Muy buenas a todos! Aquí os traigo otro capítulo más de esta historia, y ante todo mil disculpas por la tardanza, estas semanas han sido de locos para mí, y casi no he tenido tiempo; ya visteis en el anterior el pasado de Aizen, de Halibel, y de Orihime, y también se descubrió que el vestido que iba a llevar la noche del asesinato, ha desaparecido; en este capítulo se descubre el misterio que hay detrás de ello. Qué disfrutéis! :P
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Capítulo 4: Objetivo real
Orihime llevaba toda la mañana buscando a Sora, quien no había aparecido en el día de ayer, lo cual era un poco raro, ya que siempre iba dormir con ella, y encima parecía no haber tocado la comida que le dejó. Al pasar por la cocina se encontró a Rukia poniéndole algo de hielo en la cara a Ichigo, que se le estaba empezando a poner morada después del golpe que le había dado Tia; aún se reía al acordarse, de que, cuando Kurosaki fue a despertarla aquella mañana, había sacado una foto de Aizen y Halibel durmiendo tan juntos, y la había enseñado a medio club, incluido Gin, de ahí las risas de todos cada vez que pasaba la rubia; de modo que, después de venir de la comisaría, cogió al marido de Rangiku por el cuello de la camisa hasta que dijo lo que quería oír. Ichigo jamás vio venir el golpe, ni siquiera cuando ella gritó su nombre buscándole, con cara de cabreada, por suerte Aizen iba justo detrás de ella para evitar que acabara mandado al amigo de Orihime al hospital. La peli-naranja se acercó a la pareja y les preguntó:
— ¡Hola chicos!
— ¡Hola Inoue! – contestó Rukia – ¿qué haces?
— Estoy buscando a Sora ¿lo habéis visto?
— Pues no, la verdad – contestó el chico – ayer por la tarde lo vi correteando por aquí, creo que iba al vestíbulo.
— Oh… es que no apareció por la noche, y lo he buscado por la casa de Aizen y no está, así que solo me queda buscarlo por aquí.
— Mira en el taller de Ishida – dijo Rukia – en cuanto termine con Ichigo te ayudo a buscarlo ¿vale?
— Muchas gracias, Rukia.
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Inoue se fue al taller de Ishida, donde preguntó al diseñador si había visto a su gato, pero no hubo suerte, aunque ya lo suponía, Ishida pocas veces lo dejaba entrar, sobre todo porque cuando se ponía a jugar, podía acabar desgarrando vestidos, o deshacer las borlas de hilos, de manera que había que volver a enrollarlas, así que las pocas veces que entraba ahí, era en brazos de su dueña. Estaba terminando de buscarlo por el taller cuando Aizen entró con prisas, al parecer, buscándola a ella:
— Orihime, ven conmigo, rápido.
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La chica le siguió hasta el vestíbulo, donde la estaba esperando el detective Ulquiorra:
— Señorita Inoue – saludó.
— Detective Ulquiorra ¿ocurre algo?
— Solo quiero saber algo ¿entraste en la habitación?
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Orihime parpadeó sorprendida:
— ¿Perdón?
— La noche del asesinato ¿entraste en tu camerino cuando abriste la puerta?
— No – dijo negando con la cabeza – me quedé paralizada, y pegada a la pared, si hubiera podido habría salido corriendo.
— ¿Usted tampoco entró? – preguntó volviéndose hacia Aizen.
— No, en cuanto Kurosaki se llevó a Orihime a mi casa, yo cogí a la señorita Halibel y le seguí, Kensei y Sado se quedaron vigilando para que nadie entrara, y sé que ellos tampoco lo hicieron.
— ¿A qué viene esa pregunta, detective?
— Tu vestido, no estaba en la escena.
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Orihime lo miró extrañada, aquello no era posible:
— Pero, si Love fue a llevarlo, Ishida me lo dijo, tenía que estar en la habitación.
— No está, ya lo he comprobado en las fotos ¿te importa si hecho un vistazo a al camerino?
— No, adelante, yo iré a la habitación de arriba para buscar a Sora.
— ¿A Sora? – preguntó Aizen.
