O.O Sigo viva, lectores. Merezco que me quemen en la hoguera por tardar tanto, pero mínimo esperen a que finalice la historia xD Espero que les guste el capítulo, recuerden que no sólo ustedes esperaron, Grimmjow y Rukia se quedaron a mitad del acto jaja qué valor. Hasta pronto, bye-bye (:
MI PRESA
Capítulo 4: Visita inesperada.
RUKIA'S POV
Grimmjow se abalanzó sobre mi cuello y me besó desenfrenadamente. Sabía que ansiaba este momento desde que me lo encontré en los jardines. Siendo franca, me sorprendía que se hubiera resistido tanto. Subió a mi boca y la devoró también. Estaba siendo un poco brusco, pero no me molestaba.
Se deshizo de mi falda y me estremecí por el frío contacto de sus manos en mis muslos. La verdad era que no me había detenido nunca a pensar en lo lejanos que son los arrancar de los humanos; nosotros los shinigamis éramos más parecidos.
Me quitó la ropa interior de abajo y gemí sin querer cuando sus dedos se deslizaron en mi interior. Odiaba a ese hombre intensamente, pero sus caricias y atenciones hacia mi cuerpo me estaban haciendo cambiar de parecer demasiado rápido. Maldición, se le daba muy bien todo lo que hacía.
Sus caricias no eran amorosas, lo cual era obvio, no había amor de por medio. Grimmjow parecía la clase de tipo que siempre conseguía lo que quería, y en ese momento se trataba de mí. Claro que no tuvo que batallar demasiado, al momento en que lo sentí dentro de mí la noche anterior supe que estaría a su merced.
Dejé caer la cabeza a un lado y me apoyé en los codos para ver mejor lo que hacía. El placer era absoluto, me precipitaba hacia el orgasmo. De repente dejó de moverse y salió de mí. Se quitó la chaqueta, revelando su musculoso torso perfecto marcado por la cicatriz de la batalla con Ichigo. Lo tomé de la nuca y acerqué su boca a la mía con agresividad. Sus labios eran insistentes, firmes y suaves. Me estaba volviendo loca.
Me deshice de su pantalón y lo arrojé a un lado de la cama.
-Veo que estás tan ansiosa como yo –exclamó con una sonrisa de lado.
Se puso de rodillas entre mis piernas. Me enderecé en la cama y contemplé su erección. A diferencia de la primera vez, pude tomarme mi tiempo sin que entrara en mí de un solo movimiento. Acaricié la punta y lo noté estremecerse. Así que el bastardo tenía sus puntos débiles. Lo masajeé a un ritmo torturante mientras lo veía intensamente a los ojos. Los tenía entrecerrados, sin duda debido al placer. Las líneas debajo de sus ojos se oscurecieron cuando agachó la cabeza hacia mí. Parecía un depredador.
-Espero que vayas a terminar lo que empezaste.
Me mordí el labio, nerviosa. ¿Acaso estaba insinuando que…?
Me tomó de la cabeza y me guió gentilmente hacia su erección. Dejó escapar un sonido grave desde el fondo de su garganta cuando mis labios rodearon la punta. Me sujetó el cabello hacia atrás y comenzó a llevar el ritmo. Al principio estaba completamente desconcertada, pero sólo tuve que dejarme llevar por las sensaciones para hacerlo bien. Entraba y salía con facilidad al ritmo de mi lengua. Aproveché para acariciar su abdomen de hierro, evitando el curioso agujero hollow que abarcaba la zona donde debería tener el ombligo. En cierto modo era perturbador, pero nada de eso me importaba en ese momento.
De repente se quedó muy quieto y salió bruscamente. Aspiré como si no hubiera aire suficiente en la habitación. Me quitó la blusa y el sostén y los arrojó al montón que se estaba formando en el piso. Subió las manos por mis costillas y después las colocó sobre mis pechos; sus pulgares jugueteaban con mis pezones hasta que lograron ponerlos erectos. Sus manos ásperas me causaban incomodidad, pero en vez de apartarlo arqueé la espalda y me apreté contra sus palmas en un intento de sentirlo más fuerte. Me dio un mordisco en el hombro y me puso totalmente de espaldas sobre la cama.
