Gracias por la espera y su paciencia, y gracias por todo Yaz.
CAPÍTULO 4
Sus manos tan frágiles se mueven rápido bajo un mismo ritmo, cortando finamente los ingredientes, su capacidad admirable me hace querer solamente admirarla, frente a ella hay cinco calderos los cuales tiene hirviendo agua, mantiene el tiempo a raya, observando a cada momento el reloj de la pared.
Lleva bajo su brazo el primer ingrediente en un amplio recipiente, tomó la medida vaciando sobre cada caldero dos porciones, observó una vez más el reloj y bajó la llama para seguir preparando las hierbas y colocarle la sangre de salamandra.
Ella era una obra de arte, sus manos moverse con agilidad y mantener los cinco calderos a la perfección, la forma en que se desenvolvía era algo más que admirable, sonría desde sus adentros, era un ave que había estado presa, Hermione estaba volando y probando su libertad de nuevo.
—¿Qué ocurre? … Ha estado viéndome, ¿estoy haciendo algo mal? – El profesor no respondió y se fue al otro extremo del laboratorio, utilizando los otros calderos y alistándolos con agua, empezando él a preparar otra dosis de poción – ¿Profesor?
—Gracias.
No había necesitado nada más, el solo escuchar esa palabra de su boca en un tono bajo y tranquilo, la hizo sentir feliz.
Lo que podía producir la calidez de un silencio absoluto, tan solo escucharse caminar, el suave sonido del caldero hervir, se veían a escondidas, queriendo esconder con pena lo evidente, como si cometieran un especie de delito.
Cada paso que ella daba Severus se enorgullecía, se sentía dueño de los avances, ver la varita de ella agitarse a cada momento era verla resurgir de las cenizas, y cada que llenaba una caja de las pociones con ella sonriendo quedaba complacido, el avance más alto fue la razón, ella estaba orgullosa de sí misma, veía todo lo que podía ser y lo que aún seguía siendo detrás de esa sombra de tristeza.
—Tome su abrigo, iremos a cenar.
—El pedido…
—A cenar he dicho.
El restaurante estaba casi vacío para la fortuna de ambos, ocuparon una mesa que se encontraba cerca de la ventana y así pasar desapercibidos. A los poco minutos ya tenían en el plato una comida perfectamente apetecible, el estomago de Hermione la delató en cuanta hambre tenía y él en respuesta sonrió tomando el tenedor dándole la indicación que podía empezar a comer.
—Por Merlín, es lo más delicioso que he probado nunca – confesó ella dándose un pequeño respiro.
—Es porque tiene hambre Granger, sus comidas son mucho mejor.
—Gracias profesor – respondió avergonzada —¿Aquí venia a cenar antes de que llegara yo?
—La mayoría de las veces, aunque me alegro tener que prescindir de este restaurante, gracias a usted por supuesto.
—Yo cocinaré para usted siempre señor, no tiene porque venir aquí – dijo en broma ocultando una duda que la carcomía.
—Me… me tranquiliza escuchar eso – alzó la mirada y ambos se vieron, preguntándose al mismo tiempo cuando tomarían esa conversación que estaba retrasándose cada vez más.
—Señor Snape, su colega el señor Deere le manda sus presentes y esto – dijo el mesero dejando dos copas de vino de sauco, Snape se tensó por completo volteando a ver al hombre quién alzó su copa brindando, el pocionista se inclinó y siguió comiendo sin dejar de ver la copa.
—¿Quién es ese hombre?
—Un ex mortifago, nadie de importancia – respondió frio, ella notó el cambio de humor y sintiendo como su profesor se consumía en una rabia bastante notoria, el hombre tomó la copa entre sus manos y cerró los ojos despacio, un hechizo no verbal hizo que la bebida desapareciera ante la mirada de Hermione.
—¿Se encuentra bien señor?
—Si, ¿se le apetece algún postre? – negó rápido y él empezó a sudar de un momento a otro, era extraño verlo así, tan ausente, tan perdido de un momento a otro, sacó alguno galeones y los dejó sobre la mesa. Tomó a Hermione de la cintura y la condujo a la puerta – Me voy aparecer – apenas le dio el tiempo suficiente para sostenerse cuando ya estaban en la sala de La Hilandera.
