Secreto…
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra de Rumiko Takahashi, yo solo cree este fanfic con motivos de entretenimiento.
¿Y cómo no temerte cuando te paseas por las sombras como si fueras la oscuridad misma? ¿Y cómo no amarte cuando te paseas por mi corazón como si fueras el alma misma? Pero eres tan enigmático…Por favor… déjame descubrir todos tus… secretos…
-.-.-.-.-.-.-.-.
4 C A P : Higurashi…
La chica metía cosas en su cesta de compras casi por inercia, su cabeza se encontraba hecha un lío en otro lado, pero parecía que la preocupación se encargaba de seguirla a todos lados. Giró la cabeza buscando entre la gente por unos segundos hasta que por fin pudo dar con su amiga castaña quien se encontraba charlando alegremente con un joven. Negó con la cabeza, ella con el nervio brotando por todos los poros y en lugar de ayudarle a hacer más rápido esto se entretenía charlando con quien sabe quién. No es que fuera bruja o algo así, pero tenía un mal presentimiento, muy mal presentimiento, de esos que sentías fluir desde tu columna vertebral provocándote escalofríos y no sabes si echar a correr como una desquiciada o ignorar completamente a tu revuelto cerebro. Lógicamente la razón ganó por sobre todas sus alocadas ideas y metió pacientemente ramen de distintos sabores en su cesta de compras e incluso leyó los ingredientes de a saber que solo para mantener su mente ocupada. Sus zapatos escolares resonaban en el frío piso blanco de mármol que adornaba esa pequeña tienda.
-Oye Kag- escuchó que la llamaban desde su espalda y giró solo para encontrarse con un lindo chico delgado de cabellos y ojos grises junto a su amiga que al mirarla se sonrojó notoriamente –Te presento a Daisuke- sonrió –Él fue mi compañero un tiempo mientras estuve aquí-
Kagome se presentó amablemente y cruzó un par de palabras con el tímido chico, la tensión pareció abandonarla unos momentos… pero vaya escasos momentos.
Un grito agudo se dejó escuchar por todo el pequeño lugar y seguido de este se escucharon muchos más los que inmediatamente fueron callados por el sonido de un disparo.
-¡Dejen de gritar con un carajo!-
Todos en el lugar guardaron sepulcral silencio.
En algún momento cuatro hombres habían entrado al lugar sin ser notados, corpulentos, todos vestían de negro y ocupaban un pasamontañas que escondía su identidad. Pero por la voz que minutos antes había podido escuchar se trataba de una banda de criminales jóvenes.
-¡Todos al suelo!- volvieron a escuchar ahora por parte de otro aludido -¡Y si valoran sus miserables vidas guardaran silencio o juro que disparo al primero que se atreva a intentar pedir ayuda y la sangre correrá por aquí!-
Kagome hizo junto con el resto de la gente lo que pedían, recostándose en el frío piso haciéndola estremecer. El miedo le invadía y sentía ganas de vomitar, supuso que estaba más pálida que el papel y que su cuerpo temblaba como el vibrador de su celular. A su lado la cesta con las compras reposaba olvidada. Siguió mirando a los criminales asustada y detalladamente suponiendo que lo que querían era el dinero de la caja automática y luego se marcharían de allí, pero algo muuuuy en el fondo algo le decía que no era así. Despegó su temerosa vista un momento de los tipos y se dedicó a mirar a todos los que estaban a su alrededor. Había gente rezando, otras personas lloraban en silencio, inclusive algunas que híper-ventilaban, madres apretaban a sus niños y padres los apretaban a su vez, gente verde, gente morada, gente blanca, gente de los tres colores. Se sorprendió un poco al encontrar la variedad de colores que podía tomar el cuerpo humano. Esta vez giró a su derecha observando a su amiga Sango, quien contraria a todo parecía estar calculando algo con una mirada muy fría que por algunos instantes dio miedo. Regresó su mirada a los hombres y casi pierde el conocimiento cuando escuchó a uno de ellos hablar lo suficientemente fuerte como para que todos escucharan, pero claro, con el miedo, hasta el ruido de un alfiler caer podría escucharse como la pisada de un elefante.
-¿Quién de aquí es Kagome Higurashi?-
Abrió los ojos con sorpresa y esperó haber oído mal. Esperó que sus oídos le hubieran jugado una mala pasada debido a la adrenalina que sentía en ese momento. Pero no, parecía que Kami-sama quería jugar con ella.
-¡¿Quién demonios es Kagome Higurashi!- volvió a gritar el último hombre al parecer ya falto de paciencia. Al ver que nadie se movió pareció perder lo que le quedaba -¡SI NO APARECE ESA KAGOME HIGURASHI MATARE A TODOS AQUÍ!- y para apoyar su amenaza levantó su ametralladora logrando exclamaciones de la gente.
¡¿Dónde limones se metió la policía?
Miró a su amiga quien le devolvió una especie de mirada suplicante negando con la cabeza sutilmente, pero ella no era tan mala como para dejar que todos murieran por su culpa. No era tan egoísta.
-¿Kagome Higurashi?- volvió a preguntar el hombre que la llamara primero pacientemente, parecía ser el más calmado.
Estaba jodida.
