Capítulo 3

-60 con 40.- anunció la mujer de uniforme blanco al tiempo que retiraba el aparato para medir la presión del brazo izquierdo de Kari.- Tienes la presión baja. Necesitas comer algo.- la joven asintió simplemente intentando recuperarse del desmayo.

Tras haber caído en los brazos de Matt, uno de los bar tenders le dijo que la sacara por la puerta trasera pues ahí había una ambulancia de emergencia.

-Mejor que lleve a su novia a cenar.- le dijo la mujer al rubio y él se ruborizó levemente. Kari sonrió y le agradeció por su atención y luego ambos se retiraron de ahí.

-Lamento haber arruinado tu noche de esta manera.- comentó fingiendo sentirse apenada.

-Ni que lo digas. Estas cosas pasan. Pero será mejor que le haga caso a la enfermera. ¿Qué se te antoja comer?- la chica sonrió frunciendo el ceño. Increíblemente esa noche estaba resultando mejor de lo que planeó.

-Lo que tú quieras.- respondió simplemente.

Fueron en el carro de Yamato hasta un restaurante en el que él le prometió hacían las mejores hamburguesas de todo Nueva York. Para acompañar la cena, Kari pidió una malteada de chocolate y él una de fresa.

El lugar era bastante reducido. Contaba con una larga barra en donde había sólo dos hombres, uno tomando un café negro mientras leía el periódico y otro devorando un burrito. Frente a ésta se hallaban cinco mesas. Matt y Kari se sentaron en la última mientras charlaron esperando su comida.

-Realmente lamento mucho que esto pasara…- comenzó a disculparse ella nuevamente.

-Está bien, Ronnie.

-La verdad tuve un día muy pesado y ahora que lo recuerdo apenas y probé bocado desde el desayuno.- las palabras de la castaña resultaban medio ciertas. Más allá de que hubiera tenido un día pesado, en realidad mitigaba el apetito con los cigarros hasta que éste le ocasionaba un fuerte dolor de estómago y entonces comía cualquier cosa, preferentemente alguna ensalada. Durante gran parte de la adolescencia, Hikari había sufrido de un trastorno alimenticio y aunque recibió la ayuda adecuada a tiempo eso no le quitaba la ansiedad y preocupación por su peso.

-Te creo, me pasaba lo mismo cuando estaba en la universidad. Especialmente en semana de exámenes. Sobrevivía con fruta y comida rápida.- el rubio sonrió al contar esto y no despegó sus ojos de la chica.

Minutos luego llegó la mesera a servirles la comida.

Pasaban de las dos de la mañana y el teléfono de Kari no dejaba de vibrar dentro de su bolso. Diez llamadas perdidas de Yolei y tres de Mimí. Era hora de que la chica se reportara.

-¿Y qué planes tienes al graduarte? ¿Perseguir el sueño de todo artista e irte a vivir a Italia?- ella sonrió y le dio un sorbo a su malteada antes de responder.

-No voy a negarte que me enamoré de Italia cuando fui. El clima, el ambiente, la cultura, su gente… pero aún no lo sé. No me gusta hacer planes especialmente cuando se trata de mi futuro.

-¿Qué, eres una de esas chicas impredecibles que de la noche a la mañana deciden desaparecer de la faz de la tierra?- inquirió Matt riendo.

-Algo así.- Kari sonrió también.- ¿Y tú? ¿Qué planes tienes?- el chico soltó un suspiro profundo que fue borrando su sonrisa y se encogió de hombros.

-Bueno, dentro de unos meses me caso pero aún no decidimos si nos quedaremos a vivir aquí.

-¿Te casas?- Yamato asintió.

-Ya lo decía yo…- pronunció ella en voz baja agachando la cabeza.

-¿Perdón?- Kari se mordió el labio y lo miró a los ojos.

-Es que era demasiado obvio. Eres muy guapo, inteligente, divertido, atento… si no me dices que estás comprometido habría pensado que eres gay.- Matt soltó una carcajada sonrojándose.- ¡Oye, no te burles! Es difícil encontrar buenos hombres en ésta ciudad. La mayoría sólo busca con quien tener sexo.- un suspiro se le escapó del pecho y se distrajo observando por la ventana a una pareja de ancianos que iban bajándose de un taxi en la acera de en frente. El hombre tomó con cuidado la mano de su esposa y una vez que salieron del auto y éste arrancó, él le dio un pequeño beso en los labios.

-Creo que ya es hora de llevarte de vuelta a la universidad.- farfulló Matt mirando su reloj.

El rubio condujo tranquilamente mientras le contaba a Kari la anécdota de su primer rechazo amoroso cuando tenía siete años y con una pequeña flor fue a confesarle a una niña de la primaria que le gustaba, ésta lo aventó sobre un charco de lodo y empezó a llorar diciéndole a la maestra que él la estaba molestando.

-¿Entonces nunca fuiste popular entre las chicas?- inquirió ella una vez que se estacionaron afuera del campus.

