Gracias a Mariapaula y JusG por sus reviews c; y a quienes leen silenciosamente esta historia


III

Are you afraid? Just relax•

Aunque no es algo que todos sepan, Kouki es alguien que desea. Desea muchas cosas. A veces demasiadas. Desea no tener que esforzarse tanto por sacar buenas notas. Desea ser bueno en los deportes. Desea viajar alrededor del mundo, una vida feliz lejos de las preocupaciones, poder hablar sin ponerse nervioso, lograr hacer amigos, una familia unida, ganar confianza en sí mismo. Y a veces, entre sus deseos más codiciosos, desea poder escuchar el cantar de los pájaros, el susurrar del viento, las olas del mar chocando contra las rocas, el claxon de los autos, y la música.

Él no puede olvidar la música.

Porque la música ha estado ahí para él desde siempre. Desde mucho antes de que perdiera la audición. Y, cuando logra escucharla, siente que todos esos deseos pueden ser posibles.

Él sabe, porque lo dice el médico y porque el mismo lo ha destacado, que hay sonidos que puede escuchar, o, al menos, percibir, pero a su vez sabe que esos sonidos no significan nada. Él no volverá a escuchar, no importa cuánto lo desee. Los aparatos que su madre compró para él y que se niega a usar son apenas servibles, sólo logra escuchar sonidos agudos, y algunas veces esos sonidos tienen que ser lo suficientemente fuertes como para sentirse aturdido.

Al final nunca habla de sus deseos. O de las cosas que escucha. Porque él cree que las cosas adquieren valor cuando son dichas, así que sólo escribe. Escribe sus deseos. Escribe lo que piensa. Escribe lo que siente. Y a veces llora.

Llora de impotencia.

Llora de tristeza.

Llora porque a veces el silencio en el que vive es demasiado solitario.

Llora de felicidad.

Y a veces se asusta, porque siempre es difícil enfrentar las cosas. Como al chico del violín por ejemplo, quien Kouki ha descubierto que su voz suena clara en sus oídos. Tal vez porque es suave y fina, y no le cuesta trabajo deslizarle entre la manta que cubre sus oídos del resto del mundo. Tal vez porque sólo lo imagina. O tal vez porque le dio la música que tanto ama.

Y Kouki no puede evitar sentirse nervioso en su presencia. Incluso si quiere decir muchas cosas, todo lo que logra salir de sus labios son tontos balbuceos, y es ridículo porque él sabe que podría comunicarse perfectamente con él como lo hace con Takao. Pero su mente es un desastre cuando se trata de conocer nuevas personas, nunca deja de pensar en lo que ellos pensarán de él, y nunca son cosas buenas, y al final se acobarda y huye. Y las consecuencias de su cobardía pueden ser tan devastadoras como haber perdido el libro que su hermano mayor le regaló en su último cumpleaños.

Es un libro simple y complicado al mismo tiempo. Es simple porque no es interesante, al menos no para cualquiera, habla de trenes, trenes antiguos y sus detalles, trenes actuales y trenes que ni siquiera han sido creados. Su hermano había dicho que se había esforzado por conseguirlo, que había tenido que comprarlo online y que se disculpaba porque el único idioma en que pudo encontrarlo fue en inglés. Kouki estaba perfectamente bien con eso. Excepto que no, ahora no. Porque su hermano se había esforzado por encontrarlo y ahora él lo ha perdido.

Bueno, perder quizá no es la palabra correcta, Kouki sabe dónde le ha dejado y quien podría tenerlo. Pero si hablamos de sinceridad Kouki tiene más miedo de pedir que le devuelvan el libro, que a perderlo para siempre.

.

Takao habla siempre, todo el tiempo, tanto que a veces es complicado seguirlo, pero Kouki siempre lo intenta porque realmente le interesa escuchar lo que su amigo tiene por decir. Y cuando Takao dice algo que quiere que Kouki escuche se detiene y le mira fijamente para repetirlo con más lentitud, no con esa lentitud endemoniada que algunos usan para hacerlo sentir tonto, no, no es eso, sólo habla más suave y lento de lo normal, y luego vuelve a hablar rápido, de modo que Kouki sabe que lo demás no tiene tanta importancia y que sólo lo dice para llenar el espacio entre un chisme y otro.

Kouki, en cambio, habla muy poco. Habla cuando tiene algo que decir respecto a lo que Takao dice, o cuando éste mismo le mira como esperando una respuesta. En ocasiones muy pocas se anima a iniciar una conversación. Y, cuando se queda solo con personas que no conoce prefiere fingir mirar el teléfono o dormitar, porque odia esos silencios incómodos que se crean cuando ya no hay nada más que decir.

