Disclaimer.Todos los personajes son de SM, solo la historia es de mi creación.


Volver a Empezar

Capitulo 3


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Si a Bella Swan hoy le preguntaran como se siente y que iba a hacer de su vida, ella aun con sus veintiséis años, un titulo profesional en administración de empresas y un negocio propio, con responsabilidades y obligaciones; tan solo podría decir… no se.

Bella observaba como una ligera lluvia golpeaba su cuerpo tendido sobre un árbol en el Bellevue Botanical Gardens no iba a menguar, al contrario arreciaría, se levantó y empezó a andar siendo sus pasos perdidos y descuidados. Tenía el cabello enredado, su cara pálida y ojerosa, y ya su pulcritud en el vestir había quedado atrás. Bella tan solo era capaz de sentir dos cosas: frío y vacío.

Eran estos los sentimientos que la acompañaban desde aquel martes de enero cuando su amiga Alice había llegado a su puerta con su cicuta personal. Muy a pesar de lo apresurado que podría sonar, Bella muy en su interior ya tenía planificada toda una vida al lado de Robert; saber que ella lo dio todo en esa relación y no fue correspondida, ademas de que fue engañada de la forma mas vil, era algo que la dejaba debastada y con su norte perdido.

En ese estado ausente tomó un taxi para que la llevara a su departamento ya que el auto no lo había tocado en los últimos siete meses para nada, sabiamente se consideraba un peligro al volante pues no pasaba mucho tiempo antes de que su mente comenzara a divagar en su situación y los tal vez si… se comenzaban a enunciar, su concentración se veía disminuida y no quería llegar a causar un accidente por su negligencia o descuido. Exactamente veinticinco minutos duro el trayecto, cuando abrió la puerta del lugar, su mente comenzó a reproducir escenas que no hacían más que ahondar su dolor. Bella se acostó en posición fetal encima del sofá de su apartamento, no tenía fuerzas para siquiera llegar hasta la habitación.

Suavemente toco la superficie del sofá que había sido testigo de sus momentos más felices en la intimidad con él, recordó que fui ahí donde luego de cuatro meses de conocerlo se entrego en cuerpo y alma a Robert. Bella se pensó una fácil porque antes de él solo había tenido dos novios y con ellos había tenido la regla autoimpuesta de esperar. Su primer novio lo tuvo a los diecisiete, en el último año de escuela. Eric, fue el típico novio de colegio, y aun conociéndolo de mucho tiempo atrás no cedió a pesar de las sutiles insinuaciones. Bella podria decir que no hacia parte de las estadísticas de chicas que pierden su virginidad el día de la graduación.

Su segundo novio, Ben, era un compañero de carrera con quien estuvo desde que entro a la universidad hasta su tercer año allí y fue simplemente amor a primera vista. Luego de mucho pensarlo y cediendo a sus hormonas y a la curiosidad perdió su virginidad, cosa de la que no se arrepiente. Con Ben aprendio a amar su cuerpo y el cuerpo del otro, todo con respeto y completa entrega, se separaron cuando Ben debió trasladarse a California y los dos decidieron de la forma mas racional que debian terminar pues una relación a larga distancia no les funcionaria.

Hoy Bella se cuestionaba si lo que sintio por sus dos primeros novios habia sido algo realmente fuerte, desde luego hacia ellos tuvo un cariño pero no era nada comparado a lo que sintio por Robert. Con él perdía todo sentido de tiempo y espacio, y daba rienda suelta a sus instintos, con tan sólo cuatro meses, los cuales no fueron de continuas citas pero sí de continuas llamadas —que llegaron a ser diarias—, Bella podría contar cinco citas. La quinta cita se dio en su casa para pasar almorzar y pasar la tarde. Una cosa llevo a la otra y tan pronto lo supo, ya se encontraba sin blusa arrodillada frente a Robert que se encontraba en su misma condición sobre el sillón. Ella recordaba el momento con una mezcla de dolor y añoranza, teniendo el dolor mayor peso sobre Bella.

