4

Dos chicos de ojos negros

Cuando Sasuke despertó de uno de sus recurrentes sueños, llenos de negrísimos cuervos volando alborotados por un cielo rojizo, tardó solo dos segundos en darse cuenta de que no tenía ni idea de dónde estaba.

A su alrededor, se cerraba una austera y poco luminosa habitación de estilo tradicional.

La pálida luz del exterior se colaba, por los resquicios de la esterilla que hacía las veces de persiana, en forma de rayos plagados de motas de polvo que bailaban lentas, pero imparables, en los haces blanquecinos.

El joven estaba echado sobre el viejo tatami sin una triste sábana que le tapara. Se puso en pie y vio una pequeña cómoda en una esquina sobre la que se amontonaba el polvo y una puerta corrediza de papel gris. Toda la habitación era deprimente y estaba claro que debía llevar abandonada varios años, quizá hasta décadas.

Casi sin darse cuenta de lo que hacía, Sasuke asió el colgante con tres aros que era el último recuerdo que se había permitido tener de su hermano, y una conocida y ahogante bola agria y difícil de tragar se le atascó en la garganta.

Desterrando aquel sentimiento de su cabeza, salió de la habitación-celda, a un pasillo con exactamente la misma atmósfera que el cuarto que acababa de dejar. Faltaba un espíritu pululando por ahí para que aquella fuese oficialmente una casa fantasma.

Sasuke se pegó al muro grisáceo, extremando la precaución, por si acaso. Al despertar en la otra habitación, su espada estaba con él, pero no quería confiarse. No tenía ni idea de dónde podía estar. Aquella casa fantasma pero, de momento, sin fantasmas podía ser alguna de las cárceles de los países que habían puesto precio a su cabeza vivo o muerto. O sea, todos.

Entonces llegó a una esquina y tras comprobar que el camino seguía despejado, giró siguiendo el recorrido de la pared, hasta un callejón sin salida en el que solo había una ventana al final, también cubierta por una estera de varillas. Sasuke se acercó hacia ella con intención de abrirla. Quizás si veía algún paisaje se podía hacer una idea de dónde narices estaba. Justo cuando ya casi la rozaba con la puna de los dedos, oyó:

-Déjala cerrada.

Sasuke se giró violentamente y vio, un poco más allá, un chico vestido de negro de los pies al cuello y que tendría su edad. Estaba de pie, con la espalda recostada contra la pared y los brazos cruzados sobre la cintura. Era delgado y a juzgar por la piel de sus hombros, muy pálido. Un despeinado cabello trigueño le caía por la cara, que a pesar de ello, parecía cumplir al ciento por ciento los requisitos para ser considerada como muy atractiva. Aunque había algo en su gesto desapasionado y estoico que la hacía inspirar rechazo y desconfianza. Por la distancia y las greñas, Sasuke no pudo verificarlo del todo, pero aseguraría que tenía los ojos muy oscuros y sombríos, de color negro.

No parecía ir armado, pero hasta hace unos cinco segundos, allí no había nadie más que Sasuke, y él no había visto, oído o notado que se acercase nadie. Por otro lado, y por la postura del chico, parecía que llevaba allí horas, como esperando a algo. O puede que a alguien.

-La luz molesta-dijo aquel extraño.

Tenía una voz suave pero helad y completamente muerta. Sí. Esa era la mejor forma redefinirlo. Muerto. Como si no estuviera vivo.

-¿Qui…?-intentó preguntar Sasuke, pero aquel chico le cortó, diciendo mientras echaba a andar en dirección contraria:

-Vamos, no tengo todo el día.

No le gustó el tono autoritario de aquel extraño, pera Sasuke sabía que si quería tener al menos una única pista sobre su actual paradero no podía desestimar ninguna oportunidad que se le brindase, por poco halagüeña que esta fuese, y por muy mal que le cayese ya aquel niñato gótico. En eso consistía el carpe diem, ¿no? En aprovechar cada oportunidad.