Con mucha lentitud se levantó de su "asiento" y bajo la mirada sorprendida de todos se irguió y puso el semblante más frío que pudo encontrar (aunque por dentro se sintiera como gelatina apunto de gritar y correr despavorida)
-Yo soy Kagome Higurashi- sorprendentemente su voz no tembló, al contrario, sonó lo suficiente estable y dura como quería
El hombre que parecía más calmo habló nuevamente.
-Acércate-
Respiró hondamente, miró por unas milésimas de segundos a su amiga como quien se despedía e iba en marcha de su destino y con pasos firmes y decididos se postró frente a los grandulones que fácilmente le sacaban dos cabezas. En ningún momento mostró terror o algo parecido, solo indiferencia. Se sorprendió de ella misma.
El mismo hombre se acercó a ella y tomó su barbilla examinándola detenidamente.
-Eres muy bella… - luego lanzó un suspiro cansado –Lastima que no durará mucho-
Trago duro ante esas palabras, no era tonta o alguna clase de retrasada, sabía lo que eso significaba. El tipo la tomó de la mano y la jaló hasta la salida junto con los demás grandulones, no pataleó, forcejeó o gritó en ningún momento, era como la persona que se acercaba irremediablemente a su final y lo tomaba con calma sabiendo que no tendría escape. Si iba a morir, por lo menos que sus últimos momentos fueran de dignidad. Aunque moriría con dudas, porque aun no tenía una idea de por qué demonios la querían a ella.
Sango vio a ese desgraciado tomar a su amiga de la mano y guiarla a la salida, lentamente y con los movimientos de un felino subió su falda escolar un poco más arriba de los muslos palpando algo frío y duro. Había estado esperando el momento indicado, y este, parecía serlo. Estaba dispuesta a saltar y dar frente a esos tipos, jamás dejaría que se llevaran a Kagome, sobre su cadáver. Se arrodilló lentamente hasta quedar con esos de espaldas en la mira, los muy idiotas le estaban dando el blanco perfecto. Estaba por dar el grito de guerra pero increíblemente alguien se le adelantó.
Tres disparos, limpios y certeros acabaron con tres hombres al instante, cayendo con un golpe seco y dejando la sangre brotar a borbotones a su alrededor obteniendo como resultado a un cuarto impresionado y sin poder reaccionar por unos instantes (sin mencionar que muchas personas vomitaron o se desmayaron).
-Discúlpenme, pero no se llevaran a ninguna ceñorita hoy-
Todos giraron la vista hacia el "héroe" y quedaron estupefactos. Cualquiera se hubiera imaginado a un agente especial o incluso a un hombre de negro, vestido limpiamente de traje, con lentes y altura colosal, pero en lugar de eso estaba un muchacho. Aunque era alto y a leguas se notaba fuerte, no debía tener más de diecisiete años. Su negro cabello estaba amarrado en una coleta alta, pero en lugar de lucir afeminado le daba aires de chico rudo; sus facciones eran duras pero no demasiado, debía tener mas o menos la estatura de Inuyasha y poseer la misma fuerza. Cuando viajó hasta sus ojos se quedó un momento allí, sin poder despegar su vista de ellos. Eran azules… tan azules como el cielo en un día despejado, simplemente… hermosos. Vestía contrario a hombres de negro una playera de manga corta café oscuro, unos jeans rotos como también desgastados que encerraban unas poderosas piernas y tenis del mismo color de la playera. No supo porque pero en algún momento a su cabeza acudió la imagen de un lobo… un hermoso lobo salvaje. En resumen, un chico muy apuesto que por alguna razón se le hizo muy conocido.
El muchacho caminó con paciencia al individuo restante, sus movimientos, eran los de un lobo asechando a su presa. Se agachó justo frente a él mostrando su hilera de blancos y perfectos dientes en una sonrisa, aunque Kagome no lo pudo apreciar completamente debido a que el chico le daba la espalda.
-Ya decía yo que tu desaparición repentina no era por una jubilación-
El criminal rió libremente. Su risa era calmada y armoniosa, como la de un ángel. Eso le tomo con la guardia baja. ¿Acaso se conocían? Se quitó el pasamontañas revelando a un muy hermoso muchacho, de cabellos rubios y ojos aceituna.
-Ya sabes- comenzó sin rastros de culpabilidad –Cosas de dinero, me pagan mejor trabajando para ellos-
El ojiazul borró su sonrisa -¿Pero sabes que tendré que matarte por ello, no?-
El ojiverde solo volvió a reír encogiéndose de hombros –No importa, sabía que tarde o temprano esto se acabaría. ¿Y qué mejor manera que morir a manos de mi camarada? Sabía que tu puntería mejoraría algún día-
Los dos hombres rieron nuevamente como si estuvieran contando un buen chiste.
-Si bueno, anticuado o no se me dan mejor las katanas- rieron una vez más
-Esa mujer- comenzó el rubio una vez se hubieran calmado adoptando un semblante serio y señalándola con un movimiento de cabeza –Es el objetivo principal de Naraku-
-¿Ella?- preguntó ahora el pelinegro mirándola directamente por sobre su hombro izquierdo
Kagome se sintió un momento cohibida, todas las miradas, incluyendo las de la gente estaban sobre ella. Pero sintió que le robaban el aliento cuando sus ojos hicieron contacto con los azules. No entendía nada de lo que estaban diciendo, parecía que hablaban en clave en lugar de Japones.
