Hola a todos! nuevamente nos estamos leyendo. Muchas gracias a las personas que se tomaron su tiempo para enviarme un mensaje, eso me motiva mas a seguir escribiendo, así que gracias por entregarme su aliento. Mención honrosa para las que capitulo a capitulo me dejan un comentario, no importa que no sea largo, con un simple continualo me siento satisfecha así que gracias a: DannyCullen13, Princesa Vampirica, Prettynew, Jess Grenger s, Kokoa Kirkland y AnataYume.
Atencion!: El próximo capitulo se entregaré en aproximadamente 2 semanas o un poco mas. La razón es que en este momento estoy full trabajando en mi tesis, así que en poco mas de una semana tengo que entregar uno de los capítulos, así que después de eso subiré otro, pero no se preocupen que llegaran mas capítulos :D
¡Enjoy!
Capítulo cuatro:
Los Potter no flaquean
Esa mañana después de un alegre desayuno, todos deseándole un feliz cumpleaños al moreno, Sirius lo llevo aparte para entregarle el uniforme que debía usar. Éste constaba de unas botas de tiro alto de piel de dragón negras, unos pantalones apretados igualmente negros y una camisa blanca y sobre ellos, la típica túnica negra con runas doradas que se abotonaba hasta la cintura.
-esta es tu mascara- el hombre le entrego una máscara dorada, esta tenía los labios finamente delineados y los huecos de los ojos parecían siniestros aun sin estar alguien usándolo. Esa expresión vacía que emulaba la máscara hacia que los vellos de la nuca se elevaran- si quieres le podemos dar la forma de un hurón para que te sientas más cómodo – Sirius se rio entre dientes mientras pasaba a su lado y el anotó mentalmente que debía darle una paliza a Potter.
La máscara era bastante útil, se apegaba a la cara como una segunda piel, por lo que no se caía a menos que uno la sacara, además de no entorpecer la visión, y lo más innovador, es que tenía un hechizo de audición, podían comunicarse entre ellos a largas distancias y sin que las personas de alrededor pudieran escucharlos. Bastante ingenioso.
A eso de las diez de la mañana ya se encontraban listos para partir a Gringots, él junto a Sirius esperaban a ambos Potter en una de las salas de recepción, junto a una gran chimenea. Las puertas se abrieron de par en par y entraron ambos Potter, James vestía una túnica azul marino, mientras que Harry una verde oscuro. Fue extraño verlos entrar así, con el paso fuerte, las miradas serias y el mentón altivo, eran una imagen que imponía respeto a la distancia, muy distinto al aire relajado que tenían ambos en la casa.
-vamos- dijo James arreglándose por última vez el cuello de la túnica, Sirius le guiño el ojo y ambos se pusieron las máscaras, tapando sus cabezas con las capuchas de la túnica. Ingresaron todos a la chimenea rumbo al banco.
Sirius le susurraba las instrucciones paso a paso desde el momento en que llegaron al banco, logró realizar los pasos bien, y debía admitir que se regocijó cuando los magos presentes se hicieron inmediatamente a un lado dejándoles el paso libre.
-y esto no es nada, espera a que lleguemos al ministerio- le susurró Sirius mientras ambos se encontraban formados tras ambos Potter en la oficina del Duende director del Banco firmando unos papeles.
-¿a qué vamos al ministerio?- preguntó también en un susurró
- como recordatorio.
La llegada al ministerio fue aún más dramática, haciéndole caso a Sirius, el primer paso fuera de la chimenea lo dio pisando duro, y mientras se formaban uno a cada lado de la chimenea pudo apreciar como el enorme Hall repleto de magos y brujas quedó en completo silencio y estático.
Las figuras de ambos Potter salieron de la chimenea y hubo un jadeo general, Harry vagó su mirada lentamente por el Hall antes de avanzar junto a su padre al ascensor. Él caminaba detrás de Harry mientras que Sirius lo hacía detrás de James. Mientras avanzaban hacia el elevador pudo apreciar como un par de brujas apretaban desesperadamente el botón que llamaba al ascensor, mientras tanto, las personas les abrían el paso.