Y se siente culpable cada vez que Takao quiere que conozca personas, porque silenciosamente sabe que no hará nada más que hacerle perder el tiempo a su amigo haciendo estorbo. Pero tampoco puede decir que no, porque no quiere parecer mal educado y porque Takao lleva insistiendo varias semanas con que debería conocer a "Shin", porque "Shin" es alguien importante para Takao y Kouki también, y las personas importantes en su vida deberían conocerse. Al menos, eso fue lo que Takao dijo, y Kouki no pudo decir más no.

Así que ahí está él en una cafetería, esperando. Jugando con la envoltura de la pajita de su café frío, sosteniendo sus nervios lejos muy débilmente.

—Se está demorando un poco ¿no crees? — comenta, quiere creer, muy casualmente.

Takao, entretenido con los mensajes en su móvil, mueve la cabeza en negación. —No, aún es pronto —, y entonces pestañea y parece volver al mundo real. Voltea a ver a Kouki con una expresión vagamente preocupaba antes de darle una sonrisa reconfortante. —No tienes que quedarte si te sientes demasiado incómodo, Kou, pero si te sientes bien, quédate, me haría feliz.

—No, está… bien — tiene que tomar un respiro hondo a la mitad de su oración. No está muy seguro de cómo lo hará, él no quiere parecer el chico asocial que sabe que es pero tampoco puede confiar en que su nula habilidad de socializar lo hará bien. Además no quiere volver a casa tan pronto, allá lo único que le espera es su habitación. Es un lugar triste, demasiado genérico, y también muy, muy aburrido, igual que él. Le recuerda tanto a sí mismo que se niega a pasar más tiempo ahí del necesario.

—¡Ah! Cierto, dijo que traerá un amigo consigo.

Kouki piensa que eso será un poco estresante, no muy seguro de cómo le hará para hablar y entender con más de dos personas a la vez.

—No tienes que pensar mucho en esto, puedes irte.

Kouki siente el color subir a sus mejillas.

Takao es alguien también demasiado directo, incluso con los problemas de Kouki, hablando de ellos siempre que siente que es necesario pero sin hacerlo sentir raro por tenerlos. Kouki había tenido que adaptarse a esto, había sido difícil, pero eventualmente lo logró.

—Está bien.

Y Kouki no puede arrepentirse de decidir quedarse, porque Takao le sonríe muy ampliamente, muy dulcemente, tan sinceramente, que él no puede no sonreír de vuelta.

No obstante esa sensación de tranquilidad no dura mucho, porque cuando la puerta de la cafetería se habré y Kouki ve al chico tan familiar caminar en su dirección junto a ese otro chico tan alto, todo lo que puede sentir es… ah, sí, ese es el pánico invadiendo su cuerpo. Debería… debería girarse hacia Takao y decirle que se ha arrepentido y que se irá; sí, sí, eso estaría bien. No se lo tomaría a mal, podía irse y fingir no haber estado ahí nunca.

Pero no lo hace, porque en cuanto inhala para tranquilizarse, el chico del violín lo mira y… Oh, no. Se detiene en su mesa. Su amigo grande de cabellos verdes es el amigo de Takao sin duda, y el chico del violín es el amigo del amigo de Takao. No, no, eso no es lo que Kouki quiere. Se siente como para echarse a correr. Pero las probabilidades de éxito son tan pocas, con él sentado en la esquina del sillón que da contra la pared de cristal y Takao sentado a su lado. Saltar la mesa no sería una buena opción. Se vería como un idiota, de nuevo para variar. Y, sinceramente, Kouki comienza a creer que eso es algo que sucederá mucho, especialmente alrededor de ésta persona.

Aunque Kouki no entiende muy bien porque se pone muy nervioso en cuánto lo ve, no es como si el chico del violín le hubiese hecho algo. Incluso preguntó si Kouki estaba bien dos veces, como si quisiera ayudarlo. Lo cual es extraño, aunque no tanto como el hecho de que supiera su nombre. Pero si barajea las posibilidades puede que Takao haya hablado de él con su amigo y su amigo con el chico del violín, lo cual no tiene sentido, quizá debería dejar de pensar ahora…

—Kouki — Takao toca su hombro y le mira como para asegurarse de que puede escucharle.

—¿Sí?

Takao se ríe. Kouki sabe que no de él. Takao siempre se ríe. De todo.

—Él es Shin. Shintarō Midorima. Y éste es su amigo (a quien en realidad no conozco mucho), Seijūrō Akashi.

Kouki se felicita cuando no sale corriendo una vez de pie.

