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Claire esperaba de pie afuera de la tienda de libros Flourish & Blotts, haciendo guardia mientras los señores Weasley y Ginny compraban los libros de los chicos. Había notado que, además de la señora Weasley, muchos de los transeúntes que circulaban por el Callejón Diagon tenían una mirada acosada. Aunque supuso que era normal ya; así debía de haber sido la primera vez que el Señor Tenebroso se había alzado al poder. Sin embargo, Claire se mantenía tranquila, pues dudaba que a tan pocos meses de haber sido revelado su regreso, Voldemort o sus hombres intentaran algo a plena luz del día, en un lugar tan concurrido como en el que estaban. De todas maneras, se mantenía alerta, y cuanto antes pudiera reunirse con los demás, mejor. Sabía que Harry y los chicos estaban más que a salvo con Hagrid y Neil, pero no poder verlos ella misma la estresaba un poco.

Unos pocos minutos después, los tres Weasley salieron de la tienda, cada uno cargando con un pesado paquete de libros. Claire se ofreció a tomar uno, el de la señora Weasley, pero ella insistió en que lo mejor era que ella tuviera las manos libres para utilizar la varita en caso de que fuera necesario. El señor Weasley llevaba la mayor carga, seguramente los libros de Hermione y los de su hija, mientras que las mujeres llevaban montones iguales.

- ¿Pudieron conseguir todo? – preguntó Claire, mientras comenzaban a caminar en dirección a la tienda de túnicas.

- Casi todo. – dijo la señora Weasley. – No les quedaba ninguna copia de Magia Defensiva, quinta edición. Tendremos que comprarlo otro día y enviársela a Ginny por correo.

- Oh, yo tengo uno de esos. Lo compré el año pasado; pensaba usarlo de libro guía en las clases de Defensa. – dijo Claire. – Puedes tenerlo, Ginny. Es mucho mejor que el texto aprobado por Umbridge; ese no lo usaría ni de alimento para mi chimenea.

Ginny rió.

- Muchas gracias, querida. – dijo la señora Weasley.

- Espero que puedas ayudarme a estudiar este año, Claire. – dijo Ginny. – Recuerdo que Harry, Ron y Hermione estaban completamente sobrepasados con los TIMOs el año pasado.

Claire asintió inmediatamente.

- Por supuesto. – dijo. – Cuando quieras.

Pudieron ver a Harry y los demás, junto a Hagrid y Neil, afuera de la tienda de túnicas. Claire tuvo que morderse la lengua para no sugerirles a Harry y Ron que compraran ingredientes para sus pociones, pues hubiera significado revelar que ambos, con sus calificación en la asignatura que habían obtenido en sus exámenes TIMOs, calificaban para tomar el curso de EXTASIS bajo la tutela del profesor Slughorn. En cambio, se excusó diciendo que debía comprar algunas cosas para ella en el boticario, ordenando en realidad los mismos ingredientes que Hermione había comprado, en duplicado, para ellos dos, y pidió que se las enviaran a Hogwarts por correo.

Luego pasaron al Emporio de las Lechuzas, donde Harry y Ron si compraron; frutos secos para sus aves. La señora Weasley miraba su reloj a cada minuto, y finalmente cruzaron la calle para buscar la tienda Sortilegios Weasley, de bromas de Fred y George.

- No tenemos mucho tiempo... - dijo la señora Weasley. - Solo haremos una visita rápida antes de volver al coche... A ver, número noventa y dos, noventa y cuatro..."

- ¡Aquí! - dijo Ron, deteniéndose.

Muy diferente al resto de las fachadas de las demás tiendas, que tenían carteles alrededor de ellas, la vitrina de Fred y George tenía un muestrario de fuegos artificiales. Transeúntes ocasionales miraban hacia la ventana, y varias personas quedaban atontadas y parecían querer atravesar el cristal con la mirada. La ventana de la izquierda estaba llena de un surtido de objetos que giraban, reventaban, brillaban, chillaban... Claire tuvo que apartar la mirada cuando sus ojos comenzaron a lagrimear de tanto mirarlos. La ventana de la derecha estaba cubierta con un gigantesco cartel de color morado, como los del Ministerio, pero adornado con letras de color amarillo.

Claireo tuvo que admitir que era divertido. Neil rió con suavidad, acompañando las risas de Harry y Ron. La señora Weasley, sin embargo, no lo encontró nada divertido.

- Los asesinarán mientras duermen. - susurró.

- ¡No! ¡Está genial! - dijo Ron, riéndose. - ¡Es brillante!

