Muahahaha! Soy malvada y no había actualizado.. no, es que no tenía internet y había perdido más de la mitas de lo escrito gracias a las estúpidas actualizaciónes de windows.
Gracias a los reviews .w. me han servido mucho para saber cómo llevar este fic. Este capítulo se centra en cómo se conocieron y comenzaron a salir Alfred y Arthur *w* ASI Q LAS QUE LE SGUSTE USUK, DISFRUTEN DE ESTE CAPITULO!
Se que fui muy cruel en el cap. Anterior TT-TT pero ya verán por qué suceden las cosas .w.
Este es más corto, y me retrasé una semana en subirlo (reescribirlo plz)
Advertiencias: UsUk
este tendría mucho UsxScott, pero le dejaré leve, ya verán, no se arrepentirán .w. (el siguiente cap será solo de UsxScott)
Tercera Entrada:
¿Cuánto tiempo, eh?... en realidad olvido cuanto ha pasado de que no escribo, y sé que fue hace más de un día. Hay ciertas cosas que he querido olvidar, por lo que no las he escrito en mi diario. Hay miles de cosas que no se…. Quiero dejar de sentirme culpable por lo que pasó hace algunos días. Vino Scott, no recuerdo mucho, creo que lo tuvieron que sacar entre dos personas. No sé qué le habrá sucedido, no sé qué le habré dicho, no lo sé, solo sé que nada se y ni de eso estoy seguro.
Francis vino por la mañana y me trajo mi manta verde. Me comentó que Matthew quería venir a visitarme. Me costó trabajo recordar quien era, hasta que finalmente me rendí y Francis me lo describió. Lo recordé. Y recordé nuevamente que es hermano de Alfred. Recordé a Alfred, largo, alto, con mayor masa muscular y leve exceso de grasa, de amplia sonrisa y anteojos cuadrados tras los cuales están sus hermosas y brillantes orbes azules. Lo miré y me encantó. Una sola vez había amado así, aunque con el pasar de los años, me di cuenta que no era amor, no. Lo que sentía por Scott, ese roñoso ser, no sé cómo describirle. Considerando que en mi pasado fui un niño asustado que solo buscaba protección y que aparentaba fortaleza, para no demostrar el dolor de haber perdido a mamá y a papá a tan temprana edad. Recuerdos de la infancia, nulos en mi memoria. Lo más que logro recordar, es cuando jugaba con Francis, cuando aún era mi amigo. Recuerdo cuando me tenía que ocultar de mis hermanos para que no me hagan daño, sobre todo de Scott. Aun así, no logro tener muchas cosas en mi mente, Alfred es todo lo que recuerdo y lo que quiero no recordar. Aunque temo olvidar sus caricias, sus besos, abrazos y palabras de amor, prefiero sanar de este mal, este mal de amor que me hace débil, que me hace daño. Todo lo que amé, todo lo que no lloré. Alfred, Mi delito es amarte, mi sueño tenerte, mi mal no poseerte, y mi agonía no olvidarte.
…comenzaré desde el día que llegó a mi vida…
Era un niño, no uno inocente. Mi inocencia la perdí mucho antes de tener recuerdos y conciencia. Mucho antes de tener memoria y decencia. Era un pequeño, como de doce o trece años, apenas tenía un poco de pelo púbico y ya sentía que mi cuerpo cambiaba. Los de mi clase me ignoraban, tampoco Francis me hablaba, no después de lo que había pasado, un hecho que no quisiera recordar. ESTABA SOLO. Pasaba el recreo solitario y en las clases, nadie se sentaba conmigo. Las chicas se burlaban de mí y los chicos… si no me buscaban para golpearme, lo hacían para humillarme. Mi vida no tenía sentido, aun así la vivía, tenía la esperanza que algún día, de pronto todo cambiara. Y llegó Alfred a nuestra clase, a nuestra escuela. Un niño transferido desde California, de Estados Unidos. Alfred entró al salón y me enamoré, con su enorme sonrisa, no vestía el uniforme, ya que tenía tres semanas de permiso hasta que lo comprara. Alfred se sentó junto a mí, el único puesto vacío del salón. En ese entonces, yo era muy tímido. Solo hablaba a veces con un chico tres años menor que yo. Ese chico es Kiku, un japonés que todo el tiempo me llamaba Tsundere.
