Capítulo 4: Lazos.
"¿Qué es una mentira? ¿Qué es verdad? ¿No nos condenamos a nosotros mismos a través de nuestras bocas?"
Casa Capitular: Dune, Frank Herbert.
Sakura despertó sintiéndose drenada. No recordaba cómo había llegado a ese lugar, aunque tras pensarlo dedujo que su capitán la había llevado a la habitación asignada por el Kazekage. Se sentó en la cama aún desorientada, examinando los alrededores en busca de pistas que le indicaran la localización de la ducha. Un llamado a la puerta terminó de sacarla de la modorra.
– Adelante.
– ¡Buenos días! –exclamó Temari entrando.
– ¡Temari!
– Gusto de verte Sakura, aunque las circunstancias no sean las más afortunadas –añadió, el gesto solemne.
– Está fuera de peligro. Sai y tus medi-nin hicieron un gran trabajo manteniéndola con vida. –Contestó Sakura entendiendo los sub-tonos en la respuesta de Temari.
– Gracias. Kakashi-san está abajo, te estamos esperando para desayunar.
– ¡Lo siento! Estaba tratando de adivinar dónde quedaba el cuarto de baño.
– Esperaremos un poco más –dijo– el cuarto de baño es ese –señaló una de las dos puertas, era comprensible, había sido llevada por Hatake a sus aposentos mientras dormía. Temari se retiró.
Habían sido hospedados en la residencia particular de los hermanos y no en la torre residencial, aledaña a la principal, que se utilizaba para hospedar visitantes en misión diplomática; demostrando de esa manera el grado de aprecio hacia el Equipo 7, al menos con 2 terceras partes del mismo. Kankuro, Temari e incluso el Kazekage vestían aún ropa de descanso. Kakashi estaba sentado a la mesa acunando una taza de té entre las manos, ya vestido en su uniforme normal.
Kankuro se rascó la cabeza distraído y Temari le dio un ligero manotazo recordándole que tenían huéspedes. Gaara esbozó su pequeño intento de sonrisa y acarreó la charola del pan desde la cocineta.
– ¿Cómo está Naruto? –preguntó Kankuro, optando por cambiarse a un lado de Kakashi, lugar que consideró más seguro que junto a su temperamental hermana.
– Está bien, entrenando. –Respondió Kakashi, observando la atención que Gaara ponía en espera de su respuesta– Shikamaru también se encuentra bien –agregó mirando divertido a Temari, que se ruborizó.
– Buenos días –saludó Sakura, sentándose al lado de Temari, que se levantó para acercar el servicio de Sakura.
El saludo fue correspondido.
– ¿Ahora qué tipo de entrenamiento está haciendo?, me refiero a Naruto. –Continuó Kankuro comenzando a comer.
– Está desarrollando su jutsu personal –mintió Sakura sin pensarlo dos veces.
– ¿En serio? Eso quiere decir que ya domina su elemento, ¡genial! –dijo Temari.
– Sí, al igual que tú, Temari, maneja el viento –añadió Sakura.
– Era de esperarse, es un torbellino –comentó Kankuro.
– Le convendría entrenar contigo, Temari-san –añadió Kakashi manteniendo el ánimo alegre de la conversación.
– ¿Bromeas? ¡Me volvería loca! Tengo suficiente con Kankuro.
– ¡Ahh, eso fue injusto!
– Naruto no se presentó al examen de chuunin –afirmó Gaara sobresaltando a Sakura.
– Pasaron demasiadas cosas. –Respondió Kakashi.
– Me habría gustado ver su desarrollo –dijo Gaara haciendo que todos volvieran la vista hacia él.
Kakashi no comentó al respecto, y Gaara entendió que su estrategia no estaba dando resultado, al menos no el que él quería.
Tal vez Konoha estaba reservando su mejor arma para otras situaciones. Mantener velado el nivel verdadero de algunos de sus shinobis era práctica común en las aldeas ocultas, en particular si era un jinchūriki. Otros eran demasiado vistosos, como en el caso del legendario 'colmillo blanco de Konoha' estimado al mismo nivel que 'los tres' o el mismo Kakashi, que a su edad ya era considerado como leyenda.
El desayuno transcurrió entre las pullas que intercambiaban Kankuro y Temari mientras Gaara simplemente esbozaba su media sonrisa. Familia, lazos. Algo difícil de sostener en aldeas ninja, cuyo único propósito existencial consistía en ser la fuerza militar de un país. Todos apreciaban los tiempos de paz, aunque luchar por ella exigiera a veces el uso de la fuerza bruta.