Así que en silencio, siguió al chico de negro por el sinuoso corredor hasta que este se paró en lo que parecía una especie de pequeño recibidor igual de oscuro que el resto del edificio. Pero con aquello a Sasuke no le bastaba para saber si estaba en una casa, una cárcel, o el mismo Infierno.

O, vete a saber, igual era una mezcla de todas esas u algo más.

El chico de negro descolgó un teléfono del mismo color de su ropa, marcó un número y dijo autoritariamente:

-Oihe, más te vale estar ya en la Torre…Déjame hablar…El otro ya ha despertado y me lo llevo para allí ahora mismo…Que te calles y vallas a la Torre…Más te vale llegar pronto o me aseguraré personalmente de que no vuelvas a hacer algo que te gusta mucho. ¿Me has oído?

Y colgó, sin despedirse ni nada. "Pobre diablo", pensó Sasuke teniendo en mente a Oihe, a aquél desconocido al que el chico de negro había amenazado de muerte, como mínimo.

Y, ¿un momento? ¿¡Qué era eso del "otro"? ¡Que él tenía nombre, a ver! Uno que le gustaba bastante, por cierto, y que le gustaría que usasen para referirse a él si era menester del siniestro señorito (dicho con sarcasmo).

Aquello hizo que Sasuke se percatara de que no sabía el nombre del chico de negro y llamarle así todo el rato era una lata, en especial para la maravillosísima Claudy Summer, ella tan buena, tan maja, tan cariñosa y dulce y que no le ha hecho ningún mal al mundo y que se veía obligada a escribir aquella forma de hablar del misterioso chaval que parecía tenerle manía a la luz y a nuestro Uchiha favorito, dejándose las puntas de los dedos en el teclado y las pestañas en el monitor.

Incómodo por la situación, Sasuke le dijo al chico de negro (ale, otra vez…):

-No me has dicho tu nombre.

-Ni falta que te hace-le espetó el otro con tono cortante y total tranquilidad.

El joven, sintió unas tremendas ganas de soltarle un par de tortazos bien dados.

Entonces, aquel tío borde, abrió la puerta del pequeño recibidor y salió a una especie de jardín gris y muerto, envuelto en una niebla más negra que su ropa o el cabello de Sasuke.

En un principio, el Uchiha se mostró reacio a atravesar aquel gas oscurecido, pero el chico de negro le dijo con un tono que a pesar de que no era malo en sí, no admitía ningún reproche:

-Vamos, ven.

Sasuke no se reconocía. No entendía por que obedecía a aquel desgraciado, que pintaba con él lo que Goya con Picasso. Pero el caso es que lo hacía, aunque fuera a disgusto y por dentro estuviera dándose de bofetadas consigo mismo.

Entonces, y solo entonces, se acordó del resto de su grupo, de Taka, y, también para romper la tensión del ambiente y para despejar su incomodidad en mitad de la niebla negra, le dijo al chico de negro:

-Había más personas conmigo, dos chicos y una chica. ¿Dónde está?

-Y yo que sé-respondió el otro, haciéndole ver que su vida le daba exactamente igual.

-Al menos dime como te llamas.

-Y un tábano.

De verdad que dijo "un tábano" y no "un rábano". De verdad de la buena. Ahora, ¿lo diría a posta y a sabiendas de lo que era un tábano? Dado lo siniestro y escabroso que parecía todo alrededor del chico de negro, Sasuke acabó de concluir que sí, que aquel condenado sabía perfectamente lo que decía.

Mientras iban andando a través del gas negro, Sasuke no pudo evitar preguntarse a dónde iría a llevarle aquel chico de negro. S e le ocurría más de una persona que estaría dispuesta a encerrarlo y condenarlo a muerte, quizás incluso a algún imaginativo visionario se le ocurriría hacerle pelear contra una manada de lobos carniceros y grandes como osos que no hubieran comido en un mes entero.

