Disclaimer. Los personajes presentados no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. Historia creada sin fines de lucro.


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Capítulo 4 "Escalofrío"

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"Amaría vivir como el río que fluye, llevado por la sorpresa de su propio desarrollo. (John O'Donohue)"

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Igual a una estatua de sal, así me siento…

Frente a mí se alzaba un muro y corrí directo hacia el... me estrellaré, lo sé, sé que mis huesos se romperán, pero, ¿realmente importa?

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Niños...

―"Sí... eso dijo, o lo imagine. Ella está... ella no puede estarlo, ¿o sí?, maldición Akane, te dije que volvería, y he vuelto, y tú, tú…" ―Ranma negaba mentalmente y se encontraba bastante sorprendido, aturdido y muy perturbado, en todos los escenarios que había podido imaginar, nunca, jamás había niños de por medio.

Esa palabra lo había dejado totalmente descolocado, su cerebro trabajaba a mil por hora y sentía una vena palpitando muy fuerte en su sien, escuchaba un sonido como de estática a su alrededor y no sabía cómo preguntar, o que decir, o si realmente quería saber sobre el asunto, solo se limitó a asentir con la cabeza de manera mecánica, parecido a un estúpido robot. Ranma había perdido completamente el color.

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Continuaron caminando cada uno enfrascado en sus propios pensamientos, tal es así que no se habían percatado que estaban ya frente a la casa Tendo, aquel lugar que parecía haber quedado colgado en el tiempo; a Ranma le pareció un tanto intimidante, observaba la fachada con una mezcla de nervios y una ligera emoción al encontrarse nuevamente ahí; se preguntaba si todos estarían en casa, si sus padres estarían, quería verlos pues de ellos tampoco sabía nada desde su partida; mientras a su lado una Akane ansiosa y desesperada hurgaba en el bolso para poder encontrar las llaves, que sin darse cuenta que las tenía ya en mano.

—No puede ser, no, no, NO, se me olvidaron las llaves —gruño Akane mirando hacia la inmensidad del bolso mientras adquiría un leve tono rojizo en las mejillas.

Esto hizo que Ranma dejará de lado sus pensamientos y en un movimiento sereno, casi como si lo hubiese efectuado por años, tan ágil como un gato, él se acercó muy lentamente a ella, eliminando así todo espacio entre ellos; le sujeto la muñeca con mucha delicadeza pero de manera firme y lentamente la alzó hasta que quedó frente a los ojos de Akane; ante su contacto ella se estremeció, lo mismo paso con él, sus respiraciones parecían estar en sincronía, Ranma sentía un calor muy especial, casi sublime, que hace ya mucho creía perdido y se dio cuenta cuanto extrañaba esa sensación... la sensación que le producía estar cerca de su prometida.

Akane no miraba su mano, estaba perdida totalmente en la inmensidad del azul de esos ojos, respiraba calmada, su pecho subía y bajaba lentamente casi como si durmiera y se sentía tranquila, como si el tiempo le diera una breve tregua, como si únicamente existieran ellos, sólo ellos; Akane poco a poco regresó a la realidad, se removió un poco incómoda y sacudió levemente la cabeza como si estuviera ahuyentando algo y con un gran esfuerzo logró desviar su mirada de los intensos ojos de Ranma y dirigir su vista hacia su propia mano, y ahí, aprisionadas entre sus dedos se encontraban las llaves que apretaba con gran fuerza, esta situación hizo que se soltara rápidamente del suave agarre de Ranma, como si su sólo contacto le quemara la piel, rápido se giró hacia el portón intentando ocultar su sonrojado rostro.

—Con que ahí estaban, eh... en verdad sigo siendo torpe, ¿no te parece? —Akane hablaba hacia la puerta mientras introducía las llaves torpemente en la cerradura.

—¡EH...! no, y-yo solo creo que t-tú estás algo distraída —respondió él, aun se sentía un tanto nervioso por lo ocurrido hace instantes, quería guardar en su memoria la intensa mirada que Akane le devolvía, sus ojos color bellota clavados en los suyos.

Y por un momento olvidó por completo a "los niños".

—Sí... puede ser —musitó Akane mientras asentía con la cabeza, ella parecía no estar en mejor situación que Ranma— ¿Q-quieres pasar? —titubeó desde el umbral del portón viéndolo sobre su hombro, sus ojos tenían un ligero brillo especial, no como el que tenía antes cuando tan sólo eran unos adolescentes, era distinto, sutil, pero ahí estaba y le brindaba un aire encantador, ella carraspeó un poco y continuo hablando— digo ¿quieres pasar? y así podrías conocer a los niños —preguntó con voz insegura mirando ahora hacia adentro de la casa.

