Bien, antes que nada, todos los que esperabáis a que actualizara esta historia antes mil perdones. Los exámenes de bachiller comenzaron el día después y todavía no han acabado pero no podía atrasarlo más. En este capítulo hay un poquitín más de acción pero todavía no ocurre nada entre nuestros protagonistas de relevante importancia. Otra vez os pido perdón y esto va sonar muy a cara dura pero...un review me haría muy feliz para ver si os gusta el Scorpius que se muestra en este capítulo.

Rose estaba sentada en el Starbucks que se encontraba en el interior del museo bebiendo con asco ese vaso de agua tintada que según los carteles era un café solo. Siempre le pasaba igual, por un motivo otro, nunca era capaz de disfrutar de buen café. Probablemente después le daría ganas de vomitar. Necesitaba comer algo pero ninguno de los postres de la tienda le abría el apetito. Mañana traería una magdalena, tendría que ir a comprar los materiales ya que dudaba que Lily tuviera en casa los necesarios.

Decidió levantarse y volver con el equipo. El descanso todavía no había acabado pero prefería no hacer nada mal el primer día.

A medida que caminaba hacia los despachos se cruzó con el resto de estudiantes de su curso.

-Eh, tú. ¡Pelirroja! ¿Tú estás en nuestro curso, verdad? – preguntó un chico con acné y gafas de pasta. Rose asintió- Nos han dado el resto del día libre. Puedes irte a casa.

-Vale, gracias por decírmelo.

Rose apuró el paso, no quería que Theo se fuera sin ella. Los zapatos que le había escogido Lily no se los volvería a poner, le dificultaban el poder andar a paso ligero. Según se alejaba de la zona de las tiendas, la cantidad de gente disminuía; para cuando llegó a la zona de acceso de personal, no había nadie allí a excepción del despacho que correspondía a Malfoy.

Dado que era su única posible fuente de información para saber donde estaba Theo, decidió ir a preguntarle. Rose asomó la cabeza por el quicio de la puerta; sorprendiéndose al ver al chico reclinado en la silla con los ojos cerrados. No quería estropearle el momento pero era necesario. Rose picó levemente en la puerta abierta, los ojos del chico de abrieron al instante, centrándose en ella.

-Disculpa que te interrumpa pero ¿Sabrías decirme dónde está Theo? Tiene que llevarme a casa y no le encuentro.

-Se fue hace rato. Supongo que se olvidó de ti.

Una sonrisa cruel se le dibujó inconscientemente tras haber soltado tal comentario.

-La próxima vez disimula, sigo delante de ti.

-¿Quién te dice que estaba intentando disimular? No soy tan hipócrita como otros.

-¿Perdón? ¿Estás intentando decirme algo? – la voz se le escapó a Rose más aguda de lo que a ella le hubiera gustado.

-¿A ti? ¿Por qué iba yo a tener algo que decirte a ti? – Scorpius se incorporó - ¿Acaso nos sentimos aludidos?

-¡Já! ¡Más quisieras asqueroso hurón!

-¡No me llames así, rastrera comadreja!

-¡Te llamaré como me dé la gana! ¡Imbécil!

-¡Subida!

-¡Fregona!

-¡Estás tú para hablar, arbusto!

-¡Asocial!

Scorpius paró en seco la retahíla de motes que le había aplicado a la chica durante el instituto al igual que ella había hecho con él, dándose cuenta de lo que se habían acercado el uno al otro con la pelea. Los ojos de la chica reflejaban una pena que sabía bien a qué se debía.

-Te pondré un expediente disciplinario por insultar a tu superior. – Rose abrió la boca para protestar – Sin rechistar a no ser que quieras otro. Ahora, si esperas a que recoja mis cosas, yo te acercaré a casa de Theo. Estoy seguro de que ha tenido que ir a recoger a Lily. Espera aquí.

Scorpius abandonó la sala dejando a una compungida Rose cuyos ojos estaban a punto de llenarse de lágrimas. Nunca se había sentido bien cuando se comportaba como una bastada con el chico y no era capaz de comprender cómo incluso después de haber pasado tiempo, le era imposible mantener el control en su presencia. Una lágrima se escapó, haciendo que otras dos le siguieran, siendo Scorpius, que había vuelto de saber Merlín donde, testigo de ello.

-¿Estás lista? – Rose sólo pudo asentir – Sígueme.

Ella obedeció, siguiendo al chico unos pasos por detrás. Su figura vestida de negro se recortaba perfectamente contra las claras paredes, haciendo que irremediablemente te fijaras en él. Si alguna de las amigasde Rose del instituto le vieran ahora, estaba segura que venderían sus almas sólo para que él les dirigiera la mínima cantidad de desprecio que había recibido por parte de ellas.

