Los personajes de Kingdom Hearts no me pertenecen, son de Square-Enix y Disney.

Aquí el cuarto cap. Disfrutadlo!


Sin palabras

Se detenía lo suficiente como para comprobar que no se encontraba detrás de un arbusto, o en un árbol, o dentro de un tronco hueco, o detrás de una roca… ¡No, no, no! Definitivamente, esto NO podía estar pasándole a ÉL. Tenía miles de razones para no estar allí, perdiendo su tiempo buscándola. Buscándola inútilmente, porque seguro que se había ido a otro mundo. Supuso que aquél pedrusco era la clave de su libre acceso, por eso cuando estaban en Nunca Jamás, ella no se movía tan libremente. ¡Ja! No era nadie sin esa piedra. Tener que depender de un objeto, qué ridiculez.

Pues el puñetero objeto le había quemado la cara. Qué asco. En cuanto la viese, le iba a decir un par de cosas. Maldita sea su suerte y la hora en la que Xehanort tuvo la brillante idea de hacerse con el cristal y capturarla a ella. ¡Precisamente ella! La chica más intolerable, charlatana, contestona, cabezota, glotona, y… y la única persona en años que le había hecho frente y había conseguido gastar un poco de sus energías. No fue una batalla desesperada, pero sí fue interesante.

De acuerdo, interesante, pero nada más. Recordó un momento su salida del baño. Oh, Dios, aquello no lo olvidaría nunca. Su propio cuerpo no dejaría que lo olvidase. Qué extraño se había sentido en ese momento. Por segundos, había perdido el sentido del tiempo y del espacio, además de que por poco dejó de tener control sobre su cuerpo. Había algo en su interior que había querido despertar, una especie de bestia que hacía que su cuerpo hirviera. Suerte que había vuelto a la realidad y no pasó nada.

Recordó también cuando sonó su estómago. Jamás se había reído tanto como aquella vez. Una leve sonrisa fue a sus labios. Quizás… quizás conocerla no había sido tan malo, después de todo. Era como si… una parte de él, que ni él mismo conocía, saliera. Como si gracias a ella, se conociera mejor.

Sacudió la cabeza. ¿En qué puñetas estaba pensando? Ella era parte del plan de Xehanort, nada con lo que podía encariñarse. Además, esa palabra ni existía en su vocabulario. Él siempre había vivido al margen de cualquier ser humano, de cualquier tipo de sociedad. No le interesaba en absoluto involucrarse con alguien como ella. Aunque tuvo que reconocer que había conseguido captar su atención desde el primer momento en que la vio.


Siguió corriendo todo lo que sus pies le permitían, no quería estar en ese castillo con aquellas personas. Extrañamente, la presencia de Vanitas la hacía ponerse nerviosa, aunque el principal cabecilla fuese Xehanort. El chico era una persona extraña, sí, pero le había parecido interesante. Ahora, en cambio, pensaba que estaba loco y que le haría daño, y como cualquier persona normal, ella estaba huyendo de aquello que la podía herir. ¿Quién le había mandado unirse a ellos dos? De pronto, se dio cuenta de que estaba haciendo una estupidez: ella podía haber usado el cristal desde que comenzó su huida para ir a otro mundo, pero no lo hizo. Quizás… por el mismo miedo se le olvidó. ¿Miedo? No, eso no era sentir miedo. Entonces… el subconsciente de Kate le había jugado una mala pasada, esas cosas no se olvidan así porque sí. Es que no le había interesado acordarse. Es que no quería irse.

¿Qué tonterías estaba pensando? ¿Qué se le había perdido allí? No le interesaba estar en ese castillo, donde un viejo científico quería su cristal y un joven chalado quería hacerla su esclava.

Se paró en seco, decidida a marcharse de allí con el cristal. Lo cogió entre sus dedos y lo apretó contra su pecho. Cerró los ojos para concentrarse en un mundo que había visitado y el objeto comenzó a brillar.

