Digimon no me pertenece, ni el cuento de Andersen, aunque sí esta adaptación que hago de ellos.


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·~· La Reina de las Nieves ·~·

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Capítulo IV

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"Næste dag blev det klar frost, - og så kom foråret".

(Al día siguiente hubo helada con el cielo sereno, y luego vino el deshielo; después apareció la primavera)

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Takeru salió de la habitación de la mujer con semblante sombrío. Yamato, que pasaba por allí barriendo el suelo, lo miró extrañado por esa expresión. Jamás había visto a su hermano con un gesto similar a ese y sintió incluso un escalofrío. Se acercó a él, pero el joven se limitó a lanzarle una fulminante mirada y caminar lentamente hacia la salida.

El mayor de los Ishida, todavía completamente extrañado por lo que había sucedido, se preguntó si había hecho algo para enfadar al pequeño. No llegó a ninguna conclusión y siguió barriendo mientras le daba vueltas al asunto. Tan distraído estaba, mientras barría delante de la entrada de una habitación, que no le dio tiempo a apartar la escoba cuando la puerta se abrió. Un grito exasperado se escuchó justo después de un fuerte golpe.

-¿Quieres matarme o qué? -se quejó Taichi mientras se incorporaba con dificultad y se sacudía la ropa.

-Ha sido sin querer -se limitó a decir Yamato, algo avergonzado.

Aunque en su fuero interno rio por el golpe que se había dado el joven. Y el castaño, tal vez adivinando los pensamientos que cruzaban la cabeza del otro, "accidentalmente" tiro el cubo que estaba usando el rubio de recogedor.

-¡Oye!

-Ha sido sin querer -dijo Taichi con retintín mientras se encogía de hombros.

Yamato lo miró exasperado mientras bajaba las escaleras con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Algún día haría pagar caro a ese chico cada uno de los problemas en los que lo metía y cada una de las palabras que le soltaba cuando discutían. Algún día, sí, por el momento tenía que aguantarse porque trabajaba para su padre. Y con lo bien que Takeru se había adaptado, seguramente su estancia allí era para largo, aunque le fastidiaba porque no le gustaba vivir en un pequeño pueblo. No sabía lo equivocado que estaba.

Taichi salió fuera del hotel sin saber bien a dónde quería ir. Estaba bastante aburrido así que decidió dar una vuelta por el patio para ver si encontraba a su hermana, que solía estar allí, o a Agumon. Pero en vez de a ellos, vio a una mujer de largo pelo blanco, que parecía haber surgido de pronto sentada en el banco. Se dio la vuelta para marcharse, pero los fríos ojos de la desconocida se posaron de pronto en él y se sintió más asustado que en toda su vida.

Lo peor de todo, era que de alguna manera le eran familiares.

Retrocedió un paso y pareció poder romper el contacto. Casi echó a correr de nuevo al interior del edificio, y miraba por encima de su hombro cuando cruzó la puerta. Casi se chocó con Yamato, que iba a salir a tirar la basura. Los ojos azules del joven lo fulminaron pero el castaño, todavía impresionado por lo que había sentido, bajó la cabeza en vez de pelear.

-Perdona, es que iba distraído -se disculpó.

Eso asombró al rubio muchísimo, era la primera vez que lo escuchaba pedir perdón. Así que a la única conclusión a la que llegó fue que le había pasado algo. Y pensó que estaba en lo cierto al verlo perderse entre sus pensamientos con gesto extraño.

-¿Estás bien?

Ni siquiera él supo por qué había formulado esa pregunta. Como si le importara lo más mínimo lo que le pasase o fuese a escuchar sus estúpidos problemas de niño mimado. Sí, eso pensaba, pero se descubrió a sí mismo curioso por la respuesta. Era la primera vez que veía al otro joven intimidado y era extremadamente raro.

-Es que he visto a una mujer muy rara en el patio... -comenzó a decir Taichi, y su voz fue perdiendo fuerza mientras hablaba.

