Boku no hero academina no me pertenece si no a Kohei Hirokoshi
¿POR QUE TENGO UN MAL PRESENTIMIENTO SOBRE ESTE REINO?
El mago me dijo una vez "Si retiras la espada de esta piedra dejaras de ser humano" a lo que yo respondí "un rey nunca es humano"
Izuku miraba desde su habitación la fiesta que aún estaba en pleno apogeo, las hadas servían agua miel mientras bailaban jugando con los huéspedes e imitaban el cantico rítmico de las luciérnagas.
-Madre tierra, si puedes escucharme. Ruego por aquellos a los que amo y admiro- entre sus manos tenía una flor de llanto de luna. A pesar de las advertencias de su madre sobre su poder, la curiosidad no la dejaba dormir por las noches así que muy a su pesar tomo un poco de las reservas de la alacena mientras nadie miraba.
Se quitó su bata y camino con nervios a la cama, suspiro acomodándose para dormir. Solo una vez más vería el futuro antes de partir, ya lo demás se lo dejaría al destino. Temblando comió toda la flor cerrando los ojos, esperando que esta hiciera su efecto.
Y de nuevo ahí estaba, flotando entre las estrellas aunque unas eran más brillantes que otras. Se acercó a una que le llamo la atención, parecía agonizante ya que su color era similar a la obsidiana y parecía llorar.
-Por favor muéstrame la causa de tu dolor pequeña- el abrazo tratando de darle un poco de calor. Sintió el frio en sus hombros y el cambio del paisaje le dejo sorprendida, un blanco tan puro cubría todo el horizonte. Había plantas pero estas habían perecido hace mucho tiempo, se dio la vuelta encontrándose un campamento, camino hacia ese lugar mirando como los pobres hombres que hacían guardia tenían las manos azules al igual que los pies y conforme avanzaba podía ver la tierra manchada de sangre, guerreros heridos con los ojos carentes de valentía o de ganas de vivir.
Fue a la carpa más grande donde pudo ver a varias personas heridas mirando un mapa.
-Debemos de tener más cuidado, en el último ataque. Apuntaron a donde se encontraban las provisiones- señalo alguna dirección en el mapa que estaba encima de una mesa manteniéndose en su lugar solo con la ayuda de una daga.
-Hemos perdido a un cuarto de las tropas y un tercio de los aliados, si las cosas siguen así perderemos a la mitad de nuestro ejército para el día de mañana
-¿Qué hay acerca de la infantería? ¿Y de las lagartijas voladoras?- pregunto una mujer apretando las manos sintiéndose superada por la situación que enfrentaba.
-Lo siento alteza, están tan débiles que apenas si pueden volar. Al parecer la inestabilidad de su rey les afecta más de una manera al igual que el clima- ella estampo su puño en la mesa partiéndola en dos, eso era inaceptable. Eran unos jodidos aliados y le salen con esas pequeñeces ¿No eran el reino más fuerte del Este?
-Mi reina- de la entrada de la carpa una guerrera se aproximaba con heridas en la piel y cicatrices las cuales eran adornadas con tatuajes que representaban a su reino y un casco cubierto con una cabeza de lobo junto con una capa hecha con la piel del mismo animal- para evitar la futura desgracia cumpla las demandas del enemigo
-¡Eso es una locura! ¡Jamás te daré a ellos!- se acercó a su guerrera para tomarle de los hombros- no te rindas. Tú no debes entregarte a ellos
-Pero si no lo hago, lo único que nos queda es el exterminio. Si algo le llegara a pasar a usted o a este reino por mi culpa jamás podría perdonármelo, ni la muerte misma podría compensar tal sacrilegio- sus ojos cubiertos con sangre de las anteriores batallas le causaron un estremecimiento incomparable a Izuku pero aun así apretó sus manos a la altura de su pecho para no huir.
-Entregarte sería lo mismo que perder parte de mi alma- le acaricio la mejilla sintiendo un ligero temblor- yo te encontré y te arrebate de los brazos de la muerte, te alimente como si fueras parte de mi familia y te entrene para que nadie más te hiciera daño
-Solo soy un guerrero más su alteza- guardo silencio cuando la persona a la que servía le tomo de las mejillas con tanta delicadeza que le hizo sentir incomoda.