Alfred me habló, no recuerdo que me dijo, pero yo lo ignoré, o fingí que lo hacía, para que no viera el notorio sonrojo en mis mejillas. De a poco, Alfred comenzó a juntarse con los demás chicos del salón, se inscribió en los talleres deportivos y resultó llevar a la victoria a casi todos, siendo que el equipo de nuestra escuela no clasificaba a campeonatos deportivos desde la década del 70. Y ahora éramos campeones. Alfred subió su popularidad, ya no solo en el curso, sino que en toda la escuela. Y se sentaba conmigo. Me ponía nervioso, me gustaba demasiado, me mojaba… suena sucio y extraño, pero ahora que lo pienso, tal vez era otra manera de llorar. Me sentía muy solo, muy enamorado, y aunque se sentara junto a mí, seguía siendo el más popular de la escuela, el más deseado por las mujeres, el más fuerte, apuesto y el ídolo de quienes me humillaban y golpeaban. Pero Alfred no sabía que me agredían. Él siempre me veía por ahí, solo, leyendo algún libro, ya fuera literatura pura, o poemas olvidados.
A mediados de Junio, me gané una beca. Por mis excelentes calificaciones, la escuela me dio un bono, recuerdo que fui a retirar ese dinero después de clases a la oficina del director. Lo que yo no sabía, era que mis compañeros se habían enterado, y me esperaban a las afueras de la escuela. Retiré mi dinero, y lo guardé en mi mochila, pero solo con salir del establecimiento, me encontré con todos los matones. Me golpearon, rompieron mis cosas y se llevaron el dinero. Alfred venía saliendo del entrenamiento de baseball. Lo vio todo. Esperó que se fueran y se acercó a mí. Estaba herido, me dolía mi cuerpo, y cuando lo vi acercarse, temía que fuese a lastimarme, por lo que rechacé su ayuda. A Alfred no le importó, como pudo me tomó en sus brazos, yo me rehusé, aun así, me cargó hasta la enfermería, esperó afuera a que me atiendan y luego entró verme.
-¿te sientes mejor?- me preguntó preocupado.
- No tenías que molestarte.- respondí desviando la mirada.
-Pero me preocupa… No sabía que esos tipos te andaban molestado. Yo pensaba que te gustaba estar solo -
-A nadie le gusta estar solo-
-Pero tu lees, pensé que querías estar solo para poder leer tranquilo-
-Leo para ocultar mi soledad, no es nada que te importe-
-Yo creía que te gustaba estar solo… por eso respetaba tu espacio. ¿Sabes? Ya no tienes que pasártela el recreo leyendo, seré tu amigo ¿qué dices?-
-No necesito que me tengas lástima… así está bien-
-Anda, no es lástima… desde que llegué que quiero ser tu amigo-
-Ni siquiera sabes mi nombre, te sientas conmigo y no sabes nada de mi-
-No se tu nombre… pero no me molestaría averiguarlo.
-No gracias, Alfred… solo déjalo así-
Esa tarde llegué a mi casa, corrí como pude hasta llegar a mi habitación, me encerré e hice lo que hace años no había podido. Reír. Yo creía que empezaba a reírme de nuevo, pero era el amor, lo que me provocaba risa y pena. El amor y la muerta, la risa y la desdicha de la vida, la carcajada y el grito. Los tres días siguientes no fui a la escuela, me dio fiebre producto de la humedad a la que me expuse la tarde de la golpiza, así que retomé las clases el día lunes. Grande fue mi sorpresa al darme cuenta que nos habían cambiado de puesto. Ya no me sentaba con Alfred, sino que con ese chico que lideraba a los matones. La pero parte no era esa, sino que Alfred había regañado a esos muchachos, recordemos que es el más popular de la escuela, por ende, le apodaron "el Hero", el héroe. Y aunque me costara reconocerlo, el héroe había venido a mi rescate. Los que me agredían estaban furiosos, según ellos, yo los había acusado con Alfred, a quien ellos respetaban, admiraban y temían, por lo que me amenazaron de hacerme lo que me resta de vida escolar imposible si yo los hacía quedar mal con el americano. Detrás de las gradas me golpeaban, me quitaban el dinero del almuerzo y yo no podía decirle a nadie. Una tarde, Me topé con Alfred en el baño de varones del segundo piso. Yo limpiaba mi cara después de la golpiza del almuerzo, y Alfred entró a tomar agua.
