Al día siguiente de todo lo ocurrido, los hermanos dejaron el hospital. En la puerta se despidieron de Jo, diciéndole que debía de ir a ver a su madre, porque estaba muy preocupada por ella. Por otro lado, James les dijo que no se fueran muy lejos, por si necesitaban ayuda, porque sabía que el grupo de vampiros querían recuperar al niño a toda costa y además debían de estar muy disgustados con ellos por haber matado a uno de los suyos.
"Estaré por aquí si me necesitais." El cazador, que tanto les recordaba a su padre, les dejó su número de teléfono y se alejó hasta llegar a su coche. Trás escuchar sus palabras Dean sintió que al fin alguien les había dicho lo que tanto hubiera deseado escuchar de los labios de su propio padre, pero nunca había conseguido, que había alguien ahí fuera para protegerlos en caso de necesidad.
Todavía cogeando, Dean se acercó a la puerta del Impala, el cual lo había traído James la noche anterior. Abrió la puerta y fue a sentarse, listo para marcharse, cuando al mirar hacia Sam, este no se había movido de donde estaba. Llevaba al niño en brazos, que dormía a pierna suelta.
"¿Vienes?"
"Creo que tendríamos que hablar." Sam necesitaba saber lo que pasaba por la mente de su hemano desde que toda la historia de la nueva paternidad se le había venido encima, igual que un aluz de nieve. Sin embargo apenas habían tenido tiempo para estar sólos y no tenía ni idea de lo que rondaba los pensamientos de Dean en aquellos momentos, aunque por lo que podía leer a través de sus ojos, su hermano no estaba pansando por el mejor momento.
"¿Sobre qué?" Dean encendió el motor y espero a que su hermano subiera al coche.
"Dean, las cosas han cambiado por completo. ¿Te das cuenta de lo que esto significa?" Sam procuró no levantar la voz para no despertar a la criatura. "Es tu hijo, Dean. Estamos hablando de que este es tu hijo y que una banda de vampiros van a venir por él. ¿No crees que sería un buen momento para que hablaramos?."
Dean suspiró y miró al horizonte, antes de salir del coche y volverse otra vez hacia su hermano. "Lo que creo, es que sería bueno que nos marcháramos de aquí cuanto antes, no tardará mucho en anochecer y a esos vampiros no les costaría mucho encontrarnos si nos quedamos aqui hablando. ¿Qué tal si dejamos la charla para un poco más adelante, te subes al coche y nos marchamos ya?."
La mente del mayor de los Winchester, estaba llena de pensamientos contradictorios, como si una cantidad innumerable de voces distintas le hablaran al mismo tiempo y no pudiera escucharlas a todas, o lo que era peor, no era capaz de entender con claridad a ninguna de ellas.
Sin embargo, también sabía muy bien que Sam tenía razón, tenía que hablar con alguien de todo lo que había pasado en esos días y dejar salir todas sus dudas y su miedos por un futuro que a partir de ese momento se presentaba totalmente incierto.
Dean siguió con mirada a su hermano, que finalmente había decidido hacerle caso y subir al coche, sin decir nada más por el momento.
Dean sonrió al ver a Sam con el niño. Le recordaba a su padre cuando Sam era todavía un bebé, tenía la misma forma de cogerlo, de tratarlo, de acunarlo en sus brazos y por un segundo, sintió celos de su hermano, porque por mucho que lo había intentado durante los dos días anteriores, no había sido capaz de sentir lo mismo que veía reflejado en los ojos de su hermano en ese mismo instante, ese amor que estaba creciendo en su interior. Dean estaba tratando de evitarlo, de negar que existiera.
Pero eso, no podía decírselo ahora mismo a Sam, no podía contarle que tenía miedo de crear nuevos lazos sentimentales hacia ese niño inocente, porque temiera poder perderlo para siempre si llegaba a quererlo demasiado, igual que le había ocurrido con su madre, con su padre, con todos los que amaba y no quería sentir la misma angustía si le ocurría algo, que la que sentía siempre que Sam estaba en peligro. No se sentía capaz pasar por lo mismo otra vez.
Se alejaron todo lo que pudieron del hospital, hasta que ya fue noche cerrada y al final, se detuvieron a pasar la noche, en el primer sitio que encontraron.
En todo el camino, apenas habían hablado. Sam no quería forzar a su hermano, obligarle a sacar una conversación, que en ese momento no estaba dispuesto a tratar. Ya sabía que si lo hacía no lograría nada. Simplemente se había concentrado de mantener caliente al pequeño; la noche había llegado fría y lo rodeó con su chaqueta para que no lo sintiera ningún frío.
De vez en cuando, miraba a su hermano, pero lo veía absolutamente concentrado en la carretera, como si no existiera nada más en el mundo que el horizonte. En todo el rato, Dean no pronunció ni una sola palabra, lo cual preocupó a Sam, pero decidió dejarlo estar y esperar pacientemente.
Dean llevaba un rato dándole vueltas a la noche en la que según le había dicho Jo, el niño había sido concevido y si no le hubieran dicho nada, jamas hubiera pensado que aquella chica fuera un vampiro.