-No, tú no eres un guerrero más. Eres mi hermana, una a la cual siempre anhele conocer- le limpio la sangre que tenía en el rostro- tu podrás ser el mejor guerrero de mi nación pero sigues siendo una mujer. Cuando acabe este conflicto deseo darte libertad, para que puedas amar y vivir en armonía con los dioses
-Eso sería igual a la muerte para mi alteza, yo solo sirvo para matar a mis enemigos, empuñar mi espada y cabalgar al campo de batalla- alejo con cuidado aquellas manos y se arrodillo- yo que no posee un nombre y tampoco un linaje jure servirle hasta el fin de mis días ya que usted es la única razón de que aun este en este mundo
-Por favor no digas algo tan triste- bajo los brazos mirando a su alrededor, viendo el cansancio de sus generales. Ellos no querían renunciar pero no deseaba que sus espíritus se quebraran como el de los guerreros del reino aliado. Agotada se dejó caer y puso sus manos en el piso- por favor vive por ti, no por los ideales de otros. Traza tu propio camino y deja de seguir el de otros, no te lo pido como tu reina si no como tu hermana
-Si me lo pides así, no me queda de otra que aceptarlo pero- aquella guerrera abrazo a la reina sorprendiendo a los generales que estaban presentes- déjame ir al campo de batalla y rompa el sello, deje que mi locura se libere y destroce al enemigo. Deje que experimenten el verdadero miedo a la muerte, por favor alteza deje que el demonio dentro de mí sacie su sed y devore la carne enemiga hasta reventar
-No hay garantía que regreses- a pesar del frio, las lágrimas que dejaba caer eran cálidas y recorrieron su mejilla hasta llegar a su armadura- el placer de masacrar a los enemigos es la lujuria más grande que puedes experimentar y el sabor de la sangre el mejor manjar
-Lo se mi reina y aunque no tengo algo con que jurar más que mi vida, ruego que me brinde su bendición y me deje a mi esta batalla. Retire a las tropas tanto como sea posible solo para que estén a salvo, cure a los heridos y mantenga caliente a los aliados- se levantó ayudando a la persona que servía- pero permítame sembrar mi espíritu en el corazón de los aliados para que así su cobardía no se vuelva un impedimento en el futuro
Izuku miro la escena, había algo en el ambiente que logró cautivarle. Posiblemente eran las palabras que se dedicaban o la incertidumbre de la batalla que estaba por venir pero de algo estaba segura, si ella algún día llegaba a tener alguien así a su lado lo atesoraría como la más fina y delicada joya. Con una sonrisa salió de la carpa mirando de nuevo a los guardias y a los guerreros, todos habían recobrado el color y armonía en sus rostros.
De pronto un sonido exploto en el aire, haciendo estremecer la tierra por los gritos que se escuchaban a la distancia. Sombras gigantes aparecieron en la lejanía y un hombre similar a un ave dirigía una invasión hacia el campamento en donde ella se encontraba.
No tuvo que mirar alrededor para saber que todos estaban tomando sus armas y escudos posicionándose para agrupar a sus filas y sacar a los que no podían seguir peleando.
-Mi reina, si llego a perecer en esta batalla tome mis armas y resguárdelas en el castillo para que alguien realmente digno venga a reclamarlas- la guerrera con piel de lobo se montó en una enorme bestia, tan negra como el carbón con ojos que reflejaban el mismo cielo. Solo basto con que diera un grito para que emprendiera ella sola a la batalla, enfrentándose a un sin número de enemigos.
Izuku despertó bañada en sudor, su garganta se había cerrado y trataba desesperadamente de respirar, su cuerpo estaba totalmente paralizado y no era por el medio si no por el vigor que desprendía aquella guerrera. La valentía y arrogancia que emanaba al igual que la lealtad era algo digno de verse.
Cuando por fin pudo recuperarse se sentó sintiendo los temblores de su cuerpo, vio por la ventana y al parecer su sueño esta vez no había sido tan largo como el primero. Por lo que podía escuchar solo habían pasado alrededor de una hora o tal vez dos. Exhausta se dejó caer en su cama mirando el techo el cual estaba adornado con dibujos que ella había hecho sobre las historias que el Rey Supremo le contaba sobre sus días en la mesa redonda y el cómo fue que Galahad y Mordred pudieron unirse a Camelot para después darle la espalda.
-Me gustaría también poder ver el pasado, sería interesante conocer la cara del rey de los caballeros- suspiro acomodándose, mañana sería un día largo y era mejor descansar.