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GRIMMJOW'S POV
Estaba ansioso por tomarla. Su delicado cuerpo se amoldaba a mis manos como si de barro se tratase. Me coloqué sobre ella entre sus piernas y entré lentamente sin perder un segundo de su reacción. Abría la boca conforme me abría paso en su interior, tan estrecho, húmedo y perfecto como la primera vez.
Soltó un gemido cuando alcancé el tope, pero no pareció avergonzarse del sonido lascivo. Apreté los dientes y me aferré a sus caderas golpeando a un ritmo constante. Parecía que nunca tendría suficiente de ella. Me enojaba depender así de alguien, pero la sensación valía cada puto segundo de mi existencia.
Reí con sorna cuando vi que se aferraba a las sábanas de algodón con fuerza. Así que las sensaciones se agolpaban. Se notaba que no podía controlarlas, pero yo tampoco podía así que no hice ningún comentario. Aceleré el ritmo extasiado por el sonido y su calidez interior. Empecé a sudar como si estuviera en plena batalla. Su piel también brillaba bajo la lámpara artificial. Tiré de ella y la sujeté de los muslos para llevarla al tocador. Con una mano tiré mis pertenencias al suelo y la senté en la fría madera. Su piel se erizó curiosamente, no sabía que los shinigamis llegaban a tener ese tipo de reacciones.
Enterró la cabeza en mi cuello, apoyándose en mis hombros y con las piernas alrededor de mi cintura. Sentí que sus paredes se estremecían y reuní toda la fuerza que fui capaz para salir de ella.
Me miró con reproche y no pude evitar soltar una carcajada.
-Luces decepcionada, shinigami. ¿Qué ocurre?
-No puedes dejarme así –susurró.
Claro que podía, yo no seguía las órdenes de nadie. Supuse que no estaba de humor para juegos, la verdad yo tampoco lo estaba, pero no pude evitar tomar ventaja de la situación.
-¿Quieres que siga?
-Sí.
-Entonces dilo. Quiero escucharte alto y fuerte. Quiero que todo el castillo, no, quiero que todo Hueco Mundo te escuche.
-Estás loco.
Deshice el nudo de sus piernas a mi alrededor y la puse en el suelo. La mirada fiera que me lanzó no me gustó para nada, aunque debo admitir que me puso más caliente de lo que ya estaba.
-Sólo dilo.
Suspiró pesadamente y se cruzó de brazos.
-Bien, quiero que sigas.
-¿Seguir con qué?
-No pienso formar parte de tu jueguito.
-¿Seguir con qué? –insistí.
Se acercó peligrosamente y me tomó del cuello para acercarme a su boca. Cuando estaba a sólo unos milímetros, se retiró y me dejó con las ganas. La jalé del brazo y devoré su boca con avidez, pero ella sólo permaneció estática.
Bien hecho, Grimmjow. Ahora había quedado como un idiota y encima de todo tendría las bolas azules al final del día.
-Tu sentido del humor es pésimo –exclamé y la tomé en brazos hasta la cama.
Me senté y la puse a horcajadas sobre mí. Entré en ella de una estocada y no le di tiempo de ajustarse cuando ya estaba embistiendo en su interior. Gruñí contra su oreja y aceleré el ritmo. Esto era mejor que cualquier pelea, era mejor que devorar otras almas, era aún más excitante que mi resurrección. Di un par de estocadas más antes de derramar mis fluidos dentro de ella al sentir sus violentas contracciones. Cayó rendida en mis brazos, jadeando y tratando de acompasar su respiración.
Ahora venía el momento incómodo. Cuando el sexo terminaba y cada quien se iba por su lado. Yo no era uno de esos tipos que se acurrucaban, pero si pudiera comenzar otra ronda y seguir todo el día, lo haría sin dudar.
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RUKIA'S POV
Grimmjow salió de mí y me dejó sentada en la orilla de la cama. No tenía idea de qué podía decirle, así que permanecí callada. Estaba a punto de recoger mi ropa del piso para vestirme cuando escuché que la puerta se abrió y alguien entró dando largas
zancadas.
