Hey! Bueno, pude actualizar un poco más rápido esta vez, eso es algo bueno para ustedes y malo para mí porque significa que no tengo vida(? En fin, no importa, disfruten la traducción! Fueron 22 páginas del word, y aún ando con la vista cruzada. ^w^

Disclaimer: (Que no recuerdo si puse o no alguna vez) bueno, es obvio que Hetalia no me pertenece, ojalá fuera así pero no. Y la historia tamcpo es mía, es una traducción de simplytrop.

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Alfred había pasado su primera noche en Picas buscando título tras título en sus bibliotecas. Yao y Arthur aún estaban en la biblioteca, así que Alfred no podía ir a allí a investigar; pero en este momento, su prioridad era averiguar cómo podría volver a casa, y mientras tanto, mantenerse con vida.

De camino de regreso a sus habitaciones, Alfred había ideado un plan que era vago como mucho, pero que era todo lo que podía pensar por el momento hasta tener más información.

Lo primero era ver cómo volver a casa sin dejar rastro.

Lo segundo era juntar información sobre los reinos y la guerra allí, así él podría cuando menos interpretar a un rey. Si podía hacerlo convincentemente, podría incluso persuadir a Arthur y Yao de dejarlo vivir, a pesar de que las chances de eso eran pequeñas considerando que ellos parecían pensar que el reino entero entraría en guerra en cuestión de días. Por lo menos, si podía convencer a los ciudadanos de que él era el rey, la Reina y la Sota podrían vacilar más al matarlo. La política había sido siempre la parte menos favorita de Alfred en su maestría de arqueología, pero también era inevitable considerando que el gobierno era una enorme parte de cualquier cultura. Ahora lucía como si él fuera a convertirse en bueno por sí mismo.

Y lo tercera era aprender a pelear. Él siempre había sido un chico activo y había participado de una variedad de deportes al crecer, pero nunca había aprendido ninguno tipo de deporte de combate antes. Si las primeras dos partes de su plan fallaban, al menos podría aprender a defenderse a sí mismo, así que si llegaba a eso, él podría mantener físicamente a Arthur a raya cuando menos.

Las primeras dos partes de su plan eran más fáciles de decir que de hacer. En cuanto se refería a la magia, Alfred no podía descifrar ninguno de los dos libros que había encontrado sobre el tema en su habitación. Parecía estar escritos en una combinación de Inglés Antiguo, Latín, Runas, y un idioma vagamente Asiático. Las pocas palabras que pudo descifrar estaban tan desparramadas y esparcidas que sólo le quedaba darse por vencido por ahora, hasta que pudiera escabullirse en la biblioteca y encontrar un libro que tuviera sentido.

La segunda parte de su plan era difícil debido a la neta cantidad de materiales que debía estudiar. Alfred ni siquiera estaba seguro de por dónde empezar, pero para esto, él pensó que probablemente podría conseguir que Arthur o Yao le enseñaran. Después de todo, ellos querían que desempeñara bien su papel.

La tercera parte de su plan, sin embargo, fue inesperadamente fácil.

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-Scheit*, tienes un buen brazo –dijo Tim.

Todos los problemas de Alfred parecieron prontamente muy lejanos mientras él observaba las dos mitades de la desafilada espada de práctica que le habían dado. Aún sostenía la empuñadura en su mano derecha, pero la mitad de la hoja yacía reluciente en el sucio suelo del patio.

Lo primero que había hecho en la mañana luego de una noche sin sueño fue buscar al Maestro de Armas y entrenarse un poco. Tim había ido hacia el patio con un par de sus soldados para una práctica temprana, y a pesar de que todos los soldados parecían estar sorprendidos ante el entusiasmo de Alfred, Tim había accedido. Así que le habían dado una espada desafilada de práctica y entonces Tim había cargado contra él en lo que Alfred asumía que era una especie de inmediata lección de prueba.

Instintivamente, él alzó su espada para bloquear a Tim. Lo siguiente que supo fue que su espada se había partido por la mitad y que la espada del maestro de armas estaba oscilando donde había sido clavada seis pulgadas en la pared de piedra del castillo.

Ningún caballero se reía de Alfred ahora.

-¿Tienes alguna especie de magia? –preguntó Tim- ¿De dónde dijiste que venías?

-Uh…Inglaterra –dijo Alfred, flexionando los dedos y observando la empuñadura rota que sostenía.

Tim se encogió de hombros.- Nunca escuché de ella –dijo- ¿Es una de esos pequeños pueblos?

-Algo así –respondió, moviéndose nervioso mientras Tim lo rodeaba, examinándolo de nuevo. Alfred estaba tan shockeado como él. Estaba orgulloso de decir que era bastante atlético…solía estar en ambos, en los equipos de fútbol y básquet cuando estaba en la secundaria. Incluso en la universidad, cuando tenía menos tiempo para los deportes, él entrenaba casi todos los días; así que era seguro decir que estaba bastante confiado respecto a su fuerza. Pero esto era simplemente innatural…era algo muy bueno e innatural. Entre todas las cosas que habían salido mal desde que había llegado a este mundo, la fuerza sobrehumana era algo a lo que Alfred y probablemente cualquier otro hombre podría acostumbrarse. Ni decir sobre un genial revestimiento de plata.

Tim silbó.- ¿Con qué los alimentan ahí? ¿Realmente no sabes nada sobre pelear?

Alfred negó con la cabeza y Tim lo miró como si su cumpleaños hubiera llegado por adelantado.

-Vas a ser un luchador fenomenal –dijo.

Y entonces Tim abandonó más o menos a sus otros caballeros, diciéndoles que entrenaran por su cuenta, así él podía seguir probando a Alfred. Él estaba completamente bien con esto porque quería saber qué tan fuerte era también. Primero, Tim hizo que levantara un montón de cosas al azar, sólo para ver qué podía hacer. Alfred halló muy fácil el levantar una vaca entera con sólo una mano, a pesar de que a la vaca no le agradó eso. Era como si difícilmente pudiera distinguir el peso. Entonces descubrieron que si Alfred quería, podía doblar espadas y estrujar armaduras con sus manos desnudas. Cuando le dijeron que arrojara una lanza, no sólo hizo pedazos el blanco, sino que también se clavó en la pared del castillo.

-La Reina no va a estar contenta al respecto –comentó Tim a la vez que observaban a tres soldados trabajar juntos para sacar la lanza de la piedra.

Para templar su recién encontrada sobrehumana fuerza, pensó, Alfred no tenía absolutamente ninguna habilidad en la lucha o algo por el estilo. Disparar un arco y una flecha era muy diferente de encestar aros o disparar un arma –aunque aparentemente las armas no existían en este mundo. Las espadas eran fáciles si Alfred podía evitar romperlas, pero pronto fue claro que necesitaba realmente aprender a controlar su fuerza.

Al final, Tim simplemente puso al menor a hacer ejercicios de resistencia hasta que se acostumbrara a su nueva fuerza.

Alfred estaba viendo cuántas lagartijas podía hacer con una mano sin cansarse -hasta el momento la cantidad era de 536, a pesar de que había comenzado a sudar- cuando Arthur caminó hacia él.

