CAPITULO 3: "NO TE ENTIENDO"
A pesar de que me tomé mi tiempo para desayunar, estaba cinco minutos adelantada. Hacia tanto tiempo que no me pasaba algo así, la mayoría de las veces solía ir justo a la hora.
Tomé mis pastillas e inclusive recogí la cocina antes de tener que irme.
Revisé varias veces las ventanas y puertas de la casa con tal de asegurarme que se encontraban cerradas, lo último que necesitaba era dejar algo abierto. Tras girar el pomo de la puerta en repetidas ocasiones comprobé que la llave estaba bien puesta. Hice una lista mental de cada cerradura y candado puesto, me encaminé a la universidad.
Durante el camino algunas personas del distrito se giraban para verme, casi como si me reconocieran. Sabía perfectamente la razón de sus reacciones. El distrito no es tan grande y sin duda alguna, todos o la gran mayoría de las personas estaban al tanto de lo ocurrido en la mina. Casi podría apostar a que en cualquier momento alguien se iba a animar a acercárseme para preguntar más detalles sobre lo sucedido. Interiormente rogué porque eso no pasara. No quería retrasarme.
Bajé la mirada y me permití caminar con paso apresurado con tal de evadir todas esas miradas que amenazaban con transmitir la lástima de aquellas personas.
Respiré profundamente una vez que atravesé la cerca que rodea el campus. Al instante recordé mi primera visita a este lugar, acompañada de mi papá, y un nudo se formó en mi garganta. Ojalá se encontrara bien cuidado en el hospital.
…
Apenas si habían personas por los pasillos de la facultad, prueba de que aun era temprano, normalmente los alumnos comienzan a llegar faltando media hora para el inicio de las clases. Aun era demasiado temprano.
Disfruté cada paso que di hacia mi salón, sin duda alguna un día de caos como el anterior servían para apreciar lo maravilloso que es llevar una rutina diaria. Bajé la mirada para contemplar mis pies e incluso me permití caminar sin pisar las rayas de los cuados de azulejo en el piso.
Ocupé mi lugar al fondo de la clase y separé con mi mochila y una carpeta los lugares para mis amigos, en esta ocasión no me iba a permitir que cierto chico rubio se sentara donde no debía.
Eres muy dura con él. Extrañamente escuché esa frase como si Prim la hubiera dicho junto a mi oído. Negué rápidamente con la cabeza para alejar esa idea. No estaba siendo dura con Peeta Mellark por ganar el lugar de Finnick en la clase anterior, solo defendía algo justo.
Miré la pantalla de mi celular por si mi madre o Prim me hubieran mandado un mensaje, pero comprobé con una enorme sonrisa que no había ninguno, las dos tomaron en cuenta que no me gustaba recibir nada en mis horas de clase.
—Hola, buenos días— levanté la mirada de golpe al escuchar el saludo, ni siquiera escuché a alguien entrar— ¿Cómo estás, Katniss?
—Buenos días, Peeta— respondí despacio mientras trataba de recuperarme de la sorpresa inicial.
—No era mi intención asustarte— el chico me dedicó una media sonrisa a manera de disculpa. Noté que su mirada recaía varias veces en el lugar asignado para mi amigo, sin necesidad de que hablara yo ya sabía lo que buscaba.
—Está bien— me encogí de hombros.
Un silencio se formó en medio de nosotros, su postura corporal gritaba que no quería que esa breve conversación se terminara, pero no tenía nada más que agregar.
— ¿Te molestaría si me siento aquí? — Peeta señaló el lugar apartado para Johanna, justo a mi lado izquierdo.
—Si
—No— contesté diferente a lo que había pensado— pero…
— ¿Es para Finnick, cierto?
—Para Johanna— murmuré en forma apenas audible.
—Vale, no quisiera repetir lo de ayer— admite y por un momento casi le creo que está apenado—. No era mi intención ganarle el lugar a tu amigo, sé lo molesto que puede ser eso, después de todo siempre están juntos.
¿Lo ha notado?
