Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J. , la intención de la historia es entretener.

Ok, a partir de ahora la historia comienza a tomar un nuevo rumbo, Rose esta creciendo y junto a ella, su mundo.

Capitulo 4:

Tenia los ojos cerrados y aun me sentía dormía, podía sentir el sol en la habitación y el aire frió que entraba por el hueco de la puerta.

Me cubrí un poco más el cuerpo con la manta roja característica de mi casa y deje al descubierto la nariz para respirar. Luego de unos minutos volví a hundirme en ese sueño del que no quería despertar.

Caminaba por un jardín frondoso, lleno de plantas de mucho colores, con muchos frutos y muchas hojas. El aroma llegaba desde los bosques cercanos y del mismo césped húmedo y frió que se sentía debajo de mis pies. Estaba descalza. Levante la mirada para encontrarme con una mansión, una grande y bella mansión. Se oía ruido desde adentro, se oía ruido desde afuera. Camine con paso sigiloso con miedo de que alguien pudiera verme, o escucharme, ni hablar de encontrarme. Llegue a bordear el jardín y divise en una de las ventanas del segundo piso la figura de un chico adolescente, rubio y con nariz respingada y cuando quedo frente a la ventana… ojos grises. El no me vio y, no pudo darse cuenta que estaba allí ya que alguien lo llamaba desde la casa. Se aparto de la ventana y desapareció junto a toda esperanza de volver a verlo. Pero lo que más me sorprendió de aquella situación, era que después de unos segundos de tener la mirada clavada en el suelo de aquel enorme jardín, el joven rubio estaba frente a mí. Poco a poco se acerco y cuando quedo a pocos centímetros de mi rostro, tomo una de mis manos entre las suyas y susurro:

-Sabía que vendrías.

Desperté más alterada de lo que imagine, sudando frió y logrando que por el movimiento de mis brazos y mi cabeza los rizos pelirrojos quedaran en mi cara. Sentada en la cama poco a poco los corrí de mis ojos y respire hondamente mientras observaba la habitación. Tatiana dormía profundamente y en la cama frente a ella, a mi izquierda dormía Aly. Las dos camas restantes estaban vacías y supuse que las gemelas Madison habían ido al gran salón. Camine hacia mi baúl y saque el uniforme junto a otro saco mas por el frió de ese día. Me vestí, me lavé y peine sin éxito el enredado cabello. Opte por dejarlo en una media coleta y salir de la habitación en dirección a la biblioteca para buscar un libro sobre Adivinación. Una asignatura que reprobaba antes de entrar al colegio, mi madre se había encargado de hacerme entender que aquello era tiempo perdido y que era preferible estudiar runas antiguas. Mi padre, en cambio decía que sus horas eran para recuperar el sueño perdido, como un bono extra. Como siempre acababan discutiendo prefería dejarlo solos y elegir yo las materias a seguir.

Mientras subía las escaleras al tercer piso y tomaba el recorrido con calma una voz no muy lejos de mi hizo que diera un salto y mi mochila cayera al suelo.

-Que raro verte por aquí Weasley-

Malfoy sonreía irónicamente y me miraba con fastidio. Trate de devolverle la mirada pero sabia que aquello era imposible así que me limite a ignorarlo y seguir caminando. Pero para mi desgracia me siguió y entramos juntos otra vez a la biblioteca. Salude a la bibliotecaria y fui hacia los libros de adivinación con la esperanza de que desaparezca, y la ilusión vivió unos segundos cuando no lo vi detrás mió, pero al darme vuelta estaba frente a mi sonriendo con gracia.

-¡Casi me matas del susto Malfoy!- Con el entrecejo fruncido camine hacia la misma mesa donde leía todas las mañanas. Me senté en la silla y abrí el libro en el índice recorriendo los títulos indicados para leer.

Cuando encontré uno ideal y del que había hablado con mi madre me dispuse a leer, pero una voz detrás de mi espalda confundía mi concentración.

-¿Sabes leer Weasley? … yo creía que eras como tus primos. ¿Ninguno sabe contar después del diez verdad?

Cerré los ojos respirando hondo y los volví a abrir para concentrarme.

