4- Sonrisa
El faisán le recuerda con pequeñas cosas cada día lo mucho que lo quiere. Fox no puede parar de sonreír en todo el día.
Quizá es un vaso de capuchino con nata y trocitos de chocolate, o que se duerma en el sofá y lo arrope. A lo mejor pone algo más de queso y orégano en su pizza o lo lleva de la mano a un sitio nuevo donde hay muchos árboles. No son regalos caros pero sí grandes y lo hacen feliz.
La sonrisa de Fox es brillante y contagiosa. Le gusta que sonría cuando está serio y concentrado pensando en algo a lo que a lo mejor le lleva dando vueltas durante días.
Falco sonríe siempre, menos cuando alguien acaba con su paciencia. Da igual que esté haciendo el vago en la silla de la nave, conduciendo o durmiendo, que él siempre sonríe. Según el zorro, hace que parezca más fuerte todavía. Cuando él no sonríe es que está concentrado o que no se fía de algo. Tampoco suele hacerlo cuando tiene mucho sueño e incluso a veces llega a ponerse insoportable y él mismo avisa de ello.
Cuando el faisán conoció a Fox él le sonrió y en determinados momentos tiene todavía ganas de darle un puñetazo cuando se pone tan lindo.
Hay días muy difíciles para el zorro cuando camina de la mano de Falco por la calle. Corneria sigue siendo muy homófoba y a veces un simple paseo o gesto de cariño desata una ola de odio en los ciudadanos.
Luego, cuando llega a casa, Fox se quita la sonrisa y se desmorona. Sabe por experiencia que las luchas son difíciles: contra grandes enemigos, contra una pérdida o contra los convencionalismos sociales. Sabe que con esos gestos valientes está dando ánimos a millones de personas pero eso no quiere decir que no le pase factura. Entonces, el ave es quien consigue que la alegría vuelva a él y todavía no es capaz de saber cómo, pero siempre lo hace y acaba riendo y queriéndolo todavía más que antes.
Supone que él es mágico, o como una droga. Tiene algo. Cuando se da cuenta a veces está embobado mirándolo. Si Falco lo ve mirándolo se ríe y siempre se acerca a darle un beso.
No deberían, les dicen constantemente, pero no quieren censurarse. No quieren encarcelar el cariño y sus sonrisas cuando el mundo está en guerra y puedes ver violencia pero no amor.
Fox se siente valiente amando, porque esto, como ser un mercenario, no es capaz de soportarlo cualquiera. Su sonrisa es más fuerte que los misiles, los cargueros y los submarinos juntos. Causa alegría y odio por igual. Derrumba cimientos y levanta pasiones, y hace que vuelvan a latir los corazones de personas que habían olvidado lo que es amar. Hace sonreír a los niños cuando se le acercan a hacerle una y mil preguntas sobre sus aventuras y lo fuerte y alto que es, aunque no sea quizá ni tan fuerte ni tan alto como ellos piensan.
Con ese simple gesto Fox dice muchas cosas, como si no se rindiese y siguiese luchando.
Ese desgraciado de Fox, como lo llama Falco, es como una bomba de destrucción masiva que actúa poco a poco. Es una guerra, un ''a ver quién aguanta más''.
Quien logre borrársela lo matará. Pero siempre estará ahí él para resucitarlo.