-Aizen-sama quiere verte en sus aposentos –exclamó Ulquiorra dirigiéndose a mí.
-Maldición –respondió Grimmjow recogiendo su pantalón-. ¿Es que no sabes tocar, maldito fenómeno?
Ulquiorra hizo caso omiso de su comentario y siguió taladrándome con la mirada. Esperaba que recorriera mi cuerpo, pero sus orbes seguían fijas en las mías. Tardé un momento en encontrar mi voz.
-Sí, eh, yo…sí, en seguida voy –recogí mi ropa con la cara roja de vergüenza. Grimmjow me observaba por el rabillo del ojo mientras me vestía.
-Lárgate, ya te dijo que en seguida va –exclamó Grimmjow.
Ulquiorra permaneció inmóvil. Grimmjow se acercó a él y quedó a sólo unos centímetros de distancia. La diferencia de alturas y complexiones era aún más notoria.
-No quiero tener que repetirlo –gruñó.
Ulquiorra lo miró por una milésima de segundo sin que su expresión cambiara y finalmente se dio la media vuelta y salió por la puerta.
Suspiré. No me di cuenta que había estado aguantando la respiración desde que Grimmjow se había acercado a Ulquiorra. Una pelea entre ellos era lo que menos quería, sobre todo cuando yo estaba de por medio. Terminé de vestirme y salí de la habitación sin dirigirle la palabra a Grimmjow.
Ulquiorra me esperaba recargado en el muro con las manos en los bolsillos. Comenzó a caminar por el pasillo sin voltearme a ver siquiera. Lo seguí en silencio.
El sonrojo de mi cara aún estaba presente, no sabía por qué me ponía así de repente. Si para los Espadas y Arrancar el sexo era algo completamente normal, no tenía por qué sorprenderme o cohibirme porque Ulquiorra nos descubriera. Seguramente habría encontrado a Grimmjow en situaciones similares más de una vez.
Sentí una punzada en el pecho al pensar que el Arrancar de cabello celeste y actitud violenta había estado con alguien más. Tuve que repetirme y convencerme de que no me importaba en lo absoluto. Después de todo éramos enemigos y él me había dejado fuera de combate en un abrir y cerrar de ojos; trabajaba bajo las órdenes de Aizen, el shinigami traidor que había engañado a toda la Sociedad de Almas; no había tenido reparos en cuanto a golpearme mi primera noche en el castillo; y sobre todo, le había hecho daño a Ichigo…
A pesar de todo, no pude evitar pensar en las expresiones graciosas que tenía o las cosas que decía, en lo sobreprotector que se había portado momentos atrás al encontrarme con su fracción y en que me había rescatado de Ichimaru y Nnoitra, en su cuerpo cálido o el placer que me hacía sentir.
Ulquiorra me sacó de mis pensamientos cuando abrió la puerta de una habitación y me jaló del brazo hacia dentro. Todo estaba en penumbra, forcé la vista pero fue en vano. De súbito las luces se encendieron. El cuarto estaba completamente vacío, por un momento creí que vería a Aizen sentado y observándome con esa estúpida sonrisa suya, tal vez a Tousen o Gin a su lado, pero no había nada.
-¿Qué significa esto? ¿No se suponía que Aizen quería verme? –le pregunté extrañada.
-Primero debo hacerte una advertencia. Mantente alejada de Grimmjow, es peligroso.
-Tú debes mantenerte alejado de mis asuntos, también eres peligroso.
-Yo estoy aquí para vigilarte, son órdenes de Aizen-sama.
-No me interesan sus órdenes. ¿Y luego qué? ¿Vas a ir corriendo a decirle todo lo que hago?
-Mi existencia cumple el propósito de servir a Aizen-sama.
-Aizen-sama esto, Aizen-sama lo otro, estoy harta. Dile que si quiere verme puede buscarme él mismo –lo rodeé para salir de la habitación pero me detuvo del brazo.
-Es el Hougyoku.
-¿Qué? ¿De qué hablas?