El elevador llego justo a tiempo, un par de magos venían dentro de él, pero salieron rápidamente al verlos, dejándoles el elevador para ellos solos. Uno de ellos tropezó al salir tan rápido y se fue de bruces al suelo. Ingresaron al elevador y cuando las puertas se cerraron Harry sonrió de medio lado y un leve ruidito salió de entre sus labios mientras trataba de aguantar la risa.
-Harry- le sermoneo su padre mirándolo de reojo, el moreno recompuso su cara justo a tiempo para salir del elevador.
Las siguientes dos horas fue un tedio de charlas políticas y burocráticas. Tuvo que soportar estar casi una hora en una reunión con el ministro mientras éste le daba un resumen sobre las ultimas noticias del ministerio, luego un pequeño paseo por la central de aurores, Draco pudo apreciar que a pesar del semblante serio que mantenía Harry sus ojos brillaban viendo a los hombres de túnicas azules deambulando de allá para acá.
Después fueron al tribunal del Wizengamot a hablar con una infinidad de momias políticas, entre esas Dumbledore, que al parecer era casi el único que no los trataba con un respeto exagerado como el resto.
-James, que bueno verte- saludó el anciano estrechando la mano del patriarca Potter, luego sus ojos azules viajaron a Harry- Harry, muchacho que bueno verte.
-igualmente profesor- respondió cordialmente correspondiendo el apretón de manos, Dumbledore sonrió.
-oh Harry, ya no soy tu director, puedes llamarme Dumbledore, o si gustas, Albus- le dijo de forma afable, Harry solo asintió. Entre eso, los ojos azules del director fijaron su vista sobre su negra figura, casi pudo jurar que esos ojos podían ver tras la máscara dorada, aquello le puso nervioso, pero el "avanza" que le susurró Sirius le hizo reaccionar.
Era pasada la una de la tarde cuando el patriarca Potter les dijo que debía bajar al departamento de misterios para unos asuntos. Aquello sí que le llamó la atención, los únicos que tenían permitido bajar eran los inefables y los aurores, nadie más. Pero bueno, estaban hablando de Potter, cualquier cosa podía pasar.
- ¿iras sólo?- cuestionó Harry mientras los cuatro avanzaban hacia el ascensor.
-así es, tu puedes irte a casa, o esperarme, no me tomará mucho tiempo- Harry pareció meditarlo un poco antes de responder.
-quiero ir al Callejón Diagon- James le taladró con sus ojos castaños, sopesando la situación- sólo caminare un poco, tal vez encargue unos libros y volveré al Ministerio, sólo eso- Lord Potter torció levemente el gesto a su vez que las puertas del ascensor se abrían.
-a las 2 en punto en el Hall del Ministerio- entró al elevador junto a Sirius, Harry y él se quedaron afuera- y por favor, no hagas ningún escándalo.
-tranquilo, sólo será un paseo.
-eso espero- las puertas se cerraron y el patriarca Potter desapareció de vista.
-Bueno, nosotros nos vamos al Callejón Diagon- tomaron otro ascensor, en él Harry se permitió mover un poco los brazos de forma nerviosa.
-¿para qué quieres ir al Callejón Diagon?- le preguntó, Harry giró la cabeza para mirarle, le sonrió de forma jovial y respondió:
-para pasear.
La llegada al Caldero Chorreante fue bastante graciosa, los viejos magos que estaban sentados cerca de la chimenea se levantaron tan rápido como si les hubieran lanzado un hechizo de resorte en sus sillas, y a uno de ellos su hidromiel se le vertió sobre su capa.
El dueño del local, el viejo Tom, hizo una exagerada reverencia tras la barra mientras limpiaba un vaso con un trapo sucio. En su pálida cara mantenía un rictus que se dividía entre la emoción y el nerviosismo.
-¿desea beber algo Lord Potter?- preguntó dándole vuelta a la barra y comenzando a limpiar rápidamente una mesa. Harry levantó una mano, deteniendo al mago.
-No, gracias. Sólo estoy de paso- Tom asintió con una leve sonrisa, mostrando sus dientes chuecos.