Seres azules comenzaron a rodearla. La chica detuvo la función del cristal y se puso en posición de ataque. Varios unversed se abalanzaron sobre ella, que rodó por el suelo para esquivarlos. Ella no había luchado nunca contra ellos, pero había visto a Vanitas hacerlo y no le pareció nada difícil. Si algo no hacía nunca, era subestimar a su enemigo, así que decidió mejor no hacerlo. Recordó en seguida que no tenía su espada, y su magia era demasiado elemental, con lo que sólo podía enfrentarlos con el cristal. Frunció el ceño, tratando de adivinar algún punto débil, pero no acertó a adivinar ninguno. Tenía la respiración agitada debido a la carrera que había hecho desde el castillo, así que primero trató de tranquilizarse. Los seres continuaron atacándola, así que decidió que era el momento de defenderse. Alzó el cristal y éste se iluminó, fulminando en el acto a los unversed que se encontraban más cerca de ella. El resto pareció dudar, pero en seguida atacaron. La chica volvió a iluminar el objeto, haciendo que todos desaparecieran al instante.

Se sentía cansada, el cristal consumía energía, pero ya había acabado con todos, o eso creyó. Un pájaro negro descendió del cielo y cayó en picado, dispuesta a atacarla. Kate no dudó y se apartó, tratando de no perderlo de vista. Observó su aspecto y concluyó que se trataba de otro tipo de unversed. El pájaro volvió de nuevo y atacó, pero esta vez, una figura negra lo embistió, haciéndolo desaparecer en dos estacazos.

Vanitas se giró hacia ella, pero no le dijo nada, solo la miró con aquellos ojos ambarinos. De pronto, su expresión cambió, volviéndose de sorpresa. Kate no entendió qué le ocurría, por lo que no captó que a sus espaldas, un unversed mucho mayor estaba a punto de golpearla. El chico corrió hacia ella y la apartó, recibiendo a cambio el potente golpe del ser. La chica miró sorprendida al unversed. ¿Cómo es que ni siquiera lo había sentido? Miró luego a Vanitas, que se hallaba tendido en el suelo, tratando de incorporarse. Imposible, no le daría tiempo a apartarse.

-¡Oye, tú!- dijo la chica. El ser la ignoró, dispuesto a machacar al joven.- ¡Ven a por mí! ¿O es que no te atreves?

Al ver que el unversed no le hacía caso, decidió coger una piedra y tirársela, haciendo que reaccionara.

-¡Te estoy hablando a ti! Detesto que me ignoren…

El ser comenzó a irritarse, ante la atónita mirada de Vanitas.

-¿Qué estás haciendo? ¡Vete de aquí!

-¡No me digas lo que tengo que hacer!

Kate se plantó delante del unversed, entre él y Vanitas, y le enseñó el cristal.

-¿Lo quieres? Todo tuyo.

El cristal comenzó a brillar intensamente, cegando al unversed y desintegrándolo. Cuando desapareció, la chica se giró hacia Vanitas, que la miró impresionado.

-Recuérdame que no te subestime más, ¿vale?

Kate dejó mostrar una ligera sonrisa y se arrodilló junto a él. Observó que tenía quemaduras en la cara, a causa suya.

-Si tanto me odias, ¿por qué me has salvado?- el chico se rascó la nuca, sin saber muy bien qué contestar.

-Hey, el único que puede vencerte aquí soy yo.

-Pues… gracias.

Vanitas se quedó callado, tratando de procesar la información. ¿Le estaba dando las gracias? ¿Ella?

-Quédate quieto.- la chica tomó de nuevo el cristal y brilló en su mano, haciendo que este brillo se trasladara mágicamente a su palma. Con él, colocó su mano suavemente en la cara de Vanitas, haciéndole dar un respingo. Al momento sintió que las quemaduras ya no le dolían, sintiendo a cambio un gran alivio. Vanitas abrió los ojos despacio, encontrándose con los azules de Kate, que lo miraban con un ligero signo de preocupación. Notó la calidez de sus dedos, que reposaban suavemente en su rostro, eso jamás lo había sentido, porque nunca tuvo a nadie que lo hiciera, a pesar de ser algo tan simple. Aquella fragancia que lo atolondraba lo envolvió, tratando de descifrarla.- Ya está. Siento lo que te hice antes. Aunque… tú tampoco sabes cómo tratar a la gente. De todas formas, no te culpo, siendo lo que eres.