Y como era costumbre, cada mañana ella era la que se levantaba primero. Trato de no hacer mucho ruido cuando bajo las escaleras viendo que por lo menos la casa no había salido afectada por la fiesta de la noche anterior pero no podía decir lo mismo del exterior ya que los restos de la celebración aún estaban presentes al igual que las hadas que dormitaban en las mesas aun con un poco de agua miel al lado de ellas.
Sonrió un poco ya que echaría de menos ese tipo de vistas, se encamino al estanque ya que necesitaba darse un baño y que mejor opción que uno con pétalos de flor de arandina acompañados con perfume de belladona. Le ayudaría a calmar los nervios y de paso le dejaría un agradable aroma en la piel.
Miro el cielo encarando el malestar de su corazón. Tenía una buena vida en la tierra de los druidas, una madre amorosa y un pueblo que la quería. ¿Por qué debía abandonar todo eso por una simple visión? ¿Qué era lo que le atraía tanto de ese rey y de Iskandar? ¿El realmente esperaba por ella en ese enorme castillo?
Sintió una respiración atrás de ella y no se tomó la molestia de voltear ya que presentía de quien era.
-¿Qué sucede? ¿Estas igual de inquieto que yo?- recogió su cabello para adentrarse al agua que había sido calentada previamente por las piedras volcánicas que se encontraban en el fondo. Sintió que le soplaban de nuevo la nuca y a ella no le quedó otra opción que mirar a quien le acompañaba- ¿Qué sucede Ícaro?- su "pequeño" caballo no dejaba de mirarla, esperando el permiso que deseaba- puedes meterte a bañar siempre y cuando mi madre no te vea
Sintió el movimiento brusco del agua y como su acompañante relinchaba ante la calidez que le proporcionaba el agua. Puede que él estuviera igual de nervioso o simplemente quería disfrutar de esa última ducha.
-¿Crees que esté haciendo mal en irme de este lugar?, bueno ya sé que entrene mucho tiempo y ya tengo la bendición de mi maestro pero aun así por alguna razón mi cuerpo me pide que me quede pero algo más grande me implora que me vaya. Bastante extraño ¿Verdad?
Se miraron, Izuku admiraba la profundidad de los ojos de su caballo. Parecía que resguardaban mil secretos equiparables a una envidiable sabiduría pero en esa ocasión solo la contemplaban queriéndole decir un presagio. Un sentimiento que no le duro mucho ya que este aparto de golpe la mirada empezando a hacer burbujas con su hocico.
Al parecer si quería que la conexión con su caballo fuera más fuerte, tenía que ablandar ese corazón de piedra. Frustrada salió y tomo su bata, no estuvo mucho tiempo sola ya que Ícaro la siguió a tan solo unos pasos atrás, entro a su casa y vio que una vela estaba prendida en la cocina.
-Simplemente no preguntare porque alguien que se acaba de ir a dormir hace unas cuantas horas puede seguir despierta
-Es la experiencia, puede que tú en el futuro puedas hacerlo también aunque no tomas tanta agua miel como yo- podía escuchar la voz de su madre, estaba cansada y desgastada por el alboroto de ayer. Iba a decirle que se fuera a descansar otro poco pero la culpa no la dejo, conocía demasiado bien a su madre como para saber que había bebido de más porque ella se iría dentro de nada, tuvo que tragarse el mal sabor e intento subir por las escaleras.
-Deja al caballo afuera- solo fue una frase, pero fue lo suficientemente clara para imponerse pero como ese prácticamente era su ultimo día pues no estaba mal arriesgarse.
-Él es libre de hacer lo que quiera, si quiere entrar pues dentro estará- la desafío recibiendo como respuesta un cucharon de madera en la cara- antes de que me lances el zapato, ya lo saco-
-Me alegra que me hagas caso- aunque Izuku no podía verla sabía que estaba sonriendo, solo esperaba que no le pusiera algo a su desayuno como venganza por atreverse a revelarse. Con tranquilidad fue al establo, su caballo se quedó ahí esperando y ella solo suspiro.
-Oye Ícaro. Cuando me sienta sola en ese reino tú estarás para mi ¿Verdad?- le acaricio despacio para no ponerlo nervioso. Aun recordaba el día en que se conocieron y lo mal herido que estaba- puede que tu hayas sido el milagro que necesitaba en ese momento. Cuando pensaba huir del entrenamiento y de mi hogar. Fuiste como mi luz
Escucho un relinchido, aunque aún no comprendía bien el comportamiento de aquel animal sabía que le intentaba dar ánimos.
Le dio un pequeño beso para dejarlo comer y ella regreso a su casa, a fin de cuentas necesitaba terminar de arreglarse.