—Vaya, eso se escuchó como algo que diría un acosador— Peeta comentó en voz baja. Interiormente le di la razón—. Digamos que los he visto en varias clases juntos.
—Tenemos todas las clases juntos— explico como si no hubiera escuchado su primera frase.
—Y Johanna…
—Solo la veo los martes y jueves. Tenemos tres materias juntas.
—Y ética es una de esas— lucho contra el impulso de poner los ojos en blanco. Justo estamos esperando que esa clase empiece y le dije que un asiento era para ella.
Déjalo, solo quiere platicar.
Asiento con la cabeza y disimuladamente dirijo mi mirada a la puerta esperando porque alguien más llegue al salón, Peeta comienza a incomodarme y no ayuda el hecho que no se siente en ningún lugar.
—Oye…
El chico estuvo a punto de hablar Finnick entró por la puerta con una enorme sonrisa en sus labios. En el fondo se lo agradecí, ya no quería estar a solas con Peeta.
—Vaya, al parecer es un buen día— mi amigo exclamó extendiendo los brazos, ademán que me hizo sonreír.
Se dio cuenta.
—Sí, lo es— acepté al tiempo que desocupaba el banco frente a mí para que él pudiera ocuparlo.
—Hola, Peeta— ambos se saludaron. En el rostro del chico rubio vi que algo cambiaba, su postura era diferente y ya no parecía tan confiado, sin embargo al instante se recuperó— ¿No te sientas?
—Claro— Peeta ocupó el lugar que estaba al lado izquierdo del chico de cabello cobrizo— sobre el trabajo…
—Ah, sí. Queríamos empezar como a eso de las dos y media— Finnick tomó la palabra— si quieres te puedo pasar la dirección y…
Dejé de prestarles atención, hasta ese momento no me había detenido a pensar acerca del trabajo. Se suponía que ellos irían a mi casa, debería de preparar muchas cosas, y sobre todo asegurarme de que mi abuela no estuviera todo el tiempo rondando.
Comencé a mover las manos nerviosamente, si la abuela Everdeen llegaba a verlos ahí comenzaría a hacer preguntas, a Finnick y Johanna ya los conocía, sin embargo Peeta era un desconocido, podría bombardearlo con información y cuestionamientos e incluso podía llegar a comentar algo indebido…
—Kat, Katniss— detuve mi línea de pensamientos de golpe al escuchar la voz de mi amigo— ¿Estás bien?
—Yo…
—Te veías muy pálida— Peeta comentó sorprendido. Genial, ahora haría preguntas.
—Deberías salir un momento— mi amigo me veía preocupado.
—No es necesario.
—Katniss…
—Finn, ya pasó… solo ya sabes, comencé a sobre analizarlo todo.
—Vale— Finnick tomó mi mano izquierda y me dio un leve apretón—. Tus medicinas.
—Todo en orden. Es un buen día, ¿no? — bajé la mirada y aparté mi mano de su agarre.
— ¿Lo es? — odié profundamente la forma tan fácil con la que leyó mi expresión.
Guardamos silencio, vi que Peeta se debatía entre decir algo o no. Tiene dudas y no va a tardar en preguntarlas. Todos lo hacen.
El salón comenzó a llenarse poco a poco y de Johanna no había señales, tendría que llegar pronto.
La clase comenzó puntualmente y la maestra Portia dio un leve repaso sobre lo visto la semana anterior para seguir con su ya conocido monólogo.
Durante toda la clase sentí la atenta mirada de Peeta sobre mí, al parecer no había olvidado el pequeño incidente que tuve. En mas fe una ocasión estuve tentada a reclamarle o incluso poner los ojos en blanco para demostrarle mi inconformidad, pero temí que la profesora pudiera verme y llamarme la atención.
Johanna no apareció en ningún momento, otra cosa que agregar a mí lista de preocupaciones, ella siempre suele avisarme cuando no va a asistir a las clases, sin duda esa no era una buena señal.
Todo es culpa de Peeta me sorprendí por esa pequeña línea, en cierta forma me parecía lógica, pero a la vez era muy extraña. Mordí mi labio inferior al tiempo que revisaba disimuladamente mi reloj, ya era tiempo de tomar una de mis píldoras. De reojo noté que Finnick estaba al pendiente de todos mis movimientos.