-Te he estado buscando –dijo Arthur, y Alfred finalizó los últimos, haciendo 550 antes de ponerse de pie. Wow, si seguía así podría romper los récords de la Marina estadounidense sin problemas.

-Acabo de hacer quinientas cincuenta lagartijas –dijo Alfred, limpiándose el polvo de las manos. A pesar de su nueva fuerza, pensó, no parecía que hubiera sido mágicamente desgarrado. Habría sido fucking awesome si súbitamente le crecieran diez bíceps de un galón cada uno, pero Alfred estaba bien sólo con tener fuerza mágica.

-¿Que acabas de hacer qué? –preguntó Arthur.

-Soy como Superman , viejo, esto es genial –dijo Alfred, aún sintiéndose muy excitado sobre su súper fuerza como para importarle demasiado su posible asesinato. Arthur no podía hacer un movimiento hasta que volvieran a Inglaterra, de todos modos; y Alfred definitivamente no temería ningún ataque en ese momento. No cuando él probablemente podía vencer al menos la mitad, y quizá más del pequeño régimen de soldados de Arthur en el castillo.

-¿Tienen todos ustedes aquí superpoderes o algo así? Bueno, pueden hacer magia y esas cosas, ¿verdad? –preguntó el menor.

Arthur frunció el ceño. - ¿De qué estás hablando? La magia es una habilidad que puedes aprender –dijo. Lucía más limpio…probablemente se habría bañado por fin.

-No, no lo es. Tengo fuerza mágica. Mira –dijo Alfred, sin poder resistirse a lucirse un poco, mientras agarraba una vara de metal que yacía cerca y casi la doblaba en dos.

Fue bastante satisfactorio ver cómo se ponían de grandes los ojos del mayor. Especialmente cuando Alfred volvió a doblar la vara a su forma original otra vez. Era como en las películas, excepto que incluso mejor, porque era la vida real y era Alfred quien tenía el superpoder.

-Eso no es natural –soltó Arthur, y parecía tan impresionado por eso que Alfred tragó con orgullo. En el corto tiempo que conocía a Arthur, el menor ya podía decir que él no era alguien fácil de impresionar. – Hazlo de nuevo.

¿Quién era Alfred para decir que no si Arthur quería un show? Así que Alfred lo hizo de nuevo y dobló la vara en forma de un pretzel antes de deshacerlo.

-Eso es…eso es inhumano –dijo Arthur.

-No podía hacer eso cuando todavía estaba en Inglaterra –dijo él- Y no vas a ir por ahí secuestrando a más gente. Eso es ilegal.

-Supongo…-dijo Arthur, a pesar de que parecía enteramente pensativo cuando miró a Alfred.- Esto podría realmente funcionar para nosotros –dijo, estirándose para tocar los bíceps de Alfred.

Que nunca se diga que Alfred era inmune a los halagos, porque flexionó sus brazos y se sintió muy complacido cuando Arthur lo observó impresionado. – Lancé una lanza y rompió la diana –Alfred no pudo resistirse a decirle al mayor, sintiéndose como si hubiera hecho algo bien por una vez. –Probablemente podría cargar un auto si tuviera que.

-¿Un auto? –preguntó Arthur.

-Uh, como uno de sus carruajes o carros…lo que sea que tengan aquí –respondió el menor.

-Aún así, el chico no puede pelear –interrumpió Tim- Al menos no de inmediato.

Arthur dejó de verse tan impresionado.- ¿Qué? ¿Por qué no? –preguntó.

-no sé cómo –respondió Alfred, un poco resentido ya que le gustaba gozar de la admiración.- Sólo jugaba deportes en casa.

-Necesitará entrenamiento –dijo Tim- Pero con material en crudo como este, creo que tienes un buen comienzo –le dijo a Alfred, quien estaba sonriéndole radiante.- Entrenarás todos los días de ahora en adelante.

-Fuck yeah, esto va a ser genial –dijo el menor inmediatamente.

-Tendrá que esperar por ahora, necesito hablarte –dijo Arthur, aparentemente recordando por qué había salido en primer lugar.

Alfred se hallaba reticente a dejar el patio y su entrenamiento, pero siguió a Arthur a la biblioteca, donde Yao ya los estaba esperando.

-Así que, ¿para qué me quieres? –preguntó Alfred.

-Necesitamos discutir la boda y la coronación –respondió Arthur, cerrando la puerta de la biblioteca tras él.

-Ven, toma asiento –dijo Yao, gesticulando hacia el escritorio donde estaba sentado. Movió unas pilas de libros y pergaminos del camino para que Alfred pudiera ver su cara.

Alfred se sentó rígido y cauteloso mientras la euforia inducida por la adrenalina moría lentamente. Sabía lo que Arthur y Yao tenían planeado para él, así que ¿por qué seguían queriendo la coronación?

-¿No están en guerra y todo eso? ¿Quieren tener la ceremonia ahora? –preguntó en su lugar. Era una de las cosas más difíciles el mantener su voz neutral y sin afectar, pero de algún modo, Alfred parecía manejarlo bien, porque Arthur se sentó a su lado sin pestañear.

-Esa es la razón por la que necesitamos hacerlo tan pronto como sea posible –dijo Yao en un suspiro- Ninguno de los reinos ha tenido un caso de realeza por matrimonio en siglos.

-¿Siglos? –repitió Alfred.

-Es una maldita molestia el elegir la realeza por matrimonio, así que usualmente somos muy cuidadosos de no hacerlo –dijo Arthur- Así no tendría que estar casándome con un idiota.

-Hey, yo no sabía que esto iba a pasar –dijo Alfred- No quiero casarme contigo más de lo que tú quieres casarte conmigo. Probablemente menos, la verdad –en ese sentido, Alfred estaba completamente seguro. Después de todo, Alfred no iba a matar a Arthur. Si tu supuesto futuro esposo –sin importar si el matrimonio fuera político- fuera a asesinarte, tampoco estarías muy dispuesto a casarte tampoco.

El mayor se puso rojo y comenzó a proferir.- ¡No es como si yo quisiera casarme contigo, bloody tosser! ¡Yo…yo…esto es mucho peor para mí que para ti! –dijo en lo que fue una vaga respuesta como mucho, y encima de eso, una mentira. Era definitivamente mucho peor para Alfred. Por el otro lado, Arthur estaba sospechosamente a la defensiva sobre el tema a juzgar por cuan roja su cara se había vuelto y cuan enojado estaba.

-Apuesto a que nadie quiere casarse con una reina como tú –dijo Alfred.

Debió de haber puesto el dedo en la llaga, porque pudo realmente ver a Arthur notablemente tenso y ponerse incluso más colorado.

-Quiero decir, tienes la peor personalidad que haya habido nunca…ya sabes, ser un idiota todo el tiempo no hace que le agrades a la gente –dijo el menor- Y eres algo así como feo, ¿o no? ¿Tienen pinzas para depilar aquí? Porque parece que realmente las necesitas –Eso no era exactamente verdad. A decir verdad, Arthur era atractivo, algo poco convencional, pero Alfred podía probablemente hacer una lista de una docena de chicas que él sabía que saldrían con un tipo con la apariencia de Arthur en un parpadeo. Ciertamente, parecía haber enojado a Arthur.- Probablemente eres una basura en la cama –continuó Alfred.- Además, tu cocina apesta.