— ¿Habitación de arriba? – preguntó Ulquiorra.
— Sí, es que no aparece desde ayer, y no ha tocado su comida – contestó a Aizen – en cuanto a las habitaciones de arriba… hay una planta para los trabajadores que viven aquí. Yo misma tengo una habitación.
— Primero déjame ver tu camerino, por favor.
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Orihime le condujo hasta el camerino, y lo primero que hizo Ulquiorra fue abrir el armario y mirar los vestidos uno por uno hasta comprobar que el que buscaba no estaba ahí, miró en cada rincón, incluso en el pequeño departamento del armario donde estaban los zapatos; mientras tanto ella lo miraba sin decir palabra, desde la puerta:
— Enséñame tu habitación del hotel.
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La chica asintió mientras veía que Aizen volvía de su despacho y se guardaba algo en el bolsillo; volvieron a salir al salón de celebraciones, y se dirigieron al vestíbulo para tomar el ascensor de los empleados, para el cual se necesitaba una tarjeta para llamarlo, se metieron en cuanto llegó; Orihime se quedó al fondo, Ulquiorra y Aizen se pusieron delante, ambos parecían bastante tensos, y además reinaba un silencio incómodo que el dueño del club rompió:
— Me gustaría avisarle de algo, detective.
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Ulquiorra le miró de reojo, pero no dijo nada, aunque eso no quería decir que no le hubiera escuchado, de manera que Aizen prosiguió:
— Llevó un revólver en mi bolsillo, y antes de que pregunte, sí, tengo licencia de armas, y también para disparar, no por nada mi padre fue militar, y me he tomado la molestia porque supongo, que ha llegado a la misma conclusión que yo cuando no ha encontrado el vestido en el camerino de mi ahijada.
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A modo de respuesta, el detective revisó su propia arma justo antes de que se abrieran las puertas del ascensor; dejaron que Orihime los guiara, pero al llegar a la puerta, Aizen la detuvo antes de que la abriera, por precaución:
— Orihime, dame tu tarjeta y ponte detrás de mí – le dijo Aizen.
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Hizo lo que le dijo y se colocó tras él. Aizen metió la tarjeta en la cerradura y giró el picaporte de la puerta, cuando Ulquiorra estuvo listo, empuñando su pistola, abrió la puerta rápido; pero ninguno se movió, el dueño del club devolvió la tarjeta a Orihime y sacó su revólver, luego entró en el apartamento:
— Mujer – le dijo Ulquiorra – quédate detrás de mí y guíame.
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Ella asintió y entró tras él en su habitación, y tal como le había dicho, le fue guiando a través del pasillo, revisaron la cocina, el salón, el par de habitaciones extra que había, y uno de los baños… el vestido no aparecía, y Sora tampoco, Orihime se puso en lo peor, sabía que era poco probable que encontrara a su gato, Aizen se les unió en el pasillo y se dirigieron al dormitorio principal, donde ambos hombres se colocaron a cada lado de la puerta, la cual estaba algo entreabierta, y al tener las luces encendidas del pasillo, el dueño del club pudo ver que había algo encima de la cama, y también notó el olor de la sangre:
— Orihime, quédate aquí, y no entres, por nada del mundo.
— Sora está ahí ¿verdad? – preguntó con los ojos húmedos.
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Él permaneció en silencio, pero aunque no dijera nada, eso ya era una respuesta en sí, de modo que empujó la puerta suavemente y entró, junto con Ulquiorra, en la habitación, dejando a la peli-naranja sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en sus rodillas, y oculta entre sus brazos. Cuando los dos hombres entraron, encendieron la luz, y encontraron el vestido encima de la cama, todo habría acabado ahí, de no ser por una pequeña mancha roja que tenía en la parte de la falda; también estaba desgarrado, como si lo hubieran acuchillado, y había un bulto que se apreciaba debajo; Aizen miró un momento el vestido y luego fue al baño contiguo al dormitorio:
— Detective – llamó.
