Buenas noches :3
Perdón por publicar tarde XD sino es una cosa es otra XP pero ya no quería posponer la actualización por más tiempo y es que me costó trabajo enlazar las situaciones con Dianita XDXDXD
A continuación el cuarto capítulo, no hay lemon, porque antes es necesario explicar el contexto en el que están los personajes en el presente, pero eso si, hay tensión conforme avanza la historia :D
Agradezco sus comentarios, me hacen feliz y me motivan a seguir escribiendo. Gracias :3
Atención: InuYasha y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por capricho y para satisfacer las perversiones de algunos(as), incluyéndome ;3
Capítulo 4: Reencuentro
El fiel sirviente del Lord soltó un suspiro de tranquilidad cuando terminó la llamada y regresó a la oficina.
Había sido solamente un aviso por parte de Sesshomaru, indicándole que cancelara su agenda semanal, ya que había regresado a Japón para atender un asunto pendiente en el territorio Occidental. Esto tranquilizó al pequeño demonio, ya que no hubiera tenido ni la menor idea de cómo explicarle la "fallida" reunión con el nuevo cliente.
Por el momento no haría mención del asunto, ya buscaría algún pretexto para cancelar todo contacto con la empresa en la que laboraba la humana. Apenas podía creer que estuviera viva en esta época, percatándose de que probablemente para ella sólo habían pasado quizás algunas semanas desde su secuestro por parte del Lord.
–Bien, será mejor olvidar éste contratiempo– se dijo así mismo. –Ahora debo asegurarme que ese tonto de InuYasha no haga tonterías mientras mi amo bonito no se encuentra. –
Se puso a revisar algunos documentos y a tomar notas. En ese momento, la puerta de la estancia se abrió y el aludido hizo acto de presencia, trayendo consigo un portafolios de color negro brillante y un vaso de café humeante.
–Esto sabe delicioso, no sé porque no lo probé antes– dijo, sorbiendo un trago.
Jaken alzó las cejas, extrañado de que el medio hermano de su señor llegara temprano a la oficina y en lunes.
–Es algo prematura tu llegada, ¿No deberías estar durmiendo todavía? – preguntó con burla.
–Ja-ja que gracioso, yo no necesito dormir tanto– contestó el recién llegado, al tiempo que caminaba a su escritorio y dejaba el maletín encima. –Y ya sabes que Sesshomaru siempre está molestando con eso de la puntualidad. –
–Bien, no tienes que preocuparte hoy, mi amo bonito salió de viaje. –
Inuyasha se atragantó un poco con el sorbo de café, evidentemente no le gustó escuchar eso.
–¡Ese idiota! – gruñó, sentándose de mala gana en su silla. –¿Cuándo regresa? –
Jaken se encogió de hombros. Realmente no lo sabía, el señor del Oeste podía volver en un par de días o hasta la próxima semana.
–Será mejor que le preguntes, recuerda que los sellos deben ser renovados en estos días– hizo hincapié, bebiendo más de su bebida.
El sirviente abrió los ojos en grande. Era cierto, los sellos mágicos que empleaban él y el mestizo dependían de la energía sobrenatural de Sesshomaru. Rápidamente tomó un calendario e hizo el conteo de unas fechas marcadas. Se dio cuenta de que sólo quedaban cuatro días para que el efecto disimulador de los pergaminos se debilitara en su mayoría. Si no eran recargados, se quedarían sin camuflaje ante los humanos.
–Esta vez te doy la razón– dijo el pequeño demonio. –Lo llamaré más tarde. –
–Pero que no se te olvide– terminó de sorber la ultimas gotas. –¿Y qué tal la reunión, ya firmaron el acuerdo? –
Jaken pasó saliva, haciéndose el disimulado al tiempo que acomodaba unas carpetas. InuYasha era el encargado de buscar nuevos clientes para la compañía y darles seguimiento a los prospectos. Por lo tanto, no sería fácil evadirlo respecto a la cita fallida.
–No procede, el cliente no llegó a la junta, así que se agendará para otra ocasión– mintió rápidamente.