-oh, entiendo. Que tenga un buen día mi Lord- volvió a repetir la exagerada reverencia mientras que con sus manos apuntaba hacia la puerta que daba el callejón.
Cuando ingresaron al Callejón Diagon, en una primera instancia la gente pareció no darse cuenta que había un Potter entre ellos, pero rápidamente, tras verlo a él con la máscara dorada, la gente comenzó a murmurar y a hacerse a un lado mientras ambos avanzaban.
Al parecer, Harry sí quería dar un paseo por el Callejón Diagon, caminaba lento entre la multitud que se abría a su paso, algunos hasta agachaban la cabeza de forma respetuosa, quizás guiados por el miedo que generaba el clan Potter.
Aprovechó también de dar una hojeada rápida al Callejón, recordando todos los momentos que había pasado ahí junto a sus padres y amigos, los veranos en que venían a comer helado a Florean Fortescue junto a Pansy y Blaise, o cuando venía a comprar túnicas junto a su madre. Momentos que ahora parecían lejanos, como si hubieran sido de una vida pasada.
Cuando pasaron por fuera de "Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones", había un pequeño grupo de jóvenes brujas que entre sus manos sostenían un par de ejemplares de Corazón de Bruja. Todas guardaron silencio cuando pasaron frente a ellas, pero en cuanto Harry les dio la espalda, todas, sin excepción, se sonrojaron y se rieron muy, pero muy, chillonamente. Viró los ojos al cielo y bufó exasperado.
Un estallido llamo su atención, estaban cerca de la tienda Sortilegios Weasley. Harry apretó uno de sus puños, no supo diferenciar si era por nervios u otra cosa. Pasaron frente a la tienda caminando levemente más lento, Harry observó la tienda de reojo, sus ojos vagando rápidamente por el interior de la tienda que dejaban ver los grandes ventanales. Dentro, había dos cabelleras pelirrojas idénticas, los gemelos, no había rastro de alguna más.
Sus ojos se enfocaron en Harry, así que a eso habían ido al Callejón Diagon, a ver si podía ver en persona a su amigo. Sintió un poco de empatía con Potter, al fin de cuentas, él también tuvo que dejar a sus amigos de lado para asumir, aunque forzosamente, su papel como reclamado. La diferencia distaba en que a diferencia de él, Harry podía tener a sus amigos de nuevo junto a él. Su pecho se oprimió un poco ante el pensamiento.
Harry se detuvo abruptamente y él tuvo que hacer lo mismo, al doblar en la esquina se había topado casi de frente a Ron Weasley, a quien su rostro se le descompuso en una mueca mezcla de la sorpresa y un poco de furia, sus mejillas pecosas se sonrojaron levemente quedando de pie frente a Harry, quien logró mantener su semblante serio aunque a su mano derecha le dio un par de espasmos.
Un silencio tenso se formó entre ambos, la gente pasaba a su alrededor dando un vistazo curioso antes de avanzar. Draco se puso nervioso, Recordaba claramente cada una de las instrucciones que Sirius se había encargado de meter a presión en su cabeza, y una de ellas era no dejar que Harry Flaqueara.
- es difícil- le dijo mirándole con sus penetrantes ojos azules- dejar todo de lado para seguir tu deber, nosotros llevamos máscaras, nadie puede ver nuestras caras de dolor o duda cuando vemos a un ser querido en la calle, pero ellos no las llevan, ellos siempre deben mantener el rostro impasible.
-¿y para qué?
-porque una de las razones del respeto que les tienen es la fortaleza que muestran, y eso mantiene en orden al mundo mágico, si ellos flaquean, se verán débiles, vulnerables, y nunca faltará quien se quiera aprovechar de eso, y si eso sucede, el mundo mágico entrará en caos. Recuerda, ellos son el pilar fundamental de la sociedad mágica, si el pilar flaquea, la estructura se cae.
Harry tragó saliva en seco, aun sin decir nada pero sin quitarle la vista al pelirrojo, éste parecía haber superado la primera impresión y su rostro era un mar de dudas, movía mucho las manos y su boca se abrió un par de veces intentando decir algo, pero solo el silencio salió de ella.