El silencio se hizo presente y ella no sabía qué decir, sabía que algo no marchaba bien pero se sentía lo suficientemente ajena como para articular alguna palabra. Snape se colocó frente a la chimenea completamente calmado, sin decirle nada, pareciera como si se hubiese perdido en sus pensamientos.
—Suba a descansar Granger, mañana partiremos a las siete en punto.
—Si… de… descanse señor.
El aroma de las almohadas comenzó a relajarla, cuando comenzaba a cerrar los ojos sintió los brazos fuertes de su profesor acunarla, los mantuvo así… sus manos recorriendo sus brazos y su aliento en su cabello, esa forma en que lo hizo la noche que la rescató, y las veces que tuvo que hacerlo cuando ella no se acostumbraba a vivir ahí, bajo sus órdenes.
Se levantó titubeante observando la puerta, se colocó una bata de satín, salió de la recamara descalza y bajo las escaleras sin hacer ruido. Cuando lo vio quedó aún más perturbada que lo que estaba arriba, estaba él con solo la camisa por fuera, el pelo desordenado frente a la mesa pequeña que tenía en la sala, con la copa de whisky de fuego frente a él, pero en esta ocasión tenía la botella acompañándolo.
La vio, quería gritarle, por primera vez en la vida decirle que en ese momento hubiese querido nunca tenerla en casa, su respiración estaba agitada como si hubiese corrido un maratón, ella ignoraba que ocurría, tenía miedo, sentía como temblaba de pies a cabeza al sentir como él la veía.
—¿Profesor?
—Suba ahora mismo Granger.
Bajó los últimos peldaños de la escalera y se acercó, quizás porque era Gryffindor, quizás porque su instinto así se lo indicaba, quizá por llevarle la contra, por curiosidad o el miedo era quién la dirigía en ese momento o quizás porque Merlín se apiadaba de él. Llegó hasta donde se encontraba la botella y la puso en su lugar, ante la mirada dura de él, cerró la puerta donde él guardaba los licores y ambos vieron la copa llena, la forma en que él veía el whisky era tan distinta, esa noche la veía diferente.
Ella la tomó entre sus manos, Snape dejó que ella actuara, se condujo a la cocina y vació su contenido en el lava trastes, regresando de inmediato a donde se encontraba el pocionista, su respiración se había calmado un poco.
—Aquí estoy – susurró quedando frente a él, no sabía lo que ocurría, y no estaba completamente segura de querer preguntarle.
Dio un paso más al frente arriesgando su integridad emocional, no le importó, quiso exponerse. La cabeza de él se dejó caer hacía delante pegándola contra su vientre, sus manos estaban en puño y creía que si llevaba la varita habría volteado esa casa de cabeza por la magia que desprendía. Hermione tomó su cabello y lo acarició lentamente, despacio hasta que sintió que su respiración se volvía completamente normal, ambos perdieron la noción del tiempo, ella sentía esa cercanía agradable, cómo si la hubiese esperado y él había encontrado ahí la calma que estaba buscando desesperado.
Cuando él dejó libre su vientre el silencio era aún más incomodo, no quería verla, no quería que supiera que él era débil, que él no podía controlarse. Hermione corrió hacía la cocina y empezó hacer un ruido que terminó por desquiciarlo, harto de todo se levantó asomándose, viendo como ponía diversas hierbas en una tetera.
—¿Qué hace?
—Le preparo un té delicioso, mi nana me lo daba cuando… cuando Rose se fue – se permitió acercarse, no comprendiendo cómo sin decirse nada podían entenderse tan perfectamente – Quiero estar con usted, no me mande arriba – susurró suplicante.
La observó, su cabello desordenado, sus mejillas sonrojadas y ese labio que mordía sin detenerse, esos ojos castaños, esa mirada llena de algo que él no conocía, pensó un momento y sacó dos tazas de porcelana poniéndolas sobre la mesa, sin decir nada. Regresó a la sala volviéndose a sentar sobre el sofá.