–No puede ser, ese contrato nos conviene demasiado– se quejó InuYasha, mientras tomaba el teléfono de su escritorio. –Haré un par de llamadas para ver que sucedió. –
–¡No! – interrumpió el pequeño demonio. –Ya pedí una nueva cita, me confirman ésta misma tarde– dijo, tratando de no parecer preocupado.
El mestizo alzó una ceja al ver su reacción, pero lo dejó pasar. Se encogió de hombros y se acomodó en su silla de nuevo mientras encendía su laptop.
–De acuerdo, pero quiero que me informes de los resultados. –
Jaken rodó los ojos y exhaló, tenía que pensar en algo para evadir ésta situación. Y esperaba que a la humana también se le ocurriera algo por su lado.
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Diana aún estaba temblando de los nervios cuando se sentó en su escritorio.
El inesperado encuentro con el demonio de ojos amarillos la había alterado bastante. Apenas podía creerlo, esa criatura con cara de rana usaba un disfraz para interactuar con humanos. Eso quería decir que Sesshomaru probablemente hacía lo mismo y manejaba una falsa identidad para vivir entre las personas. De la misma forma que Akayoru.
Ahora se preguntaba que excusa le daría a su jefe para no tener que ir de nuevo a tratar con el "proveedor". Tal vez debería haberse puesto de acuerdo con Jaken para crear una mentira que beneficiara a los dos ya que, de cualquier manera, ambos debían continuar con sus respectivos trabajos como si nada hubiera ocurrido.
En ese momento la puerta de la oficina se abrió, era el gerente llegando y saludando a todos en general. Pasó cerca de su escritorio e inmediatamente la cuestionó.
–Hola Diana, ¿Cómo te fue en la reunión? –
La mujer dudó por un instante, pero decidió mentir por ahora.
–No hubo reunión, señor. Llegué a la oficina, pero el contacto dijo que tenía otro asunto pendiente y no podía recibirme en ese momento, así que pospuso la cita para otra ocasión– explicó.
–Vaya con estas personas, que informales– hizo un gesto de disgusto mientras caminaba rumbo a su oficina. –Será mejor descartarlos y buscar a otros. –
Diana soltó una exhalación al escucharlo, quizás esto podría quedar resuelto y ya no tendría que preocuparse.
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Tres días después, en algún punto de la cuidad.
Inuyasha colgó el teléfono e hizo un par de anotaciones en una agenda. Se le notaba un gesto de satisfacción después de haber hablado con alguna persona.
–Bien, ya está lista la nueva cita– dijo en voz alta para que alguien lo escuchara.
La puerta de la oficina contigua estaba abierta y se escuchaba el ruido de algunos cajones siendo abiertos y cerrados, momentos después el individuo salió y cerró con llave. Se dirigió a InuYasha y le entregó una carpeta de documentos.
–¿Estás seguro de que se le olvidó a Jaken llamar? – preguntó con gesto impasible.
El mestizo hojeó los papeles y rodó los ojos con aburrimiento. Era la tercera vez que le preguntaba sobre el descuido del sirviente, al parecer, aún confiaba más en él que en su propio medio hermano a pesar del tiempo que llevaban tratándose.
–Si, ya te lo dije, ese pequeño sapo no llamó al cliente y tuve que hablar para disculparme y convencerlo de otra reunión– explicó, mientras guardaba la carpeta. –Te lo repito Sesshomaru, no es confiable para encargarle estos asuntos, mejor que siga siendo sólo tú "asistonto"– se burló.
El Inugami se mantuvo sereno, ya sabía que Jaken e InuYasha nunca se llevarían del todo bien.
–Entonces encárgate de todo y mándame la información de la junta para estar presente– contestó, al tiempo que revisaba su teléfono móvil.
De pronto la puerta de la estancia se abrió, el pequeño demonio iba llegando con un termo en la mano, bebiendo tragos de algún líquido. Se detuvo en seco al mirar a su jefe en la oficina.
–¡Se-señor Sesshomaru, pensé que regresaría mañana! – dijo sorprendido, mientras se acercaba nervioso.
El aludido solamente alzó una ceja, mostrando indiferencia ante sus palabras. Llevaba algo de prisa y no tenía tiempo de regañar a su siervo.