-Puedo apostarte que tardas mas en terminar de leer ese libro a lo que yo puedo atrapar una snitch.

Sin pensarlo largue una carcajada.

-¿De que te ríes?

-Por favor… ¿tu jugando al quidditch? …

-¿Te parece raro?

Me levante de mi asiento con enojo y aunque en aquellos ojos grises vi el fin del habla y del poder respirar, tome aire y susurre:

-El día que tú entres en el equipo de Slytherin será el fin del deporte en este colegio-Agarre el libro en un movimiento brusco con el brazo y colgando la mochila en mi hombro volví a mirarlo.

-Le echaras una maldición al capitán de tu equipo para que te elija.

Pase por su lado y no camine mucho cuando oí algo salir de sus labios, no pude escuchar con claridad que pero basto para darme vuelta y fruncir el entrecejo.

-Dime las cosas en voz alta.

-No necesito hablar contigo… yo tengo amigos que no son precisamente mi familia, si fuera como tu creo que me mataría.

Con una mirada de profundo odio desapareció por la puerta de la biblioteca no sin antes empujarme al pasar a mi lado. Sentía un dolor en el estomago, muy distinto al que siempre sentía cuando lo veía pasar por el corredor o en clase, cuando hablaba o sonreía. Sentía un nudo por algo mas intenso. Algo que no sabía que era. Me quede con esa sensación de soledad unos segundos, de vació y vergüenza de mi misma, pero luego decidí bajar a desayunar al gran salón.

-¿Dónde estabas?-Tatiana tapo el bostezo con su mano derecha mientras que con la otra sostenía el vaso con jugo de manzana.

-Fui a la biblioteca a leer.

Albus caminaba hacia donde estábamos nosotras, con el cabello despeinado, los ojos hinchados y un humor que no era muy distinto al mió. Se sentó junto a Tatiana y dejo la mochila en el suelo mientras se servia en el plato pan con mantequilla.

No me atreví a preguntarle que le pasaba, porque sabia que necesitaba silencio. Me dedique a tomar el tibio té mientras pensaba en las palabras de Malfoy, en su mirada y en sus ojos… y sentía que el nudo que se formaba en mi garganta cada vez que lo veía no iba a impedirme ser cruel con el.

-No logro saber quien canta "dime, dime sabor a miel"-Oí a mi primo murmurar entre dientes.

Mientras miraba el plato vació y con los brazos cruzados sin ganas de desayunar pensaba en Weasley, en su entupida manera de querer hacerme sentir mal. Levante la mirada hacia la mesa de los leones, y mis ojos, una vez mas como otras tantas, se cruzaron con los marrones de Rose… y recordé la primera vez que los míos se cruzaron con los de ella.

Estaba parado en la estación de King Cross con mis padres, recorriendo cada baúl y cada mascota con la mirada. Me sentía emocionado, después de haber esperado tanto tiempo iría al famoso Colegio Hogwarts de magia y hechicería. Mi padre me había dicho tantas cosas de aquel colegio que cada vez que pensaba que eran mentiras me decía a mi mismo que eran verdad. Muchas anécdotas de cómo una sala se lleno de fuego y como lucharon contra gigantes. Pero había algo raro en las historias que papa me contaba… el nunca se extendía mucho y terminaba contando las cosas por la mitad. Mama decía que era la memoria y que cuando las personas crecen van perdiendo recuerdos. Pero no era así… yo no los perdía, y sabia que los de papa estaba presentes y mas vivo que nunca. Solo era cuestión de tiempo para que me contara muchas cosas que yo no sabia. Junto a una columna, cerca de una de las primeras puertas del tren estaba una familia de pelirrojos, charlando animadamente y dándose los últimos abrazos. La mujer que debía ser la madre de esos dos chicos abrazo a su hija que sujetaba un bolso con miedo, como si temiera perderlo. Le devolvió el abrazo a su madre y recibió un fuerte beso de su padre. Colorada como un tomate y poco probable de ocultarlo debajo de sus pecas trato de encontrar un punto en donde sus padres no pudieran avergonzarla más. Y fue cuando sus ojos de un color marrón, se cruzaron con los míos, de un gris frió.

