—Bla bla —Diálogo.
—Bla bla —Pensamientos.
SELLADO EN LA PIEL
Capítulo III
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~oOoOoOo~
Golpeó dos veces consecutivas hasta que escuchó un "adelante" que parecía más un gruñido que otra cosa. Giró la perilla lentamente; ya suponía lo que le esperaba, además ya estaba resignada, por lo que retrasar el momento era sólo para tomarse un último respiro de tranquilidad.
Exhaló y entró a la oficina de la Hokage de la mano con su pequeño.
Apenas ingresó, la mirada de Tsunade al posarse en ella pasó por diversos estados de expresión; cicló de una mirada con evidente enfado, a una mirada de asombro y curiosidad extrema al notar a Kazuma de la mano con ella, luego cambió a una de confusión total.
—Ino… —guardó silencio unos segundos —¿Ese pequeño es tu… hijo? —Preguntó dubitativa, aún analizando los rasgos de ese niño que se le hacía increíblemente familiar. ¿Dónde es que lo había visto?
La rubia asintió, sosteniendo con más fuerza la mano de su hijo.
—¿Es por eso que tú te fuiste? —Fijó su mirada ámbar en los zafiros de Ino.
—Sí, fue una de las causales. —Respondió tratando de no mostrar expresión alguna.
Hubo un silencio antes de que Tsunade hablara.
—Ino... —. Comenzó pausado al recordar a dónde había visto al pequeño, aunque no lo había visto antes, sino que a una persona que era idéntica a él.
Gaara...
¿Gaara?
¡GAARA!
¿Cómo y cuándo pasó eso? ¡Por Kami! ¿Por qué nunca se enteró de nada?
—El padre de tu hijo es…
—Sí, él es el padre. Como puede darse cuenta no lo puedo negar, ya que son idénticos, sólo los diferencia el color de ojos. —La interrumpió, bajando la mirada y sonriéndole al pequeño que la observaba con confusión.
—Tienes razón. —Suspiró.
Ahora entendía por qué había huido, un hijo no deseado no era algo por lo cual sonreír y continuar como si nada, más aún cuando la carrera de ella estaba comenzando y el padre se trataba de alguien que ni siquiera era de ese país.
Ahora todo tenía sentido… Uhm…
—¿Él sabe?
Ino volvió su mirada a la rubia voluptuosa antes de responder.
—No lo sabe aún, aunque sé que algún día deberá enterarse de la verdad, tarde o temprano lo hará. Es sólo cosa de tiempo. —Reconoció sin flaquear, segura de sus palabras. —Pero… no sé si… —ahí un quiebre aligeró su voz.
—Entiendo. No te pediré explicaciones, porque me imagino las razones de tu partida y todo lo que pasaste. Si él no lo sabe todavía debe ser porque la relación entre ustedes no funcionó... — Dedujo exactamente al pie de la letra.
—Me ahorraría una gran cantidad de palabras, recuerdos y sentimientos que prefiero obviar.
Tsunade asintió.
—Hay algo que tengo que decirte, Ino. —Su semblante se volvió serio.
Pensó por un momento advertirle que el Kazekage iría pronto a Konoha, pero dudó, prefirió no hacerlo, quizás ya era tiempo de que supiera la verdad, si estaba en la aldea nuevamente era porque quería aclarar ciertas cosas, además, no quería involucrarse en asuntos que no le competían.
—Es mejor no entrometerme…—aunque ganas no le faltaban.
Respirando con profundidad, redujo el entrecejo.
—No debería hacerlo, porque sé que los ancianos me reclamarán y me pedirán mil justificaciones —hizo una mueca de desagrado antes de seguir. —, pero me importa un bledo lo que digan esos viejos. ¡Yo soy la Hokage! —rugió orgullosa de su cargo, pronto, suavizó sus gestos y la voz. —¡Bienvenida a la aldea, Ino!
La joven rubia sonrió ampliamente, algo sorprendida. En defintiva, no se esperaba ese tipo de recibimiento.
—Vaya… Gracias, Hokage-sama.
Iba a decir algo más, de hecho iba a preguntar por su padre, sin embargo el sonido de la puerta la abriéndose de un sólo golpe, obligó a ambas, más el pequeño, a ver quién ingresaba con tanta rabia.
