Capítulo 4 - La Torre

-¿Quién es el espectro más lindo del universo? ¿Quién es, quieeeen? -la prófuga que ahora era una prisionera, abrazaba a Xander con muchísimo cariño. Lo acariciaba, lo daba vueltas, lo movía de un lado para el otro. Argon intentó no distraerse, pero le resultó tan intolerable que decidió poner a su nave en piloto automático e intervenir, pero Nero le ganó.

-¡Ya entendimos! ¡No necesitamos que nos vuelvas locos repitiéndolo una y otra vez! -el titan se anticipó y la agarró de la carcasa, si no lo hacía Nero seguramente ya estaría lanzando golpes a diestra y siniestra.

-Ow... Sólo le muestro afecto a mi Xandercito ¿Te molesta que tu palmera hur hur no te lo de así?

-¿Palmera...? -el titan musitó y se tocó el cabello un tanto consternado.

-¿¡Qué sabes!? Te damos transporte gratis y no dejas de hablar.

-Repito... te falta amor.

Por suerte la fuerza de los espectros era nula, si no Argon tenía que hacerse de la idea de despedirse de su brazo por la voluntad que debía de tener Nero para partirle la cara a la insomne.

-En todo caso -la insomne se recostó contra la pared de la nave y se acomodó como pudo en el estrecho espacio que tenía disponible- hagamos esto breve, me refiero a ir a la torre.

-No será un proceso muy complicado, te reporto a Ikora, por tus habilidades pude distinguir que eres hechicera, no lo niegues, ella me revela tu identidad, te sancionan por tus acciones y se terminó el asunto -respondió Argon con total naturalidad.

-Disculpa palmerita, pero no pienso reportarme a la Iko, no quiero estar más muerta de lo que ya estoy. Además tu y yo -su dedo índice bailó entre señalarlo a él y señalarse a si misma varias veces- tenemos negocios de los que hablar. Accedí a ir a la torre...

-No accediste -intervino Nero-, metimos tu cadáver a la fuerza a la nave antes de que tu espectro accionara.

-Ok... entonces técnicamente, soy una rehen ¿No, Xander?

Argon y Nero se sincronizaron y se le quedaron mirando fijo, resistiendo las ganas de pegarle, o de teletransportarla a la órbita, la que fuera más rápido y útil.

La insomne por su parte se quedó mirando a su espectro, alentándole a responder cruzada de brazos y agitando su cabeza a un costado.

-Ah... -suspiró él, literal- Técnicamente sí, estás en lo correcto, eres una rehén.

-¡Bien! ¡Miren al titan que tenemos enfrente! ¡Reteniendo gente contra su voluntad!

-¿Es en serio? -respondió él tocándose la frente con la punta de los dedos- Si tu misma dijiste que querías huir a la torre hace una hora...

-Shhhhh, así lo hacemos más dramático.

-Ay por el viajero, al menos Eris con sus voces es menos molesta -concluyó él, le dio la espalda y volvió a tomar el control de la nave- Les pediré a todos, sí, a ti también Nero, que se queden en silencio por el resto del viaje, he tenido suficiente por un día.

La insonme y los dos espectros se le quedaron observando y no emitieron palabra alguna, cumpliendo con su pedido. Nero se volteó sobre su eje y le puso una de las peores expresiones que un espectro podía hacer a la pseudo rehén y se desintegró en el aire.
Por su parte, la susodicha se acomodó contra la pared y se rodeó las piernas con los brazos, miró a un costado a su querido Xander y le sonrió. Él no le contestó y también desapareció en medio del aire.

-Nos estamos acercando... -susurró ella, en un tono tan bajo que Argon no pudo escucharla.


-¿Podrías decirle a tu naranja flotante que me despierte la próxima vez que vaya a teletransportarme por favor?

La insonme yacía en el suelo boca abajo, su espectro observándole desde arriba con preocupación. La caída debía de haberle dolido.

-Disculpa -Argon, que ya se había adelantado unos pasos apenas habían llegado a La Torre, se volteó sin sorpresa, reconocía que era algo propio de Nero- ni sabía que estabas durmiendo.

-No hay problema, ni yo lo sabía ¡Pero esa cosa que tienes de compañera sí!

La aludida se materializó enfrente del rostro de su guardián.

-Mírala, insultando en un lugar como La Torre a un espectro, un ser sagrado para muchos, un ser que contiene la misma esencia que el Viajero -y la pequeña elevó su mirada a la gigante esfera que levitaba sobre ellos en el cielo, velando por toda la ciudad, o al menos ello era lo que la mayoría esperaba.