Y él y Harry entraron en la tienda. Los señores Weasley les siguieron, luego Hermione y Ginny, y finalmente ella junto a Neil. Hagrid, quien no hubiera cabido dentro de la tienda, se quedó afuera para hacer guardia.

El lugar estaba repleto; Claire no podía ni ver lo que había en los estantes, pero se fijó en las decenas de cajas de los surtidos saltaclases que los gemelos habían perfeccionado; el turrón de hemorragia nasal era al más popular, al parecer. Vio a niños pequeños probando varitas de broma; algunas se transformaban en pollos de goma o calzoncillos cuando se les agitaba, pero había otras que se enroscaban alrededor de la frente y el cuello del usuario. Leyó un cartel que promocionaba plumas de gran variedad; desde algunas con comprobación de ortografía automática, hasta las que escribían y respondían solas, todas con carga de tinta automática.

- Si que parecen tener éxito. - comentó Neil, sonriente. Parecía un niño emocionado, casi hipnotizado con tanto color y ruido divertido. Claire sonrió.

- Ven, vamos a ver. - dijo Claire. - Claro que deberás hacernos camino.

Neil se puso delante de ella y fue abriéndose paso a través de los clientes. Consiguieron llegar primero a donde estaban las chicas y Harry; frente a una estantería que mostraba varias botellas con líquidos de diversos colores brillantes, dentro de cajas en cuyos dorsos se daban instrucciones de los contenidos. Hermione leía una en voz alta.

- Un simple conjuro que le hará entrar en un sueño de primera calidad, altamente realista, de treinta minutos. Fácil de utilizar en medio de una clase aburrida y prácticamente indetectable. Efectos secundarios incluyen mirada vacía y leve babeo). Prohibida la venta a menores de 16 años. - Hermione los miró. - Esta es magia extraordinaria.

Claire no pudo menos que asentir; los gemelos habían mostrado especial talento para ese tipo de cosas.

- Por eso, Hermione, - habló una voz detrás de ellos. - Puedes tener uno gratis.

Se voltearon y se encontraron con Fred, radiante, vestido con una túnica magenta que destacaba su pelo rojo.

Saludó a Harry y a Hermione, antes de dirigirse hacia ella.

- ¿Cómo estás, Claire? - se agachó para abrazarla.

- Muy bien. - respondió Claire, sonriente. - Estoy impresionada; son un éxito.

Fred inclinó la cabeza con solemnidad, antes de mirar a Neil.

- Inspector Hielsen. - saludó, sonriente, extendiendo su mano. Harry, Hermione y Ginny miraban algo sorprendidos la escena.

- Solo Neil. - corrigió el alemán, estrechando la mano del joven como si siempre hubieran sido grandes amigos.

Claire miró a los estudiantes, comprendiendo que ellos desconocían algo que ella sabía desde hacía poco.

- Parece que no se los han dicho... - susurró la consejera. - Neil sorprendió a los chicos el año pasado, con lo de la broma del pantano, pero ofreció sacarlos del aprieto. Ellos se negaron porque de todas maneras iban a salirse de Hogwarts.

Neil se lo había dicho unos días antes.

- Quisiera mostrarles algo. - dijo Fred, dirigiéndose a Harry, Neil y a ella. - Vengan, vamos a ver la tienda.

Y dejaron a las chicas mirando más pociones. Se movieron con dificultad a la parte de atrás de la tienda, donde vieron trucos de cartas y cuerdas.

- Trucos de magia muggle, para los fenómenos como mi papá. No dan muchas ganancias, pero son novedad. Miren, ahí está George...

El gemelo de Fred estrechó las manos de Harry y Neil con energía, y abrazó a Claire para saludarla.

- ¿Qué tal la visita? Vengan, vamos a la parte de atrás... ahí es donde hacemos el verdadero dinero.

George corrió una cortina que estaba al lado de los trucos muggle y entraron a una habitación más oscura y menos abarrotada. Los embalajes de los productos de ahí eran mucho menos vistosos.

- Hemos desarrollado una línea más seria. - dijo Fred. - Fue gracioso como ocurrió...

- No creerían cuanta gente, incluso las que trabajan en el Ministerio, no saben hacer un Encantamiento Escudo decente... - dijo George. - Claro, no habrán tenido maestros como ustedes...

Miró a Harry y a Claire, cómplice.

- Exacto. Bien, pensamos que los Sombreros Escudo eran algo gracioso; ya saben, atacan tu cabeza y tú te ríes con la cara que pongan cuando el hechizo les rebote. ¡Pero el Ministerio compró quinientos de ellos! Y todavía ordenan grandes cantidades. - Dijo Fred, emocionado. - Por lo que nos hemos puesto a desarrollar toda una gama de productos como relojes Escudo, guantes escudo...