Arthur chasqueó al lanzarse hacia adelante y tomar a Alfred por el cuello.- ¡Cómo te atreves a decir algo de aquello! ¿Quién te crees que eres?

-Tu rey –dijo Alfred. Tomo las muñecas de Arthur en sus manos y lentamente las empujó lejos de él. Era muy fácil con su recién encontrada fuerza, y más difícil, de hecho, el no lastimar a Arthur en el proceso.

El mayor pareció darse cuenta de esto también, porque retrocedió con los ojos bien abiertos y parecía estar debatiéndose a ver si debería intentar y atacar a Alfred de nuevo de cualquier manera.

-Si ustedes, niños, han terminado de pelearse –espetó Yao- Siéntense, ambos.

Los dos se sentaron y Alfred se sintió vagamente avergonzado, a pesar de que no tenía realmente la culpa. Después de todo, estaba seguro de que cualquiera que conociera a Arthur diría lo mismo.

-Alfred tiene una retardada cantidad de fuerza –dijo Arthur, observándole fijamente.

-Sólo lo dices porque estás celoso –respondió el otro.

-Aún así, dice que nadie de su mundo la tiene –continuó el mayor, ignorándolo.

-Probablemente puedo golpear a través de un pared –dijo Alfred, sintiéndose más animado de nuevo. Cualquier hombre estaría celoso de él ahora.

Yao parecía pensativo.- No lo pruebes en nuestro castillo, por favor. Pero algo de entrenamiento sería una buena idea…-añadió.

-Tim ha estado probándome. También va a entrenarme –dijo el menor.

Yao asintió.- Okay. Eso puede ser útil cuando tengamos la guerra… ¿tal vez es un efecto secundario que obtuviste cuando viniste a este mundo? –Parecía comenzar a perderse de nuevo mientras su habla pasaba a musitar.- Qué más podrá ser transferido entre mundos…

-De todas formas –dijo impacientemente Arthur- No importa si no quieres casarte conmigo, vamos a establecer la boda tan pronto como sea posible bajo las circunstancias.

-Ya que tú y Arthur están ahora comprometidos, tendremos que tomar lo mejor de ello –dijo Yao, volviendo a los negocios- Al menos, podremos posponer la guerra para nosotros hasta que las ceremonias hayan terminado…extraoficialmente al menos. Tradicionalmente, toda la realeza de todos los países es invitada. No se ha oído de nadie que no asista a una boda real y una coronación, así que Corazones no nos declarará la guerra hasta que el casamiento termine.

-¿Qué quieres decir por "extraoficialmente"? –preguntó Alfred.

-Podríamos ser atacados de todas formas…no sólo por Corazones, o por la milicia de Corazones –dijo Arthur- Los ataques bandidos siempre pueden ocurrir. También puede ser que paguen a mercenarios para efectuar un ataque de antemano. Deberías vigilar –Arthur dio una mirada a Alfred- Podrían enviar a asesinos a por ti.

-Arthur –dijo Yao, frunciéndole el ceño.

Arthur lo ignoró y continuó hablando. –Eres el nuevo rey ahora, y Corazones no querrá que te tengamos cuando nos ataquen. Van a tratar de debilitarnos antes de eso, y tú eres el blanco obvio –Arthur comenzó a juguetear con una pieza de papel que había en el escritorio entre sus dedos- Tienes tu fuerza ahora, pero tendrás que ser entrenado tan pronto como sea posible. Ellos tienen…tienen otras cosas que podrían herirte. Sólo…ten cuidado –terminó en un murmullo.

Por un momento, Alfred pensó que Arthur de veras estaba preocupado por él. Era sorprendente porque sabía que Arthur y Yao planeaban matarlo también, pero entonces, si lo que había oído la noche anterior era correcto, tenían que hacerlo cuando estuvieran de vuelta en Inglaterra, o algo malo sucedería. Podría no ser todo porque Arthur estuviera preocupado por él.

-Como estaba diciendo –dijo Yao- Lo más pronto que podemos tener la coronación y la boda es en cuatro semanas. Eso es mucho tiempo y probablemente ataquen antes de eso, pero es lo mejor que podemos hacer por ahora. Comenzaremos con los preparativos de inmediato.

Alfred se encogió. -¿Preparativos? –un par de sus amigos se había casado para estas alturas y él sabía el tipo de cosas que pasaban cuando la gente comenzaba a planear bodas. Esta era con una coronación, así que probablemente era peor.

-No mires así, nadie espera que hagas nada –dijo Arthur, rodando los ojos.

-Sí, Alfred, tú estarás estudiando y practicando todo lo que puedas en este tiempo –añadió Yao- Arthur estará a cargo de enseñarte.

-Necesitarás saber todo sobre este país para ser rey –dijo Arthur- No espero que lo aprendas todo de una, claro –dijo- Con una mente como la tuya, estaría sorprendido si pudieras aprenderlo en un año, mucho menos cuatro semanas, pero no tengo más opción.

-Hey, soy inteligente –dijo Alfred, algo ofendido, pero más que nada dispuesto. Esto encajaba perfectamente con sus propios planes si Arthur tenía que enseñarle todas las cosas que tendría que saber sobre ser rey. Y esto daba a Alfred al menos cuatro semanas de semi-seguridad al menos tanto como a Arthur le concernía.

-Eso lo veremos –dijo Arthur mientras se ponía de pie, haciendo gestos a Alfred para que lo siguiera.

-Yo arreglaré la boda y la coronación –dijo Yao- Solo asegúrate de aprender al menos lo suficiente como para pasar la ceremonia –le dijo a Alfred.

El menor asintió. Aprendería mucho más de lo requerido para la ceremonia, y luego se marcharía sin mirar atrás.

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Alfred había esperado que volvieran a las habitaciones, o suyas o las de Arthur, para empezar con su educación; ya que la biblioteca parecía ser el territorio de Yao, pero en su lugar, Arthur lo guió hacia una de las torres más cortas del castillo. Él aún no había tenido la oportunidad de explorar el castillo entero…probablemente le tomaría un día entero el subir y bajar la escaleras si quería. Esta torre estaba más cerca de las recámaras reales y su interior era como una versión compacta y en miniatura de una biblioteca. A pesar de que la torre era sólo una habitación circular, estaba increíblemente amueblada con una gruesa alfombra y los libros llenaban cada milímetro de las paredes allí. Había un elaborado escritorio y varias sillas que hacían juego, y en fondo de la habitación, había un estante bizarro que sostenía una caja rectangular.

-Este es el estudio del viejo rey –explicó Arthur- Es algo miserable en los inviernos, pero por ahora, bastará.

-Genial, ¿por dónde empezamos? –preguntó Alfred, curioseando alrededor. El cuarto daba el confortable sentimiento de las viejas oficinas.

