Bienvenidos al nuevo capítulo de esta historia. Para todos aquellos que siguen la historia, lamento mi ausencia. ¡Pero estamos de vuelta! ¡Disfruten el capítulo!
Capitulo 3.
La oscuridad impera en este lugar olvidado, junto con una falta de sonidos inquietante. El silencio es tal que lo único que puede escucharse es el caer de las gotas, resbalando por las estalagmitas. Golpe, golpe, golpe. Parece el sonido de un reloj contando los segundos, uno tras otro.
En medio de la "calma", un grito impera en la locación. "¡Nah! ¡Ven a ver esto!". La voz fue acompañada de un eco que repitió su voz cerca de tres veces. De pronto comenzaron a escucharse pisadas del tamaño de un gigante. Eran seguidas, una tras otra, que parecía estar corriendo. En un segundo, el sonido se detiene, y solo se escucha el sonido de una antorcha encendiéndose.
"¡Marx! ¿Encontraste algo?", pregunta una joven, quién acababa de llegar al lugar de donde escucho el grito. Sus orejas eran enormes y tenía unas trenzas que caían a los lados de su rostro. Sus ropas parecían mojadas, de tantas estalagmitas que había cruzado sin percatarse.
Al no ver a nadie, se acerca a un enorme agujero. Estaba oscuro, y no parecía haber forma de entrar a dicho lugar. En medio de la calma, un joven sale, haciendo acto de presencia y asustando a la mujer que le buscaba.
"¡Nah! Lo encontré!". La joven, del susto, toma un collar con una piedra con su mano, lo que la envuelve en un capullo color rosado. En cuestión de segundos, se transforma en un enorme y voraz dragón. El joven, aterrado, toma la antorcha para mostrar su rostro.
"¡Espera! ¡Soy yo, Marx!". El dragón, preparado para atacar, se detiene, y en un segundo se convierte de nuevo a humana. No obstante, Nah se muestra furiosa con él.
"¡Casi me matas del susto! ¿¡Qué pasa contigo!?", exclama la joven, alterada por el suceso.
"¡Mátame luego si quieres, pero ahora necesito que veas esto!". En eso, le muestra un libro de estrategia destruido. La mayor parte de sus hojas estaban quemadas y era difícil entender.
"Tal vez sea hora de rendirnos". Nah le da una bofetada a Marx tras su argumento, lo que le hace arrojar el libro al suelo, demostrando estar en desacuerdo.
"Vinimos aquí por Morgan. Necesita saber si está muerto". Ambos se quedan callados y la calma de la cueva vuelve a como estaba antes. Marx toma el libro y se sienta en una piedra. Al abrirlo, empieza a buscar una hoja que pueda ser entendible. Nah se sienta a su lado y juntos empiezan a leerlo.
Pasan las horas y nada. El libro era imposible de descifrar. Habían pasado en esa cueva días, sin resultado alguno. Nah dormía recargada en la roca, mientras Marx trataba de descubrir algo mínimo, que les diera esperanza alguna.
A punto de rendirse, Marx encuentra unas extrañas marcas en una hoja. Parecía formar un nombre en especial. El joven despierta a Nah para decirle de su descubrimiento.
"¿Cómo vamos a descifrarlo?", pregunta Marx aún más confundido que antes. Nah, a diferencia de él, parecía estar más centrada. Tenía una idea, o eso esbozaba por su sonrisa.
"Tenemos que salir de la cueva y entablar comunicaciones…", afirma Nah, mirando hacia la salida de donde se encontraban.
"Es hora de visitar a la Profesora Aversa".