-De pelo blanco, ¿verdad? -dijo Yamato entendiendo por fin esa actitud-. A mí también me ha dejado con una extraña sensación cuando la he acompañado a su habitación. Es la nueva huésped.

-No me da buena espina.

-A mí tampoco.

-Debe ser la primera vez que estamos de acuerdo en algo -opinó sonriendo el castaño.

-No te acostumbres -replicó el otro con fastidio mientras se marchaba para tirar la basura.

La risa del mayor de los Yagami lo acompañó mientras salía del hotel. No pudo evitar sonreír de lado, aunque en seguida se reprendió mentalmente. Tenía que recordar que no soportaba a ese idiota despistado.

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Takeru sonrió con malicia y apuntó bien a su objetivo. Disparó el tirachinas y acertó de lleno en el trasero de un caballo, que empezó a correr asustado y su dueño trató de detenerlo. Ni siquiera se rio por la situación, aunque puso gesto de satisfacción. Pero se le borró al ver a Hikari al otro lado de la calle mirándolo con decepción.

De pronto, el chico pareció volver a la realidad, y casi no recordaba cómo había llegado hasta allí. Un escalofrío le recorrió al rememorar su conversación con la misteriosa nueva huésped pero lo ignoró y corrió al encuentro de su novia. Ella lo miró frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.

-¿Se puede saber qué pasa contigo? -lo regañó Hikari-. Tú no eres así. No eres cruel.

-No, claro que no lo soy. Es solo que...

-¿Solo que qué? -lo instó a continuar.

-No sé por qué lo hago, a veces no puedo evitarlo y hoy más que nunca -intentó explicar Takeru, aunque no se entendía ni a sí mismo.

-Tú verás lo que haces.

Dicho aquello, la castaña se dio la vuelta para marcharse con paso firme. Era una persona muy apacible, pero si se enfadaba se mostraba todo su lado Yagami. Y el rubio quiso seguirla, pero vio a Susumu caminando cerca de allí y no quiso darle razones para que le mandase el doble de trabajo al día siguiente. Era lo que hacía cada vez que lo veía con su hija.

Así que se dio la vuelta y caminó cabizbajo por el pueblo, tratando de pensar una manera de que Hikari lo perdonase. Y la encontró ante sus ojos. Era el broche que ella una vez le había dicho que se parecía al de su madre, una flor plateada con piedras rosas. De hecho, había estado ahorrando para comprarle algo a su chica cuando encontrase la oportunidad, así que le pareció perfecto.

Corrió al hotel y subió apresuradamente a su habitación. Contó sus ahorros y descubrió con alivio que tenía suficiente, no le quedaría apenas nada pero merecía la pena.

Bajaba de nuevo por las escaleras cuando se encontró de frente al señor Yagami. Por el gesto del hombre, estaba bastante molesto. Y Takeru tragó saliva, a la espera de la bronca que sabía que le iba a caer.

-¡Ishida! ¡Llevo buscándole una hora entera! ¡Incluso por el pueblo!

-Lo siento mucho, señor...

-¡No me valen sus disculpas! -replicó Susumu con enfado-. ¡Vaya a atender a la nueva huésped, que ha pedido sus servicios hace un buen rato!

-Eh, verá, es que preferiría... -se calló porque no creía que a su jefe fuera a gustarle la frase "preferiría no hacerlo".

El hombre lo miró frunciendo el ceño mientras lo escuchaba titubear, pero Yamato apareció al rescate. Takeru no supo de dónde había salido pero le agradeció sus siguientes palabras con una sonrisa.

-Señor Yagami, yo iré a atender a la huésped, es que Takeru está haciendo encargos para Gennai en el pueblo.

El dueño del hotel volvió a fruncir el ceño, seguramente porque no creía del todo esas palabras, pero finalmente asintió con la cabeza. Así que el menor de los Ishida fue a buscar a Gennai para que lo cubriese y corrió hasta la tienda antes de que la cerraran para comprar el broche a Hikari. Sonrió contento mientras volvía al hotel, estaba seguro de que a su novia le iba a encantar el regalo. Aunque sentía que le faltaba algo más para hacerlo especial. Y se le ocurrió una idea cuando vio a Taichi pasando por allí con un montón de papeles y plumas estilográficas, seguramente para guardarlos en la biblioteca.