-El Viajero no es mi mejor amigo, y si tiene algún hijo, el único que me importa es Xander, así que me afecta poco lo sagrada que puedas ser -la insome se puso de pie y se deshizo de la capa que le cubría, revelando un traje de hechicera de color gris, negro y con detalles en blanco. El mismo parecía descuidado, sus extremos desgastados e incluso quemados.

-Solar... -pronunció Argon observándole de arriba a abajo. Todos se voltearon a verle- Es lógico, luego de morir calcinados en los conductos subterráneos no puedo pensar en muchas más alternativas.

-Claro pa... -comenzó la insonme orgullosa, pero Argon la tomó de una muñeca y la arrastró a la fuerza a las escaleras que descendían en medió de la Torre.

-Vamos a hacer esto corto.

Los guardianes avanzaron, mientras que sus espectros quedaron atrás flotando, rodeados de otros guardianes que intercambiaban equipo, se reponían o simplemente hacían sociales para olvidarse de los estresante que podía llegar a ser algo como la guerra.
Detrás del viajero que todo lo observaba, se alzaba el sol del amanecer.

-¿Cómo es que la soportas? -rompió el hielo Nero, que no apartaba la mirada de su guardián mientras éste bajaba los escalones.

-Es mi compañera, la estimo, deseo su bien. La he buscado mucho tiempo ¿No es igual para ti?

La espectro se volteó a observarlo y guardó silencio. Se adelantó unos metros y se detuvo.

-Soy más joven de lo que crees -y dicho esto se desintegró.


Los cuarteles de la Vanguardia parecían tranquilos. Seguramente porque resultaba muy temprano, y no todos sus habituales transeúntes eran guardianes y a diferencia de ellos, necesitaban descansar sin excepción alguna, no es como si ellos pudieran morir de sueño y ser revividos luego.

Frente a la mesa central solo se encontraba Ikora, la mentora de los hechiceros, observando algunos papeles y charlando con su espectro. A su lado se encontraba una hechicera de aspecto joven, sus ropas eran de aprendiz y no podía mirar a su profesora directamente a los ojos. Ikora era una mujer seria, pudiente y relajada, pero con esas mismas actitudes era capaz de intimidar a cualquiera, la conociera hace tiempo o no.

Era inevitable que cualquiera no se percatara de la presencia de un titan en la sala con el ruido que hacían las armaduras de algunos de ellos al caminar. Tanto Ikora como la aprendiz se voltearon. La segunda no sabía cómo reaccionar, mientras que la tutora mantuvo su temple e hizo una muy pequeña reverencia con su cabeza.

-Buenos días, titan -comenzó Ikora y su vista se dirigió a la hechicera que se escondía detrás del mismo- Arthia, se reconocerte aunque te escondas, sal de allí y no des vergüenza a tu clase.

Sin demasiados ánimos, la insomne se asomó y se apartó un poco del titan que hasta hace instantes le apretaba con firmeza la muñeca.

-¡Hooola Ikora, buenos días! ¡Meida! -señaló a la aprendiz- Hace mucho que no nos veíamos ¿Cómo te va con esos rayos?

-Arthia -Ikora le pidió seriedad con el tono que expresó su nombre- Explícame porqué, luego de tantos meses sin aparecerte en la Torre y sin siquiera haber entregado alguna clase de reporte por medios digitales, un titan te trae en estas condiciones hasta aquí.

-Ay Iko, si supieras todo lo que he pasado, te reirías.

-Arthia, no voy a exigirte seriedad una tercera vez, no por las buenas.

-Bueno -Arthia cesó de oponer resistencia y dejó sus hombros caer. Tomó algo de aire y lo largó fuera- Te contaré todo, pero en privado por favor -su mirada giró a Argon, que levantó los brazos en señal de que no debían decirle más nada.

-Las dejo solas -y se retiró.

-Meida, disculpa la interrupción a tus consultas, pero debo solicitar que te retires por unos minutos. Continuaremos luego -Ikora parecía realmente apenada de tener que negarle conocimiento a alguien, mucho más a uno de sus aprendices.

-No es problema, con permiso -la joven humana tomó sus cosas y salió al trote de la sala, ganándole al titan que la observó con curiosidad.

Lo último que vio Argon al voltearse antes de salir de allí fue a Arthia tomando asiento sobre la mesa y a Ikora obligándole a bajar con un simple gesto de su cabeza.
La insomne volteó a verlo con una sonrisa. Distinguió sus labios moviéndose, dirigiéndole alguna palabra que no llegó a sus oídos.