– ¿Has llegado a alguna decisión, Kakashi-san? –preguntó Gaara.
– ¿Podríamos discutirlo en privado, Kaze... Gaara?
– Suena curioso... KazeeGaara, es decir –intervino alegremente Kankuro.
– Anda, ve a cambiarte, dejemos a Kakashi-san hablar con Gaara –dijo Temari dándole un ligero empujón a su hermano. Sakura los siguió, dispuesta a preguntarles por las galletas.
– No encontré nada que justifique una investigación en Kumo. –Afirmó llanamente.
– El uso de técnicas de tipo gravitatorio es común entre ninjas de Iwagakure.
– No creo que Iwa esté involucrada.
– Yo tampoco. ¿Qué está pasando realmente, Kakashi-san?
Kakashi lanzó una mirada inescrutable hacia Gaara. Discutir los problemas internos de Konoha era algo que no le atraía de manera particular. Discutir su implicación personal o la identidad de Chita tampoco. Por primera vez en mucho tiempo se encontró indeciso. El joven lo miró paciente.
– Usé mi prerrogativa para el interrogatorio de Chita-san –informó Gaara en su estilo conciso.
El interrogatorio era algo que había estado molestando subconscientemente a Kakashi. La prerrogativa que Gaara mencionara, aludía a un convenio hecho entre ambos Kages a fin de recuperar información en misiones mixtas imperfectas. Kakashi había estado en desacuerdo con ese tratado en particular, porque consideraba que vulneraba la seguridad interna de la aldea. Principalmente cuando estaba involucrado un guerrero del nivel de un ANBU. En otros tiempos se habría considerado inaceptable, no obstante, el convenio había sido demarcado como una exención utilizable tan sólo por los Kage, sin intervención del Consejo.
– No estoy en libertad de exponer todos los detalles.
– Entiendo. Cuentas con mi discreción y la del interrogador.
"Si utilizaron las técnicas de Inoichi es más que probable que no todo se haya asentado en ese informe, limitándolo a la misión", Gaara le estaba dando una sutil indicación. "Mantener la alianza con Suna es importante" Kakashi inhaló profundamente.
– Atacar a 'alguien' con el fin de debilitar a un shinobi es una práctica común –comenzó– se busca romper los lazos a fin de quebrantar el espíritu.
– ¿A quién quieren quebrantar?
– A mí –respondió Kakashi, el rostro endurecido y tenso bajo la máscara de seda. Era inútil tratar de mentir.
– El Rokudaime más elegible. Conflictos internos que amenazan con una guerra civil, ¿posiblemente?
Kakashi abrió mucho los ojos, sin ocultar la sorpresa ante la deducción del joven. A los ANBU élite se les dotaba con poderosas ataduras mentales de defensa para que fueran incapaces de revelar detalles de misiones especiales, política y funcionamiento interno. Pero no por nada Gaara era un prodigio. La elección de Suna había sido inequívoca, un líder natural, con capacidad de análisis y la suficiente sangre fría para tomar decisiones difíciles.
– Suna es aliado de Konoha y de Tsunade-sama. –Declaró Gaara, sacándolo de su estupor, la afirmación no dejaba lugar a dudas, estaba extendiendo la asociación de ambas aldeas a un rango mucho más amplio.
– Entiendo.
– Intentan debilitar a la aldea eliminando al posible sucesor.
– Maa, me sobreestimas, Gaara –dijo Kakakshi, la máscara de jovialidad nuevamente en su sitio.
– En lo absoluto. Kakashi-san. Creo que quienes te subestiman son aquellos que pretenden debilitarte.
– Es posible.
– Pero hay algo más. –Dijo Gaara tentativamente, Kakashi asintió, ese algo más era una de las cosas bloqueadas por norma en el cerebro de Chita.
– Hace años, el Consejo decretó que la identidad del jinchūriki permaneciera oculta –comenzó, sin saber muy bien por qué le daba esa información a un Kage, aunque fuera un aliado–, así que se dio la orden de mantener el secreto de su existencia y de borrar todos sus vínculos, como una medida de protección tanto para él mismo como para su familia.
– Comprensible –comentó Gaara pensando vagamente a dónde conducía esto.
– Sus padres murieron –continuó sin ahondar más en el asunto– la rama paterna fue exiliada de Konoha por protección y la materna pertenecía a una aldea diferente. Naruto, siendo un bebé, con la aprobación de Sandaime, fue dejado al cuidado de la hermana menor de su madre, hasta que el Consejo intervino para hacer cumplir el decreto y ordenó la separación de ambos.