-¡Hola! -saludó el castaño con su habitual energía.

-Hola, oye, ¿tienes algún pergamino y alguna pluma de sobra?

-Claro, coge un par de cada.

El chico cogió lo que le ofrecía el otro y se lo agradeció mientras corría a su habitación. Algo le dijo a Taichi que el entusiasmo del joven tenía que ver con su hermana y no pudo evitar sonreír. Aunque debería enfadarse no podía, no cuando Takeru le caía tan bien.

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Hikari daba vueltas en su habitación con el ceño fruncido. Estaba molesta y también preocupada. Hubiera puesto la mano en el fuego por que su novio no haría bromas pesadas, que rayaban la crueldad, a alguien hasta que lo había visto con sus propios ojos. Y estaba asustada. Porque cuando estaba con ella parecía volver a ser él mismo de golpe, pero cuando no la veía se comportaba de forma muy extraña que no iba con él. Como si fuera dos personas muy diferentes.

Gatomon la observaba caminar de un lado al otro sin querer preguntarle qué le sucedía, porque ya lo contaría si necesitaba hablar. Aunque tenía claro que sería algo relacionado con Takeru. Así que salió sigilosamente de la habitación y se asomó a la del chico. Lo encontró escribiendo algo con esmero y Patamon salió a fuera para reunirse con ella.

-¿Pasa algo? -preguntó el digimon anaranjado sonriendo.

-No... Bueno, es que Hikari está rara. Algo le preocupa pero no me lo ha contado todavía.

-Creo saber qué es. Hoy han medio discutido, pero Takeru ya se está esmerando para conseguir que lo perdone, no te preocupes.

Ella no quedó muy convencida pero se olvidó del tema cuando su amigo le dio un abrazo y le propuso dar un paseo antes de la cena. Ya pensaría luego en ello, era mejor que los jóvenes arreglasen sus problemas ellos mismo. Aunque algo le decía que la joven estaba preocupada por algo más.

Los digimons se marcharon y no vieron a Hikari salir de su habitación, aunque ella sí que los observó alejarse. Sonrió al verlos juntos, habían hecho mucha amistad y eso le alegraba. Recorrió el pasillo, dirigiéndose a las escaleras para ir a la biblioteca y distraerse un poco, cuando la puerta delante de la que pasaba se abrió. Y ella quedó como clavada en el suelo.

La misteriosa mujer de largo pelo blanco la fulminó con la mirada y la chica sintió que se le encogía el corazón. Abrió la boca para decir algo, al menos para ser educada y saludar, pero no consiguió emitir sonido alguno. Porque el odio con el que la nueva huésped la observaba cortó sus palabras como si se tratase de un cuchillo.

Al final, consiguió mirar hacia otro lado al escuchar un grito de su padre reclamando a Yamato que se presentase ante él. Y cuando quiso volver a posar sus ojos en la mujer se dio cuenta de que había vuelto a cerrar la puerta.

Negó con la cabeza para sí misma mientras trataba de controlar las alocadas palpitaciones de su corazón, que parecían aceleradas por un irracional miedo a volver a ver esos ojos tan fríos. Porque había visto una mirada así. En sus sueños. Cada noche desde hacía un tiempo. Acechándoles a todos ellos.

Se asustó cuando alguien la cogió de la mano y la condujo a toda velocidad hasta su habitación pero suspiró aliviada al ver que se trataba de Takeru. Él cerró la puerta tras de sí y pareció creer que el gesto de su novia se debía a que seguía disgustada, así que le tendió una caja y un papel enrollado. Ninguno de los dos dijo nada mientras la joven cogía aquello y empezaba a leer lo que estaba escrito en la hoja.

