Un mundo

—Eres la mujer más hermosa del mundo.

Las palabras fueron dichas al alba, el sol iluminaba sus cuerpos con los suaves rayos del nuevo día y la brisa de la mañana mecía las cortinas en silencio. Ella sintió sus mejillas encenderse ante el halago, tan poco común, de su esposo.

Ichigo era la clase de hombre que mostraba su amor atraves de grandes gestos, como pelear contra la muerte o recibir un ataque dirigido a ella que lo dejaba sangrando y con huesos rotos. Para él, protegerla aún a coste de su cuerpo, era algo que tenía que hacer.

En otras palabras, para Ichigo respirar y proteger entraban en la misma categoría.

Sus cumplidos en cambio, eran algo a lo que ella no estaba acostumbrada. Más extraños que estrellas fugaces o eclipses de luna. Con la misma fuerza que actuaba, cuidaba sus palabras.

Cuando Ichigo decía algo, lo hacía con la firmeza y seguridad de quién afirma que existe el día y la noche, una verdad absoluta para todos que él simplemente estaba señalando ese momento.

Mientras Orihime se ponía roja como un tomate, Ichigo mantuvo su semblante serio, pero la esquina izquierda de sus labios se alzó un poco para demostrar que él encontraba la reacción de su esposa graciosa.

—¡Hey! —Orihime consiguió calmar su felicidad y se recargó sobre su brazo sin dejar de mirar el feliz rostro de su esposo —Sí dices algo tan romántico, debes acompañarlo de un beso ¿Lo sabías?

Ichigo rió en silencio, sus hombros alzándose para arriba una vez y una carcajada casi atravesó sus labios pero únicamente pudo escapar por su nariz.

—Esa es una extraña regla —Ichigo volteó a ver el techo aunque aún tenía a Orihime en su visión periférica —Lo tendré en mente cuando diga algo romántico.

—Lo acabas de hacer —Orihime casi cantó las palbras y llevó una de sus manos arriba del pecho de él. Su esposo respondió sujetando su mano con la de él.

—Mmm...No lo hice. "Lo romántico" es un embellecimiento extremo de los sentimientos.

Orihime podía entender porque para Ichigo decirle que ella era la mujer más hermosa no era digno de ser romántico. Para él, esa idea era objetivamente cierta. Ya que él no iba a besarla, ella decidió besarlo a él, dejando que su cabello castaño (casi rojo) cayera como cortina entre ellos y el mundo exterior.

—Te amo — ella susurró en sus labios. Él devolvió el beso complacido — Eres tan romántico. Incluso cuando no dices cosas tan dulces.

—¿En serio? —Ichigo alzó una ceja y comenzó a acariciar el sedoso cabello de Orihime, dejando que sus dedos jugarán con los largos mechones antes de decidir llevarlos al rostro de su amada.

— Sí, como en la batalla contra Grimmjow, recuerdo que lo detuviste en medio de su ataque porque yo te lo pedí.

Orihime giñó un ojo y llevó su frente contra la de Ichigo. Ambos cerraron los ojos en una silenciosa contemplación. Ella sabía que el romanticismo era lo último en la mente de él cuando esa batalla había ocurrido, pero al final era una soñadora y no podía evitar embellecer lo ocurrido.

Ichigo se comenzó a sentar y Orihime vió aquella sería cara comenzar a resplandecer ante una idea. En unos segundos ojos cafés la miraban felices.

—"Hay para mí más peligro en tus ojos que afrontar veinte espadas desnudas" —Ichigo dijo mientras removía un mechón de la cara de Orihime, despues realizó el beso prometido con la lentitud de alguien que sabe que aún hay tiempo.

—¿Citando a Shakespeare?

Ichigo contestó con una sonrisa enamorada, de nuevo tomando la mano de ella entre la suya, acariciando los dedos con suavidad.

—Citar a Shakespeare siempre es romántico.

Orihime tenía que brindar a eso.