-No, hasta la universidad. Sufrí un poco durante la adolescencia al ver a mis amigos salir con cualquier mujer que quisieran mientras yo era su chaperón.- dijo sonriendo.- ¿Y qué hay de ti, Ronnie?- Kari lo miró fijamente mientras por su mente se repetía la historia de cuando le rompieron el corazón. Tuvo que agachar la cabeza y tomar aire profundamente. Aunque ya no le dolía como antes, no le gustaba cuando aparecían esos recuerdos. La hacían sentir tonta y miserable.

-Creo que dejamos esa historia para otro día.- respondió simplemente.- Muchísimas gracias por lo que hiciste hoy, Matt.

-Ni lo menciones. Fue un placer poder ayudar.- ella sonrió acercándose lentamente hasta darle un beso al lado de los labios.

-Nos vemos.- abrió la puerta del carro y apenas iba a bajar cuando él la detuvo.

-Espera, oye…- el rubio se llevó una mano al cabello despeinándolo un poco y sus mejillas se tornaron rojas.

-¿Si?

-¿Te gustaría ir a una kermesse en la iglesia? Sé que tal vez suena anticuado pero habrá juegos mecánicos y…

-Me encantaría.- respondió ella sonriendo de oreja a oreja. Un sentimiento de orgullo y felicidad la llenó por dentro al ver que sin mucho esfuerzo había logrado avanzar muchos escalones en una sola noche.

-Genial, dame tu número de celular y te llamo mañana para pasarte la dirección y decirte dónde te veo.

Una vez que Kari entró a su dormitorio encendió un cigarrillo. No había podido fumar desde hacía horas y su cuerpo suplicaba en ansiedad algo de tabaco. Miró su celular. Pasaban de las tres de la mañana. Miró sus llamadas perdidas y sin pensarlo le marcó a Mimí.

-Vaya, vaya, vaya… hasta que al fin te reportas.

-Dime dónde estás, Tachikawa. Iré a darte los detalles en persona.- hubo un silencio al otro lado de la línea y se escucharon algunas voces.

-En dos minutos baja al estacionamiento. Verás un auto color negro con vidrios blindados, el chofer te traerá hasta acá.- sin dejar que la castaña respondiera algo, cortó la llamada.

Kari abrió una de las ventanas que daban a la gran ciudad y se recargó en ésta mientras disfrutaba su cigarro. Fue reacomodando los hechos de aquella noche mientras en su mente aparecían todos los detalles que le daría a Mimí. Estaba convencida de que había dejado impresionado a Yamato, de otra manera él no la habría invitado a salir, aunque fuese un evento público. Una sonrisa se le dibujó en el rostro al recordarlo. La verdad es que en persona él era mucho más apuesto, de carácter sencillo y divertido. Por un momento se detuvo a pensar en Sora y lo afortunada que debía ser la chica, aunque fuese una pena que su fortuna le durara poco tiempo.

Sufrió un ataque de ansiedad al saber que otras personas podían vivir y sentir aquello que su alma le gritaba que necesitaba con desesperación y a lo cual había renunciado hacía años. Ya debería estar acostumbrada a estar sola. Se lo repetía a diario, esas cosas no estaban hechas para ella y no tenía por qué anhelarlas, era una estupidez que se esforzara e intentara hallar el amor cuando la vida le había dejado muy en claro que esos cuentos no estaban escritos en su historia.

Finalmente y no pudiendo soportarlo más, salió del edificio sin siquiera percatarse del aspecto que traía. Subió a la limusina que ya la esperaba tal y como Mimí se lo había dicho. El chofer no dijo nada cuando subió y como si estuviera programado automáticamente condujo hasta una casa dentro de una zona residencial en Manhattan. Ésta era de tres pisos, tenía un jardín enorme, había muchísima gente tanto dentro y fuera el lugar.

-La señorita Tachikawa la espera en el segundo piso.- dijo el chofer antes de que Kari bajara.

Al fondo de la sala había dos DJ's y se escuchaba música de dubstep. Hombres besando hombres, mujeres besando mujeres y entre todos bailando y moviéndose al compás de los bits provocando que el calor y la sensualidad en el ambiente se propagaran y contagiaran a más personas. En la cocina había varias jóvenes que vestían únicamente lencería preparando brownies con polvos mágicos, gente fumándose porros o inhalando cocaína sin preocuparse de quién los viera. En la planta alta era lo mismo, con la excepción de que ésta vez había personas teniendo relaciones sexuales sobre una silla, en el piso, contra la pared y en muchos otros lugares inimaginables. Gemidos y gritos se perdían entre la música.

Una chica jaló el brazo de Kari y al voltear fue sorprendida por esa rubia de pechos despampanantes que la besó agresivamente mordiendo sus labios.

-¡Oye!- la castaña la aventó haciendo que la otra cayera al piso y estallara en un ataque de risa. Hikari se llevó un dedo al labio inferior dándose cuenta de que estaba sangrando.- Imbécil.- murmuró antes de entrar al cuarto donde sabía que hallaría a Mimí.