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Ranma no sabía que decir, lo que había pasado un momento atrás se había esfumado tan rápido como llego, se sorprendió mirándola con intensidad, se sentía molesto y quería decirle unas cuantas cosas, pero el valor se le evaporó por completo y las palabras ya no tenían ningún sentido de ser, tenía curiosidad, era cierto, pero no estaba tan seguro de querer hacerlo, de querer conocerlos, aun así aceptó.

—Claro, quiero conocerlos —dijo sin poder dominar la estúpida sonrisa triste y amarga que se apoderaba de su rostro, su cuerpo tampoco ayudaba mucho, sentía los músculos rígidos casi como si cargara un enorme peso sobre ellos; entró detrás de ella siguiéndola a muy pocos pasos, observando su andar por aquel camino que conducía a la entrada principal.

Estar dentro de aquella casa trajo para Ranma una oleada de recuerdos, muchos felices, algunos tristes sobre todo aquel día cuando decidió marcharse para liberarse de la maldición y otros tantos extraños, estar ahí en el que durante muchos años consideró su hogar, lo hacía sentirse bastante bien.

—No ha cambiado mucho... —dijo, aunque su voz salió casi como un susurro, quizás Akane ni siquiera lo había escuchado.

—Sólo un poco, ahora es más… solitaria —contestó ella, aunque su respuesta parecía que era más para sí misma que para él; continuaron caminando con pasos muy lentos, casi como si los estuviesen contando... al menos así lo parecía.

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Estaban ya en la entrada principal, parados sobre en el genkan para descalzarse, cuando una voz familiar resonó en todo el lugar.

—Akane, ¿eres tú? —gritaba la voz desde un punto lejano de la casa.

—Sí, soy yo, ya estoy en casa —soltó Akane con voz feliz, apurándose a quitar los zapatos.

—¿Por qué has tardado tanto? —de nuevo la voz, ahora sonaba más cercana.

—Es que... bueno yo... yo me detuve en la librería —contestaba Akane recogiendo las compras para llevarlas a la cocina y olvidando por completo a su invitado.

Ranma se sintió muy confundido, estaba por quitarse el otro zapato pero por alguna razón prefirió calzarse de nuevo, ni siquiera bajó su mochila de viaje; esa voz lo había desconcertado por completo, le era muy familiar, demasiado para su gusto, intentaba recordar quién era el dueño de esa voz, ¿quién?, cuando por fin la voz tuvo dueño.

El propietario de aquella voz era un hombre alto, de complexión atlética fuerte, de piel morena clara, en sus ojos azules se dibujaba una mirada profunda y cínica a la vez, su cabello era castaño con algunos rizos rebeldes en el flequillo, vestía con una camisa blanca arremangada hasta la mitad del antebrazo y pantalones negros formales, llevaba una corbata desanudada en color rojo quemado alrededor del cuello de la camisa, se presentó en el lugar con total seguridad, como si fuera el señor de la casa.

—Ah, muy bien... me alegro que ya estés aquí, ya es bastante tarde, y ¿qué compraste en la librería? —decía el hombre parado frente a Akane mientras le quitaba el bolso de las manos. Estaba muy concentrado en ella, con una sonrisa atenta y afable hasta que algo en la entrada hizo que él levantará la cabeza rápidamente.

El hombre se asomó por encima de la cabeza de Akane, y su rostro adquirió una expresión de asombro, su ceño se frunció borrando por completo la amabilidad que portaba con anterioridad y su sonrisa se esfumó en un santiamén.

—¡Oh vaya...! pero que sorpresa, no creí volver a verte Saotome —dijo el hombre levantando ambas cejas, en su voz podía apreciarse la ironía.

—Yo no esperaba verte aquí... Kuno —escupió secamente, su respuesta sonó a reproche; Ranma apretó los puños fuertemente, tanto que sus nudillos estaban casi blancos, sentía palpitar su sien más fuerte y su boca tenía un gusto amargo, ¿qué demonios estaba pasando?

—Si bueno, hay muchas cosas que han cambiado Saotome... pero dime, ¿cuándo regresaste? —cuestiono Kuno en tono mordaz, haciendo crecer la rabia de Ranma.

—Hoy... justo este día —contestó con ira en su voz, lo que hizo que la última palabra se quebrara al final. Se sintió tan patético.