Mira por dónde. Lo cierto es que ahora, para quitarse todo el estrés de encima le vendría genial pelearse con una manada de lobos carniceros y grandes como osos que no hubieran comido en un mes entero…

Parecía que ya a lo lejos se veía una entrada de luz en medio de la negrura. O una salida de la misma, pero en cualquier caso, era luz. Nunca en su vida, Sasuke se había alegrado tanto de ver la claridad del mediodía. Se alegró tanto de poder dejar atrás la oscuridad que le envolvía ahora que no pensó en otra cosa.

Justo entonces, su pie topó con algo hueco y duro, y al mirar hacia abajo, el gozo del joven Uchiha acabó, tal y como suele decirse, en un pozo.

Había tropezado con una calavera vieja y empolvada.

"¿Es que aquí tiene que estar todo muerto? ¿Qué es esto, el Infierno?", se dijo Sasuke, de nuevo con un humor de perros y mandando el bendito cráneo a tomar con viento fresco.

El chico de negro le miró con algo de burla:

-Que poco respeto a los muertos…

Ah, ¿es que era un chiste? Por que a cierto heredero del País del Fuego le habría hecho más gracia que le pegaran un tiro.

Conjurando en arameo, latín y griego contra todo lo que se le ocurrió, Sasuke siguió al chico de negro hasta la luz (je, je, iban hacia la luz…mira la gracia que les hace a estos dos) y luego por una ciudad que se le antojaba algo familiar pero a la vez desconocida, con algunos muros con escrituras en rojo, azul, verde o negro, hasta que llegaron a una enorme y gorda torre blanca.

"Parece una torre de ajedrez", pensó Sasuke. De repente, el chico de negro, respondió:

-El diseño está basado en una.

¿Perdoooona? Sasuke miró anonadado a su tétrico guía.

-¿Qué has dicho?-preguntó. ¿Acaso le había leído la mente? ¿Cómo? ¡No había notado nada de chakra proveniente de él!

Sin embargo, el muchacho le respondió algo molesto:

-Si estás sordo aparte de medio ciego es tu problema. Ajo y agua, pringao-¡Cómo que "pringao"!-Venga, tira, que ya casi estamos y hay prisa.

En cualquier otra situación, Sasuke lo habría mandado a freír gárgaras, pero recordándose a sí mismo que no tenía ni puñetera idea de donde estaba ni si el resto de Taka seguía vivo siquiera, el joven se obligó a sí mismo a tragarse el orgullo (aunque le costó un buen rato) y obedecer.

De todas formas tenía un consuelo. Uno muuuuuyyyyy, agradable… La venganza es un plato que se sirve en frío… Así sabe más dulce…

¿Ah, sí? ¿Y quién era el que lloraba a lágrima viva en un acantilado por haberse cargado a su querido hermanito del alma? Yo no miro a nadie, tan solo lo dejo caer, eh…

Junto a la puerta abierta de la torre, se sentaba un anciano leyendo el periódico. Con su tono cortante y voz de ultratumba, el chico de negro se dirigió al viejo diciendo:

-¿Quiénes han llegado ya?

El anciano levantó hacia él sus ojos de un curioso tono dorado y dijo entre dientes:

-Malditos Kuroi, que ni saludáis ni nada. Mejor hacíais enterándoos en vuestro zulo negro y sin salir de ahí, pajarracos de mal agüero. Mira que hablarle así a un Akai como yo, a un hijo de la Tierra…

-¿Quiénes han llegado ya?-repitió el chico de negro (¿"Kuroi" le había llamado? Muy apropiado…), cortándole en plena retahíla.

Grfjx…Oihe con los que le encargaron a él, Ai y también Shizuka. Nen no ha podido venir.

Durante un momento a Sasuke se le detuvo el corazón. Pero luego recuperó el pulso. "Es un nombre muy común", se dijo" Es imposible que sea ella, después de todo, está muerta…". El chico de negro entró por el portón y Sasuke le siguió, aunque de refilón, oyó lo último que mascullaba el anciano de los ojos dorados:

-Puñetero shinigami…

Una sonrisa torcida y amarga se dibujó en la cara del joven Uchiha. ¿Shinigami había dicho, el viejo?

