Pacto de sangre
Capitulo 4
El hechizo de la noche eterna
Quizá por su misma naturaleza, Kula se sentía realmente frustrada encontrándose de nuevo encerrada en el castillo que ella consideraba su hogar. Sin embargo, luego de pensarlo bien, ya no le importaba demasiado. Es decir, K', su mayor razón de vivir, se había convertido en una criatura gris y opaca que no creía en nada, y que por alguna razón (cobardía o quizás mera indiferencia) había olvidado su cometido en el mundo. ¿O siempre había sido así, y fue ella la única que no había podido verlo?
Por otro lado, quizás él tenía razón, quizás se estaba resignando a ser tratada como un mero instrumento. ¿Qué importaba eso ahora?
Necesitaba pensar. Quizás necesitaba no pensar.
Tal vez no pensar estaría bien.
…
Máxima y K´ se habían quedado en el bosque, en completo silencio. Uno reprendía en secreto la actitud del otro, y al otro francamente le importaba muy poco. Sin embargo, su mente estaba claramente concentrada en un punto.
-Se ha agotado mi tiempo- declaró Máxima como si supiera que K' no diría nada en mucho tiempo- y tú sigues siendo un chiquillo necio. Quién diría que tienes más de trescientos años.
-De los cuales pasé la mayor parte semi-inconsciente en una horrible cueva, por cierto.
Máxima se alejó unos cuantos metros mientras K' permanecía sentado en una roca.
-Oye, haz lo que quieras, ¿de acuerdo? Tengo un hechizo que impedir.
-¿De qué hablas?
-No te incumbe, después de todo. No te importa la guerra ni lo que pase con éste mundo. ¡Vamos! Si ni siquiera te importa un comino lo que pase con Kula.
Las pupilas de K' se dilataron, cosa que a Máxima no se le pasó por alto. Sus manos se tensaron de nuevo, y sus labios temblaban de forma imperceptible…para cualquiera, menos para Máxima. Tal como pensó, K' no dijo nada, así que se dispuso a caminar en dirección al oeste, a las montañas. Lo de caminar era meramente intencional. Sabía que él lo seguiría.
-¿De qué se trata?- preguntó él, alcanzándole. Lo tomó del brazo en un intento de que volteara. Máxima se detuvo y le dio un manotazo para que lo soltara.
-Mañana en la noche. Es un día marcado, un día maldito. En la cima de las montañas del oeste hay un santuario. Existe un hechizo que…Si el hechizo es pronunciado de la forma correcta hacia la media noche, no amanecerá más. Así la guerra dará comienzo, pues los vampiros necesitan oscuridad para moverse, como nosotros ahora.
Máxima observó a K' tratando de percibir si todo aquello le prodigaba alguna emoción.
K' había estado preguntándose qué tan cierto era eso de que la guerra comenzaría pronto, pues el no veía que ocurriera nada salvo unos cuantos ataques por parte de los otros clanes. Sin embargo, esto se presentó como una prueba irrefutable de que la cosa iba en serio. Normalmente hubiera dudado, pero tenía el presentimiento de que Máxima decía la verdad. Además, él no jugaría con algo así, debía estar hablando en serio.
K' sólo volteo su mirada a un lado, asintiendo.
-Vamos. Pero tengo una condición.
-¿Qué es lo que quieres?- preguntó Máxima, pues presentía que al fin había logrado algo.
-Que Diana y Kula vengan con nosotros.
Máxima sonrió. K' no creía lo que había salido de su boca. Sin embargo ¿Qué más daba? Lo había dicho.
-Qué raro que salgas con eso ahora, K'. Creí que pensabas que Kula era débil y tonta.
K´ pareció molestarse, pero habló con seriedad esta vez.
-No es algo tan fácil ¿No es así? Si no ¿Porqué me lo hubieras mencionado?
Máxima no contestó. En realidad, hasta ese momento se dio cuenta de la conciencia que tenía K´ de lo que ocurría.
-¿Hasta cuándo creíste que funcionaría tu plan de inmiscuir a Kula en todo esto?
K´ le daba la espalda. Creía haber parado en seco a su amigo con esas preguntas, por lo que no esperaba en lo más mínimo la respuesta que recibió.
-Ha funcionado de cualquier forma, ¿no? He conseguido que aceptaras seguirme y hasta has pedido que Diana y Kula vengan con nosotros. Y además- agregó, con ironía- no hables de "inmiscuir a Kula en todo esto", si los dos, aunque no lo quieran, están ya involucrados hasta el cuello.