Cuando faltaba media hora para salir noté que un papel estaba en mi banco, con cuidado lo desdoble y leí el texto: "Jo me mandó un mensaje, se quedó dormida". Respondí la nota con un "Gracias" y se la regresé a mi amigo, por lo menos eso me tranquilizaba un poco.
—Muy bien chicos, eso es todo. Asegúrense de compartir los apuntes con sus compañeros ausentes— la maestra se despidió alegremente.
— ¿Tienen alguna otra clase?— Peeta preguntó para hacer conversación.
—Si
—No— me giré rápidamente por la respuesta de Finnick— bueno, sí, pero yo no me voy a quedar. Pensaba decírtelo cuando llegué, pero...
—No importa— entendí a que se refería— solo procura llegar a tiempo, y lleva a Johanna contigo.
Mi amigo sonrió ampliamente antes de levantarse y besar mi mejilla a manera de despedida. Lo seguí con la mirada antes de que desapareciera por la puerta. Me encogí ligeramente de hombros para hacer a un lado todos los sentimientos negativos que me produjo ese pequeño abandono por parte de Finnick.
Guardé mis cosas tratando de ignorar al máximo a Peeta, que me observaba con atención, casi como si esperara que de un momento a otro me echara a llorar. Lo odié por eso. Quise encararlo con la intención de que apartara su mirada, sin embargo resistió muy bien el contacto visual.
—Vamos, llegaremos tarde a la siguiente clase— reuní el valor suficiente para hablar claramente.
— ¿A qué salón vas?
—105— casi puse los ojos en blanco. Esa era otra de las clases que teníamos juntos.
— ¿Tienes clase con la señorita Twill?— había incredulidad en su voz.
—Tenemos, de hecho
—No sabía que estabas en esa clase conmigo.
Obvio no lo sabes, ya que siempre llegas de diez a quince minutos tarde y después te pasas la mayoría del tiempo hablando con esa chica rubia, nunca pones atención a la clase.
No respondí nada, simplemente me limité a tomar mi mochila y caminar hacia la puerta. En ningún momento me detuve para comprobar si estaba siguiéndome o no. Mordí el interior de mi mejilla al ver la hora, estábamos a dos minutos de llegar tarde.
Un gran alivio me invadió justo cuando vislumbré la puerta del aula.
—Ya que Finnick no está, podrías sentarte conmigo y Delly, no creo que haya problema y es exactamente a la misma altura que tu lugar, solo que del otro lado del salón— en retrospectiva, ahora me doy cuenta que Peeta quería ser amable, pero, por muy extraño que pareciera, a mi me molestaba.
—No, gracias
—Vamos, no quiero que te sientes sola.
—Eso no importa— Sonreí en forma despreocupada y puse una mano en el pomo de la puerta.
—Me importa a mí.
—Pues no debería— hablé entre dientes.
—Oye solo trato de ser amable— Peeta también comenzaba a impacientarse. Negué con la cabeza y entré en el salón que estaba medio vacío.
Caminé rápidamente hacia mi lugar, el chico de ojos azules me siguió de inmediato, ignorando por completo a su amiga que se acercó a saludarlo. Apenas me acomodé en el banco, Peeta se sentó junto a mí, en el lugar de Finnick.
— ¿Quieres ser amable? Hazme el favor de dejarme en paz, vete a tu lugar y no hagas un problema de todo esto— dije sin siquiera levantar la mirada de mi block de notas.
— ¿Porque te portas así conmigo?— había algo en su voz, casi como si estuviera herido. Decidí dejarlo pasar.
—Mira Peeta, el hecho de que te haya admitido en un equipo no quiere decir que seamos... Amigos, ya tengo los amigos que necesito y la verdad es que no me hace bien tener cerca a alguien como tu— dije rápidamente, y antes de que él pudiera replicar, entro la maestra en el lugar. Interiormente rogué por que el chico se fuera de ahí.