Abrió la puerta y fue cegada por unos segundos con la resplandeciente luz blanca de los focos. Había una pequeña sala compuesta de tres sillones con una mesita al centro en la que reposaban varias bolsas pequeñas con cocaína y marihuana. Tomó un cigarro ya hecho de hierba verde y lo encendió sintiendo la calada intensa en su pecho. Escuchó un par de gemidos y se giró a la derecha, había una puerta corrediza, la abrió y vio a Mimí recargada en la cama y con ambas manos esposadas a los extremos del respaldo. La chica estaba cubierta por un cobertor verde de la cintura para abajo y bajo éste se movía alguien haciéndola soltar aquellos gemidos.

-Al fin llegas, Yagami.

-Puedo volver cuando…- Kari señaló sobre el cobertor pero Mimí sólo sonrió.

-No seas boba, cuéntame qué ha pasado.- la castaña soltó un suspiro y le dio otra calada al cigarro empezando a sentir ya los efectos en su cuerpo. Se mantuvo de pie al margen de la cama mientras le contó todo, cada detalle sin olvidar nada.- Vaya, vaya, vaya, eres más zorra de lo que creía.- se burló Mimí.- Has hecho un excelente trabajo, Yagami.

-Claro, ¿qué esperabas? Para eso me estás pagando.- se jactó ella. Mimí la escrutó de arriba abajo. Había dudado de la capacidad de Hikari para lograr esa misión, incluso había apostado diez grandes a que la chica no conseguiría una segunda cita y ahora debía pagar el precio, pero no era algo que le molestara realmente.

-Abre ese cajón.- señaló el buró a su derecha.- Dentro de una caja roja hay una bolsa con tres pastillas, me las han dado ésta mañana, es una droga especial que viene de Francia. Son tuyas.- Kari medio sonrió y cogió la pequeña bolsa de plástico con tres píldoras transparentes.- Debes tener cuidado ya que es muy fuerte y sólo puedes consumir una por semana.

-¿Algo más que necesites?

-Es todo por ahora.- sonrió Mimí.- Puedes quedarte a disfrutar de la fiesta.- en ese momento la cobija se movió y un hombre de piel blanca y cabello negro asomó la cabeza.- ¿Qué estás haciendo? Vuelve a tu trabajo.- le ordenó.

Antes de salir del cuarto, Kari cogió una botella de whiskey y tomó una de las píldoras. A decir verdad, sí planeaba divertirse hasta perder la consciencia. Justo antes de bajar y dirigirse a la cocina por uno de esos brownies que había visto antes, alguien la detuvo.

-¡Ken!- exclamó sorprendida al verlo. El chico llevaba puesto únicamente su bóxer en color negro y el cabello revuelto. Los ojos le brillaron al ver a la castaña.

-¿A dónde ibas, primor?

-A llenar mi cuerpo con droga.- respondió sonriendo.

-Mejor ven conmigo.

Ken la arrastró hasta uno de los cuartos que estaba solo. La cama estaba deshecha y había un desastre de botellas y comida en el piso. Él cerró la puerta con llave y Kari no tardó ni un segundo en comprender lo que estaba por pasar. Se quitó el vestido aventándolo sobre una silla y enseguida sintió las grandes manos de Ken tomarla por la cintura y besar su cuello. La chica se giró para verlo de frente y él aprovechó para deshacerse de su sostén. Hikari lo tomó del rostro y lo besó apasionadamente sintiéndose excitada con cada caricia del chico quien la empujó sobre la cama y se acomodó encima de ella sin dejar de besarla. Kari acarició su torso apretando con la yema de sus dedos la suave piel blanca de Ken quien no resistiendo aquellos movimientos se sacó el bóxer con suma agilidad y ésta vez fue la castaña quien lo empujó para hacer que se recostara en la cama. Fue besándolo del cuello para abajo con mucha lentitud, disfrutando de la tortura que le daba al chico. Su lengua se halló con el erecto miembro de él y disfrutó escucharlo gemir y retorcerse de placer mientras le hacía el sexo oral.

Una vez que lo dejó satisfecho él se encargó de hacer lo mismo con ella. Kari se estremecía al sentir la lengua de Ken moverse en su parte baja y en varias ocasiones se aferró fuerte del cabello del chico y de sus hombros sin darse cuenta que lo había arañado.

Tras terminar la intensa sesión de sexo, ambos pasaron el resto de la madrugada bebiendo whiskey, tequila, cerveza y fumando marihuana. Kari perdió la noción del tiempo, dejó que su cuerpo se alocara con la música electrónica hasta quedarse dormida y para cuando abrió los ojos pasaba de mediodía, se hallaba en su cama, en el dormitorio de la universidad, vestida únicamente con su ropa interior y Yolei sentada a su lado leyendo algo sobre economía.


Wow, ha sido casi un mes desde que subí el otro capítulo! Me disculpo por el retraso, la verdad sé que no tengo justificación... surgieron algunos imprevistos en mi vida personal e hicieron que la inspiración desapareciera y por eso el retraso! Pero me alegra estar de vuelta :D

Espero que pasen unas excelentes vacaciones!