ir. Te quiero, Hans"

Recordaba que como irlandesa creía que ser pelirrojo era de buena suerte.

"Que equivocada estabas, madre", pensó.

No había hecho nada bueno, toda su vida quiso encajar, hacer cosas especiales, triunfar y todo para terminar como ese momento.

-Fregando suelos -dijo en voz baja.

Sin embargo, una parte de él creía que le había decepcionado en su estancia anterior en Arendelle.

Si tan sólo conociera la respuesta.


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Día 16

-¡Hola! ¡Soy Olaf! -dijo.

-Y te gustan los abrazos- completó el pelirrojo frente a sí. Martillaba un letrero en la librería del pueblo. Dos de sus dedos ya se habían visto afectados pese a que llevaba utilizando el objeto por dos semanas.

-¡Así es! ¿Te gustaría uno? -extendió sus brazos. Hans era demasiado orgulloso, siempre que le observaba notaba que se moría por un poco de atención y afecto. ¡¿Por qué no aceptaba sus abrazos?!

Claro que era muy distinto a su deseo de ser rey, pero era mucho más sencillo sólo aceptar su abrazo.

-No -respondió escueto el de las Islas del Sur.

-¿Y quieres ser mi amigo? -preguntó con ilusión.

-Ve a molestar a alguien más -contestó sin mirarlo.

Olaf sonrió, ese día lo dejaría, pero insistiría después. No descansaría hasta que el aceptara ser su nuevo amigo.


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Día 17

-Hola Olaf, no, no quiero un abrazo y tampoco quiero ser tu amigo -dijo Hans al ver que se acercaba el susodicho. Continuó encuadernando el libro de recetas de una anciana del pueblo.

El pequeño se encogió de hombros y respondió: -Okay -alargó la o-, nos vemos después.

Hans suspiró.

-Veremos quién se cansa primero.

Introdujo nuevamente la aguja en el papel.


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Día 21

Elsa contempló el retrato de sus padres con tristeza, habían transcurrido tres años de su fallecimiento y los extrañaba como nunca. Claro que tenía a su hermana, a Olaf, a Gerda, a Kai, a Ang, a los demás sirvientes, incluso a Kristoff, pero nada se comparaba con la presencia de sus padres.

-Si tan solo estuvieran aquí -llevó su mano al borde inferior del cuadro.

-Hola Olaf -escuchó la voz de Hans fuera de la biblioteca, si no recordaba mal, él arreglaba algunas armaduras descompuestas por Anna.

-¡Hola Hans! -respondió su pequeño amigo con la emoción de siempre, sonrió.

-¿Te puedo dar un abrazo? -preguntó tras unos segundos, rió en voz baja, se imaginó a Hans incómodo.

-No, gracias, en otra ocasión -contestó él para asombro suyo. Dejó su lugar frente al cuadro y se acercó a la salida, la puerta entreabierta le permitió ver el intercambio. Hans sonreía levemente. Increíble. Su amiguito era fascinante.

-¿Y quieres ser mi amigo? -el muñeco alzó sus manos y sus ojos lucían esperanzados.

-Tú ganas, Olaf -no reconoció el tono de voz del joven de las patillas.

Olaf comenzó a cantar, Elsa sonrió desde su escondite.


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Día 25

-¿Puedo pedirle algo, su Majestad? -le cuestionó a la rubia antes que asegurara la puerta de sus aposentos.

-¿Hay algo que necesites? -preguntó la reina de Arendelle.

-No es para mí, su Majestad, pero me temo que mi corcel se encuentra un poco abandonado desde mi llegada y quería pedirle, si no es gran molestia, si podría tomar algunos momentos a la semana para dedicárselos a él -se preparó mentalmente para la negativa. Concedérselo significaría un gran privilegio, por el cual no debería siquiera preguntar. No era un invitado en el castillo, era un sirviente.

Elsa pareció pensarlo unos segundos y la poca iluminación de la habitación le permitió distinguir una pequeña sonrisa en su rostro. Algo dentro de él se removió, pero no indagó más allá.

-Claro que puedes, Hans. ¿Sólo era eso? -respondió con voz melódica.

-Sí -agregó rápidamente. Antes que se arrepintiera. Quiso alzar sus brazos con emoción. ¡O esa mujer era muy ingenua o era un ángel!

Ella le observó unos segundos y le pareció percatarse que sus pequeños hombros se encogieron.

-Me retiro entonces, duerme bien Hans -le deseó la reina.