—Define "alguien como tú"— de reojo vi como hacia las comillas en el aire.
—Un chico que llega tarde a la mayoría de sus clases y se la pasa platicando con su amiga, alguien que no le importa prestar atención a cada una de las clases porque en el fondo no quieres estudiar esto, pero tu padre te obligó por ser una " tradición familiar" y por ello te es fuerzas por demostrar tu inconformidad. En el fondo tú querías estudiar arte, música o incluso gastronomía, y vives deseando que tus padres se den cuenta de eso y que por fin lo acepten— murmuré rápidamente, ni siquiera estaba segura de si me había escuchado, giré mi cabeza solo para verlo en shock.
—Una lección de vida, Katniss Everdeen: no puedes juzgar a las personas sin conocerlas— no sé porque esperaba que me gritara, sin embargo su tono de voz era tranquilo y desencajaba absurdamente con su mueca de asombro.
—Ahí está el punto, si te conozco. Te he visto cada clase— no estuve segura de si lo dije en voz alta o lo pensé.
Peeta siguió presionándome con la mirada, al parecer solo había pensado esa línea. Quise replicar, pero no encontré valentía para hacerlo.
—Sé quién eres Peeta Mellark, ya te lo dije y no necesito a perdonas como tu cerca de mí. Quiero terminar mi carrera y graduarme. Es un plan que ya está hecho— hablé en un susurro. Al frente, la maestra parloteaba acerca de cosas irrelevantes—. Limítate a cumplir con tu parte del trabajo y después de eso tú sabrás que hacer. No quiero ser tu amiga ni nada por el estilo, de hecho, ni siquiera estaba muy de acuerdo en aceptarte, pero lo hice y no voy a retractarme.
—Katniss no puedes...
—Sí, sí puedo.
—Pero...
—Déjame escuchar, es importante.
—No, no lo es. Twill solo está hablando de su vida, esto sí es importante— con su mano hizo un circulo entre nosotros.
—Déjame en paz— sentí como un nudo comenzaba a formarse en mi garganta. Esto comenzaba a salírseme de las manos.
—Katniss…— Peeta no iba a olvidarlo, lo vi en sus ojos.
Me puse de pie de golpe, tomé mis cosas y me acerqué al escritorio de la maestra bajo la atenta mirada de todo el grupo, especialmente de una sola persona.
—Señorita Everdeen…
—Tengo, tengo que… —hice puños mis manos y murmuré rápidamente por miedo a que se me quebrara la voz y se pudiera ver lo nerviosa que comenzaba a ponerme— tengo que retirarme, lo siento señorita Twill.
—Pero aun no tomo lista y si no estás contaría como falta. No quisiera que esto te afectara— sabía que era completamente honesta, pero yo ya no podía quedarme en ese lugar.
—Debo irme— volví a murmurar en forma suplicante.
—Vale, solo pide los apuntes— asentí con la cabeza antes de salir con paso presuroso.
Las palabras de Peeta resonaban en mi cabeza y sobre todo su insistencia, él no era alguien que se deba por vencido y no aceptaba un no por respuesta. Sin duda tengo razón, no necesito a alguien como él cerca de mí.
Llegué a mi casa en algún punto. Con manos temblorosas logré abrir la puerta, apenas entré en el lugar lancé mi mochila sobre el sillón y me dirigí rápidamente a la cocina.
Todo estaba saliendo mal, se suponía que ese iba a ser un buen día, pero no era nada de eso. De nuevo era como si las piezas de dominó comenzaran a caer, lo peor de todo era que ni siquiera me había recuperado al cien por ciento de la última vez.
Debía tranquilizarme. Tomé un vaso de vidrio y lo llené de agua.
No se va a rendir, va a seguir molestándote.
El vaso resbaló de mis manos y se estrelló contra el suelo haciéndose añicos.
Ya te afectó. Ya modificó todo. Antes no te hubieras salido de clase.
Las lágrimas llenaron mis ojos e hice puños mis manos. Todo era cierto, Peeta había llegado a destruir mi rutina y a lo que estaba acostumbrada.