Rápidas y jadeantes respiraciones llenaban la sala, sólo se escuchaba el sonido de ellas y la de unos labios encontrándose con pasión. Manos avariciosas tocando y palpándose, reconociendo la figura de su pronto amante, la intención de Robert no era llegar a ese momento pero tampoco se negaría a ello, Bella… Bella estaba entregada a la pasión, entre el deseo, el fuego y las ganas de ahogar su dolor con el placer.

En un momento de pausa para recuperar el aliento, los ojos de ambos se fundieron en uno, castaño y verde como una lava ardiente, no hubieron palabras, ni un asentimiento con la cabeza. Con la blusa y la camisa tiradas al suelo, las manos de Robert se dirigieron al broche del sujetador de Bella que con gran maestría fue retirado y así empezó a dar leves masajes a su espalda baja hasta ir subiendo a sus pechos; Bella llevo su boca al cuello de Robert donde dio besos húmedos mientras sus manos desabrochaban el cinturón y el pantalón de él. Ambos estaban perdidos en las sensaciones y el fulgor del momento, la ropa restante fue a parar al suelo como las otras y pronto estuvieron desnudos frente a frente, con respiraciones irregulares.

Robert se sentó en el sofá con las piernas levemente abiertas indicándole así a Bella que hacer, ella sonrió coqueta, aunque por dentro se moría de nervios al estar frente a ese portento de hombre; se tomo su tiempo y moviendo su cabello a un lado se sentó a horcajadas sobre él sin tener realmente contacto con tan sólo sus piernas extendidas a los lados, lentamente comenzó a descender sobre su miembro, tomando sus labios para besarlo.

Bella volvió al futuro, y se encontró con los ojos cerrados y una de sus manos viajando al sur donde un musculo palpitante aclamaba atención.

— ¡Dios! ¡Estoy enferma! — Rápidamente interrumpió el camino que llevaba su mano y como resorte se paro para quedar observando el gran sofá de cuero frente a ella.

El maldito sofá preferido de Robert.

Una ira absurda la lleno contra aquel objeto, como toro en corrida se dirigió a la cocina y tomo de su colección el cuchillo mas grande que poseía. De vuelta ante el infame sofá, lo que a Bella le parecieron pocos segundos fue en realidad algo más de diez minutos de estocadas profundas pero rápidas, que tocaron el soporte del sofá y rozaron sus resortes, y ni que nombrar la superficie dañada.

Luego de que su arranque cesara y la adrenalina que nublaba su razón terminara, sólo quedo el cansancio, la tan conocida sensación de ahogo y el llanto visito nuevamente sus ojos. Ahí frente a un sofá destruido, Isabella Swan, fue consiente de su perdida.

Cayó de rodillas y las lágrimas aumentaron, los sollozos no se hicieron esperar y los gritos hicieron acto de presencia. Bella grito con fuerza, grito para sacar su frustración, grito para sacar el dolor que las lágrimas no pudieron, grito porque no podía golpearse al ser tan estúpida, grito por su sentimiento de angustia, soledad, por la confusión, grito porque su sueño perfecto llegaba a su fin.

Su garganta ardía, su cuerpo comenzaba a resentir tantos meses de mala alimentación y sueño; física y mentalmente Bella estaba exhausta y al tope de sus energías, pero a pesar de todo ahora entendía que no podía obviar la verdad.

No puedo hacer que él me ame, no puedo hacer que él deje a su familia, no puedo perdonar el engaño y tanto dolor. En realidad he vuelto a perder.

Perdió a sus padres, la inocencia al reconocer la inexistencia de un mundo perfecto, una juventud frustrada por problemas que no le pertenecían y no sólo eso... ahora también perdió la confianza y la ilusión de ser amada en correspondencia de sus sentimientos y entrega total...