- Digo, no serían de mucha ayuda contra Maleficios Imperdonables, pero disminuyen los efectos de los maleficios comunes. - agregó George. - Así que hemos pensado en meternos en el área de la Defensa Contra las Artes Oscuras, porque es todo un negocio. Mira, es genial. Polvo de Oscuridad Instantáneo. Lo estamos importando desde Perú. Práctico si quieres escapar rápidamente.

- Y nuestros Señuelos Detonadores se venden como pan caliente. Solo debes dejar caer uno y éste saldrá corriendo y hará ruidos desde lo oculto...

- Práctico. - dijeron Harry, Neil y Claire, al mismo tiempo. Ella no pudo evitar pensar que les hubieran venido muy bien en el Bosque Maldito, para distraer a los Inferi.

- Ten, Harry. - dijo George alcanzándole unos señuelos.

Una bruja joven de cabello rubio y corto se asomó desde atrás de la cortina, también vestida de color magenta.

- Hay un cliente buscando un caldero de broma, señor y señor Weasley. - dijo.

- Gracias, Verity, ya vamos. - dijo George, inmediatamente. - Harry, toma lo que quieras, ¿bien? Gratis.

- ¡No puedo hacer eso! - dijo Harry, quien ya había sacado el dinero para pagar los Detonadores. Claire sonrió ante su humildad.

- Aquí no pagas, Harry. - dijo Fred con firmeza.

- Pero...

- Nos diste nuestro primer préstamo, no lo hemos olvidado. - dijo George con severidad. - Llévate lo que quieras, solo recuerda comentarle a la gente dónde lo conseguiste.

Fred miró a Claire y Neil.

- Y ustedes tienen un descuento especial, por su ayuda el año pasado.

Claire iba a rechazar su oferta, pero los gemelos se marcharon antes de que pudiera hacerlo. Estaba bien, de todas maneras no creía que fuera a llevarse nada. Claire siguió a Harry y a Neil, quienes pedían permiso y empujaban con cuidado a la gente para poder pasar, y regresaron a donde estaban Hermione y Ginny, aún viendo las pociones del día soñado.

- ¿Vieron ya nuestros maravillosos productos para brujas? - preguntó Fred, junto a las chicas. - Síganme, señoritas...

Claire alcanzó a las chicas, adelantándose a Harry y Neil, quienes las siguieron con lentitud. Cerca de la ventana había un montón de productos de un rosa brillante, los cuales tenían a su alrededor a un grupo de chicas emocionadas, algunas de ellas forcejeando para alcanzar algunos antes que las demás. Claire logró escuchar sobre el ruido como Neil le comentaba a Harry.

- Mejor nos quedamos por aquí; créeme, no quieres estar en medio de una lucha entre chicas que andan de compras.

Claire se volteó y miró a Neil, alzando una ceja antes de apuntar sus propios ojos y luego a los de él, con una expresión falsa de molestia; más bien, coqueta.

- Aquí los tienen. - dijo Fred, orgulloso. - Las mejores pociones de amor que encontrarás en todo el mundo.

Ginny levantó una ceja, escéptica.

- ¿Funcionan?

- Claro que si, por más de veinticuatro horas, dependiendo del peso del chico en cuestión.

- Y el atractivo de la chica. - agregó George, apareciendo de pronto. - Pero no se lo venderemos a nuestra hermana. No cuando ella tiene como a cinco chicos ya...

Claire juntó las cejas.

- Cualquier cosa que hayas escuchado de Ron es una gran mentira. - aclaró Ginny, tranquila.

- Y aunque fuera verdad, es cosa de ella, ¿no? - dijo Hermione. Claire asintió y alzó ambas manos.

- Poder femenino. - dijo, recibiendo los cinco de las dos chicas, sonrientes, antes de que las tres miraran a los gemelos, desafiantes.

Los pelirrojos no dijeron nada al respecto. A Claire le pareció escuchar un "corran, chicos" en un susurro fuerte a su espalda con la voz de Neil. Sonaba entretenido.

Ginny se inclinó y tomó un pote rosa.

- ¿Qué es esto?

- Garantiza la desaparición de cualquier grano en diez segundos. Excelente desde forúnculos hasta puntos negros, pero no cambies de tema. - dijo Fred. - ¿Estás saliendo con un chico llamado Dean Thomas?

- Si. - dijo Ginny. - Y la última vez que me fijé, él era solo un chico, y no cinco. ¿Qué son esos?