Arthur, a pesar de ser la reina y no el rey, parecía saber exactamente dónde se encontraban cada uno de los libros que necesitaba. Pasó entre los estantes, sacándolos, uno después del otro, y fue apilándolos en el escritorio hasta que casi lució como el escritorio de Yao en la biblioteca.

-¿Quieres que me lea todos estos? –preguntó Alfred, mirando a la pila de libros. Necesitaba información, pero era imposible manejarlo todo incluso con su vida bajo amenaza.

-No, hay más, pero esto es un comienzo –respondió Arthur- ¿Cuánto sabes de nuestro mundo? –preguntó.

-¿Por todo lo que ustedes me han estado diciendo? No mucho –respondió Alfred, dejándose caer en una silla y tomando un libro al azar.

Arthur rodó los ojos.- No te quejes, es poco elegante –dijo, y fue hacia el estante de forma rara, acercándolo al escritorio.- Aquí está –dijo.

El menor se quedó mirando a la caja rectangular. -¿Qué se supone que sea esto?

-Nuestro mundo –dijo Arthur, y giró el rectángulo. Fue entonces cuando Alfred se dio cuenta de que en realidad era un globo terráqueo…excepto que era un rectángulo.

-¿Su mundo es un rectángulo? –exclamó- Eso es imposible. El mundo es redondo.

Arthur alzó una ceja. –Todo el mundo sabe que el mundo es plano, idiota.

-Eso es lo que pensaban hace cientos de años…¿En qué era se supone que están ustedes? –preguntó Alfred, y entonces recordó la bizarra combinación de nacionalidades y extraños anacronismos que tenía este mundo y lo pensó mejor.- No importa, no respondas eso.

-Como sea, hace bastante fácil para nosotros el definir fronteras –dijo el mayor. Detuvo el rectángulo girador que estaba siendo balanceado en el estante justo igual que como lo estaría un globo.- Cada uno de estos lados es el territorio de un reino.

Alfred observó más de cerca al bizarro globo. La verdad, aparte de tener la forma incorrecta y tener masas de tierra que no se parecían en nada a la Tierra, parecía un mapa bastante legítimo. En cada uno de los lados había una etiqueta… Picas, Diamantes, Corazones y Tréboles. Tanto la tierra como el océano estaban tallados sobre el "globo". Parecía que en este mundo, el territorio, tanto tierra como mar, estaba determinado por en qué lado del rectángulo estuvieran la tierra y el agua. Ya que cada lado del rectángulo tenía la misma cantidad de metros cuadrados, el mundo estaba muy justamente dividido entre cada uno de los cuatro reinos, a pesar de que algunos reinos, como Picas, tenían pocas tierra pero muchísimo océano perteneciente. Otros reinos, como Corazones, sólo poseían tierra.

-¿Qué hay en…uh…la punta y el fondo de su mundo entonces? –preguntó Alfred. Después de todo, un prisma rectangular tenía seis lados, pero solo cuatro de ellos tenía el nombre de los reinos. La punta de arriba y el fondo del "globo" rectangular estaban en blanco.

-Nadie sabe –dijo Arthur.- Pero puede ser donde permanecen los Comodines –respondió.

En la punta y el fondo del globo rectangular estaba claramente etiquetado "Aquí hay dragones".

-Okay… ¿pero qué pasa si uno quiere navegar hacia Diamantes? –preguntó el menor, señalando a la línea divisoria entre los océanos de Diamantes y los de Picas. -¿Te caes del borde o algo así? –preguntó.

-No seas tonto, claro que no –dijo Arthur.

-Solo sigues adelante en los océanos de Diamantes – dijo Alfred.

Arthur asintió.

-¿Pero aún así sigues creyendo que tu mundo es un rectángulo? –preguntó Alfred.

-Todos saben que el mundo es plano –repitió Arthur, rodando los ojos, y luego continuó con su lección.- Pero ahora ves por qué seremos los últimos en ser atacados por Corazones –comentó.

Alfred asintió. Corazones y Picas estaban situados en lados opuestos del rectángulo.

-No se las han ingeniado aún para tomar Diamantes o Tréboles, pero no faltará demasiado. Entonces usarán uno o ambos reinos para atacarnos –dijo el mayor.

-Es por eso que debes ayudar a Francis –razonó Alfred.

Arthur asintió. –Así es –dijo- Si no lo hacemos, Corazones nos atacará tan pronto como caigan Diamantes o Tréboles –una pequeña sonrisa sarcástica apareció en su rostro- Aún así, no tenemos que hacérselo fácil a Francis.

Arthur tenía realmente un profundo desagrado por Francis. -¿Por qué lo odias tanto? –preguntó Alfred.

-Porque es el más grande cabeza de chorlito en el entero y puto universo –respondió el mayor inmediatamente.

Alfred alzó una ceja.

-Bueno, es que lo es –dijo Arthur con terquedad- Si hubieras estado ahí cuando crecíamos lo entenderías.

Alfred casi deja escapar una carcajada.- ¿Tienes resentimiento hacia él porque hizo qué? ¿Era un abusador cuando era niño? –preguntó.

Arthur comenzó a ponerse rojo. –No era solo bullying –espetó- ¡Hizo mi vida miserable! Todo el resto de la realeza…nuestro reino es el más cercano a Diamantes, así que siempre venía aquí, pero solo traía a todos sus amigos para molestarme, estúpido infeliz…

-¿Por qué no hacías que tus amigos hicieran lo mismo? –preguntó Alfred. Probablemente no era el mejor consejo que darle a un chico, pero no era como si Arthur, siendo mayor que Alfred por lo menos por un par de años, fuera un niño.

-…La verdad no tenía demasiados… –musitó Arthur.

Lo que Alfred tradujo correctamente a que no tenía ninguno.

Arthur sacudió la cabeza. –Eso no importa, necesitas empezar a estudiar –dijo, y abrió el primer libro. Era casi del tamaño de un diccionario de Oxford extendido y peor, con un texto cubierto en no una fuente tipográfica, sino que en una larga y delgada caligrafía hecha a mano.- La Historia de Picas –dijo Arthur- Comenzaremos con los primeros registros de la realeza.

Alfred inhaló profundamente. Esto iba a tomar un rato.

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Si bien Alfred estaba determinado a estudiar, parecía ser que Arthur estaba igual de determinado para que él aprendiera tanto como pudiera en la menor cantidad de tiempo posible. Arthur era el peor tiránico tutor con el que jamás se hubiera encontrado el menor, y peor aún, parecía saber absolutamente todo lo que había por saber y ni siquiera intentaba fingir que no se enorgullecía de ello.

Arthur también parecía determinado a que Alfred aprendiera cualquier mínimo detalle, desde cuál era el hobby favorito de la 8vo Sota de Picas (mahjong, de entre todas las cosas), hasta cuál era exactamente la política que tenía la 15ta Reina sobre los huérfanos.

Por el tiempo que Arthur llamó "un día", la cabeza de Alfred estaba girando, tenía dolor en el cuello y quería más que nada en el mundo levantarse y hacer algo de actividad física luego de un día entero sentado en un escritorio y memorizando todo lo que el otro le decía. Incluso sus comidas había sido llevadas al estudio y Arthur le había hecho recitar el nombre de cada una de las ciudades, pueblos y villas en toda Picas entre cada bocado.