Tomé otro vaso y ahora, de manera consciente, lo dejé caer al suelo. Fue casi hipnótico ver como cada pedazo de cristal volaba en diferentes direcciones.
Quisiera decir que me detuve en ese momento, pero a los vasos le siguieron algunos platos. Durante todo momento gruesas lágrimas rodaban por mis mejillas y con cada cosa rota, me sentía cada vez peor.
Recargué mi espalda en el refrigerador y poco a poco me deslicé hacia el suelo, con mis pies aparté algunos cristales con tal de no hacerme daño.
—Pero que…
— ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate Sae! ¡No vengas con tu mierda a joderme la vida! Ya he soportado tus estupideces. Por mucho tiempo te he hecho caso y mira como me ha ido. Maldita bruja, ojalá fueras tú la que está en el hospital y no mi papá, de esa manera podríamos olvidarnos de ti por un buen rato hasta que murieras.
La mueca en el rostro de Sae era incomparable, nunca esperó que yo le hablara de esa manera. Después de mi arrebato de valentía creí que vendría un sermón por su parte, sin embargo cuando la busqué con la mirada, se había ido. Tal vez se largó al hospital para ver a mis padres y llevarles la queja de mi actitud.
Sentí como mi celular vibró en la bolsa delantera de mi pantalón y me apresuré a atender la llamada entrante, era Prim. Casi parecía que mi amiga podía leer mi mente y sentimientos. Me llamaba justo cuando más la necesitaba.
—Katniss... ¿Como...estás?... Iba... a... llamarte...— su voz se escuchaba lejana, casi como si en cualquier momento se fuera a cortar la comunicación.
Traté de responderle, pero en lugar de eso un sollozo escapó de mis labios, produciendo que al otro lado mi mejor amiga se alarmara.
Le conté todo. Las palabras brotaron con facilidad, siempre era así con ella.
Me quejé de Peeta, la escuela, Johanna y su falta sin avisarme, e incluso incluí a Finnick en esa lista, por abandonarme sin siquiera decírmelo con tiempo.
Prim me escuchó atentamente y sin hablar más de lo necesario, me tranquilizó y prometió llamar más tarde, después de regresar de una caminata con sus padres. Le dije que no se preocupara, aunque en el fondo también me enojé con ella que me abandonaba, pero no me permití sentir demasiado esa emoción. Ella no tenía la culpa de estar junto a su familia, es más, ni siquiera debería de estar la preocupando con mis problemas.
Después de cortar la llamada permanecí en mi lugar viendo fijamente la estufa frente a mí, mientras muchos pensamientos se arremolinaban en mi mente. No salí de mi estado de ensimismamiento hasta que un ruido captó mi atención.
Con cuidado me levanté después de lo que pareció una eternidad. Los músculos de las piernas protestaron al soportar mi peso e incluso me hice algunos pequeños cortes con los cristales esparcidos por el suelo al apoyar mis palmas para ponerme en pie. Apenas iba a limpiar mis heridas cuando de nuevo se escucharon unos golpes insistentes en la puerta de entrada, quería con todas mis fuerzas ignorarlos. Necesitaba estar sola.
— ¡Katniss, abre la puerta!— la voz de Finnick se escuchó lejana.
— ¡No nos obligues a tirarla!— esa sin duda era Johanna— ¡Sabes que no estoy jugando descerebrada!
Esperé un poco mas por si se escuchaba una tercera voz, pero eso no ocurrió. Solo estaban ellos dos, interiormente lo agradecí. Con cuidado abrí la puerta y lo primero que sentí fueron los brazos de Jo al rededor de mi cuello.
—Eres... Eres una descerebrada— Johanna Mason, la chica que se esfuerza por demostrarle al mundo lo ruda que es, en ese momento estaba llorando abrazada a mí.
Me aparté un tanto tambaleante para contemplar a mis dos amigos que estaban en verdad preocupados por mí. Intenté sonreír, pero desistí y con un ademán los invité a pasar.
Los dos se sentaron en el sillón muy cerca el uno del otro y yo un poco alejada. Siempre era así.