Kakashi hizo una pausa, evaluando la reacción de Gaara y considerando con mucho cuidado sus próximas palabras.
– Sandaime negoció esa separación a cambio del ingreso de Naruto a la academia. El Consejo estaba en contra de que se le permitiera ser ninja. –Declaró en el mismo tono en que se informa de una misión, sintiendo sin embargo, la inquietud que sus palabras provocaban.
– Naruto-kun... –comenzó Gaara, pero se interrumpió.
– Mantenerlo aislado no sólo cubriría su identidad como jinchūriki, también impediría que muriera más gente cercana a él. A pesar del voto de secreto, quienes vivieron la destrucción que hizo Kyūbi, repudiaban a Naruto por lo que implicaba su existencia, y aunque no hablaran directamente de ello a los jóvenes, estos heredaron esa actitud hacia él. Sandaime hizo lo posible para mantenerlo protegido, asignando su cuidado a Umino Iruka. La mayor parte de su manutención corrió a cargo de Sandaime, su padrino y su tía.
– ¿Qué sucedió con ellos?
– Su padrino era Jiraiya, que fue su sensei por dos años y medio… como sabrás, fue asesinado por Akatsuki.
– Lamento la muerte de Jiraiya-sama –dijo Gaara inclinando la cabeza, por un tiempo el viejo sabio había actuado como su fuente de información sobre Akatsuki y enlace diplomático entre ambas aldeas.
– Ha sido una dura pérdida para Konoha y también para Naruto. Su tía es ANBU –continuó Kakashi, omitiendo mencionar el destino de Sarutobi, ya conocido por Gaara, quien agradeció el detalle.
– Ya veo. Chita-san...
– Uzumaki Momo. –Kakashi soltó la última pieza de información vigilando concentrado su reacción.
Gaara guardó silencio ante la última enunciación, el apellido Uzumaki no era usual, pero tampoco era común que los hijos adoptaran el nombre de la madre, excepto por circunstancias especiales. Era un plan pensado para ocultar, incluso al afectado, hasta el mínimo detalle de su pasado... borrar su pasado. Una decisión sin duda difícil.
– Desconoce la identidad de sus padres y la existencia de su tía –más que una pregunta, una afirmación.
– Naruto afirma su propia existencia estableciendo lazos, es parte de su naturaleza. Eso es lo que él es. Mantenerlo aislado y en la ignorancia puede parecerte cruel, pero era necesario.
– Todos ustedes han tenido que hacer sacrificios.
– Hasta cierto punto –admitió Kakashi, se rehusaba a llamar 'sacrificios' a esas medidas necesarias.
Para Kakashi no existía ese término.
Un sacrificio era una acción que cubría una necesidad con trasfondos largos. El bien de muchos a cambio del bienestar de uno o unos cuantos. Decisiones tomadas con dolor, que tal vez causaran arrepentimiento posterior, pero que habían sido pensadas para llenar los huecos que la vida se negaba a cubrir en su absurda trama, trama escrita por dioses ajenos a las emociones humanas.
– ¿Eres tío de Naruto? –preguntó Gaara de súbito, con una ingenuidad tal que por un instante lo hizo parecer muy tierno ante sus ojos.
Kakashi rió a carcajadas ante sus propios pensamientos. Nunca antes, ni durante la misión de rescate lo había considerado tierno. Aterrorizante sí, mortal también. Gaara lo miró sin entender el motivo del exabrupto. Para Kakashi era obvio que sentía curiosidad y que por el interrogatorio se había enterado de la relación existente entre la ANBU y Kakashi, y no conocía otra manera de satisfacerla que preguntar de frente, con franqueza.
– Lo siento Gaara –dijo Kakashi controlando la risa– no, no lo soy.
– Pero...
– Es algo complejo.
– Entiendo.
"No dudo que lo hagas". Pensó con calidez.
– En las ruinas de Thopar, al centro del país del Viento, casi a media jornada de Suna, –comenzó Gaara sin razón aparente tras un largo y estoico silencio por ambas partes– eones antes de que el portador del Rinnegan naciera para dar origen al ninjutsu, se dice que hubo una gran guerra entre magos y mecanos. Esa guerra fue ganada por los mecanos, no tenían emociones, no existía la envidia, el rencor o la territorialidad, para ellos sólo existía una meta, una misión: derrotar a los magos.
