Entre hermanos

Capítulo 4: Una trampa a Kagome

Kagome despertó por causa de las voces de personas que la rodeaban, entre ellos una anciana que la miraba como si nunca hubiese visto una joven dormir.

-A caso ¿Estas perdida o eres un espía?- Pregunto por fin la mujer mayor mientras la muchacha se ponía de pie algo somnolienta.

-Yo... Estaba buscando... una aldea...-

No había terminado de hablar cuando los soldados que acompañaban a la anciana comenzaban a hablar interrumpiendo sus lentas palabras'

-¿No tiene a donde ir?-' -Por aquí está nuestra aldea.- La dirigieron sin que pueda reaccionar.

Era una aldea humilde y alegre, los niños corrían jugando, y las niñas juntaban flores, también había un grupo de mujeres que bailaban al compás de un ritmo muy movido.

-Señora Kaede, la comida ya está lista- Dijo un niño mientras daba pequeños saltos, en sus patitas de zorrito, tenía rabo y dos orejitas que lo hacían ver adorable, Kaede invito a Kagome a comer con ellos, la cual con gusto acepto, olvidando el objetivo por el cual estaba en aquella aldea.

-¡Está delicioso!- Kagome con una sonrisa en su rostro comentó después de haber probado varios bocados del plato que sostenía en sus manos.

-Gracias Kagome.- Comentó Kaede sonriendo y luego observó al pequeño Shippo

-¿Y donde está Miroku?- Aquella pregunta puso en alerta a Kagome.

-No lo sé, se fue esta mañana y aún no ah regresado.- Respondió el pequeño, mientras daba otra mordida a su pescado y observaba que Kagome estaba muy pensativa.

(-¿Miroku? ¿El monje Miroku?... Inu...yasha-) -¡INUYASHA!- La joven se puso de pie llevándose la mirada de todos.

-Acaso ¿Conoces a Inuyasha?- Pregunto la anciana mostrando sorpresa en su rostro.

-Eh... este...- La muchacha hizo notar sus nervios y en aquel momento un joven, vestido con una túnica larga de un color oscuro había tomado sus manos.

-Pero... ¿Que ven mis ojos? ¿De donde salió esta hermosa jovencita?

-¡Miroku! Reacciona tonto, esto es grave.- Decía el pequeño niño mientras le daba un golpe en la cabeza al monje, el cual se quejó levantando una de sus cejas.

-Shippo...

-¿Tu eres Miroku?- Kagome liberó sus manos del agarre para cruzar sus brazos y el monje volvió a mirarla

-¿Quien me busca?-

-Mi nombre es Kagome, y se en donde tienen a Inuyasha... El me pidió que lo busque y prometí regresar lo antes posible.

-¿Inuyasha te ah pedido eso? ¿Al menos fue amable?

-No parecía grosero...- Menciono Kagome pensativa, mientras Shippo daba saltos algo enojado.

-Ese Inuyasha... nunca nos ah dado las gracias por ayudarlo, no creo que haya sido amable.

-De todos modos dije que le ayudaría ¿Puedes llevarme con el?- Miroku bajo la mirada resignado, pero con otras intenciones en mente, las cuales Shippo noto al instante, por lo que decidió ir con ellos para proteger a Kagome de las "manos pecadoras" del monje

-Yo iré con ustedes- Decía entre saltos para hacerse notar

-Está bien vamos- Kagome formó una sonrisa en sus labios al ver el entusiasmo del pequeño y comenzó a caminar junto a ambos.

-Ahhh... Atrevido, no me toque.-

El grito de Kagome se escuchó en el bosque seguida por la tierna voz de Shippo.

-Miroku, no hagas eso, atrevido.

-No me regañes Shippo, sabes que no puedo controlarme.

-Buena excusa- La mirada amenazante de Shippo ponía más nervioso al monje quien movía sus manos a la defensiva.