-Supongo que esto está bien por hoy –dijo Arthur, cerrando el libro justo antes de llegar al más reciente Rey de Picas: el predecesor de Alfred.

El menor dejó salir un suspiro de alivio y se echó para atrás, cerrando sus ojos y masajeándose el puente de la nariz.

-Te tendré un horario listo para mañana – dijo Arthur, y Alfred lo oyó moverse alrededor de la habitación, probablemente devolviendo todos los libros.

-¿Un horario? –preguntó.

-Para tu entrenamiento –respondió Arthur- Aún tienes que entrenarte físicamente…haré que Tim te ayude con eso, aunque también estará ocupado con el resto de los caballeros –dijo- Y luego están todo el resto de las cosas sobre Picas que te quedan por aprender…

-¿Esto no es suficiente? –preguntó incrédulo Alfred.

-Claro que no. Lo de hoy fue tan solo un vistazo de nuestra historia –respondió el mayor- Tendrás que memorizarte el mapa de Picas, claro, y todos nuestros recursos, finanzas, población…

Alfred gimió. Todo había sonado mucho más fácil en su cabeza cuando había decidido aprenderlo todo la noche anterior. Saber todo lo que había sobre un país era mucho más difícil de lo que sonaba.

-Y claro que tendremos que ver también los procedimientos militares y las estrategias –continuó el otro- Cuando vayamos a la batalla, nadie esperará que pelees demasiado, claro está, siendo nuevo…pero será una ayuda moral si estás dando aunque sea una orden o dos en el campo de batalla.

Alfred levantó un poco la cabeza al oír eso. Al menos eso sonaba más interesante.

-Y también tendremos que ver algo sobre los otros reinos y su historia –dijo el mayor- Y después de eso también la etiqueta y…

-¿Etiqueta? –interrumpió Alfred.

Arthur le dio una mirada seria. – Eres un rey ahora. No puedes ir por ahí actuando como el…el inculto niño que eres –dijo- Una vez que las noticias comiencen a dispersarse, nuestra gente esperará que actúes como un rey. Cuando el resto de la realeza y nobles vengan a la ceremonia, no puedes arruinarlo. No podemos mostrar ningún signo de debilidad.

-Okay, okay –dijo el menor, alzando las manos en rendición.

Arthur suspiró y, para sorpresa de Alfred, dio unos pasos más hacia él y dio unas palmaditas en la cabeza al menor como cuando era un niño.- Lo hiciste…lo hiciste mejor de lo que esperaba –dijo luego de un momento- Tienes una buena memoria. Esto es mucho que asimilar.

Ya que todo lo que Arthur había hecho todo el día había sido hacer practicar a Alfred sin descanso, este estaba bastante choqueado por el inesperado cumplido-o-algo-así, y extrañamente, se sintió feliz por la aprobación del mayor…probablemente porque Arthur era como un temible sargento de prácticas o profesor.

-Uh…gracias…creo – dijo Alfred.

Arthur tosió y apartó la mirada. – Como sea, descansa un poco esta noche. Mañana tendrás un largo día.

-Okay –dijo Alfred, y cuando Arthur pareció estar esperándolo, le incentivó a seguir. – Tú adelántate. Solo voy a revisar una vez más.

Arthur asintió y se fue. Tan pronto como la puerta se cerró tras él, el menor dejó escapar un suspiro y se recostó en su silla. Moría por hacer algo de ejercicio físico, pero parecía que de mañana en adelante iba a estar aún más ocupado. Ya que Arthur se había ido, él podía empezar con la búsqueda que había estado esperando para hacer.

La torre estaba iluminada por lámparas que ellos habían encendido, y ahora Alfred se paró, estirándose, y comenzó a buscar fila tras fila de libros. Había más aquí que en sus recámaras, y seguramente, encontraría varios libros de magia en inglés que podría comenzar a leer. Desafortunadamente, una vez que se puso en ello, empezó a darse cuenta de que había mucha más magia que tan solo decir "hocus-pocus". Cada uno de los libros comenzaba hablando sobre poder y se explayaba sobre magia natural y otras filosofías que sonaban muy de yoga. Incluso en los que se mencionaba un par de hechizos sencillos, los conjuros tendían a ser cosas como pociones ya preparadas como una cura mágica para verrugas y cosas inútiles parecidas.

En ningún lado encontró Alfred algo sobre el viaje entre mundos, y luego de dos horas de infructífera búsqueda, decidió que su cerebro ya no daba más y se volvió a sus dormitorios.

Se durmió tan pronto como cayó en la cama.

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Alfred se sintió como si recién se hubiera ido a dormir cuando lo sacudieron para despertarse de nuevo.

-Alfred, levántate.

El menor solo gimió y trató de hundirse más en su almohada.

-Alfred.

La sacudida fue insistente, hasta que finalmente Alfred se dio la vuelta y ojeó a Arthur. - ¿Qué hora es? – preguntó, grogui, mientras se frotaba los ojos con las manos.

-Cinco y media – respondió Arthur.

-¿Qué? ¿Tenemos que empezar a entrenar a las cinco y media? Eso es cruel, y un castigo inusual… -dijo Alfred, a pesar de que sabía que tenía que entrenar tanto como le fuera posible…solo que su cuerpo no accedía en ese momento.

-No, no es el entrenamiento –respondió el mayor- Ha habido reportes de un posible espía.

Alfred se despertó un poco más al oír eso. -¿Un espía?

-De Corazones –afirmó el otro- Uno de mis centinelas reportó haber visto a un extraño en el bosque, justo en las afueras de la ciudad. Si ya están planeando algo, necesito investigarlo –dijo.

El menor se sentó un poco más erguido y bostezó mientras trataba de alcanzar sus anteojos. - ¿Entonces por qué me lo dices?

Arthur los tomó de la mesita y se los entregó, rozando los dedos del menor al hacerlo. –Necesito investigar y pensé…ya que tú eres…fuerte…-terminó en un murmullo.

El otro estaba completamente despierto ahora.- ¿Quieres que te proteja? –preguntó, y no pudo evitar sonreírle.

Arthur lo miró de mala manera. –Claro que no. Puedo pelear mucho mejor que tú –dijo – Solo necesito alguien que me cubra. Esto no debería ser algo complicado, así que será una buena experiencia para ti.

Alfred se encogió de hombros y sonrió un poco más. – Como tú digas.

Arthur rodó los ojos y se levantó de la cama de Alfred. –Vístete. Me encontraré contigo en la puerta –dijo, y se fue.

Cinco minutos después, Alfred trotaba hacia la puerta del castillo donde efectivamente, ya estaba Arthur. El mayor frunció el ceño tan pronto lo vio. -¿Qué estás vistiendo? –demandó.

Alfred observó a la remera plana y los pantalones sueltos que había estado usando desde que llegó a Picas. -¿Qué tiene de malo?

-Vas a tener frío –dijo el mayor – Son las cinco de la mañana.