Señalaba un grupo de pelotas de pelusa redondas de tonos rosa y púrpura, todas girando en el fondo de una jaula y emitiendo fuertes chillidos.

- Puffs Pigmeos. - dijo George. - No hemos podido causar un efecto grande con ellos todavía. ¿Qué pasó con Michael Corner?

- Lo dejé, era un mal perdedor. - dijo Ginny simplemente. Claire sonreía, divertida, mientras se inclinaba junto a Hermione y Ginny para observar a los Puffs. - ¡Son muy lindos!

- Son tiernos, si. - concedió Fred. - ¿No crees que estás cambiando de novios muy rápido?

Claire volvió a juntar las cejas, con unos enormes deseos de detener esa conversación que se estaba tornando bastante machista para su gusto, pero sabía que Ginny podía defenderse sola. La pelirroja se volteó para mirar a su hermano, con un semblante rígido que se parecía bastante al de la señora Weasley cuando estaba enojada.

- No es asunto tuyo. Y te agradeceré... - dijo Ginny, cambiando hacia Ron, quien acababa de aparecer junto a George, cargado con mercancía. - ¡Que no le cuentes mis cosas a estos dos!

- Eso cuesta tres Galeones, nueve Sickles y un Knut. - dijo Fred, examinando las cajas en las manos de Ron. - Dame el dinero.

- ¡Pero soy tu hermano!

- Y esas son nuestras cosas. Tres Galeones, nueve Sickles. Te perdono el Knut.

- No tengo ese dinero...

- Pues mejor devuelve esas cosas; y cuida de dejarlas donde estaban.

Ron dejó caer las cosas y maldijo, dedicándole un gesto obsceno con la mano a Fred. Lamentablemente para él, todo lo vio la señora Weasley, quien había elegido el momento justo apara aparecer.

- Si te veo haciendo eso otra vez, te pegaré los dedos con magia. - dijo ella, en tono amenazador.

- ¿Puedo llevarme un Micropuff, mamá? - preguntó Ginny.

- ¿Un qué? - preguntó la señora, cautelosa.

- Mira, son tan tiernos...

La señora Weasley se acercó a la jaula para mirar las pelusas de colores. Claire miró a los gemelos, Neil estaba con ellos, mirándolas a ellas, e inclinó la cabeza hacia la pelirroja, insinuando claramente lo que sería una perfecta disculpa para sus insinuaciones sobre su hermana.

- ¿Y cuánto cuestan? - preguntó Ginny, alzándose para mirar a sus hermanos.

Fred y George intercambiaron una mirada.

- Llévate el que más te guste. - dijo Fred.

- Pero no le digas a Ron que fue gratis. - agregó George.

Y con eso, los tres hermanos volvieron a ser tan amigos como siempre.

Claire sonrió y se volvió para seguir mirando los productos; realmente tenían de todo. Incluso golosinas normales. Y entonces se fijó en otra jaula que había por ahí, un poco más pequeña que la de los Puffs. Dentro, había un pequeño animal, peludo y con cola esponjosa, que saltaba de lado a lado, sujetándose de las barras de la jaula. Medía cerca de quince centímetros de largo, y tenía unos ojos grandes y negros. Parecía una ardilla, pero no era una. Era simplemente adorable. Se acercó rápidamente.

- ¿Y esto qué es? - preguntó. George llegó a su lado. - Es tan tierno...

Neil también se acercó. Fred había ido a darles las cosas para el Puff a Ginny.

- Es una petauro. Se les conoce también como planeadores de azúcar. - dijo George. - Son mascotas que se han vuelto bastante populares entre los muggles. Pensamos que serían buenas mascotas para niñas, pero... las Lechuzas las consideran buena cena, así que hemos tenido que dejar de traerlos. Ésta de aquí es la última que nos queda. Ten, aquí se explica todo...

Le ofreció uno de los folletos junto a la jaula. Claire lo abrió y comenzó a leer. Era un marsupial, de vida de 10 a 12 años, que se alimentaba sobre todo de cosas dulces como fruta y miel, pero también del néctar de las flores e insectos. Muy sociables... Claire se mordió el labio inferior; normalmente no tenía arrebatos así, pero cuando deseaba algo de aquella manera, tenía que tenerlo si estaba dentro de lo posible. No eran difíciles de cuidar; bastante básico, en realidad. Limpiar la jaula, alimentarlo, darle agua. Lo más que demandaban era compañía, pero en el folleto decía que podía llevarse dentro del bolsillo de la camisa, algo que les gustaba pues, al ser marsupiales, estar pegados a quienes estaban vinculados era parte de su naturaleza.