-Bueno, un placer haberte visto de nuevo, me alegro, aunque fuera la última- dijo el rubio mostrando una sincera sonrisa
Este se la devolvió y con otro último disparo mando al ojiverde al suelo.
-Lástima- le escuchó susurrar –Yo también me alegré mucho-
Unos minutos de silencio invadieron el lugar, fue como si todos se hubieran puesto de acuerdo para guardar honores a las personas que ahora yacían muertas y en otro lugar muy lejano. Después de todo, matones o no, eran humanos.
El muchacho se tomó su tiempo guardando su arma por entre sus ropas y cuando terminó finalmente caminó hasta ella, intimidándola con su estatura.
El chico le tendió amablemente su mano y Kagome le miró unos minutos sin comprender cuando cayó en cuenta de que en algún momento sus piernas habían cedido mandándola al suelo. Dudó un poco pero finalmente la tomó sintiéndola grande y cálida. Cuando estuvo de pié pudo sentir como sus piernas temblaban y como por sus mejillas corrían lágrimas que el chico muy amablemente secó con su pulgar.
-¿Estás bien?-
Kagome solo pudo asentir, aun no podía despejar su vista de esas lagunas azules que tan profundamente la miraban. En ellos no había rastro de culpabilidad alguna por haber matado a esos hombres. Solo un pequeño indicio de tristeza.
El chico se acercó para susurrar algo en su oído. –Ya estas a salvo, lamento que tuvieses que ver esto-
Eso, fue lo último que escuchó antes de caer rendida en un profundo sueño.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-Oye Miroku, ¿No crees que ya se están tardando?- preguntó el albino desde su lugar en el sillón
El aludido solo giró los ojos por la impaciencia de su amigo –Son mujeres Inuyasha, debieron haberse entretenido por allí viendo ropa o algo así-
-mmm- fue su única respuesta sin apartar la vista de ese programa de acción, por alguna razón sentía que algo no estaba bien.
-Interrumpimos este programa para dar una noticia de último momento…-
¡DIIIIIING!
El timbre sonó haciendo su tan necesaria interrupción. Al ver que su amigo estaba muy apegado a la tele viendo una noticia al parecer muy interesante con el ceño fruncido, se levantó de la mesa donde estaba comiendo una manzana y fue a abrir.
-¡MIROKU TIENES QUE…- El albino calló al ver a una mal herida Sango en la puerta siendo ayudada por un preocupado Miroku y a una Kagome inconsciente en los brazos del "lobo". Había corrido en cuanto escuchó lo sucedido en las noticias-¡¿Qué haces aquí sarnoso?-
-¡¿Acaso no estás viendo chucho?- Dijo este haciendo referencia a la chica en sus brazos
El albino se sintió por unos momentos estúpido, pero es que su rivalidad con "el lobo" y su competencia por ver quien se insultaba primero ocupó por completo su mente. Sacudió la cabeza mirando preocupado a Kagome… olía a sangre.
-¿Qué ha pasado?- preguntó serio
-En la tienda- comenzó una débil Sango captando la atención de todos –Nosotras habíamos terminado y estábamos por pagar- Miroku la sostuvo más fuerte de la cintura y la llevó a sentarse en el sillón mientras ella respiraba agitadamente
-¿Sanguito?- le insistió
-Yo hablaba con un viejo amigo y Kagome compraba algo de ramen cuando de repente unos tipos entraron al lugar armados- Inuyasha y Miroku fruncieron el ceño al mismo tiempo- Asustaron a todos y nos dieron órdenes de tirarnos al piso, al principio pensé que se trataba de un simple robo, pero los ladrones nunca pidieron dinero o nos quitaron cosas de valor, al contrario, pidieron algo mucho peor…-
-¿Qué Sango?- preguntó ahora Miroku serio
-A Kagome- respondió el "lobo" por ella
Todos miraron al aludido impresionados
-A… ¿Kagome?- preguntó Inuyasha dirigiendo la vista a la chica totalmente inconsciente en los brazos de el "lobo" sin poder creérselo. Pero… ¿Qué querrían de ella? Qué el supiera, ella no estaba involucrada en nada… ¿O si?
-Pero… ¿Qué quieren de ella?- habló esta vez Miroku exteriorizando sus pensamientos con una mano bajo su mentón y un semblante que daba escalofríos
-Lo mismo… nos… preguntamos-
-Sango estas muy pálida…- hablo Miroku preocupado
-Entrégame a Kagome-
Todos callaron al ver a un serio Inuyasha extender las manos en dirección al muchacho que sostenía a la azabache.
-En sueños rabioso- habló enojado mostrando los dientes
-¡Qué me la des lobo!- gritó falto de paciencia
-¡Yo fui quien la salvó, no tu!-vociferó molesto girándose para subir a la habitación de la chica, no sería necesario preguntar donde se encontraba, para eso tenía nariz.