Nos miramos un tiempo, un tiempo que para mi fue eterno. Porque jamás había sentido lo que sentí cuando mire a aquella niña. Su cabello rizado cayendo sobre sus hombros, pelirrojo y alborotado. Desvió la mirada no sin antes sonreír de lado y bajar la mirada. Algo me estaba pasando, sentía que hacia calor y en la estación corría un frió que helaba la sangre.

-Ya tenes que marcharte hijo.

-Si, lo haré. Adiós mama.

Abrasé a mi madre que con un pañuelo de seda se secaba las lágrimas.

-Adiós papa.

-Cuídate Scorpius.

El beso en la cabeza de mi padre hizo que se me erizara el pelo de la nuca. Con ayuda de ambos subí el baúl al tren y me despedí con la mano y una sonrisa, mientras que con un hondo suspiro, comencé a buscar un compartimiento. No paso mucho tiempo hasta que pude localizar uno, vacío y con una gran vista. Deje el baúl en uno de los asientos y me senté en frente, dándole la espalda a la multitud de gente.

Cuando el tren comenzó la marcha y las personas se despedían de sus familiares comenzó un murmullo atroz en el tren.

Minutos después se silencio y la puerta del compartimiento se abrió haciendo que diera un salto y mirara hacia ahí.

La chica pelirroja, la que había sonreído estaba parada con el bolso colgado en el mismo lugar y sujetándolo con fuerza.

-Lamento haberte asustado.

-No me asustaste.

Me levante con cuidado y me acerqué a ella.

-Perdí a mis primos al subir al tren y… no se donde quedarme, todos los demás están llenos. Es hasta que los encuentre.

-Claro, no hay problema. Te ayudo con el baúl

Entre los dos entramos el baúl y lo dejamos junto al mió, se sentó de frente, agitando su cabello y dejando al descubierto mas pecas en su cara. Las marcas más bonitas que alguna vez había visto.

-Eres nuevo veo…-Arquie una ceja-Digo no tienes una mascota… yo me comprare una en las vacaciones de navidad.

Sorprendido, caí en la cuenta que no había comprado un animal para llevar como compañía.

-Creo que yo tendré que hacer lo mismo… que olvidadizo.

La chica sonrió de la misma manera que en la estación y una sensación en el estomago me había comenzado a asustar. Tenia las manos unidas y entrelazadas entre si sobre su regazo, apretando con fuerza su bolso. Me miro a los ojos y tragando saliva susurre.

-Me llamo Scorpius Malfoy.

Extendí una de mis manos y ella me estrecho la que dejo libre.

-Soy Rose Weasley.

Otra vez la puerta se había abierto y esta vez los dos dimos un salto asustados.

-¡Hasta que te encuentro!, ¿me dices porque no nos dijiste que estarías aquí?

Un joven con cabello negro, ojos verdes y ceño fruncido miraba a la chica a los ojos, luego percatándose de que había una segunda persona me miro con desconfianza.

-¿Tu quien eres?

-Scorpius Malfoy.

Algo en el tono de voz de ese chico no me caía bien, no me convencía.

-Yo te conozco… has aparecido en el periódico.

Sentí que las mejillas comenzaban a quemarme, como en la estación. Pero no por mi aparición en el periódico si no por la mirada de unos ojos marrones.

-¿Tu padre es Draco Malfoy verdad?

-Eso a ti no te importa.

Me había levantado con los puños fuertemente cerrados y cara de pocos amigos. Sorprendido el chico me miro unos segundos y tomo a Rose del brazo.

-Vamonos de aquí.

Arrastro el baúl de la chica hacia fuera del compartimiento, salieron hacia el pasillo pero cuando pensé que la cabellera de la pelirroja había desaparecido se asomo por la puerta y sonrió de lado.

-Gracias por dejarme pasar Scorpius. Nos vemos en el colegio.

Dicho esto desapareció tan rápido como mis ojos asimilaron las palabras y su sonrisa, su hermosa sonrisa.

La sonrisa más linda que había visto. Y cuando me senté nuevamente en el asiento y contemple el paisaje, de unos mantorrales con un cielo cubierto de nubes. Me sentí libre como el viento.

Aquellos ojos marrones habían vuelto a aparecer en mi mente, como si tuviera a su dueña en frente.