Tras entrar en la habitación, el peliblanco logra ver el estado del pequeño, que dormía profundamente. Su piel terriblemente azulada, y temblaba ligeramente, siendo presa del extraño frío que sólo lo rodeaba a él. Podía verse claramente que el organismo de Haku no toleraba semejante estado de temperatura en su cuerpo. Lo observa por unos cuantos segundos.

"Creo que no tiene caso despertarlo, de todos modos, no obtendré información que no sepa. Lo mejor será dejarlo descansar."

Repasa en su mente todos los hechos. Era como un rompecabezas al que simplemente no se le podía encontrar solución.

"Sencillamente no sé que puedo hacer."- se dispone a sacar un cigarrillo, pero al escuchar toser al infante, decide que eso sólo empeorará el estado de Haku, por lo que decide tomar asiento en un pequeño taburete que había allí.

"Si la víctima se expone al calor externo, muere. Si queda en aislamiento, al pasar dos años, también muere al ser consumido por el mushi. En ambas opciones el resultado es el mismo."

Trata de analizar todas las posibilidades que tenía para poder salvar al pequeño, pero cualquier teoría resultaba imposible.

"Demonios, siempre he utilizado las recopilaciones de otros maestros, son indispensables para mí."- observa al pequeño volver a temblar.- "Un momento... A menos que..."- De inmediato se le ocurre una extraña pero posible teoría para poder curar a las personas. Lo único que necesitaba era probarlo.

Sale de la habitación, buscando a Minami. La encuentra en la pequeña cocina preparando sopa tradicional.

-Señorita Minami- la llama con voz áspera, pero sin gritar.

-Oh, lo siento. Estaba ocupada haciendo la comida.- voltea con algo de lentitud, sosteniendo el cucharón de madera que usaba para cocinar.- Dígame.

-Escuche, creo tener la cura para la enfermedad de su hermano.

-¿En serio?- Sus ojos mostraron un pequeño brillo de esperanza.

-Pero escuche, aún no estoy cien por ciento seguro de que funcionará. Depende de usted dejar que Haku se arriesgue.

-...

Ginko espera a que la hermana del portador del peligroso mushi tome su decisión. Sabía que tenía todo el derecho para pensarlo por largo tiempo; después de todo, era la vida de su hermano la que estaba en juego. Minami estaba pálida, y la mano que sostenía el cucharón daba pequeños movimientos de ansiedad. Finalmente decide hablar.

-...Adelante. Puede usted probar su teoría con Haku.

Ginko la mira un tanto sorprendido, pero después sonríe levemente.

-De acuerdo. Espero no estar equivocado. Le diré mi teoría.

-Muy bien.

Ginko saca un cigarrillo y lo enciende, tratando de ganar tiempo mientras preparaba las palabras correctas para convencer a la ansiosa chica que tenía enfrente.

-Bueno, a mi parecer el mushi se alimenta del calor corporal de la víctima, pero no soporta el extremo calor del sol o del fuego. Asumo que al alimentarse de calor, no tolera el frío; así que una manera de deshacerse de él sería sumergir a la persona en agua con temperatura lo suficientemente baja como para aniquilar al mushi...

-¡Es una locura!- exclama la joven, sin dejarlo pronunciar las últimas palabras.- ¿¡Cómo se le puede ocurrir meter en agua helada a un niño de doce años, que encima está muriendo por la hipotermia!? ¡Usted está loco!

-Cálmese- el inexpresivo albino trata de apaciguar a la encolerizada morena, mientras despegaba el cigarro de sus labios para sostenerlo con la mano izquierda- Por eso he dicho que la decisión de poner en práctica ésta teoría depende de usted. Sé que parece una locura, pero en mi opinión es la única cura para poder exterminar el parásito que se aloja en el cuerpo de su hermano. Si intentamos matarlo con el calor, estaríamos matando al mismo tiempo a Haku. Además, me parece que su hermano puede soportar estar unos minutos en el agua. Es un niño resistente.