Estaba algo frío fuera, pero Alfred pensó que iban a estar corriendo alrededor de todas formas, así que se calentaría. – Está bien. Vámonos –dijo.

Arthur suspiró. –No me culpes si coges un refriado –dijo. Él estaba vestido en una larga capa azul del color de la bandera de Picas y parecía estar bastante calentito a decir verdad, aunque Alfred se preguntaba cómo se suponía que no iba a destacar llevando una capa como esa. Aunque, el bosque que los rodeaba era innaturalmente azul, así que quizá Arthur se camuflara allí.

A esta hora de la mañana, el cielo recién comenzaba a aclarar y la mayoría de los negocios estaban cerrados. Solo el ocasional farolero o panadero se encontraba fuera, y a nadie parecían importarle Alfred y Arthur mientras caminaban por las silenciosas calles.

Para el momento en que dejaron las puertas de la ciudad estaba más claro y más gente comenzaba a salir. Había un par de guardias parados en las puertas y luego de una breve conversación, uno de los guardias les dejó pasar por una puerta lateral a la principal.

Arthur no dijo demasiado, pero parecía saber exactamente a dónde ir. Alfred se preguntó brevemente si esta era una trampa para él…tal vez Arthur planeaba matarlo ahora que estaban solos y nadie lo sabría. Pero si eso era verdad, se dijo a sí mismo, Arthur se habría difícilmente quejado sobre lo que Alfred estaba vistiendo.

Más allá de las murallas de la ciudad había un montón de cabañas y campos, pero también había partes de la pared que limitaban con el bosque alrededor, y allí era a donde se dirigían ahora. Como la primera vez en que Alfred había estado en el bosque, parecía pacífico y tranquilo con su extraña flora y fauna azulada. Tan temprano en la mañana, era incluso más silencioso y solo se oía el ocasional canto mañanero de los pájaros.

-¿Sabes dónde está? –preguntó el menor mientras avanzaban.

-El espía fue avistado cerca de esta área, así que solo tendremos que observar –dijo Arthur – Si tenemos suerte, aún no se ha movido.

Eso significaba que iban a merodear más o menos por un rato, aunque cada tanto, Arthur se detendría y observaría ramita rota o algún arbusto machucado.

-¿Eres un sabueso o algo así? –pregunto el menor.

-Shh, mantén tu voz baja, estúpido –respondió el otro.

-No hay nadie alrededor –dijo Alfred.

Arthur exhaló. – Estamos yendo tras un posible espía en estos momentos. E incluso si el espía no estuviera haciendo bien su trabajo, si asustas a algún animal o pájaro, podría delatar nuestra posición, así que mantente callado.

Alfred tuvo más cuidado en mantenerse en silencio luego de eso, aunque era difícil. Arthur parecía poder caminar muy rápido y silenciosamente, como uno de esos expertos cazadores en las películas. Alfred, por el otro lado, estaba comenzando a darse cuenta de qué tan inexperto era, porque parecía crujir y hacer ruido con cada paso.

Alfred aún estaba tratando de mantener el ruido a lo mínimo y alcanzar al otro, cuando Arthur se detuvo abruptamente, tomando el brazo de Alfred e impeliéndole a quedarse callado.

Alfred se congeló, mirando y escuchando por lo que fuera que Arthur hubiera oído.

Luego de un momento, ese algo apareció en la forma de un leve ronquido que Alfred podía oír bajo el pasajero silencio de las aves.

-¿El espía está durmiendo? –susurró.

Arthur lo miró con reproche y Alfred se calló, aunque dudaba que la persona roncando fuera a oír su susurro.

Ellos solo se pararon y escucharon por un momento, pero cuando los suaves ronquidos del espía continuaron, Arthur comenzó a adelantarse. Alfred le seguía de cerca, y luego de rodear un pequeño grupo de árboles, vieron a su espía.

-¿Él es una chica? –preguntó Alfred.

Arthur le dio un codazo en el estómago justo cuando la chica se estiraba. Entonces, en un instante, Arthur estaba mirando con reproche a Alfred, y al siguiente, Arthur estaba a dos yardas y tenía a la chica sobre su estómago, con su mano doblada tras su espalda, medio estrangulándola.

La chica gritó y Alfred inmediatamente saltó a la acción también, quitando a Arthur de sobre la pobre joven.

-¡Qué mierda te crees que estás haciendo, estúpido imbécil! –maldijo el mayor cuando Alfred lo levantó.

-La estás lastimando –dijo Alfred, con sus brazos alrededor del estómago de Arthur. Él era fuerte, pero el mayor peleaba como un gato montés y eso era todo lo que podía hacer para evitar ser codeado en la cara.

-¡Es una maldita espía, idiota! –gritó el otro, pateando y tratando de soltarse incluso cuando Alfred lo retenía.

Mientras tanto, la chica parecía demasiado sorprendida llorando y lucía demasiado confundida como para escapar.

-¡Es una niñita! –le gritó Alfred – Geez, ¿qué es esto? ¿Tortura? Eso es ilegal…

-En tu mundo quizás –respondió Arthur, pero finalmente pareció calmarse cuando la espía no parecía tener intenciones de irse a ningún lado y tampoco él – Bájame –dijo.

Alfred lentamente puso a Arthur en el suelo. El mayor parecía tener un pequeño y problemático debate interno entre matar a golpes a Alfred o tomar a la espía. Afortunadamente, la espía, ya recobrada de su susto inicial, comenzó a alejarse de ellos, lo que impulsó a Arthur a sacar una espada que el menor ni siquiera le había notado cargar.

-Siéntate y alza las manos –ordenó.

La chica lentamente se sentó e hizo lo que se le decía. Ahora que la observaba mejor, Alfred vio realmente que ella era muy joven…probablemente no tenía más de dieciséis años, y tenía cabello oscuro, piel bronceada y un par de coletas.

-¿Quién eres? –preguntó Arthur, avanzando hacia ella.

-Seychelles –respondió la chica en cuanto vio la espada avanzando con el otro.

-Eres una espía de Corazones - afirmó Arthur, tanteando uno de sus listones con la punta de su espada. Tenían la forma de unos corazones.

Luego de un momento, Seychelles dio un asentimiento rápido.

La mirada de Arthur se transformó en una de las más intimidantes que Alfred hubiera visto jamás en una persona. - ¿Por qué estás aquí? – demandó - ¿Quién más está contigo? Esos bastardos de Corazones.

-¡Estoy sola! –dijo Seychelles.

-Mientes. Corazones nunca enviaría a una niña sin experiencia como tú a espiar para ellos –dijo Arthur.

-¡Es la verdad! –dijo la chica, indignada – Vine por mí misma porque si pudiera conseguir información útil, la realeza de Corazones podría ayudarme…

Alfred se perdió a la mitad de camino de su lamentable historia que era algo así como que su familia solía ser de la nobleza rica de Corazones, pero de alguna manera sus tierras habían sido confiscadas y ahora, como la hija mayor, se esperaba que Seychelles cuidara del resto de su familia y los proveyera. De alguna forma, se le había metido en la cabeza que ya que era demasiado joven como para meterse en la milicia de Corazones, podría bien hacer algo de espionaje amateur por sí misma, llevar la información de regreso, y cambiarla por la devolución de la propiedad de su familia. Sonaba completamente increíble, pero ya que este mundo estaba tan loco, Alfred supuso que posiblemente podría ser verdad.