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Akane permanecía de espaldas a Ranma, no sabía que decir, ni cómo actuar, estaba petrificada como una estatua de sal, había demasiada tensión en el ambiente; el aura combativa de Ranma se hacía presente e iba en aumento, Kuno por su parte, mantenía la suya en calma; ella mantuvo siempre la mirada puesta en Kuno, no se atrevía a voltear a ver al hombre que estaba en la puerta.

El ambiente se puso denso y la situación la ponía bastante incómoda, ella se mordía el labio y parpadeaba a prisa, no se le ocurría que podría hacer, así que puso una mano sobre el pecho de Kuno intentando de esa forma calmar las cosas y que él dejara de cuestionar a Ranma, lo cual pareció funcionar. Por otra parte, Ranma presenciaba incrédulo esa acción, su boca estaba entreabierta y no salía de su asombro, sentía como la tensión se apoderaba de su cuello, dejándolo rígido.

¿Qué se supone que estaban haciendo?, ¿por qué había tanta familiaridad entre ellos?, la incredulidad se dibujó en su rostro.

—"...a no ser que él sea su… no, no y no" —ese pensamiento golpeaba con fuerza en su mente—. "Es eso, ella es s-su esposa" —su desconcierto ascendió más y un tic apareció en su labio superior, apretó fuerte la mandíbula, quería escupirles unas cuantas cosas, hasta que el idiota de Kuno empezó a hablar de nuevo y lo sacó de sus tribulaciones…

—Akaneee —dijo él en tono meloso provocando en Ranma una especie de malestar, la boca le sabía todavía más amarga— por qué no dijiste que venías con compañía —continúo en tono sarcástico sin perderle de vista a Ranma, él lo veía con unos ojos capaces de destruir todo a su paso.

—"Cretino, imbécil" —pensaba Ranma y su odio iba en aumento.

—Ah p-pues... yo... bueno, no me diste tiempo, estoy un poco distraída, lo siento —se excusó Akane con voz un tanto nerviosa.

—Bien, muy bien... ya no tiene importancia —dijo Kuno como si nada— entonces Saotome, dime, ¿te quedarás a cenar? —preguntó fanfarroneando.

Ranma estaba totalmente confundido, enojado, frustrado y Akane ni siquiera se dignaba en mirarlo, ahora lo entendía, eso era, por eso se comportaba tan extraña.

Fue en ese preciso instante en el que Akane por fin volteó la mirada hacia Ranma, lo veía con unos ojos que podrían congelar el mismísimo infierno, su mirada era dura y lejana, nada concordaba con la nerviosa vocecilla de un momento antes, parecía otra persona, opaca, cruel, y lo miraba esperando su respuesta.

Ranma tragó en seco, esa mirada le heló la sangre y un escalofrió recorrió toda su espalda, esto no podía estar pasando realmente, todo era digno de una pesadilla, frente a él tenía a sus verdugos que lo observaban, el chico se tragó su orgullo y respondió.

—Humm, no... no lo creo, lamento haberlos importunado, me voy —soltó y sin esperar una respuesta giro sobre sus talones y salió de aquel maldito lugar.

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Quería alejarse y pronto, le costaba respirar ese aire viciado, camino rápido, casi corriendo, no se atrevió a mirar hacia atrás, reprimió todo lo que sentía, su sorpresa se convirtió en decepción y eso fue una verdadera tortura, aguantó lo más que pudo pero unas molestas lágrimas le estaban nublando la vista.

—"Tengo que alejarme de aquí, no quiero que me vea así... derrotado, no podría soportarlo, no" —reflexionaba Ranma mientras se perdía entre las calles de Nerima.

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Ranma se fue de la casa Tendo ante la mirada atónita de Kuno. Akane por su parte miraba el sitio donde unos momentos antes había estado parado el joven de la trenza, observaba el espacio como si él aun estuviera, podía ver su mirada llena de decepción; ella contenía la respiración casi sin darse cuenta, la situación había estado completamente horrible, fue un desastre total, cerró los ojos y expulsó el aire que contenían sus pulmones, suspiró hondo un par de veces; se encogió de hombros, ¿que más daba?, al fin Ranma entendería, que en ese lugar, con ella, ya no había nada más para él...

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Continuará...


Hola desde el otro lado de la pantalla! Capitulo 4 listo y corregido!

Gracias por sus reviews, son de gran ayuda y me retroalimentan mucho, saludos a Andy-Saotome-Tendo, Haruri Saotome, Carol FVargas, por dejarme sus comentarios :) gracias infinitas y cruzo los dedos para que este capitulo les guste. Thank you, guest(s) I hope you like this chapter, another guest, thank you for your opinion, I will keep it in mind, greetings.

Revontuli.