Llego a la que supuso era su habitación, pero como no hacerlo si las paredes pintadas de rosa desprendían por todos lados su delicioso olor. La colocó con cuidado en la cama como si de una fina pieza de porcelana se tratase y con medio cuerpo sobre ella recostó su cabeza en la cama justo junto su oreja izquierda. Aspiró su olor y se perdió en el suave perfume que desprendía.
-¿En qué te has involucrado Kagome?- susurró cansado
Después de unos segundos más de admirar su belleza, abrió los ojos que en algún momento cerró, se alejó de su lado y bajó a la sala donde pudo observar como Miroku preocupado curaba a una Sango herida e Inuyasha daba vueltas por todo el lugar como león enjaulado.
-Es que no entiendo- susurraba una y otra vez para si mismo mientras se empeñaba en dar vueltas por todo el lugar
-¡Para perro! ¡Me estas mareando!-
Kouga exhaló lo que debería de ser su veinteavo suspiro. ¿Ahora qué harían? No es que no les hubiera pasado, ya antes habían tenido que cuidar de una persona, pero ella era Kagome, esto era diferente. Estaban poniendo en riesgo a una de las personas que más le importaban, la estaban dejando sin armas en medio deesa gran batalla, entre la espada y la pared… su Kagome.
-Es lógico que si Naraku ya intentó una vez llevársela lo hará de nuevo- comenzó Miroku ahora sentado en el suelo –Si ese fuera el caso entonces…-
-Nosotros estaríamos allí para protegerla- terminó Kouga
-Exacto- mostró ahora una de esas sonrisas que tanto lo caracterizaban
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Despertó en la noche, se sintió perdida en cuanto abrió sus ojos y notó la ausencia de luz. Se asustó. ¿Tanto tiempo llevaba en la oscuridad? Movió sus pies y pudo notar que estaban enredados en algo cálido. ¿Sábanas? Justo en ese momento cayó en cuenta de que se encontraba en su habitación. Se sentó con dificultad fijándose en que se encontraba en su cama, en su cuarto, en su casa. ¿Pero cuando llegó allí? De un momento a otro las imágenes de la tienda llegaron a su mente como un balde de agua helada. ¡La querían a ella! Aun tenía ese sabor amargo de su nombre en los labios de esos locos. Sin saber por qué las lágrimas acudieron a ella mojando sus rosas sábanas. ¿Por qué lloraba? ¿Por qué estaba en su casa? ¿Por qué la querían a ella? Cuando trató de ponerse en pie un dolor muy agudo la asaltó en su costado derecho.
-Ya despertaste- escuchó hablar una voz desde la puerta
Sobresaltada giró la vista y dio con el dueño de tan melódica voz. Inuyasha. Quien a su vez encendió la luz ocasionando que ella parpadeara repetidas veces lastimada. Le pareció ver los ojos del chico centellar en la oscuridad.
-¿Qué ha sucedido?- preguntó atropelladamente- ¿Cómo llegue aquí? ¿Qué haces aquí?-
-¡Woa! Una pregunta a la vez- respondió divertido
Ante esto Kagome se puso roja como un tomate.
-Bueno… yo…-
-Veo que estas bien- otra voz
Alzó la vista nuevamente y se encontró con quien menos pensaba. Parado en la entrada, recargado en el marco como un modelo justo al lado de Inuyasha se encontraba su mejor amigo de toda la vida, mejor amigo que un día sin razón desapareció.
-¿Ko… Kouga?- preguntó dudosa entrecerrando los ojos
-El mismo- dijo divertido mostrando su hilera de blancos dientes –Veo que no lo has olvidado-
-Pero yo pensé que tu…-
-Shhh- en algún momento él había llegado hasta la azabache y había colocado su dedo en sus labios ocasionando un hermoso sonrojo en ella –Te explicaré todo luego, por el momento nadie más debe saber que aun vivo- habló con seriedad
Hastiado de la escenita salió del lugar, no le gustaría ver como dos novios se reconciliaban y…. Alto. ¡¿Había dicho novios? Pero eso no podía ser posible. Kagome… esa chiquilla molesta. ¿Con ese lobo mugriento? Se detuvo en seco justo a la mitad de las escaleras. Pero si era así… ¿Ellos dos ya debían de conocerse no? Por alguna razón sintió ganas de vomitar al imaginarse a Kagome en brazos de Kouga. Seguro se estaba enfermando, debía ver un doctor.
-¡Inuyasha!- oyó a Miroku gritar desde la planta baja
-¡Ya voy! ¡No estoy sordo Miroku!- grito fastidiado, extrañamente se sentía de mal humor -¿Qué es lo que quieres?- habló una vez hubiera llegado allí
-¡Woa! ¿Y ahora que te puso de tan mal humor?- preguntó al verle con el ceño frucido –¡No¡- alzó una mano en pose dramática –No me digas… un insecto respiró tu aire-
-Muy gracioso Miroku…-
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Entonces Kouga era tu mejor amigo de pequeña?- habló una vez hubiera tragado el bocado que masticaba
Estaban sentados a la mesa, compartiendo una cena que la chica después de levantarse encontró preparada por su amiga, no era de extrañarse, Sango venía tantas veces que podría vivir allí. Shippou no se encontraba ya que se había marchado casa de Kohaku a jugar mucho antes de que ella regresara.