Quien ama no lastima. Esa lección Bella la había aprendido desde pequeña cuando su madre se la había repetido hasta el cansancio. Cuando tenia seis años comenzó a ser consciente de su mundo alrededor y empezó a recordar las cosas que ocurrían, Bella era la niña de mamá y papá, hasta ese momento todo para ella era como un cuento de hadas, Charlie era el Rey, Renee la Reina y Bella, su hermosa Princesa. Económicamente estaban bien, no era ni ricos, ni pobres y todo cuanto quería lo tenía en sus manos, pero a esa edad Bella se dio cuenta de que no todo es lo que parece. Frente a ella sus papas se veían cariñosos, se amaban, en el sentido inocente que una niña de seis años podía concebir, sin embargo, lejos estaban de formar una pareja perfecta.

Renee quedo embarazada cuando iba a mitad de su carrera como educadora y Charlie trabajaba en una empresa pesquera, lo que los unió fue un amor juvenil y con la responsabilidad que les acarreaba una criatura decidieron casarse creyendo que el amor que se tenían sería suficiente. Su relación fue muriendo poco a poco hasta el momento en que llegaron a ser la madre y el padre de su hija, pero nada más; ya no tenían intimidad, ya no eran esposos, amantes, no eran confidentes. Esta situación a Renee la ofuscaba, se sentía atada, echando su vida a perder; amaba a su hija desde luego, pero quería mas, quería vivir las emociones de la vida que al lado de Charlie no viviría. Ambos llevaban una buena relación para no afectar a la niña, pero se dañaban sin tener la intención, aunque muy en el fondo Renee mantenía un amor hacia Charlie que no sabia exteriorizar y con dolor tuvo que ver como este llegaba a casa oliendo a otra mujer; no queriéndose quedar atrás, ella también busco un amante.

Princesa, el amor es un sentimiento muy puro tan solo es el hombre que lo vicia. Mira, pellízcate la mano ¿Duele, verdad? Bueno, somos humanos bebe, todo lo dañamos pero el amor es lo único lindo. El verdadero amor no te daña, lo que dañan son las personas. Tú tienes que aprender que para que algo funcione tienes que darlo todo de ti, todo.

Bella escucho las mismas palabras desde sus seis años, hasta sus ocho años que fue la edad en la cual perdió a su madre por culpa de un ladrón que se llevo su vida. Bella aprendería en el transcurso de esos dos años, que sus padres no eran perfectos, que se equivocaban, pero tristemente al aprenderlo tuvo su primera desilusión y es que es muy difícil para cada quien enterarse de que sus ídolos no son lo que creían.

Un día Renee llevo a Bella a las oficinas de su papa para raptarlo a una tarde de cine, entraron a esta sin avisar y vieron a Charlie un tanto ligero de ropas en un acalorado beso con su secretaria. Luego de ello, las peleas empezaron.

Bella entendió que el amor entre sus padres era casi inexistente pero a pesar de todo nunca dejo de sentir su amor de padres hacia ella, aun con todo y sus errores podía recordarlos sin rencores y deseaba de todo corazón tenerlos con ella. Lo que Bella aprendió con cada uno de sus padres, de lo que formo en ella la mujer que era hoy en día por fin le daba para saber que si Robert la hubiera amado en algún momento le hubiera contado la verdad y no hubiera creado esa cadena de mentiras. No entendia que sentimiento retorcido tendría Robert hacia ella y porque lo catalogaba como amor, pero no podía continuar sumida en esa oscuridad esperando algo que no llegaría.

Alzo la vista de su manos y se sorprendió al ver que la noche ya había caído encontrándose ella en completa penumbra, se levanto resintiendo el movimiento, su cuerpo engarrotado, cerro los ojos, se abrazó a si misma y suspiro profundamente, como dando un suspiro de vida, de un nuevo comienzo tratando de evocar pensamientos felices y con todo su ser deseo dejar de ver detrás de sus parpados aquel hombre de mirada color jade.

Con un poco mas de determinación en cada minuto que pasaba, Bella se dirigió al interruptor de energía más cercano, observo su apartamento que bien podría ser considerado en abandono total, el polvo cubría la mayoría de los objetos y superficies, la suciedad, el desorden y hasta ropa tirada complementaban el cuadro. Otra honda tristeza la embargo, ya no por Robert, sino por ella.

¡Oh, Dios mio! ¿Qué he hecho de mi vida?