Solo fueron tres horas de preparación, unas muy largas horas ya que entre su madre y su maestro se habían empeñado en revisar cada cosa que llevaba. Cada remedio, hierba y herramientas ya que ellos tenían la idea que una revisión demás no estaba mal.
-Izuku ¿Llevas la fruta de Mephisto?- pregunto al ver de nuevo el equipaje, no lo había encontrado en ningún lado- recuerda que esa es muy importante ya que neutraliza los venenos y es buena para anestesiar
-Mamá está en el compartimiento derecho al lado de la pluma de hipogrifo y del wolfbane- dijo por enésima vez, había cerrado su maleta pero en uno de sus descuidos su madre la abrió y saco todo lo que estaba adentro como si su vida dependiera de ello -también llevo la escama de lamia y el canto de sirena las cuales me ayudaran cuando me pierda en un sendero traicionero- se lo dijo antes de que se lo preguntara.
-Deja de verme como si estuviera loca, nunca son demasiadas veces el revisar que mi niña este a salvo de las salvajadas que pueden hacer las personas de otros reinos
-Oh vamos, no te pongas sentimental. Tu misma viste como derrote a una hidra en el lago de Keron- le acaricio la cabeza para que estuviera más tranquila- ya no soy tan indefensa como antes
-¡Podrás tener músculos pero sigues siendo una tonta que no entiende los perversos pensamientos de los hombres!- le recrimino golpeándole el pecho- tu deberías quedarte aquí conmigo y en vez de eso preferiste irte con un hombre al cual ni siquiera conoces
-Técnicamente no puedo decir nada contra eso ya que en cierta medida es cierto- alzo las manos al verse amenazada con una cuchara- pero no pienso quedar embarazada hasta que me des tu bendición
-Sabes que eso no va a pasar hasta que tengas la aprobación de la madre tierra, la del rey supremo, la del clan, el pueblo y la mía. Y eso solo va a pasar cuando se casen bajo las leyes druídicas
-Bien, ya entendí. Nada de matrimonio y niños hasta que el tiempo se extinga- se levantó sintiendo los golpeteos de su armadura, sonrió por ello ya que por fin tenía ese algo que le hacía ser un caballero. Vio cómo su madre acomodaba de nuevo la maleta y solo se dispuso a bajar las escaleras, necesitaba un poco de aire y hablar con él.
Camino al lago donde encontró a su maestro meditando mientras veía su reflejo.
-¿Aún sigue enojado?- mantuvo su distancia, podía sentir su malestar y no lo culpaba.
-Me recuerdas a mi maestra. ¿Lo sabias?-lanzo una piedra la cual golpeo el agua un par de veces antes de hundirse- tan obstinada, valiente e introvertida
-Sí, me lo ha dicho un par de veces- se froto el hombro incomoda. El solo lo decía cuando estaba muy cansado o ebrio.
-Morirás igual que ella, lo presiento-vio como el tanteaba algo en su mano pero Izuku decidió que no debía preguntar por el objeto- buscando proteger a alguien que ni siquiera sabe de ella por un ideal que no le pertenecía
-Posiblemente sea cierto maestro pero piénselo de esta manera. Moriré por algo que deseo y aunque la meta no sea mía ayudare a alguien que deseo proteger
-Si sigues pensando así, no duraras mucho-le lanzo algo e Izuku lo atrapo, cuando lo vio bien era una medalla- quédatela, creo que a ella le hubiera gustado que alguien con sus mismos ideales la tuviera
-Maestro, a pesar de que se opone rotundamente a mi decisión me apoya. Muchas gracias- se arrodillo no encontrando otra forma de expresar su gratitud y respeto.
-Levántate, ya prepare a tu caballo y tu madre de seguro ya dio su aprobación a tu equipaje- caminaron en silencio hasta la casa en donde tanto Ícaro como su madre los esperaban.
Ella se mordió el labio al ver a la mujer que la crio contener las lágrimas mientras ayudaba a arreglar el equipaje le revolvía el estómago en culpa.