-¿Siendo lo que soy?- Vanitas la miró con curiosidad, mientras que ella entristecía la mirada.

-Eres como ellos, ¿verdad? No tienes… corazón. Cuando te miro, o cuando te noto cerca, sólo siento oscuridad. Pero no pienses que me he disculpado porque me des pena o algo, solo ha sido porque… no me pareció justo. Quizás si fueras capaz de sentir, actuarías de otra forma… aunque no sé por qué, pero creo que no.

Vanitas la miró un momento, sin decir nada. Se levantó y le dio la espalda, dispuesto a marcharse hacia el castillo.

-Si mal no recuerdo, estabas tan cabreada conmigo que estabas dispuesta a marcharte. ¿Ya te has arrepentido?

Kate lo miró sin comprender, sorprendida.

-¿Tantas ganas tienes de que me marche?- el chico no contestó inmediatamente, sólo se giró hacia ella.

-Tengo una propuesta que hacerte. Sólo si sientes curiosidad sobre los unversed, claro.

-¿Los unversed?

-Sí, sobre los unversed y sobre los sincorazón. Oscuridad, en general. Pero tendrás que quedarte, y no intentarás escaparte más. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. ¿Cuál es tu propuesta?

-Fácil: tú me cuentas sobre el cristal y yo sobre los unversed. ¿Conforme?

La chica lo miró pensativa, hasta que una sonrisa apareció en sus labios.

-Me parece bien. Supongo que es lo justo. Pero, a cambio, no me golpearás más y me tratarás mejor, ¿de acuerdo?

El chico asintió, sin poder objetar nada.

Era obvio que, por una vez, trataron de ser sinceros el uno con el otro, pero sabían que eso era imposible, ambos tenían secretos que esconder.


Llegaron al castillo, en donde Xehanort se hallaba aún sumergido en sus investigaciones, encerrado en su laboratorio. Evidentemente, estaba al tanto de la situación, aunque no sabía los detalles, claro está. Vanitas le sirvió la cena a Kate, que estaba en la mesa cuando llegaron. Tras comer, se dirigieron a la escalinata, donde la chica supuso que la llevaría a su habitación.

-Espera, ven conmigo.- extrañada, Kate siguió a Vanitas al tejado, donde se extendía el cielo, oscureciéndose. La chica observó el paisaje, con el bosque frente a ellos, y el sol ocultando sus rayos tras las montañas.

-Es precioso.

-Me gusta sentarme aquí para ver el ocaso. Ten.- el chico le entregó un helado a la joven, que la miró sorprendida.

-¿Qué es esto?

-Un helado. Pruébalo. – con timidez, Kate se llevó el helado a la boca, bajo la atenta mirada de Vanitas. –Tranquila, no está envenenado. –la chica sonrió y probó el helado, tras lo que cerró los ojos, saboreándolo.

-Es… dulce. ¡Y salado a la vez!

Una ligera sonrisa apareció en los labios del chico, recordando la primera vez que él lo probó. Se sentaron juntos en el tejado, sin hablar, mirando el paisaje que se extendía ante ellos, dándoles una extraña sensación de tranquilidad.

-Dime, Kate, ¿qué es exactamente tu cristal?

-Luz.

-Entiendo… por eso los unversed desaparecieron cuando brillaba.

-Y por eso te afectó a ti. Las personas con oscuridad son afectadas por la luz del cristal. ¿De qué están hechos los unversed?

-De los sentimientos negativos de las personas. ¿Y por qué tú tienes un cristal?

-Los cristales son entregados a las personas libres de oscuridad. Pero no todas en mi mundo tienen uno, sólo aquellos con poder para usarlo. Sólo los elegidos.

-¿Elegidos por quién?- Kate tuvo dudas en responder. Aquello podría afectar a su mundo, pero no le quedaba otra que ser sincera, al menos, de momento.

-Por el Cristal Rey. Es lo que elige quién lleva cristal y quién no.

-Y el Cristal Rey, ¿tiene los mismos poderes que los cristales normales?

-Sí, bueno, no estoy muy segura. El Cristal Rey no ha funcionado como tal desde hace siglos. Es una historia muy vieja, una leyenda de nuestro mundo.