—Estuvimos llamando por quince minutos, Katniss— Finnick habló sin acusarme, sé que en el fondo temía mi respuesta—. Al principio creímos que no estabas, pero tu vecino, el señor Latier se acercó a nosotros. Dijo que estaba un tanto alarmado, por... algunas cosas que se escucharon.
Dejé escapar un suspiro. Estaban dando muchos rodeos. Fijé mi vista en los ojos verdes de mi amigo y traté de que entendiera mi situación. No quería hablar.
—Supongo que voy a comprar algo para comer— casi brinque por la sorpresa de escuchar la voz de Johanna, parecía resignada, casi como si hubiera perdido una discusión— ¿Creen que Mellark quiera algo en especial?
—Trae pizza para nosotros tres y una ensalada con pollo a la plancha para Katniss, por favor— Finnick pidió amablemente y entonces lo supe, ese era su plan, quería interrogarme a solas
—Vale— Jo se despidió de nosotros y sin necesidad de girarme a verla supe que le estaba dirigiendo una mirada de advertencia a Finnick.
En el fondo me sentí culpable por la situación, sin embargo no podía hacer nada para cambiarlo, siempre había sido así. Supongo que influyó mucho el hecho de que hubiera conocido primero a Finnick al inicio de mi carrera universitaria.
Nos conocimos casi por casualidad, él necesitaba un asiento y yo tenía mi mochila en un banco frente a mí. Inmediatamente comenzó a hablarme con toda la naturalidad del mundo Me ofreció uno de sus tan característicos azucarillos. Para ser honesta, me ganó al instante.
En tercer semestre llegó Johanna, en ese tiempo era completamente distinta, nada que ver con la chica de la actualidad. Solía llevar las uñas pintadas de color rosa, ocasionalmente usaba moños en su cabello castaño claro y apenas si hablaba con personas del salón, hasta que necesitó un contacto y por supuesto que Finnick estuvo ahí.
Después vino el cambio radical. El esmalte desapareció o fue suplantado por colores más serios, dejó de usar moños y se tiñó el cabello de negro, incluso hubo un tiempo en el cual tenía un mechón rojo. A menudo Finnick hacia bromas sobre nuestra "mala influencia" sobre la chica Mason.
Desde ese momento comenzamos a ser solo los tres, pero en el fondo siempre guarde mis reservas con Johanna. Sí, me agrada mucho, es mi mejor amiga, después de Prim y Finnick, e incluso le he llegado a contar algunas cosas personales, pero simplemente puedo decir que es diferente y eso no es malo.
Con el paso del tiempo ella y mi amigo comenzaron una especia de relación/acuerdo mutuo. Amigos con derecho, podría también decirse y por supuesto era algo así como un secreto. Hasta que lo deduje, siempre suelo ser muy intuitiva. Así que llegamos a una comprensión en donde ellos no me confirman ni niegan nada y yo tampoco hago preguntas.
¿Porque no han comenzado una relación? No lo sé, pero tengo mis sospechas y estoy noventa por ciento segura que la razón es que Finnick tiene un dilema. Supongo que tiene miedo de afectar la homeostasis de nuestro pequeño grupo porque sabe cómo me afectaría a mí. Es algo que le agradezco profundamente, pero que a la vez me hace sentir culpable.
Debería tocar ese tema pronto, aunque no ahora, ya que por la postura de mi amigo y lo sucedido con la salida de Johanna, sé que vamos a tocar otro tema.
— ¿Un azucarillo?— me ofrece el pequeño cubo blanco con una enorme sonrisa en su rostro. Niego con la cabeza—. ¿Quieres que sea directo?
—No serias Finnick Odair de lo contrario— comenté con una media sonrisa.
—El señor Latier nos dijo que escuchó el ruido de cosas rompiéndose y después una discusión— y ahí estaba mi amigo. Su frente se arrugó gracias a la preocupación de lo que podía estar imaginándose—. Fue muy insistente en que revisáramos que estaban todos bien. Pero no veo nada desordenado.