Rose hipó producto de contener el llanto mientras que un vago recuerdo de quinto curso se formó en su cabeza; en ese recuerdo no sólo había humillado al chico, sino que también se había comportado como una zorra al engañar a otra chica de su curso para que creyera que Scorpius estaba enamorado de ella y se ilusionara. Rose se sintió despreciable consigo misma otra vez más en su corta vida.

-Ya hemos llegado. Sé que no es una carroza pero no tenía pensado tener que llegar compañía en el viaje de vuelta.

Rose sólo pudo sonreír levemente; Scorpius estaba quitándole las cadenas a una bici en la que no cabrían los dos ni aunque fueran contorsionistas. Rose vio como Malfoy se subía a ella elegantemente.

-¿Qué? ¿No pretendes montarte? Mira que me voy.

Scorpius comenzó a pedalear alejándose de la chica, la cual corrió cuando se dio cuenta de que el chico se había movido.

-¿Cómo hago para subirme?

-¿No sabes montarte en bici? Te creía más lista, Weasley.

- Sí que sé ¿Cómo pretendes que vayamos dos?

- Tú siéntate en el sillín, agarrándote con una mano al mismo y con la otra… a mí.

- Es..es..está bien.

Rose hizo las cosas tal y como Malfoy le había dicho, agarrándose con una mano a la cintura de él.

-Si bajas un poco más la mano me vendría mejor… o sea… no quiero decir que tengas que…bueno – Scorpius bajó la mirada turbado.

-Entiendo – Rose colocó la mano un poco más abajo, en una zona en la que la que ahora se sentía turbada ahora, era ella.

-Vayamos yendo. Iré despacio.

Scorpius comenzó a pedalear para salir a la superficie, donde ya casi no había gente. Scorpius intentaba concentrarse en la carretera y en evitar que la chica cayera. La posición de su mano no ayudaba nada a mantener su concentración intacta, haciéndole darse cuenta del tiempo que llevaba sin mantener contacto con una mujer que no fueran su madre, su abuela, Lily o su asistenta.

Scorpius sabía que no debía sentirse culpable por lo ocurrido en el despacho aunque no podía evitar sentirse mal, había visto a la chica llorar. Su madre le había educado bien y cuando se hacía llorar a una mujer, uno debía disculparse o al menos, intentar ser más correcto.

Scorpius resopló mientras giraba en una calle que estaba próxima a la casa de Theo. Vio luz en el departamento asique el tener que llevar a la chica se acabaría pronto.

-Mira, están en casa. Me puedo bajar aquí ya que el semáforo está en rojo. Muchas gracias.

-De nada. Nos vemos mañana.

-Hasta mañana.

Rose no estaba segura de si debía besar al chico en la mejilla o simplemente marcharse. Optó por la segunda opción, no sin antes despedirse con un gesto de la mano una vez estuvo en el portal. Rose vio marchar al chico mientras abría la puerta. El ascensor estaba vacío en la primera planta, decidió ser un poco vaga y montarse en él. El día no había resultado tan desastroso como ella lo había planteado aunque había recibido una amonestación.

Llegó a su piso, se bajó del ascensor y se dirigió a su puerta, abriéndola sin plantearse lo que podía encontrar detrás.

Las llaves de Rose cayeron al suelo mientras que un Theo que únicamente vestía los pantalones del traje – con un bulto bastante prominente en cierta zona – saltaba al sillón orejero y una colorada Lily se colocaba debidamente la falda y se ponía de nuevo la blusa color verde botella.

-Esto…Rose…tiene una explicación –comentó Lily nerviosa– Theo sólo me estaba ayudando con… bueno…ya sabes lo complicado que es este traje y…él…estaba…bueno

Rose chilló entusiasmada interrumpiendo la pobre excusa de su prima.

-¿Tú vas a ser mi futuro primo? ¡Lily! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? Me hubiera buscado un piso en vez de incomodaros a vosotros. Oye, vosotros seguid a lo vuestro que yo me voy a mi cuarto. Mañana hablaremos tú y yo, leoncita. Y Nott, trátamela bien – Rose le guiñó un ojo. Recogió las llaves del suelo y se encerró en su habitación.

Sin poder evitarlo comenzó a saltar en la cama ¡Había descubierto quien era el que volvía loca a su prima! ¡Y no era otro que Theodore Nott! Esto se lo llegaban a decir cinco años antes y le hubiera sido imposible creérselo.