"Después los mecanos perdieron ante los primeros emigrantes. No tenían razón para ir más allá de seguir la directiva de terminar con otra raza a través del uso de la fuerza. Pero el uso de ese tipo de poder requiere mantenimiento. Lo mecánico no cambia, sólo mejora, el cambio es tan sólo alcanzable para un ser en constante evolución. A pesar de ello, los ninjas adoptaron la extinción de emociones como un medio para sobrevivir, pero nunca se extinguen por completo, ¿verdad? Se dice: 'mata el corazón de un ninja y matas su razón para luchar', pero, Kakashi-san, la fuerza que tuviste ayer no se compara a la que tendrás mañana".
– Tu punto sería que si matas el corazón te conviertes en una máquina de destrucción que con el tiempo se vuelve obsoleta.
– A veces, no es conveniente matarlo, sólo encubrirlo... dijiste que era complejo. No lo es.
– Tienes razón, no lo es. ¿Sigues con la idea de ser quien complete el equipo?
– Sí. Temari y Baki se quedarán a cargo.
– Partiremos mañana al amanecer.
– Eso pensé.
– La misión consistirá en buscar el escondite de los renegados y averiguar quién ordenó el ataque. Sólo necesito un olor, eso es todo.
– Eso podemos solucionarlo, la marca de chakra del enemigo que atacó a Temari está sobre la ropa que usaba.
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Se sentó en la silla al lado de la cama de Chita. Los vendajes cubrían casi toda la superficie de su cuerpo. Vendas limpias, sábanas limpias, creando un exceso de blanco que lastimaba la vista. La voz de la mujer lo sacó de sus pensamientos.
– Estoy bien Kakashi –musitó.
– Lo estarás. –No volvió la mirada hacia ella, aunque sostenía sus dedos con ambas manos.
– Ya lo estoy. Mañana podré levantarme.
– No es recomendable.
– Estoy acostumbrada.
– Todos lo estamos. Pero yo estoy a cargo y digo que aquí te quedas.
– ¿Preocupado?
– Quisieras.
– ¿Protector?
– Ya déjalo, Momo –muy a su pesar Kakashi sonrió.
– Kurotsuya tampoco supo qué fue. El lugar tan sólo... hizo implosión.
– Hablaremos cuando esto termine. –La interrumpió.
Las misiones largas y traumáticas tenían el efecto posterior de reproducirse una y otra vez en la mente, tratando de encontrar errores inadvertidos al momento, prolongados cuestionamientos sobre el propio desempeño, en suma: razones para evitar la locura. Eran cintas que se rebobinaban una y otra vez. Momo estaba atrapada en la primera parte de la misión y él sabía que tendría que salir de eso por sí misma.
– Duerme. –Musitó acercando el rostro a ella.
Kakashi deslizó su máscara y besó los resecos labios de Momo, apretando con suavidad los dedos vendados. Ella lo miró con una mezcla de tristeza y cansancio y trató de sonreírle. Se apartó de ella, le puso un dedo sobre los labios y movió la cabeza.
Para un shinobi, dormir después de una misión de asesinato significaba condenarse a una prisión de imágenes indeseadas que el cerebro aún trataba de transformar en algo congruente. Algunos solían pasar semanas enteras de insomnio para alejarse de ello, hasta que conseguían encontrar el impulso necesario para seguir adelante, otros no eran tan afortunados.
El hecho de que ella fuera capaz de mantener una conversación un tanto conexa era una muestra del nivel que tenía como shinobi. No obstante, nadie puede escapar a esa prisión, simplemente era algo que se tenía que dejar pasar, poco a poco. Conservar la sanidad era algo difícil de conseguir cuando el alma tenía que pasar por el penoso proceso de convertir una monstruosidad en algo que les hiciera posible vivir consigo mismos.
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Sakura miró con incredulidad a Temari. Luego miró con incredulidad a Kankuro. Luego miró con incredulidad el plato de galletas.
– ¿Están bromeando, verdad?
– No. Es cierto. –Contestó Temari encogiendo los hombros.
– No sabemos dónde las consigue –dijo Kankuro.
– Sospechamos que es Matsuri quien se las provee.
– Ah, eso significa que Gaara tiene una admiradora –afirmó Sakura sonriendo de oreja a oreja, haciendo un guiño travieso.
– No una que quisiera, sin embargo come las galletas, a pesar de que las odia –dijo Temari elevando una significativa ceja.
– No es para tanto, aunque no se las come todas –comentó Kankuro.
– ¿No? ¡Si algunas hasta se convierten en piedra!
– Mmm si las trae Matsuri, entonces será difícil llevarle algunas a Izumo y Kotetsu.
– No. ¿Por qué sería así? Te ayudaré, simplemente desapareceré las galletas. Gaara lo agradecerá –dijo Temari soltando una carcajada.