Finalmente, Weasley tomo una posición firme y dejó salir un escueto y flojo:
-Feliz cumpleaños- sus ojos celestes miraron hacia el lado y agregó- compa.
Y fue tan claro para sus ojos como el agua más cristalina, con sólo una palabra Weasley había desarmado por completo a Potter, podía ver como los ojos esmeraldas se abrían un poco más y sus pupilas se dilataban. Debía hacer algo antes de que su flaqueza fuera clara para todos.
-maestro- dijo con voz firme, el tono un poco más grave en su voz le sorprendió, pero inmediatamente pensó que debía ser cosa de la máscara- debemos irnos, ya serán las dos.
Harry pareció reaccionar y recompuso rápidamente su semblante, giro medio cuerpo, dándole una última mirada al pelirrojo que solo lo miraba de forma lastimera, como si fuera un cachorro herido, y dio rumbo al Caldero Chorreante sin mirar ni una vez atrás. Aunque durante el camino pudo notar el caminar rígido y la mandíbula tensa.
James pareció satisfecho el que llegaran de forma puntual, pero su ojo crítico estaba fijo en Harry mientras se despedía del ministro. Una vez en el castillo siguió a Harry por los corredores, algo le decía que debía estar junto a él. Se podría decir que era hasta casi una corazonada.
Llegaron a un pequeño patio cerrado al que nunca había ido, en él había juegos infantiles, se notaban que eran bastantes viejos, pero se encontraban bien cuidados. Harry se sentó en un columpio y se balanceo levemente, sus ojos verdes fijos en la gravilla bajo sus pies. El silencio los acompañó un rato.
Draco aprovechó la oportunidad para sacarse la túnica negra, la dejo sobre una banca junto a la máscara dorada y se sentó en el columpio junto a Harry, meciéndose levemente con la ayuda de sus pies.
-este es un parque de juegos antiguos- por fin habló el moreno en tono sereno- hay unos tres más repartidos por el castillo, fueron construidos para los herederos y los hijos de los reclamados- su vista se alzó al cielo- este castillo antiguamente albergaba a mucha gente, los reclamados vivían aquí con sus familias completas, llegó a albergar en su máximo esplendor hasta a 300 personas, todas viviendo aquí.
Dio un suspiro largo. Draco no sabía si Harry le estaba contando aquello conscientemente, sus ojos parecían mirar otro mundo.
-con el tiempo, la paz vino al mundo mágico, y nosotros, los Potter, quienes habíamos sido encomendados de resguardar a la sociedad de cualquier peligro fuimos poco a poco cayendo en el olvido. Ya no nacían tantos herederos, los herederos reclamaban a menos magos y brujas, y con el pasar de los años, los reclamados ya no formaban a su familia dentro del castillo, y cada vez hubieron menos niños- sus pies dieron un impulso y el columpio se balanceo más fuerte- antes, los reclamados vivían hasta el último de sus días acá, y su familia y la descendencia de esta formaba parte de los reclamados como forma hereditaria, aunque siempre se podían ir. ¿Sabías eso, que te puedes ir?
Draco negó ante la pregunta amarga de Harry.
-pues sí, te puedes ir, la magia no obliga a nadie a formar parte de un destino forzado, excepto a nosotros. Cuando un heredero le dice a un reclamado que ya no pertenece a sus filas, él puede volver al mundo mágico, y nadie lo cuestionará, porque la magia se encargara de que la gente obvie que esa persona fue reclamada. Eso hizo que muchos magos, después de cierta edad, pidieran volver a la sociedad mágica, para formar familia allá, y no acá- la boca de Harry hizo una mueca rara y su tono de voz cambio- y así el castillo se fue quedando vacío, porque ya no éramos tan necesarios, y de 300 personas pasamos a 9. De parques de juegos llenos de niños y risas pasaron a estar vacíos y siendo ocupados por un solo niño.
Draco observó cómo Harry se quebraba, como los ojos se le llenaban de lágrimas y en su garganta se formaba un nudo que no le dejaba hablar.