No corre, pero definitivamente no se siente cómodo. Ahora que lo tiene tan cerca por más de dos minutos Kouki se da cuenta que Akashi es intimidante. Que hay un extraño aire de autoridad a su alrededor, que Kouki puede sentir. Además parece alguien tan educado y mucho más maduro que cualquier otro adolescente que Kouki haya conocido antes.

Kouki tiene que ahogar un grito cuando Takao decide reacomodar los lugares y sentarlo a él justo a un lado de Akashi.

Takao empieza a hablar de nuevo y Kouki puede ver exactamente el momento en el que les dice que su amigo Kouki no puede escuchar y que espera que ellos sean educados. Y no lo hace como una sugerencia o petición, es más bien una advertencia, sus ojos afilados y su sonrisa pretensiosa es lo que aclara todo.

Midorima responde algo que Kouki no puede seguir muy bien, pues tapa su boca antes de terminar la oración. Y cuando Seijūrō responde ni siquiera se gira a verlo. Vuelve a pensar –para su desgracia, su mente no siempre está dispuesta a cooperar– en cómo podría irse sin parecer demasiado grosero o ansioso. Decide que debe contar hasta diez y a mitad de la serie es cuando empieza a sentirse mejor. Aun así no puede evitar sentirse incómodo.

Takao empieza una conversación con Midorima y Kouki quiere ser discreto con eso así que empieza a mover su vista de un lado a otro, en busca de algo con lo cual distraerse.

Y entonces lo siente, el rostro que gira en su dirección. Y Kouki gira a verlo también porque no quiere que Seijūrō le toque el hombro para llamar su atención, porque algo le dice que podría ser agradable y no quiere.

Cuando Seijūrō está a punto de hablar, Kouki le corta. —Lo siento — es lo que dice en un susurro, demasiado bajo e íntimo, tanto que Seijūrō tiene que inclinarse un poco para captar sus palabras. El otro par sin embargo está tan concentrado en su conversación que apenas y notan todo éste actuar. —Quiero decir… e-esto es sobre… realmente no… — su voz se apaga gradualmente al ser consciente de que entre más palabras dice más temblorosa se vuelve. Muerde su labio inferior, un hábito que hace cada vez que se siente frustrado. Mira a Akashi y piensa en que la única forma que tiene para salir de ahí es pedirle a éste chico que se haga a un lado.

—Puedes entenderme ¿verdad?

Kouki mira fijamente sus labios mientras habla. Luego alza la mirada y asiente.

Akashi gira su cuerpo muy ligeramente para tomar su bolsa y sacar algo de ahí. Algo que hace que los ojos de Kouki se ensanchen con alegría y alivio.

Su libro.

El libro que su hermano se había esforzado en encontrar para él.

—Dejaste esto en la biblioteca — Akashi desliza el libro sobre la mesa hacia él. Kouki mira el libro pero no se distrae mucho con él al ser consciente de que Akashi aún no termina de hablar —. Parece importante de manera que me tomé la libertad de venir aquí y traértelo.

Kouki se da cuenta de algunas cosas implícitas en esa oración. La primera: que Akashi se tomó el tiempo para devolver su libro, a él, a Kouki el chico raro y sin amigos. La segunda: que Akashi también ha dicho que "parece importante" lo que implica que le ha abierto, y el color sube hasta sus mejillas por la vergüenza. La última y quizá la más importante es que Akashi habla como si supiera quien es Kouki, como si para él fuese un hecho que iba a encontrarlo si se unía a Midorima.

Kouki pasa saliva y voltea a ver a Takao, pero ¡oh, sorpresa! Él no está ahí.

—Fueron a hacer el pedido, lo han avisado antes.

El tono obvio de Seijūrō hace que Kouki quiera reír. Si bueno, no es como si yo pudiese darme cuenta, piensa, sólo piensa. Luego toma el libro que ha estado sobre la mesa y lo protege contra su pecho, aunque más bien es él quien busca protegerse ocultándose tras él.

—Gracias. Muchas g-gracias — un nuevo susurro — realmente no tenías que… hacerlo — al menos eso es lo que Kouki piensa, porque cuando ve a Seijūrō no puede evitar pensar que él es una persona importante, y que seguramente hay miles de cosas más importantes que devolver un libro que él podría estar haciendo. Su mente está acelerada, pensando en tantas cosas a la vez, cosas a las que Kouki intenta darles sentido. Acaricia sin pretenderlo su bolso en dónde su libreta descansa.