– No entiendo, si las odia ¿por qué las come?
Ambos alzaron los hombros en el gesto universal de 'ni idea'.
– Gaara prefiere las cosas saladas a las dulces.
Sakura se preguntó si todos los genios eran así, Sasuke tampoco gustaba de las cosas dulces, a decir verdad su gusto por los jitomates era algo extraño. Neji tampoco, por lo que le había platicado Ten-Ten. En cuanto a Kakashi, no tenía ni la menor idea, pero no recordaba haberlo visto consumir dulces. Trató de evitar pensar en todos los genios que conocía, Shikamaru incluido, era mejor para su salud mental.
Temari, tras despedir a los ANBU a cargo de Sakura y designar a Kankuro como su protector y guía turístico, la proveyó de una túnica de lino que la mantenía sorprendentemente fresca a pesar del calor abrasador de la ciudad. Los ropajes, en apariencia pesados, eran en realidad bastante ligeros, mantenían la humedad corporal al mismo tiempo que aislaban de ese sol que caía a plomo sobre la humanidad que poblaba las calles. Su propia piel, demasiado blanca, habría parecido camarón tras unas cuantas horas en las calles de Suna.
No era de extrañarse que los shinobis de Suna fueran tan poderosos. Un clima semejante, unido a la escasez de agua, los había forzado a utilizar lo que pudieran para luchar contra ello, incluida la misma arena que parecía omnipresente a pesar de la barrera erigida para mantenerlos aislados. Tales condiciones eran suficientes para templar a cualquiera.
– ¿Sakura? –la voz llamó su atención.
– Perdón, me perdí en mis pensamientos.
– Pude notarlo. No estás acostumbrada a este calor. Preguntaba si te gustaría una bebida refrescante.
Sakura lo miró. Podía sentir los labios resecos y la garganta comenzaba a arderle. La aridez del clima estaba causando estragos en ella sin que se diera cuenta. Asintió con la cabeza y el joven la condujo hacia un restaurante-bar.
La frescura del interior la atacó de lleno provocando un escalofrío. Escuchó la risa ahogada de Kankuro y ella misma rió un poco. Era como salir del infierno para encontrarse de repente en el país de las nieves eternas. Kankuro avanzó con la confianza de un cliente habitual del establecimiento, saludando con una ligera inclinación de cabeza a los meseros. Ambos se sentaron en una mesa aledaña a un amplio ventanal. El joven le acercó la silla y ella se sorprendió del gentil acto.
– Gracias Kankuro.
– Generalmente Temari es quien se ocupa de las relaciones públicas –afirmó, como si eso aclarara todo.
Un mesero se acercó y tomó las órdenes, retirándose rápidamente hacia el mostrador a preparar las bebidas.
– Lamento haberte distraído de tu agenda, no era necesario ¿sabes?
– Cuando Gaara sale, que no es muy común, uno de nosotros, o Baki se ocupa de sus deberes. Temari fue asignada en esta ocasión para cubrirlo.
– Lamento ser una carga –dijo Sakura, comenzando a amoscarse.
– ¿De qué hablas?
– Parece que mi presencia es una carga.
– Uh... no, es decir... supongo que Temari es mucho mejor compañía que yo –los hombros caídos.
Silencio.
– Agh... soy malo para estas cosas –se rascó la cabeza– me refiero a que, es decir, yo... ¡rayos! –ahora un puchero.
– ¡Kankuro-san, Sakura-san! –exclamó una joven deteniéndose a un lado de su mesa.– Wow, estas son noticias, ¡Kankuro-san en una cita!
– ¿Qué? No, Matsuri-san lo malinterpretas –se defendió Kankuro, agitando las manos vigorosamente.
– Vamos, senpai no hay de qué avergonzarse, Sakura-san es muy hermosa –afirmó Matzuri echándole una mirada significativa seguida de un guiño.
– ¿Qué? No, es sólo que yo...
– Y es grosero que lo niegues –agitó un dedo frente a su nariz, como si reprendiera a un chiquillo.
– ¡No lo estoy negando!
– ¡Entonces lo admites!
– Matsuri... –una nota de advertencia en la voz.
– Ya, ya, me retiro, los dejo 'solitos'. ¡Gusto de verte Sakura-san!
– Hmpf...
Sakura miró el intercambio sin entender qué pasaba. Trataba de acordarse de dónde conocía a esa chica. Entonces recordó que era una de las admiradoras de Gaara y su pupila, y según le comentó Shizune había pasado el último examen de chuunin realizado en Konoha, mientras su propio equipo apoyaba al equipo 10 en vengar la muerte de Azuma.