La pelirrosa entró seguida por Shizune y un cerdito, Ton ton, el cual captó de inmediato la atención del pequeño Kazuma, quién soltó la mano de su madre para poder ir a ver al animal.
—Sakura, ésa no es manera de entrar a mi oficina —. Regañó Tsunade levantándose de su silla, colocando ambas manos sobre el escritorio.
Sakura, hizo caso omiso a las palabras de la Hokage y se dirigió a Ino, mirándola con enojo y preocupación. Apretó los puños con fuerzas.
—¡Cerda! —La llamó sin quitarle la mirada de encima una vez que estuvo a uno pasos de distancia.
—Sakura —Le respondió la rubia, con una tranquilidad inimaginable.
La pelirrosa apretó con más fuerzas los puños, estaba furiosa, como nunca antes en su vida.
—¡Te voy a matar, cerda! —La amenazó, riéndose con aires de superioridad.
—No, no lo harás, frentezota.
—Oh, sí —respondió la ninja médico antes de acercarse, no obstante, un grito estridente la detuvo.
—¡NO PELEEN! —Exclamó Tsunade, golpeando el escritorio con fuerza, dejando en el piso todos los papeles que momentos antes descansaban allí. —¡NI SIQUIERA SE LES OCURRA!
Shizune miró con sorpresa la escena, mientras que el pequeño se asustó, dejando de lado al cerdito para ircorriendo a los brazos de su madre.
Sakura e Ino la miraron por el rabillo del ojo sin siquiera inmutarse.
—Si quieres golpearme, está bien, pero no es el momento ni el lugar. No dejaré que lo hagas frente a mi hijo. —Dijo estableciendo contacto con los ojos, ahora acuosos, de la médico.
—¿Q-Qué...?
Sakura la miró con confusión y sorpresa al escucharla. ¿Había oído bien? Inmediatamente volteó a ver al pequeño que abrazaba las piernas de su madre con miedo.
—Ino… —Susurró sintiéndose horrible de un momento a otro. — Yo… —. No pudo continuar.
Las lágrimas comenzaron a desprenderse, humedeciéndole el rostro afligido. Se acercó a la platinada y la abrazó con fuerza.
—No te p-preocupes —Ino también comenzó a llorar. Pese a todas las diferencias que tuvo en el pasado con la aprendiz de Tsunade, seguía siendo su mejor amiga.
—Ya déjense de ser tan sentimentales y compórtense como kunoichi que son —gruñó la rubia voluptuosa, rodando sus ojos de vez en cuando al ver tan "emotiva" escena.
Ambas se separaron, soltando una risa avergonzada antes de asentir.
—¿Cómo se llama? —Sakura pidió mientras se agachaba y observaba al pequeño pelirrojo con detenimiento…
Espera, espera, espera…
¿Pelirrojo?
No, no, no, no. ¡NO!
—¡Chaaa! ¡No puede ser!
Palideció, quedándose inmóvil y sin sacarle la vista de encima al hijo de Ino.
—Frente, no lo mires así que lo asustas. —Murmuró observando a su hijo que miraba incógnito a su amiga. —¡Frentezota, ya córtala!
Ahí recién la médico llegó a tierra.
—Vaya… —aún estaba sorprendida. —¡Caray, Ino! ¿Qué estabas pensando?
—Preguntas en privado, por favor... —dijo entre dientes, mirando por el rabillo del ojo a Tsunade que sin quitarles la vista de encima, arqueaba una ceja con evidente curiosidad.
—Oh, claro —asintió, dejando las interrogantes para más tarde. —¿Cómo te llamas, pequeño?
—Kazuma.
—¡Kyaa! ¡Qué mono! —chilló Sakura, arrebatándole el pequeño a Ino, que le sostenía la mano, para poder tomarlo en brazos. —¡Mi nombre es Sakura! ¿Y adivina qué? Seré tu tía más hermosa y favorita.
Ino, Tsunade y Shizune rodaron los ojos al mismo tiempo, al momento que el pequeño tenía un evidente signo de interrogación en el rostro.
—Mami… ¿Por qué ella tiene el pelo rosa?
Ante aquella inesperada pregunta, todas rieron, menos Sakura que se había derretido al escuchar tan inocente voz.