Fue ese el pensamiento que vino a su cabeza mientras una lágrima salía de su ojo derecho, ella, la fuerte e independiente Isabella Swan había mandado al trasto de basura su vida y su cordura por alguien que no se lo merecía. Observo detenidamente el lugar y al lado del destrozado sofá, en una mesita tenía una lámpara de lectura y el contestador, vio el parpadeo incesante de veinte mensajes… suponía que era Alice preocupada por ella.

Un silencio inquietante lleno la sala, Bella se sabía abrazada de Alice pero por un momento se quedo en blanco. El shock de ver fotos de Robert llevando una vida completamente distinta a lo que ella pensaba era indescriptible, en algunas fotos aparecía con un hombre mayor que aunque de cabello rubio tenia los mismos ojos verdes de él, entras ambos estaban acompañados por una bella mujer de apariencia amable y de cabello parecido al de Robert, los tres abrazados y felices. En otro par de fotos se veía a un Robert vestido de beisbolista junto a un muy musculoso hombre con gran camaradería, y las peores de ellas... Robert jugando con una nenita que a medida que pasaba las fotos iba creciendo.

Luego de las fotos, pudo leer el acta de matrimonio firmada hace cinco años en Seattle donde los conyugentes que figuraban eran Robert Masen Cullen y Rosalie Hale McCarthy. En sus manos también estaba el acta de nacimiento de Vanessa Masen Hale, copias de registro de propiedad a nombre de Robert y su… su esposa, copias de papeles diligenciados a puño y letra por él donde en la situación civil declaraba estaba casado.

Esto no puede ser real, ¡es mentira! —Bella se alejó de Alice de repente pero pronto volvió hacia ella para zarandearla con fuerza— Dime que es mentira, es mentira, ¿Por qué me haces esto Alice? —Comenzó a susurrar a medida que su agarre en Alice se aflojaba y volvía a estar en sus brazos.

Alice era en realidad una gran amiga, ese día soporto lo gritos, los reclamos y aun los silencios de Bella. Fue paciente y tolerante, ante todo le enseño lo que sus ojos no querían ver, no fue condescendiente con ella. Bella debía reivindicarse con su amiga, porque luego de esa confrontación la había hecho a un lado y apartado de su "existencia", si bien quería hacerle frente a la situación sola no había tenido en cuenta a aquella molesta pero preocupada mujer que quería ser su soporte ahora.

Bella se dirigió a su habitación donde la situación no era mejor, encima de la gran cama estaba esparcida la ropa de Robert que permanecieran en su apartamento y que ella había tendido para tratar de recordarlo, de sentirlo cerca en alguno de sus momentos de poca cordura; la ropa obviamente esta arrugada pero nunca había perdido el olor que desprendía Robert. Bella no podía identificar que olor era, pero sabía que siempre iba a poder reconocerlo. Por unos minutos mas observo su habitación y tan rápido como sus piernas se lo permitieron fue hasta la cocina y regreso con unas bolsas de basura, su decisión era clara y a la vez difícil, tal vez imposible, pero debía sacarlo de su sistema tanto como pudiera. El primer paso estaba dado, negación… y es que para Bella negar lo obvio se volvió un mantra diario lo cual le hacía pensar que de una u otra manera todo se trataba de una simple pesadilla… evitar el tema no era una solución viable, y fue así como finalmente llego a la determinación que debía enfrentar sus fantasmas, y aunque no sabia como iba a terminar por el momento quería tener todas las cosas físicas que pudieran recordarle a Robert a kilómetros de ella.

Se posó de rodillas frente a la cama y una a una metió las prendas en bolsas de basura mientras trataba de no invocar momentos y situaciones que le hicieran arrepentirse de la decisión que había tomado, en una especie de ritual el cual considero como de reconstrucción y reinicio de una nueva etapa en su vida, doblo cada prenda tan perfectamente cómo pudo; para cuando hubo acabado y miro el reloj de mesa que marcaba las 9.15 de la noche, extrañamente trato de recordar que había hecho en los últimos meses y no recordaba, solo sabia que había estado en una especie de bruma emocional.