– Cielos, se hacen cada idea... Mis disculpas, Sakura, no era mi intención que esto... –hizo un gesto vago con las manos– pareciera una cita.
El mesero se acercó con sus bebidas y le dirigió a Kankuro la misma mirada que Matsuri. Kankuro se removió inquieto en su asiento. Sakura lo miró, para ser un jounin, Kankuro era bastante tímido y parecía casi inofensivo. Si ella no supiera mejor que nadie lo que un maestro titiritero era capaz de hacer... acodó los brazos sobre la mesa apoyando la barbilla sobre el dorso de sus manos, examinando a su, de pronto, 'cita' por primera vez y no desde el punto de vista médico.
– ¿Por qué no? –preguntó, sintiéndose ligeramente malévola.
– No me malinterpretes, eres una mujer hermosa, pero Naruto...
– ¿Qué tiene que ver él en nuestra cita?
– Naruto es alguien muy preciado para mi hermano, y también para nosotros –dijo él bajando la mirada, un tinte rosáceo cubriendo sus mejillas.
– Ahora estás arruinando nuestra cita.
– No es una cita, yo... ni siquiera sabría cómo llevar una.
Sakura se preguntó si debería seguir embromándolo, pero lo vio bastante atribulado y decidió dejarlo en paz. Aunque la idea de estar en una cita con él no le parecía mala. El joven era atractivo sin esa pintura de guerra que solía usar. No al mismo nivel que Gaara, tenía que admitirlo, el Kazekage era, por ponerlo en palabras simples, realmente hermoso, aunque el adjetivo no pareciera ser el adecuado para describir la belleza en términos masculinos.
– Naruto y yo sólo somos amigos, lo quiero como si fuera mi hermano.
– Él siente de otra manera.
– Lo sé.
– ¿Eso significa que sigues enamorada del Uchiha? –se interrumpió– perdón, no es algo de mi incumbencia.
– No lo sé –desvió la mirada.
– Lo siento.
– No lo hagas –aún no sabía por qué le había respondido. Simplemente era algo que se sentía... correcto hacer.
– Sakura, en realidad estoy disfrutando tu compañía, es sólo que, bueno, de verdad soy malo para estas cosas.
– Entonces hagamos como que tú no preguntaste y como que yo no respondí y como que en realidad estamos en una cita, ¿te parece?
Kankuro asintió ahogando el nerviosismo, después de todo, ahora esta era su primera cita real, aunque eso no lo sabía Sakura.
No supo qué la impulsó a decir lo que dijo, pero en realidad no importaba. No se podía engañar, amaba a Naruto, pero no de la forma que él quería, tal vez el hado en realidad existía y ellos no estaban destinados a amarse de la otra forma. Muchas veces se sentía mal por no poder reciprocar el sentimiento de su amigo, pero algo le quedaba claro: al corazón no se le podía engañar.
Pensó que tal vez también ese era el caso con Sasuke. Ni siquiera comprendía por qué le había dado las gracias antes de irse con Orochimaru. ¿Gracias de qué?, ¿por amarlo?, ¿agradecimiento porque le pidió que se quedara?, ¿por la devoción fanática que caracterizara su niñez y pre-adolescencia?
"¿Alguna vez hice que se sintiera mal por amarlo?"
'Culpa' era una palabra que no quería escuchar ni como trasfondo ni en voz alta.
Ella podía amar a Sasuke con todo su ser, pero eso no le obligaba a él a corresponderle. La vida no funcionaba así. Alejó los pensamientos de su cabeza, 'carpe diem'.
Por lo pronto, tenía un atractivo jounin enfrente, caballeroso, medio tímido y francamente adorable en esa timidez. La vida de un shinobi era corta…
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Su presencia siempre atraía miradas. Muchas eran de franca admiración hacia él, pero la mayoría eran de abierta curiosidad ante uno de los ninjas más famosos de todas las épocas. Con el tiempo él se había acostumbrado a esas reacciones, aunque no del todo. El libro porno de bolsillo que siempre traía entre las manos, ocultando aún más su rostro, era un símbolo, el de un escudo invisible que él pretendía, subconscientemente, que lo aislara de la atención del resto del mundo. En Konoha había resultado, la gente había comprendido, también de manera subconsciente, que no deseaba llamar la atención. En Suna, sin embargo, le parecía un tanto inapropiado. Así que agradeció la túnica con capucha que les proveyera Temari pues conciliaba su apariencia.