—¿Una de azúcar profesor? – le gritó desde la cocina, él sonrió burlón, quiso decir un comentario hiriente pero no lo encontró por ningún lado.
—Igual que el café Granger.
Llegó sonriente con las dos tazas y le dio una a él sentándose a su lado. Odiaba que ella lo hubiera visto de esa manera, pero no era la culpable de nada. Esos silencios que lo estaban matando también lo estaban atando a la realidad.
—¿Profesor? ¿Quién era ese hombre realmente? – bebió un poco el té y vio a Hermione, a penas una joven mujer de 26 años, tan pura, tan ingenua y hasta cierto punto inocente, ni siquiera se daba cuenta de con quién compartía el techo, no tenía idea de nada en ese momento.
—Yo no soy lo que usted cree Granger.
—A mi no me importa lo que haya hecho en sus años como espía.
—Eso lo hice cuando era un mortifago.
—No me importa – repitió tomando su mano, ya no temblaba, estaba tibia y sonreía.
Colagusano ha hablado, le dio la dirección de los Potter, la gloria vendrá Snape – escuchó la voz de ese hombre cuando Voldemort había salido tras los la pista que le había dado ese miserable
Mató a los Potter –Snape no lo creía, no se detuvo a escuchar más… salió corriendo al Valle de Godric.
Él murió, ese niño lo derrotó, el hijo de una maldita impura – dijo con asco a todos los mortifagos presentes, pero estaba demasiado ebrio como para decir algo, y no valía la pena, ella había muerto dejando a un hijo a su suerte.
—Sólo era un mortifago, solo eso – bebió el té en sumo silencio hasta sentir como comenzaba hacer efecto y se cerraban sus ojos – Debería subir.
—Señor…¿Por qué siempre sirve una copa y luego la tira?
—Solo… hoy no Granger por favor – se recargó sobre el sofá cerrando los ojos completamente cansado.
Ella se acercó y tocó el borde de su rostro, el cabello cubría sus parpados y los quitó viéndolo completamente relajado, cada parte de su cara fue acariciado por sus manos, temblorosas, queriendo averiguar, queriendo memorizarlo. Él abrió los ojos molesto, sin mucha fuerza física para levantarse o correrla.
Hermione se recargó sobre su pecho instintivamente, no tenía idea de lo que hacía, tan sólo de lo que sentía, Snape se quedó estático con su movimiento, su corazón comenzó a latir con mucha mayor velocidad, su mano fue a parar a su espalda, estrechándola hacía su cuerpo, sintió como poco a poco ella se relajó y lo abrazó.
Snape se dejó caer sobre el sofá sin soltarla, sin que ella quisiera irse, demasiado cansados para pensar, demasiado cómodos para recapacitar, demasiado tranquilos como para abrir los ojos.
SS&HG
Eran las seis de la mañana, podía sentirlo sin siquiera ver el reloj, suspiró sintiendo una opresión en el pecho, la noche anterior parecía haber sido una tormenta dentro de él, casi había caído dentro de ella a no ser por la joven que ahora descansaba en su pecho completamente dormida. Había sido débil, se odiaba por eso, pero nada podía hacer.
Media hora después Hermione comenzó a moverse y darse cuenta dónde había dormido, se incorporó despacio, estaba sonrojada pero aún así sonrió, no era la primera vez que sucedía y pareciera como si ella disfrutara de esos momentos en vez de avergonzarse por ello.
—Buenos días, profesor.
—Buenos días ¿durmió bien Granger? ¿Fui lo suficientemente cómodo esta vez? – ella sonrió y asintió para sorpresa del pocionista.
—¿Usted durmió bien? – Arqueó la ceja molesto – Iré a bañarme, en 15 minutos estoy lista.