Siguiendo al chico de negro, Sasuke subió las escaleras de caracol en espiral amplia hasta llegar a la puerta de color caoba. Pero antes de entrar el chico de negro miró a Sasuke por el rabillo de su negrísimo ojo.

-¿Qué?-le preguntó el Uchiha, incómodo.

-No, nada, es solo que voy a pasármelo muy bien viendo como te las apañas para salir vivo de esta, Uchiha.

Entonces su rostro de hielo pareció ir resquebrajándose para formar una siniestra mueca en la boca y formar algo parecido a una sonrisa de lo más siniestra.

Sasuke no llegó a saber que le provocó más escalofríos. Que le hubiese llamado por su apellido o que parecía estar disfrutando mucho ante lo que fuera lo que le esperaba. ¿Sería por un casual una manada de lobos carniceros y grandes como osos que no hubieran comido en un mes entero…?

No, seguramente no. Fijo que sería algo más horrible. Pero, bueno, soñar es gratis.

El chico de negro empujó la puerta rojiza sin llamar y entró en una amplia habitación blanca con moqueta, con una mesa en el centro y llena de mapas en las paredes. Sasuke le siguió y solo cuando estuvo dentro durante unos dos segundos más o menos, les vió.

Rubio, cara de tonto y tal que así de alto. Pinta de espantapájaros, rostro tapado y un solo ojo a la vista. Rosa, con ojos verde claro y varios recuerdos incómodos. Ay, madre… eso sí que era la peor de las torturas. Peor que una manada de lobos carniceros y grandes como osos que no hubieran comido en un mes entero.

Una parte del cerebro de Sasuke le gritaba que huyese o estaban muertos, que tenían el chakra bajo mínimos para no desplomarse y que aprovechara que aún parecían no haberle visto (gracias a Dios, la suerte, el destino o como quieras llamarlo, ellos estaban ocupados con una especie de piojo azul que se movía mucho y gritaba con voz aguda) para largarse sin decir ni mú. Y como la otra parte no decía nada, el joven no tuvo más remedio que querer obedecerla con todas sus fuerzas.

Pero en todas las historias buenas y bonitas como esta hay un malo pérfido y retorcido de la peli que le jode el plan al bueno guapo, sexy y guay. Y esta no iba a ser una excepción. ¿La prueba? Que, como si volviera a adivinar sus pensamientos y ganándose el Oscar a Mayor Cabronazo, el chico de negro (que además se le había puesto detrás) carraspeó, alertando de su presencia y por consiguiente de la de Sasuke que le lanzó la mirada más llena de odio y tirria que jamás le hubiera lanzado a ningún ser vivo. A n-i-n-g-u-n-o.

Varios pares de ojos miraron hacia ellos dos. Tres de ellos por un momento se quedaron abiertos y redondos como discos blancos, aunque cada uno veía una cosa distinta.

Naruto veía a su mejor amigo, por el que habría ido alfil del mundo, al infinito y más allá, solo con que el se lo pidiera. Kakashi, a un alumno al que no había podido salvar de su propia oscuridad. Y Sakura, a la persona a la que quería abrazar y estrangular al mismo tiempo. Sasuke veía a los que en su momento habían sido sus compañeros, sus amigos, y a su maestro.

La situación en que se encontraban era muy incómoda y hasta se sentía forzada. Todos ellos sentían que debían decir algo. "¿Qué haces aquí?", "¿Cómo has llegado?", "¿Por qué?". Cualquier cosa, lo que fuera. Todo serviría. Pero por más que le ordenaban a su cerebro que este hiciera reaccionar a sus gargantas, no podían, no podían hablar. O por lo menos les costaba horrores.

-Tú…

El antiguo equipo 7 miró al punto contrario de la sala blanca, buscando al que había dicho aquello, por que no había sido ninguno de ellos. Y vieron a Shizuka con una expresión extraña de incredulidad en la cara y los azulísimos ojos.

Expresión que luego imitó Sasuke.

-¿Qué…?-acertó a decir el joven Uchiha antes de tener que verse obligado a esquivar un puño que iba a toda velocidad a su cara.