-¡Sólo lo dice para poner en práctica su loco experimento!- continúa vociferando, aún más indignada por las locuras que se atrevía a pronunciar ése hombre tan inhumano.- ¡Prefiero cuidar a Haku por mi cuenta, a como lo he hecho él se ha sentido muy bien!

-Entonces está decidido.- sentencia, mientras acomoda el desgastado morral en su espalda- Dejaré a Haku así. Si esto es lo que usted cree más seguro para él, que así sea.

-¿Planea irse así nada más?- murmura más calmada, pero sin dejar ese aire ofendido, mientras observa al hombre del resplandeciente ojo esmeralda encaminarse tranquilamente hasta la puerta.

-Por supuesto. No tiene sentido discutir con alguien que no cambiará de opinión a pesar de que se le expongan millones de argumentos. Iré con la familia que realmente solicitó mi ayuda. De todas formas, gracias por permitirme ver a Haku. Con permiso.

-Muy bien, váyase. Seguiré buscando la forma de curarlo por mí misma. Ni loca pondría en práctica la estupidez que me está sugiriendo.

Una vez escuchadas las últimas palabras de aquella impertinente chica, se marchó en busca de la familia inicial; la que le había implorado su visita en ése pueblo. Sabía que su desesperación era tal que le dejarían comprobar su teoría en la pequeña niña que aguardaba en la oscura habitación donde se encontraba obligada a estar. Camina con parsimonia hasta llegar a la morada de sus clientes originales. Toca delicadamente la puerta, y en cuanto la puerta abre, la cara de la madre refleja súbita esperanza al ver quién era el visitante.

-¡Ha vuelto! Ha encontrado una cura, ¿Verdad? Vamos; pase, pase.- La mujer casi arrastra al pobre albino de un jalón. En cuanto éste entra, la expresión de su cara cambia a una lo suficientemente fuerte como para poder comunicarles lo que tenía planeado decir.

-¿Entonces?- pregunta el padre impaciente.

-Escuchen con atención- Mira a ambos- No puedo llamarlo "la cura exacta", pero es la teoría más cercana que tengo para poder salvar a su hija.

-Hable por favor,- imploró la mujer con un pequeño quiebre en su voz- lo que sea es mejor que esperar sentados mientras la vemos morir lentamente.

El maestro del mushi explica a los atentos padres la teoría que tenía en mente. Una vez que hubo terminado, la semblanza de la pareja se asemeja a la de la joven con la que había hablado Ginko anteriormente. Sin embargo, a pesar de que los ojos de éstos expresaban la misma preocupación por el fracaso del experimento, su respuesta fue distinta.

-Puede usted llevar a cabo su teoría.- murmura la madre con expresión casi desesperada.

-A pesar de sonar casi ilógico, por muy pequeña que sea la esperanza, debemos tomarla en cuenta.- agrega el marido.

-Muy bien. He visto que hay un lago cercano, está a unos cuantos pasos, ¿No es cierto?

-Así es; nosotros llegaríamos en aproximadamente un cuarto de hora.

-Perfecto. La temperatura del lago es lo suficientemente baja como para erradicar el mushi sin matar a la persona que se sumerja en el. ¿Les parecería si vamos ahora?

-Claro.

El padre va en busca de su hija, que yacía dormida en su habitación. Luego de unos cuantos minutos de charla entre ellos, finalmente sale con su hija, quien descansaba montada en su espalda. Se encaminan hacia la mencionada laguna, y una vez allí, miran con leve temor la inminente y extremadamente fría agua.

-Muy bien, pueden sumergirla en cualquier momento.- ordena el impasible albino.

-De acuerdo.

El padre coloca una toalla como biombo, mientras la madre despojaba a su hija de las innecesarias ropas. Una vez desnuda, la pequeña se introduce lentamente en el agua. A los primeros segundos, tiembla violentamente, presa del extremo congelamiento que se apoderaba rápidamente de ella.

-¡Le dará hipotermia!- exclama la madre casi en un grito ahogado.