-Usted también -respondió por primera vez en todas las noches que llevaba ahí. Cuando ella salió, apagó la vela de su lámpara y se quedó concentrado en sus pensamientos.

No entendía por qué ella no era vengativa.


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Día 29

Se acercaba el otoño, lo que significaba que las temperaturas comenzarían a descender. Todos en Arendelle ya tenían preparadas sus ropas para esas fechas, el verano pasado les había servido como experiencia, excepto una persona.

El pelirrojo que acariciaba el pelaje marrón de su caballo.

Le observó desde una ventana dentro del castillo, ese joven le había agradado cuando llegó, era un caballero, inteligente e incluso divertido, perfecto para cualquiera de sus niñas.

Pero después mostró sus verdaderos planes.

Le pareció una lástima. Sin embargo, a lo largo de esos días pudo presenciar el contacto que tenía con los otros, su forma de actuar e incluso de hablar. Había hecho progresos pequeños, pero significativos.

-Espero que sea para bien, chico -reveló la mujer de cabello oscuro.

Tras unos momentos de calcular las medidas correctas, sonrió.

Decidió que haría bien en buscar un poco de tela y confeccionarle algo.

"Muy buena idea, Gerda", se dijo.

Dio media vuelta pensando en los colores adecuados.


Hans le entregó una manzana a Sitron y éste la disfrutó enormemente, extrañaba el tiempo con su único amigo.

No.

Ahora tenía otro, el que se acercaba a él oliendo una flor amarilla, estornudando al mismo tiempo.

-¡Hola Hans! ¡Hola Sitron! -dijo el muñeco de nieve.

Su caballo hizo un sonido como saludo.

-Hola Olaf -respondió él. El pequeño observó curioso al caballo.

-¿Puedo montarlo? -preguntó tras unos momentos.

-¿Es seguro? -cuestionó con duda. El pequeñín se encogió de… imitó un encogimiento de hombros-. Está bien.

-¡Nunca he montado un caballo! -exclamó momentos después sobre el lomo del animal, que entre ratos se movía incómodo por la nevada personal de Olaf.

Rió levemente.

Un movimiento a lo lejos atrajo su atención.

Se encogió de hombros.

Le parecía haber visto la cabellera anaranjada de Anna.

"Sólo es tu imaginación, ella acompañó al rubio a las montañas", volvió la vista a sus únicos dos amigos.


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Día 30

Kristoff dejó a Anna en las puertas del castillo y se dirigió a las caballerizas, quería ver el progreso del antiguo príncipe. Había escuchado a Ang, la doncella de Elsa, decir que él estaba ahí.

Lo encontró recogiendo excremento con una pala, seguramente después iría a llevarlo con los de la floristería para que le usaran como abono. Se le notaba cansado y una parte de él se compadeció, pero se recordó que era necesario todo lo que la reina impusiera. Ella era una persona sabia.

Sólo había pasado un mes y algunos cambios se habían percibido. Menos indiferencia de su parte, algunas sonrisas que parecían sinceras, la pequeña perdida de la mirada calculadora.

Parecía muy poco, pero era un avance para el hombre que sostuvo su espada sobre Elsa hacía no mucho tiempo.

-Hans -saludó y su amigo Sven también lo hizo.

El aludido inclinó la cabeza.

"Por lo menos no me ignora del todo", pensó.

-¿Necesitas ayuda? -preguntó Kristoff.

-Ya lo tengo manejado, además, ¿no crees que a su Alteza le disgustaría lidiar con alguien feculento? -cuestionó con una ceja rojiza enarcada.

Kristoff rió. Alzó una ceja.

-¿Crees que Sven… -aclaró señalando al reno a su lado ante la mirada interrogante del pelirrojo- …se las arregla solo?

Hans suspiró.

-La intención es que yo lo haga.

Kristoff negó para sí y sonrió burlón.

-Como no quieres mi ayuda, me voy.

Escuchó el sonido de la pala arrastrándose por el suelo.

-¿Sabes? -preguntó-. Cuando se está mucho tiempo por nuestra cuenta, es muy difícil pedir ayuda, pero siempre es bueno tener una mano. Piénsalo.

Dejó al pelirrojo con sus pensamientos.


Llegó agotado a su habitación, ese día no tuvo descanso. Desde Gerda y todas las tareas que le encargó en el castillo, Anna con sus repetidas órdenes, los habitantes con una tarea tras otra, no podía hacer algo más. Y todo concluiría con el frío de la noche.

