Sybill se quedó en silencio mirando el pedazo de pergamino que Severus tenía entre sus manos. El trabajo espía, era bastante bueno sí. Se quedó mirándolo aún sin decir palabra alguna. Severus cojeó hasta donde Albus estaba detenido y la miró con atención. Sus manos temblaban, no quería abrir el pergamino y enterarse de algún problema.
De alguna situación triste, que afectara ya sus ánimos de capa caída.
Pero tenía que leerlo, de todas formas.
— ¿Qué esperas, Sybill. Anda léelo.
Lo abrió con trémulo en sus manos y lo miró. Leyó la primera línea y su pecho se llenó de aire, que exhaló rápidamente. Sus ojos viajaron lentamente por cada línea.
Su amiga estaba viva. Estaba bien. No estaba enfadada, no la había olvidado.
Tenía una amiga.
— ¿Y bien, Sybill?
— Severus, gracias. No sé qué decirte. No sé que...
— No tienes que agradecerlo, Trelawney.
Sybill suspiró en silencio, Albus sabía lo que significaba y lo que quería decir su expresión. Ella ya no volvería. Tantos años de vivir en aquella torre y ya quería irse.
Lo entendía.
— Prométeme que vas a cuidarte, Sybill.
— Lo haré, Albus.
— Severus. Espero mejores de tu pierna. Sin duda alguna, mereces vivir. Tanto como el resto de nosotros. Si llegaras a necesitar algo. Arabella era buena con las pociones curativas. Tenía un enorme ático lleno de ellas.
— Yo también lo soy, Trelawney. Pero sin duda, agradezco tu ofrecimiento— dijo, con dejadez.
Severus la miró caminar hasta él. Se preguntó qué iba a ocurrir, pero no tuvo tiempo de formularse una opinión al respecto. Sybill sostuvo sus manos entre las suyas y con una sonrisa suave, simplemente las apretó de forma gentil. Seguramente eso le devolvía su carácter loco, pero tenía que agradecerle por todo lo que había hecho. Aunque había sido tan poco. Tenía que decirle, que la vida continuaba.
Aunque ya no tuviera nada por lo que luchar.
— Te extrañaremos, Sybill. Buena suerte en tu viaje y esperamos verte pronto.
— Gracias, Albus. Empacaré ahora mismo.
Al bajar las escaleras, Albus ladeó la cabeza hacia Snape. Bien, se había quedado helado en su lugar. Como si las manos de la mujer, lo hubiesen paralizado. Le sonrió y parpadeó lentamente, como si despertara de un largo sueño.
— ¿En qué estás pensando, Severus?
— Nunca ha salido de aquí. ¿Crees que pueda?
— Sybill, es más de lo que crees. Deberías conocerla un poco mejor. Ya verás que tus sospechas, están mal infundadas. Si entró una vez, ella puede salir. Aunque se sienta atada a muchas cosas.
"Es una mujer fuerte." "Aunque sus expresiones la contradigan. Es una mujer diferente de lo que sueles ver en sus clases. Ya lo has comprobado. Casi no la reconoces"