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Ulquiorra fue a ver, y encontró el espejo lleno de letras rojas, que podrían haberse confundido con pintura, pero sabía que no era así, sabía que el bulto que había debajo del vestido era el gato de la chica, y la mancha del vestido y la pintura del espejo era sangre. Sin esperar un segundo, Ulquiorra llamó a su compañero para pedirle que fuera allí con un fotógrafo y alguien de laboratorio, mientras Aizen volvía a la entrada de la habitación, con la cabeza dándole vueltas al mensaje que había visto en el espejo "vete de Las Noches, y nunca vuelvas, o acabarás igual que ellos".
Estaba claro que alguien quería hacerle daño a Orihime, y además la quería fuera de allí ¿con qué objetivo? lo ignoraba. Ella todavía estaba en el suelo, llorando por la pérdida de Sora, al cual había encontrado hacía diez años en un centro, siendo un gatito que le cabía en la palma de la mano; se sentó en el suelo junto a ella, sin decir nada, solo se guardó el revólver en el bolsillo y se quedó a su lado, mientras oía a Ulquiorra hablar por teléfono. Al cabo de unos minutos Orihime se levantó del suelo y se fue al otro baño, medio tambaleándose, y justo al levantar la tapa del inodoro, vomitó el desayuno de esa mañana, lo que no fue mucho, cosa que tenía que agradecer; al terminar se enjuagó la boca y se encontró a Aizen y a Ulquiorra casi discutiendo en voz baja, pero no les prestó atención, así que se fue a la puerta de la habitación, y se recargó en la pared, mientras esperaba a que salieran. No tuvo que esperar mucho, antes de que llegaran el fotógrafo y los demás, los dos hombres salieron y la llevaron a parte para hablar con ella, algo que ya se sabía, y por la cara que debía tener, no lo dijeron en voz alta:
— Señorita Inoue, he hablado con mi superior, y está de acuerdo en que reciba protección las 24 horas.
— Así que ¿voy a estar encerrada hasta que esto acabe?
— De ninguna manera – intervino Aizen – puedes seguir viniendo a trabajar, solo que ahora el detective Schiffer y su compañero te acompañarán siempre, como precaución.
— Pero hay una condición – continuó Ulquiorra – tendrás que coger algunas de tus cosas personales, y trasladarte a mi apartamento, solo de forma temporal.
— Está bien – contestó la chica – iré por mis cosas.
— Te ayudaré – le dijo Aizen.
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Ambos se fueron del pasillo para hacer la maleta de Orihime, mientras Ulquiorra esperaba a que terminaran sus compañeros de investigar la escena; no tuvo que esperar mucho, a diferencia de la primera vez, pues a la media hora los chicos ya habían terminado, y el forense se acercó a él:
— No hay mucho que decir de momento: no hay rastro de ADN en las uñas del gato, no se defendió, así que es muy posible que lo hiciera alguien al que estaba acostumbrado; el vestido lo examinaremos, pero a simple vista, parece que tampoco tiene ninguna pista que podamos seguir, salvo que el asesino está muy cabreado con alguien, la manera en que está roto el vestido y la forma de escribir… Cogedle rápido, antes de que haga daño a alguien más.
— Para eso me pagan.
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Se dirigió a la entrada del club para esperar a la chica; al rato los vio aparecer, Aizen le dio un beso en la frente y un abrazo, luego ella se dirigió a Ulquiorra, que estaba apoyado en el capó del coche y le dijo:
— Estoy lista.
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Él solo asintió, y le abrió el maletero para que pudiera meter la maleta, en cuanto lo cerró, Orihime se metió en el coche y se sentó al lado del conductor, Ulquiorra estaba por hacer lo mismo, pero antes de hacerlo escuchó:
— Cuide de ella detective, por favor – le pidió Aizen.