Hermione salió a las 11 de la mañana de los laboratorios, se sobaba el cuello y quitaba la red que sostenía su cabello, ya llevaba la mitad del pedido y solo le quedaban 24 horas para tener el restante. A lo lejos podía ver a Snape gritarle a un joven que trabajaba con él, le mostraba fervientemente unos pergaminos y el empleado parecía hacerse más pequeño con cada grito que el profesor daba.
Se pasó atrás donde los empleados dejaban sus pertenencias, una mesa central ocupaba gran parte de la sala. A los pocos minutos apareció Snape con cara de malos amigos, era volver a tenerlo como profesor y a pesar de todo, Hermione comenzaba a sentirse intimidada por él.
—La espero en mi oficina – no le dio oportunidad de responder nada, él ya se había girado sin darle permiso para nada.
Salió por la cortina acercándose a la puerta que había dejado abierta para ella, entró y vio la oficina más sencilla del lugar. Un pequeño librero de madera con unos cuantos volúmenes, un escritorio de caoba, un sillón de piel y tres pinturas.
—¿Cómo va el pedido?
—Llevo el 50% del pedido profesor, no me iré de aquí hasta no haber cumplido con el 90% de las pociones para mañana poder llenar los pergaminos y alistarlo a la hora convenida.
—Su eficiencia me sorprende, creí que había dejado de ser tan exigente consigo misma – ella sonrió complacida – ¿Aún piensa rechazar mi empleo? Pago bien.
—Nada me gustaría más que estar aquí.
—Perfecto, ahora siéntese, no es un desayuno pero le ofrezco café, pan tostado y fruta picada – tan nerviosa había estado que no se había percatado de que en el escritorio estaba lo que él consideraba un buen alimento – Vamos –se sentó bebiendo de inmediato el café haciendo un gesto que causó mucha gracia a su acompañante.
—No tiene azúcar.
—Tiene azúcar – se defendió – Si, usted quiere tres cucharadas pero eso es demasiado, sólo le puse una.
—Necesita dos más – bufo molestó y coloco dos cucharadas más.
—Lamento haberla desvelado.
—Muchas noches yo lo hice con usted, creí que… tal vez yo le sería útil, sé que solo soy una mujer que le ha dado dolores de cabeza pero…
—Gracias por haber estado ahí – le interrumpió tomando su mano – le dije que no me preguntara nada, sé que no lo hará, pero un día me abriré con usted.
—Severus, ha llegado el señor Limantour histérico, dice que hubo error en los pergaminos y los revise bien, uno por uno – interrumpió de mal humor una mujer.
Hermione se sorprendió la manera en que ella entró y el profesor no le dijera absolutamente nada, denotaba a penas sus 20 años, una cabellera negra cubría su espalda y unos ojos grises, era realmente hermosa.
—Muy bien Alice, vamos hacía allá, desayuna Granger, antes de irme quisiera que revisaras en qué área quieres desempeñarte porque…
—Severus no presiono pero este hombre viene para aca.
—Alice en ocasiones llegas a desesperarme tanto que quisiera echarte de aquí.
—Hazlo, irías por mí al segundo día – Hermione sabía que eso le costaría el empleo a la joven, pero Snape sonrió sarcástico.
—Niña tonta – ambos salieron dejando a la castaña completamente pasmada.
SS&HG
—Hermione… Hermione… ¡Hermione!
—Ginny ¿por qué siempre gritas? – se enfada viendo a la pelirroja con las manos en la cintura.
—Te preguntaba qué ¿por qué tanto el interés en que esa tal Alice tenga algo con el profesor?
—Ginny, es la cosa más rara del mundo ¿acaso te lo imaginaste ligando? – su amiga negó con la cabeza con obviedad.
—No creo que ellos tengan una relación Herms.
—Es rara esa relación, se tutean y hasta los he visto bromear, y muchas veces se encierran en su oficina y… bueno ella es como… como su mano derecha. Y bueno… es bonita y atractiva – su mente se fue a todos esos detalles que fueron llevándola a esa conclusión, podía sentir como él la trataba hasta con cariño, y esas ocasiones donde yendo a comer con ella invitaban a Alice.
—¿Te preocupa?
—¿Qué cosa?
—Que ande con ella.