Dicho esto, desapareció como en una ráfaga oscura, que se movió en la dirección contraria a la que habían estado caminando, para dirigirse al castillo. A K' no le quedó más remedio que seguirle.
Fueron recibidos por Diana, que no ocultó su alegría al verlos, aunque hubiera pasado muy pocas horas. Detrás de ella se asomó la figura de una ahora tímida y tranquila Kula, que observó a los visitantes completamente enajenada y con una mirada vacía e indiferente. Más que una niña, Kula parecía una muñeca de cerámica o una estatua.
Máxima habló con Diana de forma rápida y le explicó.
-Quedan un par de horas para que amanezca- contestó ella, calculando- hay unas cuevas donde podemos ocultarnos en cuanto salga el sol, y al amanecer seguir el viaje hasta allá, pero por ahora debemos avanzar lo más posible.
-¿No llegarán antes que nosotros?
-No. Hay una magia muy poderosa que protege la cueva en la cima de la montaña del hechizo. Sólo puede ser encontrada el día en que el hechizo debe pronunciarse. Aún si llegaran antes que nosotros no podrían hacer gran cosa.
-Entonces- concluyó Máxima- debemos concentrarnos en llegar mañana, antes de media noche.
K' pudo haberlos dejado en ese momento. Nada perdía con irse, con seguir a su plan inicial y alejarse pronto de ese lugar, sin embargo, un presentimiento, algo muy fuerte se lo impidió.
Kula le miraba fijamente todo el tiempo. Sus ojos casi le congelaban sólo con verle. Nunca la había visto así, era extraño y aunque jamás lo admitiría, le causaba un gran temor. Kula no era así. Su mirada usualmente tenía un brillo grandioso y esperanzador, algo especial.
Debía quedarse, eso era todo lo que sabía.
-Maldición- dijo entre dientes sin que nadie le prestara atención. Se cubrieron con unas capas de color negro y salieron del castillo a toda velocidad.
Hacia los primeros rayos del sol, tal como lo había previsto Diana, llegaron a un lugar donde había unas cuevas en donde refugiarse.
El bosque era muy extenso y a lo lejos habían alcanzado ya a ver la montaña.
Estando sólo en esa cueva, a K' le llegaron los recuerdos de su estancia de trescientos años en un lugar similar.
La oscuridad y el miedo que experimentó en todo ese tiempo eran indescriptibles, pues en ocasiones estaba muy consciente de las cosas que pasaban a su alrededor, y todo lo que quería, todo el tiempo, era escapar, irse de allí.
La situación obviamente no era la misma esta vez, sin embargo era un sentimiento muy semejante, la quietud que le provocaba incertidumbre, la humedad que lo ahogaba, pero al mismo tiempo, la oscuridad que lo abrigaba y lo arrullaba, el silencio que lo tranquilizaba y la oscuridad que lo protegía. Era extraña, esa sensación.
Así, en un estado entre la inconsciencia y la vigilia, K´ pudo ver el tono rojizo del atardecer asomándose con cuidado por la entrada de la cueva.
Al anochecer por completo, los cuatro salieron de su escondite y decidieron continuar el camino.
-K' a partir de aquí, el camino se vuelve cada vez más peligroso. Ve siempre al lado de Kula, y protégela de cualquier peligro, ¿entendido?
K' asintió con desgana. ¿Qué debía hacer, llevarla de la mano?
-Oye, niña- Kula volteó hacia él mecánicamente- ya oíste. No te separes mucho de mí, ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
A pesar de ir a toda la velocidad a la que podían moverse, la montaña parecía alejarse cada vez más.
-Es una ilusión- aclaró Diana, deteniéndose de pronto- la montaña está hechizada. Sólo se puede acceder a ella hasta que la hora se acerque.
-¿Estás segura?-preguntó Máxima, agitado por el esfuerzo.
-Bueno…no hay otra explicación- sin más se sentó en el suelo- la montaña no podía ser destruida, así que se le aplicó un hechizo que la mantuviera oculta. El hechizo falla, pero sólo a la hora adecuada. En este momento sólo está débil.
-¿Quieres decir que hay que esperar?- preguntó K'. Diana se sorprendió del repentino interés que éste mostraba. K' no apartó su vista, y pudo notar que Diana se incomodaba. Había algo en su expresión que no le agradaba. Necesitaba estar continuamente al tanto de lo que hacía, estaba seguro de que ella ocultaba algo.
-Sí- contestó ella. Su perturbación seguramente sólo sería notada por ella y por K'.