-Uhmm... Ya veo que es un monje libidinoso.- Kagome suspiro por lo bajo mientras empujaba al monje para que caminara a delante de ella

-Vamos que ya estamos llegando... De hecho era aquí... Pero ¿Que sucedió?- La joven detuvo sus pasos al ver que la cueva en donde Inuyasha se encontraba estaba totalmente destruida.

-No llegamos a tiempo, que mal, ahora la bestia rebelde está muerta.- Decía Shippo en un tono de desesperación.

-Tranquilo, Shippo...- Murmuro Miroku con una voz suave, al ver las lágrimas que en silencio Kagome dejaba caer por sus mejillas, en aquel entonces una flecha rozó el hombro de la joven que la hizo voltear de inmediato, y a sus acompañantes.

-¡Kikyo! Te haz perfeccionado con el arco.- Kagome seco sus lágrimas al ver a su hermana de pie sobre una enorme roca del lugar, pero esta comenzó a reír

-Ay...Kagome...Eso no es lo importante ahora... ¿Acaso estas aquí por alguna razón? Si fuera tú estaría rezando por mi vida- Dijo y preparó otra de sus flechas para un nuevo ataque

-¿Que? Kikyo, debemos ayudar a Inuyasha, el no es una mala persona...

-¿Tu ibas a ayudarle? Gracias a mi sigue con vida, y no dejaré que intervengas en mis planes.

-¿Tus...planes?- Kagome sin comprender a lo que se refería preparó al igual una de sus flechas, observándola con una mirada desafiante, lanzando sin esperar más una de sus flechas, que salía cubierta con un aura brillante golpeando el arco de Kikyo para partirlo en dos mitades, haciendo que la muchacha cayera al suelo

-Kagome ¿Por que me haces esto? Maldita...

-Vamos chicos rápido- Kagome ignoro las palabras de Kikyo, dirigiéndose a sus nuevos amigos, que corrían detrás de ella, Kikyo se puso de pie y con una sonrisa en sus labios murmuró

-Ve... ve a la boca de lobo- y comenzó a caminar hacia el palacio, donde también Kagome llevaba sus pasos.

-¡Duele!... ¡Maldición...!- Los gritos de dolor de Inuyasha se escucharon del otro lado del palacio.

-¿Que le están haciendo? ¿Que está pasando ahí adentro? Señor Sesshomaru.- La pequeña Rin decía preocupada tironeando de la vestimenta de Sesshomaru, quien estaba en silencio de pie delante de la puerta del palacio, impidiendo la entrada de una multitud de aldeanos que esperaban respuestas '-¿Van a exorcizar a la bestia?-' '-Van a quitarle los demonios-' Comentaban armando un gran alboroto.

-¿Que...Que es esto?- Al llegar Kagome junto con Miroku y Shippo, se llevó la sorpresa, ninguno de los tres entendía nada y les costo un poco llegar hasta Sesshomaru.

-Kagome, te estaban esperando... Varios soldados de Naraku tomaron el lugar de Sesshomaru, para no dejar entrar a nadie y este entró al palacio seguido por los recién llegados

-Sesshomaru, no entiendo que es lo que está pasando- La joven siguió el camino al que Sesshomaru los guiaba, pero el youkai no dio respuesta alguna.

Llegaron por fin a la sala, donde Inuyasha se encontraba en el suelo, su cuerpo estaba herido como si alguien lo hubiera estado lastimando con una cuchilla y estaba rodeado por un círculo que reflejaba como si fuese un espejo.

-Inu... Yasha...

-Traidora, tu me entregaste...- A pesar de las palabras de Inuyasha, Kagome se balanceo para abrazarlo con lágrimas en sus ojos.

-No he hecho tal cosa- murmuró por lo bajo, pero Inuyasha se alejó con dificultad.

-Eh... Inuyasha, tus ojos...- La joven había notado el cambio y se alejó un poco del muchacho, quien tenía ahora sus ojos color miel, cuando una voz conocida interrumpió sus palabras.

-Kagome haz llegado a tiempo... para el sacrificio- La pequeña Kanna se acercó con un espejo en sus manos, el cual reflejaba el rostro demoníaco de Inuyasha.