Podían haber partido al atardecer aprovechando el frescor de la noche para abandonar Suna, pero Kakashi sabía mejor que nadie que si Gaara insistía en acompañarlos como parte del equipo, era mejor darle el tiempo necesario para ajustar la apretada agenda de Kazekage para adaptarla a su ausencia. Sakura necesitaba descansar y reponer el desgaste de chakra que había sufrido durante el viaje y el tratamiento de la ANBU. Y él, tras su charla con Gaara y la rápida visita a Momo, se había dirigido a los cuarteles para enlistar los pertrechos que solicitaría de Suna para realizar la misión, una vez terminado el procedimiento regresó al hospital.
Kakashi entró a la habitación privada a donde la habían trasladado apenas salir del coma. A pesar de la presencia de los dos ANBU custodiando la entrada, podría disfrutar de cierta intimidad. Ambos hombres inclinaron ligeramente la cabeza cuando llegó ante ellos y él correspondió el saludo, entró a la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Se dejó caer en la silla a un lado de la cama de hospital. El ligero sonido que hizo el mueble bajo su peso causó que Chita abriera los ojos.
– ¿Mejor?
– Me gustaría decir que sí, pero creo que tomará tiempo salir de este lugar –contestó ella, la voz cansada.
– ¿Quién tiene prisa?
– ¿Yo?
– Maa, Momo, sabía que me deseabas, pero no creí que tanto.
– Sigue soñando –la diversión en su voz fue algo que él sintió como un bálsamo.
– Rompes mi corazón –se puso la mano sobre el pecho.
– ¿Tienes uno?
– ¿Tú qué crees? –preguntó él inclinándose hacia ella.
– Ja.
– Me ofendes... –de alguna manera se las ingenió para evidenciar un puchero bajo la máscara.
– Eso es algo que dudo que alguien consiga.
La contagió con sus carcajadas, se apretó los músculos abdominales con ambas manos tratando de aliviar el dolor que los espasmos de risa producían en su maltratado cuerpo. Kakashi se inclinó aún más sobre ella, acercando el rostro a milímetros.
– Shhh te lastimarás.
– Tú eres el causante –replicó ella, aún jadeando para controlar la risa.
– Maa, mujer... ahora me levantas falsos.
– Ya cállate Kakashi –dijo ella estirando la mano y bajando la máscara del hombre para posar sus labios sobre los de él.
– A pesar de lo mucho que me agrada regalarte con mi presencia, me temo que tengo que retirarme –le dijo tras apartarse un poco.
Le sonrió, para después besarla largamente, con una delicadeza que incluso a él mismo lo sorprendió. Se separaron y por un largo tiempo recorrió el rostro de Momo con los dedos, guardándolo en la memoria táctil para invocarlo cuando fuera necesario. Ella hizo lo mismo, peinando con los dedos ese rebelde cabello plateado, pestañeó y él sintió las largas pestañas acariciar sus labios.
– No mueras Kakashi.
Se sentía reticente, no quería irse y dejarla ahí, no aún, quería seguir a su lado por un rato más. Pero la razón se impuso. Colocó la máscara en su sitio y se retiró, agitando la mano. La fórmula de despedida, muy de ellos, le regresó un sentido de familiaridad. Sin volver la vista, abandonó el lugar.
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El sol asomaba su rostro sobre el horizonte oculto tras la muralla de Suna cuando los 3 shinobi se reunieron a la entrada. Quienes montaban guardia en los desniveles veían con ansiedad a su Kage, a ninguno de ellos le agradaba demasiado su ausencia, pero se guardaban bastante bien su opinión. Kankuro, Temari y Baki habían acudido a despedirlos.
– Baki, confío en ti y en Temari.
– No traicionaré tu confianza, Gaara-sama, –Baki hizo una reverencia y volvió a su postura erguida.
– Siempre puedes contar con Takamaru –añadió Gaara ante la sombra de preocupación que cubría el rostro de su hermana. Temari asintió.
– Que tengan éxito –Kankuro posó una mano sobre el hombro de Gaara, que lo miró, con un ligero pestañeo que sustituía alguna emoción.
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Siendo la primera vez que Kakashi y Sakura colaboraban con Gaara en una misión, Sakura no sabía exactamente cómo actuar ante él. Era obvio que él reconocía a su capitán como alguien a su nivel, no así para con ella, manteniendo el honorífico 'san' firmemente tras su nombre. Suspiró resignada.