-¿Qué dice esa leyenda?

-Pues… mi mundo fue atacado por la oscuridad, y para liberarlo, alguien fue elegido por el Cristal Rey para fundirse con él y eliminar la oscuridad de mi mundo. Pero, al fundirse, aquella persona desapareció para siempre. Mi madre me contaba esa historia cuando era pequeña.- la chica abrazó sus rodillas, sintiendo nostalgia.- Me dijo… que aquella persona, era una antepasada mía. Que su sacrificio significó nuestra salvación y la derrota de la oscuridad. De todas formas, el Cristal Rey protege ahora nuestro mundo de la oscuridad, porque lleva dentro de sí el alma de ella.

Vanitas desvió la mirada hacia el horizonte, tratando de pensar en una nueva pregunta que hacerle, sin que levantara muchas sospechas.

-¿Y cuál es tu mundo, Vanitas?

El chico salió de su ensimismamiento al escuchar la pregunta, que le pilló por sorpresa.

-Mi mundo… pues…-¿Qué iba a decirle? ¿Qué salió de la oscuridad de un corazón? No le pareció para nada adecuado decírselo, así que se lo inventaría. Pero… ella estaba siendo sincera; normalmente no tendría problemas en mentir, porque él no lucía de consciencia para que se atormentase por lo que hacía, simplemente actuaba, pero esta vez… algo le hizo cambiar, algo que no le pareció justo. Bueno, sería una pequeña mentira, además, no tenía mundo del que proceder. –Mi mundo fue consumido por la oscuridad.

Sí, así seguro que no le preguntaría nada más.

-Ah… ¿Y por qué? ¿Qué ocurrió? ¿Cómo saliste?

Mierda. Esta chica nunca hacía lo que él predecía. Qué chica tan problemática.

-Pues… es un pasado que no me gusta recordar.

-Oh… ¿Y… tu familia?- Vanitas negó con la cabeza.- Lo siento.

-Bah, es mejor estar así, solo. –Se estaba metiendo tan bien en su papel que hasta él mismo se lo acababa creyendo.- No tienes que preocuparte de nadie.

-¿Cómo puedes decir eso?- el chico la miró.- Si de verdad hubieses sentido algo por tus seres queridos no dirías nada de eso.

Vanitas no dijo nada. No le apetecía discutir por unas personas que eran ficticias.

-Oye, Kate, ¿en tu mundo no hay unversed?

-No… qué va, nunca nos ha atacado ninguno.

-¿Y dónde está ese mundo?

-Pues… no lo sé, ni siquiera sé dónde estoy ahora.

-Es verdad, supongo que ahora no puedes orientarte. Pero, ¿cómo se llama?

-Kingdom Crystal. ¿Has estado alguna vez?

-No… creo que no.

Se quedaron callados un rato, sin saber qué más decir. Había caído la noche y ni se habían percatado de ello. Vanitas sentenció que ya era hora de regresar, al menos, lo era para ella. Acompañó a la chica hasta su habitación, donde se detuvo a mirar cómo se metía en ella. La chica se giró, justo antes de cerrar la puerta.

-Buenas noches, Vanitas.- el joven se sorprendió ante aquella despedida, algo que jamás creía que iba a oír de ella, algo que jamás nadie le había dicho. Aquella frase tan simple, le arrancó una sonrisa.

-Buenas noches, Kate.- le respondió, suavemente. La chica sonrió y cerró la puerta, desapareciendo de su vista. Aquél tipo, aquel muchacho que se quedó un rato mirando la inmaculada puerta, ése, no era Vanitas.


¡Espero que os halla gustado! Sí, sí, yo también babeo con Vanitas, pero he de controlarme :P

Gracias por los reviews, animan mucho! Y a Vanitas también le ponen contento... no mal penséis ¬¬ (o sí...)

Well... espero no tardar mucho en actualizar, porque voy a estar unos días ausente... pero no dejaré tirado a Vanitas por nada del mundo!

Me despido ya, que me pongo cansina u.u'

Sayo!

PD: Sí, me llevo a Vanitas conmigo de vacaciones... lo siento, chicas. :D