Capítulo IV

Hola Hola ! Paso rapido por aquí a dejarles un nuevo capi ... vengo corriendo así que si hay muchas faltas y así una disculpa, háganmelo saber y luego las corrijo.

Mañana no podre actualizar y probablemente el lunes tampoco por eso lo hago ahora aunque sea deprisa y corriendo para no hacerlos esperar demasiado.

Ya me callo y los dejo leer ... espero que les guste !

PD: No olviden el review abajito en el cuadrito vacio que aparece al final del capitulo, no les cuesta nada, no mas de 5 minutos, y a mi me alegran el día !

PD2: Gracias a los nuevos followers y a los lectores que no muestran su presencia ... me gustaría leer sus opiniones sobre la historia, comentarios, sugerencias ... todo eso me ayuda a mejorar :) :)


Las horas que siguieron fueron las peores de su vida. No podía dejar de pensar en Rick y en que le gustaría que él estuviera ahí con ella en esos momentos. Tenía miedo, mucho, más que nunca antes en su vida, más que después del disparo; y el estado de nervios en que se encontraba Collin no la ayudaba nada. Todo el tiempo le preguntaba cómo se sentía y no dejaba de dar vueltas por la habitación. La estaba poniendo nerviosa a ella también y eso no hacía sino impedirle respirar por lo que el dolor aumentaba.

-¡Sal Collin!

-¿Qué?

-Que salgas de la habitación, quiero que esperes en el salón, todavía es pronto y me estas estresando. Si necesito algo te llamo- las últimas palabras fueron un susurro casi inaudible ya que Kate trataba de aguantar el dolor mientras hablaba.

Collin no se movió.

-¡Te he dicho que salgas de la maldita habitación, fuera de aquí!- explotó Kate sobrepasada por las emociones y las sensaciones.

Él obedeció y no fue hasta dos horas más tardes cuando volvió a entrar. Kate lo había llamado diciéndole que estaba lista. Su rostro se veía tenso por el dolor, sus ojos hinchados y enrojecidos, y seguía apretando la foto de Rick contra su pecho.

Collin no dijo nada y simplemente se dirigieron al hospital.


Hacía nueve meses que Castle no sabía nada de Kate, pero eso no le impedía pensar en ella cada día. No podía quitársela de la cabeza. Desde que, seis meses atrás, había sabido que Jacinda estaba embarazada, había soñado con que era Kate la que esperaba un hijo suyo, un hermoso bebé castaño y ojos verdes como su mamá. Pero eso eran solo sus sueños. Ahora estaba en el hospital con Jacinda, al parecer se le había adelantado el parto un mes y medio. Estaba preocupado por su hijo, posiblemente tuviera que quedarse en la incubadora por ser prematuro. Solo esperaba que eso no le produjera ningún problema serio. No podía dejar de culpar a Jacinda y su estúpida obsesión por actuar como si no estuviera embarazada, subiendo y bajando escaleras, nadando en alta mar durante horas seguidas, era como si el bebé no le importara lo más mínimo. Seguro que Kate se había cuidado por su hijo, habría comido sanamente, asistido a las clases de preparación al parto y, lo más importante, ella sí que habría amado a su hijo, aunque no se sintiese preparada, ella nunca habría mostrado esa indiferencia hacia su propio bebé.

No lo habían dejado pasar, no tanto por el riesgo del parto sino porque Jacinda se había negado. No se lo habían dicho pero él lo había notado, ella no lo quería ahí con ellos y, aunque era su bebé y quería estar presente, el doctor insistía en que era por la seguridad del niño y prefería no arriesgarse a que pasara algo por su terquedad. Por eso seguía en la sala de espera, inquieto y angustiado sin poder dejar de pensar en Kate.


Había ido a la 12 a invitar a los chicos a su boda, era consciente de que lo más probable era que no asistieran en apoyo a Kate pero, en parte, esa invitación era una excusa. Quería verla, le hacía falta, la extrañaba. Por mucho que estuviera dolido con ella y tratara de olvidarla, la seguía amando y el amor no se borra tan fácil. Ella no estaba ahí y, como había esperado, Espo y Ryan habían rechazado su invitación. Trató de sacarles información sobre Kate pero no consiguió nada. Bajó a buscar a Lanie pero esta tampoco estaba, solo encontró a Perlmuter que obviamente no quiso decirle donde se encontraba la legista.


El doctor lo sacó de sus pensamientos.

-Su hijo y su esposa están en perfecto estado, puede pasar a verlos-le dijo- por suerte su bebé es de los glotones y gracias a su peso no necesitará permanecer en la incubadora ya que realiza por si mismo todas sus funciones vitales.

A Rick le pareció extraño, a fin de cuentas un mes y medio era mucho tiempo para un bebé, pero se alegró de que estuviese bien y, sin darle mas importancia, se dirigió a los cuneros. El pequeño era precioso y se veía muy gordito lo que terminó de tranquilizarlo, así podrían llevárselo a casa en cuanto Jacinda se recuperase un poco.

Fue a ver a Jacinda pero esta dormía así que le pidió a la enfermera que le dejara a él darle el biberón al bebé. Él había insistido durante el embarazo pero Jacinda se había negado rotundamente a amamantarlo, así que terminó por aceptarlo, de ese modo él también podría alimentarlo.

Cuando Bred, como Jacinda se había empeñado en llamarlo, se quedó dormido, Castle lo dejó en su cuna y observó a los demás bebés. El suyo era igual de perfecto que los demás e incluso estaba más "terminado" que algunos. Ese sentimiento que lo asaltó cuando el doctor le dijo que no necesitaba permanecer en la incubadora volvió, era como una vocecita que le decía que algo no cuadraba, mezclada con una incomodidad interna, como si su cuerpo lo instara a abrir los ojos e indagar. Llegado el cambio de turno, decidió preguntarle a una enfermera, con su mejor sonrisa de completa inocencia, cómo podía saber si un bebé era prematuro o no con solo mirarlo. Ella le describió las diferentes características e incluso le mostró varios de los bebés de nacimiento más temprano que aun tenían algunos de esos signos.

-¿Y este?- preguntó señalando a su hijo y fingiendo desinterés en el recién nacido en particular.

La enfermera la explicó que por la hinchazón del bebé y la ausencia total de lanugo, además del peso y algunas otras características, ese bebé en concreto, probablemente había sobrepasado las 40 semanas de gestación. Decidió no hacer un escandalo y mantenerse tranquilo hasta tener pruebas más contundentes.

Jacinda no quería ver al niño así que este permaneció esa noche en el cunero. Durante la noche no se aceptaban visitas por lo que, como tanto Jacinda como el bebé estaban en perfectas condiciones, los doctores mandaron a Rick a casa. Pasó a despedirse de Bred y luego fue directamente a la 12.

Hacía mucho tiempo que no pasaba a visitarlos porque sabía que no sería bienvenido después de desaparecer así y, además, no quería incomodar a Kate, pero no podía confiar en nadie más para aquello, tenía que hablar con Lanie.

No fue recibido con la mejor de las actitudes, como se esperaba, pero en cuanto le habló de sus sospechas, Lanie se mostró dispuesta a ayudarlo. Sacó la bolsita en la que tenía el algodón con la saliva del bebé y se lo entregó a Lanie dejando que esta le extrajera sangre para hacer el test. Tras acordar encontrarse al día siguiente a la misma hora para el resultado, salió de allí, satisfecho de su decisión y se dirigió al loft.