-un niño que creció dentro de estos terrenos rodeados de adultos y criaturas mágicas, un niño al que desde que comenzó a comprender el mundo le dijeron cuál era su destino- su mano pasó furiosamente por sobre sus ojos llevándose las lágrimas que comenzaban a caer- un niño que no tuvo ningún amigo de su edad hasta los once. Ron.
Desde ese punto el llanto ya había dominado su cuerpo, las lágrimas caían libremente de sus mejillas a sus pantalones sin que ya nada las detuviera. Draco observó todo con sus ojos grises, sintiendo empatía por Harry, él no podía entenderlo, él siempre tuvo a sus amigos cerca de pequeño por la relación de sus padres, no sabría que es crecer sin ningún niño cerca, sin nadie en quien confiar tus travesuras infantiles, tus sueños absurdos, sin poder tener una pijamada o presumir tu ultima escoba.
Se levantó del columpio posicionándose frente a Harry, y de forma torpe, rodeo con sus brazos el cuerpo del moreno. Harry enganchó su cara en la curvatura de su cuello y siguió llorando mientras el rubio le sobaba la espalda torpemente, dejándole desahogarse.
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-al parecer si fue una buena decisión- James observó a su amigo quien miraba hacia abajo- Draco debía ser el primer reclamado.
-al parecer- musito el patriarca viendo a su hijo llorar en los brazos de Malfoy, habían visto y escuchado todo, siempre supo lo difícil que fue para Harry crecer solo en el castillo, y aunque los elfos del bosque y del agua le hicieron compañía durante su infancia, no era lo mismo que compartir con otro niño mago. Él lo sabía bien, había compartido parte de su infancia con otro niño mago, hijo de uno de los reclamados, pero cuando este pidió irse, la magia hizo que su esposa e hijo olvidaran todo lo relacionado al castillo. Fue doloroso verlo años después sin que lo reconociera.
-¿qué te molesta?- preguntó Sirius hurgando con sus ojos azules su cara, James torció el gesto.
-ni yo lo sé.
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-Excelente hijo, lo lograste- gritó James jubiloso. Harry, a pesar del cansancio, sonrió de oreja a oreja contemplando su obra entre sus manos.
Entre sus manos, flotando, había una esfera roja que giraba cual torbellino y expelía algunas lenguas nacaradas. Todo expulsaba poder por donde lo viera, un poder bastante fuerte.
-al fin lo hice- musitó aun incrédulo. Lo que tenía en sus manos era una esfera de magia, había podido canalizar su magia a través de sus manos y darle una forma física sin la necesidad de haberlo hecho a través de un hechizo- lo hice- repitió contento.
-al parecer superaste tu obstáculo- James se acercó a su hijo y desde su mano derecha apareció la misma esfera de magia, sólo que ésta era azul, la alzo con su palma hasta colocarla frente a la cara de Harry, después retiro la mano dejando la esfera flotando en el aire- segunda parte del entrenamiento, controlar la energía mágica, cuando logres dejar la esfera como yo lo he hecho pasaremos a la siguiente parte.
-¿sólo eso?- preguntó envalentonado- pan comido- dijo subiendo rápidamente la esfera a la altura de la de su padre.
-Harry, recuerda que la magia suelta es muy inestable, hay que tener un gran control o podría…..
¡PUM!
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Draco abrió un ojo al sentir el piso remecerse bajo él, a su lado Sirius miraba con el ceño fruncido hacia el techo.
-¿todo bien?- preguntó Remus mirando a Sirius, Draco pudo darse cuenta como los ojos azules parecían tener un halo violeta sobre ellos, aunque bastante débil. Sirius pestaño un par de veces antes de asentir.
-parece que Harry al fin logre extrapolar su magia- Una sonrisa apareció en su rostro- pero tiene algunos problemas para controlarla.
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-insisto, si te quieres momificar te puedo ayudar- Harry le fulminó con sus ojos verdes. Escuchó a Tonks reírse bajito, ello provocó que a Harry se le subieran los colores a la cara y atacara su comida furiosamente.
Harry había llegado al comedor con los brazos completamente vendados, y la sudadera holgada que ocupada se podía ver que le habían colocado unos parches en el pecho, al igual que en la mejilla izquierda.