Como siempre, me saludó con una hermosa sonrisa, yo por mi parte volteé el rostro para que no viera los moretones y la sangre de mi cara, aun así, le devolví amablemente el saludo. Fue en vano, Alfred se acercó a mí, me tomó de los hombros y suavemente volteó mi cara, quedando ambos frente a frente, no pude evitar sonrojarme, aun así, Alfred no lo notó, ya que fijó su atención en las heridas de mi rostro y cuerpo.
-¿Fueron ellos otra vez?- me preguntó con tono de voz serio, nunca lo había oído tan serio.
-No es de tu incumbencia.- respondí mirando hacia otro lado, un poco deprimido.
Alfred me abrazó, no opuse resistencia, pero tampoco correspondí el abrazo a pesar de que moría por hacerlo. Alfred se acercó nuevamente, tomó mi mano y prácticamente corriendo me sacó del lugar, llegamos hasta el comedor de la escuela, no me di cuenta, estaba perdido sintiendo la mano de Alfred tomando delicadamente la mía, gritaba como un idiota por los pasillos, pegando saltitos.
-Tienes que comer algo dude, estás muy delgado- me dijo, colándose en la fila del almuerzo, hasta llegar al principio y dejándome su lugar.
-Alfred yo no…- me detuve al notar que todos los estudiantes le dejaban pasar, simplemente por ser él.- no puedo-
-No te preocupes, si es por el dinero, yo puedo..-
-No te preocupes por mí, no soy importante-
-Lo eres para mí, así que come algo, que yo invito.- me dijo mientras sacaba dos bandejas y me pasó una.
Lo seguí, llegamos a su mesa favorita, era algo alejada del resto, a esta mesa si le llegaba la luz del jardín escolar, ya que estaba junto a la ventana. Esta mesa era más pequeña, de las V.I.P y tenía solo dos sillas. A mis espaldas podía oír como murmuraban cosas horribles al vernos juntos. Y pensar que después, nos convertimos en la pareja más querida de la escuela. Alfred esperó que me sentara y tomó asiento, de a poco comenzamos a hablar, y lo hicimos por mucho rato, tanto que pasamos todo el recreo del almuerzo conversando. Cada vez me enamoraba más y más. Alfred, lograste hacerme sentir especial, amado y ahora no estas, ya no estás. Me duele haberte perdido, me duele no estar contigo. No es lo mismo estar solo, que estar sin ti, me aprendí de memoria esos versos por ti, y no estas, Alfred… NO ESTAS.
Miles de recuerdos, tardes en tu compañía, recreos en los cuales ya no podía disfrutar de un buen libro, porque llegabas a distraerme, Alfred. ¿Por qué no vienes y me distraes de este dolor, de este sufrimiento, de este martirio que es el vivir sin tu amor? ¿Por qué no vienes ahora a distraerme del frio que siento el goteo recorrer por mi brazo? ¿Por qué no vienes a distraerme ahora? ¿Por qué te distrajiste cuando conociste a Scott? No, no pudiste. Desde el minuto que lo viste, lo amaste. Aun así seguiste conmigo, incrementando ese sentimiento en mí. A veces pienso, Alfred mio, amado mio, que si desde el día que se conocieron con Scott me hubieses dejado, no me hubiese ilusionado y tal vez, no estaría sufriendo por no tenerte.