Sólo dos bolsas le fueron necesarias y una caja para empacar sus pertenencias, mientras mentalmente se preguntaba como había hecho Robert para manejar temas tan simples como la ropa entre casa y casa, entre ciudad y ciudad, entre su mujer y ella. Inevitablemente el dolor la acompañaba, quizás ella no debería haber hecho ello sola pero era masoquista y testaruda y en su mente el dolor de recoger no sólo su ropa, ni sus útiles de aseo, sino también las muchas fotos que juntos tenían era bueno para iniciar su sanación.

Un ex nunca se olvida.

Bella era consiente de eso, muchas veces se lo había dicho a sus amigas, conocidas y compañeras a las que había visto sufrir para tratar de olvidar a sus parejas. En definitiva, sean malos o buenos recuerdos uno nunca podrá olvidar a quienes al pasar por nuestra vida han dejado una huella sin importar si esta ha sido buena o mala. Bella tomo las bolsas y la caja, y en cuestión de dos viajes la llevo hasta los contenedores de basura que estaban al lado de su edificio.

Quizás no lo olvide, pero hare lo imposible por arrancarlo de mi corazón.

Con la convicción que le daba saberse fuerte, luchadora y ante todo con el apoyo que Alice le brindaba, Bella le abrió los brazos a un comienzo.

Se interno en la ducha donde se dio un baño a conciencia, con el agua caliente sintió como la tensión de sus hombros abandonaba su cuerpo y comenzaba a relajarse, de repente sintió mucho cansancio y sueño pero mientras tallaba su abdomen se horrorizo al poder sentir sus costillas, sorprendida de aquel hecho comenzó a pasar las manos por todo su cuerpo, reconociéndolo, examinándolo y se encontró que no solo en su abdomen se marcaban sus huesos.

Cuando salió del baño y se hubo puesto ropa interior, se paro frente al espejo y como había hecho con su apartamento, observo con detenimiento cada porción de su cuerpo; Bella observo cada ángulo dando vueltas en un mismo eje, paso de nuevo sus manos por sus caderas, vio y sintió unas estrías que antes no estaban ahí, fue consciente entonces que a lo largo de esos siete horribles meses no sólo había dejado de dormir bien, sino que pasaba periodos de ayuno y otros de gran ingesta de calorías provenientes de su infaltable helado de chocolate para ver esas tristes películas de romances y drama.

Al finalizar su exhaustiva búsqueda de cambios en su cuerpo llego a la conclusión de que sólo tenía una falta de peso y un cabello muy largo, deambuló en la habitación mientras cepillaba su cabello y buscaba el teléfono inalámbrico, ya era tarde para llamar a Alice pero bien sabia que su amiga le atendería el teléfono por mas dormida u ocupada que estuviese. Al segundo timbre entro la llamada.

¿Bella? ¿Te encuentras bien? ¿Me necesitas? —Al fondo pudo escuchar el sonido de unos zapatos caer al suelo y unas llaves chocando —Ya mismo salgo para allá.

—Alice Su voz salió raposa producto de su sesión de gritos Se acabó, se acabóElla no tuvo que preguntar a que se refería, no sabía si era producto de los años de amistad, su cariño, su sentimiento de hermandad hacia Bella, pero Alice entendió que a lo que se refería era la época de dolor y sufrimiento. Un silencio se planto en la línea, Alice no sabía aun con certeza si eso significaba que Bella estaba preparada ya para sentarse a hablar con ella.

¿Quieres que vaya?Pregunto luego de unos minutos.

—No, no es necesario aun. Estoy cansada, quiero dormir por lo menos hasta el medio día de mañana pero… Se paso la mano desde la raíz del cabello hasta la punta que casi tocaba su cintura. Necesitaba un cambio. — ¿Me puedes conseguir una cita con tu estilista?


Un saludo rapidito a las chicas que comentan y dejan sus alertas y favoritos. También a las que se han pasado a leer mi Two Shot, gracias.

Este capitulo fue beteado por la siempre bella, Ginette. Nos leemos en la próxima, pero hasta entonces...

¿No es horrible descepcionarse de alguien?

Bye!