En contra de la crianza de su madre, apoyo el codo derecho en la mesa y su barbilla descansó sobre la mano, su cabeza ladeada hacia Harry quien lo ignoraba totalmente. Deslizo la mano hasta que su palma cubrió su mejilla y se acercó descaradamente, aun ocupando el codo como soporte. Harry aún lo ignoraba.
-¿quieres dejar de mirarme?- le dijo en tono molesto, Draco le ignoro, en su boca bailaba una sonrisa maliciosa que aumentaba proporcionalmente a la ira del moreno- ¡deja de mirarme!- espetó ya iracundo.
-ya, tranquilo- levantó ambas manos en señal de rendición- no me lances la maldición de la momia por favor.
Sirius se carcajeo escandalosamente. Harry termino su almuerzo sin que se le bajaran los colores de la cara.
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Le dio unas mordidas más a la fresa antes de engullirla completamente. Estaba en el paraíso, amaba las fresas, eran su fruta preferida, dulces pero sin empalagar, con ese leve tono ácido que las hacia refrescante, simplemente perfectas. Los elfos domésticos le habían dado un pote lleno de ellas, grandes, de un tono rojo oscuro brillante e indiscutiblemente sabrosas.
El antojo había llegado tras haber logrado revivir un recuerdo de una visita que había hecho con sus abuelos a una campiña, en donde probó las fresas más deliciosas del mundo. Debería estar practicando, pero Remus le había dicho que estaba avanzando de maravilla y que si quería, podía tomar un descanso.
-La próxima semana comenzaremos la búsqueda de tu núcleo
Le había dicho el hombre sonriendo. Su núcleo, sería interesante ver lo que le deparaba, por lo que había podido observar, una vez llegado al núcleo éste te revelaba habilidades únicas que podía realizar tu magia. Gracias a ello es que Sirius podía ver esencias mágicas, incluso a través de objetos y hechizos, o que Peter lograba levantar grandes barreras mágicas que podían abarcar kilómetros, que Tonks podía camuflar hasta su aroma, haciéndola una espía inigualable. Aun le quedaba descubrir el de Remus.
Avanzó hasta su habitación, pero se detuvo antes de abrir la puerta, había pensado meterse a la tina con agua helada y sus fresas para capear el infernal calor de agosto, pero se le ocurrió algo mejor. No le haría refrescarse, pero definitivamente lo divertiría.
Entró sin golpear y su plato de fresas casi cae al piso por la impresión. Harry estaba sobre su escritorio ocupando sólo un pantalón corto de deporte, en eso no había mucho de raro, lo desconcertante es que estaba haciendo la invertida con un brazo puesto firmemente tras su espalda mientras su otra mano recibía todo el peso del cuerpo. O eso pensó hasta que vio un línea roja bajo la palma de Harry, magia.
Harry no se estaba apoyando sobre el escritorio, estaba utilizando su magia para mantenerse suspendido sobre la madera. Estaba anonadado con ese despliegue de poder.
-¿Qué pasa, nunca habías visto a alguien de cabeza?- se mofó Harry en cuanto lo vio. La línea roja pareció hacer una pequeña explosión que le permitió a Harry dar una voltereta en el aire para caer de forma perfecta sobre el piso.
-¿Qué hacías?- cuestiono una vez recobrado de la impresión. Harry le sonrió mientras tomaba una botella de agua de la mesa de centro y le daba un buen sorbo.
-entrenaba el control de mi magia, si no estoy concentrado al cien por ciento tiende a explotar- tomo una toalla del respaldo de la silla y comenzó a secar el sudor de su torso, que tenía unos muy bien definidos abdominales- y aprovechaba de ejercitar un poco.
-sí, porque te falta- dijo con obvia envidia. Se metió una fresa a la boca y la masticó lentamente- ¿seguirás entrenando?
-¿por qué? ¿Me quieres ver?- cuestionó el moreno de forma coqueta, moviendo las cejas sugerentemente. No supo por qué, pero sus mejillas se sonrojaron violentamente.
-por supuesto que no, tienes un cuerpo asqueroso- espetó. Harry sonrió de medio lado y se acercó a robarle una fresa.