Arthur parecía estar tan inclinado a creerle como Alfred pensaba, y parecía haber decidido que la mejor manera de sonsacarle la verdad era el gritarle un montón.

-¡No hay forma de que eso sea verdad, mentirosa! –dijo Arthur.

-¡Y tú qué sabes, monstruo cejudo! –le gritó Seychelles como respuesta. Aparentemente, no sólo la chica no era una buena espía, sino que tampoco era una buena prisionera. Luego de recobrarse del shock inicial de ser asaltada mientras dormía, se había recuperado bastante bien.

-No hay nada malo con mis cejas –le gritó Arthur, y tiró de una de sus coletas - ¡Dime la verdad!

Seychelles aulló. - ¿Qué pasa contigo? ¡Esa es la verdad!

Alfred no estaba muy seguro de los métodos de interrogación de Arthur, pero justo en ese instante captó una fugaz visión de movimiento en una esquina.

Arthur había mencionada que podría haber más de un espía, según recordó Alfred. Frunció el ceño, mirando de reojo en dirección del movimiento, pero no pudo ver otra cosa más que árboles y leves rayos de sol.

Luego la visión volvió, pero más definida esta vez. Alfred se frotó los ojos. Volteó a ver a Arthur y a Seychelles, pero el mayor estaba bastante ocupado. Si este era otro espía, Alfred estaba bastante confiado de poder atraparlo con su súper fuerza de todos modos, así que se acercó allí, siguiendo el extraño parpadeo. A veces creía que podía ver la sombra de una persona, y otras veces, era como el destello proveniente de un arma de metal.

Alfred caminó por entre los árboles, los continuos gritos de Arthur escuchándose cada vez más distantes, y esta vez, tuvo la certeza de oír una risa infantil.

Las sombras parpadearon nuevamente y la risa se oyó más fuerte…más cerca esta vez. En las películas de horror y en los videojuegos, los bosques como en el que él se hallaba ahora con sombras atemorizantes que estaban acompañadas de risas infantiles siempre significaban fantasmas o hadas. Y ya que las hadas no existían…

Alfred tragó. Oh, Dios, él sabía que tendría que haber cuestionado un poco más al mayor sobre qué tipo de extrañas criaturas vivían en Picas. Tenían un castillo viejo, había caballeros y magia, claro que habría fantasmas. Y si bien Alfred estaba orgulloso de decir que no tenía muchos miedos…tenía un miedo irracional a los fantasmas, porque no había mucho que pudieras hacer para defenderte de uno. Al menos a las cosas como insectos grandes o psicópatas locos podías golpearlos si todo lo demás fallaba. No había nada que pudieras hacer contra un fantasma y justo ahora, Alfred estaba en un bosque encantado infestado de fantasmas.

Esta vez, un tenue resplandor acompañó a la risa, y Alfred estuvo seguro de captar la figura de un niño vestido de marinero solo por un momento.

-¡Oh, mierda Arthur! ¡Fantasmas! –gritó el menor.

Desafortunadamente, él se había alejado tanto que ahora el sonido de la diatriba de Arthur no era más que un murmullo de fondo, probablemente porque Arthur no podía oír a Alfred por sobre el sonido de su propia voz.

-¡Piensa que somos fantasmas! –dijo la voz infantil, y luego se devino en una carcajada.

Aún más cerca esta vez, Alfred vio el resplandor y la forma del niño aparecer por solo un momento. Para peor, parpadeantemente apareciendo a su lado había un fantasma mucho más alto y con ojos rojos. Había más de un fantasma.

El más alto de los dos rió disimuladamente. - ¿Asustado de los fantasmas, pequeño rey? –preguntó.

Los ojos de Alfred se agrandaron.

-Vamos a embrujarte –dijo el fantasma más pequeño, moviéndose rápidamente en torno a Alfred. Donde pasaba, Alfred sentía escalofríos, como una brisa helada atravesándolo.

-Seh, te seguiremos cuando te vayas a dormir, cuando comas, cuando vayas al baño –dijo el fantasma más alto, rodeando también a Alfred y riendo.

-Whooooo –dijo el más pequeño meneando los dedos frente a Alfred.

-Oh, como si él fuera a caer en e-

Alfred gritó más fuerte de lo que creía capaces a sus cuerdas vocales. Realmente eran fantasmas. Y si, él sabía que tenerle miedo a los fantasmas era estúpido. Técnicamente los fantasmas no podían hacerle nada, siendo incorpóreos y eso, así que si Alfred no podía golpear a un fantasma, no era como si un fantasma pudiera golpearlo a él. Desgraciadamente, la lógica no tenía nada que ver con un miedo irracional cuando se trataba de fantasmas realmente vivos…bueno, muertos.

-¡Oye, Picas va a tener un mal rato si eres el rey, cállate! –exclamó el fantasma más alto - ¡No somos fantasmas!

Alfred dejó de gritar. - ¿No lo son? –preguntó luego de un momento de duda.

Era muy difícil no volver a empezar a gritar de nuevo cuando los fantasmas parecían brillar y luego materializarse por completo frente a él. En su lugar, Alfred terminó con la boca abierta observándolos, demasiado choqueado como para hacer nada en absoluto.

-Cierra la boca –dijo el más alto del par. Realmente tenía ojos rojos, pero eso parecía ser porque era un albino. Su cabello era completamente blanco y su piel tenía un innatural color pálido. El más pequeño de los fantasmas lucía shockeantemente como una versión en miniatura de Arthur. Al menos, el chico parecía tener las mismas cejar y el mismo color de cabello. No podía tener más de doce años.

-¿Qué son? –preguntó por fin Alfred.

El fantasma más pequeño sonrió. -¡Somos awesome!

-No, yo soy awesome –dijo el más alto – Tú eres mi aprendiz de genialidad, entiéndelo de una vez.

Alfred estaba comenzando a superar su miedo inicial, porque estos fantasmas estaban actuando mucho menos tenebrosamente de lo que había esperado. Tampoco parecían estar allí para atacarlo.

-Como sea, soy Gilbert "el Genial" Beilschmidt, y este es Peter "el Camarón" Kirkland –dijo el más alto, señalándose a sí mismo y al más bajito.

-¡No soy un camarón! –protestó Peter.

-Claro que lo eres, comparado conmigo –dijo Gilbert, sonriente.

-¿No son fantasmas? –interrumpió Alfred, confuso, pero mucho menos asustado de lo que estaba antes.

-Nope, ¡somos Comodines! –dijo Peter, sacando pecho.

-¿Qué? –preguntó Alfred - ¿Qué son los Comodines?

-Aw, el pequeño rey no sabe nada, ¿no es así? –dijo Gilbert. La forma en la que el albino hablaba alternativamente hacía a Alfred querer golpearlo en la cara o simplemente ignorarlo. – Estamos aquí para advertirte, estás en un terrible peligro –dijo Gilbert- Necesitas irte de Picas inmediatamente.