-Izuku, por favor cuídate mucho y recuerda que nunca debes quitarte tu casco- Inko estrujaba cada tanto su vestido nerviosa- sé que puede sofocarte la idea de ya no sentir el viento en tu rostro o la tierra entre tus dedos pero sopórtalo si realmente deseas cumplir con tu deseo
-Lo comprendo mamá, tendré mucho cuidado y como dice el sol "Sin sacrificio no hay gloria"- le sonrió para tranquilizarla mientras se acomodaba el casco, podía sentir el peso del metal y el frio que desprendía pero no estaba incomoda. Era como si la armadura la hubiera aceptado-maestro. Aunque sé que usted no está totalmente de acuerdo con mi decisión, espero tener su bendición una vez más
-No te preocupes por ello joven Midoriya, ve a donde tu corazón te pida. Que esta vida es corta y el mundo muy vasto- le dio unos golpes en el hombro, aunque ya no pudiera sentirlos esperaba llenarla de confianza- por cierto, un día de estos tendrás que decirme en donde encontraste tan buen ejemplar- vio al caballo el cual ladeo la cabeza como si estuviera avergonzado.
-Ícaro solo apareció así que podría ser llamado un regalo de los dioses- le acaricio extrañando el rose de sus dedos contra su melena- aunque no sé porque se le rizo el cabello, cuando lo conocí apenas si tenia
-Sí, lo recuerdo bien- Inko también acaricio a Ícaro- era tan pequeño y daba la sensación de que en cualquier momento se rompería
-Lo bueno es que se pudo adaptar a la vida aquí, hubiera sido terrible si hubiese perecido aquí- All Might solo lo contemplo, él había ayudado a la recuperación del pequeño con la esperanza de que en cuanto estuviera mejor este regresara a casa- aunque me sorprende que se quedara teniendo en cuenta que solo era un bebe cuando llego aquí
-Pienso que él quería quedarse porque sentía que aquí seria amado- Izuku lo abrazo, teniendo el cuidado de no lastimarlo- creo que ya deberíamos irnos
-Creo que eso sería buena idea- Inko observo como su hija de subía sin esfuerzo al caballo, era la primera vez que la veía de esa manera. Con un porte elegante que desbordaba valentía mezclado con ingenuidad- si te lo permiten escríbenos de vez en cuando
- Pero creí que nadie debía saber en dónde se encontraba el maestro
-Sí, pero eso no quiere decir que no le puedas escribir a tu madre- All Might intervino para que ninguna de las dos se peleara por esa banalidad- dentro de poco mandare un halcón con una carta mía, será para uso exclusivo para nosotros y nadie más podrá hacer uso de él por ello úsalo para comunicarte con tu madre y tu pueblo
-Gracias maestro, no podre agradecérselo suficiente al menos no en esta vida
-Por favor solo sigue tu camino- ella tomo las riendas dando el primer paso para dejar a su clan. Alzo la mano para despedirse sin mirar atrás, sabía que era cobarde pero si los veía una vez más definitivamente no podría marcharse.
Galopeo rápidamente por el sendero evitado las trampas y los guardianes, todo con el viento escociendo sus ojos tras el casco. Le tomaría alrededor de tres días llegar a Iskandar si no paraban en ningún momento, afortunadamente tanto ella como Ícaro eran bastante resistentes y podían aguantar una semana sin comer o beber nada.
Cuando cruzaron la frontera entre Ains y Tois pudieron bajar el ritmo, el paisaje había cambiado demasiado de un lugar a otro. En un lugar abundaba la flora en otro solo había un enorme prado siendo solo ocupado por animales que eran libres de cualquier régimen del humano. Siguió su camino admirando nuevas especies, nuevos paisajes e incluso nuevas plantas pero no se detuvo en ningún momento. La extraña urgencia que sentía de llegar a Iskandar era tal que le escocia la piel y le hacía hervir la sangre.
Acaricio una oreja de su caballo tratando de tranquilizarse, no sabía en qué momento paso pero vio al sol y se percató que había pasado medio día cabalgando. El cambio de clima apenas si fue perceptible, ahora el clima era más cálido pero no al grado de ser desagradable.
-Ícaro. ¿Cómo crees que nos reciban? Eh oído que la gente de Iskandar solo valoran la fuerza así que creo estaremos bien-escucho relinchar a su amigo. Quien diría que él podía entenderla y comprenderla más que cualquiera - sabes, al principio pensé que eras una especie de orco que se encuentra en los valles por el color oscuro de tu piel pero al ver que apenas y podías caminar, de alguna manera. Me dieron ganas de protegerte y ahora te convertiste en alguien maravilloso- ¡Mira! Estamos llegando a la frontera de este de Iskandar, Caciopea.
Conforme se fueron acercando podía sentir el como el aire cambiaba, ya no era tan cálido si no gélido y hostil. No había guardias en el puesto de control y las granjas que limitaban la frontera estaban secas o abandonadas.