—¡Shannaro! ¡Quiero un hijo! —chilló su fuero interno al momento que abrazaba con fuerza al pequeño.
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Respiró profundamente mientras leía el pergamino en sus manos.
Realmente, ser Kage no era ninguna broma. Más aún teniendo en cuenta la cantidad increíble de documentos que tenía que leer y firmar a diario.
Desvió la mirada de aquel papel, clavando los ojos aguamarina en el florero que tenía a un lado.
Matsuri, su prometida, había tenido la grandiosa idea de llevarle flores para que eligiera cuales serían las adecuadas para la boda. Lo cual, fue un verdadero caos interno, por dos razones.
La primera; él no tenía idea de flores.
La segunda; las flores, su olor, se le impregnaba en las fosas nasales de tal modo, que lo hacían revivir cada uno de los recuerdos inmortales que tenía sellados en la piel.
Lo cual, de cierta manera, lo distraída de la realidad.
Al sólo aspirar ese increíble olor que le revolvía las entrañas, no podía sino perderse en las miles de imágenes que aparecían en su mente cada vez que respiraba. Era insoportable, pero, asimismo, hermoso.
Cerró los ojos, repasando por tercera vez consecutiva, el recuerdo de ella…
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Era el aroma lo que le nublaba los sentidos y lo obligaba a vagar por las fantasías impropias e indecorosas de sus instintos.
No era que le desagradara, al contrario, sólo que… cada vez más sentía el impulso dominante de querer estar con ella, de poseerla, hacerla suya.
¡Maldición! Si el sólo imaginarlo lo estremecía.
Suspirando, se adentró a la habitación de la rubia que dormía profundamente.
Sabía que estaba mal, que estuviera ahí estaba mal, sobre todo sabiendo que ella ni siquiera era consciente de que él la estaba espiando.
Sin embargo, era algo que no podía controlar, incluso era peor que cuando tenía dentro de él a Shukaku, pues jamás había perdido el completo control de sus acciones ni de su racionalidad.
Continuó avanzando hasta que se detuvo al lado de la cama de la Yamanaka.
No pudo sino observarla detenidamente.
Maldición…
—Uhm…
Al escuchar el quejido somnoliento de la ojiazul, retrocedió un paso, mas al percatarse de que ella seguía durmiendo, avanzó dos más.
Sus ojos se enfocaron en el rostro somnoliento de la Yamanaka.
Recorrió cada una de las delicadas facciones, grabando en su memoria la imagen de la mujer más hermosa que él conocía, era infinita su belleza, tanto, que lo perturbaba.
—Calor…
Escuchó otro murmuro de los labios de Ino. No obstante, esta vez no retrocedió, sino que permaneció en ese mismo lugar, contemplando las tentativas curvas de la rubia que se acomodaba en el mullido colchón, dejando expuestas ciertas zonas que él jamás había visto.
Con el corazón palpitándole velozmente, se acercó un poco más a la cama, quedando en contacto directo entre el colchón y sus rodillas.
No debía hacerlo, no debía hacerlo, no debía hacerlo…
No pudo controlarlo.
Se inclinó hacia ella, dejándose embriagar por el insoportable olor a flores que lo extasiaba, despertándole los deseos ocultos más instintivos que poseía.
Se perdió en la cabellera platinada, contactando su nariz en las finas hebras que resguardaban el aroma que lo estaba incendiando a cada segundo que pasaba. Aspiró, cerrando los ojos y perdiéndose en ella.
Sin saber cómo, viajó hasta su cuello, en donde no pudo evitar posar sus labios en una breve unión.
Esa zona, tersa, blanca y suave, era aún más aromática que el mismo cabello de Ino.
—Gaara…
Y al escuchar su nombre en un jadeo espeso, la razón se le disolvió, dejando en control de sus acciones a…
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—Gaara.
Parpadeó un par de veces antes de concentrar su atención en su hermano mayor que lo miraba extrañado.
—¿Estás bien?
Sólo asintió en silencio.
Vaya… estuvo tan sumido en sus pensamientos, que se extravió de la realidad de un momento a otro.
—Entonces… ¿Cuándo?
Clavó su mirada aguamarina en los ojos en su hermano mayor que esperaba alguna respuesta de su parte.
Aunque, honestamente, no tenía idea de qué hablaba.