Instintivamente, él se acercó a Kula y se sentó junto a ella. No le dirigió la mirada ni una sola palabra, simplemente permaneció sentado a su lado, como señalándole una advertencia a Diana, como diciéndole expresamente que no pensaba alejarse de Kula.
De pronto sintió unas fuertes presencias a lo lejos. Eran los vampiros que querían llevar a cabo el hechizo. Faltaba poco para la media noche, así que debían estar también en busca de la montaña. Ellos llegaron volando.
-K'...mira eso- señaló Máxima. Eran unos 10 vampiros volando juntos, y cuanto más se acercaban a la montaña, más lejos se veía esta, como si se moviera sola.
-Es la misma ilusión- corroboró el joven vampiro.
-Falta poco, apenas quince minutos- dijo de pronto Diana- podemos empezar a acercarnos si caminamos.
Los cuatro se pusieron de pie y comenzaron a caminar sin mucha prisa.
K' no sabía si Diana y Máxima tenían un plan. Confiaba en que así fuera.
Por lo pronto tenía claro que lo que debía hacer era por proteger a Kula. Ese era el único pensamiento que por el momento tenía en su mente, a pesar de que no sabía el porqué. Era insistente y poderoso, un deseo irrefrenable.
A las 11:55 llegaron al pie de la montaña. Luego, emprendieron el vuelo, llegando a la cima en pocos segundos.
El ambiente se tensó. Estaban con los otros vampiros, aquellos que habían ido allí a cumplir con el hechizo.
-Qué sorpresa- comentó uno de ellos saliendo de entre las sombras que los cubrían- pero si son los pacifistas... ¿A qué debemos el honor?
-No permitiremos que lleven a cabo el hechizo, así que váyanse si no quieren recibir una paliza- dijo Máxima, decidido. El vampiro que había hablado primero tenía una expresión violenta y malvada, que dirigió de pronto hacia Diana. Esta dio un paso al frente y para sorpresa de sus amigos, tomó a Kula de la mano y se puso junto al vampiro.
-Siento haber tardado- dijo ella-¿Está molesto el jefe?
-No. Tienes suerte.
Máxima dio un paso al frente.
-Diana ¿Qué es esto?
-Esto…querido Máxima, no es más que la realidad- contestó ella, con una sonrisa cínica en los labios- tantos años de planeación al fin serán consumados. La guerra dará inicio, aunque trates de impedirlo. Por eso los traje aquí. Para que presencien el momento en que la noche eterna dará comienzo.
K' dio un paso al frente, dispuesto a atacar. Sin embargo, los otros diez vampiros los detuvieron, tanto a él como a Máxima, quedando inmóviles y sin poder hacer absolutamente nada.
-¡Maldita traidora!- gritó K'.
Kula reaccionó de repente.
-D…Diana… ¿Porqué?
-Estarás bien si te quedas conmigo, pequeña-contestó, tratando de tranquilizarla.
-¡No quiero!- reclamó ella, sin embargo, Diana no se sorprendió de que se permitiera tal rebeldía.
-¡Niña estúpida!- gritó mientras la golpeaba en la cara, a lo que ella apenas reaccionó, dando un par de pasos hacia atrás y luego contrayéndose de nuevo hacia su propio mundo- llévenselos, yo haré el conjuro.
Sujetó a Kula de un brazo, haciendo ver claramente que no pensaba dejarla con ellos.
K', por su parte, luchaba con fuerza, tratando de liberarse.
Fueron conducidos afuera de la cueva, hacia unas jaulas, a cuyo interior fueron lanzados sin misericordia. K' pensó que no era gran cosa, pero al tratar de liberarse, no pudo hacer absolutamente nada.
-No puedes contra la jaula, K'- dijo Máxima con tranquilidad- está hecha de un material muy duro, ni siquiera tu lo podrías romper.
-¿Y quedarme tan tranquilo, cómo tu?- replicó dándole una fuerte patada a una de las rejas, provocando un ruido estridente que le retumbó en los oídos a Máxima durante unos segundos. Al ver que sus esfuerzos eran en vano, prefirió quedarse donde estaba y esperar. Máxima lo miró con desgano.
-Creí que no te importaba.
-No.
-Lo lamento, K'. No esperaba que esto ocurriera. En realidad ya sospechaba de ella antes, pero no pensé que fuera tan serio.
K' volteó hacia un lado, pues no deseaba hablar con él.
-No gano nada escuchándote, ¿Sabes? Debí quedarme donde estaba, debí hacer lo que creí desde el principio y no dejarme llevar por ti y por tus estúpidos comentarios y regaños.