-Sip- respondió feliz mirando por el rabillo de ojo al mencionado –Pero… un día desapareció por alguna extra razón y nadie supo nada de él… -
-Es algo muy complicado Kag…- se justificó Kouga colocando sus brazos detrás de su cabeza recargándose en la silla con expresión culpable
-¿Kag?- preguntó Inuyasha con el ceño fruncido
-Si, ese era el apodo con el que llamaba a mi amiga- respondió mirando coqueto a la azabache que se sonrojó
Todos guardaron silencio unos momentos notando las miradas que se lanzaban sus amigos… era algo incómodo y parecía que nadie tenía el valor de interrumpirlos pues se reencontraban de hace años. Inuyasha tan solo apretó los puños bajo la mesa.
-Bueno… cambiando de tema- habló esta vez Miroku salvando la situación –Ceñorita Kagome, necesitamos hacerle una pregunta muy importante- Esta vez la cara de todos cambió radicalmente mostrando seriedad absoluta, incluso Kouga se había enderezado y la miraba seriamente.
-¿De… de que se trata?- cuestionó dudosa sintiéndose incómoda
Miroku carraspeó como preparándose para dar el discurso de su vida pero fue interrumpido.
-¿Quién era tu padre?-
Silencio… eso fue todo lo que la pregunta hecha por el impaciente y nada delicado Inuyasha obtuvo como respuesta.
-¿Kagome?- llamó esta vez algo preocupado al ver como la chica escondía su mirada bajo su flequillo.
-¿Por qué quieres saberlo?- preguntó en un susurro tan bajo que Sango y Miroku no captaron, imposible para un oído humano.
-Porque es importante- respondió serio el peli plateado
Kagome se levantó de la mesa con algo de dificultad debido a la herida en su costado derecho, y bajo la mirada de todos tomó su plato de la mesa.
-Con permiso-
Todos la observaron en completo silencio ir hasta la cocina para dejar su plato con la cena inconclusa, subir las escaleras lentamente y perderse en su habitación.
-Bien- suspiró Miroku recargándose en la silla como era su costumbre –Es obvia su incomodidad en el asunto, no nos dirá… menos si no confía en nosotros-
-¿Pero por qué? Somos amigas… Tenemos al menos un mes de conocernos-
-Sanguito, un mes no es suficiente, al contrario… es muy poco para entablar una gran relación- Miroku miró con lástima a Sango quien bajó la vista observando su plato. Ya no tenía apetito.
-¡Maldición!- lanzó el peli plateado golpeando algo fuerte su puño contra la superficie de la mesa -¡Si Kagome no coopera no averiguaremos nada!-
El ambiente pareció volverse pesado en ese momento. En un lado se encontraba Inuyasha con el ceño fruncido y los brazos cruzados pensando en cómo hacer ceder a la chica y que les contara su historia, a su derecha se encontraba Miroku pensando aun sobre el respaldo de la silla y a su vez se encontraba Sango aun sin despegar la vista de su plato, le seguía Kouga que miraba preocupado en la dirección por la cual desapareció la ojicafé y luego vacío. La chica se había sentado entre ellos dejando ahora un lugar completamente vacío y un espacio entre los dos.
Se escuchó el ruido de una silla y seguidamente se vio a Kouga subir las escaleras no sin antes susurrar un…–Iré a hablar con ella-
-.-.-.-.-.-.-.-.-
¿Por qué querían saber de su padre? ¿Ellos en que se basaban para llegar de pronto a preguntarle algo como eso? ¿Cuál era el secreto? En este mes de estar con ellos creyó que los llegaba a conocer… un poquito… pero… parecía que siempre había algo que los separaba, como un muro invisible que no le era permitido tras pasar y no estaba segura de que quisiera hacerlo. Sentada en su cama pudo sentir el leve frio de la noche que se colaba por sus ventanas abiertas y cerró los ojos un momento, permitiendo que el viento que ahora soplaba meciera sus pensamientos.
-El tiempo solo te ha hecho más hermosa…-
-Kouga…-
El aludido caminó con una mirada triste, parecía que llevara el peso del mundo en sus hombros haciéndole ver por primera vez como el chico que era y no el que aparentaba. Se sentó junto a ella y el peso sumió el colchón. Alargó su mano bajo la expectante mirada de la azabache y tomó un mechón de su sedoso cabello, llevándolo a su nariz con ojos cerrados y embriagándose con su olor un momento. Kagome solo le miró confundida pues no había notado el momento en que la puerta se abrió para dejarlo pasar.
-Kouga…- pronunció nuevamente expectante
-Sabes Kag… nunca hubo día que no dejara de pensar en ti…- empezó abriendo los ojos mirándola intensamente con esas lagunas azules que le parecieron brillar en la oscuridad –No podría olvidar a mi querida amiga, indomable, alegre, inofensiva, tierna y traviesa. Tan ajena a este mundo de desgracia…- cerró nuevamente los ojos y se tumbó sobre la cama –Yo tenía una vida común, como cualquier otro chico… amigos, familia, hogar, comida… era tan… humano-
-¿A qué quieres llegar con esto?-
Kouga lanzó un suspiro frustrado y prosiguió –Nunca fue mi intención desaparecer… nunca quise dejarte sola… quería cumplir mi promesa pero…-
-¿Pero?- susurró la chica con rostro nostálgico al recordar todos esos días que sabía bien no volverían
-Un día regresaba de casa de un amigo…
FLASH BACK
-Oye niño…-
El pequeño de ojos azules se giró al creer escuchar una voz que le llamaba, parecía un susurro, muy suave y rasposo…
-Niño…-
Regresó sobre sus pasos y pudo observar que dentro de un callejón había una persona.