–Denme sus sellos– fue lo único que dijo.
Tanto Jaken como InuYasha buscaron el papel rectangular que siempre llevaban en la espalda debajo de la ropa, el cual usaban como método de ocultamiento. Al retíralo, ambos quedaron expuestos con su verdadera apariencia sobrenatural. Quien más lo necesitaba era el pequeño sirviente, pero el mestizo no podía disimular su larga melena blanca ni sus ojos dorados todo el tiempo, así que los dos dependían de un disfraz humano para esconder su aspecto.
Y Sesshomaru era quien proporcionaba la energía para que los pergaminos funcionaran. El Lord colocó los sellos sobre el escritorio y puso sus manos sobre estos a escasos centímetros. Su poder youkai revoloteó de sus palmas hacia los papeles, haciendo que los símbolos dibujados brillaran intensamente por unos segundos, para después atenuarse. Ya estaban listos para su uso.
Mientras Sesshomaru se dirigía a la salida, ellos activaron de nuevo sus disfraces.
–Mándame la información InuYasha y no llegues tarde mañana– finalizó, cerrando la puerta tras él.
–Bah, que fastidioso es– dijo el mestizo, mientras cerraba su maletín para retirarse también.
–¿De que habla mi amo bonito? – preguntó Jaken.
–Del cliente que olvidaste la otra vez, tonto– le reclamó, arrojándole una bolita de papel mientras caminaba rumbo a la puerta. –Casi perdemos un buen contrato por tu culpa, así que de ahora en adelante yo me encargaré de las reuniones de presentación. –
El sirviente hizo un gesto de extrañeza, no recordaba haber olvidado a ningún prospecto. Se quedó mirando hacia el techo, tratando de hacer memoria. Cuando InuYasha cerró la puerta, un escalofrió recorrió a Jaken.
–Oh maldición, creo que estoy en problemas… y esa mujer también. –
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Diana se sentó en una de las sillas de la sala de juntas, mientras esperaba la llegada de sus compañeros y del jefe. La junta era para ver los avances de los proyectos y revisar los pendientes. Esa semana había transcurrido tranquila y ella se había enfocado en sus actividades, olvidándose completamente de lo sucedido con Jaken. Asimismo, estuvo distrayéndose de vez en cuando con el recuerdo caliente del demonio pelirrojo.
Aún tenía que pensar en ello, porque no estaba segura de que hacer con él. Es decir, quería más diversión sexual, pero sin tener que explicarle sobre las consecuencias físicas. Además, estaba el hecho de que era un Inugami beta, eso quería decir que Akayoru tenía cierto linaje como el Lord del Oeste, por lo tanto, también podría tener comportamientos obsesivos/posesivos.
Sus compañeros de oficina comenzaron a llegar, poco después el gerente entró. La reunión inició y se prolongó por media hora. Al finalizar, ella se quedó para recibir indicaciones.
–Diana, mañana me vas a acompañar a una reunión, para ver si podemos conseguir un mejor contrato con un proveedor externo, así que prepara la documentación y nos vemos temprano– dijo rápidamente, guardando su laptop en una mochila.
–Entendido jefe, pero ¿Dónde va a ser? – quiso saber ella.
–No recuerdo la dirección en éste momento, pero más o menos conozco el rumbo, así que no hay problema– se encaminó a la salida, despidiéndose con gesto rápido. –Hasta mañana. –
–Adiós jefe– dijo, quedándose con la duda. –Me pregunto qué empresa externa será…–
…
Al día siguiente.
Diana tenía un extraño presentimiento. Miró por la ventana y se le hizo familiar la ruta por donde iba circulando su jefe, pero no le dio mucha importancia. Estaba más entretenida revisando la copia del contrato que quizás firmarían si el proveedor los convencía con su propuesta de trabajo.
Unos minutos después, caminaban por el estacionamiento rumbo al elevador. Repentinamente el gerente recibió una llamada en su celular. Diana se mantuvo leyendo distraídamente en lo que esperaba, aún tenían tiempo de sobra para llegar a la reunión. Por lo poco que le había platicado su jefe, se encontrarían con el director y el encargado de proyectos, así que tal vez éste sería un buen trato para su empresa.