Luego se endereza en su asiento, notando que Akashi no ha dejado de verlo. Cuando Kouki le mira de vuelta él empieza a hablar de nuevo. Kouki se mortifica al creer que quizá Akashi estuvo esperando todo ese rato a que Kouki girara para seguir hablando. —No ha sido ningún problema — Kouki intenta imaginar su voz, en su mente suena educada pero severa de alguna manera —. Además, el pequeño contratiempo en la biblioteca fue en parte mi culpa. Devolverte el libro fue lo menos que pude hacer.

—Gracias — Kouki vuelve a decir porque no sabe que más decir. —Es muy amable.

Que es muy amable. Kouki quiere agregar un porque no me has ignorado como todos los demás, o un porque no me has llamado raro hasta ahora, o un porque sigues aquí hablando conmigo. Pero no lo hace porque no quiere parecer demasiado patético. Y sin embargo todo ese agradecimiento es sincero, porque Kouki parece tan por debajo de Seijūrō que de alguna manera se siente bien que tomara parte de su día para estar aquí. Después de todo no eran amigos, ni siquiera conocidos. Kouki ni siquiera entiende porque Akashi se molestaría en primer lugar.

Parpadea alejándose de sus pensamientos. Akashi todavía le mira, pero Kouki no le mira de vuelta, la ansiedad enroscándose en su estómago. ¿Qué se supone que debe hacer ahora? Dijo gracias… ¿pero tal vez Akashi espera algo más? Kouki aprieta su libro sobre su regazo y sorbe un poco del café olvidado. Busca a Takao y lo ve ahí en la fila, dos clientes antes que él.

Antes de que pueda tener un verdadero ataque de pánico, Akashi vuelve a hablar, solo que Kouki no es demasiado rápido en regresar la vista a sus labios y se pierde gran parte de la oración.

Club y música es lo único que ha logrado obtener, y Kouki no necesita más para saber hacia dónde va la conversación de está vez.

—La-lamento haberte irrumpido — es lo que Kouki dice y se fuerza a no desviar su vista de Akashi porque perdería de nuevo sus palabras.

Akashi ríe. Una risa ligera, apenas dura un segundo. Kouki la imagina involuntariamente, suave y cadenciosa.

—Pregunté si te unirías al club.

La vergüenza aumenta otro nivel. Mira a su alrededor, desesperado por salir de esta situación. La idea de hablar sobre música es bastante tentadora pero Kouki en realidad no está seguro de poder aportar algo. —O-oh, um… no, no — finalmente dice.

Y Takao vuelve junto a Midorima, traen una bandeja con un par de tazas con té y unos pedazos de pastelillos.

—Sé que dijiste que no querías comer nada, pero es tu favorito, chocolate — Takao le dice depositando su porción en su lugar.

Kouki acepta el postre y lo picotea un poco antes de comer. Sus ojos se mueven brevemente hacia a Akashi, su corazón latiendo fuertemente en su pecho. Sin embargo Akashi ya no le mira y a cambio platica con Midorima que ésta frente a él.

Kouki deja ir un suspiro lento.

Takao toma una de sus manos entre las suyas y dibuja algunos caracteres en su palma. Le pregunta si está bien. Kouki aleja su mano sin brusquedad y asiente. El intercambio es silencioso y secreto, y como pocas veces en la vida Kouki se siente agradecido de que sea así.

Kouki se concentra en su postre, no vuelve a mirar a nadie. Piensa en lo último que dijo Akashi. Tiene que contenerse para no reírse. Es ridículo, piensa. Y sin embargo Akashi había parecido tan serio al preguntar eso; pero Kouki no había podido más que pensar que se estaba burlando.

Sería algo demasiado inútil es lo que Kouki quería decir. Le pareció que Akashi se burlaba de él, pero si es sincero, Kouki no puede imaginar porque Akashi sentiría la necesidad de hacerlo. Kouki es sordo, y alguien tan inteligente como Akashi tiene que saber lo incoherente que suena.

De repente, parece más consciente de eso que antes, pareciendo inútil siquiera pensar en la posibilidad. Justo ahora no quiere más que irse a casa y…

Una mano toca su hombro, un escalofrió recorre su cuerpo. Y la suavidad del tacto es tan agradable como se temía que fuera.

—Furihata — su vista fija en los labios delgados de Akashi, estaba más cerca que antes. Kouki tiene que resistir el impulso de pegarse aún más a la pared. Se queda quieto, esperando.

—Nos estamos despidiendo — dice mientras se pone de pie junto a Midorima. Kouki parpadea perplejo.

—… Sí

Akashi toma su bolso. —Deberías considerarlo — le dice —, si la música es algo que te gusta, no veo algún un impedimento.