-Niño…-
Desconfiado planeaba continuar con su camino, debía de ser algún vago o loco, su madre le advirtió que se cuidara de ellos y no iba a obedecerla, cuando repentinamente escuchó unas palabras que lo detuvieron completamente.
-Ayúdame niño-
No era un niño desobediente pero tampoco era un niño malo. Caminó hasta adentrarse en el callejón y entre la oscuridad pudo observar a un anciano que parecía tener problemas con algo, ya que trataba de ponerse en pie sin éxito. Un anciano nunca podría hacerle daño, su madre le dijo que había que respetarlos y eran los más sabios. Sonrió al comprobar que esa era su oportunidad de demostrar que era un niño bueno y un superhéroe.
-¿Ceñor?- llamó desconfiado una vez estuviera frente a él
-Acércate- le susurró inmóvil, parecía haberse rendido
El chiquillo inocente se agachó hasta quedar cara a cara con el hombre, que segundos después tomó su brazo de forma repentina mirándole con una sádica sonrisa en el rostro y lo arrastró callejón adentro…
FIN FLASH BACK
-Después de eso desperté en un lugar totalmente ajeno a mí donde me tuvieron encerrado durante días, era un niño y después de todo extrañaba a mi madre- sonrió con ironía –Creía que podría ser un superhéroe y terminé como la víctima-
-¿Pero como…-
-¿Salí de allí? Me rescataron- borró la sonrisa de su rostro y la miró –Fueron horribles esos días Kag, aun los tengo grabados a fuego en mi mente, cuando salí de ahí tuve serios problemas-
La chica no sabía que decir, continuó con sosteniendo su mirada.
-Pero no volviste- el aire entró nuevamente por la ventana de la habitación congelando el ambiente, parece que llovería.
-No podría volver Kag…- Kouga se levantó hasta quedar nuevamente sentado a su lado –No con lo que me hicieron…- susurró esta vez muy bajito con la cabeza girada a la izquierda en dirección a la puerta
-¿Qué fue lo que te hicieron?-
El azabache no respondió, solo se limitó a mantener su vista fija en la salida como si repentinamente quisiera escapar de allí. La luz se mantenía apagada y el silencio aun reinaba en aquel cuarto, el frío la obligo a estremecerse pero el chico no pareció moverse ni un centímetro.
-Me convirtieron en algo horrible…- respondió finalmente levantando su mano derecha y observándola detenidamente –En algo… en algo que no era…-
Kagome por unos momentos observó su mano.
-A mi me parece que sigues siendo el mismo…- le susurró acercándose a él colocando sus rodillas en la cama gateando y tomando su mentón obligándolo a mirarla. El ojiazul pareció decir algo pero ella le interrumpió –Tienes los mismos ojos inquietos, tan azules como el cielo…- empezó pasando sus manos por esos lugares- Las mismas cejas… negras y cautivantes… la misma nariz bonita y respingada… los mismos labios…-cuando pasó sus dedos por allí Kouga los besó levemente –Que tantas veces me animaron con palabras… el mismo mentón fuerte…- esta vez subió sus manos hasta tomar entre sus dedos las hebras de su cabello azabache tan parecido al de ella –El mismo cabello azabache –Tomó de su propio cabello y lo mezcló con el de él –Igual al mío…-
Sin poder evitarlo los ojos de Kouga se aguaron un momento y tomó a la chica en un fuerte abrazo.
-Kag…- le susurró al oído –Me enfrasqué en una batalla… de lo que ya no puedo volver…-
La chica consternada devolvió el abrazó a su amigo y lloró. Tanto que lo extrañó, tanto que espero volver a verlo… lo mal que se sintió el día que le dijeron que había desaparecido… el día que sus padres se rindieron en su búsqueda y el miedo que sintió cuando los locos de la tienda pronunciaron su nombre; en parte todas esas emociones se mezclaron y liberaron en el hombro de su mejor amigo. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué de pronto sucedía todo esto?
-.-.-.-.-.-.-.-
Su mirada se oscureció por unos momentos.
-¿Inuyasha que están diciendo? ¿Inuyasha?-
-¿Amigo?-
El peli plateado hiso caso omiso a sus comentarios y dejando su lugar en la mesa caminó hasta la salida donde la fría brisa meció sus platinados cabellos. Caminó por unos momentos y se colocó frente a un árbol gigante, se sentó en la banca frente a este y apretó los dientes. Subió sus manos directo a su pecho donde sintió a su corazón latir rápidamente.