-Lo que Aizen-sama quiere de ti.
-No sé de qué me hablas. ¿Qué es eso? ¿Hokyo…?
-Hougyoku.
-Sí, lo que sea. No tengo nada como eso.
-Está dentro de ti. El hombre del sombrero lo puso en tu interior cuando te vendió el gigai.
-¿Urahara? ¿Cómo sabes acerca de él? ¿Cómo sabes que le compré un gigai?
-Lo escuché de una conversación de Aizen-sama y los otros capitanes. Es por eso que no pudiste recuperar tus poderes cuando se los diste a Kurosaki Ichigo.
No era posible que este hombre supiera tanto sobre mí. Ni siquiera Aizen. Sabía que no era quien decía ser, pero esto iba mucho más allá. No podía saber tanto. Y aún si los supiera, ¿cómo sabía que Urahara había puesto algo en mi interior?
-Esto es patético, no escucharé una palabra más.
Ulquiorra me soltó y me fulminó con la mirada, algo que no había visto desde mi llegada al castillo.
-Lo importante no es el Hougyoku, es el proceso de extracción.
-¿Estás diciendo que Aizen quiere extraer esa cosa de mí? ¿Como una operación?
-Es más complicado que eso, pero sí.
-¿Y cuál es su propósito? ¿Para qué lo necesita? ¿Por qué dices que es peligroso?
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GRIMMJOW'S POV
Ulquiorra y la shinigami se alejaron por el pasillo. No pude sentir más su reiatsu. No tenía idea del motivo por el cual Aizen querría verla, sólo sabía que no debía entrometerme por más que la duda de los planes que tenía para ella me carcomía por dentro.
Me acosté en la cama con la mirada hacia el techo. Todavía estaba cálida y olía a la shinigami. Era asombroso estar dentro de ella y escuchar sus gemidos. Si no volvía a verla pronto me volvería loco, pero debía cuidar que nadie se le acercara. Era mi presa.
Mantener a raya a mi fracción no sería problema, pero ¿cómo se suponía que detuviera a Nnoitra? Su rango era mayor que el mío, por mucho que me costara admitirlo. Y de Ichimaru ni siquiera lo había considerado. Era la mano derecha de Aizen, y aunque a simple vista parecía un tipo débil y bromista, sabía que en el fondo no era así; después de todo era un excapitán de la Sociedad de Almas.
La puerta de la habitación se abrió con un chirrido. Tal vez era la shinigami. Me enderecé en la cama apoyándome sobre mis codos y me congelé.
Era Aizen.
-Grimmjow, espero no interrumpir tu sueño –exclamó con voz calmada.
En cuanto dio un paso dentro de la habitación todo el ambiente se puso mil veces más denso. Parecía como si las molduras del castillo crujieran por tanto poder y que en cualquier momento los muros de mi habitación se derrumbarían o explotarían estruendosamente. A su lado estaba Ichimaru, con esa permanente y escalofriante sonrisa suya.
-No estaba dormido –logré decir.
Su aura me oprimía el pecho. Aizen paseó la mirada por la habitación y se detuvo en mi chaqueta tirada en el piso, en la cama desordenada y por último en las cosas esparcidas alrededor del tocador.
-¿Tuviste otro de tus ataques de ira?
Estaba jugando al listo. Sabía que no era el caso.
-No –respondí secamente.
-Ya veo, entonces supongo que lo que Gin me dijo es cierto.
Gin abrió los ojos un milímetro apenas y ensanchó la sonrisa.
-Has estado viendo a Rukia Kuchiki.
Mi silencio pareció corroborarlo.
-Detesto tener que repetir las cosas. La primera noche te pedí que te mantuvieras alejado de ella. No sólo desobedeciste mis órdenes, sino que desafiaste a Ulquiorra y destrozaste una pared del castillo con un cero, lo que sabes bien que está prohibido. ¿Es acaso una fase de rebeldía? ¿No tienes suficiente a tu disposición? Le pedí personalmente a Harribel que satisficiera tus deseos, pero me decepcionó tu reacción.
Conforme hablaba el ambiente se volvía más y más denso. Estaba enojado, podía sentirlo.