Rose ahogó una carcajada contra la almohada. No quería volver a interrumpir a la pareja, a la cual hacía bastante tiempo que no oía en el salón.

Rose se desvistió, dejando la ropa tal cual caía en el suelo, dispuesta a darse una ducha tan larga como le fuera posible.

Scorpius cenaba una manzana sentado en uno de los taburetes de la barra americana de su cocina. Miraba distraídamente a través del ventanal de su Pent-house. El encuentro con Rose Weasley había sido un tanto tenso sin mencionar el incidente al final de la jornada.

Había decidido que no daría parte, ya cambiaría de alumno en el cuatrimestre siguiente.

El teléfono sonó en el salón, Scorpius no se molestó en ir a cogerlo probablemente serían Baltasar o Theo. El contestador sonó, Scorpius tenía la certeza de que sería Theo.

-Scorpius, Rose nos ha pillado a mí y a Lily. Quiere mudarse para que podamos .. – Theo no se lo digas –Tranquila, él ya sabe de nuestras…-Cállate, no quiero que nos oiga Rose…Scorpius ¿Dejarías que Rose se quedara contigo? - esa era la voz de Lily- Te pagaría alquiler por supuesto y así irías al trabajo junt…

La capacidad del mensaje se acabo ahí, un atónito Scorpius se quedó con un trozo de manzana en la boca entreabierta ¿Había sido engañado por su propio sentido del oído?

No lo había sido. Su casa había pasado en menos de tres semanas a ser un lugar irreconocible para él. Rose Weasley, con la que apenas coincidía ya que ella prefería estar con Theo y que había cambiado sus cursos en la universidad, estaba en casa las horas en las que él no estaba, haciendo de ella un infierno peor que el descrito por Dante.

La cocina apenas la había tocado, a excepción de una caja de cereales que según su información nutritiva, sólo aportaban azúcar –que Scorpius consideraba que a ella le sobraba.

El olor dulzón del perfume de la chica se había impregnado en cada parte de la casa. Incluso en su habitación le parecía que olía a ella. El era un caballero, pero un caballero que miraba bien porque su casa no se fuera a derrumbar. Haciendo caso omiso al no invadir la intimidad de otros, se vio obligado a entrar en la habitación que utilizaba la chica.

Scorpius casi entra en estado de shock al ver la ropa de la chica – al menos la que él creía que había usado esta semana – toda esparcida por el suelo. Una prenda azulada llamó su atención, curioso, la tomó entre sus manos.

Scorpius, de piel pálida como la nieve, adoptó un ridículo sonrojo al descubrir una pieza transparente de ropa interior de la chica – que a partir de ahora no podría evitar poner a la chica encima – que revelaba más parte interior que otra cosa.

El sonido de la puerta alertó a Scorpius, quien tiró la prenda al montón restante y salió de la habitación de la chica a tiempo para que pareciera que estaba relajándose en el salón.

Rose cerró distraída la puerta con el pie mientras dejaba su maletín y carpetas en el recibidor. Se sacó su abrigo y se quitó los zapatos, que le mancaban horrores. Caminó hasta el sofá gris del chico que tanto le gustaba y se dispuso a relajarse al menos durante unas dos horas hasta que él llegara.

-Yo que tú, no me relajaba tanto, Weasley. Tienes que recoger tu habitación.

El bote que pegó Rose en el sofá se sintió hasta en los confines de la Tierra. La chica miró con ojos desorbitados al rubio cuya mirada destilaba algo peligroso.

-¿No sé supone que tendrías que estar trabajando? Hoy es jueves.

-Pedí el día libre, quería hablar contigo. No me gusta el desorden y contigo, el equilibrio mental que mi casa me otorgaba se ha desbaratado un poco. Asique, por favor, si no vas a recoger tus cosas, te ruego que te marches.

-¿Me estás echando? ¡No me lo puedo creer! ¡Te he pagado el mes!

-Con lo que pagas tú no llega ni para cubrir el gasto que realizas en agua al ducharte. ¿Disfrutas ahogándote en agua o qué?

-Habla el Señor- me –pego-unos-baños-de-faraón-egipcio. ¡Por favor!

-¿De verdad quieres jugarte el dejar de tener un techo?

Rose iba a protestar otra vez pero se dio cuenta de que Malfoy tenía razón, y al fin y al cabo era su casa por lo que tendría que acatar sus normas.

-¿Sólo tengo que recoger mi habitación?

-Tu baño y la parte que has utilizado de mí biblioteca; lo hubiera hecho yo pero no sé que es para tirar y que es para guardar.