-¿Por qué de pronto me invaden estas sensaciones?- susurró mirando el cielo y tragándose el nudo en su garganta. Era un marica si quería llorar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¡¿Entonces se quedarán todos?-
Sango le miró con una gotita bajando por su sien –Lo siento amiga, pero la tormenta es muy fuerte, no podrán irse de esta forma-
-Claro que si- vociferó Inuyasha caminando hasta la puerta pero fue detenido por una mano de Miroku que lo jaló de las solapas hasta dejarlo nuevamente junto a el
-Claro que no-
Kagome no supo qué hacer, no cabrían, solo había cuatro habitaciones.
-Mira Kag, tu y yo podemos dormir en el cuarto de tu mama, Miroku en el de Souta, Inuyasha en el tuyo y Kouga en el de huéspedes-
-¿Pero y Shippou?-
-¡Feh! Que duerma en el suelo- pronunció Inuyasha fastidiado
Kagome lo miró con el ceño fruncido y estuvo por comenzar una discusión cuando Sango habló.
-Parece que se quedará en mi casa, he hablado con Kohaku y me ha pedido permiso, aun así no podrá regresar- tomó las manos de su amiga de forma suplicante –Vamos amiga, no dejaras que manejen bajo la lluvia-
Kagome miró a todos por unos minutos, parece que había olvidado por completo que los muchachos vivían a más de una hora de allí y manejar sus motos en la lluvia no era una excelente idea.
Sin más opción lanzó un suspiro resignada -Esta bien-
-¡Ahhh! ¡GRACIAS! ¡Te quiero!- exclamó Sango feliz –¡Será divertido!- seguidamente corrió escaleras arriba con los chicos para mostrarles las habitaciones
-Menos mal que mi madre no se encuentra o me colgaría- susurró la chica en la sala sin moverse
-¿No vienes?-
Kagome giró asustada -¡Inuyasha! No me asustes asi- sonaba raro pero las tormentas le daban mucho miedo y en el fondo agradecía no quedarse sola –Creí que estarías con Sango-
Inuyasha sonrió divertido -¡Me arrollaría o me dejaría sordo antes de si quiera poder llegar a la habitación-
La azabache dejó escapar una risita. Era cierto, Sango creía que era una pijamada o algo así solo que esta sería algo diferente… habría chicos. Caminó hasta la ventana y corrió las cortinas, aun tenía su uniforme puesto y hacía algo de frío. Apoyó la frente en el cristal y observó como su aliento empañaba el vidrio. Inuyasha no dejó de observarla en todo el trayecto.
FLASH BACK
-¡Inuyasha!- oyó a Miroku gritar desde la planta baja
-¡Ya voy! ¡No estoy sordo Miroku!- grito fastidiado, extrañamente se sentía de mal humor -¿Qué es lo que quieres?- habló una vez hubiera llegado allí
-¡Woa! ¿Y ahora que te puso de tan mal humor?- preguntó al verle con el ceño frucido –¡No¡- alzó una mano en pose dramática –No me digas… un insecto respiró tu aire-
-Muy gracioso Miroku…-
-Como sea, quiero que mires esto- Miroku giró su laptop y le mostró la pantalla a Inuyasha. Se encontraba sentado en el suelo con la espalda recargada frente al televisor y lo observaba muy serio, Inuyasha se había preguntado de dónde sacó la computadora, parecía que Miroku siempre estaba preparado.
Caminó hasta sentarse a su lado y observó que en la pantalla había una larga lista.
-¿Qué es esto, las compras?-
- No zopenco, observa mejor-
Inuyasha se concentró y encontró que eran nombres, una laaarga lista de hombres, aunque ninguno se le hiso conocido.
-¿Vas a hacer una fiesta?- volvió a preguntar
Miroku le pego un zape.
-¡¿OYE PORQUE HICIST…?-
-Es lo que robamos a Naraku-
Eso bastó para que callara y su mirada se volviera fría -¿Esto?-
Miroku asintió mientras regresaba la computadora hacia él y escribía algo rápidamente –Pude descifrarla el otro día en mi casa y encontré algo muy interesante-
Inuyasha por unos momentos se sintió frustrado. ¡¿Solo eso robaron? ¡¿Una estúpida lista de nombres? Eran demasiados para ser sus víctimas y pocos para ser sus trabajadores… ¿Entonces? Iba a golpear a Miroku hasta que escuchó la palabra Interesante.
Miró la pantalla que Miroku nuevamente le mostraba y encontró algo sorprendente.
-¿Saito… Higurashi?- pronunció Incrédulo ¡Ese era el apellido de Kagome! –Entonces ella…-
-Puede que tenga algo que ver con lo sucedido esta tarde-
Inuyasha estuvo por interrumpir cuando Sango se acercó a ellos con una mano en la oreja derecha –Muchachos… hay noticias-
FIN FLASH BACK
-¿Inuyasha?-
El chico volvió en sí y pegó un brinco al ver a Kagome parada frente a él con una mano en frente.
-¿Te encuentras bien? Te fuiste por unos momentos-
Inuyasha solo negó con la cabeza.
-Solo estaba pensando en algo-
-Pues si es alguna chica debo decir que te tiene en las nubes- le dijo divertida –Iré a ponerme la pijama, luego podrás… podrás irte a dormir- ante esto último se sonrojó, no había pensado en el hecho de que un hombre dormiría en su habitación.