"Hikari, sé que tal vez he actuado a veces de forma que no te gusta pero te prometo tratar de enmendarlo, sabes que yo no soy así y todavía estoy intentando comprender lo que me sucede. Pero estoy tranquilo porque tú estás a mi lado, porque me haces mejor persona y querer sonreír todo el tiempo. Has llenado mi vida de colores, con cada gesto o mirada me enamoras más y tengo la certeza de que jamás te dejaré escapar. Porque te quiero, más que a nada en el mundo, y haré lo que sea por ti. Perdóname, por favor".

Cuando terminó de leer por segunda vez la nota, abrió la caja. Y sonrió emocionada al descubrir lo que había en su interior. Dejó todo sobre la cama y abrazó con fuerza a Takeru, mientras él le susurraba una y otra vez que lo sentía.

-Por favor, no te distancies de mí nunca, no lo soportaría -pidió ella entre lágrimas-. Porque yo también te quiero y no quiero que nada nos separe.

El chico no pudo contenerse más y la besó con pasión. Pocos besos se han dado en la historia como el que ellos estaban compartiendo. Y, si hubieran sabido todo lo que iba a pasar después, hubieran alargado ese momento aún más.

-Creo que deberíamos decirle a mi padre que estamos juntos. Estoy harta de esconderme, me gustaría poder saludarte con un beso cada mañana y abrazarte cuando nos cruzamos por los pasillos.

-Sí, creo que tienes razón -afirmó el rubio-. Es hora de que nos enfrentemos a él. Seguro que en realidad luego no es para tanto.

-Ven hoy al comedor mientras cenamos y anunciemos que nos queremos, por favor -pidió Hikari suplicante-. Es muy importante para mí. Muchísimo.

Y Takeru se derritió ante esa mirada que le llenaba de vida. Volvió a besarle y asintió con la cabeza, antes de salir de la habitación para terminar sus tareas.

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Hikari miraba el reloj incesantemente y aquello no pasaba desapercibido para su hermano y su padre. Susumu fruncía el ceño mientras masticaba, intentando entender qué tenía tan ansiosa a su hija que no había probado bocado. Taichi por su parte parecía sospechar de qué se trataba por lo nerviosa que estaba la pequeña, además de que había visto a Takeru saliendo de su habitación una hora antes. Gennai hacía ver que estaba ajeno a todo, pero en realidad la chica le había confesado lo que pretendía hacer antes de la cena, y le transmitía su apoyo silencioso con alguna sonrisa.

El castaño se asomó con disimulo a la cocina, pero allí solo estaba Yamato. El rubio se había negado a acompañarlos mientras cenaban, alegando que quería pasar algo de tiempo con su hermano. Pero parecía que el pequeño le había dado plantón. Qué extraño.

Taichi volvió a enderezarse y miró a su hermana con las cejas levantadas cuando la chica volvió a observar el reloj de la pared con impaciencia. Ella se sonrojó al instante y bajó la cabeza hacia sus manos, que sujetaban con fuerza el broche que el joven le había regalado. Le encantaba, se parecía muchísimo al que recordaba que su madre llevaba casi siempre.

¿Dónde se había metido Takeru? Había prometido que asistiría a aquella cena, que le dirían por fin la verdad a su padre, que dejarían de esconder lo que sentían. ¿Se habría arrepentido? No podía ser eso, él decía que haría cualquier cosa por ella en aquella nota. Sabía que no mentía, él nunca mentiría... ¿Verdad?

Pero los minutos pasaron y nadie llegó al comedor. Y se preocupó por si le había sucedido algo a su novio. Miró a Gatomon, que estaba sentada a su lado, buscando una explicación. Su compañera la miró con pena y se limitó a encogerse de hombros.

Mientras tanto, la ira de Taichi iba en aumento. No entendía a qué jugaba ese chico, pero estaba claro que repercutía negativamente en su hermana. No era tonto, había visto sus miradas y los roces sutiles de sus manos cuando creían que nadie los observaba. Hikari sentía algo por Takeru, y él siempre había creído que era algo compartido. Aunque ahora no lo tenía tan claro, mientras veía cómo la joven contenía silenciosas lágrimas y no probaba bocado.