Avanzando a través de elongadas dunas y el sol reflejando sobre ellas emanaciones que producían interferencia visual, sintió la falta de algo. Tras todo el tiempo que había pasado al lado de Naruto estaba acostumbrada a algo, de hecho, bastante, ruido a su alrededor. Era una rutina ya vieja en la que Naruto hacía escándalo, ella lo aplacaba, en tanto que Kakashi y Sasuke, y ahora Sai, proporcionaban los silencios. Estar junto a dos ninjas tan callados comenzaba a ponerla nerviosa.
Kakashi pareció percibir su inquietud y volvió el rostro hacia ella sonriéndole mientras avanzaban, ella iba un par de pasos atrás a su izquierda y Gaara a la derecha. Formación de flecha, les habían dicho en los viejos días de la academia.
– Maa Sakura, ¿qué tal fue tu cita con Kankuro?
– ¡Kakashi-sensei! –exclamó indignada, ¿acaso el hombre tenía espías en Suna?, se sonrojó aún más cuando vio la mirada interrogante que le dirigió Gaara.
Sakura se recriminó por haberle pedido a los dioses que alguien rompiera el silencio. La habían escuchado y seguro ahora estarían riéndose del resultado. Sobre todo, considerando que a quien habían hecho hablar había sido a su chiflado maestro.
– No hay de qué avergonzarse, Sakura –continuó Kakashi y ella comenzó a sentir el chakra formarse en sus puños.
– ¿Cómo te enteraste?
– Matsuri estaba emocionada y la escuché comentarlo con Temari –aclaró Kakashi sin darle mucha importancia.
– No fue como si fuera una cita. –Se excusó embrollada, la furia disolviéndose en un absurdo rubor que le cubría las mejillas.
– Ah, y ¿cómo es eso? No hay tal cosa como citas a medias.
– Podría estar en desacuerdo con eso –gruñó Sakura recordando las múltiples ocasiones que estuvo casi a punto de tener una cita con Sasuke, a pesar de él mismo, es decir.
– Maa, Sakura, una cita de cuando en cuando es saludable.
– ¿Podrías decirme cómo fue que mi maldita vida amorosa se convirtió en el tema que se te ocurrió sacar para iniciar una plática? –tronó– ¿Y a qué te refieres con de cuando en cuando? ¡Aghh!
–Woaa, ¡admites que es tu vida amorosa!
Gaara no estaba acostumbrado a la falta de protocolo entre los ninjas de Konoha. Él había sido criado entre la realeza, desde su propio padre a profesores estrictos que exigían etiqueta en el comportamiento. Nunca había escuchado a un ninja inferior dirigirse de esa manera a su sensei. Frunció el ceño algo confundido, eran usos de otros lugares. Se limitó a seguir el intercambio. Pero en algún momento debió haberse perdido porque ahora había un ninja-copia huyendo a todo lo que daba de una kunoichi cuyos puños brillaban en un alarmante despliegue de chakra azul. Sacudió la cabeza y dirigió chakra hacia sus pies para igualar la velocidad que ambos estaban alcanzando.
– Kakashi-sensei, ¡detente!
– Me temo que no Sakura-chan, quiero comenzar esta misión vivo.
"¿Están jugando?" se preguntó Gaara, tomando impulso para alinearse con Kakashi.
– ¿No sería conveniente que te detuvieras, Kakashi-san?
– Maa, no la conoces, si me alcanzara quedaría hecho pulpa –contestó de buena gana, como en tono confidencial.
Gaara resopló por la nariz sin comprender. ¿Kakashi le temía a la chica? Lo dudaba. "Debe ser una especie de juego" se dijo, continuó avanzando a la par del hombre. Echó un rápido vistazo hacia Sakura que los seguía a corta distancia con el ceño fruncido en actitud concentrada.
– Las mujeres pueden ser aterradoras –afirmó Kakashi.
– No me parece que lo estés.
– No lo estoy –desconcertado.
– ¿Es un juego?
Kakashi lo miró, el tono auténtico de su pregunta lo había sorprendido de momento. Pero era lógico, Gaara sabía poco de juegos y bromas. Ponerse al día en cuestiones relacionadas con sentimientos y vida normal debía ser difícil para un joven que la mayor parte de su corta vida había estado recluido y ahora cargaba sobre los hombros las arduas tareas de un Kage.
– Podría decirse –respondió poniendo cara feliz– Sakura está acostumbrada al ruido. –Añadió un poco más serio, como fuera explicación suficiente.
– ¿El ruido de Naruto-kun?
– Yep. Si no lo tiene se tensa.
– ¿Tensarse como de prepararse para pelear?
– Más bien como de ponerse ansiosa –Kakashi meditó un poco antes de responderle.
– Entonces decidiste hacer ruido.
– Es una buena forma de decirlo –nuevamente la cara feliz.