Pensó que había sido una de tantas noches, hasta que finalmente recordó que esa noche hubo algo distinto, algo en lo que no había caído hasta ese momento. La chica le había dado algo, una bebida extraña que no reconoció, pero que el se tomó sin pensar, por la euforia del momento. "¿Cómo pude ser tan estúpido?." Esa bebida debió de drogarle o algo parecido para que no se diera cuenta de quien era en realidad su compañera de aquella noche.
Cuando llegaron a la habitación, Sam le puso en los brazos al niño y le dijo que cuidara de él mientras él se daba una ducha. Antes de que Dean pudiera decir nada, se dio media vuelta, se metió en el baño y cerró la puerta detrás de él.
Por mucho que lo intentaba, no podía aguantarlo más, no podía ver a su hermano alejándose poco a poco de una situación que no podía negar, de un hijo que, aunque no quisiera reconocerlo, estaba allí, delante de sus ojos y por mucho que quisiera, no podría mirar hacia otro lado por mucho más tiempo. Por eso había decidido hacer que la realidad fuera a él, que se tuviera que enfrentar directamente a ella de una vez por todas.
Dean vio cerrarse la puerta del baño y anduvo unos pasos hacia ella, pero no pudo continuar pues escuchó los balbuceos del niño, que después varias horas, finalmente se había despertado. Dean lo miró y suspiró, sabiendo que no podía hacer nada. El niño, también lo miró a él y entre balbuceos levantó las manos, tratando de tocarle la cara con sus diminutas manitas. Dean no pudo remediar una sonrisa.
Un pinchazo le atravesó la pierna, todavía la tenía dolorida y necesitaba sentarse. Dejó a la criatura en la cama un momento y se quitó la chaqueta, luego se acercó a él, quien levantó los brazos para que lo cogiera de nuevo y le sonreía alegremente.
Se sentó en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y puso al niño entre sus piernas. Lo miró durante un buen rato, sus movimientos, sus ruiditos, que algún día se convertirían en palabras y sobretodo se fijó en el brillo de sus ojos, el mismo que había visto tantas veces en su padre y en su hermano, una mirada intensa, que podía atravesar el alma de cualquier persona y que este pequeño también tenía y que le hacía pensar en su padre.
Una lágria involuntaria corrió por la mejilla de Dean, el comienzo de una sacudida emocional que estaba empezando a recorrer su cuerpo y que había tratado de impedir por todos los medios desde que Jo le había colocado en los brazos a aquel bebé.
Miró hacia el baño con los ojos humedecidos y entendió entonces, que Sam lo había hecho a propósito, que lo había dejado sólo con el niño a posta, para que por fin se enfrentara a sus sentimientos.
"Muy bien." Dijo por fin el voz alta, mientras, con una mano acariciaba la suave mejilla del niño. "¿Con que has venido para quedarte, eh?." Una de las pequeñas manitas del bebé atrapó uno de sus dedos y lo retuvo con toda su fuerza. "Pues yo no quiero esto sabes, no estoy preparado. Ahora no. Ya tengo bastante con ser responsable de que no le suceda nada a mi hermano, no puedo tenerte también a ti a mi cargo." El pequeño lo miró a los ojos, parecía entender sus palabras porque en sus ojos, Dean vio la mirada de su padre de nuevo y eso volvió a darle ganas de llorar otra vez, pero no lo hizo. "¿Por qué no apareciste antes?, ¿Por qué no pudo saber papá de tu existencia, de que había sido abuelo?."
"Estoy seguro que lo sabe y que está orgulloso de ello, de ti." Dean levantó la cabeza y se encontró con su hermano apoyado en el umbral del baño.
"¿Cuanto llevas ahí?"
"Lo suficiente como para descubrir lo que realmente pasa por tu cabeza, lo que no querías decirme antes y lo que yo necesitaba saber. Dean, soy tu hermano, después de todo lo que hemos pasado," dijo Sam acercándose a la cama. "creo que tengo derecho a que me cuentes estas cosas, porque te quiero y no puedo soportar verte mal, verte sufrír sin que lo compartas conmigo."
"Lo se, Sam."
"¿Entonces?"
"Tengo miedo. Miedo de despertarme una mañana y de ver que no está." Dijo el mayor de los hermanos, mirando al niño. "De que se lo haya llevado finalmente el gurpo de vampiros y de perderlo para siempre. La idea de perderos a alguno de los dos me da pánico sólo de pensar en ello."
"Pero no vamos a dejar que eso pase, te lo prometo. Tu siempre has dicho que sientes la responsabilidad de protegerme, ¿pero que hay de mi?, yo también siento eso ahora mismo, pero hacia vosotros dos. Ahora él es uno de los nuestros."
"Tienes razón." Dean suspiró aliviado después de haber dicho todo lo que sentía; cogió al niño en brazos y lo miró durante unos segundos antes de volver a hablar. "Bienvenido a la familia John Winchester."