–Escucha Diana, vas a tener que llevar mis disculpas– dijo el hombre, después de colgar. –Me están llamando de la oficina para una reunión de emergencia con nuestro director ejecutivo, así que tendrás que ir sola a la junta. –
Ella hizo un gesto de sorpresa, pero no le quedaba de otra más que aceptar la situación.
–Entendido, yo me encargo de escuchar la propuesta, pero quedaría pendiente lo del contrato– aclaró.
–Si, está bien, ya me tengo que ir– se despidió, caminando de regreso al auto. –Nos vemos. –
Diana suspiró fastidiada, esta situación no era agradable porque ella todavía no tenía la suficiente experiencia para tratar con los proveedores ni evaluar los contratos. Pero como no tenía opción, se dirigió rápidamente al ascensor para llegar a tiempo.
–Aquí vamos…–
…
Subió al quinto nivel, donde la recepcionista la recibió amablemente, pidiéndole que esperara un momento. Ella tomó asiento y siguió leyendo la copia del contrato. Por un instante el extraño presentimiento la invadió de nuevo, levantó la vista y miró a su alrededor. No había nada anormal, así que se puso de pie y se acercó al ventanal para tener una mejor vista. Solamente distinguió gente caminando por aquí, autos por allá y al otro lado de la calle, un edificio se le hizo familiar.
–Ese lugar lo he visto antes– pensó, tratando de recordar. –¡Vaya, pero si es el lugar al que fui el lunes! –
Si, era el mismo edificio en donde se encontró a Jaken el otro día. Desde su posición podía leer un gran letrero donde se indicaba que era un sitio de renta temporal de oficinas, salas de juntas y salones de conferencias.
–Esto no me gusta…– se dijo a sí misma en voz baja. –Vamos, tranquilízate y no seas paranoica. –
Entonces la recepcionista la llamó.
–Ya puede pasar. –
La mujer la escoltó por un amplio pasillo hasta llegar a una puerta que tenía toda la fachada de ser la entrada a una oficina principal. Cuando la empleada le abrió la puerta para que entrara, ella sintió un cosquilleo en el hombro derecho.
.
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Diana no podía creer lo que veía cuando la hoja de madera se cerró a sus espaldas.
Frente a ella, detrás de un escritorio de caoba roja, sentado en una elegante silla forrada de piel, estaba el señor del Oeste. Era imposible no reconocerlo, a pesar de que tenía un elaborado camuflaje que le daba la apariencia de un sexy modelo masculino. De inmediato sintió algo atenazando su pecho y el corazón le dio un vuelco.
Sesshomaru mantenía su sobrenatural y frío atractivo, sin las marcas faciales de su linaje, con pelo oscuro como la noche, corto y rematado con unos flecos en la frente. Sus ojos ambarinos estaban disfrazados de un tono café, demasiado común, pero de mirada afilada y penetrante. El resto de su verdadero aspecto permanecía completamente disimulado, excepto por su piel clara y su estatura. La ropa que llevaba era de marca, elegante y acorde a las costumbres de moda humana actuales.
Cualquier mujer que lo viera suspiraría de inmediato, porque era innegable que el demonio plateado seguía siendo demasiado atrayente, incluso con ese falso exterior. Diana tenía que aceptarlo, pero eso no evitaba que la insistente punzada de la cicatriz en su hombro le recordara que estaba frente al diablo.
La marca violácea respondía ante la cercanía del InuYoukai, detectándolo como una criatura sobrenatural más. Afortunadamente esa era la única reacción que habría. Él ya no podría someterla por medio del dolor, debido al veneno que recibió de la demonesa. Y quizás esa era la única ventaja que tenía en esta extraña situación.
El Lord abrió los ojos con gran desconcierto, pero casi de inmediato su mirada se volvió depredadora, clavándose en la mujer al mismo tiempo que su desarrollado olfato le confirmaba la información. Al principio se le hizo extraño cuando, minutos antes, detectó muy sutilmente una esencia llamativa en medio del mar de olores que existían en ese lugar. Los humanos usaban tantos aromas artificiales, que la mayoría de los youkais terminaban con el sentido del olfato adormecido.