Pasaban los días, y Alfred siempre me buscaba para almorzar conmigo. Por lo menos, los matones no me quitaban mi dinero, ya que no salía solo del salón y en los recreos, pues siempre estaba solo en mi puesto junto a la ventana leyendo, y llegaba Alfred. Me contaba historias graciosas, sí, me hacía reír. Alfred siempre ha sido muy infantil. En ese entonces, le preocupaba mucho que yo estuviese solo por ahí. Sabía que los matones aprovecharan de mi soledad para agredirme, por lo que siempre me acompañaba, me seguía e incluso me cargaba en sus brazos, a pesar de que yo me opusiera.
Así pasamos muchas semanas, casi dos meses, por dentro moría por tomar su mano, por acariciarle el rostro, robarle un beso y olvidar todo el dolor de mi pasado. Una tarde, mientras estaba sentado en las bancas de la cancha, mirando a Alfred practicar con el equipo de baseball, cuando me percaté que los matones se dirigían a las bancas en las que me encontraba. Me levanté y corrí lo más lejos que pude para que no notaran que estaba ahí. Error. Notaron que huía de ellos, y comenzaron a seguirme. Corrían más rápido que yo. No recuerdo como, los tres más agresivos de toda la escuela me tenían acorralado contra una reja, la que separa la cancha del patio.
Me golpearon, me lastimaron. Dicen que las heridas que no se ven son las más profundas. Ahora que estoy grande lo comprendo bien. Extraños pensamientos, amor que te he perdido. Extraña sensación de los sentidos, sin ti, casi totalmente adormecidos. Ahora que estoy aquí, que me aferro al recuerdo, ahora que estoy realmente herido… no estás aquí. Alfred. ¿Por qué pudiste llegar ese día a salvarme de los matones y no pudiste salvarme de mi propia muerte? Las mentiras más crueles son dichas en silencio, el silencio mientras te enamorabas de Scott. El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor. Fueron siete años, Alfred. Sé que, cuando terminamos nuestra relación, dijiste que podíamos seguir siendo amigos, pero ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed. Las lágrimas del desamor son las más dolorosas para el corazón, y yo las he llorado desde que me dejaste. Si mi alma fuera pluma y mi corazón tintero, con la sangre de mis venas escribiría te quiero, te quiero y jamás dejare de quererte Alfred, no después de todo lo que has hecho por mí. Una cosa haré contigo que tú conmigo no harás: quererte toda la vida y no olvidarte jamás. No recuerdo como, llegaste, golpeaste fuertemente al líder, y los otros dos huyeron. De un solo golpe lo dejaste en el suelo, él era tres años mayor que tú, aun así, lo derrotaste, no medías tu tuerza. ALFRED NO MIDE SU
FUERZA.
-¿Estás bien?- dijo preocupado, tirándose pesadamente de rodillas frente mio, abrazándome.
-Alfred…
-No, soy un imbécil. Tenía que protegerte. He fallado como héroe.
-No me golpearon tanto esta vez.
-Me duele verte así, Arthur… no lo soporto más.
-¿Qué no soportas?
-Esto… Tengo que decírtelo de una vez, aunque te enojes conmigo y no me quieras hablar más.
-Alfred, que siempre te eche no significa que…
- Me gustas.
Esas palabras, ese tono, esa sinceridad…
-No estoy bromeando, Arthur. Me gustas desde el minuto que entré al salón y te vi solo.
-Mi corazón está muy destrozado… y por eso quizá, es que nadie me quiere
-No digas eso, eres mi ángel tierno, mi corazón recompuesto, mi alma dulce, mis caricias bellas, mi camino de felicidad, mi refugio permanente, mi lado bueno, mi escondite perfecto, mi meta soñada, mi caballero inglés...así eres tú
-Y-Y todo eso?
-Es lo que pienso cada vez que te acompaño a algún lugar.
-Sabes… nunca pensé ser correspondido por alguien.
-Arthur, no me importa que tan lastimado estés, quiero sanar todo el dolor y el sufrimiento que hay en ti.