Se cambió rápidamente ya que no quería quedarse sola con esa tormenta y ordenó todo lo que pudo su habitación, tomó su oso de peluche y bajo las escaleras donde todos la esperaban viendo una película.
-Sango…- le reprochó en voz alta deteniéndose en mitad de las escaleras
-¡Oh vamos Kag!- rió al ver cómo le pasaba algo gracioso al protagonista –Mejor ven a ver esta película-
Kagome suspiró para seguidamente dejar escapar una sonrisa, era divertido ver como todos se amontonaban como niños pequeños en el sillón para ver la película.
Las luces fallaron repentinamente y Kagome en un sobresalto se resbaló de las escaleras y esperó el fuerte impacto, con suerte se rompería un brazo o algo asi, aun faltaba para llegar al suelo, pero el impacto nunca llegó. En lugar de eso sintió como unos brazos cálidos la rodearon. Abrió los ojos y se encontró con unos ojos ámbares que brillaban como oro e inconscientemente alzó su mano para tocar su rostro.
-Hermosos- susurro logrando un sonrojo en el chico que Kagome no pudo captar gracias a la oscuridad.
-¡¿Kagome estas bien?- Sangó corrió hasta su lado no sin antes tropezase un par de veces con los muebles
-Parece que se fue la luz- anunció Miroku
-¿En serio? Yo creí que apagaste las luces al miso tiempo- pronunció Inuyasha sarcástico mirándole por sobre su hombro
-Ja ja muy chistosito Inuyasha- le respondió a su vez molesto
-¡Que mal! Yo quería ver el final de la película
-Mejor vayamos a dormir- sugirió Kouga subiendo las escaleras como si estuviera la luz del día presente con los demás pisándole los talones.
-Inuyasha… ya me puedes bajar- escuchó decir a Kagome tímidamente
Este al darse cuenta de que aun la sostenía en brazos la colocó rápidamente en el suelo con un sonrojo abarcando sus mejillas pero es que cuando la tuvo pegada a él… se sintió de alguna manera inexplicable… completo. Meció la cabeza a los lados con las mejillas ardiendo, agradecía que Kagome no pudiera ver en la oscuridad.
-Ouch- se quejó en voz baja
-¿Sucede algo?-
Kagome trató nuevamente de dar un paso y de nuevo se quejó. Rayos, su costado dolía.
El platinado se preocupó en cuanto olió la sangre de Kagome, parecía que la herida se abrió con el brusco movimiento de la caída. Sorprendiéndose mutuamente la tomó en brazos y subió con ella las escaleras. Kagome estaba más roja que una manzana pero extrañamente se sintió tan protegida en sus brazos… era una sensación nueva… ni siquiera con Kouga se sentía así. Se encontraba confundida El miedo que sintió al irse las luces se esfumó con él. Caminó un poco hasta llegar al cuarto de la madre de Kagome, aunque al pasar junto a la puerta de Souta pudo sentir los ojos de Kouga clavados en él entre la oscuridad de esta. Llegó y se encontró con Sango quien discutía con Miroku por algo y destendía la cama al tiempo. Estos callaron y los miraron extrañados en cuanto los vieron llegar. Kagome solo apretó su oso de peluche en cuanto Inuyasha la recostó en la cama como si fuera una muñeca de cristal.
-La herida de su costado se volvió a abrir- necesitaba justificarse
Sango solo le miró preocupada y despidiendo a Miroku con un "Buenas noches" se acostó junto a su amiga, la arropó y la atrajo hasta ella como una madre haría con su hija ante la mirada de los chicos. Tal vez solo llevaban un mes de conocerse, pero sabía bien que su amiga le tenía terror a las tormentas y que no podía dormir sola, en parte por eso durmió junto a ella. Miroku corrió las cortinas y dándoles una última mirada se despidió de las chicas. Inuyasha fue el último en salir cerrando la puerta tras de sí.
-La señorita Kagome lucía muy asustada- Miroku detuvo su andar justo frente la puerta del cuarto de Souta, iba tanteando las paredes para no caerse
-Lo se… pude oler el terror en ella- Inuyasha lo miró
-Kagome siempre le ha tenido terror a las tormentas- comentó Kouga saliendo de el cuarto de Kouga. Estaba tan oscuro que no podrías ver tu nariz. –Desde que éramos niños-
-¿Se puede saber por qué?- preguntó curioso Miroku mirando en dirección a los ojos brillantes
Este se encogió de hombros –No sé, un trauma supongo- luego regresó a la habitación –Buenas noches-
Inuyasha miró ahora a Miroku quien lucía serio.
-Miroku…-
-Esperaremos Inuyasha- le interrumpió –Esperaremos a que confíe en nosotros…- finalizó mirando en dirección del cuarto donde dormían las chicas.
Inuyasha solo pudo mirar en la misma dirección.
Afuera, el cielo lloraba, los rayos iluminaban como si estuvieras a plena luz del día y los truenos no dejaban escuchar los gritos…
NDA: Hola! Los saludo con un capi largo esta vez, me inspire jiji bueno, espero que les este gustando mi historia y si hay algo que no se entienda no duden en preguntarme. Gracias por todo. Nos leemos.