Pero ahora era imposible equivocarse. Era ella, la misma hembra humana que había alterado su instinto de manera obsesiva siglos atrás. No había cambiado en absoluto, su aspecto era el mismo como si apenas hubieran pasado unos días desde su último encuentro. Sus oscuros ojos mantenían un atisbo desafiante, su cabello negro había crecido un poco más, su piel canela seguía siendo tentadora y su embriagante aroma era inconfundible.
Algo se removió lentamente dentro de él, una criatura de ojos rojos que aún seguía en letargo. Su subconsciente lo traicionó, reflejándose en sus labios una mueca perversa mientras se incorporaba lentamente de su asiento. Entonces el instinto lo hizo actuar sin pensar, su cuerpo se desplazó con sobrenatural celeridad para atrapar a su presa.
Diana apenas logró completar un parpadeo ante el movimiento, todo sucedió en menos de un segundo, un borrón en el aire y de pronto, él ya estaba frente a ella. Sintió una mano capturar su cuello, inmovilizándola por completo y evitando que pudiera generar cualquier sonido.
–Ha pasado tanto tiempo… – susurró Sesshomaru en voz baja, afilada y tenebrosa.
La misma voz, que jamás olvidaría, le provocó una sacudida en todo el cuerpo y un escalofrío se arrastró por su nuca. La respiración casi se le detuvo, quedándose completamente muda, ya que su mente apenas lograba procesar la visión del demonio parado frente a ella.
–He tenido tanta hambre… – sus palabras cargadas de malicia subieron de volumen y su respiración comenzó a acelerarse cuando la olfateó con insistencia. –Más de quinientos años y aún recuerdo perfectamente tú enervante aroma. –
Diana se retorció frenética, el aire se había agotado en sus pulmones. El Lord se dio cuenta y liberó el agarre de su garganta, entonces la tomó por los hombros y la repego bruscamente contra la puerta. La mujer gimió asustada cuando notó como los incisivos asomaban en su boca y después se aproximaban amenazantes.
Sesshomaru la sujetó por el mentón, obligándola a ladear el rostro. Su agitado pulso se notaba palpitante en la yugular, provocándole un intenso anhelo por probar su sangre. Su instinto se retorció en su interior a pesar del largo tiempo que llevaba en reposo. La esencia de la humana había resultado insanamente grata desde la primera vez que tomó unas gotas de ella. Ahora deseaba probarla de nuevo.
La mujer percibió su aliento recorriéndole la piel y después la amenaza de sus colmillos descendiendo sobre ella. Quería gritar, pero el tremendo shock la había dejado completamente indefensa y sus reacciones estaban totalmente bloqueadas. Su corazón amenazaba con sufrir un infarto por el terrible esfuerzo que el golpe de adrenalina estaba ejerciendo en todo su ser. El demonio plateado estaba a punto de morderla.
Repentinamente, el sonido de otra puerta abriéndose congeló el tiempo.
En la esquina opuesta de la oficina había otra entrada y alguien llegaba en ese preciso instante. La mujer percibió un segundo hormigueo en el hombro. Un muchacho de apariencia ejecutiva cruzó el umbral, topándose de frente con la increíble escena.
–¡Detente Sesshomaru! – dijo a espaldas del Lord. –¡¿Qué diablos estás haciendo?!– preguntó sobresaltado.
El señor del Oeste se quedó inmóvil a escasos centímetros del cuello femenino. Gruñó furiosamente sin voltear y comenzó a levantar el rostro. Diana sintió el pánico creciendo cuando vio el iris de sus ojos, su verdadero color ambarino se había revelado intensamente. Sin embargo, el azul metálico ya empezaba a reemplazarlo y líneas rojizas comenzaban a bifurcarse alrededor, volviendo su mirada más feroz.
–¡No te entrometas, InuYasha! – ordenó colérico, su mirada clavada en la joven.
Diana seguía petrificada y solamente pudo desviar la vista un segundo. Tiempo suficiente en el cual pudo ver a la persona que había detenido al Lord. Un sujeto con larga cabellera negra, amarrada en una coleta baja, con flecos a lo largo de la frente, ojos cafés y apariencia similar a la del Inugami, excepto por la estatura. Vestía de traje también y traía en una mano un portafolios con algunas hojas sobresaliendo por los bordes.