—Por supuesto que si – la mirada de Ginny regresó como resorte hacía su amiga – es decir, yo podría estar causando problemas, vivo en su casa ¿recuerdas?
Los pasos de Snape y Harry en las escaleras le advirtieron que debía de parar la conversación. Cuando entraron a la sala las vieron leer unas revistas, aparentando suma concentración.
—Yo seguiría esa línea de investigación definitivamente.
—Gracias por darme su opinión Snape.
—Por nada… ¿Granger?
—Si… ¿ya nos vamos?
—Claro, aquí espero hasta que termine de leer su revista de Quidditch – la castaña bajo la vista observando la revista del año 1990 con algunos rayones en crayola, producto de sus sobrinos.
—Oh… es que bueno… estaba aquí y me aburrí… y se tardó… y…
—Oh Merlín que pésima mentirosa es.
SS&HG
El nuevo trabajo de Hermione fue de cierta forma extraño, tener de nuevo a su profesor de esa forma no era algo que estuviera planeado, pudo verlo de nuevo frente a un caldero, él siempre gritaba a más de uno de los empleados y manejaba el lugar en un orden impecable.
Cada laboratorio tenía su área y empleados establecidos, Hermione estaba a cargo de un laboratorio que era sólo para ella, nadie más tenía acceso a él, con excepción del profesor, lo que ella no sabía era que dicho laboratorio era de uso personal de Snape.
Por primera vez ella tenía "algo", una rutina más establecida y él podía verla de nuevo ser quién era, una bruja esplendida, cuando bajaba por las escaleras con los libros en su bolsa, siempre llevaba café en la mano y un pan en la otra. Dejaba sus cosas, era la primera en llegar y empezar a preparar las pociones, raramente se tomaba descansos y él tenía que ir por ella al laboratorio para ir a comer.
Seguía viendo esa oscuridad en sus ojos, pero tenía tiempo que no lloraba y la veía sonreír con mucho más frecuencia.
—¿Hermione? – Se asomó su joven compañera buscándola, reviso todo hasta que la encontró sellando una caja – Severus dice que dejes todo y nos vayamos a cenar.
—Vayan, me falta poco, dile que lo veré en la casa.
—Vale, cuídate.
—Que disfruten la cena Alice – negó con la cabeza intentando que los malos pensamientos se fueran de su mente, a los pocos minutos la puerta se abrió estrepitosamente y Severus se quedó inmóvil con la varita en mano – ¿Profesor?
—Soy su jefe, y le ordeno que deje el maldito trabajo y me acompañe a la salida, iremos a cenar.
—Pero…
—Pero nada, tuve un mal día, quiero pasta y un buen guisado.
—Si es cuestión de deseos yo quisiera un pastel de calabaza.
—¡Genial! Se lo compraré, eso y ese té helado que tanto le gusta.
—Hecho – sonrió ella cogiendo su bolsa con rapidez, lo único que quería era comer. Ella pensaba que era un estorbo, pero si él había ido hasta el laboratorio era porque gustaba de su compañía.
Después de haber comido hasta hartarse Alice comenzó a hablar con Hermione, cualquier cosa era buena para que esa joven captara la atención de la castaña, podían hablar de Hogwarts, de pociones, de lo que ansiaban ser en la vida. Todo ante la mirada de Snape, que parecía que las ignoraba rotundamente.
—Oh, está lloviendo – Hermione ve lo lejos que se encuentra el lugar donde acostumbran desaparecerse, luego observó a Alice dando vuelta hacía el servicio de damas con su abrigo puesto, y con un gorro rojo - ¿Alice a dónde vas?
—A casa, usaré el sanitario para desaparecerme – Hermione observó fijamente al profesor y éste negó con la cabeza en desaprobación.
—No entraré al servicio de damas con usted Granger, esto es un restaurante decente.
—No lo vaya yo a violar profesor.
—Entre usted conmigo al servicio para caballeros.
—Claro que no – se escandalizó poniéndose roja.
—Entonces camine, un poco de lluvia nunca ha matado a nadie.