- ¿Cuánto cuesta?

- Veinte Galeones... pero lo acaban de comprar. - dijo George.

- ¿Cómo? ¿Justo ahora? - preguntó Claire, visiblemente decepcionada.

- Lo siento. - dijo el pelirrojo, pero sonreía. Miró a Neil. - Ven, te la entregaré y te daré algunas cosas para ella.

Claire miró a Neil alzando las cejas. Él le guiñó un ojo y fue con George a pagar.

- Oye, Neil, espera...

Se vio dificultada para seguirlos porque un grupo de chicos se atravesó en su camino. Tuvo que pedir permiso varias veces antes de poder avanzar y llegar a la caja, para detener a Neil, pero ya era tarde. Él se volteó con una jaula en las manos, y la miró.

- Ten. - le dijo simplemente. La pequeña mamífero estaba dentro de la jaula, moviéndose rápidamente, saltando de lado a lado, excitada. - Cuídala bien.

Claire lo miró a los ojos; había querido detenerlo antes de que le comprara el pequeño animal, pero ahora que lo tenía no pudo decirle nada. Terminó sonriendo y, antes de tomar la jaula, se acercó a él y se puso de puntillas para darle un tierno beso en los labios. Neil le sonrió.

La consejera escuchó un carraspeo detrás de ella, y se volteó para mirar a Ginny, quien la miraba, divertida. La señora Weasley la miraba a ella y a Neil alternadamente.

- No sabía que estaban saliendo. - dijo Ginny.

- Bueno... técnicamente no lo estamos. - dijo Claire, y miró a Neil por sobre su hombro, sonriente. - Neil aún no me lo ha pedido así que...

Neil ahogó una risa.

- Por Dios, Claire. Te acabo de regalar una petauro... - dijo, divertido.

Claire rió con suavidad, abrazando la jaula luego de quitársela de las manos a Neil.

- No es lo mismo. - dijo. - Pero gracias.

Estaba jugando. Si bien no le habían dado nombre a su relación, y ninguno de los dos había dicho en ningún caso que estaban saliendo, Claire sentía que así era. Le encantaba aprovechar cada momento que podía para comunicarse o estar con él, y si bien aquel beso era la primera muestra en público de que entre ellos ocurría algo más que una amistad, la verdad era que para ella, ellos estaban saliendo.

- Oigan... - dijo Neil, de pronto. Miraba en todas direcciones con el entrecejo fruncido. - ¿Dónde están Harry, Ron y Hermione?

La señora Weasley pareció ponerse pálida de pronto, mientras comenzaba a mirar en todas direcciones, buscando a su hijo hijo y sus amigos. Claire también comenzó a buscar, concentrándose en encontrara la cabellera roja de Ron, la melena de Hermione o el desordenado pelo de Harry. No pudo ver ninguno de ellos entre la multitud.

- Iré a preguntarle a Hagrid. - dijo Claire, rápidamente. Dejó la jaula de su nueva petauro sobre el mostrador de la caja y se abrió paso a toda prisa, o lo más rápido que pudo, hacia la puerta de la tienda. El semi-gigante estaba de pie con la mirada puesta en el camino, observando a los transeúntes, sin mostrar ninguna señal que indicara que había detectado la desaparición de los chicos. - Hagrid...

El aludido bajó la mirada para verla; sus ojos parecían diminutos entre su enmarañado pelo y su tupida barba.

- Hey, Claire. ¿Te aburriste de la multitud? - preguntó Hagrid, contento. - Les va bastante bien, a los gemelos...

- Hagrid, ¿ha pasado Harry por aquí?

- Por supuesto que no. - respondió el enorme hombre, casi ofendido. - Es imposible que los hubiera dejado pasar.

Claire asintió y se quedó pensando unos momentos.

- No podemos encontrarlo, ni a Ron ni Hermione, dentro de la tienda. - explicó Claire. Hagrid abrió los ojos lo más grande que pudo.

- Pues no han salido por aquí. Te lo aseguro, Claire. - insistió Hagrid, un poco menos convencido que antes. - Deben estar perdidos entre la gente ahí adentro.

Eso esperaba Claire.

- Volveré a buscarlos. - dijo ella.

- Yo mantendré mis ojos abiertos. - dijo Hagrid. - Les avisaré si veo algo.

Claire volvió a entrar en la tienda, localizando a la señora Weasley, quien esperaba junto a la caja registradora, con una mirada angustiada. Al verla acercarse, se le tensaron los labios.

- Hagrid dice que no han salido. - informó Claire. - O al menos, no los vio salir. Iré a buscar por los pasillos...