–¡Sesshomaru contrólate, estás perdiendo el camuflaje! – dijo InuYasha en un tono más serio, al notar el extraño comportamiento de su medio hermano.
Era cierto, la mujer regresó a mirarlo y pudo notar claramente el desenfoque del disfraz, el cual empezaba a revelar su plateado cabello, las marcas violetas en su rostro y la amenaza de sus garras. Él seguía sujetándola por la barbilla y el hombro, donde ya comenzaba a sentir el filo dañando su piel.
Inesperadamente, Diana sintió una nueva punzada en la cicatriz, otra criatura sobrenatural ya cruzaba el umbral de la entrada. De inmediato vio como el señor del Oeste entornaba los ojos y desviaba de golpe su atención hacía el recién llegado, con un fiero gesto formándose en su rostro.
Ella solamente percibió otro movimiento, demasiado acelerado para la vista humana, el aire moviéndose con fuerza le acarició la mejilla. En ese mismo instante escuchó un golpe brutal y en dos parpadeos toda la escena cambió. El escritorio de fina madera crujió y lo que había encima quedó destrozado. Ahora estaba libre del agarre de Sesshomaru y éste permanecía sobre la pila de escombros… su mejilla sangraba copiosamente.
Akayoru entró en su campo de visión después de haber dado ese tremendo golpe. Estaba a su lado, en posición de ataque, enseñando los colmillos que se le habían alargado, tensando las garras crecidas y afiladas. A pesar de mantener un aspecto humano, se veía peligroso y el intermitente destello rojo de sus ojos confirmaba la amenaza de ataque.
–¡No te atrevas a tocarla! –amenazó con voz gutural.
El Lord de Occidente se quedó perplejo por unos segundos. Había recibido un poderoso ataque, el cual no vio venir y antes de que terminara de asimilarlo, frente a él estaba otro macho. Uno de su misma especie, plantándole cara sin el menor rastro de temor. Esto era algo que no había pasado en mucho, mucho tiempo. Pocos lo habían intentado y terminaron muertos, derrotados o en paz, como su medio hermano.
Gruñó amenazadoramente, al tiempo que se ponía de pie. De nuevo algo se agitó dentro de él, algo que estaba despertando con lentitud. Iba a dar un paso hacia el pelirrojo, con la intención de regresar el golpe, cuando de repente sintió que lo detenían con fuerza. InuYasha estaba a su lado, interrumpiendo su avance.
–¡Es suficiente Sesshomaru! – dijo, mientras trataba de contenerlo.
–¡A un lado! – alzó la voz, tratando de soltarse.
El camuflaje cada vez más disperso, revelando sus verdaderos rasgos sobrenaturales.
–¡Maldita sea, la junta directiva está en el edificio y en cualquier momento podrían entrar aquí! – le gritó InuYasha.
El demonio plateado se quedó quieto, sin dejar de enseñar los colmillos al otro macho. Pero sabía perfectamente que era demasiado arriesgado comenzar una pelea con tantos humanos alrededor. No obstante, el otro Inugami le contestaba con el mismo gesto desafiante, en evidente actitud protectora para con la humana. ¿Quién era y porque la protegía? Tuvo la sensación de haberlo visto antes, pero no lo recordaba en estos momentos.
El mestizo notó la pausa de su medio hermano y entonces aprovechó el momento.
–¡Váyanse! – les dijo.
Akayoru tomó a Diana por el brazo y casi la arrastró a la salida inmediatamente. Ella pudo notar como Sesshomaru la seguía con la mirada, en sus ojos había un insano destello. Casi podría jurar que estaba a punto de atacarlos cual perro rabioso, sin embargo, el otro sujeto se interpuso en su campo de visión para cerrar rápidamente la puerta detrás de ellos.
En un instante llegaron al elevador. Tan pronto se cerraron las puertas, Akayoru volteó a verla y se acercó invasivamente a su espacio personal, olfateando insistentemente, revisándole el rostro y el cuello para comprobar que no estaba herida.