-¿tienes calor?- preguntó Harry después de un rato, Draco le miró arqueando una ceja, buscando algún doble sentido a esa oración.
-¿por qué el interés?
-sígueme- dijo de forma misteriosa.
La tarde más refrescante de su vida. Potter le había llevado a conocer la piscina de exterior de la mansión.
-en un principio era una pileta gigante, pero mi abuelo lo convirtió en piscina cuando mi padre era joven- le relató Harry.
El agua estaba a la temperatura perfecta, y todo mejoró cuando los elfos domésticos les trajeron fruta y limonada helada para acompañar la tarde. Harry transfiguró dos sillas en dos colchas flotantes, así pudieron ambos acostarse sobre ellas mientras el agua los mecía de un lado a otro.
Después de esa tarde vinieron otras más, y pronto agosto estaba llegando a su fin, y el fin de las tardes calurosas que ambos soportaban en la piscina. Draco se acostumbró a ver a Harry entrenando su magia, y mientras él meditaba para alcanzar su núcleo, no quitaba un ojo de los avances de Potter, y es que le parecía completamente asombroso como podía transformar la magia en algo corpóreo, moldearla a sus necesidades solo con su voluntad sin la necesidad de la varita.
-Es una habilidad única que pueden desarrollar los Potter- le había dicho Remus una tarde en que lo sorprendió observando a Harry entrenar. El moreno trataba de que su magia envolviera su mano en una fina capa .Draco se fijó en las marcas y en el rostro demacrado que volvía a tener el castaño.
-me parece increíble el cómo maneja la magia a su voluntad- se sinceró. Remus sonrió.
-así es, es bastante increíble, la primera vez que vi a James haciéndolo casi me desmayo de la impresión- soltó una risa jovial, mostrando su blanca dentadura- y gracias a ti Harry ha podido avanzar.
-¿a mí?- cuestionó perplejo, y es que él no sabía de ninguna acción que pudiera haber ayudado a Harry a hacer lo que hace.
-la habilidad que poseen los Potter requiere una gran concentración mental- comenzó a explicar- deben estar conscientes de su entorno y de ellos mismo en el espacio, no pueden dejar nada a la suerte o sino la magia se les puede salir de control y eso tiene distintas consecuencias. Por ejemplo, en Harry, Explota- Draco sonrió malicioso, había sido espectador de aquellas explosiones un par de veces.
-pero eso no dice el como yo lo ayudé- Remus le miró de forma intensa con sus ojos miel antes de responder.
-siendo su amigo- sus ojos miraron ésta a ves a Harry- Harry tuvo una infancia solitaria, y los primeros amigos que consiguió les tuvo que mentir, no les podía revelar que era un Potter, y eso le carcomió el alma durante todos estos años. Nunca lo expresó, pero sabíamos que tenía miedo a cómo reaccionarían sus amigos al saber la verdad- sus ojos brillaban con melancolía y compasión mientras veía a la figura del moreno moverse por la sala de entrenamiento- pero ahora estas tú, y aunque no se puede decir que sea una amistad de oro, tienen un relación especial, el cómo se tratan, el cómo se desafían, y el cómo se escuchan.
Escuchar. Quizás si escuchaba bastante a Potter, aunque muchas veces parecía hablar tonterías en verdad siempre había algo escondido. Era como si Harry quisiera contarle su vida, sus gustos, sus sueños, pero de forma indirecta. Quizás fue por la rivalidad que llevaron tantos años que no se podía decir amigo del moreno, aunque se comportaran como tal, era raro, le gustaba la relación que llevaba con él, pero no quería definirla, así como estaba era perfecta.
La cascada de cabello rubio cayó sobre la delicada espalda, su madre se miró en el espejo mirando críticamente el nuevo collar que su padre le acababa de regalar, Lucius aguardaba tras su esposa con un rictus nervioso, sabía que en cuanto a joyas su madre era bastante quisquillosa.
-así que de ahí sacaste esa mirada- se volteó a ver a Harry quien sonreía ante la imagen de una Narcisa dando su opinión de la joya a un nervioso Lucius- pones exactamente la misma mirada cada vez que te entrego ropa.