Susumu se levantó de la mesa, ignorando el pesar que veía en los ojos de su hija. Antaño, él siempre tuvo una buena relación con la pequeña y conseguía sacarle sonrisas en los momentos peores, incluso cuando estaba enferma. Ahora había desarrollado la facultad de vivir en silencio. Y eso era algo que su hijo mayor odiaba. Cuando se marchaba captó el amago de Hikari de detenerle, y también cómo a su vez Taichi la paró a ella. Vio los ojos marrones de su hijo fulminarle con la decepción bailando en su mirada. Pero también había aprendido a ignorar aquello.

Cuando su padre salió, la pequeña de los Yagami miró a su hermano de forma interrogante.

-No merece la pena que hables con él -dijo el chico. Y... Parece que Takeru no va a venir. Debería darle un buen golpe por esto.

La sorpresa hizo aparición en el rostro de la joven, antes de que volviera a bajar la mirada y a apretar con fuerza el broche.

-Sé desde hace tiempo que hay algo entre vosotros. Y lo he respetado, hasta que veo cómo te está decepcionando.

-Tiene que haber una buena razón para ello -replicó ella mientras se levantaba para irse.

Taichi quiso detenerla pero se distrajo al descubrir a Yamato espiando la escena con gesto triste, el rubio negó con la cabeza para sí mismo sin comprender por qué su hermano dejaría plantada a su novia. Sobre todo en algo tan importante para ella. Cruzó una mirada de confusión con Gennai. Tenía que buscar a su hermano.

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Horas más tarde Hikari se removió en la cama molesta. No conseguía conciliar el sueño, a pesar de que Gatomon la había abrazado en silencio durante mucho tiempo mientras lloraba. Se levantó finalmente, sabiendo que debía ser aún madrugada, y caminó descalza y en pijama por el pasillo hasta la habitación de Takeru. Necesitaba hablar con él.

Se sorprendió al ver la cama impolutamente hecha. Estaba claro que el rubio no había pasado por allí. Tampoco había rastro de Patamon, lo cual también la extrañó. ¿Habrían ido a algún sitio? Era demasiado tarde para eso. La preocupación volvió a invadirla, esperaba que no le hubiera pasado nada. Tal vez debería ir a buscarlos...

En ese momento, un escalofrío la recorrió. Miró detrás de ella y siguió su instinto, que la guió hasta la puerta de la habitación de la huésped. Sabía que no estaba bien, pero necesitaba saber si esa extraña mujer podía tener algo que ver en aquello. Y casi se echó a llorar al descubrir la estancia completamente vacía, sin ningún objeto más que el mobiliario, como si se hubiera marchado ya del hotel.

Sus sueños, formados de imágenes de esa mujer, de los ojos fríos de Takeru cuando parecía cambiar de golpe y de llantos de personas que no conocía se manifestaron en su mente.

Tendría que haberlo sabido antes. Ella había venido a por Takeru. Estaba segura.

Corrió hacia la habitación del chico de nuevo, buscando alguna pista. Todas las pertenencias estaban en su sitio, nada parecía fuera de lugar. Pero cuando miró hacia la ventana fue cuando descubrió algo que la hizo estremecerse y caer de rodillas.

Ante ella, en los congelados cristales, se podían ver las marcas de las monedas calentadas al fuego que Takeru había usado para que pudieran mirarse en la lejanía. Sin embargo, había más marcas de lo habitual. Había algo más. Un mensaje. Y estuvo segura de que era para ella.

"AYÚDAME"

Tenía que encontrarle.

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Muchas gracias a Maimai y Amber por vuestros comentarios, me alegro de que os guste la historia y la pareja.

No estoy muy contenta con este capítulo aunque no podría decir exactamente la razón. En cualquier caso, escribiré con más ganas el siguiente porque empieza la parte que me gusta más. La fantasía pronto va a aparecer mucho y también se acabará la etapa tranquila del hotel.

Gracias a todos los que leéis y comentáis, espero que hayáis disfrutado de la lectura, prometo que el próximo capítulo será más interesante :)