No contesté, solo me limité a ponerme de pie y caminar hacia la puerta de la cocina, me giré para comprobar que el chico de cabello cobrizo me seguía antes de entrar.
—Joder— murmuró al ver todo el desorden ocasionado por mi arrebato. Cualquiera pudo haber pensado que algo grave había pasado en mi cocina. Bajé la mirada y jugué con las puntas de mi cabello castaño mientras Finnick recorría el lugar apartando de vez en cuando uno que otro cristal. Me sentía como una niña pequeña que acaba de ser descubierta en medio de una travesura—. ¿Te hiciste daño?
Al parece las palabras se negaban rotundamente a formar una oración coherente, así que solo me limité a mostrarle mis manos llenas de pequeños rasguños y sangre seca.
—Fue cuando me levanté para abrirles— Murmuré casi esperando un regaño de su parte, sin embargo mi amigo se limitó a tomar un paño húmedo y pasarlo por mis heridas, además de comprobar varias veces que no hubiera restos de vidrio en ellas—. Gracias.
—Por nada, chica azucarillos— Sonreí tímidamente. Cuando levanté la mirada algo cruzó por el rostro de Finnick, sin duda ya había sacado algunas conclusiones.
—Kat, ¿Donde están tu mamá y Sae?— el chico Odair era perspicaz, algo bueno para un futuro abogado.
—En el hospital... con papá— por un brevísimo instante el miedo se dibujó en su semblante, por ello me apresuré a aclararlo todo— él estuvo en el accidente de la mina de ayer.
—Santo cielo, Katniss. ¿Por qué fuiste a la escuela? Debes estar ahora con tu familia—. Finnick fue a buscar algo con que limpiar el desastre mientras me dejaba sentada en una silla de la barra de desayuno— voy a limpiar y después le cancelo a Mellark. Cuando llegue Jo comemos y después vamos al hospital…
—Finn
—No te preocupes por el trabajo, yo me comprometo a terminarlo y…
—Finnick— odio intensamente cuando está tan concentrado en lo que hace y no me presta atención. Nunca pasa a menudo, pero es odioso en esas ocasiones.
—Katniss, ¿Por qué no me lo dijiste antes? — terminó de limpiar y cuando hizo contacto visual conmigo, se veía herido. No había cosa que no le contara.
—Lo olvidé. No pasa nada. No quiero ir al hospital.
—Tu papá es antes que la tarea.
—Lo sé, pero no quiero ir… sabes que odio los hospitales.
—Pero…
—Y mi mamá quedó de avisarme de cualquier cosa que pasara— lo cual, hasta el momento, no había hecho. Obviamente eso no iba a decírselo a mi amigo.
—Por lo menos llámalo por teléfono. Hasta podríamos ir y solo quedarnos en la recepción— en el fondo sabía que mi mejor amigo solo trataba de ser amable, pero comenzaba a irritarme. Solo te sientes así porque intenta obligarte a hacer algo que no quieres, y él nunca lo había hecho—. Sé que soy insistente, pero no quiero que te arrepientas.
—No lo haré, gracias. Además papá entenderá.
Finnick solo asintió con la cabeza, me conocía lo suficiente como para saber en qué momento dejar de insistir.
Nos quedamos en silencio, no era para anda incómodo pero en el fondo algo me rogaba por que le contara al chico Odiar todo lo que desencadenó mi conducta, pero Johanna no tardaría demasiado en llegar. Dejé escapar un largo suspiro, era mejor comenzar.
Finnick me condujo a la sala y escuchó pacientemente cada cosa que le dije, en sus ojos verdes distinguí la preocupación y un tanto de molestia, sin embargo no sabría decir si era hacia Peeta, hacia mí o hacia él mismo.
Al finalizar simplemente se limitó a abrazarme, interiormente luché con el impulso de echarme a llorar. Afortunadamente, mi amigo se apartó pronto.
—No sé si compadecer a Mellark o si golpearlo— el timbre de la puerta ahogó mi risa.
—Yo lo golpearía— admití encogiéndome de hombros.
—Entonces supongo que también golpearé a Mellark— Finnick abrió la puerta a media frase y se quedó petrificado. Peeta lo miraba con un semblante serio, sin duda lo había escuchado.