Kankuro, al notar el gesto de desconcierto plasmado en el rostro de su hermano pequeño, repitió la interrogante.
—¿El viaje a Konoha?
—Pasado mañana —contestó sin importancia, continuando –más bien simulando- la lectura del pergamino que ni siquiera sabía en dónde había quedado.
—Prepararé todo. —Kankuro volteó y se dispuso a irse, mas esperó un segundo antes de abrir la puerta, puesto que una pregunta se aventuró inesperadamente. —¿Matsuri te acompañará a Konoha?
Gaara meditó unos momentos antes de responder.
—No, ella se quedará aquí.
Era lo mejor.
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Suspiró, fijando su mirada perla hacia un punto inexistente.
No sabía qué hacer… cada vez que pensaba en ella, el desconcierto avivaba la llama de la incertidumbre de manera tortuosa en su pecho.
Lo tenía claro, lo sabía, lo sentía, estaba enamorado de Ino Yamanaka. Pero… ella tenía un hijo. Subjetivamente, no le importaba el hecho de que Ino tuviese un primogénito de otro hombre, él de igual manera lucharía a ciegas por ella, aceptando al fruto del descuido, sin importarle las reglas del clan Hyuuga, de hecho iría en contras de ellas, se involucraría con una mujer impura, corrompida… porque eso era lo de menos. Él la amaba, no importaba su pasado, ni las llagas de sus caídas.
Sin embargo, objetivamente, la situación cambiaba, porque ese pequeño llevaba la sangre Sabaku No, la sangre del líder de Suna, del Kazekage… Y lastimosamente, nada podía hacer contra eso. Asimismo, no podía competir con Gaara por el corazón de Ino, sería un intento fallido, ya que el único perdedor sería él…
Además, ella jamás lo preferiría…
¡Maldición! Estaba confundido, no sabía qué hacer.
—Ella aún debe sentir algo por él, después de todo, tuvo un hijo… debe recordarlo a diario.
Se dijo a sí mismo, desamorándose más los ánimos.
Era una batalla pérdida, sobre todo porque la balanza estaba cargada para el lado del Sabaku No.
A menos que… Gaara no supiera nada de la existencia del pequeño, y así debía ser, pues de lo contrario, Ino jamás se hubiera ido de la aldea. Conjuntamente, el pelirrojo no se hubiera quedado de brazos cruzados sin saber que tenía descendencia, a menos que fuera un verdadero idiota y poco hombre…
Y si Ino no le había confesado la verdad, debía ser por algo…
Suspiró.
Al parecer, no todas las posibilidades estaban deshechas. Quizá arriesgándose un poco alcanzaría sentimientos mutuos de parte de Ino. Quizá, quizá sólo debía esforzarse.
Aunque para eso debía primero…
—Con que aquí estás, te estuve buscando por toda la aldea.
Lo interrumpió una voz femenina que él bien conocía.
—Tenten —susurró, mirándola de soslayo, ya que ella se había sentado a su lado.
—¿Estabas meditando?
—Algo así —respondió algo apático. —Tenten
—¿Sí?
—Tenemos que hablar.
Claramente lo primero era terminar la relación sin afecto y sin futuro que mantenía con ella. No era egoísta, ni mucho menos un hipócrita como para jugar a dos bandos.
Se arriesgaría, por Ino lo haría.
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TO BE CONTINUED...
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Lo que es yo, ultra feliz. ¡Tengo un nuevo sobrino! xD Jajaja. Bueno, dejando mi gusto insoportable por los niños -que no son de mi agrado total-, ¿qué les pareció? Sé que me faltó editarle un par de cosillas, mas me dio flojera. A ver si mañana lo edito... ¡Lo siento! ^^
Bueno, le doy las gracias a todos quienes se tomaron la molestia en dejarme un comentario. No saben lo feliz que me han hecho en éstos tiempos de desgracia país. En serio, gracias una vez más.
Neith Akemi, Umeko-chan, MusaCaliope, leontinees, daph, LoveUchihaLawliet, pilar, artemisav, akane0arwen5, RoLl, LEIA-CHAZ, mitsuki. ¡Gracias infinitas!
Amenazas de muerte, críticas, sugerencias y más, sólo dejen un comentario.
Nos veremos pronto, eh. Me falta poquito para ajustar el próximo chap.
¡Besos!