El cielo se fue opacando dando paso a la noche, no podían quedarse en ese lugar ya que presentía que alguien le estaba acechando. Sintiendo los nervios de punta, intento encontrar a alguien con la mirada pero sin bajar de Ícaro, ya que su instinto le decía que no debían separarse en ningún momento, nunca pararon y tuvieron cuidado con la tierra. Puede que algunas partes estuvieran firmes pero otras parecían estar fangosas o quebradizas.
Espoleo indicándole a su caballo que continuara con su andar, pasaron el pueblo sin ningún contratiempo. Se volteo un poco escuchando la agonía de ese lugar, al parecer a ese pedazo de tierra le faltaba poco para que se volviera estéril, a lo mejor por eso había sido abandonada a su suerte. Reanudo su marcha con gran velocidad, entre más rápido llegara a la capital se enteraría mejor de la situación del pueblo y pronto podría encontrarle una solución a los problemas de ese lugar.
Y en los siguientes dos días no había encontrado otra cosa que no fuera campo abierto o casas abandonadas, las tierras en ese reino agonizaban en cada paso que daban. Lloraban y pedían ayuda a los dioses. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Acaso Iskandar había olvidado el precio de equivalencia?
Ya en el tercer día desde que había llegado a ese reino, se encontró con otro pueblo el cual lamentablemente no era tan diferente que el primero aunque solo teniendo como única diferencia era que este aún tenía gente a la cual albergar .Conforme iba avanzando, los murmullos se presentaban y una que otra sombra se asomaba por las pequeñas casas. El ambiente era tenso en ese lugar pero no podía culparlos ya que no había visto a ningún soldado o caballero cerca y si no recordaba mal, las armaduras de colores oscuros habían sido descontinuadas y condenaban a todo aquel que las portara.
Siguió otro poco hasta que pudo divisar la capital real, con calma intento cruzar hasta el puesto de control bueno al parecer llegar trotando con tu caballo era mal visto porque ahora había sido rodeada con los primeros soldados que veía desde hace días.
-¿¡Quién demonios eres!?- uno de los guardias le apunto con una lanza y sus compañeros sacaron sus espadas expectantes a cada uno de sus movimientos, analizando sus posibles reacciones ante la amenaza.
Era comprensible ese comportamiento ya que desde que había entrado a la capital todos los habitantes le observaban con recelo, miedo o terror. Y al estar a casi nada de los portones del palacio hacia que la sospecha fuera más latente. Bajo de su caballo, teniendo al menos la decencia de mostrarse desarmado aunque no sirvió de mucho.
-No lo repetiré de nuevo ¿¡Quién demonios eres!?-
-Vengo a entregar un mensaje del Rey Supremo Yagi Toshinori a su alteza real Masaru Bakugou- de su equipaje saco la carta que su maestro le había entregado antes de partir y se la extendió al guardia que aún seguía receloso a creerle- sé que no tienes fundamentos para confiar en mí y no te culpo pero ruego que le muestres esto al actual rey de este reino
El guardia le arrebato la carta inspeccionándola, no era más que un trozo de papel cualquiera.
-Hey. ¿Qué está pasando aquí?- un hombre de extraña apariencia caminaba tranquilamente seguido de un sequito de soldados que claramente eran superiores de aquellos que le habían detenido.
-Señor Cementos- el que tenía la carta se puso rígido al ver tan cerca a su superior- hemos detenido a un sospechoso que paso por la frontera Karna y dice sandeces acerca de ser un enviado
-¿Enviado?- el hombre analizo a la persona frente a él, definitivamente no era una persona cualquiera y menos con aquella armadura. Aunque había algo que le decía que no debía desconfiar del viajero-¿Tiene alguna prueba de su identidad?
-Si su señoría, la carta que posee aquel soldado es la prueba que me entrego mi maestro antes de partir- con un pequeño gesto indico donde se encontraba el objeto que entrego momentos antes. Cementos extendió la mano donde el soldado muy a su pesar le entrego esa basura de papel.
-Si no es mucha molestia ¿Podrías decirme quien es tu maestro?-trato de quitarle las arrugas al sobre para así ver el nombre de quien la enviaba.