El anonadado grupito de la Hoja oyó la voz de la mujer rubia, la tal Kunie, diciendo:

-Vaya, hombre, otra vez, y yo que acababa de hacer reformas.

A un par de metros de la nueva posición de Sasuke, una especie de versión oscura de la jovencita pelirroja con ojos celestes, envuelta en la neblina blanca de la escayola, desencajaba los nudillos de la pared que habían perforado. Algunos trocitos de polvo y yeso permanecieron sobre las montañitas de sus huesos sobresalientes y blancos de los escombros.

-Maldito, desgraciado-susurró con una voz mucho más rasposa y que no parecía la suya. Entre el humillo, Sasuke creyó ver una linea de dientes sonriendo de una forma que le puso aún más de punta los pelos de la nuca.-Levo años y años dándote por muerto. ¡¿Y qué descubro? ¡Qué te has pasado al bando de ese desgraciado y que eres un jodido criminal! ¡TE VOY A DESTROZAR, SO CABRÓN!

Entonces corrió a toda velocidad hacia Sasuke. Su cara estaba trannsformada en una mueca asesina. No parecía que fuera lamentar lo que había dicho que iba a hacer.

Entonces, interponiéndose entre la presa y su depredador, Kuroi, el chico de negro clavó las yemas de sus dedos en el estómago de Shizuka. La cara de ella se relajó y se tambaleó un poco antes de caer desmayada en brazos quién la había detenido, pulsando algún punto de presión o un nervio.

Sasuke miró a la pelirroja y luego al chico de negro, que le miraba, como no, por encima del hombro. Literalmente. A pesar de tal gesto, Sasuke le dijo:

-Gracias…- aunque no por librale de una muerte segura. Claro que el prepio Uchiha tenía dudas sobre por que lo decía. ¿Por calmar a la chica? ¿Por haberle dado la oportunidad de verla… otra vez?

Mientras, el equipo 7 lo había visto todo. Naruto se preguntaba en qué momento la Shizuka Mozumi que había saludado hace unos instantes se había convertido en una fiera sádica. Apenas sabía de ella su nombre y ya la había visto como si fuese tres chicas muy distintas: Dulce, agresiva y como en su sueño. Sintió un escalofrío al recordar lo que había visto estando en coma. ¿De verdad que solo habían pasado dos o tres horas desde entonces? Su cerebro le volvió a pasar la película de lo que recordaba.

FlashBack

-Oye-le dijo él-, ¿eres de por aquí? Me he perdido.

Lentamente, la chica giró su cabeza para mirarle.

Aquellos ojos azules…Como si fuesen cristale rotos a pedradas.

Naruto no pudo apartar su propia mirada de ella y sus irises. Pero intentó reaccionar y volvió a decir:

-Me he perdido, había otros dos más conmigo. ¿Les has visto tú? Son…

-…Mentira…- le cortó ella. Naruto no entendió.

-¿Perdona?

Entonces fue cuando vió las lágrimas gorddas y transparentes que se le escurrían violentas por la cara. La chica pelirroja estaba encorvada y se tapaba las orejas con las manos. Tenía sus preciosos ojos desorbitados del todo.

-Es mentira…¡No es verdad! ¡No es verdad!

Naruto comenzó a asustarse.

-¡Espera, no sé de lo que me hablas! ¿Qué te pasa?

De repente, aparecieron las llamas. Rojas y calientes. Envolviendo el cuerpo de la chica como lamecha de una vela pero sin quemarla. Naruto retrocedió asustado, pero la chica se mantuvo estática, aunque sus lloros crecieron.

-No es cierto. ¡No es verdad!- repetía una y otra vez como un mantra- ¡Es mentira, es mentira! ¡MENTIRAAA!

¿De verdad que la aterrada y desesperada muchacha de su sueño era la misma (o las mismas) Shizuka que Naruto había visto hacía un rato?