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El chico le miró y solo con eso, supo que lo haría; luego se montó en el coche, arrancó el motor y se alejó de Las Noches. Orihime permaneció en silencio todo el viaje hasta el piso del guapísimo detective, ¡un momento! ¿ese pensamiento era suyo? ¡oh, Dios! La muerte de Sora la estaba afectando mucho, tanto que ya pensaba cosas raras "venga Orihime, despierta, él solo hace su trabajo, en cuanto termine todo esto, no volverás a verlo" ante ese pensamiento se entristeció un poco, por alguna desconocida razón, quería saber más sobre él, conocerle mejor, a su lado se sentía segura, y la noche que encontró a Love, sabía que habría tenido una pesadilla, con o sin pastilla, sin embargo, cuando él le dio aquel beso en la frente, fue como si alejara todas las pesadillas del mundo, y él fuera un escudo que la protegiera de cualquier cosa que intentara hacerle daño.
Al cabo de un rato llegaron a un bloque de pisos con un garaje subterráneo, donde se metió Ulquiorra para poder aparcar el coche, al parecer habían llegado a su destino. En cuanto se bajaron del coche, fueron a la entrada donde se encontraban los ascensores, pero para sorpresa de la chica, no cogieron el ascensor, sino la escalera que se encontraba al lado, por suerte Ulquiorra llevaba su maleta, pues pesaba lo suyo; salieron a un vestíbulo amplio, con tres ascensores a cada lado, y una pequeña oficina en medio, la cual disponía de un mostrador donde había un hombre rubio con un sobrero que les dedicó una sonrisa en cuanto los vio, Ulquiorra se acercó a él:
— Buenas tardes, señor Schiffer – saludó – y… ¿quién es su hermosa compañera?
— ¿Ha llegado algo para mí, señor Urahara?
— Un momento – el hombre se volvió hacía la estantería que tenía detrás, miró en uno de los casilleros, y sacó una carpeta llena de papeles – ah, sí, su amigo Grimmjow le ha dejado esto, hace un par de horas.
— Hasta mañana, señor Urahara – dijo tomando la caperta.
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Con algo de prisa, guió a Orihime hasta los ascensores y pulsó el botón de llamada, cuando uno de ellos se abrió vieron a una pareja comiéndose a besos, pero se separaron en cuanto vieron que las puertas se abrían; dejaron que la pareja saliera, y luego entraron ellos; Ulquiorra marcó el piso correspondiente, y al segundo las puertas se cerraron y el aparato se puso en marcha. Así llegaron al apartamento del detective, que estaba en el quinto piso, y en cuanto Orihime entró, se quedó sorprendida al verlo limpio y ordenado, aunque ahora que lo pensaba, tendría que haberlo sabido, ya que él no parecía como cualquier otro hombre que tendría el piso lleno de cajas de pizza y manchas en el suelo, no, lo único que destacaba en aquel piso eran los papeles que había en la mesita, seguramente del caso, por lo demás, estaba perfectamente, y olía igual que él, a limpio y a fresco. La guió hasta la habitación de invitados que tenía, y la dejó unos minutos para que se acomodara; ella le oyó buscar algo en la cocina seguramente para preparar la cena, dejó su maleta donde estaba y fue con él; le vio inclinado sobre la barra de la cocina, escribiendo en un papel, pero levantó la vista hacia ella:
— Tengo que salir a comprar algunas cosas para la cena ¿quieres algo en especial?
— No, pero me gustaría ir contigo, si no te importa.
— Está bien.
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Al cabo de cinco minutos salieron del bloque de pisos, no sin encontrarse a otra pareja en el ascensor compartiendo un apasionado beso que acabó en cuanto vieron abrirse las puertas del ascensor, llegaron al supermercado que estaba a unas pocas calles, y en el que Orihime agradeció porque tuviera una parte de farmacia, en la cual había una muchacha simpática que la atendió, de manera que pudo comprar sus pastillas mientras Ulquiorra compraba las cosas para la cena; se reunió con él en la caja registradora para pagar, y este, al ver la caja que traía entre las manos, alzó una ceja con curiosidad, a lo que ella respondió con un sonrojo. Cuando salieron, Ulquiorra preguntó si estaba con alguien y de ahí las pastillas, ella negó, diciendo que las pastillas eran en realidad para regular el periodo, aunque su efecto principal era anticonceptivo; estuvieron hablando todo el camino, donde Orihime se enteró que Ulquiorra nunca había sentido el mínimo interés por ninguna mujer, porque desconocía lo que era el corazón y los sentimientos. Llegaron de nuevo al bloque de pisos, y esta vez tuvieron la suerte de no encontrarse ninguna pareja en el ascensor:
— No me lo creo – soltó ella de repente.