–¡¿Te hizo daño?!– cuestionó preocupado.
–N-no… e-estuvo a punto de m-morderme…– le tembló la voz, todavía estaba asustada. –P-pero n-no pudo h-hacerlo…–
Él se apartó, dándole espacio para que se tranquilizara mientras hacía su propio intento de calmarse para retomar el disfraz. Afortunadamente no había personas cerca. Y es que era demasiado notorio el brillo rojizo de sus ojos, el cual oscilaba alrededor del iris grisáceo. Sus colmillos permanecían crecidos y las garras afiladas, parecía que no querían retraerse.
Algo dentro de él se removía inquieto, molesto… celoso. Sabía que su lado bestial estaba agitado y la reacción que tuvo era claramente protectora para con la hembra.
Ella lo miraba nerviosa, era de esperarse, nunca lo había visto en su fase agresiva. Inhaló y exhaló para recuperar el control, su energía vibró y el camuflaje se desplegó nuevamente.
–No tengas miedo, jamás te haría daño– dijo en un tono ya más relajado.
La mujer suspiró, tenía los nervios de punta, pero hizo todo lo posible para mantener la mente fría.
–No me das miedo, es sólo que… ver de nuevo a Sesshomaru…– se quedó en silencio por un momento. –Vámonos de aquí por favor. –
Llegaron al estacionamiento y Akayoru la guío hasta donde estaba su automóvil. Poco después ya se alejaban de esa parte de la cuidad.
–¿Que hacías ahí? – preguntó el pelirrojo.
–Pues… mi jefe me mandó a una reunión de negocios por así decirlo– explicó ella, su expresión más relajada. –Era para ver si contratábamos los servicios de un proveedor, pero… no sabía que había youkais de por medio y menos que se trataba del señor del Oeste. –
El Inugami asistió y buscó algo en el asiento trasero.
–Así que no tenías ni idea– dijo, ofreciéndole una botella de agua. –Yo no sabía que Lord Sesshomaru estaba en el país, pensé que aún vivía en Japón y ese despistado de InuYasha no me dijo nada al respecto. –
–¿Dijiste InuYasha? – preguntó Diana, el nombre se le hizo familiar.
–Así es, se trata del medio hermano de Sesshomaru, llevan siglos trabajando juntos– explicó con calma. –Pero solamente era InuYasha quien salía fuera del país, el Lord siempre se quedaba en sus dominios. –
–A él lo vi antes…– recordó Diana. –La primera vez que llegué a esa época… él se alteró también por mi…– se detuvo, era mejor no entrar en detalles. –Digamos que sólo lo conocí por un instante y nunca más lo volví a ver, hasta ahora. –
–Todos los youkais del Oeste sabemos quién es, pero yo apenas tengo unos cuantos meses haciendo tratos con él y hoy sólo vine para negociar otro convenio– comentó Akayoru.
Ella palideció por un momento.
–¡¿Tienes trato con Sesshomaru también?!–
Él negó firmemente.
–No, para nada. La casa del Oeste no se lleva del todo bien con la casa Roja, así que mantenemos nuestras distancias– le sonrió levemente, tratando de calmarla. –Se puede decir que son rivalidades entre linajes y por lo tanto, cada Inugami con jerarquía está por su lado, evitando a los demás. –
–Pero aun así le hablas a su medio hermano– reprochó Diana.
Tal vez no era buena idea mantenerse cerca de éste Inugami.
–Como te dije, sólo son negocios con InuYasha, no con su hermano– respondió. –Pero si esto representa un problema para ti, puedo dejarlo de lado– le dijo con seriedad.
La mujer lo miró desconcertada. Esto estaba extendiéndose demasiado y se le saldría de las manos si no hacía algo al respecto.
–Será mejor que yo deje de lado todo esto, por favor detente en la siguiente esquina, tengo que regresar a mi oficina– pidió ella, mientras se frotaba las sienes.
–Diana, no ha sido mi intención incomodarte– se disculpó al tiempo que se estacionaba cerca de la banqueta.
–Escúchame, Akayoru, tengo muchas cosas en que pensar y ya no quiero tener más tratos con youkais por el momento, así que por favor no me busques de nuevo– finalizó, cerrando la puerta del vehículo y alejándose rápidamente por la calle.