Salieron del restaurante y se cubrieron de la lluvia para atravesar la calle, Snape la observo y como su blusa blanca se ponía transparente ante la ropa interior de color azul, dejando al descubierto algo más que su cuerpo.
—Olvide mi abrigo en el laboratorio, pero estoy bien.
—Ven acá – le tuteó provocando otra vez esa sensación en Hermione – Ponte esto, no puedes estar así, los hombres le verán de una forma no muy educada.
Severus se quitó su túnica y se la puso cubriendo todo su cuerpo, la tormenta aumentó y Snape buscó girar para aparecerse, apenas llegaron al borde cuando la jaló para usar la aparición, pero Hermione lo detuvo y se abrazó a él con fuerza, el gimió ante el contacto y la estrechó contra su cuerpo, ella podía sentír sus labios en su cabeza y casi escuchar su respiración y los latidos fuertes de su corazón.
—Debes cambiarte, antes de enfermar – esa frase llevaron a Hermione a meses atrás, él estaba en la recamara y repetidas veces le pidió que se cambiara – ¿Granger?
—Profesor creo que debo decirle algo.
—No lo diga Granger.
—¿Usted lo sabe? – susurró sin permitir que él las soltara, moría de miedo y de vergüenza pero era algo tan evidente que parecía sorprendente que siguieran ignorándolo.
—Sí, pero usted debe olvidarlo.
—No quiero.
SS&HG
Terminó de dejar las cajas en la bodega etiquetando el pedido y colocando el registro en pergamino, necesitaba la firma de Snape pero podía pasar por ella al final del día. Subió las escaleras rumbo a la sala de estar donde sus compañeros la saludaron con ánimo, se condujo a la lista de pedidos urgentes tomando el siguiente, sin embargo había ciertas anotaciones que debía consultar con Alice antes de comenzarla, ella era la que manejaba esa área.
—¿Hay algo en lo que te pueda ayudar David? Necesito consultar esto con Alice y ella vendrá hasta mañana.
—¿Alice? La acabo de ver entrar a la oficina de Snape.
—Dijo que no vendría – se extrañó pero tomó el pergamino para buscarla – Gracias David.
Caminó con calma hasta la oficina y se detuvo unos pasos antes, percibió un sollozo y la voz temblorosa de Alice, dio dos pasos más hasta verla a ella frente a Snape, los hombros de la chica se movían involuntariamente por el llanto mientras el profesor la veía con rostro preocupado.
—… ya te imaginaras lo que ocurrió después.
—No es muy difícil de intuir Alice.
—Estoy harta de todo esto Severus, ya basta, no quiero más – se giró para retirarse cuando Severus la retuvo, ambos lucharon, ella con fuerza para soltarse y él para retenerla, todo terminó cuando él la abrazó y ella se dejo rendir en sus brazos – Tu eres todo lo que tengo en la vida, todo Severus.
—Siempre vas a tenerme, nunca te dejare sola ¿lo sabes verdad? – ella asintió empezando a calmarse sin controlar que las lágrimas cayeran una a una.
—Estoy dándote un espectáculo, es tu trabajo y… soy una ridícula y tonta.
—Me importa un demonio donde estemos… Alice te lo suplico deja de llorar, no soporto verte así.
—Lo siento – se separaron y él limpió todas sus lágrimas.
—Sabes que haría lo que fuera para verte bien – la forma en la que él la veía dejó en shock a Hermione – lo que sea, incluso lo que me pediste hace un par de semanas.
—Lo que te pedí fue una tontería, es algo malo y lo sabes, va contra las reglas.
—Por favor linda ni a ti ni a mí nos importa romper las reglas ¿vamos? – le preguntó sonriendo.
—¿Es en serio?
—¿Eso te haría feliz?
—Claro que sí, mucho.
—Bueno, entonces ve al baño, arréglate esa cara y yo iré con Granger, para que cierre y se vaya a casa saliendo de aquí.
—¿No habrá problema? – preguntó ella preocupada.
—En absoluto, en este momento tu eres mi prioridad Alice – le aseguró besando su frente.