-Y sin embargo lo hiciste.
K' se sentó en el piso.
-Existe una buena razón para ello, K. Hiciste una promesa que no puedes dejar de cumplir. Hiciste un pacto con Kula, en el que prometiste protegerla si algo le pasaba.
-Eso fue hace mucho- K' desvió su mirada, como si no quisiera recordar, sin embargo todo volvió rápidamente a su cabeza y era que de verdad, en algún momento, había sentido que esa promesa que había hecho alguna vez a Kula no se había ido. Lo seguía a todas partes y a todas horas, y lo torturaba en lo más profundo de su ser.
-A pesar de eso, K', no puedes evitarlo. Al juntar tu sangre con la de ella, cerraste un pacto que durará toda la eternidad.
K' no dijo nada, y ante su silencio, Máxima continuó.
-Tu necesidad de protegerla surge de esa promesa, K'. ¿Y recuerdas por qué hiciste esa promesa, K'? Porque amabas a Kula. Porque ella era como tú, porque pasaron por lo mismo casi al mismo tiempo y porque tu…
-¡Basta! ¿Por qué me cuentas una historia que sé de memoria?
Ambos se quedaron en silencio, y la pesadez de la oscuridad les cayó encima de pronto, como si en ese momento estuvieran completamente solos y el otro no existiera.
Máxima vio que de pronto el cielo se iluminaba. Un rayo, una luz roja, se elevó, y se expandió como una ola. El cielo cobro un color muy parecido al de la sangre, y se escuchó un ruido muy fuerte, como un rayo, como un impacto que había golpeado el cielo. Un fuerte viento se soltó, casi haciéndolos caer, pues se habían puesto de pie debido a la impresión.
De pronto en el cielo no había más estrellas. La luna se volvió un círculo oscuro en medio de un cielo negro salpicado de sangre.
-Ya no hay nada que hacer, ¿No? Esto hará que la pelea comience.
-A…así es- Máxima estaba visiblemente afectado. Aunque, claro, toda una vida planeando cómo evitar ese momento, y que sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos…a pesar de haber confiado, de haber hecho todo lo que era necesario…un solo giro del destino lo había arruinado todo.
K' puso sus manos de nuevo en los barrotes de la jaula.
-¿Qué haces? No podrás romperla, ya te lo dije.
Sin embargo había algo diferente en la mirada de K' esta vez. Ahora no estaba dominado por el enojo, como un rato antes. Ahora estaba frente a la convicción de que no quedaba otra opción sino pelear.
-Una vez que salgamos de aquí, iremos por Kula y enfrentaremos a Diana, y a quien sea que esté detrás de todo esto.
Entonces Máxima recordó que Diana había mencionado algo acerca de un jefe. O sea que ella no había planeado esto sola.
K' estaba actuando de forma más aguda de lo que normalmente lo haría. Máxima reflexionó. El hechizo de la noche eterna afectaba a todos los vampiros por igual. Eso significaba que ellos se verían beneficiados también.
¿Y todo ese cuento de las fuerzas puras? ¿Era todo invención de Diana también?
No, no era posible. Si no fuera verdad, ella no se habría esforzado tanto en conseguir a K' y a Kula.
En todo caso, K' cerró los ojos, y como si estuviera preparado para ello desde siempre, forzó las rejas y las rompió, permitiéndole la salida, y posteriormente hizo lo mismo con las que apresaban a Máxima.
Se movieron entre las sombras con rapidez.
…
Mientras tanto, Diana había completado el hechizo, y estaba exhausta. Los otros vampiros que estaban con ella comenzaron a salir de la cueva, con la intención de reintegrarse a sus compañeros y estar preparados.
A espaldas de Diana, Kula se puso de pie.
-¿P…porqué, Diana?
-Porque había que elegir, mi pequeña. La guerra era inevitable. Tienes que saber de qué lado estar, si quieres sobrevivir. Y yo estuve trescientos años del lado equivocado, pero al final he sabido beneficiarme de ello.
Kula se colocó de pie a un lado suyo.
-Entonces- su voz sonaba muy dulce, realmente en esos momentos parecía, más que nunca, una tierna niña- K' y yo… sólo somos instrumentos.
-Con sus poderes la balanza se pondrá de nuestro lado, y prevaleceremos por encima de los otros vampiros, que sólo buscan nuestra destrucción.
Diana mantenía su mirada al frente. Poco a poco sentía sus energías repuestas, pero a pesar del cansancio conservaba una postura erguida y elegante, aún estando sentada en una roca de esa extraña caverna. Sin embargo, Kula pudo notar en su voz que apenas podía mantenerse consiente luego del esfuerzo realizado.