Alfred se detuvo y lo miró. - ¿Peligro?

-Terrible peligro –añadió Peter.

-¿Qué? –Alfred ya sabía del plan de Arthur y Yao para matarlo. También estaban los posibles futuros asesinos una vez que Corazones se enterase de la existencia de Alfred. Pero no se suponía que nadie supiera de ninguno de los dos. O tal vez había un tercer peligro del que tendría que cuidarse.

-Es…

-¡Alfred!

Alfred se volteó hacia la voz de Arthur.

-Alfred, ¿dónde estás? –Arthur sonaba preocupado, pero probablemente había oído a Alfred gritar.

Los Comodines comenzaron a parpadear nuevamente a medida que la voz de Arthur se acercaba.

-¡Esperen! ¿Qué peligro? –preguntó Alfred, tratando de alcanzarlos y tocarlos, pero sus dedos sólo rozaron aire.

-Están viniendo –dijo Peter, sus ojos azules solo destellando visiblemente por un instante antes de desaparecer por completo.

-Hay una forma de que vuelvas a tu hogar –dijo Gilbert.

-¿Cómo? –demandó Alfred, pero para entonces ambos Comodines no eran más que débiles parpadeos en la luz nuevamente.

-Nos estamos viendo, pequeño rey –la voz de Gilbert se desvaneció incluso hasta que la silenciosa risita disimulada se perdió.

Un momento después, Arthur apareció de entre los árboles, jadeando y arrastrando a una luchadora Seychelles con él.

-¿Dónde te habías ido? ¿Estás bien? –demandó el mayor. Pareció olvidarse de Seychelles en cuanto vio al otro, y la soltó, corriendo hacia Alfred en su lugar -¿Por qué gritabas?

-Estoy bien –dijo Alfred mientras Arthur limpiaba el polvo de sus hombros y lo inspeccionaba en busca de heridas –En serio Arthur –dijo de nuevo cuando Arthur seguía quejándose - ¿No deberías tan sólo dejarla ir? Se está escapando –señaló cuando Seychelles, aprovechando la oportunidad, comenzó a alejarse de nuevo.

Arthur pareció recordarlo y dio una mirada a la chica, que se congeló.

-¿Qué? –preguntó Seychelles – No es como si hubiera conseguido alguno de sus secretos. Bueno, excepto que te encontraste a un rey –dijo, mirando a Alfred – Pero no es como si eso fuera a ser un secreto por mucho tiempo –añadió rápidamente.

Arthur dejó de palpar a Alfred en busca de lastimaduras y miró a la chica. –Cierto –dijo, enderezándose de nuevo – Podría usarte como un ejemplo de lo que Picas hace a sus enemigos… -dijo lentamente, y aunque era algo implícito, Alfred podía imaginar por el escalofriante tono de voz de Arthur que no iba a ser nada placentero.

Seychelles tragó.

-Pero creo que nos servirías igual enviándole un mensaje a tu preciosa realeza de Corazones –terminó Arthur- Puedes decirles que hiciste tu trabajo y descubriste nuestro secreto. Picas tiene un nuevo rey y si se atreven a atacarnos, ganaremos la guerra –dijo, acercándose más a Alfred.

Arthur puso un brazo alrededor de la cintura de Alfred con un severo pinchazo de advertencia en su espalda, y Alfred supo instintivamente, lo que el mayor quería que hiciera. Necesitaban mostrarle a Seychelles la unidad y el poder que tenían ahora…necesitaban tener el control. Así que Alfred hizo su mejor esfuerzo para no ponerse tenso ni encogerse, pero alargó su propio brazo alrededor de los hombros de Arthur, acercándolo aún más. Sentía la calidez del otro contra él, su cabello rozando su propia mejilla, y luego, cuando Arthur inclinó la cabeza, su nariz presionando bajo la mandíbula de Alfred.

Alfred mantuvo su vista fija en Seychelles, y supo que Arthur también, a pesar de la gentil fachada de falsa afección. –Puedes decirle a tu Rey, Reina y Sota, que están todos invitados a nuestra boda –dijo Arthur.

El menor podía sentir la mano de Arthur en su cadera, pinchándole cuando se sobresaltó un poco…una advertencia.

Bueno, si Arthur pensaba que no podía actuar como un rey…Alfred cambió de posición, mirando a Arthur, cuyos ojos seguían vigilando a Seychelles. Si el mayor quería un show, entonces Alfred se lo daría.

Alzó la barbilla de Arthur con su mano libre, observó cómo los ojos del otro le miraban y se agrandaban sólo un poco, y entonces Alfred lo besó.

No fue gentil, o curioso, o cariñoso. Si Arthur quería demostrarle a la chica quién era el nuevo rey, Alfred lo obligaría, así que el beso hirió y era posesivo, incluso a pesar de que Alfred no tenía idea de lo que estaba haciendo y nunca hubiera besado a nadie antes de esa manera. Todas sus relaciones pasadas habían sido ligeras, fáciles, dulces, y en nada como esto. No pensó en cómo se sentía o cómo Arthur respondió y a Alfred no le gustaba estar haciendo esto cuando Arthur era la última persona con la que jamás querría una relación, pero tenía que ser convincente porque sabía que Yao y Arthur estaban vigilando todos sus movimientos, había posibles asesinos listos para matarlo, y ahora estaba este nuevo peligro del que le advertían los Comodines. Tenía que jugar su papel bien hasta que descubriera cómo volver a casa. Así que Alfred besó a Arthur y se sintió pésimo cuando oyó el jadeo de Arthur contra sus labios, mientras él reclamaba Reina y país para sí mismo.

Cuando se separaron, los ojos de Arthur se abrieron lentamente, sus labios rojos y mojados. –Alfred… -dijo.

Él sintió como si debiera disculparse, aunque no quería, preguntar si había lastimado a Arthur, pero Arthur era quien había demandado esto de su parte, y Alfred se sentía nada más que como un sucio imbécil por lo que acababa de hacer.

Seychelles tosió, y Alfred se puso contento de volver su atención hacia ella y alejarse un paso del otro.

Ella lucía probablemente más avergonzada que Arthur, sonrojada y muy incómoda. –Yo…uh…me iré yendo entonces… –dijo.

Alfred dio un asentimiento rápido y la chica voló.

Cuando ella estaba finalmente fuera de la vista y él se dio cuenta de que no podía retrasarlo mucho más, se volteó hacia Arthur…Arthur, quien estaba tocando sus labios y aún miraba a Alfred con algo en sus ojos que el otro no podía entender.

Alfred inhaló profundamente. -¿Suficiente buena actuación para ti? –preguntó.

Él no esperó a ver la expresión de Arthur y se dio la vuelta, encaminándose para la ciudad.

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*No pude encontrar qué significaba o_o y no tengo idea del holandés.

*Tosser es parte de la jerga británica para imbécil, egoísta, auto-indulgente.

He cambiado algunos insultos de Arthur para pasarlos a lo más cercano al español. Los británicos tienen algunas palabras extrañas, pero los amo igual XD

Alright, creo que eso es todo, nos vemos en el próximo capítulo!