El Inugami la observó en silencio, sin tratar de detenerla.
–Tenemos un rival…– algo le susurró desde su interior. –No sabes lo que dices, guarda silencio– se contestó a sí mismo.
–Tú sabes lo que eso significa…–
Akayoru ya no respondió.
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La sesión de medio día con la junta directiva fue cancelada.
Jaken tuvo que disculparse en nombre de ambos hermanos y mentir acerca de unos problemillas de salud para que los humanos no preguntaran más por la indisposición del director y el gerente. Ahora se encontraba recogiendo los escombros del escritorio mientras ellos discutían.
–¿Qué rayos fue eso, Sesshomaru? – preguntó inquieto InuYasha, ambos estaban sentados en un sofá. –¿Por qué agrediste a esa mujer? –
–¡No es algo que te incumba! – gruñó el Lord, al tiempo que tomaba un vaso de agua y trataba de concentrarse.
La herida en su mejilla ya estaba curada, pero todavía resentía la fuerza del golpe, ese Inugami no era para nada débil. En cuanto a su disfraz, éste se había desvanecido y ahora permanecía con su apariencia verdadera, sus ojos aún tenían destellos del azul metálico que indicaba la presencia de su bestia interna.
–Deja de ser tan idiota, mírate como estas y sólo por esa mujer– reprochó el mestizo. –¿A caso es una antigua enemiga?, su olor me dice que sólo se trata de una humana común y corriente. –
Siendo un híbrido, InuYasha no se percataba de nada más. En cambio, para Sesshomaru, el aroma de la hembra volvió a perturbarlo de nuevo, tal y como le sucedió la primera vez que la encontró. Exhaló más despacio, estabilizando su respiración. La energía sobrenatural se arremolinó alrededor de él y momentos después, el camuflaje se desplegó. Su apariencia volvió a ser la de un humano común.
A diferencia de Jaken e InuYasha que llevaban el sello en su espalda todo el tiempo y no tenían que hacer nada más, los youkais que usaban su propio poder para disfrazarse, debían mantener cierto grado de concentración para que no les fallara el señuelo ante los humanos.
–¿Conoces al otro macho? – preguntó de pronto el Lord, evadiendo la pregunta.
–Si, su nombre es Akayoru y es un nuevo socio con el que empecé a trabajar hace algunos meses. – hizo una pausa al notar la ira de su medio hermano. –Al parecer lo conoces, ¿Verdad?, dime porque te atacó de esa manera. –
Entonces el señor del Oeste tuvo un destello de lucidez. La memoria le trajo el recuerdo correcto sobre quien era ese macho y porque se le había hecho familiar. Éste había entrado en su territorio, cuando la humana escapó esa única vez. El jovenzuelo Inugami la había encontrado antes de que él pudiera alcanzarla y había estado hablando con ella.
–Debí haberlo matado en ese momento…– pensó molesto. –Dame la información respecto a esa empresa– dijo, refiriéndose a los datos de donde laboraba la mujer.
Desde el otro lado de la oficina, Jaken pasó saliva sumamente nervioso.
InuYasha ya le había platicado lo acontecido y ahora no sabía de lo que sería capaz de hacer su amo. Esto se complicaba cada vez más y su pellejo podría estar en peligro nuevamente.
Continuará...
Alexiz tutsi: Perdón, no es mi intención tardar tanto XD pero prometo compensar con lemon y tensión ;) y me alegra saber que te gusta mi guapo pelirrojo ;)
Katty: Gracias por leer y si voy a ver el anime que dices, sólo dame tiempo, tengo que sacar los otros fics antes XP
Luna: Lamento la tardanza, espero que te guste la aparición de Sexymaru ;)
Emilse: Gracias chica, me alegra leerte por aquí, tus comentarios son muy lindos para mi ;) espero que te guste el reencuentro inicial ;P
Kitty: Mi estimada, que bueno que te des tiempo de leer y comentar, espero que todo siga mucho mejor. Un abrazo :)
Anónimos e Invitados: Gracias por leer y comentar, aunque sea desde las sombras :)