-Me voy a poner cómoda. Ahora vuelvo.

En cuanto la chica desapareció cerrando la puerta de su habitación, Scorpius sacó los cestos de la ropa sucia – había tenido que comprar otro para que el suyo no se desbordara.

-¡Ya puedes venir , Mr. Propper ¡

-¡Qué graciosa!

-¿A que sí?

El cerebro de Scorpius se paralizó al ver las piernas desnudas de la chica cubiertas por un pantaloncito corto de chándal y una sudadera muchas tallas mayor a la que la chica llevaría, que lo cubrían parcialmente.

-Vale, en este cesto pones la ropa sucia. Lo que no sea para lavar lo colocas en el sofá que mañana Adela te lo doblará.

Rose comenzó a colocar la ropa tirada en el suelo en el cesto. Siempre le habían dicho que era un desastre pero nunca nadie le había obligado a realizar semejante tarea como la que el chico- cuya sudadera sin mangas dejaba poco a la imaginación de una- le estaba obligando a hacer.

Acabo antes de lo previsto pero con Malfoy como capataz era previsible. El baño lo recogió por encima excusándose en que Adela se lo limpiaría el viernes.

La mayoría de los papeles que estaban en la biblioteca del chico eran apuntes que había estado pidiendo porque pensaba que los había perdido.

-¿A qué soy un hacha? He recogido todo muy rápido.

-¿Tanto te cuesta hacerlo a su debido tiempo? Espero que no sé vuelva a repetir o sino…

-Me echarás del piso – terminó cansinamente Rose - ¿Te hace un chino? Recoger me ha dado hambre.

-¿Quieres llenarte de hidratos de carbono antes de ir a dormir? Pobre organismo tuyo.

-Para un día que quiero cenar.

-¿No cenas habitualmente?

-No, nunca. Tampoco deayuno.

-¿Perdón? Eso va tener que cambiar. ¿Tú sabes todo el daño que le hace el no comer a tu organismo? Normal que estés tan flacucha.

-Yo estoy perfecta.

-No das ni para hacer un caldo. Mañana desayunarás conmigo. Y olvídate de Theo, tú superior soy yo.

Scorpius terminó su sentencia seriamente. Rose no pudo evitar sonreí, se levantó, se cuadró y realizó un saludo militar.

-¡Sí, mi sargento!

-¿Qué haces ahora? – dijo el chico sonriendo.

-Ya que vas a ser la máxima autoridad aquí, serás mi sargento. ¡Vas a tenerme subyugada a ti en todos los campos de tu vida! ¡Espero que eso te haga feliz!

La sonrisa de Scorpius se desvaneció tan rápido como había venido. Se levantó furioso del sofá y comenzó a subir las escaleras, no sin antes mirar a Rose – la cual se había quedado helada en el sofá – y mirarla una última vez.

-No me gusta que nadie esté subyugado a alguien. Verte a ti subyugada a mí sólo me parecería patético y no, no me haría feliz. Mañana te quiero lista para el desayuno a las siete. Buenas noches, Weasley.

-Buenas noches, Malfoy.

Rose vio como el chico desaparecía escaleras arriba. Siempre le había parecido una persona profunda aunque no se lo admitiría a nadie y ahora, por culpa de las idioteces que ella cometía – como siempre – se sentía mal.

Convencida de que no podría relajarse ahora, fue hasta la biblioteca. Todavía no le había hecho un análisis exhaustivo pero había visto muy buenos títulos en ediciones bastante caras. Un pequeño libro encuadernado en tapas rosa fucsia llamó su atención. Se tuvo que subir a una banqueta para llegar a él. Al alcanzarlo, del peso cayó al suelo, abriéndose y mostrando varias fotos.

Rose se bajó para recogerlo y que Scorpius no la riñera a la mañana siguiente. En cada una de las fotos se veía a un Scorpius sonriente acompañado por una chica de pelo negro con flequillo, hoyuelos y unos ojos verdes preciosos.

Rose miró el título del libro Cómo arreglar una pareja en ruinas, había que ser una arpía para que se te ocurriera regalar un libro de este tipo a tu pareja; Rose, curiosa, quiso saber si dicha chica había puesto una dedicatoria. En efecto, escrita con tinta rosa, las palabras parecían burlarse de ella como le había ocurrido a ella años atrás.

Scorpi, cariño. Conseguirás solucionar lo nuestro.

Lucille

Definitivamente tenía que averiguar quién era esa tal Lucille que regalaba a Malfoy tales libros para que él, lo solucionara todo.