-eso no es cierto- respondió mostrándose ofendido, aunque le agradó escuchar que se parecía a su madre- lo que pasa es que la ropa que me entregas es una bazofia, si me entregaras prendas de calidad no tendría que criticarlas- Harry sonrió.
-bueno la próxima vez traeremos al mejor sastre del mundo mágico para que te haga los calzoncillos- Draco se sonrojo un poco, pero aun así le causo gracia el comentario.
Dio un último vistazo a sus padres antes de que la imagen se difuminara en la esfera. Harry había sido muy amable en ese sentido con él, varias veces había mandado a una de sus lechuzas a la Mansión Malfoy para que él pudiera observar a lo lejos a sus padres.
La niebla dentro de la esfera se volvió a arremolinar y esta vez un paisaje bastante conocido apareció.
-¿Hogwarts?- cuestionó mirando al moreno. Éste no le respondió.
La imagen era de uno de los jardines del castillo, casi colindando con el bosque oscuro, sino se equivocaba, ahí era donde tomaban las clases prácticas de Criaturas Mágicas. Si, ahí estaba, la profesora Grubbly-Plank caminando hacia el jardín con varios estudiantes siguiéndola.
Miró de reojo al moreno, este parecía concentrado en la imagen que le entregaba la esfera. Septiembre ya los había alcanzado y ya cursaban la primera semana, lo que quería decir, que en Hogwarts ya había comenzado otro año escolar y sus compañeros de generación ya habían ingresado a sus distintas carreras.
Siguió mirando la esfera, tratando de comprender el interés de Harry en aquella escena. La clase dio comienzo, era séptimo de Gryffindor y Revenclaw. Sus ojos viajaron hasta una cabellera roja y un rostro en forma de corazón. Ginny Weasley.
Volvió a mirar a Harry, ¿de verdad estaban viendo eso por la Weasley? Él pensaba que la pelirroja no le interesaba, pero ahora viéndolo mirar con tanta determinación la imagen en la esfera podía cuestionar ese pensamiento.
-¿te gusta?- preguntó de forma desinteresada, Harry parpadeo un par de veces sin comprender la pregunta- la Weasley- aclaró molesto, aquello al parecer hizo reaccionar a Potter que lo miró conmocionado y los colores se le subieron a la cara.
-¿Ginny? Por Merlín no, es como una hermanita para mí- dijo rápidamente, Draco desconfió de la reacción.
-y si es así ¿por qué estas rojo?- dijo apuntando a la cara de moreno, este negó con la cabeza- por amor a Morgana, debiste por lo menos haberla besado en alguna ocasión, esa chica lleva años enamorada de ti.
-nunca bese a Ginny- dijo con voz firme, Draco chasqueo la lengua.
-¿por lo menos besaste a alguna chica en Hogwarts?- la pregunta la había dicho a la ligera, pero al ver el rostro descompuesto del moreno supo que había tocado una fibra sensible- ¿es una broma?- el rostro rojo del otro fue su respuesta- ¡no lo puedo creer!
-ya cállate- masculló el otro.
-es que yo sabía que eras un idiota, pero aparte santurrón, ¡OH Merlín mío!- se carcajeo un poco antes de seguir con su monologo- eres un completo virgen, el gran Lord Potter es virgen de labios.
-¿y acaso tú has besado a muchas?- preguntó enojado Harry, Draco sonrió con superioridad y levanto dos dedos de su mano izquierda.
-a dos, Astoria Greengras y a Michell Portman.
-esas son niñas dos años menor que tú, eres un pedófilo- Draco alzó la barbilla sin importarle el comentario.
-pero por lo menos no soy virgen de labios- Draco le sonrió con superioridad antes de dirigirse a la puerta- te dejo solo con tu pelirroja, yo me voy a entrenar.
Harry observó la puerta cerrarse, y después de suspirar fuertemente volvió su vista a la esfera, sus ojos pasaron por la figura de Ginny, pero su atención se centró en otra figura, mas menuda y sentada hasta el final.
Si, ahí estaba.
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Continuará...