-¿Así te han lavado el cerebro, querida guardiana?- preguntó Kula, poniendo una mano en la espalda de Diana de manera cariñosa.
Ella abrió sus ojos cansados como nunca antes al sentir un frío impresionante atravesándola, literalmente. Ella la había herido.
-No morirás- dijo Kula arrodillándose a su lado, mirándola con cierta lástima- no creerías que soy tan tonta para quedarme contigo, ¿Verdad? Sé todo lo que necesitaba, ya no me eres útil, pero tengo que pensar cómo deberías pagar por esta traición.
Se puso de pie, sin poder creer lo que acababa de hacer. Corrió afuera de la cueva, aún con lágrimas corriendo por sus mejillas. A pesar de la frialdad con la que había actuado, estaba completamente aterrada.
No sabía a dónde debía ir, ni lo que debía hacer.
De pronto escuchó unas pisadas muy cerca de ella. Se agachó y trató de esconderse entre unas piedras.
Sin embargo fue atrapada, habían sentido su presencia, la habían encontrado.
-¡No!- gritó y forcejeó, pero quien la había atrapado sin duda era más fuerte que ella.
El terror era insostenible. Sentía que su corazón iba a salirse de su pecho.
-¡Suéltame! Gritó de nuevo y de pronto sintió un extraño calor que inmediatamente reconoció. Se aferró a esa única posibilidad, y se aferró al cuerpo que despedía esa energía que de pronto le resultaba tranquilizadora.
K' también la abrazó. Esa fuerza que los unía lo hizo actuar de la manera en que actuó, abandonándose, olvidándose de sí mismo únicamente buscando la forma de consolarla.
Había tomado una decisión y era de lo más simple. No le importaba la guerra, ni los clanes. El equilibrio podía recuperarse o romperse por completo, a él no le interesaba. Los vampiros podían matarse entre ellos, y el mundo podía estallar en pedazos, no era su problema.
La única razón por la que pensaba pelear, era por esa promesa que había hecho, que estaba firmada con su sangre.
Protegería a Kula, así le costara la vida.
De pronto K´ se irguió. Cuan alto era, su silueta majestuosa habría despedido luz, de no ser porque su naturaleza estaba demasiado atormentada en este punto. Miraba hacia el cielo.
Kula se incorporó y también miró. En todas direcciones se acercaban. Miles de ellos, poderosos, oscuros, con la sangre reflejándose en sus rostros.
-Máxima, los pacíficos se reunirán cerca de aquí, ¿No es cierto?
-Sí.
-Ve con ellos, necesitarán ayuda- le dio a Kula un empujón hacia donde estaba Máxima- llévate a Kula. Yo los cubriré, no se detengan.
Kula se acercó de nuevo a K', deseosa de de hablar y de decir miles de cosas pero él no se lo permitió.
-Niña…- de pronto su voz volvió a sonar fría como antes- no me importa como lo hagas, quiero que vivas, ¿Entendiste? Si algo te pasa, nada de esto habrá valido la pena.
Por toda contestación, Kula se acercó más a él, y creó una conexión con sus ojos. Ninguno de los dos lo reflexionó, simplemente, sus labios se atrajeron y se juntaron de forma salvaje, como si lo hubieran deseado por siglos. El fuego y el hielo se mezclaron en un instante, dejándose llevar por el amor, por el miedo, por la incertidumbre. Unas gotas de sangre cayeron por la barbilla de K'. No había podido resistir. Ese sabor resultaba maravilloso.
Kula se separó de él y comprendiendo lo que debía hacer, se dio la vuelta y siguió a Máxima, montaña abajo. Sin que K' lo notara, se llevó una mano a los labios y una mueca de dolor atravesó su rostro. No le dolía la herida, sino que los labios le ardían, deseando juntarse de nuevo con los de él.
K' sintió como si la sangre de Kula le diera aún más fuerza que el mismo hechizo de la noche. Cuidó a lo lejos a ella y a Máxima mientras bajaban por la montaña.
Miró como los bandos se encontraban, dispuestos a empezar la batalla.
En cuanto lo notaran tenía que empezar a pelear también. Pero mientras tanto, había decidido lo que debía hacer. A su parecer, la única forma de detener la guerra era deshacer el hechizo y devolver la luz del día, aunque eso significara morir en el intento. En cuanto a lo que debía hacer para salvar a Kula, ya tenía en mente otro plan.
Continuará…