—Hey, llegamos— Johanna trató de romper la tensión del momento. Obvio no funcionó.
Esa fue la comida más incómoda de mi vida, y todo era peor porque Peeta ni siquiera había hecho una broma o incluso reclamado por lo que Finnick dijo. Levantamos todo, Johanna y mi amigo se ofrecieron para llevar los platos a la cocina, sin duda queriendo escapar de la situación.
Malvados.
…
Un mensaje entró a mi celular justo cuando los demás discutían una buena forma de terminar nuestro trabajo.
"Tu papá acaba de despertar y pregunta por ti. Ya lo cambiaron a una habitación normal. Espero te animes a venir"
Puse los ojos en blanco, ¿Por qué mamá no podía ser como mi padre? Ella siempre trata de presionarme.
"Salúdalo por mí, lo quiero"
Dejé mi celular con demasiada fuerza sobre la mesita del centro y elevé las manos a mi rostro. Hubo un carraspeo, sin duda Finnick.
— ¿Te estresamos?
—Acaban de cambiar a papá de habitación. Mamá está muy odiosa— admití sin importarme que los demás pudieran escucharme y hacer preguntas—. No son ustedes— sonreí a mi mejor amigo.
—Johanna y yo podemos ir y traerte noticias— me giré para ver a mi amiga, ella ni siquiera tenía una idea de lo que estábamos hablando y ya asentía enérgicamente con la cabeza, esa chica es genial.
—Gracias—.De reojo vi que Peeta estaba centrado en su celular, no podía culparlo, hablábamos como si no estuviera ahí, pero mis amigos me estaban ofreciendo traerme noticias de mi padre—. Yo termino el trabajo, si quieren, para que no se termine el horario de visitas.
Los dos aceptaron de inmediato y se fueron juntos, no sin antes prometer que me llamarían más tarde.
—No tienes que quedarte— le dije a Mellark de una forma que consideré amable.
—Ahora existo— luché por no poner los ojos en blanco.
—Era un tema serio.
—Eso supuse— Peeta se encogió de hombros y no hizo ademán de levantarse para irse.
Hubo un silencio muy incómodo. Por más que intentara ignorarlo no podía ya que cada vez que levantaba la mirada, el chico de ojos azules me miraba atentamente. Cerré de golpe la carpeta y mi laptop. Sin duda iba a lograr que Peeta se fuera de mi casa.
—Me estás incomodando.
—Lo sé y lo siento, pero…— de nuevo me dirigió una mirada penetrante, casi como si me analizara— solo quiero entenderte.
Va a hacer preguntas.
—No necesitas hacerlo— comencé a sentirme nerviosa.
—Es extraño, pareces otra persona cuando ellos están cerca… y cuando se van es como si te cerraras. Con Finnick y Johanna ríes y platicas, conmigo solo haces caras y me respondes de mala forma.
Se está acercando… las preguntas ya vienen.
—Ellos son mis amigos— expliqué tajantemente.
—Tan buenos amigos que hasta Finnick quiere golpearme por ser amable contigo— Mellark se encogió de hombros—. No te entiendo, Katniss Everdeen. Se ve que eres una chica muy inteligente, amable e interesante… pero no te permites serlo con todos, ¿Por qué?
—Ese no es tu asunto— me levanté y fui hacia la puerta, la mantuve abierta esperando que Mellark entendiera la indirecta—. Deja de preocuparte por eso, no tienes que conocer a todos.
—Pero me interesa mucho conocerte— dijo seriamente antes de acercarse hasta a mí. Por su cercanía creí que besaría mi mejilla, pero simplemente sonrió ampliamente antes de salir y dejarme muy confundida y al borde del ataque de ansiedad.
Volviiiiii! Solo recuerden que si me matan ya nadie podrá seguir con la historia jejeje ._.
Chicos una disculpa por mi desaparición, pero era necesaria jajja gracias por su paciencia y por los reviews, follows y favoritos que han dejado en esta historia.
Los quiero!
Besos