-Tranquila- se apresura a decir Ginko- No morirá, se lo aseguro...

"Eso espero."- mira un tanto preocupado a la pequeña, esperando cualquier señal de que el mushi abandonaba su cuerpo.

Finalmente, luego de unos cuantos segundos más, un blanco vapor brota por los poros de la nívea piel, a lo que Ginko rápidamente pudo identificar como el jakukou muriendo. Instantáneamente ordena a ambos padres sacar prontamente a la ex -víctima del helado lago. La orden fue realizada a la velocidad de un rayo, mientras éstos procedían a cubrir a su hija con una manta que habían cargado durante el viaje. La calidez de la frazada hizo que ésta cayera rápidamente en un profundo sueño.

-¿Va a estar bien?- pregunta la pareja ansiosamente.

-Ahora lo está. El jakukou ha muerto y abandonado su cuerpo. Ella está curada.

-¡Oh, señor! ¡No sabe cómo se lo agradecemos! ¡Le debemos la vida de nuestra hija!- la ahora aliviada mujer deja salir unas cuantas lágrimas de alegría.

-¿Cómo podemos pagarle?- pregunta el hombre con un tono de verdadero agradecimiento.

-No es nada. Ahora lo único que necesito es curar a cada una de las personas infectadas y mi trabajo aquí habrá terminado.

-¿En serio no desea que le demos alguna recompensa?- preguntan sorprendidos.

-Mi recompensa ha sido poder ser el primer maestro del mushi en hallar la cura para éste caso.- sus labios se curvan en una semi-sonrisa de satisfacción- Por fin pude resolver algo verdaderamente extraño sin la ayuda de los escritos de otros maestros...

Pasó un día.

Una vez que se corrió la voz acerca de la cura para la rara epidemia, decenas de aldeanos iban a consultar al albino, para que éste pudiera estar presente hasta que el mushi saliera de sus cuerpos mientras se mojaban en el frío lago. Cada vez menos personas eran las infectadas, y pronto cierta chica llegó para pedirle también de su ayuda.

-Disculpe...- la voz tímida, producto de la vergüenza- ... Me gustaría que curara a mi hermano...

Ginko deja de comer sus fideos; sorprendiéndose de que lo hubiera buscado hasta un pequeño restaurante.

-Vaya; pensé que había dicho que no pondría en práctica con su hermano mi loca teoría... Señorita Minami.- se permite mostrarle una levísima mueca de burla, que aún así logró notar la joven, haciendo que ésta se ruborizara por la humillación.

-Sé que no debí hablarle así... ¡Pero debe entender mi desesperación! ¡Cualquiera en mi lugar...!

-Las personas realmente desesperadas aceptan cualquier teoría con tal de salvar a sus seres queridos. Pero bueno, ese tipo de reacciones y decisiones son muy distintas en cada persona. Todos actuamos de formas diferentes, según nuestra perspectiva. Ahora lo importante es Haku.- Mira al pequeño niño que se escondía atrás del cuerpo de su hermana.- Muy bien chico, vamos a curarte.

El procedimiento fue exactamente el mismo. Tras unos cuantos minutos, el último mushi desaparece de la villa. Mientras la joven abrazaba a su ahora sanado hermano, Ginko se marcha silenciosamente una vez terminado su almuerzo en el puesto de comida. Haku era el último infectado que esperaba, y cumplida su misión, no tenía nada más que hacer en el pueblo. La figura del albino comienza a perderse entre la niebla mientras descendía por las montañas, que estaban cubiertas por un basto color blanco, como si quisieran indicar la pureza y paz que ahora residía en el la aldea.

~Fin~


Bueno, ¡finalmente he terminado ésta historia! Espero que haya sido de su agrado, (me cubro con tapas de basura su ira al hacerlos esperar T.T). Probablemente haga un one-shot de Ginko y Susu, pero eso si ustedes lo quieren, obviamente ^-^.

Sin más que decir, ¡Fue un placer escribir para ustedes!