"Tienes que hacer lo posible por irte rápido, Hans", se dijo en su mente, "…si lo logras, buscarás vengarte".

Encendió la vela de una lámpara y la dejó en el suelo, avanzó unos pasos hasta llegar a la cama y acostarse en ella.

-Sólo unos segundos y te cambias de ropa Hans. Sólo unos segundos… -susurró antes de quedarse dormido.


Elsa entró a la habitación que se encontraba en penumbras, la lámpara en el suelo continuaba encendida, por lo que podía deambular en el reducido espacio; escuchó el sonido de un ronquido proveniente de la cama.

Se notaba que el pelirrojo había llegado a sus aposentos a recostarse en su lecho, ni siquiera vestía sus ropas de noche, mucho menos había acomodado la colcha para no sufrir por el frío de la noche.

La rubia dio un suspiro. Él llevaba un mes en Arendelle y hasta el momento sólo había trabajado arduamente, no había llegado queja alguna sobre Hans a sus oídos, incluso Anna no comentaba gran cosa de él, era extraño.

-Hans -llamó en un susurro y dudo en acercar su mano a su hombro, movió su acostumbrada trenza tras su cuerpo-. Despierta, necesitas acomodarte o te resfriarás por la noche- él sólo soltó un gemido.

Elsa se debatió entre tocarle o no, se encogió de hombros y estiró su mano hasta que tocó sus omóplatos.

-Hans -exhaló aire al percibir lo tenso que se encontraba, probablemente estaba terriblemente exhausto. Suspiró nuevamente ante lo que haría, se concentró un poco y colocó sus manos heladas en los hombros del joven, sin moverlas.

Pasados unos segundos el joven dio un suspiro de satisfacción en sueños, Elsa salió unos momentos de la habitación en dirección a un armario.

Después de colocar una manta sobre él aseguró las ventanas, apagó la lámpara y, tras una mirada, cerró la puerta y procedió a sellarla.

Siempre tendía a preocuparse por todos.

Aunque no siempre lo merecieran.


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Día 36

Era el quinto día seguido en que se levantaba con fuerzas renovadas después de una noche de descanso. Lo curioso era que no recordaba mejores noches que esas, mucho menos el momento en que se tapaba con esa manta marrón que le resguardaba del frío de la noche.

Se negaba a pensar que era obra de la reina.

Dobló la manta y compuso la cama. Se dispuso a cambiar sus ropas de trabajo pues, por otras de trabajo. Sólo tenía tres cambios y debía lavar las que tenía puestas, reparó en el hecho extraño de que por las noches no se colocaba ropa de dormir. Acostumbrado a escuchar a las sirvientas de su castillo, en ese momento se daba cuenta que ellas no bromeaban al decir que sus dedos terminaban en pésimas condiciones tras tallar la ropa. Sus manos no eran las mismas desde que tenía que hacerlo, era una tarea espantosa.

Suspiró.

Debía de cuidar las ropas que tenía, en unos días llegaba el otoño y después sería la llegada del invierno. No sabía el tiempo que permanecería en Arendelle, pero no contaba con las ropas adecuadas para esa fecha, un pequeño abrigo no le serviría, en especial si las temperaturas se asemejaban a las provocadas por Elsa.

Tembló ante el recuerdo.

-Fuiste un tonto hace dos meses, Hans -susurró.

El descongelamiento de la puerta le interrumpió, ni siquiera había podido retirar el exceso de vello en su cara.

El cuerpo de la hermosa reina de Arendelle ingresó a la habitación. Ella observó el sombreado de su cara y no comentó nada.

-Buenos días, Hans, ¿dormiste bien? -preguntó al mismo tiempo que miraba la ventana y la descongelaba con el movimiento de dos de sus dedos, el control de sus poderes había mejorado notablemente-. El día parece que será hermoso.

La observó a ella.

"¿Hermoso?, espera Hans, ¿habías pensado hace unos momentos que ella es hermosa?"

-¿Estás bien Hans? -cuestionó la gobernante interrumpiendo sus cavilaciones. Observó el movimiento de su vestido color malva.

-No, nada, eh, estoy bien. Buen día, su Majestad -respondió tras unos segundos bajo la mirada escrutadora de la joven. Azul brillante. Su color favorito. No era como el de su hermana, una mezcla de verde y azul, sino un color como el hielo, nada transparente, sólo azul, quizá con toques de gris. "Si tan sólo los viera de cer…", desvaneció el pensamiento. No piensas así de la persona de quien te quieres vengar.