-Harribel no es mi tipo.
-Es curioso, yo diría que es el tipo de todos –empezó a caminar por mi habitación-. Como sea, una reprimenda no es suficiente, no quiero que los demás piensen que tengo favoritismos contigo, porque no es así. Me temo que tendré que emplear medidas más…drásticas.
Ichimaru desenvainó su wakizashi y la punta quedó a sólo un centímetro de mi garganta.
-Sin embargo –prosiguió Aizen-. Tu curiosidad hacia la shinigami está bien fundamentada. Talvez si descubres su verdadero propósito aquí, tus ganas irrefrenables de acercarte a ella disminuyan un poco. Esta noche llevaré a cabo los planes que tengo para Rukia, quiero que me ayudes.
-¿Por qué tendría que hacerlo?
-Creí que estarías interesado en mis planes así como lo estás en ella.
-La verdad es que no –respondí.
-Vaya sorpresa. Bueno, puedes ayudarme esta noche o Gin puede matarte aquí mismo. De todas formas ya cumpliste con tu misión, no creo que puedas ser de más utilidad que la que yo te otorgo. Ayúdame esta noche y te perdonaré el castigo que tenía pensado para ti.
Una gota de sangre resbaló por mi cuello desde donde Gin presionó con más fuerza su zanpakutou. Me estaba jugando la vida. No tenía otra opción.
-De acuerdo –exclamé molesto.
-Bien, sabía que accederías. Ven a mi laboratorio al anochecer.
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RUKIA'S POV
Ulquiorra no alcanzó a responder ninguna de mis preguntas porque en ese momento entraron Aizen, Gin y Tousen. La presión cambió de súbito, caí sobre mis rodillas con las manos en el piso, jadeando por aire.
-Rukia, lo lamento. Debo recordar que estás en el castillo. Gin y Tousen ya se acostumbraron a mi reiatsu, incluso mis Espadas soportan una presión de este nivel. Un shinigami de rango inferior como el tuyo tardaría siglos en acostumbrarse.
Aizen siguió caminando y la presión se esfumó. Me senté en el piso, observándolos de reojo, empapada de sudor. De pronto aparecieron sillas y una mesa en la habitación. Aizen y los demás se sentaron alrededor. Ulquiorra me levantó del brazo, me sentó frente a Aizen y se quedó de pie a mi lado.
-Veo que estás usando la ropa que te proporcioné –comenzó Aizen.
-Tus soldados se llevaron mi uniforme –respondí.
-Estaba hecho jirones de todos modos. ¿Cómo te has sentido en el castillo? ¿Te llevas bien con mis Espadas?
-No he tenido el placer de conocerlos a todos.
-Es cierto, pasas más tiempo con Grimmjow de lo que me gustaría.
No respondí.
-De cualquier forma, debes estar preguntándote el motivo por el que te trajimos aquí.
Miré de reojo a Ulquiorra. No sabía qué consecuencias traería si decía que me había dicho todo, así que fingí no saber nada.
-Sí.
-De hecho es algo muy sencillo. Voy a extraer algo de tu interior y luego podrás regresar a casa cuando tus amigos lleguen.
-¿Extraer algo?
-No quiero arruinar la sorpresa.
-¿Estás diciendo que me vas a dejar ir cuando termine? Podrías haberlo hecho en el mundo humano para evitarnos todo esto.
Aizen sonrió. Estaba ocultando algo. Pensándolo bien, si se trataba de extraer algo, no había razón para traerme aquí. A menos que…se tratara de una distracción. Ichigo y los demás vendrían a rescatarme. ¿Alguno de los capitanes lo haría también? Si ese fuera el caso, ¿no sería una trampa para emboscarlos aquí y atacar la Sociedad de Almas cuando estuviera desprotegida? Eran muchas las cuestiones y no tenía tiempo ni fundamentos para responderlas.
-Puedes retirarte, Rukia. Te veré más noche –sentenció Aizen.
Ulquiorra me tomó del brazo y me sacó de la habitación. La puerta se desvaneció detrás de nosotros.
Continuará…
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