-Por supuesto, mi maestro es el Rey Supremo Yagi Toshinori y si usted no me cree permítame mostrarle uno de los tantos regalos que me entrego- del bolso que cargaba su caballo saco una medalla donde estaba el símbolo de All for One haciendo que más de uno saltara pero el soldado que le había arrebatado la carta volvió a hacer lo mismo con su medalla para el horror de Cementos
-¡Insolente!- el tomo la medalla con cuidado, inspeccionándola casi con veneración. Era de un mineral que se creía extinto…el adamantino. Tuvo que respirar profundamente para calmarse y no llorar en ese momento- disculpe la ofensa de este aprendiz, aún está en sus primeras etapas y no sabe respetar ni diferenciar cuando está ante un superior- agacho la cabeza dejando boquiabierto a todos, aquellos que lo acompañaban hicieron lo mismo causando murmullos a los que se encontraban alrededor.
-¡Maestro!- el caballero al parecer seguía sin comprender lo que estaba pasando. La única persona a la que el general Cementos se inclinaba era ante el rey de su nación.
-Guarda silencio insolente que estas ante alguien que puede destrozar una nación antes del anochecer- cerro los ojos elevando sus manos con los objetos ajenos aun sin atreverse a levantar la mirada.
-No debe de preocuparse, no tomare represalias ante nadie y comprendo que este tipo de situaciones pueden ocurrir en cualquier lugar- Izuku suspiro un poco, su maestro le había advertido que viviría bajo su sombra por un tiempo, al menos hasta que ella se hiciera su propia reputación- por favor levante la cabeza, alguien que ostenta un rango mayor al mío no debería bajar la cabeza
-Pero aun así- Cementos estaba renuente a ceder y ella comprendía su postura pero dejar que un hombre de edad se disculpara de esa manera iba en contra de su ética.
-Insisto, por ahora le ruego que le entregue la carta a su alteza real- antes de que el hombre se fuera tomo la medalla de regreso, eso ni en sueños se lo daría a alguien, al menos por ahora- Espero que esto no les haya incomodado jóvenes aprendices
-Por favor no se preocupe por eso- el hombre que aparentaba ser el líder del sequito fue quien se dirigió a ella- los aprendices de la entrada no tienen mucho de haberse unido a las filas, por ello le pido que los disculpe una vez más
-Si estas más tranquilo con mis disculpas, las otorgare pero antes de ello dígame su nombre como lo dicta nuestras costumbres
-Soy Kamui, segundo al mando de la división crimson scale y mano derecha del general Cementos
Bueno, al menos no tenía un nombre raro y sería fácil de aprender. Iba a responder como la ética de caballero indicaba pero el bombardeo de nombres de los otros presentes se lo impido... Al parecer ese día iba a ser realmente agotador.
Por su lado Cementos se apresuró por los pasillos ignorando a los sirvientes y a los otros caballeros que se encontraban en su camino, cuando llego al despacho de su alteza trato de tranquilizar su respiración y toco a la puerta.
-Puedes entrar- esa voz tan calmada no era lo mejor en ese momento pero haría el esfuerzo de no verse tan ansioso por entrar. Despacio abrió la puerta de roble encontrándose con el rey al igual que la reina.
-Alteza, perdone mi intromisión- el general había tenido el mejor de los cuidados con la carta para que esta no se siguiera malogrando entre sus manos-un forastero ha traído consigo esto
-Tráela –pidió Masaru viendo la inquietud del hombre, cuando toco el papel sintió que era terso a comparación de las rasposas hojas que ocupaban. Miro el sello de cera quedando por unos momentos sin palabras, conocía ese símbolo desde niño.
Mitsuki curiosa se acercó para ver el sobre teniendo la misma reacción que su esposo. Los dos se miraron un momento tratando que uno dijera que era una clase de broma o en el mejor de los casos un buen sueño.
-Cariño. ¿Acaso esto es una carta del Rey Supremo?-sintió sus manos temblar de la emoción, era verdad. Ese hombre a pesar de los siglos, aún seguía vivo.
-Si Mitsuki- tembloroso y con extremo cuidado abrió el sobre tratando de no romperlo. Saco la carta extendiéndola con tan anhelo que parecía que temieran que se fuera a desvanecer en cualquier momento.
Actual Rey de Iskandar Masaru Bakugou, por este medio le pido cordialmente
que acepte a mi aprendiz en sus filas.
Aunque pueda resultar intimidante a primera vista el posee un honor incomparable y es un guerrero formidable que estará siempre a su disposición.
No he visto a ser más leal que él.
Pero hablando extra oficialmente, si algo le llega a suceder con o sin su presencia
juro por mi nombre que Iskandar perecerá.
