Hermione tenía los dedos entrelazados frente a ella, como si rezara, sus ojos permanecían cerrados y una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro.
Toc toc…- pase.-fue la respuesta de Hermione al llamado de la puerta. Y por ella entro Giny, estaba como de costumbre alegre.
- ¿Crees que sea buena idea?
- Giny, me lo prometiste.
La pelirroja recién llegada asintió, Hermione se puso de pie. – Entonces vamos a hacerlo.- extrayendo una botella de su túnica, la sirvió en un vaso. – Es tu turno Giny.-Y con cierto recelo la pelirroja se arrancó un pelo tan rojo como el cielo de aquel atardecer. La poción burbujeo un momento hasta cambiar de aroma y color.
- Salud.-dijo Hermione bebiéndose hasta el último de su contenido.
Giny observaba en silencio mientras su amiga se convertía en ella misma. Giny hizo lo mismo convirtiéndose en Hermione, intercambiaron ropa, y dándose un abrazo se despidieron momentáneamente. Hermione Giny, asomo su cabeza por la puerta y al no ver a nadie salió con paso raudo. Atravesó pasillos, oficinas, descendió por el elevador y salió a la libertad.
Metros más allá estaba la vieja moto de Sirius sin el sidecar, pero no había señales de nadie cerca.
- Buu.- Hermione se sobresaltó, cuando detrás de ella apareció como por arte de magia Harry.-es raro verte así, pero solo hay una forma de saber si eres tú.-y acercando su boca a los labios de ella la beso, siendo correspondido con entusiasmo por parte de Hermione Giny.-si eres tú.
- ¿Y qué hubiera pasado si en vez de ser yo hubiera sido Giny?
- Mmm…supongo que jamás lo sabremos, ¿verdad?- dijo eso dándole una sonrisa. Hermione no dijo nada, lo único que hizo fue echar sus brazos sobre el cuello de Harry. Y con otro beso más experimentaron la enorme dicha de vivir ese momento.
La moto recorría las calles muggles con asombrosa agilidad, Hermione no cabía en si misma de tanta felicidad, estaba en una moto huyendo de su trabajo, abrazando a su amado por la espalda, si eso no era felicidad, entonces ¿Qué podría serlo?
Hermione cerro los ojos, y en un momento sintió el calor en su rostro, y como si se hubieran transportado a otro lugar mágicamente, ahora estaban en una carretera que bordeaba el océano, y el ocaso era infinitamente hermoso, el mar reflejaba el sol como si fueran miles y miles de monedas de oro extendidas a lo largo de la costa.
- ¿Dónde estamos?
- Estamos en…no, mejor no, te lo diré en cuanto lleguemos, no quiero arruinar la sorpresa.-El viento corría por su rebelde cabello, ¡su cabello!, el efecto de la poción multijugos parecía haberse terminado, y ahora era un cabello castaño el que se agitaba con el viento.
- ¡Harry, la poción se ha terminado!- "no te preocupes" fue la respuesta que le dio el chico.
Hay que volar lejos de aquí, y cuando el sol estaba casi oculto, las primeras estrellas aparecieron, como semillas germinando en la bóveda del cielo, y ahí estaban ellos volando hacia el cielo.
- Tengo miedo Harry.- dijo ella mientras lo abrazaba más fuerte. Harry sabía que ella tenía cierto temor a volar, y entonces le dijo: Abre los ojos Hermione.
Estaban a muchos metros sobre el suelo, pero lo que ella vio, la había dejado pasmada. En medio del océano había una pequeñísima isla con un árbol tan grande como un edificio y tan hermoso como un bonzai. Y en la copa podía verse una enorme alfombra con una tienda semiesférica en medio.
- ¿Puedes verlo Hermione?
- Si…
- Ese es nuestro lugar, nadie nos encontrara allí.- dijo Harry, al tiempo que giraba su cabeza para poder verla, y le sonrió con la mirada, con la boca, y con el alma.
El que Harry ya no fuera un auror, el que Hermione tuviera que lidiar con los ecos de guerra causados por los gnomos con varita, esas cosas fueron dejadas de lado aquel día, aquel momento.