Hermione se giró bajando las escaleras despacio, adentrándose al armario de ingredientes fingiendo tomar algunos en una cesta. Snape no tardó mucho en llegar hasta ella, debió alcanzar a ver como entraba a esa área.
—Granger.
—¿Si? – respondió sin verle.
—Debo hacer algo importante con Alice, encárguese de cerrar e ir a casa inmediatamente, yo llevaré la cena ya preparada.
—De acuerdo.
—¿Podrá hacerlo? Me refiero a estar sola.
—Claro, váyase sin pendiente – le respondió para verle y sonreírle, él estaba serio, solo asintió y se fue sin decir más.
Ella se sentó y cortó unas raíces que ni siquiera iba a ocupar, su mente jugó con ella por todo ese tiempo, en aquella tormenta y todas esas noches donde creía que lo tenía a él, su cuerpo meciendo al suyo y adormecerla, la forma en que la hacía reír, en que él poco a poco la había sacado de ese abismo, con paciencia, con tiempo, nunca la había soltado tal como lo había prometido.
Su falda empezó a mojarse y eso detuvo sus pensamientos, pequeñas gotas la manchaban, no sabía de donde hasta que vio en la blusa lo mismo, estas gotas bajaban por sus mejillas. Salió rumbo al baño y lo vio claramente en el espejo, lloraba, las lagrimas bajaban por su rostro empezando a dolerle el pecho, no había pensamiento alguno más que su profesor de pociones, a él y como le hablaba a Alice, como la abrazaba, como era él con ella, esa era la razón de su llanto, eso la había lastimado.
—Profesor…Profesor Snape – susurró llorando en el lavabo.
Espero les haya gustado, me tomó días poder tener completo este capítulo. Nos leemos la próxima semana.
Lady Basilismo 220282: Es justamente lo más atrayente, el capítulo de hoy permití que se viera algunas de las debilidades de Snape, las explicaciones vendrán en los siguientes capítulos. Besos.
Yetsave: Muchas gracias guapa, espero te haya gustado, sé que tienes muchas preguntas pero las iré resolviendo poco a poco. Saludos.
KiaraMichell: Y espero que en esas escenas estés en un lugar público y rías y toda la gente se te quede viendo de forma rara, a mí me ha pasado jajaja… Besos y hasta la próxima.
Yazmín Snape: Sé que es mucho lo que me tarde pero sabes mis razones, espero solo sea una mala racha y poder seguir adelante, muchas gracias por la ayuda cuando me daban mis crisis, sólo tu puedes aguantarme, sin embargo creo que podré tenerte el siguiente capítulo en el día estipulado. Besos
Hada: En ese momento solo lo hacía para ponerla más nerviosa ya que veía que era la primera vez que sonreía. Espero leerte pronto… Besos
Luni: Gracias guapa, espero hayas disfrutado también este capítulo, ya se viene lo interesante. Besos
Jiss Snape: Gracias guapa, y te prometo que en esta historia no lloraras, la hice súper ligera para todas mis lectoras, me portaré bien lo prometo. Besos
Guest: Así es, siempre lo he dicho, no ponerlo a llorar, decir cariño, mi cielo o cosas extrañas. Gracias por la invitación, salgo de un compromiso que tengo en la Universidad y leere tu fic, con sus respectivos comentarios. Besitos.
Janet oso: Me tarde lo sé, pero en una semana o menos tendrán lo que sigue, ya te mande el link de la historia que me pediste. Saludos
Dana Masen Cullen: Seguro no esperabas este giro, romance o no romance… ya lo verás, espero te haya gustado. Besos
Lili Ann Snape: Con calma, que él es un caballero y no se puede desatar la pasión a medio laboratorio, no al menos en este fic jajaja… y tenemos rated T, me portaré bien en esta historia. Espero te haya gustado. Besos
Xerxes Eli: Gracias guapa, tu quieres saber, lo sé, pero sabías que la paciencia es una semilla amarga de frutos dulces ¿cierto? No te desesperes… poco a poco. Besos