Atentamente: Rey Supremo Yagi Toshinori
Masaru dejo la carta en su escritorio cerrando los ojos y trato de controlar el temblor de su cuerpo, humedeció sus labios los cuales extrañamente se habían secado de golpe. ¿Qué demonios era todo eso? Pero ese no era momento de estar pensando, tenía que actuar como el rey que era.
-Tráiganlo ante mí en la sala del trono- ordeno a Cementos mientras este salía a toda prisa, estaban armando un alboroto pero esto lo valía- Mitsuki, acompáñame no debes perderte este acontecimiento- ella sonrió siguiendo a su marido que cada tanto tiempo le preguntaba que si se veía bien.
Cuando llegaron a la sala del trono, les pidieron a los guardias que por ningún motivo dejaran que su hijo hiciera un escándalo y si se aparecía lo contuvieran el mayor tiempo que pudieran. Ansiosos entraron ignorando toda etiqueta y se sentaron en sus tronos esperando la llegada de su esperado invitado.
Las puertas se abrieron dejándolos sin aliento, solo pudieron vislumbrar de primera mano una mancha negra que se aproximaba de manera calmada hacia ellos, con movimientos firmes se detuvo a tres cuartos del salón arrodillándose en el acto.
-Preséntate caballero-Masaru ordeno sin dejar de mirarlo, esa armadura negra y espada. Todas eran de leyenda y que estuvieran ahora en su reino era todo un deleite que hacía que su corazón se hinchara de orgullo.
-Excelencia, mi nombre es Midoriya Izuku-mantuvo la cabeza abajo en señal de respeto. La mirada de ese hombre era similar a la de su madre, era cálida y reconfortante. Algo raro considerando la historia bélica que ondeaba con orgullo aquella nación.
-¿Cuál es tu edad?-pregunto Mitsuki emocionada, no todos los días venían visitantes tan importantes mientras ella estaba presente y menos con semejante apariencia. Definitivamente era su día de suerte.
-Tengo quince años su alteza- Izuku apretó ligeramente sus labios, algo definitivamente no estaba bien con aquella reina, no era tan tonta para no darse cuenta. El aura que rodeaba a esa mujer era…inquietante. Demasiado nítida y lúgubre para alguien de su edad.
-Y dime caballero Midoriya. ¿Por qué has decidido servir a Iskandar?-Masaru se acomodó mejor en su trono esperando una explicación aunque no era necesaria- hay otros reinos igual de grandes que este y puede que la economía este más estable en Fiore o Partevia
-Excelencia, no hay un motivo en especial por el que haya venido aquí. Los tiempos que vendrán ruego que sean prósperos para todos los reinos pero si llega a haber una guerra preferiría estar a su servicio
-Me alegra escuchar eso de ti y cuéntame ¿Cómo se encuentra su Alteza Suprema?- sonrió tratando de no sonar pretencioso, podría ser un rey y todo pero la leyenda de Yagi Toshinori ardía como fuego en su pecho.
-Él se encuentra bien de salud y en un buen estado físico, aunque no puedo decir su paradero actual vive una vida plena y tranquila
-Es bueno escuchar eso- y cuando Mitsuki estaba por preguntar de nuevo, el estruendo de la puerta principal hizo eco en todo el salón al igual que los guardias que salieron volando y se estrellaron ruidosamente en el piso.
-¡Viejos regrese de la planicie de los enanos!- aventó la cabeza del que parecía ser el rey de ese pueblo ya que aun en su cabeza estaba incrustada la corona de oro blanco y finas joyas- podemos empezar a explotar sus minas en una semana
-Hola Katsuki, bienvenido- Mitsuki le ofreció la bienvenida pero el príncipe ni hizo caso, meramente se acercó a su padre por cortesía al ver que tenían invitados.
-¿Quién es este enclenque?- se sentó en su trono provisional completamente a sus anchas importándole un comino la etiqueta de la realeza.
-Es un guerrero que fue recomendado por su excelencia suprema Yagi Toshinori, si lo deseas me gustaría que lo presentaras al ejercito lo antes posible ya que dentro de poco deberán partir a la frontera del Sur para arreglar los últimos detalles del tratado- Masaru apretó los puños, había subestimado la idiotez de su hijo.
-Me parece perfecto, necesitaba a un nuevo para divertir a los simios- juntos sus manos provocando una explosión, pero eso no le importo a Izuku ya que lo único que podía pensar en ese momento era…
¿¡Quién demonios se creía ese mocoso arrogante!?