-Si así lo crees, dejaré que termines Hans, después que finalices de consumir tus alimentos quiero que vayas a mi estudio. Hay un asunto que quiero tratar.

Asintió y ella se retiró.

"¿Qué querrá?", se preguntó, "¿podrá ser que pueda irme?"

Rió en voz baja.

No sería eso.

Y por algún motivo, no quería irse todavía.

-Extraño -dijo antes de tomar la jofaina (2) y proceder a retirar el vello con una cuchilla de afeitar.


Elsa apretó el pequeño saco que había preparado dos días atrás. Era tiempo de hacer entrega de él.

Unos toques en su puerta interrumpieron sus pensamientos.

-Adelante -ordenó.

Hans entró e hizo una leve inclinación de cabeza, que en los últimos días hacía regularmente.

-¿Disfrutaste tus alimentos Hans? -cuestionó y le invitó a tomar asiento frente a sí.

-Aprecio la generosidad de su cocinero, milady. Espero que usted también lo hiciera -contestó él con tono comedido.

-Como todos los días Hans. Te preguntarás el motivo por el que estás aquí, ¿me equivoco?

-Siendo completamente sincero su Majestad, así es.

Ella alzó el saco y lo colocó frente a él, que lo observó con extrañeza.

-¿Qué es eso, su Majestad? -preguntó con curiosidad.

-Es una pequeña paga por tus servicios.

-¿Mis servicios, su Majestad?

-Así es, Hans.

-Pero es un castigo lo que estoy haciendo, ¿por qué… -al parecer no supo cómo completar la pregunta.

-Porque, como dije en un comienzo, estás realizando un trabajo y, aunque sea un castigo y estés disfrutando de algunos beneficios del castillo, considero correcto que tengas un par de monedas por cualquier gasto necesario para tu persona, Hans. En Arendelle somos gente honrada -él le miró con ojos brillantes e intuyó que rechazaría el pago-. Me ofenderé si no lo tomas Hans- agregó y guardó una pequeña risa.

Él tomó lentamente el saco.

-Yo…, no sé qué decir su Majestad -expresó observando el minúsculo saco violeta como uno de los colores del escudo de Arendelle.

-Podrías empezar con un gracias, Hans -él salió de su letargo.

-Gracias, su Majestad -dijo con sinceridad brillando en sus ojos.

-Te lo mereces, Hans. Por cada mes que permanezcas aquí, recibirás la misma cantidad, espero que sepas mesurarlo. Eso era todo, puedes ir a hacer tus tareas -le dijo y abrió un libro de cuentas.

Hans se levantó en automático y se dirigió a la puerta, antes de salir dio media vuelta y le llamó: -¿Su Majestad?

-¿Sí, Hans?

-Gracias -e hizo una reverencia antes de desaparecer.

Elsa sonrió.


2. Jofaina. Término empleado para los recipientes con los que se hacía aseo personal, hoy día no es utilizado en el vocabulario habitual.

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¡Hola!

Estoy feliz, pude actualizar en poco tiempo. ¡Otra vez!

Además les tengo una buena y una mala noticia. La buena es que sólo me queda un proyecto y no necesita mucho trabajo, por lo que tengo más tiempo para escribir antes de entrar a clases en verano. La mala es que este capítulo es el último que tengo :S

Mejor les digo que tengo el gusto de decir que es un capítulo algo largo, cruzo los dedos para no tardar haciendo el siguiente, con éste me sorprendí por lo fácil y rápido que fue escribirlo.

¿Qué les pareció? Batallé al momento de plasmar a nuestro amiguito Olaf, ¡uf! Traté de hacerlo lo más parecido posible a su personalidad. ¿Qué más? ¡Ah sí! Sólo plasmo los hechos importantes en algunos días, espero se entienda esa parte y cuando escribo tres puntitos [. . .] es cuando avanzan. Si no están es que continúa el último día en curso. Y una parte me hizo pensar, para algún fan, ¿en la película se llega a mencionar si los padres de Hans viven? Aunque sea así, creo que yo ya les acorté sus días :D

No debería contestar reviews aquí, por lo que sólo les digo gracias a los usuarios anónimos que me dejan comentarios, a quienes quiera que sean Frozen Fan, F y rose. Los aprecio en verdad. Y no tengo fecha en especial para actualización.

¡Nos vemos!

HoeLittleDuck