El cerebro de Kouki entonces se siente igual a aquella vez cuando Takao le convenció de subirse a uno de esos juegos salvajes en el parque de diversiones. Las palabras yo tengo una razón suficiente para ni siquiera considerarlo, pasan por su mente, pero no se atreve a decirlas.

—Yo- ¡No! Yo-quiero… no… es que… n-nada. Estoy bien así. — Kouki mira el suelo. Sintiéndose cada vez más patético…

—No deberías subestimarte — agrega Akashi.

Kouki se pone de pie, quiere decir algo, pero nada viene a su mente. Ha sido derrotado. Lee la mirada de Akashi, a lo largo de los años ha tenido que aprender a hacerlo y se le da bastante bien, pero no logra encontrar una pizca de burla o diversión, todo lo que hay ahí es sinceridad. Akashi parece genuino, y eso hace que todo sea más difícil de entender.

—Lo pensaré — murmura, de nuevo con la voz muy baja.

Akashi asiente. —Seguro que podría dársete muy bien.

Y entonces se va.

Kouki no sabe que decir. O hacer. O que pensar o sentir. El hecho de que alguien como Akashi le dijese eso… Kouki se queda de pie ahí, preguntándose qué podría suceder si por lo menos intentara muchas de las cosas que de verdad desea hacer. De pronto se siente como si pudieran crecerle alas y pudiera volar lejos. No sería lo más increíble del día de hoy después de todo.

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Llega a casa más tarde de lo que planeaba, el sol comenzando a ocultarse, y en cuanto entra su mamá se acerca a él dispuesta a cuestionarle, pero en cuanto ve a Takao tras él se tranquiliza. Kouki lo agradece silenciosamente y comienza a subir a su habitación. Está cansado. Quiere tomar un baño y luego dormir mil años.

—Estoy cansado — Takao se tira sobre su cama dramáticamente. Kouki se sienta a un lado — ¿Te divertiste?

En realidad Kouki no está seguro de si divertirse es la palabra correcta.

—Um… sí, claro, definitivamente.

Takao se ríe, pero de nuevo Kouki sabe que Takao no lo hace de él. No con la intensión de burlarse en cualquier caso. Takao es la única persona que hasta ahora puede reírse de esa forma cerca de Kouki sin darle la impresión de que se mofa de él, siempre se siente, de alguna manera, demasiado amable para tener malas intenciones.

—Siento haberte hecho pasar por algo tan incómodo. Pero Shin me avisó de ese amigo suyo a último minuto. Quería que lo conocieras pero tal vez debí esperar.

No pasa nada, quiere decir, eres muy amable. No es culpa tuya que tengas tanta fe en mí.

—No, está bien. Fue entretenido. Lo sigo en serio.

Takao le mira, muy brevemente. Kouki deja de mirarlo cuando deduce que ahora viene la parte en la que Takao preguntará sobre porque parecía familiar con el amigo de Midorima. Así que lo ignora para no responder. No sabe que decir después de todo. Hay unas mil cosas molestándolo todo el tiempo, pero ninguna tiene que ver ahora con la conversación actual.

—¿Estás bien? — Takao pregunta y le gira el rostro por la barbilla para que le vea.

«Estoy pensando demasiado»

Takao probablemente lo supo desde que Kouki se quedó en silencio. Es un mal hábito cuando siente la incontenible necesidad de hablar de todo.

—¿Quieres hablar de ello? Puedo quedarme a dormir — Takao intenta no sonar preocupado, pero Kouki sabe que lo está.

«No, está bien» Kouki decide. «Tal vez mañana»

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No puedo dejar de pensar…

Quiero escribir, mi cabeza es un desastre ahora…

El día de hoy…

Si entro al club de música…

Sé que quiero decir algo, pero no encuentro las palabras…

Quiero dormir un rato, un instante, un minuto, un siglo…

No, en realidad no…

A veces siento ganas de llorar y no puedo. He intentado hacerlo pensando en cualquier cosa, lo que sea; pero nada sirve. No lloro.

No lloro y ese me hace sentir frustrado conmigo mismo. Siento que las lágrimas se acumulan vertiginosamente, escondiéndose. A veces pienso que sólo están siendo guardadas para un día desbordarse ante la menor provocación. Quizá a la mitad de un recuerdo. Quizás un día cuando me golpee accidentalmente el dedo pequeño del pie o cuando vea a mamá tararear la canción de la radio y no pueda saber cuál es. Quizá un día simplemente lloraré como si el mañana no existiese, derrumbado contra mi cama envuelto en las cobijas, sin salir de ahí por una o dos horas, hasta sacarlo todo…