— ¿Por qué iba a mentirte, mujer?
— Porque tus acciones me han demostrado lo contrario.
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Ulquiorra se volvió para mirarla sorprendido, dejando la bolsa en el suelo:
— ¿En qué momento y de qué forma?
— Cuando nos conocimos, antes de irte con Nelliel y su marido ¿por qué me besaste?, o incluso hoy ¿por qué me has traído a tu piso cuando podías haberte quedado en casa de mi padre?
— No quise quedarme en casa del señor Aizen porque a quien tengo que proteger es a ti, además estaría en una casa que no conozco, con personas que pueden mirar mis informes del caso, y uno de ellos puede ser el asesino ¿es suficiente razón para ti?
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De repente el ascensor dio una sacudida, lanzando a Ulquiorra contra Orihime, de forma que quedaron muy juntos, y se quedó parado; ninguno de los dos abrió la boca para decir nada durante unos minutos:
— ¿Y el beso? Dices que no sabes lo que es el corazón, pues ahí tienes un ejemplo de lo que significa tener corazón.
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Ulquiorra permaneció en silencio mientras la miraba, tenía razón, esa mujer le estaba enseñando a sentir, le estaba enseñando, sin proponérselo, qué era el corazón, nunca jamás en su vida le había dado un beso a alguien con intención de reconfortar y hacer que se sintiera protegida, solo a ella, y otra vez estaba deseando de besarla, pero no como aquella noche que la conoció, sino como había hecho en el sueño que tuvo, aunque sabía que no debía, si no quería implicarse sentimentalmente en el caso. Sin ser consciente de ello, colocó ambas manos en su cintura, y se pegó a ella, sintió como Orihime ponía las manos en sus brazos, sin dejar de mirarle, mientras que él iba acercando poco a poco sus labios, llegó un momento en que el aliento de ambos se entremezclo, y tenían los ojos cerrados; sintieron como sus labios se rozaban, y cuando Ulquiorra quiso profundizar ese pequeño beso, el ascensor se puso en marcha, lo que hizo que se separaran, y que ella no pudiera evitar pensar "¿qué tendrán los ascensores para hacer que la gente se bese?".
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Cenaron de forma tranquila, y Orihime se fue a dormir, mientras Ulquiorra se quedó trabajando con su portátil, comparando pruebas, informes, y redactando el suyo propio. No sabía qué hora era, pero ya hacía bastante que la chica se había ido a dormir, y él también decidió irse a la cama; apagó su portátil, y la lámpara del salón que tenía encendida, de manera que la única luz que había era la que entraba por el balcón proveniente de las farolas de la calle. Escuchó un ruido y se quedó quieto, y luego vio la figura de Orihime irse a la cocina para tomar un vaso de agua, cuando fue a la cocina para preguntarle que hacía levantada, la oyó llorar, y se mentiría si cada lágrima no era como un puñetazo en su estómago; se acercó a ella y le quitó el vaso que estaba agarrando, con demasiada fuerza, ella se giró hacia él y le abrazó; se quedaron así un par de minutos, luego Ulquiorra la acompañó al dormitorio de invitados, ella no tuvo que pedirle que se quedara, él simplemente se descalzó, colocó su arma en la mesita de noche, y la cubrió con las sábanas, para luego tumbarse encima, y dejar que ella se durmiera pegada a él, su último pensamiento antes de dormirse fue para ella "no dejaré que te pase nada, mujer, mientras me quede algo de vida".
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Continuará…
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Bueno pues hasta aquí os dejo el capítulo, espero que lo hayáis disfrutado, en el próximo habrá una confesión ¿por parte de quién? ¿y con qué respuesta? Solo os diré que hay 97 formas de decir "te quiero" y todas valen, al igual que, tanto en el amor como en la guerra, todo está permitido. Por último dar las gracias a los que habéis marcado está historia como favoritos y a vuestros reviews. Un saludo!