Mis piernas temblaban, mi corazón se saldría y mis ojos lloraban de emoción, de felicidad. Dulcemente, Alfred limpió mi rostro, secando mis lágrimas, posteriormente acercó su rostro delicadamente al mio, nos besamos. Un beso inocente de quien ha perdido su inocencia con quien intenta rescatarle del dolor de su pasado. "Alfred, te amo porque has cambiado mi vida y has dado rumbo a mi corazón". Luego de unos segundos perdiéndome en sus labios, sintiendo los cálidos labios de mi amado jugando dulcemente con los míos, nos separamos. Alfred se puso de pie, y me ayudó a pararme.
-Hajaja, ¿te gustaría ir a la cafetería de la esquina por algo?
-No sé si sea buena idea, no podemos saltarnos el taller que sigue.
-No te preocupes, solo toma mi mano.
-¿Qué?
-Que tomes mi mano… tonto.
-Estás muy sonrojado, te ves lindo así
-Si te callas vamos a la cafetería.
Salimos muchas veces esa semana, y la siguiente. Alfred me pedía besos, yo le rechazaba, más que nada por miedo. Alfred, en la vida hay mucho dolor, pero mis penas se alivian con tu amor. Después de aproximadamente quince días de lo sucedido en la cancha, Alfred me esperaba por la mañana. Había llegado temprano a la escuela, y en el salón me abrazó, frente a todos, se arrodilló y me preguntó si quería ser su novio, yo solamente lo abrasé, escuchando como nuestros compañeros gritaban y aplaudían. Yo era feliz… no lo admitía, pero era feliz con Alfred. Pasábamos todo el tiempo juntos, en las clases nos enviábamos notas y de a poco, me fui integrando a la escuela, gracias a Alfred.
Mi miedo de hablar con los demás, de a poco fue desapareciendo, incluso comencé a sociabilizar con los que me agredían. Uno de ellos había perdido a su madre hacia un tiempo, por eso actuaba así. Otro de ellos, tenía a su hermana grave en el hospital con riego vital y el líder de ellos, era huérfano de padre, su hermano se había suicidado y su madre era una prostituta. El chico vivía con su tío que era un alcohólico y adicto a los juegos. Pude ayudarles psicológicamente, y dejaron de ser agresivos. El resto de años, a pesar de tener mis propios problemas familiares, me dediqué a ayudar a los demás, cosa que jamás había hecho. Así fue como el año entrante, me nominaron mis compañeros de clase y los de la otra clase, a ser presidente del conejo estudiantil, cargo que mantuve hasta mi graduación.
Cierro mi diario. A la enfermera de la tarde le gustan todas mis historias, Las de Alfred. No me aburriría contárselas una y otra vez, aunque a veces olvide algunos detalles. Mi cabello ya está sucio y tengo calor de estar acostado. El doctor dice que si sigo mejorando mi ánimo, pronto podré salir al jardín. Quiero recostarme en la fría hierba, acariciar el césped, como lo hacía cuando salíamos con Alfred los sábados por la tarde. Quiero que me canten algo. Siento la necesidad de escuchar una canción para dormir. Extraño a mi madre, ella me arrullaba cuando era un bebé. Luego lo hacía Scott… y luego Alfred. La enfermera de la tarde es joven, rubia y de cabello corto. Le pregunté su nombre, se llama Emma. Tiene un acento extraño, le pregunté y me dijo que venía de Bélgica a estudiar Psiquiatría a Londres, y que se quedó haciendo la práctica.
Emma se sentó junto a mi cama, tomó mi mano delicadamente, y me cantó una canción típica de su tierra, dijo que se les cantaba a los bebés para que pudiesen dormir y espantar todo mal. Me cantaba mientras colocaba el suero que me hacía dormir. Ya no quiero morir, solo quiero dormir. MATO CON MI MUERTE.
Hasta aquí el capitulo, espero que les haya gustado, y si esperaban UsaxScott, no se desesperen, el siguiente tendrá mucho contenido de esa ship *0*