Kakashi también había presenciado la escena entre su antiguo alumno y la jovencita. Y tampoco terminaba de saber muy bien que había pasado. Pero, al contrario que Naruto, a él le intrigaba la reacción de Sasuke. No sabía que había pasado hace medio año, en la gurida de Orochimaru ya que él estaba recuperándose de su última misión de rescate del Kazakege Gaara y siendo sustituido temporalmente por Yamato, pero, tanto sus suplente provisional como sus alumnos le habían contado como se habían enfrentado a su compañero perdido. Basándose en las narraciones de ellos, Kakashi creía que Sasuke se defendería de los ataques de Shizuka, pero él se había limitado a esquivarlos. Y no solo eso, porque Kakashi podía aceptar que él andase algo escaso de fuerzas y por eso escogiese no arriesgarse demasiado, pero, el veterano jônnin, había visto la expresión en su cara, que era más de asombro e incredulidad que la del ardor de un combate."Como si solo ver a la chica le supusiese ya un gran golpe…" se dijo, aunque no muy convencido.

Viendo que solo con su memoria no obtendría nada en limpio miró a su lado, desde donde Sakura miraba el mismo escenario que todos un momento, Kakashi supuso que estaría tan pasmado como él mismo o como Naruto (bueno, no, vale, el niño-zorro estaría que no se enteraría de la misa de la media), pero justo después vió el brillo de sus ojos jadeados. Un brillo que conoció muy bien.

Ella no lo sabía, pero su mirada siempre adoptaba esa misma apariencia de ordenador funcionando a toda leche cada vez que le pedían que solucionase algún problema, o que había un examen, o que –justo como ahora- analizaba algo con precisión milimétrica. Bastaba con aquel brillo que Kakashi le había descubierto a Sakura, a través del flequillo rosa, para saber que también ella intentaba descifrar lo que acababan de ver. El ninja copió sonrió un poco por detrás de su máscara. Puede que él llevara más tiempo que Sakura dedicándose al ninjutsu, pero no tenía, ni de lejos el mismo y ágil cerebro que ella, ni se inmiscuiría con tanta pasión en cualquier asunto que tuviese un mínimo que ver con Sasuke como la kunoichi que había entrenado la mismísima Princesa Babosa Tsunade, del clan de los Senjû, nieta del Primer y Segundo Hokage, y Quinta Maestra de Konoha. Claro que, él mismo, Kakashi, había puesto también su granito de arena en la educación de Sakura, y se sentía orgulloso por ello. Seguramente, la joven llegaría lejos gracias a su inteligencia.

Tal y como Kakashi había supuesto, a Sakura le había faltado tiempo para ponerse a pensar sobre el ataque de Shizuka. Pero si el jônnin se creía que sus cábalas iban sobre algo tan frío como el mero análisis del combate (si es que se le podía llamar así) desde luego se iba a dar con un canto en los dientes. Porque, sí, ella intentaba buscar respuestas a lo que había visto. Solo que lo que había visto era a Sasuke y a una chica que ella no conocía pero él sí, reencontrándose tras, al parecer, varios años sin verse. Y por más que Sakura intentase hacerse la dura con el tema de Sasuke, lo cierto era que la escena la había puesto de lo más celosa, y su verdadera personalidad, lejos de parecer tan fría y calmada como en la superficie, hervía de ira y perforaba por igual a su antiguo compañero y a la chica pelirroja con ojos llameantes. Por que estaba claro, por la cara que había puesto Sasuke, que Shizuka era (o había sido) alguien importante para él.

Y eso la hacía enloquecer de envidia.

Grrrrr…

Kunie contemplaba a los invitados forzosos de la Hoja con una pequeña sonrisilla. El pequeño accidente con el difícil carácter de Shizuka, que ahora dormitaba en una de las sillas, no iba a acabar fácilmente con su buen humor, aunque iba a dejarse otra riñonada en reparar el boquete que la joven había abierto en su pared.

"Calma, calma, podría haber sido peor", se dijo, aunque no estaba en absoluto inquieta. Pero tenía razón. Podría haber sido peor. Podría haber sido la cabeza del Uchiha. Je, je,…

-Ai-chan, Koza-kun, Oihe-kun - llamó a dos de las personas que había en la habitación y no eran extranjeros. Ai, Oihe y Koza Kuroi, el chico de negro y pinta siniestra, se acercaron a su larga mesa de la misma caoba de la puerta. Kunie les susurró, para que los de la Hoja no les oyeran:

-Ahora que están todos juntitos, hay que buscarles un lugar donde asentarles, hemos retrasado ese asunto demasiado tiempo y al final nos ha pillado el toro. ¿Hay algún voluntario para darles cobijo? ¿Oihe-kun? En Midorijima habrá espacio suficiente, y el hospital está al lado, ¿no?

En contra de lo que le habría gustado, Oihe agitó la cabeza de un lado para otro.

-Imposible.-dijo- Es cierto que me vendría muy bien tenerles más a mano por si tengo que hacerles pruebas por lo de mis experimentos, pero Ritsuko, Ringo y Rumika tienen sarampión. Estamos todos bajo control en Midoriuchi para que nadie se contagie.

-¿Tus hermanitas las pequeñas? Que pena. Espero que se mejoran pronto, ¿eh? – comentó Kunie algo dolida, olvidando por un momento lo que de verdad importaba. Aunque enseguida lo recordó y mirando a Koza, al chico de negro, dijo: - ¿Y en tu casa, Koza-kun? ¿Pueden quedarse allí?

Sin embargo el joven miró por el rabillo del ojo a Sasuke y por primera vez sus ojos mostraron un sentimiento: asco. Asco puro y duro. Como si le hubiesen dicho que se diese un morreo en plan Titanic con el hijo de alguno de los alienígenas de District 9 o de Alien vs. Predator y Michael Jackson tras una noche de borrachera y colocones a porrillo. Exactamente esa misma cara, que a la vez decía: "¿Pretendes que yo meta a eso en mi casa?"

Kunie captó el mensaje y dijo:

Vale, vale, está bien, sé entender un "no" por respuesta. Ai-chan, cosita bonita, tocinito de cielo, muñequita mía, niña de mis ojos, angelito del alma, guapísima, Diosa de la Bondad y la Misericordia, buena samaritana, …

Tranqui, Kuni-chan- cortó Ai con la retahíla de piropos y peloteos y su sempiterna sonrisa de parvulitos.- Que en mi casa entran toditos, toditos, toditos.

Los ojos castaños de Kunie brillaron como las bombillitas de un árbol de Navidad y abrazando a la pequeñaja del pelo azul por el cuello, le agradeció el haberle salvado la vida:

-¡Gracias, gracias, gracias, Aicita mía!

Notas finales: Ya sé que soy horrible por haber me pasado más de dos meses sin dar señales de vida, pero si recibiera al menos UN reviewcito de nada igual iba más rápida. Además tengo otro fic que criar (es que son como mis hijitos…): Rey Chamán, de Shaman King.

De todas formas yo seguiré actualizando Shinkû no Mura a ver si cuando vaya por el último capítulo, alguien se anima y le da una oportunidad, al pobriño… T^T sniff sniff a veces el mundo es muy cruel conmigo…sniff sniff.

Esperemos que con este capítulo haya más suerte. Con respecto al próximo, al 5… ¿Cómo creéis que se tomaran los de la Hoja el tener que vivir por tiempo indefinido con un piojo azul, chillón e hiperactivo? ¿Se conocían ya de antes Sasuke y Shizuka? ¿Estabais vosotras igual de celosa que Sakura? ¡PORQUE YO SÍ! ¡LA MADRE QUE LA TRAJO A LA PUÑETERA PELIRROJA ESA, JODER! ¡YO TAMBIÉN QUIERO SOLTARLE UN GUANTAZO A SASUKE EN TODA LA CARA, AUNQUE LUEGO ME LO QUIERA COMER CON CHOCOLATE Y NATA MONTADA! XDXDXDXDXDXD.

En fin, ya nos leeremos. ¡Hasta luego n_n!